Unos instantes después, el señor Weasley apareció en el andén con Ron,Hermione y Tess. Casi habían descargado el equipaje del carrito de Moody cuando llegaron Fred, George y Ginny con Lupin. —¿Algún problema? —gruñó Moody. —Ninguno —contestó Lupin. —De todos modos, informaré a Dumbledore de lo de Sturgis —afirmó Moody—. Es la segunda vez que no se presenta en una semana. Está volviéndose tan informal como Mundungus. —Bueno, cuidaos mucho —dijo Lupin estrechándoles la mano a todos. Por último se acercó a Harry y le dio una palmada en el hombro—. Tú también, Harry. Ten cuidado. —Sí, no te metas en líos y ten los ojos bien abiertos —le aconsejó Moody al estrecharle la mano—. Y esto va por todos: cuidado con lo que ponéis por escrito. Si tenéis dudas, no se os ocurra escribirlas en vuestras cartas. —Ha sido un placer conoceros —dijo Tonks abrazando a Hermione y Ginny—. Espero que volvamos a vernos pronto. Entonces sonó un silbido de aviso; los alumnos que todavía estaban en el andén fueron apresuradamente hacia el tren. —Rápido, rápido —los apremió la señora Weasley, atolondrada, abrazándolos a todos, y a Harry dos veces—. Escribid… Portaos bien… Si os habéis dejado algo ya os lo mandaremos… ¡Rápido, subid al tren! El perro negro se levantó sobre las patas traseras y colocó las delanteras sobre los hombros de Harry, pero la señora Weasley empujó al muchacho hacia la puerta del tren y susurró: —¡Te lo suplico, Sirius, haz el favor de comportarte como un perro! —¡Hasta pronto! —gritó Harry desde la ventanilla abierta cuando el tren se puso en marcha, mientras Ron, Hermione y Ginny saludaban con la mano. Las figuras de Tonks, Lupin, Moody y el señor y la señora Weasley se encogieron con rapidez, pero el perro negro corrió por el andén junto a la ventana, agitando la cola; la gente que había en el andén reía viéndolo perseguir el tren;entonces éste tomó una curva y Sirius desapareció. —No ha debido acompañarnos —comentó Hermione, preocupada. —Vamos, no seas así —dijo Ron—, hacía meses que no veía la luz del sol, pobre hombre. —Bueno —dijo Fred dando una palmada—, no podemos pasarnos el día charlando, tenemos asuntos de los que hablar con Lee. Hasta luego —se despidió, y George y él desaparecieron por el pasillo hacia la derecha. El tren iba adquiriendo velocidad, y las casas que se veían por la ventana pasaban volando mientras ellos se mecían acompasadamente.

—¿Vamos a buscar nuestro compartimento? —propuso Harry. Ron y Hermione se miraron. —Esto… —empezó a decir Ron. —Nosotros… Bueno, Ron y yo tenemos que ir al vagón de los prefectos —dijo Hermione sintiéndose muy violenta. Ron no miraba a su amigo, pues parecía muy interesado en las uñas de su mano izquierda. —¡Ah! —exclamó Harry—. Bueno, vale. —No creo que tengamos que quedarnos allí durante todo el trayecto —se apresuró a añadir Hermione—. Nuestras cartas decían que teníamos que recibir instrucciones de los delegados, y luego patrullar por los pasillos de vez en cuando. —Vale —repitió Harry—. Bueno, entonces ya…, ya nos veremos más tarde. —Sí, claro —dijo Ron lanzándole una furtiva y nerviosa mirada a su amigo—. Es una lata que tengamos que ir al vagón de los prefectos, yo preferiría… Pero tenemos que hacerlo, es decir, a mí no me hace ninguna gracia. Yo no soy Percy —concluyó con tono desafiante. —Ya lo sé —afirmó Harry, y sonrió. Pero cuando Hermione y Ron arrastraron sus baúles y a Crookshanks y a Pigwidgeon en su jaula hacia el primer vagón.

—Bueno,vamos Harry—Dijo Tess,comenzando a caminar.

—Si nos damos prisa podremos guardarles sitio—Le dijo Ginny.

