Kneel : arrodillarse

Viktor Krum/Cedric Diggory


Victor llevaba dos años con la marca tenebrosa en su brazo, cuando Voldemort se había alzado con el dominio del mundo mágico, todos habían caído, y los que no habían caído se le habían unido.

Viktor se había unido, Karkarov había salvado a la mayoría de sus alumnos de la ira del mago oscuro, el precio a cambio era alto, muy alto.

Viktor había podido eludir muchas de las peores partes de ser un mortífago, pero esos estúpidos ingleses habían tenido que aparecer en su guardia en la frontera.

Los trasladó a las mazmorras del cuartel mortífago en el que trabajaba.

Al menos, bajo su mando no había torturas. Viktor no lo consentía, una cosa era que no tuvieran las mismas ideas, otra ser un sádico. Todos los que estaban bajo sus órdenes lo tenían claro y Viktor si encontraba a algún mago o bruja que abusaba de su poder se lo hacía pagar, como ejemplo para los demás.

Había dos bandos, pero no era unos animales, al menos eso era lo que él trataba de mantener para salvar su alma de tanta oscuridad.

Lo reconoció cuando de rodillas ante él estaba su compañero del Torneo de los Tres Magos, parecía una eternidad de aquello, pero solo habían pasado cinco años.

—Diggory—dijo con su marcado acento, el nombrado alzó sus ojos al reconocer a su antiguo rival.

—Krum.—Su labio sangraba y el morado en su pómulo estaba creciendo, se había resistido. Él hubiera hecho lo mismo, la verdad.

Viktor sintió como si los años no hubieran pasado cuando se miraron. Su yo adolescente y mucho más inocente reconoció al chico del que había estado enamorado.

El primer y único hombre del que lo había estado.

Habían pasado los años, unos realmentes malos que en todos habían dejado mella, pero él seguía siendo tan atractivo como siempre. Estuvo tentado de limpiar con su mano la sangre que le ensuciaba, pero esta hubieran ido a sus labios, a acariciarlos.

Solo apretó su mano, y Diggory apartó la mirada.

—¿Qué hacemos con ellos?—preguntó uno de sus hombres.

Viktor no era capaz de apartar la mirada del moreno, ¿qué habría sentido él al verlo?

Allí de rodillas, tuvo que volver a contenerse para no tomar su rostro y que volviera a mirarle.

Lo vio sin sangre, y con los ojos llenos de placer, como tanto tiempo atrás en una postura muy similar, pero uno de sus hombres le sacó de sus recuerdos.

—¿Krum?

—Encerradlos.

Los diligentes mortífagos agarraron a los presos arrastrándolos hasta los calabozos.

Viktor los siguió con la mirada.

La orden era clara, solo mantenían con vida a aquellos que tuvieran valor como moneda de cambio; aquellos que fueran a ser ejecutados como ejemplo; o los que se volviera leal a su causa.

Diggory no sería ninguno de esos tres casos, y Viktor era el encargado de dar la orden, sabía que solo la estaba aplazando.

Cuando lo vio por primera vez fue cuando su nombre, como el suyo, salió elegido del cáliz de fuego.

Desde ese día lo tuvo siempre a ojo, al enemigo siempre había tenerlo bien vigilado. Pero este en vez de comportarse como tal, siempre trataba de hablar con él. Y cuando una de sus sonrisas le hizo devolvérsela de un modo estúpido, se dio cuenta de que algo pasaba.

Pero no fue hasta después de la primera prueba que entendió que era.

Más bien, después del beso que Cedric le dio.

Lo lógico hubiera sido evitarle, ni él era homosexual, ni esta estaba permitida en su mundo, sería expulsado de Durmstrang si llegaba a saberse, del equipo de Quidditch y sobre todo, de su familia.

Pero Viktor no lo hizo, no cuando Cedric lo atrapaba entre sus brazos y lo besaba durante tanto tiempo que Viktor no sabía que los besos pudieran durar.

Un día los besos no fueron suficiente, y el baño de prefectos al que Cedric le llevó fue testigo de como ambos eran capaces de amarse con sus cuerpos.

