Cenizas de Ira y Odio
Cero días desde la Última Muerte (Nueve Muertes)
Un velo de oscuridad cubría todo a su alrededor, impidiéndole comprender lo que estaba ocurriendo. ¿Acaso había muerto…? Algo, muy en lo profundo de su ser, lo hacía sentir que ya había vivido algo similar. ¿Oscuridad? ¿Sombras? ¿Pesadillas? ¿Muerte? Todo resultaba demasiado confuso. Se sentía extremadamente desorientado; en efecto, como si hubiera muerto y regresado a la vida. ¿Acaso ese era el caso?
"¡Hermana! ¡Hermana! ¿Qué sucedió…?" Entonces, de manera abrupta recibió un inesperado estimulo externo. ¿De dónde provenía? Por supuesto, del exterior… Pero ¿de dónde exactamente? ¿De quién? Parecía una voz, pero en su estado actual no podía discernir quien estaba emitiéndola. Frustrado, dejó el asunto del lado e intentó darle sentido al mundo que lo rodeaba. ¿Cómo había terminado allí, en ese estado?
Lo último que recordaba era el calor; el calor de las llamas que consumían a la Oni hostil; el calor de la ira y el odio que ardían en su interior; el calor de las heridas que cubrían su cuerpo y le daban la sensación de estar ardiendo en vida. Calor era todo lo que recordaba. ¿Acaso las llamas habían acabado con su vida también? ¿Acaso estaba sufriendo los efectos de la "última palabra" de la entidad que vivía para matar?
No estaba seguro. Aun así, estuviera vivo o muerto, eso parecía no importarle demasiado. De alguna forma, se sentía particularmente relajado, aún después de haber asesinado por segunda vez; todo lo contrario, a lo ocurrido tras la primera. Con el ardor que lo consumía por dentro y por fuera disminuyendo, Subaru sintió que finalmente podría descansar. Había muerto cuatro veces seguidas en menos de un par de horas, así que consideraba que esta ocasión merecía un descanso. O al menos así se sentía en ese mundo, aislado de la realidad que había dejado atrás.
En ese mundo de sombras interminables, solo estaban él y su apaciguado mar de pensamientos. No había sensación de culpa, no había traumas, no había dolor, no había nada… Estaba vacío, como su existencia misma. En ese mundo de negra soledad, su inutilidad no era un factor de importancia. No había nadie que pudiera salir afectado por su falta de talento, coraje, ingenio y poder.
Allí no tendría que pensar en las consecuencias de haber tomado otra vida, por eso se sentía tan tranquilo. Como un mar calmo justo antes de la tormenta; así se sentía. Pero sabía que solo sería cuestión de tiempo para que esa tormenta lo alcanzara, y se sentía demasiado agotado mentalmente como para lidiar con ello. Quería quedarse allí, e ignorar las consecuencias de sus acciones y falta de éstas.
Si regresaba, si abandonaba ese mundo de sombras, su mente sería asolada por la tormenta. El dolor de sus heridas físicas, mentales y espirituales lo alcanzaría, y entonces no podría seguir ignorando la sangre que empapaba sus manos y las cicatrices dejadas atrás por sus pecados. Meili había sido su primera víctima, y ahora esa chica de la raza Oni había sido la segunda.
Para estándares de su mundo, sería considerado un asesino de mujeres. ¿No es así? Simplemente había actuado en defensa propia, eso es cierto. Sin embargo, para él era difícil ignorar que estaba actuando totalmente en contra de la moral que su familia le había inculcado. Antes había renunciado a seguir los pasos de su padre, de su ejemplo a seguir, pero ahora simplemente le sería imposible aún si quisiera hacerlo. Porque, con tal de alargar su vida, había tomado la de otros.
Y eso no era todo. Durante el ciclo de muertes que comenzó con su cabeza siendo cortada por la Oni, Subaru perdió parte de su humanidad tras cada nueva muerte. Ese era un cambio que, para él, comenzó cuando rompió la promesa que había hecho al morir junto con Emilia. Pero que se hizo evidente tras sufrir la tortura a manos de la terrible Cazadora de Entrañas.
Esa pérdida de la humanidad, sin duda, también estaba muy relacionada con el fragmento alienado de su ser. Ese que durante los dos meses pasados se esforzó por ignorar, pero que frente a la necesidad de vencer a la falsa Zarestia y seguir viviendo, Subaru se vio obligado a aceptar como parte de sí mismo.
