Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
Inuyasha se encontraba descansando tranquilamente en una de las ramas de un árbol, era de noche y el sonido de los grillos era lo único que llenaba el silencio del bosque.
Acompañado por la luz de la luna y a pesar de que cualquiera podría decir que estaba durmiendo, en realidad estaba atento a cualquier indicio de alguna presencia al rededor.
Bajo de él, sobre el pasto enrollada en una manta, se encontraba la pequeña humana, con su cabello azabache rozando sus hombros y su flequillo cubriendo sus ojos, se mantenía en calor gracias a una fogata que él hanyou infantil había proveído luego de darse cuenta de la facilidad con la que los humanos se enferman, no quería que la niña pasara por eso nuevamente.
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Recordaba como ese día había estado parlanchina como siempre, desde que dijo su primera palabra lógica, y de la nada había caído desmayada hirviendo en lo que los humanos presumen era fiebre.
Desesperado incluso había hecho uso del lago que se encontraba por el lugar donde tendían a acampar, para bajar la alta temperatura del cuerpo de la pequeña, pero nada parecía hacerla despertar o dar un indicio de que la enfermedad cedería.
Pronto notó como ella comenzó a temblar y decidió que incluso si fallaba en el intento la llevaría con los humanos a que la curasen.
Cuando iba de camino, a la aldea más cercana, decidido a correr el riesgo, escucho a la pequeña hacer el débil intento de llamar su nombre y se detuvo.
El calor en su cuerpo había cedido y poco a poco, frente a él, sus mejillas regordetas retomaban su color rosado natural.
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Él no podía explicar cómo había pasado de estar tan enferma a estar como si nada de la noche a la mañana, pero lo único que le importaba era que ya estaba mejor. Y que no volvería a dejar que sucediese.
Así que desde entonces cada noche juntaría leña para que el pequeño se mantuviera cómodo y sano.
Regresando del mal trago que le hizo pasar rememorar ese recuerdo, el hanyou dirigió una mirada entrecerrada desde su posición en la rama a la pequeña niña que temblaba y se revolvía en su sueños con el aroma a sal cubriendola, preocupado decidió bajar del árbol.
Con cuidado se acercó a ella y la tomó en sus brazos, se posicionó debajo del árbol en el que había estado, y observando como la pequeña en sus brazos lentamente paraba de temblar, cerró sus orbes doradas, y por primera vez en mucho tiempo.
Durmió tranquilo.
¡Gracias por leer!
Para aclarar:
/ : usare la diagonal como signo de un flashback, lo siento si no fue muy obvio, fue algo nuevo para mi.
