Este Fic es una adaptación de la novela "El Ángel caído" de Nalini Singh la cual les comparto sin fines de lucro, sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capítulo 14

Renji detuvo la motocicleta en el interior del cuartel general del Gremio. Se

quitó el casco y lo colgó en la parte derecha del manillar.

—Llevas una vida de lo más interesante, Rukia.

Él estiró el brazo hacia atrás y le dio unas palmaditas en el muslo.

—¿Voy a tener suerte esta noche?

—Ya te gustaría. —Con una sonrisa, le apartó la mano de un golpe y se bajó

de la moto.

El increíble rostro de su amigo mostraba una sonrisa de oreja a oreja.

—Merecía la pena intentarlo.

—La noche que me acueste contigo, te aseguro que llorarás como un bebé.

Renji abrió los ojos de par en par mientras bajaba la cremallera de su

chaqueta de cuero.

—Sé que te van los cuchillos... pero ¿también en la cama? ¿No es llevar las

cosas un poco lejos?

Rukia se inclinó hacia delante y le puso las manos sobre los hombros.

—En el mismo instante en que nos acostáramos, dejaríamos de ser amigos. Y

llorarías, cariñín. —Era un alivio hacer algo tan normal como bromear con

Renji.

Él le rodeó la cintura con un brazo.

—No sabes lo que te pierdes.—Sobreviviré. —Sabía muy bien que en realidad él

no deseaba fastidiar su amistad. Y en el momento en el que el sexo se metiera por medio,

eso sería justo lo que ocurriría. A Renji no se le daba muy bien la intimidad. Puede que no se

hubiera acostado con él, pero lo conocía muchísimo mejor que su novia—. Y da

gracias que no vaya a decirle a Matsumoto que me estás tirando los tejos.

Una sombra atravesó el rostro de su compañero.

—Me ha dejado.

—Mira, eso sí que es una novedad. Por lo general eres tú quien corta y sale

pitando.

—Dijo que yo tenía problemas con los compromisos. —Estrechó la cintura

de Rukia para resaltar sus palabras—. ¿De dónde coño ha sacado algo así?

—Oye, Renji... —Le dio unas palmaditas en la mejilla—... tu relación más

larga, sin tener en cuenta la que mantienes conmigo o con Miyako, ha sido la de

Matsumoto, y ¿cuánto ha durado? ¿Ocho semanas?

Renji frunció el ceño.

—¿Quién cojones necesita los compromisos? Lo pasamos bien. Da igual,

encontraré a alguien con quien darme un revolcón. Las tías se me tiran al cuello

en cuanto entro en un bar.

A pesar de sus propios problemas (un trabajo que significaba una muerte

segura, un vampiro calenturiento y un arcángel superpoderoso), Rukia notó que

su atención se centraba en otras cosas.

—Vaya, el infierno se ha congelado sin que me dé cuenta... Esa chica te

importa.

Él dejó caer el brazo.

—Le permití dejar cosas en mi casa. Mierdas de chicas.

Algo que, según asumía Rukia, era para él como una especie de certificado

de matrimonio.

—¿Y?

—¿Cómo que « ¿Y?» ?

Al ver que aquella línea de interrogatorio no la llevaría a ningún sitio, cambió

de táctica.

—¿Ese es tu plan? ¿Salir por ahí y encontrar un polvo fácil?

—¿Qué pasa, ahora eres la encarnación de la moralidad?

Sus músculos protestaron cuando se encogió de hombros, amenazando con

recordarle por qué tenía agujetas.

—Oye, a mí me da igual que Matsumoto y tú hayáis decidido buscar nuevos

compañeros de cama.

La piel de Renji se puso blanca como la leche.

—Si deja que algún cabrón le ponga la mano encima, ese tío cantará como

una soprano durante el resto de su miserable vida.

—Pues quizá debas dejar que Matsumoto lo sepa. —Rukia decidió que aquello era

lo más parecido a un consejo que podía permitirse en esos momentos. Había

llegado la hora de volver a retomar su pesadilla vital—. Ahora aparta ese culito

tan mono de ahí. Tenemos que hablar con Miyako.

—Viene de camino —dijo él mientras se acomodaba en la moto con una

elegancia que habría hecho babear a muchas mujeres—. Cuando has llamado

para solicitar ayuda, me ha dicho que moviera el culo y me asegurara de

mantenerte oculta hasta que ella supiera lo que ocurre.