—Tienes razón —replicó Harry, y cogió la jaula de Hedwig con una mano y el asa de su baúl con la otra. Luego echaron a andar por el pasillo mirando a través de las puertas de paneles de cristal para ver el interior de los compartimentos, que ya estaban llenos. Harry se fijó, inevitablemente, en que mucha gente se quedaba contemplándolo con gran interés, y varios daban codazos a sus compañeros y lo señalaban. Tras observar aquel comportamiento en cinco vagones consecutivos, recordó que El Profeta se había pasado el verano contando a sus lectores que Harry era un mentiroso y un fanfarrón. Desanimado, se preguntó si esa gente que lo miraba y susurraba se habría creído aquellas historias. En el último vagón encontraron a Neville Longbottom, que, como Harry, también iba a hacer el quinto año en Gryffindor; tenía la cara cubierta de sudor por el esfuerzo de tirar de su baúl por el pasillo mientras con la otra mano sujetaba a su sapo,Trevor. —¡Hola, Harry! —lo saludó, jadeando—. ¡Hola, Ginny! ¡Hola, Tess! El tren va lleno… No encuentro asiento… —Pero ¿qué dices? —se extrañó Ginny, que se había colado por detrás de Neville para mirar en el compartimento que había tras él—. En este compartimento hay sitio, sólo está Lunática Lovegood. Neville murmuró algo parecido a que no quería molestar a nadie. —No digas tonterías —soltó Ginny riendo—. Es muy simpática.

Y entonces abrió la puerta del compartimento y metió su baúl dentro,Tess la siguió. Harry y Neville la siguieron—. ¡Hola, Luna! —la saludó Ginny—. ¿Te importa que nos quedemos aquí? La muchacha que había sentada junto a la ventana levantó la cabeza. Tenía el pelo rubio, sucio y desgreñado, largo hasta la cintura, cejas muy claras y unos ojos saltones que le daban un aire de sorpresa permanente. Harry comprendió de inmediato por qué Neville había decidido pasar de largo de aquel compartimento. La muchacha tenía un aire inconfundible de chiflada. Quizá contribuyera a ello que se había colocado la varita mágica detrás de la oreja izquierda, o que llevaba un collar hecho con corchos de cerveza de mantequilla, o que estaba leyendo una revista al revés. La chica miró primero a Neville y luego a Harry, y a continuación asintió con la cabeza. —Gracias —dijo Ginny, sonriente. Harry y Neville pusieron los tres baúles y la jaula de Hedwig en la rejilla portaequipajes y se sentaron. Luna los observaba por encima del borde de su revista, El Quisquilloso, y parecía que no parpadeaba tanto como el resto de los seres humanos. Miraba fijamente a Harry, que se había sentado enfrente de ella y que ya empezaba a lamentarlo.

—Es un gusto hablar contigo—Tess le sonrió—Soy...

—Eres Tess Potter,como no podría saberlo,eres la hermana de Harry Potter—Harry se tensó ante el comentario.

—¿Sabes sobre eso?—Tess se sorprendió.

—No se cómo la gente no se ha dado cuenta de eso—La voz de Luna,era soñadora—Son iguales.

—Bueno,admito que no había pensado en eso—Las mejillas de Tess enrojecieron,avergonzada y sorprendida por tan sabía observación.

—Me caes muy bien—Exclamó Luna,sonriendo a Tess.

—Les dije que os llevarías bien—Habló Ginny.

—¿Que estás leyendo?—Preguntó Tess,mirando la revista que Luna tenía en las manos.

—Es el Quisquilloso,mi padre es el director—Tess sonrió—Puedo regalarte un ejemplar.

—Gracias—Tess lo tomó,guardandolo en su bolso.—Tengo que ir a buscar a alguien,volveré pronto.

—Adios Tess—Harry sonrió a su hermana.

—Fue un gusto conocerte Luna—Tess le sonrió a la chica y salió del compartimento.

