Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.
Advertencia: Kakashi X OC.
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Capítulo 12
Calma antes de la tormenta
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Unos meses después de su llegada, justo cuando Emiko cumplió medio año en Konoha, por fin tenía una rutina bien establecida. Despertaba a las seis de la mañana para desayunar, asearse y recibir el periódico que Konohamaru le llevaba; después llegaba al campo de entrenamiento hasta las doce del día, si Kakashi estaba libre de misión, se unía a ella, de otra forma ella sola entrenaba sus movimientos con la ninjato, ya que por el peso del arma su brazo aún le dolía al blandir. Después iba a almorzar con Genma o con quien se encontrara en el puesto de dangos, para después ir a la torre por alguna misión menor, ya que últimamente la aldea empezaba a tener estabilidad económica pero se necesitaba de misiones rango D para terminar de construir algunos lugares o apoyar a los comerciantes que llegaban a la aldea. Finalmente, a la hora que terminara, pasaba al monumento de los caídos para saludar a sus padres, Obito y Rin, para después ir a su casa a dormir.
Por extraño que pareciere, le gustaba tener una vida tan simple y repetitiva, distaba mucho de su anterior trabajo, donde siempre había algo que hacer, un viaje que completar o buscar algo.
— Midori-sensei me va a matar, pero las cosas se leen más tranquilas en el periódico y Kyoko me escribe cada semana para decirme que no hay noticias nuevas. — pensó mientras regresaba a su casa con unas compras, aquel día le asignaron una misión para más tarde, por lo que decidió aprovechar e ir temprano a surtir su despensa. — Podría preguntarle a Tsunade si puedo aplicar el examen jounnin... Si me asesoro con Genma estoy segura de que podría, las cosas están muy tranquilas...
Iba caminando sumida en sus pensamientos hasta que la presencia de cierto peligris llegó hasta ella justo cuando llegaba a la entrada de su edificio.
— ¡Yo! ¿Cómo estás? — saludó el hombre.
— Bien, fue una misión larga, ¿No?
— Sí, en Kumo necesitaban ayuda con algunas cosas.
Emiko se iba a despedir, pero de que pudieran marchar cada uno por su lado hasta que otra presencia los saludó.
— ¡Emiko! — un grito hizo que ambos shinobis alzaran el rostro y vieran llegar a Asuma seguido de un ninja que conoció en la torre el día que Tsunade-sama quiso ganar dineo a costa de ella y sus shinobis.
— Asuma... ¿Cómo están? — sonrió hacía el ninja en forma de disculpa por haber olvidado su nombre.
— Bien, ¿Recuerdas a Iwashi? me dijo que se conocieron hace poco..
— Oh si, lamento lo del dinero que perdiste... — Emiko hizo una pequeña reverencia. — Es solo que quería ganar la semana de vacaciones que ofreció Tsunade-sama.
El hombre negó, su cabello castaño iba cubierto por una pañoleta gris y vestía el uniforme de los Tokubetsu Jounnin, lo que significaba que pertenecía a los guardias de élite que custodiaban a la Hokage.
— Está bien, me dio la oportunidad de conocerte en persona por fin... — y le sonrió de manera tímida, Emiko parpadeó un par de veces, pero al parecer el hombre tenía algo en mente. — Siempre quise presentarme y conversar contigo desde la academia, una vez me ayudate y siempre quise agradecerte por aquella ocasión.
— Perdóname pero no lo recuerdo... — ella comentó apesadumbrada. — Mis recuerdos de esa época están un poco borrosos... — Kakashi alzó una ceja al oír aquello.
— No te preocupes, sé que no soy alguien que deje una gran impresión en las personas, pero me gustaría saber si quisieras ir a tomar algo conmigo esta noche...
Las mejillas de la chica se colorearon un poco...
— Ah... yo...
— Kurenai y yo saldremos, podríamos tener una cita doble. — sugirió Asuma con una sonrisa.
La reacción de Emiko fue graciosa para Kakashi, lo primero que ella hizo fue mirar su propia ropa y le intrigó el saber por qué lo hizo.
