11 La Ex Duquesa Rasengan
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—Ya que te niegas a compartir mi cama, simulemos que estamos locamente enamorados, solo para acallar los rumores.
Estupefacto, Naruto miró a Hinata tranquilamente sentada en un banco debajo de las ventanas de la guardería. Su vestido azul oscuro se pegaba a su cuerpo que él no había abrazado desde hacía una semana. Se consideraba traicionado y ahora, ella quería que se comportara como un enamorado.
Intentando calmar su ira dirigió la vista hacia Ino. La niña estaba acostada encima de una manta bajo la pierna doblada de su padre intentando coger el reloj de bolsillo que él movía delante de sus ojos.
—¿A quien le preocupan los rumores?
—Deberíamos tenerlos en cuenta Naruto, por el bien de Ino. Nuestra actitud la afectará a ella.
—Solo es una criatura, cuando crezca la gente ya se habrá olvidado de nuestro apresurado matrimonio.
—Es posible... Pero si supieras lo que dicen... —Hinata hizo una pausa llena de suspense. —Por supuesto tú no sabes nada ya que te escondes en tu torre de marfil.
—Yo no me escondo.
Ino dio un pequeño grito de queja. De inmediato Naruto bajó la voz.
—Simplemente, estoy trabajando —dijo.
La verdad era que no conseguía concentrarse, las palabras le eludían y la página seguía obstinadamente en blanco. La inspiración huía de él y él gastaba toda su energía en vanos esfuerzos.
—Si tú lo dices...—replicó Hinata con ligereza.
Inclinó el busto con la excusa de mirar a la niña ofreciéndole una vista privilegiada de su escote.
—He salido mucho últimamente Naruto. En todas partes, en los salones, me he sentido observada. Es evidente que han añadido mi nombre a la larga lista de las conquistas del malvado conde.
—Deja que hablen, pronto habrá un nuevo escándalo que obtendrá su interés.
—Eso no es todo. Ayer, en el transcurso del té en casa de los Stanford lord Yamashiro y su comparsa Duxbury me informaron amablemente de los rumores que corren a costa nuestra.
—Esos dos bufones están en el origen de todos los cotilleos de la ciudad.
—Me temo que tienen razón esta vez. Parece ser que toda la ciudad está apostando que Ino no es una niña encontrada sino tu propia hija...
—Eso no es nuevo.
—...y la mía. Según los comentarios yo soy su madre natural.
—Sin embargo deberían recordar que en el momento de la concepción de Ino tu solo eras una especie de abuela vestida con harapos negros abrochados hasta el cuello y que habrías hecho huir a una guarnición de soldados.
En lugar de enfadarse Hinata sonrió. Se levantó y se agachó para jugar con la niña y Naruto olió su perfume, una fragancia muy femenina que le provocó.
—¿Tan increíble es —preguntó ella— que hayas sentido pasión por una solterona mal vestida?
La pasión él todavía podía sentirla, estaba invadido por ella. Desde hacía siete días no se había acercado a ella pero ella llenaba sus sueños y sus pensamientos. Después de todo era su mujer. Le pertenecía. Se contuvo para no arrastrarla a la habitación, desnudarla y tomarla salvajemente haciendo caso omiso de las reglas más elementales del pudor.
—La gente no te conoció en esa época, de modo que la cuestión ni siquiera se plantea—respondió él enfurruñado.
—Yamashiro y Duxbury añadieron...
—¿Qué? Si te han ofendido...
—Simplemente me informaron de un nuevo rumor según el cual yo estaría de nuevo en estado de buena esperanza.
Naruto se debatió entre el deseo de tener un segundo hijo y el rencor que no cesaba de atormentarle. Se sentía engañado, privado de su preciosa libertad, llevado a la fuerza a ejercer el papel de buen padre de familia... Todo lo que más odiaba.
—Rumor que se extinguirá por si mismo con el tiempo —hizo notar no sin maldad— Precisamente dentro de nueve meses.
—¿Seguro? —dijo ella con voz sugestiva— Todavía no podemos estar seguros.
—Lo sabremos dentro de dos o tres semanas.
