Caminó con gesto cansado y aburrido, como siempre lo hacía, por las calles de Konoha en el atardecer. Manos en los bolsillos, pasos lentos y la mente perdida en su última conversación.
"Mi padre mandó a llamar"
Para nadie, al menos los que conocían a Hinata, era desconocido que ella había sido exiliada del clan cuando se casó con Naruto. Por lo tanto, que su padre la mandara a llamar, podría significar muchas cosas, buenas o malas.
Continuó avanzando, ahora que la noche había caído y las luces de los cafés y tiendas iluminaban el sector, volvió un poco a la realidad.
Y reparó en algo muy importante.
En un pequeño café, en una mesa frente a la ventana, Temari conversaba animadamente con un hombre.
Frunció el ceño, con disgusto, al verla y una espinita creció en su interior, porque ese día, mientras almorzaban, le había pedido que se juntaran a esta misma hora y ella se negó indicando que tenía asuntos importantes que hacer después de sus reuniones.
Ese era el asunto importante.
Intrigado, y en una actitud poco propia de alguien como él, se acercó; escondiéndose, como si se tratara de una misión de espionaje.
Se avergonzó, pero la curiosidad fue mucho mayor; sobre todo, después de notar la actitud más suave de ella y lo cerca que estaba su acompañante.
Observó, y notó ciertas cosas que llamaron su atención; y que tal vez, no le gustaron.
Ni en lo más mínimo.
La forma en que sus ojos estaban conectados cuando hablaban, como si no hubiese nadie más; la sonrisa perfecta que tenía mientras lo escuchaba, como aquellas que usaba cuando se burlaba de él; o, el suave sonrojo que adornaban sus mejillas cuando el chico intentó rozar sus manos.
Joder.
Eso no estaba bien.
Él ya había pensado demasiado las cosas como para seguir haciéndose el tonto y esta era su última señal: estaba celoso.
Ardía en celos.
Esa, era la diferencia entre lo que le provocaba Temari y Hinata.
Y aquella, fue la luz en la oscuridad, que despejaba cualquier duda sobre lo que sentía.
"Shikamaru, no seas como yo"
"No seas ciego, yo lo fui, y me negué ante la verdad que mis ojos ocultaron. No hagas lo mismo"
Sonrió al recordar las palabras, tan ciertas, de Hinata. Porque él, no sentía esta misma clase de celos irrefrenables cuando veía a Sasuke intentando acercarse a ella (que para él era demasiado obvio), esos solo eran instintos protectores.
Y la niebla se disipó de tan solo mirar al viento.
Siempre había mirado a Hinata, porque ella estaba ahí, y era diferente. Ella representaba todo lo que él buscaba para un futuro: tranquilidad, compañerismo, dulzura y entendimiento; alguien que compartía los mismos pasatiempos que él, que era capaz de ser un buen rival, y que jamás lo juzgaba.
Pero Temari…
Temari…era distinta.
Ella era perfecta para él; tenía el equilibrio que necesitaba.
Porque con Hinata encontró un alma gemela, alguien que era como él; y con Temari encontró lo que a él le faltaba.
Y esa era la diferencia; lo que su corazón pedía era lo que le faltaba.
La dulzura que Temari poseía, dentro de esa faceta fuerte y dura que mostraba; la energía que siempre tenía, obligándolo a hacer cosas que estaban fuera de su zona de confort; el constante desafío de su mirada, que lo instaba buscar más allá.
Tal vez, no compartían los mismos pasatiempos, pero ahí es donde ella le entregaba libertad.
Y su belleza, aquellos salvajes ojos verdes que hacían un perfecto complemento con su cabello rubio y su piel; sin lograr un contraste violento, sino un conjunto armónico.
Y podría seguir, y seguir, y seguir…
Pero, a fin de cuentas, para él, ella era el viento que lo movía, aquel que lo impulsaba a salir de esa quietud que mantenía.
Ella era la única que tenía el poder de devolverlo a la tierra, con su voz, y volverlo a elevar al cielo con una sonrisa. Podía deshacerlo con una mirada, con esos ojos verde intenso, oscuros; guiándolo, arrastrándolo donde ella quisiera ir: como el viento y las nubes.
Ella era todo.
Y si eso no era amor, entonces, nada más podría serlo.
Porque las nubes se movían con el viento, y a veces, acompañan a la luna en las noches con mal clima.
La nube se había dado cuenta.
