Capítulo 14:

"EL ESPEJO DE OESED"

El rubio oxigenado tomo el libro y lo abrió en la página marcada -"El Espejo de Oesed"- leyó confundido por el extraño nombre. Ginny, Ron y Hermione se tensaron, ese capítulo era demasiado personal. Pero también Ron estaba preocupado.

-El espejo de Deseo- dijo la rubia tranquila. Varios la miraron -Oesed al revés dice deseo- explico, la rubia.

Como nadie decía nada el rubio prosiguió a leer.

Se acercaba la Navidad.

-La mejor época del año- aseguraron los alumnos

Una mañana de mediados de diciembre Hogwarts se descubrió cubierto por dos metros de nieve. El lago estaba sólidamente congelado y los gemelos Weasley fueron castigados por hechizar varias bolas de nieve para que siguieran a Quirrell y lo golpearan en la parte de atrás de su turbante.

El trío soltó una gran carcajada. Causando confusión en los estudiantes, excepto en algunos futuristas.

-Definitivamente incrementaron mis ganas de leer este libro- dijo decidido el oxigenado.

Pero el ojimiel, y la pelirroja notaron que cada vez que mencionaban a Quirrell los chicos se molestaban.

Las pocas lechuzas que habían podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo tuvieron que quedar al cuidado de Hagrid hasta recuperarse, antes de volar otra vez.

Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones. Mientras que la sala común de Gryffindor y el Gran Comedor tenían las chimeneas encendidas,

-La sala común de Gryffindor no es la única con chimeneas- murmuro el oxigenado -Si fuera así ya hubiéramos muerto por hipotermia- dijo lo último divertido

los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados,y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas.

Lo peor de todo eran las clases del profesor Snape, abajo en las mazmorras, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes.

-En las mazmorras deben poner un hechizo de calefacción- dijo el profesor Slughorn. -De igual modo en nuestra sala común-

—Me da mucha lástima —dijo Draco Malfoy, en una de las clases de Pociones— toda esa gente que tendrá que quedarse a pasar la Navidad en Hogwarts, porque no los quieren en sus casas.

El rubio recibió un zape de parte de los futuristas.

-Le van a dejar más idiota de lo que ya es- Luna dijo con tranquilidad.

-Si tiene razón- se burló la pelirroja, a lo que el hurón le saco la lengua

Mientras hablaba, miraba en dirección a Harry. Crabbe y Goyle lanzaron risitas burlonas. Harry, que estaba pesando polvo de espinas de pez león, no les hizo caso.

-Una forma de ser feliz es ignorar a la gente estúpida- dijo el ojigris.

Después del partido de quidditch, Malfoy se había vuelto más desagradable que nunca.

-Y yo que ya lo veía desagradable- murmuro el azabache

Disgustado por la derrota de Slytherin,

-Porque no lo vi venir, "el orgullo Slytherin"- dijo el ojimiel.

había tratado de hacer que todos se rieran diciendo que un sapo con una gran boca podía reemplazar a Harry como buscador.

-No me van a negar que la idea era buena- se excusó el hurón, al ver las feas miradas que le enviaban, hasta el Harry bebé quien le saco la lengua -No tienen sentido del humor-

-Oye Malfoy, eso es un insulto para mí- dijeron los Merodeadores, Gemelos Prewett y We... Espera que digo; y George.

Pero entonces se dio cuenta de que nadie lo encontraba gracioso, porque estaban muy impresionados por la forma en que Harry se había mantenido en su escoba.

-Bueno si no hubieras estado al borde de la muerte si hubiera sido gracioso- admitieron los Gemelos.

El oxigenado levanto la barbilla orgulloso.

Así que Malfoy; celoso y enfadado, había vuelto a fastidiar a Harry por no tener una familia apropiada.

-Que excusa tienes ahora Malfoy- amenazaron los Merodeadores y Lily.

-Esta vez creo que si me pase un poco- admitió, pero sin bajar la cabeza.

-Huy si solo un poco- ironizaron los futuristas.

-Acaba de admitir algo eso sucede cada cien años- se burló del desorejado.

Era verdad que Harry no iría a Privet Drive para las fiestas.

-Quien quiere ir a Privet Drive, si puedes estar en Hogwarts- dijo el ojigris, como si explicara que 1+1=2

La profesora McGonagall había pasado la semana antes, haciendo una lista de los alumnos que iban a quedarse allí para Navidad, y Harry puso su nombre de inmediato.

-Yo hacía lo mismo- murmuro el ojigris viendo triste a su ahijado; quien en ese momento estaba sentado en el regazo de la Peli-Peli jugando con su cabello; no quería que pase lo mismo que el

Y no se sentía triste, ya que probablemente ésa sería la mejor Navidad de su vida.

-Cuando crezcas yo te voy a dar la mejor Navidad de tu vida- aseguro Sirius, tomando al azabache y cargarlo, logrando que riera a carcajadas.

-Sirius, no vayas a engreírlo- Lily le vio severa, no quería que su hijo fuera un mimado. Pero James pensaba diferente y le sonrío a Lunático, él se masajeo las sienes, tenía una idea de que haría su amigo.

Ron y sus hermanos también se quedaban, porque el señor y la señora Weasley se marchaban a Rumania, a visitar a Charles.

-No me gusta ese trabajo que se consiguió- murmuro molesta la pelirroja, pero el pequeño Charlie pensaba diferente le emocionaba estudiar dragones -Además está lejos de la familia- la Señora Weasley seguía quejándose.

Cuando abandonaron los calabozos, al finalizar la clase de Pociones, encontraron un gran abeto que ocupaba el extremo del pasillo.

-Las decoraciones son lo mejor de la Navidad- dijo el ojimiel, siendo secundado por el resto de estudiantes

Dos enormes pies aparecían por debajo del árbol y un gran resoplido les indicó que Hagrid estaba detrás de él.

—Hola, Hagrid. ¿Necesitas ayuda? —preguntó Ron, metiendo la cabeza entre las ramas.

-Siempre Ron intentando ayudar a todos- su novia le dio un besito en el cachete. Mientras el señor y la señora Weasley miraba a su hijo y novia con mucha ternura

—No, va todo bien. Gracias, Ron.

—¿Te importaría quitarte de en medio? —La voz fría y gangosa de Malfoy llegó desde atrás

-Está siendo demasiado amable- murmuraron los estudiantes, el rubio solo los miro entrecerrando los ojos.

—. ¿Estás tratando de ganar algún dinero extra, Weasley? Supongo que quieres ser guardabosques cuando salgas de Hogwarts... Esa choza de Hagrid debe de parecerte un palacio, comparada con la casa de tu familia.

-La Madriguera es fantástica- dijeron molestos los futuristas, incluso el hurón.

-Pisaste esa "casa" de los traidores!- Lucius exclamo furioso.