Al final, eso lo llevó a usar a decenas de personas como escudos humanos y comenzar a ver todo como un juego contra el destino, en el que las vidas de sus aliados no eran más que piezas colocadas sobre el tablero; una mentalidad que solo aumentaba el autodesprecio que sentía. Tal vez lo único positivo que podía ver a dicho cambio, era dejar de sufrir tras cada muerte; y aun así, sentía que eso no compensaba los aspectos negativos de éste.
Por eso seguir allí sería más fácil que afrontar a la persona en la que se había convertido, la persona en la que se convirtió al verse presionado por las circunstancias que le rodeaban. Había pasado por tres ciclos de muerte, y sentía que a lo largo de ellos el Subaru que llegó a ese mundo realmente había muerto.
Y aunque era cierto que en gran parte había llevado a cabo esas acciones por la influencia del fragmento alienado de su ser, eso no significaba que podía lavarse las manos de toda responsabilidad y olvidar el asunto. Ese fragmento de él, al fin y al cabo, no dejaba de ser parte de él mismo y, por consiguiente, Natsuki Subaru. Él había asesinado a Meili y la Oni que lo atacó, nadie más…
Por lo mismo, quería quedarse aislado en ese mundo e ignorar todo lo demás. Sin embargo… No podía dejar de pensar. ¿Qué ocurrió con Mimi y Halibel? Mimi había vuelto a usar mucho maná en poco tiempo, y Halibel había sido golpeado por uno ataque de viento bastante poderoso. No era justo que él se dejara envolver por la oscuridad mientras ellos seguían allá afuera, lidiando solos con cualquiera que fuera el resultado final del combate. Debía regresar, debía despertar; tenía que renunciar a esa proyección del mundo sombrío creada por su mente.
"… ¿Acaso no puedes verlo? Subaru Nii-san volvió a exponerse demasiado al peligro y terminó lleno de heridas." La oscuridad cedió poco a poco, regresando así a la realidad de la que había escapado hace solo unos minutos.
Frente a sus ojos se pintó un cuadro que pensó que no volvería a ver después de quedar atrapado en su más reciente ciclo de cuatro muertes; Mimi golpeando a su hermano con su bastón, probablemente porque él había hecho un comentario que la molestó. Por el gesto de molestia en el rostro de Tivey, era obvio que tenía las intenciones de replicar, pero se detuvo al percatarse de que Subaru estaba despertando.
Éste, parpadeando repetidas veces para intentar aclimatar su vista al cambio tan radical de iluminación, miró de un lado al otro, enfocándose en los rostros que era capaz de reconocer. Primero observó a Mimi, que inmediatamente se alejó de su hermano y se acercó a él. Una ola de alivio se apoderó de su interior, calmando parcialmente las preocupaciones que lo habían mantenido aferrado a aquel mundo de sombras que acababa de abandonar.
Ese momento de paz efímera era prueba de que sus esfuerzos habían dado fruto, o al menos eso quería creer; necesitaba hacerlo. Subaru seguía aturdido, por lo que no comprendía mejor que antes nada de lo que ocurría a su alrededor. Y, aun así, el gesto de alivio que floreció en el rostro de Mimi era prueba de que lo peor ya había pasado.
Después su mirada se trasladó al rostro de Tivey, que se encontraba exactamente en el mismo lugar en el que había estado cuando Mimi lo golpeó en la cabeza. Subaru, con sus ojos entrecerrados, intercambió miradas con él, que tenía los suyos abiertos de par en par. Por la expresión de sorpresa que poseía Tivey, parecía que acaba de ver un fantasma o algo similar; Subaru luego comprendería que lo que causó dicha reacción no fue ningún ser sobrenatural, sino su deplorable estado.
Después de un corto momento, Tivey finalmente se relajó y le sonrió suavemente, mientras meneaba su cabeza, como diciendo: "Subaru Onii-san siempre es igual". Esa era la segunda vez que el pequeño demi-humano observaba como Subaru, a pesar de poseer nulo talento en combate, salía con vida de una situación que habría sobrepasado hasta a los guerreros más entrenados.
