Sara no sabía qué era lo que la había llevado exactamente a enfrentar a los vecinos de Ava, pero sintió que debía hacerlo.
Quería ayudar a Amy, quería hacer eso por Ava. Porque ella la había estado ayudando mucho, con sus ataques de pánico y con sus pesadillas. Entonces, sentía que si ella las ayudaba con esto, le estaba devolviendo en alguna forma lo que la otra hacía por ella. Porque de eso se trataba la amistad, ¿No? De hacer cosas por la otra persona porque uno quiere.
La retaron a surfear y eso fue lo mejor que podrían haberle pedido. Sara sonrió, tenía toda la confianza del universo de que iba a ganar.
Surfear se sintió increíblemente bien y liberador. Ella no surfeaba desde hace un par de años, cuando su padre las había llevado a Laurel y ella de vacaciones a Florida. Pero Sara nunca iba a olvidar cómo surfear, porque surfear era algo que llevaba en el alma. Disfrutó tanto el momento, que incluso surfeó cinco olas en vez de las tres que le habían pedido. Y se sintió extremadamente bien haber ganado el desafío para Amy y Ava.
— Te queda un poco grande la ropa. — Comentó Amy, cuando vio a Sara salir de la habitación de Ava.
— Lo sé. — Acordó ella riendo.
— Gracias por haber recuperado mi tabla. — Le agradeció Amy. — ¿Me vas a enseñar a surfear? — Preguntó con ilusión.
— Todo es posible pequeña Sharpe. — Le dijo ella, guiñándole un ojo. — Pero creo que mejor será esperar al verano. — Agregó.
— Si, si no vamos a hacer que Ava tenga un ataque o algo. — Bromeó Amy.
Sara volvió a donde estaban sus amigos y continuó disfrutando del cumpleaños, y divirtiéndose mucho.
De regreso en Starling Sara fue a trabajar. Trabajó la noche del sábado, la mañana y el mediodía del domingo. Habría seguido trabajando, para recuperar la parte del sábado que había perdido, pero su jefa prácticamente la obligó a irse a descansar.
— ¿Alguna vez duermes? — Le preguntó Eliza, quitándole la bandeja que tenía en las manos. — Vete, duerme, haz tus tareas del colegio. No quiero verte mínimo hasta el viernes. — Le ordenó.
Y Sara le hizo caso. Ella respetaba mucho a Eliza, porque esa mujer era muy responsable y trataba a todo su personal de una forma muy maternal. La respetaba porque la cuidaba y trataba mejor que como incluso la trataba su propia madre.
Sara se acostó a dormir no bien llegó a su casa. Cuando despertó lo primero que hizo fue ver las notificaciones de su celular. Ava la había etiquetado en una publicación sobre su cumpleaños, y en las fotos había incluído una foto del regalo que ella le había hecho. Sara le dio like a la publicación y decidió mandarle un whatsapp.
Sara:
Así que te gustó el regalo?
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Ava:
Qué si me gustó?
ME ENCANTÓ!
Te pasaste Sara, en verdad es maravilloso.
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Sara:
Me alegra que te haya gustado :)
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Ava:
Además el talento que tienes! Eres una gran artista!
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Sara:
Me parece que exageras, pero gracias.
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Ava:
No exagero!
Cómo sabías que me gustaban los libros de atticus?
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Sara:
Te he visto llevando algunos de sus libros más de una vez.
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Ava:
Que observadora
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Sara:
Siempre ;)
Bueno, te dejo que voy a hacer las tareas.
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Ava:
OMG! Todavía no hiciste las tareas?!
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Sara:
No seas tan dramática, todavía tengo tiempo.
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Ava:
Pareces Ashley hablando así.
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Sara:
Tal vez debería hacerme amiga de ella
Creo que nos llevaríamos bien.
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Ava:
Que mala :(
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Sara:
jajaja super mala
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Ava:
Ve a hacer las tareas Sara
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Sara:
Si capitana Sharpe, nos vemos mañana.
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Ava:
Xoxo
Sara se hizo algo para cenar, aprovechando que su madre y Malcolm no estaban. Lo único que encontró fueron unos huevos y un poco de queso, así que hizo un omelet. Luego se encerró en su habitación para estar tranquila. Hizo los deberes mientras cenaba, y después se dedicó a responder algunos mensajes que tenía de sus amigos.