— Supongo que un trago estaría bien... — respondió mientras volvía a mirar sus pies.
— Muy bien, entonces nos vemos los cuatro a las ocho en el bar junto de la entrada de la aldea. — indicó Asuma mientras se daba la vuelta y se despedía con una mano en el aire.
— Yo también me voy... — anunció Kakashi, aquello no era de su incumbencia e Iwashi parecía querer seguir hablando con la pelinegra. — Avísame si tienes misión, de otra forma te veré mañana a las nueve otra vez.
— Sí... — respondió Emiko y lo vio desaparecer en una voluta de humo. Un silencio incómodo se instaló en entre los dos. — Supongo que también iré a casa,
— ¿Puedo ayudarte con las compras? — preguntó el castaño.
Emiko asintió con evidente incomodidad.
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Por otro lado, Kakashi observó a Emiko e Iwashi a lo lejos cuando la presencia de Asuma se anunció.
— ¿Iwashi? Pensé que querías que tu mejor amiga se quedara en la aldea y no que saliera corriendo. — comentó Kakashi mientras se daba la media vuelta.
— Todos los otros con los que hablé fueron muy cobardes, Iwashi fue el único que se animó a invitarla a salir... bueno, también Raidou pero ya lo conoces...
— Pensé que querías que ella saliera conmigo, si no mal recuerdo hasta involucraste a Gai...
Asuma sonrió.
— Sigo pensando que ustedes dos harían una buena pareja, pero no puedo obligarte a que la veas de otra forma... — sacó un cigarrillo y lo prendió para después llevárselo a los labios. — Pero si ella se enamora de alguien más de la aldea, el resultado es el mismo.
— Iwashi es muy metódico y nunca lo escuché decir una frase tan larga, Emiko es su opuesto.
El Sarutobi alzó sus hombros.
— Dicen que los opuestos se atraen. — Kakashi sacó su libro favorito dando por zanjado el tema, pero Asuma sonrió y continuó hablando. — Aunque claro, si te molesta que ella salga con alguien más, podrías invitarla a salir tu mismo.
Kakashi alzó su mirada aburrida por encima de su libro.
— No me interesa con quien salga.
Asuma exhaló un poco de humo.
— Eso es bueno, entonces podrás ayudarme a encontrarle una buena pareja.
— ¿Yo? ¿Tengo cara de casamentero?
El otro shinobi rio.
— Solo espero que no dejes pasar mucho tiempo, Kakashi... Emiko podría cansarse de esperarte.
Kakashi suspiró.
— Tengo cosas que hacer, suerte con tu misión.
El Sarutobi sonrió ampliamente al ver irse a Kakashi, si Iwashi lograba poner celoso a Kakashi sería un gran avance en su misión, y si no, quizás su amiga pudiera enamorarse de alguien más.
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El cielo anunciaba el atardecer cuando Emiko iba llegando de una misión de reconocimiento por los alrededores de la aldea y después de darse una rápida ducha en los vestidores de la torre, se dirigía hacía la torre para entregar su informe de las condiciones de los puntos de vigilancia.
— Aquí está mi informe, pero en general todo está bien. — entregó el pergamino a la Hokage mientras hacía una reverencia.
— Bien, lo revisaremos y si necesitamos más detalles te llamaremos. — respondió la rubia mientras aceptaba el pergamino y con la otra mano abría uno de los cajones de su escritorio. — Por cierto, llegó un mensaje de la capital como respuesta a mi solicitud para cambiar tu filiación. — Emiko sintió que su estómago se comprimía. — Acaban de declarar la disolución de algunos grupos que sirven al señor feudal... entre ellos el Kouka Toki.
La pelinegra frunció el ceño.
— ¿De qué habla? ¿El señor Feudal lo ordenó?
— Así es, y ordena que todos regresen a la capital. — Tsunade la miró fijamente.
La pelinegra miró el rostro preocupado de la Hokage.