Finalmente, Subaru movió su mirada con el objetivo de encontrar a la última persona que debía de estar con ellos. Pero tras un par de movimientos frenéticos de su pupila, se percató de que solo podía ver a los dos trillizos. ¿Dónde se encontraba Halibel? ¿Acaso había ocurrido lo mismo que antes de su última muerte? ¿Había sobrevivido la Oni y él se había visto en la necesidad de perseguirla?
Subaru comenzó a agitarse, y por lo tanto intentó forzarse a mover su lastimado y agotado cuerpo. Apretó con su mano la superficie sobre la que se encontraba e intentó impulsarse hacia arriba, pero entonces un dolor, similar a una corriente eléctrica, recorrió sus dos brazos, obligándolo a persistir. Subaru dejó caer su cabeza, vencido por el cansancio y el dolor, y fue en ese momento que se percató de que su barbilla se encontraba apoyada sobre algo suave.
"¡Onii-san! ¡No hagas eso! ¡No debes moverte! ¡¿Acaso no ves que no te encuentras en condición como para estar esforzándote?!" Mimi, molesta, lo reprendió desde el suelo. ¿El suelo…? Pensó Subaru, percatándose de que Mimi, y también su hermano, se encontraban a una altura mucho menor de lo que recordaba; casi como si se hubieran encogido, o si él hubiera crecido…
"Ella tiene razón, Subaru." Fue entonces que una voz despreocupada llegó a su oído. Y no se trataba de una voz lejana, todo lo contrario, ésta resonó justo al lado de su oreja izquierda. Moviendo dificultosamente su cabeza en dicha dirección, Subaru se encontró con el perfil del rostro del demi-humano a quien había estado buscando. "No hagas esa cara… Pareciere que hubieras visto un monstruo o algo por el estilo."
Subaru, que no esperaba encontrarse cara a cara con Halibel, cuyos amplios colmillos eran fácilmente visibles, reaccionó con un sobresalto, alejando su rostro instintivamente. Sin embargo, lo que Halibel confundió con palidez provocada por el miedo y la sorpresa, no era otra cosa que el resultado de que Subaru se hubiera movido bruscamente.
La reacción brusca de Subaru, al intentar alejarse instintivamente del hocico compuesto por decenas de colmillos puntiagudos y de la mirada afilada, provocó que un intensó dolor recorriera cada célula de su cuerpo. El dolor fue tal, que la sangre se drenó de su piel, las náuseas tomaron control de su estómago y una atronadora migraña asoló su cerebro.
Incapaz de luchar contra la ola de dolor que lo ahogó, Subaru se movió ligeramente hacia adelante y dejó salir el todo el contenido de su sistema digestivo; aquel que había logrado evitar vomitar tras regresar de su cuarta muerte. El líquido de olor amargo cayó al suelo, pringando inevitablemente parte del kimono de Halibel.
"¡Onii-san!"
"¡Subaru Onii-san!"
Ambos trillizos, alarmados, se acercaron a Halibel y él. Evitando entrar en contacto con el vómito que había caído a los pies del guerrero Shinobi, ambos miraron hacia el rostro contorsionado de Subaru. Él, como había sido desde que terminó el combate, se encontraba apoyado sobre la espalda de Halibel, con su cabeza colocada encima de su hombro derecho…
Tras el arduo combate contra la Oni que estaba suplantando la identidad de Zarestia, y después de que él se asegurara de que ella se encontraba muerte, lo que involucró el análisis y posterior… inspección del cadáver, Halibel se acercó a Mimi y Subaru. Mimi, que había optado por ir con el pelinegro recién terminado el combate, lo recibió considerablemente alterada.
Algo de lo que ni siquiera el mismo Subaru se percató durante el fulgor de la batalla fue que, mientras la impostora era consumida en vida por las llamas que representaban su ira, ésta pudo lanzar un último ataque desesperado en su dirección. Uno que, debido a su estado y al fuego que la cubría, no lo golpeó con la fuerza necesaria para matarlo.