Viktor vivía torturado por la culpa y el miedo a ser descubierto, y por las ganas de verle, de besarle y de hacerle el amor.

La última prueba en la que todo se reveló como una trampa, aunque en aquel entonces no lo había creído, Cedric prefirió quedarse con él cuando fue maldecido que hacerse con la copa.

Cuando se separaron en el embarcadero donde su barco le esperaba Cedric le dijo que le quería, Viktor nunca se lo dijo.

Nunca contestó sus cartas, ni sus intentos por volver a verle.

Viktor pensó que solo había vuelto a ser dueño de sí mismo, que había entrado en razón.

Pero fue incapaz de olvidarle, no pudo. Y verle lo había demostrado.

Cada preso estaba en uno de los calabozos, Viktor entró en el de Cedric que había sido encadenado a la pared.

—¿Qué estabais haciendo aquí?—le preguntó cuando cerró la puerta y estuvieron a solas.

Cedric no contestó, ya contaba con ello.

Pero sabía que no estaba allí para preguntar sus planes en la resistencia, estaba allí porque quería verle, porque necesitaba verle.

Se acercó a él, que seguía sin mirarle y tomó su barbilla alzándola. Recibiendo una mirada de odio.

—Ojalá no estuvieras aquí—dijo Viktor con voz torturada—. Ojalá no tuviera que ser yo el que haga esto.

—No hagas como si yo te importara, ya dejaste claro eso en el pasado.

Viktor no le había soltado pero cuando Cedric trató de apartarse, no le dejó, apretándole aún más.

—Tú no estuviste en mi cabeza estos años.—Se inclinó para reprocharle, cuando sabía que no tenía derecho.

—Tú hiciste que no pudiera estarlo.

Viktor le besó, pero Cedric apartó su boca.

—Si tienes que matarme, hazlo, pero no vuelvas a besarme en tu maldita vida.

Había rabia en su voz, pero también dolor.

—Lo siento.

Las cadenas en sus muñecas sonaron cuando Cedric se puso de pie retándole. Viktor volvió a besarle, y esta vez Cedric sí se lo devolvió.

Hacía años que soñaba con esos besos, con su cuerpo, ambos acabaron contra la pared de esa asquerosa celda. Nada hubiera frenado el roce de sus cuerpos recordándose, las manos de Cedric sobre su pecho, donde siempre había habido un vacío.

La necesidad escaló, igual que lo había hecho en el baño de prefectos, la ropa sobró, y la piel de Cedric seguía siendo como sus manos la recordaban.

Los gemidos cuando volvió a estar en su interior los acalló con su boca. Pero el sonido de las cadenas les acompañaba en cada envestida.

Derramarse en su interior fue lo único que tuvo sentido en todos esos malditos y oscuros años.

La frente de Cedric cayó sobre su hombro, rendido. Y Viktor se sintió igual.

Acarició su pelo, estaba sucio y había restos de sangre seca en él.

Le alzó el rostro, había tanta desolación en sus ojos.

Viktor sabía que acabaría pagándolo.

Desencadenó sus muñecas, Cedric le miró sorprendido.

—Vete.—Cedric no comprendió, no al principio, estaba en un lugar donde el mayor dolor no era la guerra sino su corazón—Vete, y huye.

Viktor le subió la ropa, le ayudó a levantarse.

—¿Cómo?

Una máscara y una túnica negra aparecieron en la celda.

—No puedo irme sin ellos—comprendió.

—No mantendré esto más tiempo, vete ahora, o al alba morirás con el resto.

Los ojos de Cedric volaban hacia todos lados, maldito estúpido.

Viktor le empujó.

—Vete, por favor.

Cedric se colocó la túnica y la máscara, Viktor había hecho que el vigilante de turno se marchara.

Cedric se perdió en la noche caminando como uno más de sus hombres.

—Yo también te quiero—dijo Viktor, como si le hubiera oído se giró, podía ver sus labios, los que solo hacía unos minutos había besado por última vez. Cedric le sonrió como cuando le vio por primera vez.


Este shipp debe de existir porque hay algunas imágenes por ahí.

Entramos en la última semana.

Hasta mañana.
Besitos.

Shimi