— Supongo que este es mi fin. — hizo una reverencia a la líder de la aldea de Konoha. — Cuando cierran grupos confidenciales, la orden es eliminar a todos los miembros para conservar los secretos... Le agradezco por estos meses en la aldea.
Tsunade frunció el ceño, también estaba al corriente de esas prácticas pero no iba a quedarse de brazos cruzados.
— Toma asiento, Ryuzara. — ordenó la Hokage y Emiko asintió, se acercó a la silla junto al escritorio de su líder. — No será tu fin, el Hokage siempre puede pedir indulgencia para un sujeto cada determinado tiempo, pediré que te asignen bajo mi poder de manera permanente.
La chica miró con sorpresa a su superior, sintió su cuerpo empezar a temblar.
— ¿Por qué? No soy tan importante...
— Cuando era joven, muchos años antes de que estallara la tercera guerra ninja, el sandaime Hokage, mi sensei, me asignó para ayudar a un equipo de gennin que tenía un pésimo trabajo en equipo, eran hábiles de manera individual, pero no sabían trabajar juntos. — Tsunade recargó su barbilla en sus manos entrelazadas.— ¿El problema? Tu padre, Ryuji Ryuzara era un verdadero dolor de cabeza.
— ¿Mi padre?
— Sí, último miembro del clan Ryuzara, era muy confiado en sus habilidades de ataque, pero necesitaba mejorar su defensa, por lo que el tercero lo asignó al equipo de Sakumo Hatake para que trabajara sus puntos débiles. Sin embargo eso no le causó gracia y se negaba a trabajar en equipo con él, supongo que no podía aceptar que hubiera alguien con mejores habilidades que las suyas. Sora siempre fue una intermediaria pero era pequeña y lidiar con dos sujetos muy tercos era demasiado para ella, por eso tuve que intervenir y llevarlos a una misión de supervivencia. — Emiko jamás había sabido nada de eso, estaba sorprendida. — Debo admitir que quizás exageré con los obstáculos, pero durante ese entrenamiento Sakumo consiguió lo imposible, se ganó la confianza de Ryuji al salvar a Sora de caer por un acantilado, imagino que tu padre entendió lo vital que es para la vida ninja tener alguien que cuide tus espaldas y la de tus colegas.
— ¿Por qué me cuenta esto, Hokage-sama?
— Eres hija de dos grandes guerreros, siendo Hokage me siento en la responsabilidad de hacer lo posible para que puedas quedarte en Konoha a seguir trabajando a favor de la voluntad de fuego. — la Hokage se enderezó y se recargó en el respaldo de su puerta. — Eres el vivo retrato de tu padre, y necesitas aprender la misma lección que él, debes aprender a confiar en los que se preocupan por ti... además, tengo la impresión de que te gusta estar en Konoha.
Emiko bajó el rostro un poco sonrojada pero sonrió.
— Me fui de Konoha porque era una mala ninja, mi inseguridad me llevó a fallar una y otra vez, por eso Sandaime-sama me mandó a la capital, pero yo solita fui a meterme al Kouka Toki... en ese lugar pude dejar de pensar y me limité a seguir órdenes, de manera que conseguí un éxito tras otro. Pasé once años siguiendo órdenes sin replicar y cumpliendo con mi deber al pie de la letra... pero cuando le dije al señor Feudal que su vida peligraba a manos de su hijo menor me miró como si fuera una extraña y desestimó mis palabras. Hasta cuando la actual esposa del señor Feudal me acusó en la corte, solo mi sensei intercedió y fue por ella que me permitieron salir de la capital para esperar que las cosas se tranquilizaran... significa que no importa cuanto haya hecho por ellos, solo soy un arma desechable y yo estaba de acuerdo con eso. — hizo una pausa, pero después sonrió. — Pero al llegar a Konoha, eso cambió... los Hokages realmente velan por todos, por los aldeanos y por sus ninjas, había olvidado que en Konoha todos son importantes y estar aquí me devolvió las ganas de encontrar un motivo para seguir luchando.