De pronto vio algo que le llamó la atención, Nate le había mandado varias fotos. Las abrió y vio que eran de ella surfeando. Estaban todas muy buenas, pero la que más le gustó fue una en la que ella estaba con la tabla en su mano, el mar llegándole hasta las rodillas, y su cara iluminada con una gran sonrisa. Ella se sorprendió porque hace tiempo no se notaba a sí misma tan feliz como estaba en esa foto. Finalmente decidió subirla.
saralance el agua salada calma mi alma #beachgirl
A los minutos la foto ya se había llenado de likes y de comentarios de sus amigos.
cinnsimone OMG! Esa sonrisa!
xcharliex Ya quiero que llegue el verano y me enseñes a surfear!
jaxjackson xcharliex ztomas amysharpe nos sumamos a esas clases de surf ;)
iriswest Este verano sale Florida?
magnusbane iriswest si, por favor!
fsmoak el mar te ama amiga!
thequeenthea siempre rockeando con una tabla vos!
wallyw magnusbane iriswest me sumo :)
jennpierce No sabía que te gustaba surfear, la próxima tenemos que ir juntas nicominoru!
nicominoru jennpierce no sabía que a los canarios y a los relámpagos les gustaba el agua :'D
Sara se quedó dormida mientras contestaba y leía los comentarios.
Empezó la semana de muy buen humor. El martes le entregaron el examen de geografía y se sintió satisfecha de haberse sacado un nueve. El lunes y el miércoles disfrutó muchísimo de los entrenamientos de baile. Las leyendas ya se estaban empezando a sentirse cómodas con el hip-hop, así que comenzaron a pensar ideas para armar esa coreografía que necesitaban.
El miércoles, cuando salieron del entrenamiento, decidieron que iban a ir todos a merendar a lo de Amaya para continuar pensando ideas para la coreografía.
— ¡Ey canario negro! — Gritó alguien, llamando la atención de Sara.
Al escuchar su apodo que usaba en la lucha libre se sintió nerviosa, y comenzó a mirar a todos lados para captar de donde venía ese llamado. De pronto pudo darse cuenta de donde provenía, Jennifer estaba corriendo hacia ella. Sorprendentemente, cuando la alcanzó se lanzó en sus brazos. Sara correspondió el abrazo, era extraño que esa chica tuviera esas reacciones ya que no solía ser muy demostrativa con sus emociones.
— Hola Jen. — La saludó Sara, mientras la abrazaba. — ¿Qué pasa? ¿Estás bien? — Pidió saber una vez que se separaron.
— Es Nico, está en problemas. — Le dejó saber Jen.
— ¿Cómo la otra vez? — Preguntó ella preocupada.
— Creo que es peor. — Respondió Jen y le mostró un mensaje de su celular.
— Bien, vamos. — Aceptó ella, luego de leer el mensaje. — Ey chicos, perdón pero me bajo de la merienda, tengo algo importante que atender. — Explicó a las leyendas.
Sara no esperó respuesta de sus amigos, ella tenía algo más importante, atender la urgencia de ese momento. Jennifer la agarró de la mano y ambas corrieron hacia donde ella tenía su bicicleta. Ambas chicas se subieron a esta y manejaron hasta la casa de Nico.
Jennifer y Nico se habían vuelto sus amigas gracias a la lucha libre. No se reunían muy seguido, pero sí solían cruzarse a menudo en la calle porque vivían en el mismo barrio. Ellas tenían una relación de respeto y entendimiento. Las tres tenían distintos tipos de problemas, pero esos las habían unido. Jennifer iba a lucha libre porque su padre había muerto y su madre estaba en bancarrota, por lo que ella quería ayudar. Nico vivía con su tío desde que sus padres la habían abandonado, y él era el que la obligaba a ir a la lucha libre. Y ella… bueno, a ella la obligaban Dinah y Malcolm.
Llegaron a la casa y, como la puerta estaba sin llave, entraron. Igual lo hicieron con cuidado, sin saber bien qué esperar. Una vez que comprobaron que la única persona en la casa era Nico se tranquilizaron. Pero no duró mucho eso, porque el estado de la chica era preocupante.
— ¡Nico! — Gritó Sara un par de veces, sacudiendo a la chica para intentar despertarla.
— Creo que esto fue lo que tomó. — Dijo Jen agarrando un recipiente de pastillas que estaba en la mesa.
— ¿Sabes qué es? — Preguntó ella.
— Ni idea. — Respondió Jen con sinceridad. — ¿Está respirando? — Pidió saber con temor, los ojos dados vuelta de Nat le daban impresión.
— Si, y también tiene pulso. — Dejó saber ella, después de revisarla y suspirar aliviada. — Igual me preocupa su estado, tenemos que hacer algo. — Expresó.
Entre Jen y Sara llevaron a Nico al baño, abrieron la ducha y la metieron bajo el agua. Al hacerlo la chica recuperó la consciencia. Estaba desorientada y débil, pero por lo menos había abierto los ojos. Jen y Sara la obligaron a vaciar su estómago para que pueda sacar de sus sistema las pastillas que había tomado. La hicieron volver a ducharse, ponerse ropa limpia y la llevaron a un bar a tomar un café y mucha agua, ya que su cuerpo necesitaba volver a hidratarse.