Shikamaru ya tenía lo tenía claro, y ahora, era él quien necesitaba era avanzar, seguir, moverse…Y dejar de huir.
Hacer algo.
Suspiró derrotado, frente a una verdad que siempre estuvo ahí y que todos parecieron ver menos él.
Una verdad que descubrió gracias a Hinata, porque fue ella quien lo hizo salir de esa zona segura en la que encontraba al confundirlo; al obligarlo a analizar que era lo que le ocurría.
Pero esto no acababa aquí; no, esto recién comenzaba.
Porque ahora, Temari tenía que verlo. Ahora, ella debía mirarlo como hombre y no un simple amigo.
Y él debería demostrarle que eran el uno para el otro.
La vida era problemática.
Se levantó temprano al día siguiente, con la mente dispuesta para su nueva tarea, y ansioso por llegar a juntarse con Hinata; porque si alguien podría ayudarle, era ella. Ino era demasiado poco discreta en algunos temas.
Ah, y de paso, nunca estaba demás poner de mal humor al último Uchiha.
Pero nada más al abrir su puerta, un anbu se presentó y tuvo que desaparecer por tres largos días.
Se levantó, porque la vida seguía.
Se arregló, porque dejarse estar ya no era una opción.
Desayunó, con su rostro cansado, la garganta adolorida y probablemente, los ojos hinchados; pero debía hacerlo, porque su historia no terminaba con Naruto.
Empezaba otra vez.
Tomó a Lili, y salió de su departamento rumbo al clan; porque era una Hyuga y tenía deberes que cumplir.
Porque la vida continuaba.
Y entre reuniones con el concejo, con Hanabi y con su padre, todo con tal de actualizarla con lo ocurrido en el clan y trabajar en el viaje futuro, el día comenzó a avanzar.
La vio salir del edificio del frente, y avanzar por las blancas calles en la mañana; preocupado. Tentado por bajar y preguntarle como seguía, o simplemente acompañarla, pero se detuvo porque ella necesitaba tiempo a solas; por mucho que él quisiera estar cerca.
Y la mañana pasó.
No notó cuando llegó la hora del almuerzo, pero ahí estaba ella, frente a él en su puerta, lista para cocinarle, tal y como habían acordado.
- No era necesario que vinieras hoy – indicó.
Ella llevó su mirada a él, cansada y negó.
- Tenemos un trato – respondió.
Ingresó, con Lili a la siga, caminando un poco más estable que el día anterior; afirmando esas pequeñas patitas que comenzaban a ver el mundo.
En silencio, y bajo la atenta mirada de Sasuke, Hinata preparó todo y comenzó su labor. Siempre concentrada, ida, como si en ese lugar ella estuviera sola.
Cortó una zanahoria, con dedicación; la cebolla, pequeña y fina; preparó el arroz. Y él no pudo ver más que su espalda y su negro cabello.
Y no necesitó más para entender que ella lo estaba intentando, que ella estaba tratando de llevar todo con normalidad.
Avanzó, porque con él, ella no necesitaba eso.
Se acercó, porque él podía guardar su vulnerabilidad, como un secreto, si ella lo deseaba.
- Hinata.
Llamó su nombre, en un susurro, porque tal vez, él debería decirle que él era un lugar seguro. Dejarle claro, que podía contar con él.
- Dime, Sasuke.
Tomó el cuchillo que ella sostenía, y lo dejó con tranquilidad en la mesa para luego tomar su muñeca, por sobre su chaleco y girarla con cuidado hacia él.
Entonces lo vio: sus ojos hinchados, cubiertos un poco de sutil maquillaje; su expresión cansada y abatida; su mandíbula tensa, probablemente aguantando la tristeza.
Atrajo su delgado cuerpo al suyo, en un movimiento lento, y pasó su brazo por su espalda.
Los brazos de Hinata permanecieron colgando en ambos lados de su cuerpo, como una muñeca.
- No necesitas ocultar lo que sientes conmigo.
Ella, al sentir su calor, su brazo en su espalda y su cuerpo contra el de ella en una forma protectora, cerró sus ojos y se permitió descansar ahí.
Y respondió el abrazo.
- Gracias.
No lloró, porque ya había dejado todo en la tarde anterior; porque ahora, miraría hacia delante.
Pero se permitiría robar un poco de aquella paz que Sasuke le ofrecía en su abrazo; ese pequeño refugio, donde no necesitaba la máscara que había utilizado toda la mañana.