Rukia recordó que Miyako había insinuado que había espías en el Gremio. Espías

de Ichigo. Apretó las manos hasta convertirlas en puños.

—Odio a los hombres.

Renji se apoyó en el respaldo con una expresión imperturbable.

—¿Qué ha pasado?

Rukia sabía que si se lo contaba, querría acompañarla a cazar al arcángel. Lo

consideraba un « amigo ocasional» porque a veces no dejaban de pelearse, pero

a la hora de la verdad, Renji siempre estaba a su lado. No obstante, aquella era

una guerra privada.

—Asuntos personales —respondió justo cuando las puertas del ascensor se

abrieron y apareció Miyako.

Su amiga salió a paso rápido.

—Hueles como si hubieras estado corriendo una maratón —le dijo a Rukia a

modo de saludo—. Y tú... —Echó una mirada a Renji—... pareces un desecho

de un espectáculo de motos.

—¡Oye! —Renji parecía ofendido—. Quiero que sepas que soy un motero

diplomado.

Miyako pasó por alto su comentario y clavó una mirada penetrante en Rukia.

—Rukia, cielo, haz el favor de explicarme por qué la oficina se ha visto

desbordada por llamadas sobre (y cito literalmente) —Dobló los dedos en el aire

para reproducir unas comillas—: « Un vampiro furioso suelto, una maníaca

lanzadora de cuchillos y...» (ay, esta es mi parte favorita) ¡« Una asesina con una

pistola» !

—Puedo explicártelo.

Miyako cruzó los brazos y empezó a dar golpecitos en el suelo con la punta del

zapato.

—¿Explicarme por qué no solo mostraste en público un cuchillo sino también

una pistola? Espero que en realidad no hay as utilizado ninguno de ellos sin

autorización, porque si la SPV se entera de esto, estamos jodidos.

Rukia se frotó la nuca.—Era una emergencia. El tipo intentaba convertirme en su compañera de

cama. Lo rechacé. Y empezó a perseguirme.

Renji ahogó un acceso de tos que se parecía muchísimo a una risotada.

—¿Por qué no le dijiste que no? Es algo que siempre ha funcionado bastante

bien.

Ella lo miró con furia antes de volver a poner los ojos en Miyako.

—Sabes que de no ser por algo así, jamás habría sacado la pistola.

Miyako levantó una mano.

—¿Cómo « rechazaste» su oferta exactamente?

—Le rebané la garganta.

El silencio del garaje solo se vio interrumpido por el goteo del agua en algún

lugar del fondo. Miyako se limitó a mirarla. Y lo mismo hizo Renji. Aunque

luego, el imbécil empezó a reírse como un histérico. Rió con tanta fuerza que se

cayó de la moto y aterrizó sobre el suelo de cemento del garaje. Y ni siquiera

aquello lo detuvo.

Rukia le habría dado una patada, pero lo más probable era que él

aprovechara aquella oportunidad para derribarla y retenerla junto a él.

—Cierra la boca si no quieres que te haga lo mismo a ti.

Renji intentó dejar de reírse. Sin éxito.

—Maldita sea, Rukia... ¡Eres increíble!

—Lo que eres —murmuró Miyako— es un imán para los problemas.

—Yo... —empezó a decir Rukia para tratar de defenderse.

Miyako alzó la mano de nuevo y luego empezó a contar con los dedos.

—Por tu culpa, tengo mensajes en el teléfono del gobernador y del puñetero

presidente de los Estados Unidos de América. —Bajó el primer dedo—. Por tu

culpa la mitad de Nueva York cree que hay un vampiro salvaje suelto. —Otro

dedo—. Por tu culpa... ¡tengo tres canas más!

Rukia sonrió al oír aquello último.

—Yo también te quiero.

Miyako sacudió la cabeza y salvó la distancia que las separaba para darle un

abrazo de oso. Después de tantos años de amistad, tenían la cuestión de la estatura

resuelta. Rukia se inclinaba, Miyako se ponía de puntillas y asunto solucionado.

Cuando se apartaron, se miraron a los ojos.

—¿Estás metida en un lío, Rukia?

Rukia se mordió los labios y echó un vistazo al rostro serio de Renji antes

de volver a mirar a su amiga.

