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Tenía ya mes y medio en ese mundo, y tal vez las cosas en un principio, no salieron como él esperaba, pero sin duda era un chico con mucha suerte, porque todo se acomodaba lentamente a su favor. La semana pasada, la directora de la escuela regañó a su contra parte por la rabieta que tuvo el honor de presenciar en los baños de hombres del segundo piso; además de la detención como castigo, le hizo reparar los daños y con todo el dolor de su corazón —se veía a leguas que adoraba la casa Gryffindor—, restó puntos a la casa del otro Harry.
Él no estaba tan interesado por la copa de las casas —vaya, no era su mundo en primer lugar—, pero lo que sí le importaba, al grado de entregarse en todo corazón y alma, era ayudar a Draco Malfoy a sonreír por todas las causas posibles; como cuando le informaron que, por esos puntos restantes, Slytherin ahora lideraba la competencia anual de las casas.
Y obviamente, eso también incluía patear los traseros Gryffindor's a los que se enfrentaría en el partido de Quidditch de ese día.
—¿Estás listo, Draco? —Terminó de colocarse los protectores de los antebrazos y preguntó con una sonrisa de oreja a oreja en los vestidores.
—Yo nací listo —respondió Draco con esa sonrisa tan Slytherin que lo distinguía.
Todo el equipo verde y plata caminaba hacia el campo de Quidditch. Eran pocas las personas que les apoyaban a ellos —como siempre, los favoritos eran los Gryffindor—, por lo que se limitaron a llegar hasta el centro de la cancha y realizaron unos cuantos ejercicios de calentamiento. Ahí, ya estaban todos los miembros del equipo Gryffindor, haciendo alarde de la galantería y saludando hacia las gradas a quienes les apoyaban.
Harry Slytherin rodó los ojos; prefería enfrentarse a los Hufflepuff en ese momento —los tejones eran tímidos y no resaltaban mucho—, pero quien podría negarle la dicha de, por fin, participar en un juego de Quidditch después de tanto tiempo —aunque fuera en otro mundo— y lo mejor de todo es que era nuevamente junto a Draco. Comenzó a revisar que todo el equipo de protección que llevaba encima estuviera bien puesto y, muy disimuladamente, llegó junto a su alter ego quien, de solo verlo, cambió su cara de entusiasmo a una seria y rehuyó como si tuviera lepra.
—Se ve que estás en una posición fácil, Potter —dijo ajustando sus guantes de cuero de dragón cafés que se volvieron en un instante tan especiales, pues Draco se los había prestado en días anteriores, cuando los suyos se rompieron en una caída forzosa estando en entrenamiento—. Eres el buscador de tu casa, ganas fácilmente 150 puntos; los verdaderos protagonistas somos los cazadores, quienes nos partimos la vida por anotar constantemente.
—Draco también es buscador, idiota —rezongó como si fuera bastante obvio.
—Oh claro, pero él y yo somos un equipo —respondió tranquilo, como si no le afectara nada—. No se preocupa porque los cazadores, golpeadores y el guardián hacemos nuestro trabajo. Draco, como capitán, sabe que él sólo tendría que ser el último recurso para que termine el partido.
Además, Draco no era sólo buscador, era él buscador.
Los entrenamientos que tuvo con los Slytherin de su casa le bastaron para saber que Malfoy era una persona con buen dominio de la escoba; era un diamante en bruto todavía, pero el brillo por el que destacaba, no le pedía nada a ningún buscador.
Sonrió al ver que el otro se quedó callado por completo. Si algo había aprendido de los pomposos de los Gryffindors de su mundo —y en cualquier otro en el que haya durado más de unos días—, eran lo pretensiosos que eran, colocándose una capa de héroes; cada uno de ellos querría llevarse el título de quien fuera el salvador del día, sintiendo que, sin ellos, el equipo no funcionaba.
Por ejemplo, el Harry Gryffindor que estaba frente a él, creía firmemente que, en el Quidditch, el puesto de buscador era el más importante. Seguramente en el pasado, fue él quien llevó a la victoria de la copa estudiantil a la casa de Gryffindor. En ese caso, no podía juzgarle por pensar así, pero tampoco le da la razón al respecto.
Si en algo destacaba Slytherin —además de la astucia—, era en la lealtad que sentían —al menos hacía los miembros de su propia casa—. A muy temprana edad, aprendió que Hogwarts podía ser muy cruel con aquellos quienes fueron seleccionados para la casa verde y plata; por lo que, gracias al hostigamiento social que sentían, tenían poca o nada consideración ante los alumnos de otras casas que no fueran la suya.