— Entonces ya está decidido. — Tsunade sacó un segundo pergamino. — Mañana marcharás a la capital acompañada por Kurenai, mientras que Kakashi irá como mi representante, él expondrá mi postura y exigirá tu cambio de filiación.
— ¿Y si no lo aceptan?
— Bueno, Kurenai podrá hacer un genjutsu lo suficientemente poderoso para que crean que moriste, por eso envío a dos jounnin contigo, esta será misión clasificación A dada la información que posees y el cuidado que debemos tener para que no tengamos conflictos con el señor Feudal y su corte.
— Pero no tengo tanto dinero para pagar una misión de tipo A.
Tsunade sonrió maliciosa.
— Regresa y yo me encargaré de descontarlo de tu sueldo, te haré trabajar tiempos extra.
Emiko rio, la Hokage le estaba dando la esperanza de poder elegir qué hacer con su vida.
— Gracias, Tsunade-sama.
A paso lento salió de la torre y entonces notó que el cielo ya era completamente oscuro. Se dirigió al centro de la aldea y llegó a un local que rentaba carretas y caballos, llegarían más rápido con un transporte así y por otro lado, si conseguía el permiso de regresar a Konoha, podría traer en un solo viaje algunas de sus pertenencias. Una vez que contrató el servicio, caminó lentamente hasta la entrada de la aldea, que era la zona por donde estaba el bar que le mencionó Asuma. No tenía idea de qué hora era, pero su mente estaba perdida. Midori-sensei no respondió ninguna de las cartas que le envió en todos esos meses, mientras Kyoko reportaba que todo estaba tranquilo y que no era requerida, sin olvidar que en los periódicos ya no salieron más noticias sobre atentados hacía el señor Feudal del país del fuego. ¿Qué estaba sucediendo allá?
— Ko-chan... — la voz de Asuma la sacó de sus cavilaciones.
— Asuma, buenas noches. — notó que su amigo fruncía el ceño, ante ello sonrió.— ¿Ahora qué hice?
— Dije que esto era una cita doble, pero vienes con el uniforme.
— Ah, lo siento, es que mi reunión con Tsunade-sama se alargó más de lo necesario.
— Ya qué, uno quiere ayudarte a dejar la soltería y tu no cooperas, Emiko. — fingió estar molesto.
— Asuma... ¿Está Genma en la aldea?
El castaño la miró confundido.
— Creo que no, hace dos días partió de misión con Aoba y Hayate, tienen una misión diplomática en Suna.
— Ya, entonces no volverá pronto... — Emiko miró a su amigo. — Asuma, mañana marcho a la capital del país.
Asuma abrió los ojos con sorpresa.
— ¿Tienes llamado?
Ella negó.
— Van a desaparecer el Kouka Toki junto a otras instancias del palacio... voy a mi ejecución por poseer información confidencial.
— ¡¿Y por qué lo dices tan tranquila?! — gritó con enojo. — No puede ser cierto...
— Asuma, no grites, nuestras citas no tardan en llegar.
— ¿Perdiste la cabeza o qué? Esto es más importante, es tu vida...
— Tsunade-sama tiene un plan... va a solicitar indulgencia para mi y si todo sale bien volveré como un ninja formal de Konoha. — Asuma seguía sorprendido. — Pero si todo falla, quisiera dejar las cosas en orden y que le digas a Genma que lo quiero mucho y que no haga tonterías, que siga con su vida y sea muy feliz.
— ¿Quién irá contigo?
— Kurenai y Kakashi...
Asuma asintió.
— Es un buen equipo, imagino que también piensan en la posibilidad de fingir tu muerte con las habilidades de Kurenai...
— Yo sé mejor que nadie que casi no hay ninjas especializados en el palacio feudal, pero no hay que subestimarlos. — Emiko sonrió. — Yo solita me metí en estos problemas, así que aceptaré lo que sea que pase... — pero se quedó sin voz cuando sintió que Asuma la envolvía entre sus brazos.
— Siempre fuiste un dolor de cabeza Emiko, pero por favor, haz todo lo necesario para volver con vida.