Ron y Hermione no aparecieron hasta al cabo de una hora, después de que pasase el carrito de la comida. Harry, Ginny y Neville se habían terminado las empanadas de calabaza y estaban muy entretenidos intercambiando cromos de ranas de chocolate cuando se abrió la puerta del compartimento y Ron y Hermione entraron acompañados de Crookshanks y Pigwidgeon, que ululaba estridentemente en su jaula. —Estoy muerto de hambre —dijo Ron; dejó a Pigwidgeon junto a Hedwig, le quitó una rana de chocolate de las manos a Harry y se sentó a su lado. Abrió el envoltorio, mordió la cabeza de la rana y se recostó con los ojos cerrados, como si hubiera tenido una mañana agotadora. —Hay dos prefectos de quinto en cada casa —explicó Hermione, que parecía muy contrariada, y se sentó también—. Un chico y una chica. —Y a ver si sabéis quién es uno de los prefectos de Slytherin —preguntó Ron, que todavía no había abierto los ojos. —Malfoy —contestó Harry al instante, convencido de que sus peores temores se confirmarían. —Por supuesto —afirmó Ron con amargura; luego se metió el resto de la rana en la boca y cogió otra. —Y Pansy Parkinson, esa pava —añadió Hermione con malicia—. No sé cómo la han nombrado prefecta, si es más tonta que un trol con conmoción cerebral…

—Ultimamente he visto a Tess muy cerca de Malfoy—Comentó Ron mordiendo la rana de chocolate.—Temo que ella tenga algo con él—Añadió Harry con preocupación.

—Pareces el típico hermano sobreprotector—Hermione parecía divertida.—Piensalo Hermione,siempre se miran de una forma que no puedo describir—Harry miró a sus amigos,totalmente seguro de lo que decía.

—Tal vez solo es desprecio—Sugirió Ron.

—Estoy seguro de que es algo más—Insistió Harry.—¿Cómo explicas que hayan ido al baile de navidad juntos?

—Te apoyo Harry—Dijó Hermione con expresión pensativa—¿Crees que quiera decirnos algo?

—Conozco a mi hermana y es demasiado testaruda para siquiera decirnos una palabra sobre eso.

Tess entró en el compartimiento nuevamente,sentándose junto a Luna,y Harry la escudriñó con la mirada durante unos minutos. Tess sacó la revista de su bolso y comenzó a hojearla,deteniéndose para leer algunos artículos,que hacían que soltara algunas risas,provocando que Ron,Harry y Hermione la mirarán como si fuera un bicho raro.En un momento,Harry le quitó la revista de las manos. —¿Puedo mirar?—Tess asintió,sabiendo que no le gustaría y se la devolvería pronto. —¿Hay algo que valga la pena? —preguntó Ron cuando Harry cerró la revista. —Pues claro que no —se adelantó Hermione en tono mordaz—. El Quisquilloso es pura basura, lo sabe todo el mundo.Tess le lanzó una mirada asesina a Hermione que está ignoró. —Perdona —dijo Luna, cuya voz, de pronto, había perdido aquel tono soñador—. Mi padre es el director. —¡Oh…, yo…! —balbuceó Hermione, abochornada—. Bueno…, tiene cosas interesantes… Es muy… —Dámela, por favor. Gracias —respondió Luna con frialdad, y luego se inclinó hacia delante y se la quitó a Harry de las manos,dándosela de nuevo a Tess. la puerta del compartimento se abría por tercera vez. Harry se volvió; estaba esperando que sucediera, pero eso no significó que el hecho de ver a Draco Malfoy le pareciera menos desagradable. —¿Que quieres Malfoy?—Harry dirigió su mano a sus costados,listo para sacar su varita. —Relajate Potter,no vengo a verte a ti—Tess hundió su nariz en la revista. Un silencio incómodo se formó hasta que Tess bufó y salió del compartimento junto con él. —¿Qué rayos quieres?—Preguntó Tess cuando estuvieron lejos del compartimento—Harry me matará cuando regrese. —Lo siento—Draco acarició la mejilla de Tess —Sabes que no puedo enojarme contigo—Sus labios se juntaron con cariño.—Bueno,tengo que irme,adiós amor. Tess entró nuevamente al compartimiento y volvió a sentarse junto a Luna. —Teresa—Llamó Harry con voz seria y la chica apretó la mandíbula. —No me llames Teresa—Reclamó molesta. —¿Por qué Malfoy vino a buscarte?—Tess rodó los ojos y lo ignoró,Harry estuvo a punto de reclamar pero Hermione le hizo un gesto,indicándole que mejor se calmara. El resto del viaje,Tess y Luna hablaron de cientos de cosas,descubriendo que tenían varias cosas en común,cómo su fascinación por las criaturas mágicas,Ron,Harry y Hermione hablaron de diferentes cosas sin importancia y Ginny y Neville también hablaron entre ellos.