-Es mejor que tu "casa"- contraataco el hurón antes de que los pelirrojos lo hechizaran.

Ron se lanzó contra Malfoy justo cuando aparecía Snape en lo alto de las escaleras.

-Le va a quitar puntos a Gryffindor- murmuraron molestos los leones viendo al pelinegro Slytherin.

—¡WEASLEY!

Ron soltó el cuello de la túnica de Malfoy.

—Lo han provocado, profesor Snape —dijo Hagrid, sacando su gran cabeza peluda por encima del árbol—. Malfoy estaba insultando a su familia.

-Bien Hagrid está ahí, y testifico el acto, ahora no puede quitar puntos a Gryffindor- dijo el ojigris. Varios lo vieron sorprendidos, incluso el pequeño bebé. -Oh vamos-

-Es raro ver a Black razonar algo- Marlene se burló del ojigris, él le saco la lengua al igual que el bebé. Este abrazo feliz a su ahijado

-Sirius no le enseñes cosas malas a Harry- le reprocho la pelirroja

—Lo que sea, pero pelear está contra las reglas de Hogwarts, Hagrid —dijo Snape con voz amable—. Cinco puntos menos para Gryffindor; Weasley, y agradece que no sean más. Y ahora marchaos todos.

-Tú mismo dijiste pelearse no está permitido, ¿Porque no le quietas puntos a Slytherin?- Lily pregunto con sorna. El Slytherin la ignoro.

Malfoy, Crabbe y Goyle pasaron bruscamente, sonriendo con presunción.

-Si que eras un idiota- dijeron los Gemelos.

-Aún lo es- respondieron los futuristas y el bebé balbuceo algo incompresible. El oxigenado solo puso cara de ofendido

—Voy a atraparlo —dijo Ron, sacando los dientes ante la espalda de Malfoy—. Uno de estos días lo atraparé...

—Los detesto a los dos —añadió Harry—. A Malfoy y a Snape.

-Es raro decir que me odio- murmuro divertido el hurón.

—Vamos, arriba el ánimo, ya es casi Navidad —dijo Hagrid—. Os voy a decir qué haremos: venid conmigo al Gran Comedor; está precioso.

Así que los tres siguieron a Hagrid y su abeto hasta el Gran Comedor, donde la profesora McGonagall y el profesor Flitwick estaban ocupados en la decoración.

El salón estaba espectacular. Guirnaldas de muérdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con pequeños carámbanos, otros con cientos de velas.

-Asombroso- murmuraron varios alumnos.

—¿Cuántos días os quedan para las vacaciones? —preguntó Hagrid.

—Sólo uno —respondió Hermione—. Y eso me recuerda... Harry, Ron, nos queda media hora para el almuerzo, deberíamos ir a la biblioteca.

Varios abrieron la boca sorprendidos, en vez de aprovechar el ultimo día, se van a la biblioteca.

-Eso es pecado desperdiciar el ultimo día!- gritaron los Merodeadores.

-Incluso tu Remus?- Neville pregunto divertido

-Ellos me corrompieron- señalo a sus dos amigos quien pusieron sonrisas inocentes.

-Deben de estar investigando, recuerdan que en el otro capítulo mencionaron a Nicolás Flamel- dijo la Peli-peli. El director sonrió ante la mención de su antiguo amigo.

-Leí ese nombre en un libro- dijo pensativo el ojimiel -Pero era muy antiguo-

—Sí, claro, tienes razón —dijo Ron, obligándose a apartar la vista del profesor Flitwick, que sacaba burbujas doradas de su varita, para ponerlas en las ramas del árbol nuevo.

—¿La biblioteca? —preguntó Hagrid, acompañándolos hasta la puerta—.¿Justo antes de las fiestas? Un poco triste, ¿no creéis?

-Sí, pero es más interesante averiguar sobre Nicolás Flamel- menciono el azabache.

-Huy eso no le va a gustar a Hagrid- dijo divertido el ojigris

—Oh, no es un trabajo —explicó alegremente Harry—. Desde que mencionaste a Nicolás Flamel, estamos tratando de averiguar quién es.

—¿Qué? —Hagrid parecía impresionado—. Escuchadme... Ya os lo dije... No os metáis. No tiene nada que ver con vosotros lo que custodia ese perro.

-Es cierto eso no les incumbe, solo se están metiendo en problemas- dijo Marlene. El bebé balbuceo algo que no se entendió.

-Creo que intenta decir "Yo no busco los problemas, ellos vienen a mi"- dijo Ron divertido por la situación de su amigo

—Nosotros queremos saber quién es Nicolás Flamel, eso es todo —dijo Hermione.

-Ni tu misma te crees eso- dijo Ginny divertida, la castaña solo se encogió de hombros

—Salvo que quieras ahorrarnos el trabajo —añadió Harry—. Ya hemos buscado en miles de libros y no hemos podido encontrar nada... Si nos das una pista... Yo sé que leí su nombre en algún lado.

-Creo que también lo escuchamos en un lado- dijo pensativo el ojigris.

-Ayer nomas lo leímos- Ron se quejó -Nosotros pasamos casi cuatro meses-

—No voy a deciros nada —dijo Hagrid con firmeza.

-Entonces nosotros lo descubriremos- dijo el ojigris

—Entonces tendremos que descubrirlo nosotros —dijo Ron.

Dejaron a Hagrid malhumorado y fueron rápidamente a la biblioteca. Habían estado buscando el nombre de Flamel desde que a Hagrid se le escapó, porque ¿de qué otra manera podían averiguar lo que quería robar Snape?

-Buen punto- dijo Frank.

-Estos muchachos tienen material para ser buenos aurores- murmuro complacido el Auror.

-Pero no están sacando una conclusión apresurada?- pregunto el oxigenado frunciendo el ceño.

-Hurón ponte en nuestro lugar, y con las cosas que ya sabemos cuál sería tu conclusión- dijo la castaña. El rubio se lo pensó y volvió a leer el libro.

El problema era la dificultad de buscar; sin saber qué podía haber hecho Flamel para figurar en un libro. No estaba en Grandes magos del siglo XX,

-No lo van a encontrar ahí- murmuro divertido el adicto a los caramelos de limón

ni en Notables nombres de la magia de nuestro tiempo; tampoco figuraba en Importantes descubrimientos en la magia moderna ni en Un estudio del reciente desarrollo de la hechicería.

-Mucho menos en esos libros- siguió divirtiéndose el director

Y además, por supuesto, estaba el tamaño de la biblioteca, miles y miles de libros, miles de estantes, cientos de estrechas filas...

-Es grandiosa- murmuraron los aficionados a los libros, con los ojos iluminados

Hermione sacó una lista de títulos y temas que había decidido investigar;

-Entonces debe de ser una lista muyyyyyyyy larga-

mientras Ron se paseaba entre una fila de libros y los sacaba al azar.