— Mi nombre es Nomiya Sukatsu y seré su instructor mientras sean gennin. — Un hombre de largos cabellos castaños y ojos azules los saludó con una gran sonrisa.
— Yo soy Genma Shiranui, espero que nos llevemos bien.
— Yo me llamo Asuma Sarutobi y no me gusta que me comparen con mi padre, me esfuerzo por crear mi propio camino ninja.
— Muy bien, ¿Y tú?
Emiko tragó antes de hablar.
— Soy Emiko Ryuzara, por favor cuiden de mi.
— Bien, nosotros seremos el equipo 2 de Konoha, haremos misiones de bajo rango hasta donde la guerra lo permita... vivimos en tiempos difíciles así que antes de que lo imaginen estaremos en el frente de guerra, así que necesito que aprendan rápido y entrenen todo el tiempo posible, debemos conformar un equipo formidable ya que si se amontona, hasta el polvo puede acabar formando una montaña.
— Hai — respondieron los tres chicos.
— Lo haré, Asuma, volveré y te prometo que sentaré cabeza, lo único que quiero es vivir en paz.
Su amigo sonrió mientras la soltaba, pero un carraspeo llamó su atención.
— Buenas noches... — saludó Kurenai mientras miraba molesta a Emiko.
— Kurenai, eres tan puntual como siempre... — exclamó Asuma pero la mujer también lo miró con molestia.
— Tenemos una misión mañana Kurenai y yo, — dijo Emiko para evitar malentendidos con la usuaria de genjutsu. — por eso no beberé sake hoy, Asuma.
— ¿Misión? — preguntó Kurenai con genuino interés.
— Sí, por eso me despedía de Asuma, no tengo la menor idea de cómo nos vaya a ir. — ahora la mirada de Yuhi Kurenai era de preocupación.
— ¡Por eso mismo vamos a divertirnos hoy! — Asuma sonrió. — Vayan a apartar una mesa, yo fumaré aquí y esperaré a Iwashi.
Las dos mujeres asintieron y entraron al bar.
— ¿De qué trata la misión? — preguntó Kurenai con interés.
— Tsunade-sama decidió que tu y Kakashi me acompañen a la capital, la idea es conseguir que me dejen unirme a las filas de los ninjas de Konoha, pero si no lo conseguimos... bueno, quizás necesitemos de tu genjutsu... pero te contaré más detalles mañana, no sirve de mucho apurar a la lluvia, caerá cuando sea su momento.
Kurenai suspiró, odiaba cuando Asuma usaba metáforas, y ahora Emiko también, era como si no pudieran decir las cosas como eran.
Cuando por fin estuvieron sentadas en una mesa de cuatro, Kurenai decidió preguntar algo que desde hace un tiempo le interesaba.
— Te he visto visitando la tumba de Rin... — comenzó mientras leía el menú.
— Sí, me gusta pensar que escuchan lo que les cuento. — abrió su propio menú e imitó a la otra mujer.
— Me pregunto... ¿Rin sabía que te gustaba Kakashi? — soltó la pregunta y al instante sintió como la chica de ojos miel se tensaba.
— Te tomó bastantes años animarte a preguntar, Kurenai.
— No es algo que valga la pena preguntar, pero si haremos una misión juntas no puedo confiar en alguien que le miente a sus amigos, en ese caso no podría confiar en ti.
Emiko sonrió.
— En esos tiempos cuando conocí a Rin noté de inmediato sus sentimientos por Kakashi y no podía culparla, sin embargo antes de que yo pudiera decir algo, ella me ofreció su amistad... y sin darme cuenta, ya estaba viviendo con ella y su abuelita... — una risa franca escapó de Emiko. — Yo le tenía mucho miedo a dormir en la casa de mis padres, la culpa por la muerte de mis padres era demasiada para una niña de nueve años...
— ¡Estamos en casa, abuelita! — gritó Rin con alegría.
— Bienvenidas, ¿Cómo les fue en la academia?
— Bien, gracias... — Emiko hizo una reverencia y la anciana rio.
— No seas tan formal, estás en tu casa... corran a lavarse las manos, niñas, ya está la comida.