No obstante, aunados a las heridas que ya recubrían su cuerpo, ahora tenía múltiples cortes a lo largo de éste, producto de las miles de micro ráfagas que logró convocar la Oni hostil en sus últimos instantes de vida. Así que, viendo que la salud de Subaru se deterioraban cada segundo que pasaba debido a la pérdida de sangre, Halibel lo tomó y junto a Mimi se dirigieron a la mansión de Anastasia; y estando a pocas cuadras de ésta, fue que se reunieron con Tivey…
Ahora que Subaru había abandonado el mundo de oscuridad que lo alejaba de la realidad que lo esperaba fuera de éste, él realmente fue consciente de cuando daño había recibido durante el combate contra la falsa Zarestia. Ahora que el velo de conveniente, obscura ignorancia había sido retirado, Subaru volvió a verse en la obligación de lidiar con las consecuencias de sus actos y, a su vez, las de su falta de éstos.
Reprimiendo un chillido de dolor, Subaru se esforzó por recuperar la compostura. Las preocupadas miradas de los trillizos estaban posadas sobre él, y lo mismo aplicaba con Halibel, que se había abstenido de decir algo respecto al vómito que había manchado su kimono destartalado. Eso no es lo que él deseaba. Subaru no quería miradas de pena y preocupación; ya no quería seguir viéndose como el patético ser que era incapaz de nada.
"¿E-Está m-muer-ta?" Se forzó a decir entre dientes. El dolor era abrumador, tanto que le era difícil pensar claramente. Aun así, Subaru no podía olvidar por qué había abandonado la falsa paz que le ofrecía la oscuridad de su subconsciente; tenía que asegurarse de que su plan había resultado…
Subaru, como último recurso, había pedido a Mimi que antes de salir en su dirección le llevara la mayor cantidad de botellas de licor barato, ya que no quería ser tan desvergonzado como para desperdiciar el licor de calidad de Anastasia, y uno de los encendedores que había creado. Mimi había parecido renuente, debido a la urgencia de la situación; aun así, había logrado convencerla de que eso podría determinar el resultado del combate. Probablemente por ello Mimi había tardado un poco más que la ocasión anterior en llegar a la zona de batalla.
Considerando que el licor servía para paralizar, por alguna razón que desconocía, a su enemiga, Subaru había pensado que podría mojarla con bastante de éste, por lo que la botella de sake de Halibel no bastaría, y entonces prenderle fuego; justo lo que había conseguido. Pero el plan dependía de que Halibel antes la debilitara lo suficiente, y que ella perdiera el escudo de aire que utilizaba cuando se sentía en peligro; condiciones que no serían sencillas de cumplir mientras se aseguraba de no morir en el proceso.
Al final había tenido éxito, pero a costa de su salud; un precio que cada vez parecía más bajo para Subaru, aun teniendo en cuenta el terrible dolor que lo estaba abrumando. Al fin y al cabo, ese dolor estaba siendo causado por su incapacidad de evitar recibir daño, por lo que tendría que aprender de la experiencia, no lo quedaba de otra; sobre todo si quería conseguir su ansiada venganza. Ignorando ese último pensamiento que se había deslizado, Subaru miró a Halibel directamente a los ojos, presionándolo con la mirada a que le respondiera.
"Ahhhhh… Murió. El fuego consumió todo de ella. No quedo nada… Bueno, es verdad que algo sí quedó. Pero te lo explicaré después de que hayas sido tratado. Por ahora asegúrate de no moverte más; no quiero terminar bañado de vómito." Suspirando, Halibel finalmente respondió a la pregunta de Subaru.
Tras ello, los cuatro siguieron su camino hacia la mansión; Subaru a espaldas del guerrero más poderoso de Kararagi. Subaru realmente deseaba preguntar más, necesitaba comprender todo lo que había acontecido tras su desvanecimiento; sobre todo quería saber sobre ese comentario misterioso que había hecho Halibel. Sin embargo, el cansancio no se lo permitiría. Ahora que sabía que todos estaban bien, le fue imposible seguir forzando su mente a mantenerse activa.
Dos horas desde la Última Muerte (Nueve Muertes)
"… Ya está fuera de peligro. Curé todas las heridas que se encontraban en la parte delantera, retiré la mayoría de las astillas y cerré casi todos los cortes. Sin embargo, sería recomendable repetir el tratamiento para deshacerse de las pequeñas astillas restantes y curar por completo el resto de las heridas. Podría hacerlo ya mismo, pero lo más recomendable sería que me detenga por hoy, pues no creo que él sea capaz de seguir soportando el dolo-"
"Si… Sigue… E-Este dolor no es na-da… N-No quie-ro seguir s-siendo una molestia, así que t-termina de una vez con el t-tratamiento." Con una expresión de completa agonía en su rostro empapado por sudor y residuos de sangre, Subaru tomó la mano del doctor y le pidió, no, le ordenó que terminara con el tratamiento en una sola sentada.