—Naruto, el problema no es ese. Me molesta que digan que tú me sedujiste, no quiero que Ino sepa algún día que su papá se aprovechó de la ingenuidad de su mamá... Es absolutamente necesario convencer a la sociedad que nos hemos casado por amor.
—No seas ridícula, para entonces ya se habrán olvidado de nosotros.
—No lo harán si seguimos comportándonos con tanta frialdad entre nosotros.
Se levantó y con un gesto inesperado le acarició la nuca. Naruto se sobresaltó y se apartó como si le hubiera mordido una serpiente.
—¡Para! —gruñó
—¿Por qué Naruto? Hace una semana que te espero todas las noches en mi cama. Nunca podré olvidar nuestra primera noche, me gustaría volver a vivirla, aprender a satisfacerte
Él sintió una gota de sudor humedeciendo su frente, Hinata llamaba a las cosas por su nombre al contrario que las demás mujeres que se perdían en discursos de falso pudor.
¿De donde sacaba tanta temeridad? ¿O era la inocencia? De la mañana a la noche se había transformado en una seductora, en una tentadora. A veces él echaba de menos a la antigua Hinata, la inofensiva solterona...
—Nuestro matrimonio es una unión forzada —le recordó él con voz cortante— Si esperas que te trate como mi esposa te equivocas.
Ella se rió con los ojos brillantes.
—¡No seas tan mojigato!
Él estuvo a punto de ahogarse.
—¿Yo? ¿Mojigato?
—Si. No hagas que los demás crean que desatiendes a tu mujer tan pronto... Lo quieras o no acabamos de casarnos. Y todo el mundo sabe que los recién casados están bajo los efectos del amor... Tú me has embrujado Naruto.
No debía prestar atención a lo que ella decía, se dijo a si mismo, esa era la mujer que le había encadenado con su astucia.
—¡Basta! —silbó entre dientes— Hasta ahora solo me has proporcionado un montón de mentiras. Lejos de enfadarse Hinata sonrió al bebé.
—Tu papá está gruñón hoy, necesita quedarse solo un momento.
Hinata la cogió en brazos y él la vio alejarse fijándose en la ondulante curva de sus nalgas bajo la falda azul. Ella se agachó para pasar por debajo de un gran roble y luego salió al sol. Su piel resplandecía como el nácar, su cabellos oscuros jalonados de mechas color azules, brillaban como el fuego secreto que ardía en ella.
Él quería huir de allí a toda velocidad. Ahora mismo, mientras ella estaba ocupada con la niña.
Ella ya le había seducido una vez, y a él le costó muy caro sentir el mayor placer que nunca hubiera conocido. Se había comportado como Shion antes que ella, Shion que le había seducido y después engañado y humillado. Pero Hinata no era Shion. No, Hinata no era tan malvada e innoble.
La miró mientras jugaba con el bebé, el amor le cambiaba la cara. Si ella perdía a Ino no lo podría soportar, se dio cuenta de pronto. Una niña necesitaba a sus dos progenitores, se repitió.
Aunque solo fuera por el bienestar de Ino él debía aceptar ese matrimonio y, después de todo, ¿por qué no aprovechar las ventajas de tal situación? Comportarse más amistosamente, compartir las comidas con su mujer, salir con ella de vez en cuando...Y su cama.
¿Por qué imponerse a si mismo una vida de monje cuando el deseo de volver a tenerla en sus brazos le devoraba?
Ayame volvió a buscar a la niña y Hinata intercambió unas palabras con ella, muy tranquila, casi alegre, como si no se hubiera peleado con Naruto. Después fue hacia él, cuando él se levantó ella le siguió. A él le gustaba su manera de cogerle del brazo con mano firme sin tonterías.
Subió a la habitación con ella.
—Naruto he estado pensando. Ino no puede ser una niña ilegítima, tenemos que adoptarla.
—Mi abogado está preparando los documentos. Dentro de un mes será oficialmente hija nuestra.
—¡Que alegría! —dijo ella exultante pasando sus brazos alrededor del cuello de Naruto.