Apoyó su mejilla en su hombro y suspiró.
Y Sasuke, nuevamente, deseó con todas sus fuerzas, tener su otro brazo para sujetarla; para que ella no dudara, de que él jamás la dejaría caer.
Porque para él, ya no cabían dudas, que siempre había sido ella.
Sus ojos nunca podrían ver a otra mujer.
La noche esperaría a la luna, paciente, y la haría brillar.
Se sentó, como todas las tardes, en su salita de estar junto a Lili durmiendo una siesta; esperando a que Shikamaru apareciera.
Él, siempre puntual, llegó e inmediatamente notó que algo no andaba bien; que ella había llorado.
- Hinata ¿estás bien?
Ella movió la pieza en el tablero y respondió, porque a Shikamaru no le mentiría.
- Firmé el divorcio.
No necesitó decir más para que él supiera que el día anterior había sido difícil; para notar que Hinata, al fin, había soltado todo. Para entender que ahora ella se debía levantar.
Y antes de que él dijera algo, ella volvió a hablar.
- Así que – continuó – cuéntame algo que me haga olvidar.
Sonrió suavemente al oírla mientras hacía su jugada en el tablero, porque esta era la Hinata que intentaba avanzar. La mujer que él había visto toda su vida.
- Hay algo, que me gustaría hablar – indicó – pero no sé si sea buen momento.
Ella volvió su mirada hacia él, con un poquito de ilusión.
- ¿Temari?
Shikamaru se sonrojó y desvió la mirada, pero asintió.
- Oh, Shika – indicó – me encantaría escuchar tu historia de amor.
Una tímida sonrisa se asomó mientras lo decía, porque hablaba con sinceridad; porque saber que alguien querido podría tener un final feliz era suficiente para subirle el ánimo.
Shikamaru se serenó, tomó a Lili en sus piernas y soltó.
- Tenías razón – habló – estaba siendo un ciego, quiero a Temari.
- ¿Se lo has dicho?
Negó, porque precisamente venía a buscar consejo con ella.
- En eso, necesito tu ayuda – respondió – no sé como
- No necesitas mi ayuda – le dijo – si ella te quiere, si tú la quieres, no importará como se lo digas mientras se lo digas. Porque al final Shika, lo importante es que la quieres.
Debió haber supuesto antes de preguntar que esa sería la respuesta; que, para Hinata, no importaba como, ni dónde, ni cuándo, mientras las palabras fueran reales y sinceras.
Y para él, la respuesta era la misma.
Así que se levantó con rapidez, sonriendo y Hinata se levantó con él, alegre y lo encaminó a la puerta.
Porque, la verdad, no había necesidad de esperar cuando las cosas ya estaban claras.
Corrió por las calles de Konoha, con un destino fijo, y con los nervios a flor de piel.
Asustado, porque Temari podría rechazarlo y con ello romperle el corazón.
Pero no tenía más opciones, porque las nubes se mueven con el viento.
No supo cuanto corrió, ni por cuanto tiempo, pero ya estaba ahí, en aquel edificio grande donde estaban todos los miembros representantes de las distintas aldeas ocultas para la organización del gran evento.
Miró su reloj, y había llegado justo a tiempo.
Y frente a él, como si el destino hubiese ordenado todas las piezas, Temari aparecía por la puerta del edificio, conversando distraídamente con el mismo chico de la noche anterior.
Era ahora o nunca, y Temari tendría que entender, que siempre había sido ella.
- Temari – habló cuando estuvo frente a ella – necesito hablar contigo.
Ella llevo su mirada verde a sus oscuros ojos, sorprendida de verlo ahí, alterado y con la respiración entrecortada. Y asintió, porque supuso que era importante.
Se despidió con una leve sonrisa de su compañero y siguió a su amigo.
La guió hacia un sector más alejado y solo, donde pudieran conversar; mientras se armaba de valor para declararse.
La presencia de Temari era fuerte, decidida e imponente, y a veces, eso lo asustaba, como hoy.
"Por favor, quiéreme"
Se giró, algo bruto por el nerviosismo, y ella se detuvo de golpe al verlo tan serio.
- Necesito decirte algo ¿me escucharías?
- Por eso estoy aquí ¿qué sucede?
