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—Buen juego —dice Taichi, sonriendo—. Me has ganado.
Sora sonríe un momento, después frunce el ceño. No hace caso de la mano que le ofrece.
—¿Lo dices por pena?
—¿Qué? No…
—No necesito eso. Claro que puedo ganarte.
La niña se marcha, indignada, y Taichi mira su propia mano, muy confuso. Qué raras son las pelirrojas.
Decisión:
-A Sora se le olvida el enfado. (Ve al capítulo 17)
-A Sora no se le olvida el enfado. (Ve al capítulo 18)