-Así nunca lo van a encontrar- murmuraron los alumnos.

Harry sea cercó a la Sección Prohibida. Se había preguntado si Flamel no estaría allí.

-Puede estar ahí, pero solo en unos libros- menciono el director

Pero por desgracia, hacía falta un permiso especial, firmado por un profesor, para mirar alguno de los libros de aquella sección, y sabía que no iba a conseguirlo.

Allí estaban los libros con la poderosa Magia del Lado Oscuro, que nunca se enseñaba en Hogwarts y que sólo leían los alumnos mayores, que estudiaban cursos avanzados de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-Además solo puedes sacar un libro con el permiso- murmuraron los Merodeadores

—¿Qué estás buscando, muchacho?

—Nada —respondió Harry.

La señora Pince, la bibliotecaria, empuñó un plumero ante su cara.

-No te preocupes Remus te va a dar cursos para aprender a crear excusas- dijo el azabache mirando divertido al bebé. La pelirroja se preocupo

—Entonces, mejor que te vayas. ¡Vamos, fuera!

Harry salió de la biblioteca, deseando haber sido más rápido en inventarse algo. Él, Ron y Hermione se habían puesto de acuerdo en que era mejor no consultar a la señora Pince sobre Flamel.

-Podría ayudarlos- murmuraron los alumnos

Estaban seguros de que ella podría decírselo, pero no podían arriesgarse a que Snape se enterara de lo que estaban buscando.

-Muy bien, muy bien- murmuro complacido el auror mirando a los chicos

Harry los esperó en el pasillo, para ver si los otros habían encontrado algo, pero no tenía muchas esperanzas. Después de todo, buscaban sólo desde hacía quince días y en los pocos momentos libres, así que no era raro que no encontraran nada.

-¡Apuestas, apuestas!- pregono el desorejado.

-George!- le regaño su madre, pero el pelirrojo estaba atendiendo a unos jóvenes que apostaban que demorarían unos dos meses más.

El ojimiel le llamo al desorejado para apostar, pero él le dijo -Prohibido que Remus apueste- el castaño se sentó a regañadientes con los brazos cruzados, mientras sus dos amigos se burlaban de él.

Lo que realmente necesitaban era una buena investigación, sin la señora Pince pegada a sus nucas.

Cinco minutos más tarde, Ron y Hermione aparecieron negando con la cabeza. Se marcharon a almorzar.

—Vais a seguir buscando cuando yo no esté, ¿verdad? —dijo Hermione—.Si encontráis algo, enviadme una lechuza.

—Y tú podrás preguntarles a tus padres si saben quién es Flamel —dijo Ron—. Preguntarle a ellos no tendrá riesgos.

-No creo que ellos lo conozcan- dijo el director

—Ningún riesgo, ya que ambos son dentistas —respondió Hermione.

-Que son dentestas?- pregunto el Señor Weasley.

-Son personas que curan los dientes- resumió la ojiverde.

Cuando comenzaron las vacaciones, Ron y Harry tuvieron mucho tiempo para pensar en Flamel.

Tenían el dormitorio para ellos y la sala común estaba mucho más vacía que de costumbre, así que podían elegir los mejores sillones frente al fuego.

-Ese es el mejor lugar- murmuraron los leones

Se quedaban comiendo todo lo que podían pinchar en un tenedor de tostar (pan, buñuelos, melcochas) y planeaban formas de hacer que expulsaran a Malfoy,

El mencionado abrió la boca indignadísimo. Todos se rieron por la cara que puso

-Y después se quejan de mis planes, ustedes también planean, pero no tiene el valor para realizaros. Son unas personas muy crueles- murmuro antes de volver a leer.

-En nuestra defensa eras insoportable- se excusó el pelirrojo.

-Nunca intentaron alguno de esos planes?- Ginny se siguió burlando.

-Eran muy difíciles, y no saldrían nada bien-

muy divertidas, pero imposibles de llevar a cabo.

-Si van a planear algo que sea posible- murmuro

Ron también comenzó a enseñar a Harry a jugar al ajedrez mágico.

Era igual que el de los muggles, salvo que las piezas estaban vivas, lo que lo hacía muy parecido a dirigir un ejército en una batalla. El juego de Ron era muy antiguo y estaba gastado.

-Es mejor si los juegos son antiguos- afirmo el ojimiel -Ya que te tienen más confianza y no te contradicen-

Como todo lo que tenía, había pertenecido a alguien de su familia, en este caso a su abuelo.

-Papá era el mejor jugador de ajedrez nadie le ganaba- afirmaron los Gemelos y la Señora Weasley.

-Ya sabemos de dónde saco eso Ron- dijo Percy viendo orgulloso a su hermano

Sin embargo, las piezas de ajedrez viejas no eran una desventaja. Ron las conocía tan bien que nunca tenía problemas en hacerles hacer lo que quería.

Harry jugó con el ajedrez que Seamus Finnigan le había prestado, y las piezas no confiaron en él.

Él todavía no era muy buen jugador, y las piezas le daban distintos consejos y lo confundían, diciendo, por ejemplo:

«No me envíes a mí. ¿No ves el caballo? Muévelo a él, podemos permitirnos perderlo».

-Regla de ajedrez, nuca escuches a las piezas- dijo el ojimiel

En la víspera de Navidad, Harry se fue a la cama, deseoso de que llegara el día siguiente, pensando en toda la diversión y comida que lo aguardaban, pero sin esperar ningún regalo.

Los familiares del azabache se entristecieron, notablemente, y Lily abrazo más al bebé, quien le tomo la mejilla.

Cuando al día siguiente se despertó temprano, lo primero que vio fue unos cuantos paquetes a los pies de su cama.

Varios abrieron la boca sorprendidos, James y Lily sonrieron de que al menos su hijo tendría una feliz Navidad

—¡Feliz Navidad! —lo saludó medio dormido Ron, mientras Harry saltaba de la cama y se ponía la bata.

—Para ti también —contestó Harry—. ¡Mira esto! ¡Me han enviado regalos!

Varios alumnos escucharon eso tristes, a ellos les enviaban regalos y no se emocionaban porque era algo muy común.

—¿Qué esperabas, nabos? —dijo Ron,

-Eres un insensible- murmuro divertida la castaña

volviéndose hacia sus propios paquetes, que eran más numerosos que los de Harry

Harry cogió el paquete que estaba más arriba. Estaba envuelto en papel de embalar y tenía escrito: «Para Harry de Hagrid». Contenía una flauta de madera, toscamente trabajada.

Los Merodeadores, se levantaron a abrazar al semigigante quien les devolvió el abrazo.

-Gracias por todo lo que haces por mi hijo- murmuro el azabache

Era evidente que Hagrid la había hecho. Harry sopló y la flauta emitió un sonido parecido al canto de la lechuza.

