"La orden del Jefe"
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Ve el autobús marcharse en la avenida poco transitada, perdiendo de vista la cabellera rubia de su pareja.
El calor de haber besado esos labios rosados, abrumaban al ser inmortal, que en su rostro se pintaba una tenue sombra de intriga que tallaba la superficie de sus pecas obscuras.
Exhala. Su pecho se desentumece de la tensión que apretujaba sus músculos durante el tiempo pasado en la compañía del mortal.
Cabe decir que no imaginó que previo a su ausencia pasaría lo peor. Es decir, su castigo. Pero no sucedió así. Fue todo lo contrario a lo que Shoto y él mismo pensaron erróneamente.
Primero llegó a trabajar, sin ser interrogado por el Jefe, o por sus compañeros mortíferos. Nadie le dirigió la palabra.
Izuku había tenido unos tres días pesadísimos, que lo dejaron agotado. Tuvo la tarea de encargarse de dirigir a cien personas que fueron víctimas de un accidente de tránsito en la ciudad de Osaka al otro lado.
Una tarea minuciosa y precisa para un Dios de la Muerte, donde examinar la vida entera de una persona es la parte importante del proceso que debe seguir, seguido de juzgar si los actos de la persona fueron lo suficientemente buenos para que fueran perdonados. O no.
Izuku se cansaba cuando realizaba un trabajo tan demandante como aquel, pero es el castigo que debe cumplir a cambio de su inmortalidad, que no pidió en primer lugar.
Sin embargo, para el tercer día salió de la Cueva (que es el nombre que los Dioses de la Muerte atribuyen al sótano donde realizan la inspección de las almas que deben juzgar) fue llamado por el Jefe, quien solicitaba su presencia en la oficina lo más pronto posible.
Más allá de ponerse a temblar del miedo por ser solicitado por su Jefe en mando, su rostro se mantuvo imposible. Tan serio que no pareciera que fuera él realmente.
Una vez entrado en la oficina, seguido por su misma sombra. Se mordió el labio, espeluznado por lo que saldría de la boca del Jefe.
Entró firme, situándose en dos pies, la espalda erguida, las manos pegadas a los costados, los labios apretados, los ojos abiertos y avispados, las orejas alzadas. Todo en perfecta sintonía para recibir el veredicto del Jefe.
—Por fin vienes a mi despacho, Izuku— Dijo al verlo tan bien situado en el centro de la oficina.
La oficina tiene las paredes pintadas de color negro, acompañadas por un tapete alargado de color rojo, que funciona justamente como una alfombra roja. Al fondo se sitúa un trono agraciado de color negro, compuesta por un cómodo cojín de color rojo sangre, donde el Jefe sin rostro alguno, yace sentado con un elegante abrigo puesto encima de su atuendo.
El aspecto mortífero del Jefe es verdaderamente aterrador.
All For One lo mira con mucha gracia y compasión. No lo mira con desdén. Ni malas intenciones.
Simplemente lo ve como es.
—A sus órdenes para servirle, Jefe— Izuku inclina la cabeza con respeto, venerándolo.
Oye el suspiro complacido venir de éste.
—Imagino que ya sabes porqué estás aquí— Al decirlo es directo al grano. Es áspero en su tonalidad. Mas no refleja molestia alguna—.¿No es así?
Izuku juró que sus piernas se volvieron gelatina. Apretó la musculatura de sus piernas, endureciendo el firmamento de su postura sobre sus emociones desbaratadas.
Asintió.
El Jefe esbozó una sonrisa ladina, colocando una mano bajo su barbilla en señal de diversión.
—Lo siento mucho, Jefe— Izuku balbucea. —No fue mi intención involucrarme con un mortal, teniendo en cuenta el protocolo que debemos acatar. Yo la verdad, no supe qué pasó para que yo hiciera algo así.
—Detente— Ordenó imponiendo un alto en las palabras del inmortal.
Izuku calló en un abrupto silencio.
Su corazón latía con la intensidad que sentía en los instantes en que peleaba como un honorable guerrero.
De pronto, su Jefe se rompe a reír a carcajadas, sorprendiendo a un confundido Izuku, que dirigió su mirada a él, abriendo ligeramente la boca.
—¿En verdad piensas que te voy a matar?— Le preguntó con burla.
—Sí, eso es lo que hará— Respondió sin un ápice de duda. Luego se detuvo en medio de su respuesta, sopesando la repentina actitud tomada por su Jefe y se pone a dudar. —¿No es así?