Subaru estaba acostumbrado al dolor, de eso no había duda. Después de la tortura que sufrió en Priestella, cualquier cosa que sufriera, bien podría considerarse una caricia. O al menos eso es lo que él deseaba que sucediera. Sin embargo, aunque realmente sí había adquirido cierto grado de tolerancia al dolor, eso no significaba que podía simplemente ignorarlo.
Y el dolor que había llegado a sentir durante el tratamiento por el que acaba de pasar, había sido suficiente como para despertarlo por completo, regresándolo a la realidad de golpe; aun cuando se encontraba totalmente exhausto. Era una clase de dolor que lo hacía sentir la necesidad de arrancarse la piel. Esto, debido a que, aunque era sencillo curar heridas en ese mundo, debido al uso de magia, lo mismo no aplicaba para operaciones de ese estilo.
El curandero personal de la Compañía Hoshin empezó sanando la mayoría de las heridas profundas que recibió antes de desmayarse, provocadas por el último ataque de la Oni. Dichas heridas habían sido fáciles de curar, porque no había casi astillas de por medio. Sin embargo, el curandero no podía simplemente usar magia de curación en la parte trasera de su cuerpo y darlo de alta tras ello.
Con esa parte de su cuerpo cubierta de cortes y de miles de astillas de madera, no había de otra que lidiar antes con las astillas, para entonces aplicar magia curativa; o de lo contrario la piel sanaría sobre éstas, haciendo casi imposible una posterior extracción. Por lo que antes de poder curarlo, tenía que sacar las astillas, y este proceso era el que se asemejaba a una tortura medieval.
Con una especie de esponja metálica, el medico había raspado las zonas afectadas para así remover las astillas que se encontraban más profundamente clavadas. Como si de un queso se tratara, el medico raspó y rayó su cuello y espalda. No sin antes haber limpiado sus heridas y vendado tanto sus pies como sus brazos; algo que llevó a cabo antes de que Subaru despertara, por recomendación de Mimi.
Ahora que finalmente había terminado de tratar las zonas de más urgencia, aquellas con las heridas que poseían mayor posibilidad de amenazar su vida, el curandero había decidido que lo mejor era dejar tanto brazos como pies, que gracias al vendaje ya no estaban sangrando, para el día siguiente. Algo con lo que Subaru no estaba de acuerdo.
Las heridas en sus extremidades todavía no habían sido tratadas, lo que le dificultaría muchísimo el moverse. Tendría que quedarse postrado sobre una cama, incapaz de hacer nada por sí mismo, incapaz de realizar bocetos, dependiendo de la bondad de Anastasia y sus empleados. Subaru estaba harto de eso.
Él le dio la espalda a Emilia, a Felt y al Viejo Rom, debido a su incapacidad de hacer algo para salvar sus vidas. Su debilidad le impidió advertirle inmediatamente, tras su regreso por muerte, a Anastasia sobre el ataque de las dos asesinas. Su carencia de ingenio y coraje lo llevaron a darle la espalda a todas aquellas inocentes víctimas del asedio de las mabestias al hotel; victimas cuyos nombres ni siquiera se había dado a la tarea de recordar…
Además, su espíritu frágil había quedado resquebrajado después de tomar la vida de Meili, la niña asesina cuya mabestia lo había asesinado en una ocasión. Y aunque se trataba de su más oscuro pecado, esa era una de las pocas acciones útiles que realizó durante el ciclo de muertes en Priestella, y había resultado en más traumas que añadir a la lista. Con su mente y espíritu disminuidos a un cúmulo de pedazos, Subaru una vez más se había devaluado.
El inútil e incapaz Subaru seguía desvalorizándose, a pesar de poseer una habilidad que le permitía rehacer la realidad misma a su gusto. Tenía el poder de moldear el destino de los que lo rodeaban, pero él con dificultad lo usaba para mantenerse a sí mismo con vida. Y, aun así, el miedo a la muerte seguía enraizado en lo profundo de su corazón. Después de nueve muertes, estaba seguro de afirmar que su miedo a la muerte solo había incrementado.