El segundo, muy pequeño, contenía una nota.

«Recibimos tu mensaje y te mandamos tu regalo de Navidad. De tío Vernon y tía Petunia.»

Pegada a la nota estaba una moneda de cincuenta peniques.

-Que detalle- murmuro Lily con sorna en dirección de su hermana.

—Qué detalle —comentó Harry.

Ron estaba fascinado con los cincuenta peniques.

-De tal palo-

-Tal astilla- dijeron los gemelos al ver la cara de curiosidad de su cuñado.

—¡Qué raro! —dijo— ¡Qué forma! ¿Esto es dinero?

-Por Merlín- murmuro la Matriarca de los Weasley.

—Puedes quedarte con ella —dijo Harry, riendo ante el placer de Ron—.Hagrid, mis tíos... ¿Quién me ha enviado éste?

—Creo que sé de quién es ése —dijo Ron, algo rojo y señalando un paquete deforme—. Mi madre. Le dije que creías que nadie te regalaría nada y.. oh, te ha hecho un jersey Weasley.

-Muchas gracias Señora Weasley- agradecieron felices los Merodeadores y la Peli-Peli.

-No es nada queridos, Harry es de la familia- respondió.

-Y si que es de la familia- murmuro el Señor Weasley recordando que era el novio de su hija.

-Arthur! - le reprocho su esposa sonrojándolo

Harry abrió el paquete y encontró un jersey tejido a mano, grueso y color verde esmeralda, y una gran caja de pastel de chocolate casero.

El ojimiel se relamió los labios al oír el pastel de chocolate.

—Cada año nos teje un jersey —dijo Ron, desenvolviendo su paquete— y el mío siempre es rojo oscuro.

-Oh, Ron cariño, ¿no te gusta?- pregunto preocupada la Señora Weasley.

-No, mamá, si me gusta el color- respondió Ron

—Es muy amable de parte de tu madre —dijo Harry probando el pastel, que era delicioso.

-Si es de chocolate es delicioso- respondió el ojimiel y Tonks. Se vieron y sonrieron.

El siguiente regalo también tenía golosinas, una gran caja de ranas de chocolate, de parte de Hermione.

Le quedaba el último. Harry lo cogió y notó que era muy ligero. Lo desenvolvió. Algo fluido y de color gris plateado se deslizó hacia el suelo y se quedó brillando.

Los ojos de James brillaron ya que conocía perfectamente la descripción, al igual que sus dos otros amigos

Ron abrió los ojos sorprendido.

—Había oído hablar de esto —dijo con voz ronca, dejando caer la caja de grageas de todos los sabores, regalo de Hermione

-Pues si que lo sorprendió para que deje un regalo de su Hermi- se burló el desorejado haciéndolo sonrojar

—. Si es lo que pienso, es algo verdaderamente raro y valioso.

—¿Qué es?

Harry cogió el género brillante y plateado. El tocarlo producía una sensación extraña, como si fuera agua convertida en tejido.

-Es nuestra reliquia Familiar- murmuraron emocionados los Potter's

—Es una capa invisible —dijo Ron,

Todos vieron sorprendidos al grupo.

-Así, ustedes logran hacer sus bromas sin ser descubiertos- sonrió triunfal la profesora McGonagall. Los Merodeadores se vieron nerviosos -Por todas las bromas de este año tienen muchos castigos-

-Perdón profesora, pero no tiene pruebas de que nosotros fuéramos- dijo el ojimiel.

-Pero ustedes tienen esa capa con eso lo lograban-

-Pero podían haber sido otros estudiantes, nosotros teníamos la capa, si, pero no hay seguridad que nosotros hiciéramos las bromas- contraataco, dejando a la Profesora sin argumentos para reclamar. Los Merodeadores suspiraron aliviados.

con una expresión de temor reverencial—. Estoy seguro... Pruébatela.

Harry se puso la capa sobre los hombros y Ron lanzó un grito.

Varios también soltaron gritos ya que la cabeza del bebé estaba suspendida en el aire.

-Es el hechizo- les recordó la castaña.

—¡Lo es! ¡Mira abajo!

Harry se miró los pies, pero ya no estaban. Se dirigió al espejo.

Efectivamente: su reflejo lo miraba, pero sólo su cabeza suspendida en el aire, porque su cuerpo era totalmente invisible. Se puso la capa sobre la cabeza y

Ahora no se veía al bebé, pero sabían que está ahí porque la pelirroja lo cargaba

su imagen desapareció por completo.

—¡Hay una nota! —dijo de pronto Ron—. ¡Ha caído una nota!

Harry se quitó la capa y

El bebé volvió a aparecer confundido

cogió la nota. La caligrafía, fina y llena de curvas, era desconocida para él.

Decía:

Tu padre dejó esto en mi poder antes de morir.

Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilízalo bien.

Una muy Feliz Navidad para ti.

No tenía firma.

-¿Quién pudo haber enviado la capa?- se preguntó el azabache

-La cosa es que la tiene- afirmo el ojigris feliz

Harry contempló la nota. Ron admiraba la capa.

—Yo daría cualquier cosa por tener una —dijo— Lo que sea. ¿Qué te sucede?

—Nada —dijo Harry

Se sentía muy extraño. ¿Quién le había enviado la capa? ¿Realmente había pertenecido a su padre?

-Oh sí que le perteneció- dijo la pelirroja divertida

Antes de que pudiera decir o pensar algo, la puerta del dormitorio se abrió de golpe y Fred y George Weasley entraron.

Harry escondió rápidamente la capa. No se sentía con ganas de compartirla con nadie más.

-Es entendible- dijo el desorejado

—¡Feliz Navidad!

—¡Eh, mira! ¡A Harry también le han regalado un jersey Weasley!

Fred y George llevaban jerséis azules, uno con una gran letra F y el otro con la G.

-Solo esos días los podemos reconocer- mencionaron sus hermanos.

-Seguro se ponían los jerséis al revés- dijeron los Gemelos.

-Obvio tíos, que falta de confianza- dijo el desorejado indignado.

—El de Harry es igual que el nuestro —dijo Fred cogiendo el jersey de Harry—.Mamá se esmera más cuando es para la familia.

-Muchas gracias por todo lo que hacen por Harry- volvieron a agradecer sus padres.

-Como Fred, dijo Harry es parte de la familia- dijo la pelirroja mirando con ternura al bebé

—¿Por qué no te has puesto el tuyo, Ron? —quiso saber George—.Vamos, pruébatelo, son bonitos y abrigan.

—Ya me lo pongo —dijo Ron, mientras se lo pasaba por la cabeza.

—No tenéis la inicial en los vuestros —observó George—. Supongo que ella piensa que no os vais a olvidar de vuestros nombres. Pero nosotros no somos estúpidos... Sabemos muy bien que nos llamamos Gred y Feorge.