—Por qué debería de matarte, Izuku. Si eres de los mejores inmortales que hay— Expuso. A la mirada de desconcierto del confundido inmortal, añadió—:Por supuesto que no te voy a matar, Izuku.
—Entonces…¿por qué?— Siguió pendido en el trance de la incertidumbre. —¿Para qué me llamó? Si no me va a matar
All For One sonrió en consonancia del conflicto del ser inmortal.
—Te pediré que hagas algo especial para mí— Dijo en un dejo de diversión. —Tómalo como un descanso de tus pesadas tareas como Dios de la Muerte. Esto es un favor que sé con certeza que cumplirás sin errores.
—¿Qué clase de favor?
El corazón de Izuku estaba golpeteando contra su cráneo haciendo presión con la sangre latente que corroía sus venas.
—Quiero que protejas al mortal que tienes por novio— Soltó sin preludios.
—¿Eh…?— Pestañeó ojiabierto, su aliento cortado en la mitad de sus narices.
¿Escuchó bien?
Sus entrañas se contrajeron rompiendo con su capacidad mental de tolerar noticias alarmantes. Las cifras de sus oídos se ensordecieron por una fracción de segundo, seguido de volver a escuchar adecuadamente.
—El mortal— Prosiguió su Jefe sin mostrar aversión por su evidente sorpresa.—Katsuki Bakugou. Es la reencarnación de quien te quitó la vida, ¿me equivoco?— Izuku estaba tan lívido que no pudo ni mover un centímetro de su cabeza frente a aquella pregunta. —Este mortal con el que tuviste contacto físico, asimismo convirtiéndose en tu pareja en el mismo día— Soltó una ligera risa que se percibió como divertida. De pronto, mostró de su mano esquelética una imagen en el fondo de la pared negra, cambiando el foco de atención de Izuku, quien miró con cara de aturdimiento la imagen que brotó de la mano del Jefe: Una imagen del rostro fruncido de Katsuki. —Ha venido a mi atención que este chico en especial, posee dos almas dentro de él.
—¿Q-qué?— Su pecho relampagueó.
—Sí. Tiene el alma del hombre que te asesinó dentro de su interior. Yace esperando poder tomar el control de su cuerpo algún día. Sin embargo, lo que si llamó mi atención es que estas dos almas están separadas. No unidas como en todas las reencarnaciones con las que hemos visto hasta ahora.
»Katsuki Bakugou posee dos almas por separado, luchando entre sí por tener el control de su cuerpo. Y el trabajo que te doy Izuku es que alimentes el alma real del muchacho.
Izuku frunció las cejas, luciendo desencajado.
—Que tu alimentes su alma a través de tu amor, comprensión, atención, escucha, etc. Fortalecerán el alma del chico, en lugar de darle espacio al alma del otro Katsuki que nada en el núcleo de su interior tomar el control de volver a matarte.
—¿Puedo volver a …?— Preguntó aterrado.
—No, pero a manos de tu asesino, sí. Solo el otro Katsuki tiene el poder de matarte, Izuku. Y yo no quiero tener la posibilidad de que un inmortal tan eficiente como tú, muera por un descuido.
»Tu trabajo será alimentar el alma del chico, protegerlo en el proceso, porque habrá otros inmortales que querrán matarlo. No debes matarlo— Recalcó lo último con severidad. —No debes por ningún motivo matarlo. Ese muchacho no merece morir, porque no es su tiempo. Así que lo que tú tienes que hacer es seguir el papel de su novio. Nuestro labor es quitar vidas, juzgarlas y dirigirlas al otro lado. Pero en este caso, debes prolongar la vida de alguien. En tu caso, proteger la vida de un muchacho de veinte años.
—Pero ¡yo no puedo hacer eso!— Contestó Izuku, tras una pausa, en que trató de digerir la información que se le era restregada en la cara.
—La verdadera alma de Katsuki es la que ahora ejerce el control de sus acciones, de sus pensamientos y sentimientos; mismos que siente por ti— Explicó su Jefe, desapareciendo la imagen que poseía la cara de su pareja. —Es por eso que eres el candidato ideal para cuidar del muchacho. Es tu trabajo ahora, Izuku. No quiero objeciones de tu parte, ¿entendiste?
Pero, pensó conflictuado consigo mismo. No con la situación en sí.
Suspiró.
No puedo rechazar las órdenes del Jefe.
—Como usted quiera— Aceptó sin oponerse.