Olvidando su rencor, la atrajo hacia él. Los senos de Hinata se aplastaron contra su pecho, sus manos subieron hacia su pelo para quitarle las horquillas... Después de todo ella era suya.
Oyeron el ruido de los cajones al abrirse y cerrarse provenientes del vestidor, Iruka estaba revisando la ropa de su señor para la cena.
Naruto se separó de Hinata a desgana.
—Vuelve a tus habitaciones, te veré a la hora de la cena.
Ella no se movió, Hinata nunca le había obedecido de todas formas y eso también le gustaba. ¡Era tan diferente de sus amantes!
—Despide a Iruka —le murmuró ella en el oído— Yo seré tu ayuda de cámara.
La proposición era tentadora y además ¡al diablo con las conveniencias! La deseaba. Se dirigió al vestidor y llamó al criado.
—¿Iruka?
El aludido dejó las botas de cuero negro que estaba limpiando. Encima del sillón había dejado los pantalones y la camisa almidonada del conde.
—Milord, su ropa está preparada, si prefiere ponerse otra cosa...
—Está bien. Ya puede irse.
La cara del criado se alargó.
—¿Cómo? ¿Y el abrigo? ¿Y la corbata?
—Ya me las arreglaré.
—Como desee.
El hombre se dirigió a la puerta, dudó un momento y se dio la vuelta.
—Ha llegado un mensaje para usted milord. Lo he dejado en el escritorio, parece urgente.
En ese momento Naruto tenía algo más urgente que hacer. Impaciente volvió a la habitación. Hinata le estaba esperando en la puerta con los ojos brillantes y los labios entreabiertos. El lacayo volvió con la misiva y las gafas.
—Esta es la carta milord, hay un mensajero abajo esperando su respuesta.
¡Maldición! Naruto cogió el sobre, rompió el sello de cera y sacó una hoja que leyó por encima.
—¿Qué pasa Naruto? —quiso saber Hinata. Él despidió a Iruka.
—Es un mensaje de Shion —dijo secamente— Ha tenido un aborto y te llama.
Bajo la luz del anochecer la casa de ladrillo rojo parecía todavía más ruinosa que la primera vez que Naruto y Hinata estuvieron. Para sorpresa de Hinata, Naruto le propuso acompañarla y ella estaba feliz de que él estuviera a su lado. En ese momento él estaba de pie en el porche y en silencio.
La puerta se abrió con un gemido, la pequeña criada asomó la cabeza, su expresión era grave, les hizo una señal para que la siguieran.
Subieron la escalera y atravesaron el salón. La habitación de Shion al contrario que el resto de la casa estaba bien amueblada con muebles de caoba, sillones tapizados en seda bordada con hojas y ramas... Shion estaba tumbada en una magnifica cama con dosel.
Apoyada en las almohadas, sus largos cabellos rubios enmarcando su fino rostro y las manos juntas, tenía una palidez mortal.
Hinata se precipitó a su cabecera.
—¡Dios mío! ¿Cómo se encuentra?
Shion abrió sus hermosos ojos lavanda y una débil sonrisa se dibujó en sus lívidos labios.
—Hinata, mi querida amiga, estaba segura de que vendría.
Su mirada se detuvo en el hombre que estaba a los pies de la cama.
—¡Naruto que agradable sorpresa!
—No quería que Hinata viniera sola —respondió él con rudeza.
—¿Cómo se encuentra? —preguntó Hinata.
—Un poco mejor. Siéntese por favor. Hinata se sentó en el borde de la cama.
—¿Qué sucedió?
—Algo horrible. Ayer por la mañana me sentí mal, tenía calambres y luego me dio un terrible dolor, envié a la criada a buscar al médico pero cuando llegó era demasiado tarde. Ya había perdido a mi hijo.
Las lágrimas cayeron sobre las pálidas mejillas
Hinata la tomó de las manos compadecida. Podía imaginar perfectamente el sufrimiento de una madre que acaba de perder a su hijo.
—Lo siento mucho —murmuró— Si lo hubiera sabido hubiera venido antes. Shion levantó los ojos.