Los gemelos rieron ya que hacen la misma broma, en cambio George sonrió triste

—¿Qué es todo ese ruido?

Percy Weasley asomó la cabeza a través de la puerta, con aire de desaprobación. Era evidente que había ido desenvolviendo sus regalos por el camino, porque también tenía un jersey bajo el brazo, que Fred vio.

—¡P de prefecto! Pruébatelo, Percy, vamos, todos nos lo hemos puesto, hasta Harry tiene uno.

—Yo... no... quiero —dijo Percy, con firmeza, mientras los gemelos le metían el jersey por la cabeza, tirándole las gafas al suelo.

-Porque no querías ponerte el jersey, si se escuchan que son increíbles- dijo el ojigris.

-Porque era un idiota- murmuro el pelirrojo

—Y hoy no te sentarás con los prefectos —dijo George—. La Navidad es para pasarla en familia.

-Correcto, la navidad es para pasarla todos juntos, incluso los que no son de sangre- dijo Ron viendo a su amigo bebé quien reía

Cogieron a Percy y se lo llevaron de la habitación, con los brazos sujetos por el jersey.

Harry no había celebrado en su vida una comida de Navidad como aquélla.

Un centenar de pavos asados, montañas de patatas cocidas y asadas, soperas llenas de guisantes con mantequilla, recipientes de plata con una grasa riquísima y salsa de moras, y muchos huevos sorpresa esparcidos por todas las mesas.

Varios se relamieron los labios al escuchar toda la comida que sirven en Navidad, he inmediatamente tomaron sus platos y pidieron algunos de esos platos.

Estos fantásticos huevos no tenían nada que ver con los flojos artículos de los muggles, que Dudley habitualmente compraba, ni con juguetitos de plástico ni gorritos de papel.

-Esos huevos sorpresa de los muggles son muy aburridos- mencionaron los alumnos

Harry tiró uno al suelo y no sólo hizo ¡pum!, sino que estalló como un cañonazo y los envolvió en una nube azul, mientras del interior salían una gorra de contra almirante y varios ratones blancos, vivos.

En la Mesa Alta, Dumbledore había reemplazado su sombrero cónico de mago por un bonete floreado, y se reía de un chiste del profesor Flitwick.

-Dumby es el que tiene el mejor espíritu navideño- dijeron los Merodeadores

A los pavos les siguieron los pudines de Navidad, flameantes. Percy casi se rompió un diente al morder un sickle de plata que estaba en el trozo que le tocó.

-Sirius se trajo uno- se burló el ojimiel.

El ojigris se cruzó de brazos, mientras todo el comedor reía

-En mi defensa tenía hambre-

Harry observaba a Hagrid, que cada vez se ponía más rojo y bebía más vino, hasta que finalmente besó a la profesora McGonagall en la mejilla y, para sorpresa de Harry, ella se ruborizó y rió, con el sombrero medio torcido.

El gran comedor rio "disimuladamente" de la profesora mientras ella se ponía roja al igual que el semigigante

Cuando Harry finalmente se levantó de la mesa, estaba cargado de cosas de las sorpresas navideñas, y que incluían globos luminosos que no estallaban, un juego de Haga Crecer Sus Propias Verrugas y piezas nuevas de ajedrez.

Los ratones blancos habían desaparecido, y Harry tuvo el horrible presentimiento de que iban a terminar siendo la cena de Navidad de la Señora Norris.

-Un momento de silencio por los pobres ratoncitos- dijo el ojigris bajando la cabeza junto con sus amigos, el desorejado y los Prewett

Harry y los Weasley pasaron una velada muy divertida, con una batalla de bolas de nieve en el parque.

Más tarde, helados, húmedos y jadeantes, regresaron a la sala común de Gryffindor para sentarse al lado del fuego. Allí Harry estrenó su nuevo ajedrez y perdió espectacularmente con Ron.

-Nadie puede ganar en Ron en el ajedrez- dijeron sus hermanos y amigos del pelirrojo

Pero sospechaba que no habría perdido de aquella manera si Percy no hubiera tratado de ayudarlo tanto.

-El ajedrez no es el fuerte de Percy- dijo Ron burlón

Después de un té con bocadillos de pavo, buñuelos, bizcocho borracho y pastel de Navidad, todos se sintieron tan hartos y soñolientos que no podían hacer otra cosa que irse a la cama; no obstante, permanecieron sentados y observaron a Percy, que perseguía a Fred y George por toda la torre Gryffindor porque le habían robado su insignia de prefecto.

La señora Weasley vio ceñuda a su hijo quien sonrió inocente.

-Eso me recuerda a dos personitas que ocultan mi insignia todo el tiempo- menciono el ojimiel viendo ceñudo a sus dos amigos, y también Euphenia vio molesta a sus dos hijos

Fue el mejor día de Navidad de Harry. Sin embargo, algo daba vueltas en un rincón de su mente.

-Si va a hacer su primera excursión- menciono contento el azabache

En cuanto se metió en la cama, pudo pensar libremente en ello: la capa invisible y quién se la había enviado.

Ron, ahíto de pavo y pastel y sin ningún misterio que lo preocupara, se quedó dormido en cuanto corrió las cortinas de su cama.

-Aún me sorprende que puedan dormir con Ron y sus ronquidos- dijeron sorprendidos los pelirrojo.

-Nos acostumbramos- respondió el rubio de Gryffindor

Harry se inclinó a un lado de la cama y sacó la capa.

De su padre...

Aquello había sido de su padre. Dejó que el género corriera por sus manos, más suave que la seda, ligero como el aire.

-Esa capa es simplemente asombrosa- murmuro el Director

«Utilízalo bien», decía la nota.

Tenía que probarla. Se deslizó fuera de la cama y se envolvió en la capa.

-Primer paso para un Merodeador- mencionaron emocionados los Merodeadores, mientras veían al bebé desaparecer otra vez.

Miró hacia abajo y vio sólo la luz de la luna y las sombras. Era una sensación muy curiosa.

«Utilízalo bien.»

De pronto, Harry se sintió muy despierto. Con aquella capa, todo Hogwarts estaba abierto para él.

Mientras los Merodeadores sonreían felices por él, la pelirroja su masajeaba las sienes pensando en todos los dolores de cabeza que generaría

Mientras estaba allí, en la oscuridad y el silencio, la excitación se apoderó de él.

-Mi cervatillo ahora oficialmente es un Merodeador- dijo el azabache orgulloso.

-Merlín dame paciencia- murmuro la pelirroja levantando la cabeza y abrazando al bebé invisible

Podía ir a cualquier lado con ella, a cualquier lado, y Filch nunca lo sabría.

Ron gruñó entre sueños. ¿Debía despertarlo? Algo lo detuvo. La capa de su padre...

Sintió que aquella vez (la primera vez) quería utilizarla solo.