—Y cuando el momento llegue en que el alma real del chico se fortalezca lo suficiente, sabrás qué hacer…—Indicó superior.
—Sí.
Aún sus entrañas estaban retorciéndose de dolor y angustia. La incomodidad de sus ojos era gravemente notoria y la grandiosidad de sus labios temblar en la expectativa de lo que tendría que hacer en su lugar.
Y creer que recibiría el castigo de su existencia inmortal que terminaría con ésta misma.
Sin escapatoria, se vio en la obligación de acceder, puesto que el Jefe en cierta forma le había perdonado la vida inmortal, por un desliz.
—Este trabajo se lo hubiera dado a Shinso de no ser porque conquistaste a este chico sin intentarlo— Finalizó con un tono de realización.
—¿Shinso?— Repitió interrogante.
Hace años que no oía nada de su amigo de cuando era un simple mortal. Hitoshi Shinso pertenecía al ejército igual que él. Era un guerrero de aura misteriosa, de gran porte, de pocas palabras, de carácter aislado con las personas.
—Sí, pero recapacitándolo mejor eres la opción más óptima que él para este asunto, así que te encargarás de esto por tiempo indefinido.
El estrés que recorría por sus venas no cesó de atormentarlo desde entonces.
Y tras ver que el autobús de Katsuki desapareció, avivó aquella conversación que tuvo con su Jefe, sintiendo el estómago contraerse en un nudo.
—Hiciste bien en acceder a sus peticiones— Dijo la voz de Shoto detrás de su hombro.
—Sí, bastante bien— Surgió otra voz en su otro hombro. Era el novio de Shoto: Inasa. Un gigantón carismático, de voz alta y sumamente llamativa. —Hasta a mi no se me hubiera ocurrido ponerle mi brazo encima a mi novio si un ciclista colisionara con él. Lo habría jalado sin su consentimiento.
Izuku exhaló, bajando la cabeza.
—Creí que perdería el control en cualquier momento si seguía a su lado más tiempo— Admitió el pecoso.
—Pero lo hiciste bien, Midoriya— Comentó Inasa, motivado. —Le brindaste seguridad y eso es lo que cuenta. ¿O no, Shoto?
—Sí.
—Soy un fracaso como su novio— Desairó Izuku.
—¡Por supuesto que no!— Replicó Inasa, escandalizado. —Te vimos en la parada del autobús y ese beso. ¡Uf! Lo silenció por completo. Quedó como estatua— Sus ojos estaban desorbitados. —Ese chico está rendido por ti. Te adora. Se le nota en la forma en la que te mira. No nos tomó mucho para realizar que en efecto, este chico está loco por ti.
—Lo del beso fue un buen aditamento en la despedida— Complementó Shoto, con su voz inexpresiva y sus ojos bicromáticos que se mostraban carentes de emociones. —Es un paso.
Izuku suspiró desconsolado.
—Es un desastre toda esta situación— Metió las manos a los bolsillos. —Katsuki es muy difícil de tratar. Cualquier cosa que diga o haga, lo hace fruncir el ceño. Y yo no sé qué significa eso. Solo sé que no me odia.
—Obviamente no te odia— Dijo Shoto mediante una exhalación.
—Hm.
—No seas tan negativo, Izuku.
—Tus malas vibras perjudicarán tu rendimiento en convertirte en el novio capaz de hacer cualquier cosa por su pareja— Arguyó Inasa, carismático. —Ponte las pilas, Midoriya. Tu inmortalidad depende de lo bien que tratas a este chico.
—Lo sé.
—Y debes ser comprensivo con él, porque es estudiante. Su rendimiento escolar es importantísimo para tener mejores probabilidades de triunfar en la vida. Un descuido en sus exámenes, y fracasará su futuro.
—No seas tan dramático— Lo corrigió Shoto, luego regresando su atención a Izuku lamentándose con la cabeza apuntando al pavimento. —Y tú no te desmorones por esto, ¿ok, Izuku? Esto demuestra lo mucho que el Jefe cree en ti al depositar su confianza en ti, sabiendo que harás un excelente trabajo. No te permitas desmoronarte con esto, por favor.
Izuku volvió a soltar un suspiro desairado.
—Está bien— Aceptó. De sobremanera lo hizo porque ya no había vuelta atrás con su nueva tarea. Era un trabajo que debía acatar sin margen de error y acatarlo con buena cara, aunque se sintiera peor que nunca.
Sin embargo, sus labios aún pedían por los de Katsuki.