Su utilidad estaba en decrecimiento, sin importar cuanto se esforzara por obtener el resultado contrario. Por eso Subaru se sentía frustrado, extremadamente frustrado. Después de los traumáticos dos meses que habían transcurrido tras su ajustada victoria en Priestella, Subaru se encontraba más desesperado que nunca por cambiar su situación.
Exactamente por ello mismo fue que él se dirigió a la sede de la Compañía Hoshin sin su usual escolta; lo que, aparentemente, había impulsado a la Oni a tomar la oportunidad para atacarlo. Irónicamente, su esfuerzo por dejar de lado sus traumas lo había llevado a otro ciclo de muertes, uno que comenzó exactamente igual que el anterior.
La Zarestia impostora apareció ante él, igual que como Elsa, y él pereció sin poder hacer nada al respecto. Después, todo se fue en picada. Lastimó a Mimi con su patética muerte. Como el fracasado pecador que era, murió cubierto por las vísceras y la sangre de las decenas de personas que usó como escudo de carne y de la única persona que estuvo allí para darle una mano. Y, como cereza sobre el pastel, finalmente murió a las puertas de la mansión, dejando atrás un bucle en el que fue incapaz de hacer nada más que ser una carga.
Subaru no podía sacar de su mente la posibilidad de que su habilidad pudiera ser un salto entre dimensiones y no la capacidad de rebobinar el tiempo. Si se trataba de la primera, entonces había dejado atrás cuatro mundos marcados por sus pecados y fracasos; ese sería el resultado definitivo de su incapacidad. Para Subaru, que anhelaba superar sus debilidades, todo eso resultaba inaceptable…
"Pero Subaru-sama, ¿está seguro de que quiere seguir? Este tratamiento es considerablemente agresivo, y estoy seguro de que es igualmente doloroso. Esperar un día sería lo…"
"¡H-Hágalo!" Subaru necesitaba exigirse más, necesitaba seguir moviéndose hacia adelante. Esperar un día no era una opción, menos considerando que tenía un enorme blanco en su espalda. Seguir siendo una carga no era una opción, simplemente ya no quería aceptar su debilidad sin hacer nada al respecto. ¿Era una forma estúpida y testaruda de hacerlo? Sí, y él lo sabía; pero no por eso se detendría.
"Eres más molesto cuando te comportas así de testarudo, Subaru Onii-san." Murmuró Tivey, que se encontraba sentado no muy lejos de su camilla.
Los dos hermanos estaban compartiendo silla, cerca de la camilla sobre la que lo estaban tratando, mientras Halibel, que tenía un par de vendas enrolladas sobre su brazo, observaba en silencio alejado de ellos. El Shinobi también había sido tratado. Subaru no lo había notado antes debido a su aturdimiento, pero Halibel no había salido del todo indemne tras recibir el ataque de la Oni, con el que ella lo alejó para así poder escapar.
Así que después de que el curandero estabilizó al inconsciente Subaru, éste procedió a tratar las múltiples heridas que Halibel recibió cuando la Oni logró golpearlo con uno de sus poderosos ataques de viento. Aun así, él había logrado atenuar mucho el daño recibido gracias a su habilidad en combate y agilidad bestial, así que realmente nunca se había encontrado en peligro.
Considerando que Halibel permanecía con el kiseru dorado en su hocico, existía la posibilidad de que el curandero fuera el responsable de haberlo alejado de la camilla donde estaba tratando a Subaru. Por el gesto de pereza en el rostro del guerrero, y el gesto de molestia en el de ambos trillizos, estaba claro que su actitud terca estaba siendo mal recibida. Era de esperarse, pero él no iba a ceder; ellos no lo entenderían, al final y al cabo.
"Onii-san, deberías dejar de exigirte tanto…" Añadió Mimi, con expresión de derrota. Estaba claro que ella, que había llegado a conocerlo mejor que nadie en la mansión, tal vez solo por detrás de Anastasia, sabía que Subaru no se rendiría por mucho que le insistieran.
