Palabra: campanas.


11. Romperse y reconstruirse

Your thoughts become your enemies
When you're locked inside this cage
Life can feel dead to me
And all that's left is rage

Stay Alive, Andy Black


Pasan varias cosas.

Primero, Eijiro se descubre acostumbrándose al dolor de Bakugo —Katsuki, corrige mentalmente, porque a veces todavía se le escapa su apellido—. El malestar en las palmas de las manos cuando se sobre exige, por ejemplo. También se acostumbra al de Midoriya, sobre todo en las noches frescas. El brazo le duele hasta los huesos, pero puede vivir con él. Es como oír las campanas de una iglesia durante varias horas, hasta que dejas de percibirlas.

Se pregunta qué sienten ellos de él.

Debe preguntárselos.

Él y Amakiji tienen un encontronazo con villanos en Esuha. Todo acaba bien, pero Eijiro lleva su poder al límite y por fin comprueba de lo que es capaz. Amakiji pierde su singularidad momentáneamente, pero a pesar de eso, Eijiro le dice que estuvo genial. Varias veces. Es verdad. Sabe usar muy bien su poder.

Y luego vuelven a clases y todo parece normal.

«Parece». Esa es la palabra clave.

Y entonces recibe un mensaje.

«Dice el idiota de Todoroki que Deku está triste».

Katsuki siempre va al grano. No se detiene en cortesías ni en plática inútil. No habla nunca demás e incluso acorta las oraciones si es necesario.

«¿Cómo sabes?»

«Le estaba diciendo a la rana. Yo estaba oyendo».

Con el tiempo de conocerlo ha descubierto que Katsuki es muy bueno para oír conversaciones ajenas. Todo el mundo creería que el ruido de las explosiones le ha atrofiado los oídos —tendría sentido, dado lo mucho que grita—, pero realmente es bastante bueno pegando la oreja para oír todo lo que no debería.

«¿Puedes consolarlo?», reza el siguiente mensaje. «Averiguar que pasó».

Eijiro frunce el ceño.

«Si tú me acompañas…»

Casi escucha el bufido medio frustrado de Katsuki hasta donde está. Pero el siguiente mensaje no tarda en llegar.

«Bueno».

Menos de dos segundos después están frente a la puerta de Midoriya. A Katsuki lo arrastró los últimos pasos, pero están allí. Eijiro llama a la puerta.

—Somos nosotros —dice. Y supone que con «nosotros» se entiende que son ellos dos, porque Midoriya abre.

Intenta sonreír, pero tiene la misma cara que un cachorro pateado mil veces. Además, ese momento en el que intenta fingir felicidad es tan falso y tan doloroso que se le resbala de la piel y se rompe en mil pedazos.

—¿Podemos pasar? —pregunta Eijiro.

Katsuki se mantiene callado, lo cual probablemente es una buena idea.

Midoriya asiente y les deja el paso libre. Cierra la puerta tras ellos. No hay demasiado espacio entre tanta memorabilia de All-Might, así que acaban sentados en el suelo. Midoriya parece nervioso y no los mira directamente.

Eijiro decide que no tiene sentido danzar alrededor del tema. Mejor ser directo.

—¿Estás bien?

Primero, asiente.

Pero luego lo piensa.

Katsuki, desesperado como es, no le da tiempo a reflexionarlo más y Eijiro tiene el impulso de darle un codazo, por imprudente.

—Pasó algo, ¿no? —Prácticamente ladra las palabras.

Y ese es el momento en que algo se rompe dentro de Midoriya. No llora —de momento—, pero sus hombros tiemblan y sus manos se buscan la una a la otra y se aprietan.

—Había una niña —dice. No prosigue.

—¿Una niña? —pregunta Eijiro, con delicadeza. Ahí sí le da un codazo a Katsuki, para que no se le ocurra cagarla.

—Estaba en mis brazos —dice Midoriya—. Un momento y luego ya no.

Y entonces sí llora.