—Por desgracia no se podía hacer nada. Usted tiene la suerte de tener a Ino, yo en cambio me siento tan sola...tan perdida...
—¿Cómo sabes el nombre de mi hija? —preguntó Naruto suspicaz— Yo no lo he mencionado jamás delante de ti estoy seguro.
—Me lo debió decir Hinata —dijo Shion.
Se miraron fijamente un momento y Shion bajó la cabeza.
—¿Dónde está... Taruho Mōryō? ¿Ha regresado?
—No contento con haberse llevado mi dinero me dejó sola para llorar por su hijo.
—¿Era un niño? —murmuró Hinata.
—Si. El médico se ocupará del entierro.
—Naruto y yo pagaremos los gastos —propuso Hinata sin pensar.
Desafió a su marido con la mirada y para su sorpresa éste asintió con la cabeza.
—Como quieras.
—¡Con que suavidad le hablas! —se extrañó Shion— Supe de vuestro matrimonio. De modo Hinata que es usted la nueva lady Rasengan. No me extraña ¡eres tan hermosa! Demasiado hermosa para un depravado como...
La amargura le alteraba la voz. Una mueca deformaba su boca pero Hinata no se lo tuvo en cuenta. La pobre mujer estaba en un lamentable estado.
Naruto por su parte parecía menos afectado por las desdichas de Shion. Rodeó la cama y se puso al lado de Hinata.
—Necesitas descansar. Adiós.
Los dedos de Shion se cerraron en torno a la muñeca de Hinata.
—¡No, esperen! Estoy llena de deudas, los acreedores de Taruho no dejan de perseguirme. Necesito diez mil libras.
Hinata se quedó boquiabierta. ¡Diez mil libras! Las deudas de Shion parecían aumentar día a día.
—La última vez eran cinco mil—observó Naruto con el rostro impasible.
—Pero después aparecieron otros acreedores. Taruho debe dinero a todo el mundo.
Soltando la mano de Hinata, Shion metió la cara en el pañuelo.
—Les lo suplico, no me abandonen. No tengo a nadie más en el mundo. Los prestamistas me persiguen. Hinata miró a Naruto implorante.
—Hay que hacer algo, tenemos que ayudarla. Él continuó firme.
—No estás casada con Taruho —dijo— Nadie puede obligarte a pagar sus deudas.
—Explícales eso a los acreedores que me persiguen.
—En eso caso te repito mi propuesta: vete al campo. No le digas nada a nadie para evitar a los prestamistas. Uno de mis hombres te escoltará. No veo otra solución a tus problemas.
—¡No! Es imposible. Soy incapaz de vivir en otro lugar que no sea Londres. Ya te dije que no quería exiliarme.
—Lo siento. Es lo único que puedo ofrecerte. Shion apretó los puños.
—¡Animal! Siempre igual de intratable, no tienes ni corazón ni piedad. Te compadezco Hinata por haberte casado con un hombre así. A ti también te maltratará, te engañará y te humillará. Tu vida con él será un infierno.
Mientras Shion echaba espuma por la boca de la rabia, Hinata le puso la mano en su delicado hombro.
—Cálmate, piensa en tu salud, debes tranquilizarte.
—Si quieres ayudarme intenta convencerle. Diez mil libras son una módica cantidad para él, su fortuna es enorme.
Hinata guardó silencio, se sentía dividida, por un lado entendía a Shion pero aprobaba la decisión de Naruto que no quería pagar las deudas de juego del amante de su ex mujer. Sin embargo estaba intentando salvar a Shion de su adicción al juego.
—Reconsidera su proposición —respondió— Lejos de Londres estarás segura. Naruto solo piensa en lo mejor para ti.
Shion suspiró profundamente, sus hombros dejaron de temblar como si la tensión la hubiera abandonado.
—De acuerdo —murmuró con voz temblorosa— Tienes razón, debo abandonar Londres, no tengo otra elección.
Hinata, emocionada, la abrazó brevemente.
—No lo lamentarás. En el campo encontraras paz. Te gustará encontrarte con la naturaleza, pasear por el bosque...