—Algo así. Ichig hemos tenido un pequeño... desacuerdo. —No estaba

segura de por qué no se había puesto a sus pies. Tal vez fuera porque la aterraba

lo que podía hacerles a sus amigos... porque, cazadores o no, no eran rival para

un arcángel. O quizá fuera por un motivo aún más peligroso—. Y, por lo visto,

Grimmjow piensa que eso me convierte en una presa fácil.—¿El vampiro?

—intentó aclarar Miyako—. ¿El jefe de seguridad de Ichigo?

—Sí. —Se pasó una mano por el pelo—. No vais a creéroslo, chicos: cuando

le abrí la garganta, el tío se puso cachondo. Cree que soy lo más sexy después de

un helado de sangre.

—No existen los helados de sangre. —Por supuesto, el comentario había sido

de Renji.

—¡Pues a eso voy ! —exclamó Rukia al tiempo que alzaba las manos—. ¡Yo

no sé nada sobre las mierdas raras de los vampiros!

—Vale, esto no es tan malo como pensaba —murmuró Miyako—. ¿Crees que él

presentará una queja a la SPV?

Rukia recordó el beso que le había lanzado.

—No. Se lo está pasando demasiado bien.

—Eso es bueno para el Gremio, pero no tanto para ti. —Miyako empezó a dar

golpecitos con la punta del pie una vez más—. Está bien, te encerrarás en los

Sótanos hasta que puedas ponerte en contacto con Ichigo y consigas que meta en

cintura a Grimmjow. Entretanto, Renji se encargará del enamorado...

—No —la interrumpió Rukia.

Renji se puso en pie y se sacudió la parte trasera de los pantalones.

—¿Crees que no puedo con él? —Había un tono duro en su voz.

—No seas tan machito —replicó ella—. Tiene esa cosa de la esencia a su

favor. —Y Renji era un cazador nato. No tan fuerte como Rukia, pero lo

suficiente como para ser vulnerable.

Otro silencio. Miyako paseó la vista entre Rukia y Renji.

—Vale, nuevo plan: haré que Nemu se encargue del Señor Vampiro si él

vuelve a aparecer.

Nemu era humana. También podía levantar un coche tumbada en un banco de

abdominales y era uno de los pocos individuos inmunes a todos los poderes

vampíricos.

—Joder... —Renji se dio la vuelta y les dio la espalda mientras soltaba una

retahíla de juramentos que habrían desprendido la pintura de las paredes... si

hubieran estado pintadas, claro—. Ya que por lo visto aquí no sirvo de nada, me

voy a emborrachar.

Rukia colocó una mano sobre los músculos rígidos de su hombro.

—Claro que sirves para algo, pero eres un guaperas que está como un tren, y

no tengo claro si Grimmjow juega a dos bandas o no. No me castigues por querer

proteger a un amigo. Tú harías lo mismo si estuvieras en mi lugar.

—No eres tú a quien tendieron una emboscada aromática y despertó desnudo

y con mordiscos por todo el puto cuerpo.

Lo cierto era que Rukia no había esperado que sacara a relucir aquel

incidente. Jamás lo había hecho con anterioridad. Quizá la tal Matsumoto fuera

incluso mejor para él de lo que había pensado en un principio.—Eso es verdad —murmuró

—. Sí, será mejor que no vayas a ver a Matsumoto estando de tan mal humor.

Podrías hacerle daño. Ve a emborracharte. —Renji

soltó el aire de los pulmones con un siseo—. Además, lo más probable es que ella

hay a salido. —Rukia le dijo a Miyako « Cállate» con los labios cuando su amiga

hizo ademán de intervenir—. Como está cabreada contigo, lo más seguro es que

se hay a tomado unos días libres en el trabajo de... ¿En qué me dijiste que

trabajaba?

—Es bibliotecaria.

¿Renji salía con una bibliotecaria?

—Apuesto a que ha aprovechado la oportunidad para ponerse algo sexy...

Renji se movió tan deprisa que Rukia apenas tuvo tiempo de esquivarlo

cuando salió a toda velocidad del garaje. Dio unas palmadas para sacudirse las

manos.

—Mi trabajo aquí ha terminado. —Y aquello era algo bueno, y a que no sabía

hasta dónde habría podido llegar con lo de la bibliotecaria sexy.

—¿Va en serio con ella? —Miyako parecía atónita—. Quiero decir... ¿la quiere

para algo más que una relación sexual?

