Personajes: Anthony Goldstein, Terry Boot y Michael Corner.
Prompt: Navidad.
Condición: alguien debe mencionar una guerra.
Antes de la batalla (Parte I)
Anthony Goldstein había oído la historia de cómo su abuelo fue el único de su familia que sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz. Desde que tenía memoria, le era inevitable asociar la imagen de Hitler con la de Voldemort, ya que ambos poseían los mismos ideales respecto a la pureza de la raza o, en el caso del último, de la sangre mágica. Ese fue el motivo por el que decidió a regresar a Hogwarts, a pesar de que estaba bajo el control de los mortífagos.
—Si se desata una guerra, tendremos que pelear —les dijo a Michael y Terry esa misma noche, en la habitación que compartían en la torre de Ravenclaw. Ellos asintieron en silencio.
«EL EJÉRCITO DE DUMBLEDORE SIGUE RECLUTANDO GENTE»
Anthony terminó de escribir en la pared con el corazón latiéndole a mil por hora a causa de la adrenalina. Acciones como aquella, si eran descubiertas, resultaban en castigos atroces.
—Déjame agregar algo más —susurró Terry, y trazó la siguiente frase:
«¡QUE SE JODAN LOS CARROW!»
—Mike, dibuja un pene al lado. —Su amigo obedeció—. Ahora sí. Una obra de arte.
Muchos estudiantes decidieron no regresar tras las vacaciones de Navidad, pues Hogwarts ya no era seguro. La falta de información acerca de lo que verdaderamente ocurría afuera estaba comenzando a desalentarlos, pero ninguno de los tres admitiría sus miedos en voz alta. Fue entonces cuando Terry no pudo contener su excitación al recibir, por fin, una noticia por lechuza.
—¡Harry Potter escapó de Gringotts sobre un dragón! —gritó en el Gran Comedor, y varias cabezas voltearon a verlo, incluidas las de los Carrow— ¡En sus putas caras!
Esa tarde regresó a la sala común con un ojo morado y el labio cortado. Padma se ofreció a curar sus heridas, y Anthony los observó atentamente hasta que ella terminó. Michael sonrió ante la escena.
—Tony, si puedes hacerle frente a los Carrow, deberías poder decirle a Padma que te gusta. Ya es ridículo.
—O vas a morirte virgen —acotó Terry, ignorando su mirada asesina.
Continuaron actuando en la clandestinidad hasta el día en que descubrieron a Michael tratando de liberar a un estudiante de primer año que había sido encadenado. Amycus y Alecto lo torturaron duramente, pero él se negó a darle el gusto de que lo oyeran gritar. «¡Solo era un niño!», les espetó a sus amigos cuando le preguntaron por qué lo hizo.
No tuvieron más remedio que esconderse en la Sala de los Menesteres con otros miembros del ED. Esperaban lo que, milagrosamente, unas semanas después ocurrió, cuando Neville trajo a alguien más con él.
—¡Es Harry Potter! —comenzaron a gritar varias voces.
Anthony se quedó paralizado cuando, emocionada, Padma se arrojó a sus brazos. Terry y Michael se reían con ganas. Cuando pasó la algarabía inicial, no comprendieron por qué a Harry le interesaba la diadema perdida de Ravenclaw, pero parecía determinado a derrotar a Voldemort.
Quizás sí había esperanza.