"Si en verdad es lo que quiere, Subaru-sama, supongo que no me queda de otra. Después de todo, es su decisión, no la mía; yo solo hago mi trabajo." Con un gesto similar al de Mimi, el curandero aceptó su "petición". Una vez Subaru soltó su brazo, el hombre procedió en silencio. Tomó un extremo de la venda de uno de sus brazos y se dispuso a descubrirlo. No obstante, fue detenido por la voz de Subaru.
"Los brazos no." Dijo Subaru, mirándolo seriamente. Ni Mimi, ni Tivey parecían sorprendidos por sus palabras. Aun así, lo que entonces salió de su boca sí lo hizo. "Simplemente aplica magia curativa, deja las astillas allí."
"P-Pero si hago eso, es posible que pase el resto de su vida con incomodidad y molestias en sus brazos, Subaru-sama. Usted trabaja dibujando diseños, ¿no es así? Dejar las astillas podría impedirle mover los brazos y manos como solía hacerlo. Además, sentiría dolor cada vez que algo presionara con fuerza su piel…"
"No me importa, aprenderé a lidiar con ello. Déjalas ahí y aplica magia curativa encima, esa será la marca de este nuevo pecado."
"¡¿Nuevo pecado?! ¿De qué hablas, Onii-san?" Exclamó Mimi, levantándose de la silla y acercándose a él. "¡No cometiste ningún pecado! ¡Simplemente hiciste lo que tenías que hacer!"
"Maté a la niña asesina… Meili…" Respondió él, mirándola a los ojos. "… Y por eso ahora tengo estas cicatrices. Es natural que quede alguna marca que no me permita olvidar que sigo con vida solo porque tomé la de alguien más." Con esas palabras, Subaru ignoró la expresión de dolor que se dibujó en el rostro de Mimi y miró de nuevo al curandero. "Haga lo que tenga que hacer con mis piernas, pero limítese a usar magia curativa en mis brazos."
"La señorita Hoshin estará disgustada conmigo…" Respondió el curandero con una voz apenas audible.
"Yo hablaré con ella si hace falta. Al fin y al cabo, no pienso dejar que unas malditas astillas me impidan seguir con mi trabajo." Y con ello, la discusión se dio por finalizada…
Subaru no había decidido dejar las astillas en sus brazos solo por la razón que les había dado a los presentes. En verdad tampoco quería que las cicatrices que escondían las vendas salieran a la luz, no quería verlas. Durante los dos largos meses transcurridos, Subaru se había esforzado por ignorar la existencia de las cicatrices, lo que lo había ha llevado a sufrir ataques de pánico por el simple hecho de posar la mirada sobre ellas.
Pero ya no podía seguir haciéndolo, no podía seguir negando su existencia, la existencia del pecado que representaban. Desde el momento que decidió dejar atrás la falsa seguridad de la oscuridad de su subconsciente, Subaru supo que tendría que lidiar con todo lo que había dejado atrás, en el mundo real. Y eso incluía, además del dolor, el agotamiento y su creciente pérdida de humanidad, el nuevo pecado que había cometido.
Una vez más el deseo de venganza y el odio lo habían llevado a tomar una vida, a cambio de mantener la suya y la de aquellos que lo rodeaban. Sin embargo, a diferencia de la primera vez que esto ocurrió, ésta vez él no se resistió. Permitió que el odio y la ira fueran el combustible que lo mantuvieron andando, y dejó que ese fragmento de sí mismo lo influyera sin oponer resistencia alguna.
Por lo que no podía tener el descaro de seguir alejando la mirada de sus acciones. Y eso implicaba reconocer y aceptar la existencia de las cicatrices. No quería verlas, pero tampoco quería que desparecieran. Y la esponja de metal que se desharía de las astillas podría también lograr hacer exactamente esto. Esa esponja se llevaría la marca dejada atrás por sus pecados, y él no podía permitirlo.
Las cicatrices causadas por uñas, tanto suyas como de Meili, representaban su debilidad mental. El dolor de las astillas representaría entonces su debilidad física. Aprender a lidiar con ese dolor, aprender a vivir con ello, sería parte del proceso de lidiar con sus debilidades. Esas cicatrices serían un recordatoria para su débil ser, una señal permanente de la necesidad eterna de dar el siguiente paso hacia sus objetivos.
"En verdad eres alguien interesante, Subaru…" Fue lo último que se escuchó antes de que el curandero reanudara su tratamiento tortuoso.