Asaltada por una nueva inquietud Shion se volvió hacia Naruto.
—¿Dónde me vas a enviar?
—A Cornualles. Estate preparada mañana a primera hora, lleva solo una maleta. Yo me ocupare de hacerte llegar el resto de tus cosas.
Bajando la cabeza, Shion se dejó caer como un peso muerto en las almohadas.
—Vayanse ya, me encuentro mal.
Antes de salir Hinata miró de nuevo a la primera duquesa de Rasengan, su estallido intempestivo la había impresionado y lo que dijo todavía resonaba en sus oídos.
La engañará y la humillará.
¿Cuántas veces habría enfrentado Naruto sus accesos de ira?
Apurada por dejar esa casa y respirar aire fresco, Hinata salió precipitadamente. La calesa le esperaba en una esquina de la calle, el cochero y el lacayo estaban esperándoles. Naruto rodeó con brazo firme la cintura de Hinata y la guió hasta el coche, luego la ayudó a subir. El vehículo arrancó.
—¡Que escena más atroz! —dijo él— Siento mucho que hayas presenciado ese enfrentamiento.
—Tú no tienes la culpa. Espero que Shion encuentre la felicidad. La mano cálida y firme de Naruto cubrió la de ella.
—Shion tiene una noción muy particular de la vida, dudo que sea capaz de apreciar la verdadera felicidad. Su proximidad turbaba a Hinata pero se esforzó en conservar la cabeza fría.
—Intentó manipularte cuando estuvisteis casados ¿verdad?
—Antes, durante y después.
Los remordimientos torturaban a Hinata.
—No me extraña demasiado que me desprecies, me he comportado igual que ella.
—Pero no eres como ella, ella me traicionó de varias maneras.
—¿Cuáles?
—No me apetece hablar de ello.
No contaba con la obstinación de Hinata. Ésta puso su mano en el antebrazo de él, estaba deseando conocer la verdad para comprenderle mejor.
—Dímelo. Quiero saberlo todo, es muy importante para mí.
—Chipie, siempre has hecho preguntas impertinentes. ¿No vas a aprender nunca cuando debes callar? No, y no era hoy cuando iba a empezar a hacerlo.
Alentada por el tono indulgente de su esposo continuó:
—Shion me confió que solo cometió un error, porque se sentía sola después de haber soportado tus infidelidades durante años.
Naruto soltó una carcajada.
—Supongo que no te hablo de sus deudas de juego, de sus numerosas conquistas...
—¿ Taruho Mōryō no fue su único amante?
—Bromeas. Él fue el único que dejó que le pillaran con las manos en la masa...Se revolcaban en mi cama mientras yo escribía en la habitación de la torre. Más tarde admitió que lo hizo a propósito para que yo les sorprendiera. Quería vengarse de mi pretendida frialdad respecto a ella.
—Pero según ella tú ya no compartías su cama. Incluso te negaste a hacerle un hijo.
—Eso es completamente falso. Ella no quería un hijo porque se negaba a engordar. Me pregunto como lo hizo para quedarse embarazada.
Hinata no podía entenderlo, ella hubiera aceptado con alegría llevar los hijos de Naruto, pero tenía que hacerle a su marido la pregunta que la atormentaba.
—¿Y... tus infidelidades?
Él no respondió, solo el ruido de los cascos de los caballos rompía el silencio. Hinata insistió:
—Naruto, ¿engañaste a Shion mientras estuvisteis casados?
—Siempre me ha gustado la compañía de las mujeres, todo el mundo lo sabe. Frustrada por esa respuesta evasiva, Hinata le miró fijamente.
—Un simple si o no sería suficiente. ¿Traicionaste tus promesas del matrimonio?
—No —respondió él por fin.
—¿Nunca?
—Ya te he contestado. Ahora deja de interrogarme así.
Hinata estaba perpleja. La respuesta de Naruto la sorprendió. La invadió un extraño entusiasmo cuando comprendió que el había respetado sus promesas durante cuatro años mientras su esposa le era infiel.