Aunque estaba un poco en conflicto pues reconocía que tal vez, en otras circunstancias, hubiese deseado conocer a la Hermione de su mundo, sólo para saber si valía la pena tratarla e involucrarse con ella; porque la Hermione de este mundo era una agradable persona, platicaban mucho cuando estaban juntos, y era refrescante conocer a otra persona que fuese igual de listo que Draco.
Pero esa sería historia para otro tiempo y universo. Por el momento, disfrutaría destrozando a este Gryffindor, y sonrió por saber cuánto gozaría ver su rostro cambiando por la desesperación y la agonía por la inminente derrota.
—¿Sin resentimientos, cierto?
—¿Qué?
—Ya sabes, por lo del otro día —dijo burlón elevándose con su escoba hacia arriba.
—No soy un maldito Slytherin para sentir rencor —respondió mirándolo con el ceño fruncido.
Aunque su uniforme rojo y amarillo podía distinguirlo y marcar físicamente una diferencia entre su uniforme y el verde con plata, él realmente se preguntó si el Harry de ese mundo no podía ver que, poco a poco, el color de su corazón iba cambiando, o tal vez sólo regresaba a lo que realmente siempre fue. Era muy obvio el cambio de actitudes que había tenido a lo largo de esas semanas; pasó de ser un espectador, a alguien que realmente le interesaba marcar lo que él consideraba suyo… en todas las formas posibles.
Quizás él fue el catalizador al llegar a ese mundo y, de alguna forma, hacerle ver la evidente competencia que tenía y las posibilidades inmediatas de no actuar. Pero que Merlín lo juzgara si eso no era divertido; su corazón se agitó ante las leves oleadas de magia que el otro Harry soltaba sin ser consciente de ello, pues sólo ocurría cuando le veía a él o a Draco.
O a él y a Draco juntos.
Y si había algo que un Gryffindor con alma de Slytherin no rechazaría, era un reto.
—Te propongo algo —dijo deteniéndose muy cerca de su contraparte, la de ese mundo—. No podemos competir porque ambos tenemos diferentes posiciones…
—Jódete —susurró con molestia, y se elevó como él—. No entraré en tus estúpidos juegos.
—Espera a escucharme, sé que estarás interesado… —dijo y cuando vio que le prestó atención, continuó—, por lo que apuesto a anotar yo solo más de 150 puntos antes de que encuentres la snitch dorada. Si no lo logro, no me involucraré más con Draco.
Vio la duda en su rostro, la intriga de una apuesta a su ego como buscador de la casa Gryffindor, acérrimo enemigo de Slytherin y un clásico que todo Hogwarts le gustaba ver. Era una maravillosa oportunidad para demostrar ser el mejor nuevamente.
Casi mordía el anzuelo.
—¿Y qué obtienes a cambio? —Inquirió con desconfianza y él sólo sonrió. Faltaba un pequeño empujón.
—El saber que dejarás de tratarme como un delincuente. Quiero vivir tranquilo lo que me resta de tiempo aquí.
—¿Cómo puedo confiar en ti?
—Bueno, los Slytherin nos tomamos muy en serio nuestras promesas, pero si te hace falta, podemos hacer un juramento inquebrantable.
Podía ver perfectamente cómo el rostro del Harry Gryffindor pasó de la molestia a la incredulidad, y después a la seriedad. Era una oferta muy jugosa, irrechazable de ser el otro y había dado demasiadas pistas de sus obvias intenciones con Draco Malfoy de ese mundo; casi podía ver que el otro se guardaba la victoria en su bolsillo, después de todo, ¿quién había sido capaz de anotar tantos puntos por si solo en un juego escolar?
Bueno, él no le diría que, en su universo, logró anotar casi los 200 puntos en menos de una hora. Que alguien por favor le diga a San Potter —sí, adoraba ese apodo— que los inadaptados escogen muchas formas de matar el tiempo, y una de ellas es entrenar hasta que los huesos sangraran.
—Bueno chicos, quiero una contienda justa. —La voz de Madam Hoch llamó la atención de todos, quienes se fueron a colocar al centro de la cancha en sus posiciones mientras liberaban la snitch y las bloddger—. Qué comience el partido.
Y el silbato sonó.
—Acepto. —Y con la respuesta, Harry Potter, Santo Patrono Gryffindor, salió volando.
Harry Slytherin sonrió y se elevó aún más. Fue como darle un dulce a un niño.
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¡Aló! Espero sigan amando a nuestro Harry Slytherin... este personaje poco a poco entra en la vida de Draco, y creo que a Harry Gryffindor no le gusta demasiado, ¿hará algo para detenerlo?
¡Gracias por los comentarios! Creo que todos amamos a Harry Slytherin, de hecho, aprovecho el espacio informativo para decirles que cree un grupo en Facebook para amar a este personaje *corazón* Así de intenso me pegó el amor.
Gracias por seguir leyendo, nos vemos pronto.
Besos de chocolate blanco.