Se escuchó un balbuceo

-No importa Harry, era algo personal- dijo el pelirrojo

Salió cautelosamente del dormitorio, bajó la escalera, cruzó la sala común y pasó por el agujero del retrato.

-Eso es cervatillo enorgullece a papá- dijo el azabache con una voz muy tierna haciendo reír al bebé

—¿Quién está ahí? —chilló la Dama Gorda.

-Pobrecita, debió de acordarse de nosotros- dijo el ojimiel.

-Pobrecita? no nos dejaba entrar- reclamo el ojigris

Harry no dijo nada. Anduvo rápidamente por el pasillo.

¿Adónde iría? De pronto se detuvo, con el corazón palpitante, y pensó.

Y entonces lo supo. La Sección Prohibida de la biblioteca.

-Ese es un desperdicio!- grito indignado el ojigris, haciendo asustar a todos

-Sirius déjalo tranquilo tiene cosas más interesantes que hacer- le reprocho la pelirroja

Iba a poder leer todo lo que quisiera, para descubrir quién era Flamel.

-No va a poder leer todo lo que quiera- aseguraron los Merodeadores

-Como lo saben?- pregunto Marlene curiosa.

-Si chicos como lo saben?- pregunto la señora Potter

-Malfoy Junior sigue leyendo- exclamaron rápidamente los mencionados

Se ajustó la capa y se dirigió hacia allí. La biblioteca estaba oscura y fantasmal. Harry encendió una lámpara para ver la fila de libros. La lámpara parecía flotar sola en el aire y hasta el mismo Harry, que sentía su brazo llevándola, tenía miedo.

La Sección Prohibida estaba justo en el fondo de la biblioteca. Pasando con cuidado sobre la soga que separaba aquellos libros de los demás, Harry levantó la lámpara para leer los títulos.

No le decían mucho. Las letras doradas formaban palabras en lenguajes que Harry no conocía.

-Debieron ser Runas- mencionaron los alumnos que fueron a la sección.

Algunos no tenían títulos. Un libro tenía una mancha negra que parecía sangre.

A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Tal vez se lo estaba imaginando, tal vez no, pero le pareció que un murmullo salía de los libros,

-Eso es posible?- preguntaron varios alumnos de grados menores.

-Si son los libros que contienen magia muy oscura y poderosa- aseguro el director

como si supieran que había alguien que no debía estar allí.

-No debería de estar ahí- murmuro preocupada la pelirroja

Tenía que empezar por algún lado. Dejó la lámpara con cuidado en el suelo y miró en una estantería buscando un libro de aspecto interesante. Le llamó la atención un volumen grande, negro y plateado. Lo sacó con dificultad, porque era muy pesado y, balanceándolo sobre sus rodillas, lo abrió.

Un grito desgarrador; espantoso, cortó el silencio...

¡El libro gritaba!

-Y es por eso que no podía leer nada de la sección prohibida- afirmo el ojigris.

-Y usted como lo sabe señor Black?- inquirió la profesora animaga

-Hurón sigue leyendo! -

-Sirius no puedes cerrar el hocico por unos minutos?- preguntaron molestos sus amigos

Harry lo cerró de golpe, pero el aullido continuaba, en una nota aguda, interrumpida.

Retrocedió y chocó con la lámpara, que se apagó de inmediato.

-Llego la suerte Potter- murmuraron preocupados sus amigos

Aterrado, oyó pasos que se acercaban por el pasillo, metió el volumen en el estante y salió corriendo.

Pasó al lado de Filch casi en la puerta, y los ojos del celador; muy abiertos, miraron a través de Harry.

-Es pequeño puede salir fácilmente, no?- pregunto nervioso el azabache

El chico se agachó, pasó por debajo del brazo de Filch y siguió por el pasillo, con los aullidos del libro resonando en sus oídos.

Se detuvo de pronto frente a unas armaduras. Había estado tan ocupado en escapar de la biblioteca que no había prestado atención al camino.

-Creo que debimos darle eso a Harry antes- murmuro el desorejado

Tal vez era porque estaba oscuro, pero no reconoció el lugar donde estaba. Había armaduras cerca de la cocina, eso lo sabía, pero debía de estar cinco pisos más arriba.

—Usted me pidió que le avisara directamente, profesor, si alguien andaba dando vueltas durante la noche, y alguien estuvo en la biblioteca, en la Sección Prohibida.

-Demonios- murmuraron preocupados los alumnos

Harry sintió que se le iba la sangre de la cara. Filch debía de conocer un atajo para llegar a donde él estaba, porque el murmullo de su voz se acercaba cada vez más y, para su horror, el que le contestaba era Snape.

-Esto es peor de lo que esperaba- murmuraron los Merodeadores

—¿La Sección Prohibida? Bueno, no pueden estar lejos, ya los atraparemos.

Harry se quedó petrificado, mientras Filch y Snape se acercaban. No podían verlo, por supuesto, pero el pasillo era estrecho y, si se acercaban mucho, iban a chocar contra él.

La capa no ocultaba su materialidad.

-Es lo única desventaja de la capa- aseguro nervioso el azabache

Retrocedió lo más silenciosamente que pudo. A la izquierda había una puerta entreabierta.

Era su única esperanza. Se deslizó, conteniendo la respiración y tratando de no hacer ruido. Para su alivio, entró en la habitación sin que lo notaran.

Pasaron por delante de él y Harry se apoyó contra la pared, respirando profundamente, mientras escuchaba los pasos que se alejaban.

Habían estado cerca, muy cerca.

-Yo diría demasiado cerca- dijo el ojigris

Transcurrieron unos pocos segundos antes de que se fijara en la habitación que lo había ocultado.

Parecía un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupitres amontonados contra las paredes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente...

Había algo que parecía no pertenecer allí, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio.

Era un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras.

Tenía una inscripción grabada en la parte superior:

Oesed lenoz aro cut edon isara cut seonotse.

Los estudiantes miraron confundidos al rubio

-Eso dice- se excusó también mirando ceñudo el libro -Con lo que me costó leerlo aun vienen a quejarse-

-Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo- dijo la rubia leyendo sobre el hombro del rubio -Esta escrito al revés- explico

Ya no oía ni a Filch ni a Snape, y Harry no tenía tanto miedo. Se acercó al espejo, deseando mirar para no encontrar su imagen reflejada. Se detuvo frente a él.

Tuvo que llevarse las manos a la boca para no gritar. Giró en redondo. El corazón le latía más furiosamente que cuando el libro había gritado...

-¿Qué vio?- preguntaron varios nerviosos. El rubio levanto su mirada para ver al azabache, quien volvió a aparecer

Porque no sólo se había visto en el espejo, sino que había mucha gente detrás de él.

Pero la habitación estaba vacía. Respirando agitadamente, volvió a mirar el espejo.