Su idilio con la madre de Ino debió suceder después de su divorcio. Naruto se aprovechó entonces ampliamente de su libertad, pero en el fondo era un hombre de honor. La pena que se leía en sus ojos era sincera, por primera vez Hinata le creyó sin dudarlo.
El resto del trayecto transcurrió en silencio. La calesa se detuvo delante de la residencia Rasengan. Ya era de noche y las dos antorchas que flanqueaban la entrada proyectaban contra la piedra sus vacilantes luces.
Naruto ayudó a Hinata a bajar del coche y no soltó su mano. Entraron en el gran vestíbulo, sus pasos resonaron en el suelo de mármol.
—Subamos —dijo él.
Era una orden y no una invitación. ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Conversar o una velada más intima?
Su corazón empezó a latir velozmente e intentó en vano descifrar en su expresión lo que tenía en la mente. La acompañó hasta su habitación y entró detrás de ella.
Las velas proporcionaban una suave luz. Hinata era plenamente consciente de la presencia de Naruto, de su poder sobre ella. Él fue a inspeccionar rápidamente el vestidor. La hora de la cena se acercaba y las doncellas estaban preparando la ropa de sus señores.
No había nadie. Cuando oyó el seco sonido del cerrojo, el corazón de Hinata se detuvo. Mientras Naruto se acercaba, ella se quedó paralizada como una presa ante un depredador. Él la observaba atentamente con su mirada salvaje y una sonrisa de depredador en los labios. Sus dedos soltaros el nudo del pañuelo y lo dejó caer al suelo.
Hinata se estremeció. Cerró los ojos, le temblaban las piernas, le daba vueltas la cabeza. Le deseaba con todas sus fuerzas.
—Naruto —murmuró temblorosa— Eres un hombre de honor.
—Perfecto. Ahora pasemos a cosas más serias. La emprendió con las cintas del corpiño.
—O mejor empecemos desde el principio —añadió con voz ronca. Él la besó.
El beso, apasionado y exigente que le dio estuvo a punto de arrancarle a Hinata un grito de placer. Hinata metió los dedos entre el pelo de Naruto apretándole muy fuerte por miedo a que él se escapara. Él besaba divinamente. Podía darle placer únicamente con la fuerza de sus besos.
Hinata empezó a abandonarse.
Las capas de ropa de la joven empezaron a caer al suelo como las hojas muertas en otoño. Poco después estaba desnuda. Él le quitó el medallón e inclinándose succionó lentamente la punta endurecida de un pecho.
Después la levantó y la llevó a la cama depositándola encima de la colcha. Ella le miró como se desnudaba, le gustaba verle desnudo, después él se tumbó a su lado y la abrazó hasta cortarle el aliento. Ella miró su cuerpo tan hermoso, consumida por la pasión. Abrió las piernas pero él rodó sobre su espalda llevándola con él.
—Tómame —murmuró él.
Esas palabras cohibieron a Hinata, sin embargo cogió el endurecido sexo de él y con un gesto preciso le guió hacia su santuario secreto al tiempo que emitía un sordo gemido... Había olvidado la exquisita sensación de sus dos cuerpos unidos en una solo.
—Naruto te he echado tanto de menos...
—Lo que echabas de menos era esto querida.
Ella quiso responder pero él la cogió por las caderas haciéndola moverse mientras le besaba los pechos. Hinata contuvo el aliento, se arqueó y onduló sobre el que le impuso un ritmo más lento llevándola inexorablemente a un voluptuoso frenesí.
La lentitud de él la frustraba al mismo tiempo que atizaba el brasero que ardía dentro de ella. Pronto experimentó mil sensaciones al mismo tiempo: la boca de él entres sus senos, sus manos en sus nalgas, su sexo enfundado en lo más profundo de ella...
Instintivamente contrajo sus músculos internos y, cuando él notó que ella temblaba con el orgasmo, dejó escapar un grito ronco. Sin poder contenerse por más tiempo la puso debajo de él incrementando el ritmo. Ella se colgó de Naruto. De repente los dos tuvieron la sensación de que nada en el mundo era más importante que el éxtasis de sus dos cuerpos pegados unidos.