Clavó sus oscuros ojos en los de ella, dándose las últimas fuerzas antes de revelarse y quedar vulnerable ante ella. Y al verla, al notar que solo estaba él reflejado en esos hermosos ojos, supo que aún cuando recibiera una negativa, jamás podría dejar de intentarlo.
Porque las nubes se mueven con el viento.
Botó el aire que tenía guardado, y soltó aquello que necesitaba decir, gritar.
- Te quiero.
Temari lo miró perpleja, confundida, por unos instantes; porque la confesión había salido de golpe y fuera de contexto. Inesperada y brusca.
Sin duda, podría haber preparado algo mejor, pero si lo hacía, no sería él; el genio y flojo Shikamaru.
Esperó en silencio, en un tortuoso y pesado instante de tiempo que pareció eterno. Pero no dudó.
Él nunca dudaría.
Y ella por fin reaccionó.
Cerró sus ojos, con un gesto de desagrado pero que en realidad era de incomodidad; aquellos que él conocía bien.
Puso su mano en su cintura, y sonrió con superioridad.
- Tardaste demasiado, Nara.
Lo que vino con esa declaración fue algo que él jamás había experimentado. Saber, que aquella respuesta camuflaba que ella también lo quería, fue mucho mejor que cualquier otra cosa.
Se sentía eufórico, contento, ansioso, inquieto y muchas otras cosas más difíciles de explicar y entender; que no venía al caso analizar. Porque ahora, lo único que importaba, era lo que estaba por hacer.
Dio unos rápidos pasos hacia ella, que continuaba en su posición, esperándolo. Motivándolo a moverse; como siempre lo hacía. Impulsándolo a salir de su zona segura.
- Lo bueno tarda en llegar.
Habló y no dejó más espacio entre ellos que el necesario para mirarla a los ojos, acunar su rostro y sonrojarla; en esa fría tarde de invierno.
Ella sonrió, algo tímida, pero no dejó de mirarlo y él avanzó lo necesario para terminar de cerrar las distancias.
Juntó sus labios en un beso torpe, porque era el primero, pero dulce. Y no terminó ahí, porque ese pequeño y adictivo descubrimiento era imposible de soltar de inmediato.
Pasó sus manos a la cintura de ella, atrayéndola hacia él y atrapó sus labios nuevamente, en otro beso, ahora más suave, lento y profundo. Sometiéndola, porque ella, al parecer, tenía claro sus sentimientos mucho antes de que él y no dijo nada.
- Supongo, que tengo novia.
Ella sonrió, y él tomó su mano, la guió al bolsillo de su chaqueta y caminaron juntos a cenar.
Para el cielo; la nube y el viento, la noche, la luna y los luceros; el nuevo ciclo comenzaba.
El suave golpeteo en su puerta, le distrajo de su trabajo en la cocina; dejó los guantes en la mesa, y abrió su puerta.
Siempre era una sorpresa agradable abrir y encontrar a sus mejores amigos.
Se sentaron en la mesa mientras ella servía la cena y una vez que estuvo sentada, Kiba habló.
- Ya está todo listo.
Ella dejó su taza de té en la mesa y llevó su mirada desde él a Shino.
- Nos vamos mañana al amanecer.
No pudo evitar soltar un suspiro de alivio y a la vez, sentir la ansiedad comenzar a recorrerla.
Dejar Konoha, era lo que necesitaba.
Alejarse de los recuerdos, de los miedos e inseguridades, y volver a recuperar fuerzas para mirar atrás y que las memorias volvieran a ser agradables.
Mirar a Naruto sin llorar, sonreír al conversar de sus tiempos pasados, y mirar al futuro sin pesar.
Tomarse un tiempo para ella; para encontrarse nuevamente; y para descubrir que hacer con su nueva vida.
Asintió, contenta, pero sin lograr sonreír.
La misión sería larga, difícil y divertida; y un año era suficiente para volver mejor, para levantarse otra vez.
Para que Hinata Hyuga regresara, y fuera, lo que siempre fue.
Antes de que saliera el sol, pasó por el departamento de Sasuke, y dejó una pequeña nota por debajo de la puerta.
Se juntó con sus amigos, sujetó su mochila y se aseguró de que Lili caminara a su lado. Miró por última vez las puertas de Konoha, aquellas que no vería en un largo tiempo y partió.
Las puertas de la aldea oculta de la hoja vieron por última vez, cinco siluetas perderse en los bosques.
La luna se fue con sus luceros más queridos a recorrer el firmamento.
Para brillar otra vez.