Eijiro no entiende absolutamente nada de lo que está ocurriendo, pero no le gusta verlo romperse así, frente a él. Incluso Katsuki se congela a un lado de Eijiro. Midoriya llora intentando contener el sonido de sus sollozos y oculta sus ojos tallándose con el dorso de las manos. Ambas manos. Eijiro se acerca con cautela, intentando no invadir su espacio personal. Katsuki sólo se le queda viendo.

(¿Cuántas veces lo habrá visto llorar así? ¿Cuántas veces habrá tenido la culpa?)

Eijiro supone que Midoriya todavía no está listo para contar la historia.

Así que respira hondo y pregunta:

—¿Quieres un abrazo?

Midoriya se le lanza encima.

Y al principio Eijiro no sabe qué hacer. Su cerebro entero entra en cortocircuito, como cuando Kaminari se sobrecarga. Midoriya se aferra a él y llora en su playera y Eijiro sabe que sólo está teniendo esa cercanía porque son almas gemelas. Si no lo fueran no sentiría el temblor de sus sollozos ni sus lágrimas. Eijiro alza la mirada. Busca la de Katsuki, que tiene los ojos muy abiertos, pero no atina a acercarse.

«No sabe cómo», comprende Eijiro.

Poco a poco, la historia va formándose, como un rompecabezas. Ninguno de los dos habla hasta que Midoriya cubre todos los puntos.

Sir Nighteye, al parecer, tiene algo contra él. Katsuki gruñe ante eso, y Eijiro supone que tiene más información que él al respecto.

Había una niña pidiendo ayuda y no pudieron ayudarla.

La niña.

Sobre todo la niña.

Piensa en la manera en que se agarró a Midoriya, pidiendo ayuda.

Pero él dice que volvió cuando su padre amenazó con hacerles daño. A él y a Togata. Como si le preocupara menos lo que le ocurriera a ellos que a dos héroes.

¿Pueden los héroes salvar a todos?

—Idiota —dice Katsuki, cuando por fin Midoriya acaba de decir todo lo que tiene que decir—. Idiota. Idiota —repite, como un mantra—. No importa lo que ese imbécil Nighteye opine de ti. —Bufa—. Qué importa. Eres mejor. Que él. Al menos tú no… tú no haces juicios imbéciles. Y esa niña. —Vuelve a bufar y al gesto sigue un largo silencio. Ninguno de los tres sabe muy bien cómo afrontarlo—. Lo siento. Deku.

—Izuku —murmura él.

—… ¿Qué?

—Izuku. Cuando estemos a solas, puede ser Izuku.

Eijiro sonríe. Midoriya —no, Izuku—, sigue pegado a él, en un abrazo. No hay ni un beso, ni ningún otro gesto, pero es igual que vulnerable que el beso —besos— que ya compartió con Katsuki.

Katsuki traga saliva.

—Está bien —dice.

—Te puedo… Puedo… —intenta Midoriya—. Puedo usar tu nombre. —Se separa un poco de Eijiro entonces y se limpia los restos de las lágrimas—. Si quieres. En vez de Kacchan.

Pero Katsuki niega con la cabeza.

—Ese nombre es tuyo —le dice. Levanta la mirada hacia Eijiro y él no entiende porque lo mira en vez de mirar a Midoriya, pero luego sigue hablando—. Eres fuerte —dice y parece buscar la aprobación de Eijiro, que asiente imperceptiblemente—. No importa lo que diga un héroe viejo imbécil —le espeta y entonces sí, concentra su mirada en Izuku—. Y sobre la niña… —bufa—. Lo siento, Izuku.

—Gracias, Kacchan. —Y luego voltea hacia Eijiro—. Gracias por venir.

No tiene que agradecer eso. Nunca tiene que agradecer eso. Eijiro comprende que estarán juntos para siempre.

Entonces le cae encima la certeza. Y sonríe.

Siempre.


Notas:

1) Obviamente hay mucha canon-divergence en este fic porque las cosas ocurren diferentes al canon. Eh.

2) Nos acercamos al capítulo de los Shie Hassaikai, donde Kacchan interrumpirá a Eijiro como narrador.

3) Siento los problemas de calendario, pero bueno. Estoy intentando actualizar diario o, en su defecto, cada tercer día.


Andrea Poulain