Allí estaba él, reflejado, blanco y con mirada de miedo y allí, reflejados detrás de él, había al menos otros diez.

-De tu corazón el deseo- murmuro la pelirroja suponiendo que vio su hijo en el espejo

Harry miró por encima del hombro, pero no había nadie allí. ¿O también eran todos invisibles? ¿Estaba en una habitación llena de gente invisible y la trampa del espejo era que los reflejaba, invisibles o no?

Miró otra vez al espejo. Una mujer, justo detrás de su reflejo, le sonreía y agitaba la mano. Harry levantó una mano y sintió el aire que pasaba. Si ella estaba realmente allí, debía de poder tocarla, sus reflejos estaban tan cerca...

Pero sólo sintió aire: ella y los otros existían sólo en el espejo.

-Somos nosotros?- preguntaron sus abuelas con pequeñas lágrimas en los ojos.

Era una mujer muy guapa. Tenía el cabello rojo oscuro y sus ojos... «Sus ojos son como los míos», pensó Harry,

La pelirroja abrazo más al bebé mientras que lagrimas bajaban su rostro

-Lily...- murmuraron sus amigas igualmente con lágrimas. El pelinegro Slytherin cerraba los puños molesto consigo mismo, pero intentaba mantener su rostro indiferente

acercándose un poco más al espejo. Verde brillante, exactamente la misma forma, pero entonces notó que ella estaba llorando, sonriendo y llorando al mismo tiempo.

El hombre alto, delgado y de pelo negro que estaba al lado de ella le pasó el brazo por los hombros.

El mencionado abrazo a su novia, cerrando los ojos para no soltar lágrimas. Mientras sus amigos se abrazaban así mismos

Llevaba gafas y el pelo muy desordenado. Y se le ponía tieso en la nuca, igual que a Harry.

-James..-

Harry estaba tan cerca del espejo que su nariz casi tocaba su reflejo.

—¿Mamá? —susurró—. ¿Papá?

-Ve a su familia- murmuraron los estudiantes, varios estaban con lágrimas en los ojos, otros lanzaban pequeños hipidos, y algunos lloraban incontrolablemente. Incluso los profesores sacaron un pañuelo para secarse algunas lágrimas. También los futuristas soltaban pequeñas lágrimas, el rubio Slytherin intentaba mantener su compostura para seguir leyendo

Entonces lo miraron, sonriendo. Y lentamente, Harry fue observando los rostros de las otras personas, y vio otro par de ojos verdes como los suyos, otras narices como la suya, incluso un hombre pequeño que parecía tener las mismas rodillas nudosas de Harry.

-Esto está siendo demasiado dramático- murmuro la rubia con cara de caballo, pero nadie la escucho y los pocos que lo hicieron la asesinaban con la mirada.

Estaba mirando a su familia por primera vez en su vida.

Los Potter sonrieron y agitaron las manos, y Harry permaneció mirándolos anhelante, con las manos apretadas contra el espejo, como si esperara poder pasar al otro lado y alcanzarlos.

-No debería de estar pasando por esto- dijo Lily entre hipidos, el bebé al ver a la pelirroja llorar le tomo una de sus mejillas con su manito

En su interior sentía un poderoso dolor, mitad alegría y mitad tristeza terrible.

No supo cuánto tiempo estuvo allí. Los reflejos no se desvanecían y Harry miraba y miraba, hasta que un ruido lejano lo hizo volver a la realidad.

No podía quedarse allí, tenía que encontrar el camino hacia el dormitorio. Apartó los ojos de los de su madre y susurró: «Volveré».

-No estoy segura de que quiera que vuelva ese espejo puede ser peligroso- murmuro el azabache

Salió apresuradamente de la habitación.

—Podías haberme despertado —dijo Ron.

-Creo que fui un poco insensible- murmuro arrepentido el pelirrojo

—Puedes venir esta noche. Yo voy a volver; quiero enseñarte el espejo.

—Me gustaría ver a tu madre y a tu padre —dijo Ron con interés.

-No creo que funcione así el espejo- murmuro el ojimiel, aun conmovido

—Y yo quiero ver a toda tu familia, todos los Weasley. Podrás enseñarme a tus otros hermanos y a todos.

—Puedes verlos cuando quieras —dijo Ron—. Ven a mi casa este verano.

-Harry siempre es bienvenido en casa- aseguraron los pelirrojos

De todos modos, a lo mejor sólo muestra gente muerta. Pero qué lástima que no encontraste a Flamel. ¿No quieres tocino o alguna otra cosa? ¿Por qué no comes nada?

Harry no podía comer. Había visto a sus padres y los vería otra vez aquella noche.

-No quiero que vuelva a ir por ese espejo- aseguraron sus padres

Casi se había olvidado de Flamel. Ya no le parecía tan importante.

-No te estas desubicando- dijo preocupado el ojigris

¿A quién le importaba lo que custodiaba el perro de tres cabezas? ¿Y qué más daba si Snape lo robaba?

-Definitivamente ese espejo es peligroso- aseguro el ojimiel

—¿Estás bien? —preguntó Ron—. Te veo raro.

Lo que Harry más temía era no poder encontrar la habitación del espejo.

Aquella noche, con Ron también cubierto por la capa, tuvieron que andar con más lentitud. Trataron de repetir el camino de Harry desde la biblioteca, vagando por oscuros pasillos durante casi una hora.

—Estoy congelado —se quejó Ron—. Olvidemos esto y volvamos.

—¡No! —susurró Harry—. Sé que está por aquí.

Pasaron al lado del fantasma de una bruja alta, que se deslizaba en dirección opuesta, pero no vieron a nadie más. Justo cuando Ron se quejaba de que tenía los pies helados, Harry divisó la pareja de armaduras.

—Es allí... justo allí... ¡sí!

Abrieron la puerta. Harry dejó caer la capa de sus hombros y corrió al espejo.

Allí estaban. Su madre y su padre sonrieron felices al verlo.

—¿Ves? —murmuró Harry.

-Creo que no pueda ver nada- murmuraron varios alumnos, al comprender la inscripción del espejo.

—No puedo ver nada.

—¡Mira! Míralos a todos... Son muchos...

—Sólo puedo verte a ti.

—Pero mira bien, vamos, ponte donde estoy yo.

Harry dio un paso a un lado, pero con Ron frente al espejo ya no podía ver a su familia, sólo a Ron con su pijama de colores.

-Supongo que Ron verá otra cosa- opino el ojimiel.

Sin embargo, Ron parecía fascinado con su imagen.

—¡Mírame! —dijo.

—¿Puedes ver a toda tu familia contigo?

—No... estoy solo... pero soy diferente... mayor... ¡y soy delegado!

-Como?- preguntaron sus familiares, Ron bajo su cabeza sonrojado

—¿Cómo?