—Sí. —Rukia enganchó los pulgares en las trabillas de los pantalones

vaqueros y empezó a mecerse sobre los talones—. No me gustan los Sótanos.

—Qué pena... —En aquellos momentos, Miyako se había convertido de nuevo en

la directora del Gremio—. No pienso perder a mi mejor cazadora (y no le

cuentes a Renji que he dicho eso) a manos de un vampiro cachondo. Métete

en el ascensor.

Rukia entró con Miyako y luego abrió el panel que ocultaba un teclado auxiliar.

Tras introducir el código del escondite secreto existente en todos los edificios del

Gremio, volvió a colocar el panel en su lugar.

—¿Es cierto que en Los Ángeles tienen escondrijos en el hueco del ascensor?

Miyako asintió con la cabeza.

—Son cubículos pequeños... Están conectados entre sí, pero son bastante

estrechos. Lo nuestro es mejor.

Las puertas se abrieron para revelar una red subterránea tan antigua que

databa del primer Gremio norteamericano... y esa era en parte la razón por la

que Nueva York servía de asiento permanente para el director del Gremio y, en

consecuencia, como cuartel general para todo el Gremio en Estados Unidos.

—Tal vez lo nuestro sea mejor —dijo Rukia mientras salía—, pero apuesto lo

que quieras a que ellos no tienen que vérselas con bichos carnívoros con

predilección por la carne humana. —Los pilares de sostén del edificio que tenía

delante eran inmensos, pero, hasta donde se veía, por debajo solo había una capa

de polvo. Incluso en el caso de que alguien no autorizado consiguiera llegar hasta

allí abajo, lo más probable era que se rindiera antes de descubrir la verdad.

—Los cazadores de vampiros duros de verdad se comen a los bichos para desayunar.

—Las palabras de Miyako eran frívolas, pero su expresión era seria—.

¿Estás bien? Tengo que volver arriba y poner en marcha las medidas necesarias

para minimizar los daños.

Rukia asintió y metió la mano entre las puertas del ascensor para evitar que

se cerrasen.

—¿Has dicho que tenías un mensaje del presidente? —Era un intento de

aplacar la gélida neblina de miedo que había enturbiado su mente sin previo

aviso, como si una parte primitiva de ella reaccionara ante algo que todavía no

comprendía. Miyako asintió.

—Ha visto las noticias... Quería saber si debía preocuparse por una oleada de

vampiros sedientos de sangre.

—Un tipo nervioso.

Miyako respondió con un resoplido.

—¿Eres consciente de cuántos vampiros te están buscando? Quédate aquí

abajo y arregla las cosas con Ichigo (no me puedo creer que y o hay a dicho eso)

tan pronto como sea posible.

Cuando las puertas se cerraron, Rukia se quedó sumida en una oscuridad total.

Ni siquiera estaba segura de si quería volver a hablar con Ichigo. Había pensado

que... Lo cierto era que ni siquiera sabía lo que había pensado.

De manera instintiva su mano se cerró de repente cuando recordó la forma

en que Ichigo la había obligado a cortarse. Y apenas veinticuatro horas después

de eso, había empezado a desearlo físicamente. Frunció los labios. Tal vez aquel

cabrón hubiera estado jugueteando con su mente desde el principio y la hubiera

dejado creer que era libre cuando en realidad bailaba al son que él marcaba.

—Lo que lo convierte a él en un arcángel y a mí en una idiota —dijo en voz

alta mientras caminaba diez pasos a la izquierda.

Después se agachó a tientas hasta la base de la columna que había allí. Unos

minutos más tarde había conseguido desenterrar (literalmente) el cajón oculto de

linternas impermeables. Tras asegurarse de que la que había cogido funcionaba,

pasó unos minutos más volviendo a enterrar el cajón para el siguiente cazador, y

luego comenzó a avanzar sobre el cemento, el metal y la jungla terrestre.

Tardó diez minutos en llegar a la entrada de los Sótanos. Venía a ser la idea

que tiene un yonqui de una puerta: desvencijada, llena de grafitis y de agujeros.

Pero ella sabía que aquella puerta estaba respaldada por veinte centímetros de

acero macizo. Iluminó con la linterna lo que parecía un teclado viejo y

estropeado, y luego introdujo el código.

« Bienvenida, Rukia.»