Las dos chicas entraron al baño para lavarse las manos.
— Rin, me da pena que tu abuelita gaste dinero en comida para mi... ¿Está bien si le doy una parte de la pensión que me da el sandaime?
— No creo que lo acepte, pero si estás decidida podemos meterle el dinero a escondidas en su cajita, nunca se da cuenta de cuánto tiene ahí.
Ambas chicas comenzaron a reír.
— ¡Oee! — la voz de Obito se escuchó, probablemente estuviera fuera de la casa, así que las dos chicas se asomaron por la ventana del primer piso y entonces vieron a Kakashi llevar a cuestas al Uchiha, sin pensarlo dos veces, Rin salió a su encuentro.
— ¿Qué te pasó, Obito? — preguntó Rin al llegar hasta los dos chicos mientras Emiko los veía desde la ventana.
— Se lastimó en el entrenamiento. — respondió Kakashi sin ninguna emoción al tiempo que se lo entregaba a Rin, quien se sonrojó ante la cercanía del peligris.
— No fue mi culpa, además le dije que yo podía caminar solo...
— Suficiente, pasarás la noche con nosotras... — dijo Rin y después miró a Kakashi... — Gracias por traerlo, KaKashi-kun...— un hermoso sonrojo adornó su rostro y en ese momento Emiko descubrió que Rin amaba al peligris.
Una vez que el chico se fue, Rin entró a su casa con un Obito muy malhumorado. La mujer mayor se ofreció a curar su tobillo torcido por lo que Rin fue al baño por el botiquín de primeros auxilios.
— ¿Rin? — Emiko la llamó desde la ventana en que vio todo, ya lo sospechaba, pero quería confirmarlo. — ¿Te gusta Kakashi?
— ¿Se nota tanto? — sujetó sus mejillas y sonrió. — ¿A ti también te gusta, no es así?
Fue turno de la pelinegra para ponerse roja.
— Definitivamente no, es demasiado grosero para mi gusto.
— Pero te he visto regalarle comida y lo más sorprendente es que él lo acepta.
Emiko negó.
— Es que nuestros padres eran amigos, por eso le gustan mis galletas, su papá y él las comían cuando pasaban por mi casa... pero... ya no me gusta, es muy frío.
Rin la miró fijamente pero pronto sonrió de nuevo y sujetó a Emiko de las manos.
— Si te gusta Kakashi, está bien, al final de cuentas él es quien tiene que elegir, ¿No crees?
— ¿No estás enojada conmigo?
— No. — negó con la cabeza. — Creo que eso hace que tengamos algo más en común...
Emiko sonrió.
— Gracias, Rin... pero yo voy a olvidarlo porque ha sido muy grosero conmigo, sin duda me merezco a alguien más amable... como Gai, solo que con un poco menos de energía y cejas...
Ambas chicas empezaron a reír.
— ¡Rin, me duele! — gritó Obito.
— ¿Podrían traer un analgésico? — preguntó la voz de la anciana.
— Pobre Obito, vamos — dijo Rin sin soltar a Emiko y juntas corrieron para ayudar a su amigo.
Emiko le sonrió a Kurenai.
— Así que como ya ves, Rin lo sabía y yo jamás me volví a acercar más que para regalarle galletas por su cumpleaños...
— Supe que te le declaraste después de que murió Rin. — sentenció la mujer.
— Eso es cierto... yo solo quería liberarme de ese sentimiento y seguir adelante, sabes muy bien que declararse a Kakashi significaba un rechazo rotundo. — No pensaba revelar más información sobre Rin y sus sentimientos por el Uchiha, eso solo le correspondía a ella y Kakashi. — Y funcionó, porque poco después pude salir con Genma y aunque no funcionó, pude seguir con mi vida...
Kurenai suspiró.
— Supongo que suena a algo que haría Rin... — aceptó la mujer de hermosos ojos rojos. — Entonces supongo que está bien para mi, aunque aún no te perdono que te llevaras a Asuma por tanto tiempo a la capital, pero de eso hablaremos después.