—Tengo... tengo un distintivo como el de Bill y estoy levantando la copa de la casa y la copa de quidditch... ¡Y también soy capitán de quidditch!

-El mayor deseo- murmuraron sus familiares.

Ron apartó los ojos de aquella espléndida visión y miró excitado a Harry.

—¿Crees que este espejo muestra el futuro?

—¿Cómo puede ser? Si toda mi familia está muerta... déjame mirar de nuevo...

—Lo has tenido toda la noche, déjame un ratito más.

-Debí dejártelo el mío no era nada interesante- dijo el pelirrojo aún sonrojado por que leyeran sus inseguridades.

—Pero si estás sosteniendo la copa de quidditch, ¿qué tiene eso de interesante? Quiero ver a mis padres.

—No me empujes.

Un súbito ruido en el pasillo puso fin a la discusión. No se habían dado cuenta de que hablaban en voz alta.

—¡Rápido!

Ron tiró la capa sobre ellos justo cuando los luminosos ojos de la Señora Norris aparecieron en la puerta.

-La capa funciona para todos, pero aun así no quiero que regresen a ver ese espejo- aseguro el azabache.

Ron y Harry permanecieron inmóviles, los dos pensando lo mismo: ¿la capa funcionaba con los gatos?

Después de lo que pareció una eternidad, la gata dio la vuelta y se marchó.

—No estamos seguros... Puede haber ido a buscar a Filch, seguro que nos ha oído. Vamos.

Y Ron empujó a Harry para que salieran de la habitación.

La nieve todavía no se había derretido a la mañana siguiente.

—¿Quieres jugar al ajedrez, Harry? —preguntó Ron.

—No.

—¿Por qué no vamos a visitar a Hagrid?

—No... ve tú...

-Definitivamente ese espejo no debe de ir otra vez por ese espejo- aseguraron los Merodeadores

—Sé en qué estás pensando, Harry, en ese espejo. No vuelvas esta noche.

—¿Por qué no?

—No lo sé. Pero tengo un mal presentimiento y, de todos modos, ya has tenido muchos encuentros. Filch, Snape y la Señora Norris andan vigilando por ahí ¿Qué importa si no te ven? ¿Y si tropiezan contigo? ¿Y si chocas con algo?

-Escúchalo- pidieron sus familiares.

-Harry es muy terco- dijeron sus amigos

—Pareces Hermione.

- Que tiene de malo- murmuró la castaña cruzada de brazos

—Te lo digo en serio, Harry, no vayas

Pero Harry sólo tenía un pensamiento en su mente, volver a mirar en el espejo. Y Ron no lo detendría.

-Cuando lo hice?- dijo Ron sarcástico

La tercera noche encontró el camino más rápidamente que las veces anteriores.

-Eso es habilidad Merodeadora, Pero no quiero que la use ahora- dijo el azabache

Andaba más rápido de lo que habría sido prudente, porque sabía que estaba haciendo ruido, pero no se encontró con nadie.

-Cuando quieres que aparezca un profesor, no aparecen- dijeron los Merodeadores

Y allí estaban su madre y su padre, sonriéndole otra vez, y uno de sus abuelos lo saludaba muy contento.

Harry se dejó caer al suelo para sentarse frente al espejo. Nadie iba a impedir que pasara la noche con su familia. Nadie.

Excepto...

—Entonces de vuelta otra vez, ¿no, Harry?

Harry sintió como si se le helaran las entrañas. Miró para atrás. Sentado en un pupitre, contra la pared, estaba nada menos que Albus Dumbledore.

-Como sabía que él estaba ahí?- pregunto en un murmuró el azabache.

-Al menos alguien lo encontró- murmuró la pelirroja

Harry debió de haber pasado justo por su lado, y estaba tan desesperado por llegar hasta el espejo que no había notado su presencia.

—No... no lo había visto, señor.

—Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invisible —dijo Dumbledore, y Harry se sintió aliviado al ver que le sonreía

-El profesor siempre sonríe- aseguraron los Merodeadores

—. Entonces —continuó Dumbledore, bajando del pupitre para sentarse en el suelo con Harry—, tú, como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del espejo de Oesed.

—No sabía que se llamaba así, señor.

-Va a ver algo que ni conoce su nombre- murmuró el oxigenado

—Pero espero que te habrás dado cuenta de lo que hace, ¿no?

—Bueno... me mostró a mi familia y...

—Y a tu amigo Ron lo reflejó como capitán.

-Cómo lo sabe?- pregunto la pelirroja

—¿Cómo lo sabe...?

—No necesito una capa para ser invisible —dijo amablemente Dumbledore—. Y ahora ¿puedes pensar qué es lo que nos muestra el espejo de Oesed a todos nosotros?

-Nuestro más anhelado deseo- murmuró el ojimiel

Harry negó con la cabeza.

—Déjame explicarte. El hombre más feliz de la tierra puede utilizar el espejo de Oesed como un espejo normal, es decir, se mirará y se verá exactamente como es. ¿Eso te ayuda?

Harry pensó. Luego dijo lentamente:

—Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...

—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos.

El pelirrojo se volvió a sonrojar

Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.

Continuó: —El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado.

No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo.

-Ese es un gran consejo- aseguraron los alumnos

Ahora ¿por qué no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?

-Porque no la confiscó?- pregunto la profesora aún conmocionada por los sucesos.

-Porque como bien dice el señor Potter es una reliquia familiar- dijo el director y también se preguntaba si era esa capa.

Harry se puso de pie.

—Señor... profesor Dumbledore... ¿Puedo preguntarle algo?

—Es evidente que ya lo has hecho —sonrió Dumbledore—. Sin embargo, puedes hacerme una pregunta más.

—¿Qué es lo que ve, cuando se mira en el espejo?

-Harry eso fue una pregunta muy personal- le dijo su madre al bebé

—¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.

Todo el Comedor lo vieron asombrados

Harry lo miró asombrado.

—Uno nunca tiene suficientes calcetines —explicó Dumbledore—. Ha pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par. La gente sigue insistiendo en regalarme libros.

-Ya sabemos que regalarle en Navidad- dijeron los Merodeadores

En cuanto Harry estuvo de nuevo en su cama, se le ocurrió pensar que tal vez Dumbledore no había sido sincero.

Pero es que, pensó mientras sacaba a Scabbers de su almohada, había sido una pregunta muy personal.

-No me digas?- pregunto el oxigenado con sorna -Aquí termina el capítulo- menciono y cerro el libro marcándolo.

-Este fue un capitulo muy emotivo- mencionaron los Merodeadores, viendo al bebé quien dormía en los brazos de Lily.

-Bien jóvenes nos demoramos más de lo planeado con los capítulos, así que vayan todos a descansar- dijo el director levantándose. Todos los alumnos salieron al trote (Harry bebé se fue a dormir con los futuristas) a sus salas comunes a descansar.