Una vez recuperada, Hinata siguió tumbada al lado de Naruto, sin querer separarse de él.
Se deleitaba con el calor que él desprendía mientras que el aire frío le acariciaba la espalda. Su mejilla descansaba en el sedoso pelo del pecho de Naruto y podía oír los latidos de su corazón. El olor de su piel la mareaba. Con un suspiro de felicidad se acurrucó entre sus brazos.
A Naruto le gustaba la calma que seguía a la tempestad, apretó a Hinata junto a si, sintiéndola satisfecha y desarmada.
—Tengo que hacerte una proposición —le dijo. Sujetándose en un codo la miró. Era hermosa.
—Acepto.
—¿Segura? ¿Sin saber de que se trata?
—Si.
—¿Quiere eso decir que te he conquistado mi dulce bruja?
—¿Y yo te he domado Casanova impenitente? Él esbozó una diabólica sonrisa.
—Eso esta por ver lady Rasengan.
A ella le encantaba que él la llamara con su titulo, eso demostraba que le pertenecía.
—¿Cuál es esa oferta? —preguntó
—Parece que tenemos algunas cosas en común... en la cama —explicó él— Además me gustaría tener un heredero. Por lo tanto te propongo que a partir de esta noche demos curso libre a nuestro deseo.
¿Y el amor?
Su amor por él carecía de reservas, asintió con la cabeza un poco decepcionada pero dispuesta a aceptar cualquier cosa. Ella le daría lo que su primera mujer se negó a darle.
—Me haría muy feliz llevar a tu hijo Naruto... Si, lo deseo con toda mi alma. Por un momento los azules ojos de su esposo se suavizaron.
—Gracias. Estoy satisfecho con este arreglo.
Cualquiera habría dicho que se trataba de un acuerdo de negocios —pensó Hinata decepcionada. Después intentó razonar consigo misma. Iban a basar su matrimonio en una atracción mutua, lo cual no estaba tan mal.
Ella le enseñaría a amarla, se haría digna de su confianza. Pero ya que él hablaba de deseo, primero tendría que ganarle en su propio terreno.
Se volvió hacia él resuelta a hacerle perder el control. Cuando le abrazó por el cuello y se apretó contra él, sintió que su sexo se endurecía contra su muslo. Maravillada por su poder deslizó una mano entre ellos y le acarició. Naruto dejó escapar un ronco gemido.
—¿Quien te ha enseñado a hacer eso? —preguntó
—Tu —sonrió ella— Me das ideas.
Cediendo a sus deseos, Naruto tomo posesión de su boca. Tumbándose encima de ella la penetró con un solo movimiento que la dejó temblorosa. Hinata gritó, sus piernas y brazos se cerraron en torno del cuerpo musculoso de su marido. Necesitaba un vinculo entre ellos... le necesitaba simplemente.
—Te amo Naruto, te amo —murmuró perdida.
Él redobló sus esfuerzos haciendo nacer oleadas ardientes en el vientre de Hinata. Acelerando el ritmo le arranco gemidos y gritos. Esta vez él fue el primero en llegar al orgasmo y el temblor de su gran cuerpo provoco en Hinata un increíble placer.
Permanecieron el uno sobre el otro con sus miembros entrelazados. A Hinata la invadió un gran cansancio, sus párpados se hicieron pesados. La somnolencia que se apoderó de ella se vio súbitamente rota por un movimiento cuando Naruto se deslizó fuera del lecho.
Ella murmuró una protesta ahogada que no pareció impresionarle. La besó en la frente y la cubrió con la sábana.
El ruido de la puerta al cerrarse despertó por completo a Hinata, sin Naruto la habitación le parecía vacía. Fue consciente de que estaba perdida sin él, aunque estuviera segura.
Para consolarse pensó que debía ser la costumbre, los matrimonios de la nobleza siempre duermen separados.
Sin embargo le hubiera gustado que él se quedara, que durmiera en sus brazos hasta el día siguiente. Entonces vio la realidad. Eran amantes... y extraños para siempre. Esos eran exactamente los términos del contrato que había expuesto Naruto.
La Historia tiene la finalidad de Entretener.