— Sí, cuento contigo, Kurenai... — Emiko sonrió al ver el humor en el rostro de su compañera. — Siempre pensé que podía arreglármelas sola pero creo que Hokage-sama tiene razón, debo confiar en mis colegas y dar lo mejor de mi.
Kurenai hizo una mueca pero después suspiró.
— De acuerdo, eres una ninja de Konoha y Asuma te aprecia mucho, daré mi mejor esfuerzo.
Emiko asintió y agradeció en silencio su apoyo.
— Disculpen la demora señoritas... — Asuma llegó junto a Iwashi. — Le pedí a Iwashi que me esperara hasta que me terminara mi cigarrillo.
— Deberías dejar ese hábito Asuma.— señaló Kurenai.
— Se lo he dicho miles de veces, es terco... — se quejó Emiko.
— Emiko, me alegra verte. — Saludó Iwashi mientras se sentaba a su lado.
Aquella velada fue amena, y Emiko agradeció que Asuma hiciera tan divertida la noche con sus ocurrencias, ella estaba bastante nerviosa por lo del día siguiente que no pudo beber ni comer casi nada. Además, las constantes miradas de Iwashi le ponían un poco incómoda, porque parecían estar cargadas de muchos sentimientos cuando era apenas la tercera vez que se veían y siendo honestos Emiko no lo recordaba de la torre. En muchas misiones fue cortejada por muchos hombres pero para ella nada de eso tenía futuro, solo se trataba de una misión más. Pero ahora tenía la oportunidad de tener una relación seria y quizás duradera siempre que consiguiera sobrevivir a lo que le deparaba en la capital.
Necesitaba hablar con urgencia con Midori-sensei, quería saber lo que ella pensaba de esa situación y qué haría Kouji-sama. Lo mejor sería que no anunciara su llegada al palacio y se comunicara en secreto con ellos.
— ¿Emiko? — la voz de Iwashi la trajo a la realidad.
— Perdón, no escuché... — dijo mientras sacaba su cartera para sacar dinero para pagar su consumo.
— Decía que yo te invito, ha sido una buena noche. — el castaño le sonrió mientras entregaba el dinero a la mesera.
— Bueno, supongo que es hora de irnos, llevaré a Kurenai a su casa. — anunció Asuma... — ¿Acompañarás a Ko-chan?
— Sí, yo la llevo... — indicó el otro hombre, pero en ese momento Emiko se puso de pie y volvió a abrazar a Asuma.
— Todo irá bien, confía en la Hokage y tus compañeros. — le susurró Asuma a lo que ella asintió.
— Nos veremos a mi regreso, Asuma.
Y la pareja salió del local.
— La noche pasó muy rápido, ¿No?— preguntó el tokubetsu jounnin.
— Sí, te agradezco por invitarme.
— No es nada, en realidad me siento muy afortunado de que aceptaras. — llevó su mano tras su nuca y eso evidenció sus nervios. — Creí que no podrías porque estarías en una relación con alguien o algo así.
Emiko miró el cielo y pudo contemplar la belleza de la luna llena.
— No tengo novio ni nada por el estilo.
— Me alegra. — exclamó él.
Continuaron caminando en silencio pero bastante cómodos.
— Gracias por acompañarme. — dijo Emiko a Iwashi, quien sonrió.
— Al contrario, fue una linda velada... me preguntaba si quisieras volver a salir conmigo.
— Si, claro... aunque mañana salgo de misión y no sé cuanto tiempo esté fuera, así que podríamos quedar a mi regreso. — dijo Emiko con una sonrisa de disculpa.
— Me parece bien, hasta luego.
— Hasta luego. — Emiko vio al hombre marchar a paso lento, nunca fue buena con sus relaciones personales pero todo se había sentido muy natural con Iwashi, tal vez si lograba regresar a Konoha en una pieza, podría pensar en sentar cabeza.
Pronto se dio media vuelta y mientras subía las escaleras, dejó escapar un suspiro.