El mensaje parpadeó en la diminuta pantalla un segundo antes de que un

escáner de retina se deslizara hacia fuera desde la parte superior. Rukia colocó el

ojo delante y dos minutos más tarde y a estaba dentro. Pero eso solo significaba que

había logrado superar el primer obstáculo. Aquel refugio estaba diseñado

para resistir incluso en el caso de que un cazador se viera obligado a llevar a un

enemigo al interior.

Se quedó de pie en el cubículo de acero y esperó a que Kira le diera acceso

a la segunda puerta. Fue escaneada por varios rayos láser en el momento en que

atravesó el umbral. Todas sus armas fueron detectadas, y también la ausencia de

cualquier tipo de arma química o biológica.

—Barev, Rukia.

Las palabras salieron de los altavoces ocultos.

—Barev, Kira. ¿Qué tiempo hace en Armenia estos días? —Al encargado de

los Sótanos le gustaban los idiomas. Con el tiempo, se había convertido en un

juego de acertijos descubrir el origen de los saludos que utilizaba.

—Algo nuboso, con un tres por ciento de posibilidades de lluvia.

Rukia avanzó por el pasillo principal con una sonrisa.

—Bueno, ¿qué maléficos planes tienes hoy para mí, oh, Gran Conocedor de

Todas las Cosas?

Kira se echó a reír, a salvo en la pequeña sala a prueba de inundaciones, de

terremotos (y probablemente a prueba del fin del mundo) que se encontraba en

la parte central de los Sótanos.

—Jugaremos al Scrabble.

—Ahora que lo mencionas, todavía me debes trescientos pavos.

—Pero solo porque hiciste trampas. —Había un leve matiz mezquino en su

voz, pero así era Kira. Vivía allí abajo veinticuatro horas al día los siete días de la

semana.

« Allí arriba no soy nada, solo una carga. Aquí abajo soy el rey.»

Eso no podía discutírselo. Kira lo controlaba todo en los Sótanos.

—Dame unos minutos para ducharme. —Ichigo no era un vampiro, pero su

intensa esencia masculina estaba grabada a fuego en su cerebro, en su cuerpo, en

todos los poros de su piel. ¡Y quería que desapareciera!

—¿Cómo la perdiste? —Ichigo miró impasible a Grimmjow.

—Me abrió el cuello.

El arcángel se fijó en la camisa limpia del jefe de seguridad y en su cabello

húmedo.

—Debió de ocurrir poco después de que se marchara, y a que parece que te

ha dado tiempo a asearte.

—Sí. No quiso que la acompañara a casa.

—¿Provocaste el ataque? —preguntó en tono calmo. La respuesta no le

importaba en lo más mínimo, salvo como una prueba de la lealtad de Grimmjow.

—Quería saborearla.

Ichigo atacó sin previo aviso y mandó a Grimmjow al suelo con la mandíbula

rota.

—Te dije que estaba fuera de tu alcance. ¿Acaso desafías mi autoridad?

El vampiro se puso en pie y aguardó a que su mandíbula sanara lo bastante

para poder hablar.

—Os peleasteis.

—Sí, pero no rescindí la orden.

Grimmjow inclinó la cabeza.

—Mis disculpas, señor. No me di cuenta de que su sangre te pertenecía. —Sus

ojos estaban cargados de decepción, pero no había ni una pizca de rebeldía en

ellos—. Me sorprende que solo me hayas roto la mandíbula.

Con la asombrosa claridad que proporcionaba el estado Silente absoluto,

Ichigo supo con certeza que Grimmjow era sincero.

—Te necesito en buenas condiciones. Tenemos trabajo que hacer.

—Puedo rastrearla.

Ese era un secreto que ningún mortal conocía. Los vampiros como Grimmjow,

aquellos que habían adquirido la habilidad de hechizar a los cazadores con su

seductivo aroma, también podían intercambiar el papel con sus enemigos en

ocasiones.

—Eso no será necesario. —Aquella era su búsqueda... Sabía adónde había ido

Rukia. Y si se equivocaba, sabía a quién debía preguntar. Le responderían.

—¿Qué quieres que haga? —inquirió Grimmjow, con una voz y a casi normal.

Era lo bastante viejo para que la mayoría de las heridas (sobre todo aquellas que no

implicaban una gran pérdida de sangre) sanaran con relativa rapidez.

—Consígueme la dirección de la directora del Gremio, y también la de

Renji Abarai