— Parece que la cita salió bien... — la voz de Kakashi la hizo alzar el rostro, él estaba recargado en el marco de su puerta.
— Sí, no estuvo mal. — apenas sonrió, se sentía cansada. — En fin, iré a dormir...
— Recibí una misión, ¿A qué hora partimos?
— Al amanecer, conseguí una carreta que nos llevará en día y medio a la capital, necesitamos guardar nuestras fuerzas.
— De acuerdo... ¿Estás bien?
Ella asintió.
— Sí, estoy lista para lo que sea que pase, espero no darte demasiados problemas en la capital... no deseo ser una carga para nadie.
Ninguno de los dos dijo nada, solo se escuchaban los pasos de Emiko subir por las escaleras, pero cuando llegó al lado de Kakashi, él suspiró sonoramente.
— Emiko, jamás fuiste una carga... eran un crío estúpido, lamento haber querido herirte cuando dije eso.
La chica le sonrió.
— Ya te dije que lo olvides, si lo vuelves a mencionar... yo...— pero decidió callar. —... Olvídalo... estoy cansada y nos espera un largo viaje, nos vemos mañana, Kakashi...
Y marchó, arrastrando los pies, al parecer pensar en lo que sucedería en la capital arruinó su buen humor por su cita con Iwashi.
En cambio Kakashi la observó hasta que desapareció en las escaleras que conducían al segundo piso donde ella vivía. Más temprano Tsunade-sama lo mandó llamar a la torre para informarle de la situación de Emiko: lo más probable era que la ejecutaran junto a sus compañeras, en el menor de los casos, la cambiarían de división, pero algo le parecía muy raro a la Hokage, por lo que el peligris tenía el objetivo, no solo de conseguir la transferencia de Ryuzara a Konoha, sino que también debía averiguar qué estaba sucediendo en el palacio Feudal. Konoha no podía hacer oídos sordos a tantos cambios políticos, si iba a haber una transición de poderes debían estar bien informados y listos para actuar en consecuencia.
Pero por otro lado, cuando veía a Emiko ya no lograba ver a la niña de cabellos trenzados y rodillas raspadas, desde aquella noche en que le propuso entrenar su brazo herido sentía que se había caído un velo de sus ojos y sintió que la veía por primera vez. Cada mañana en la que él llegaba al entrenamiento, ocupada un par de minutos para verla meditar. Su rostro antes ovalado ahora estaba alargado, sus pestañas eran largas y sus ojos de color miel ahora reflejaban tranquilidad. Sin olvidar su cuerpo, ahora entendía porqué cuando ella cambiaba su uniforme shinobi y usaba sus yukatas para pasear por la aldea la mayoría de los hombres dejaban de hacer sus actividades para verla pasar. Ya no era raro verla por las calles rechazando alguna confesión o cargando con un par de regalos envueltos en papeles brillantes. Hasta Pakkun parecía haber caído en su encanto, pues cuando él salía de misión solía dejarlo para que cuidara de la chica, pero a su regreso nunca estaba el perro donde lo dejaba, sino en brazos de la pelinegra con la panza arriba.
Sí, sin duda era una mujer muy bella cuando se arreglaba, pero Kakashi seguía prefiriendo su apariencia de cuando entrenaban. Ver la decisión y entrega en sus ojos amarillos le parecía más atrayente que el color carmín de sus labios. Verla quitarse el chaleco y entrenar en su blusa de rejillas era mejor que las yukatas que acentuaban su esbelta figura. Prefería sus gritos de guerra cuando arremetía con su katana contra él que la risa que dedicaba a los hombres que se le acercaban a conversar.
— ¿Cuándo dejó de ser la Emiko que recordaba?
Se preguntó mientras regresaba al interior de su departamento. No le había mentido a Asuma, realmente no le importaba con quien saliera ella, y consideraba que era normal que se sintiera un poco atraído hacía una mujer tan bella, así que estaba tranquilo y en paz con su resolución de ser más amable con ella. Se lo debía tanto como le hubiera gustado tener tiempo para tratar mejor a Obito y a Rin.
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Continuará...
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