— No vuelvas a hacer eso por favor, nos asustaste mucho. — Le pidió Jen.
— Perdón, no pensé que iba a ser así, mi tío lo hace todo el tiempo y no le pasa nada. — Se disculpó Nico, avergonzada de no haber sabido manejar la situación como había pensado.
— Pero tu tío sabe hacerlo, vos no. — Le recordó ella. — Podrías haber tenido una sobredosis. — Dijo, algo asustada ante esa idea.
— ¿Qué pasó para que hicieras eso? — Preguntó Jen, con preocupación.
— Me animé a pedirle a mi tío si puedo dejar la lucha libre, pero a él no le gustó la idea y peleamos. — Explicó Nico lo mejor que pudo. — Estoy cansada de la lucha libre, no sé cómo seguir soportando el enfrentar otra pelea. — Agregó con frustración.
Sara entendía perfectamente su frustración porque la que ella tenía era muy parecida. La única diferencia era quien los obligaba a pelear y que Sara podía tolerar en sí las peleas, a Nico en cambio no le gustaba pelear. Compartieron un rato de silencio, simplemente tomando sus bebidas y escuchando música.
— Entonces, ¿qué hicieron para acción de gracias? — Preguntó Nico, armando un nuevo tema de conversación.
— Estuve con mamá y Anissa, hasta que mamá se alcoholizó tanto que pelearon y Anissa se fue a lo de Grace. — Respondió Jen.
— Las fiestas no suelen ser un buen momento. — Acordó ella.
— Exacto. — Asintió Jen.
— Yo lo fui a pasar a lo de mi vecina porque mi tío se fue a alguna fiesta, así que estuvo bien. — Dijo Nico, logrando sonreír desde la primera vez que estaban ahí. — ¿Vos Sara? — Le preguntó.
— Nada muy interesante, trabajé y después estuve en casa. Por lo menos estuve sola, mamá y Malcolm también fueron a alguna fiesta. — Contestó ella.
— Deberíamos hacer planes para navidad y año nuevo, juntas seguro la pasaríamos mejor. — Propuso Jen.
Esa era una buena idea, pero ya irían viendo como se daba el suceso de los hechos. Las tres chicas sabían que había cosas que no se podían exactamente planear cuando la vida cotidiana que vivían era inestable.
Al otro día, en el colegio, Ava fue la primera en hacer preguntas sobre el día anterior. Sara sabía que eso era lo que esperaba, después de todo había rechazado una merienda grupal del equipo y la aparición de Jen pidiendo ayuda debía haber captado la atención de todos.
— ¿Cómo está tu amiga? — Preguntó Ava, con curiosidad.
— Tuvo un par de problemas familiares, pero ya está mejor. — Respondió ella, mientras buscaba un par de libros en su casillero.
— ¿De dónde las conoces? — Continuó Ava con el interrogatorio.
— Son vecinas mías del barrio, Jen vive a dos cuadras de mi casa y Nico a cinco. — Le dejó saber.
No le gustaba mentirle por omisión de información, pero por lo menos la parte de que eran vecinas era verdad. Lo de la lucha libre de Amazó tenía que dejarlo afuera, eso era lo mejor. Los secretos que escondían cosas feas como esas no eran buenos, ella lo sabía. Pero por ahora no podía revelarlo, no cuando estaba segura que iba a ser para peor. No quería siquiera imaginar cuál sería la reacción de su madre y Malcolm si alguien se enteraba de todo eso…
Por suerte nadie le hizo muchas más preguntas al respecto y la semana continuó normalmente.
El domingo le tocó lucha libre nuevamente. Cada vez el mes parecía pasar más rápido. Cuando sentía eso, agradecía que las peleas fueran una vez al mes. Si serían todos los domingos no sabría si podría soportarlo.
Esa noche ganó sus primeras cuatro peleas.
La quinta le tocaba contra Nico, o mejor dicho "hermana Grimm", ese era su nombre de peladora.
Sara sabía que Nico solo había ganado dos peleas esa noche y que si esta última la perdía, su tío se iba a enojar. Y también sabía que ella no quería romper su récord de ganar cuatro peleas. Porque si pasaba a ganar cinco peleas sabía que Dinah y Malcolm iban a querer que ella gane todas sus cinco peleas siempre. Y ella no lo veía posible.
Así que dejó que Nico le gane. Intentó no hacerlo muy notorio, pero lo hizo suceder.
— ¿Cómo fue que perdiste contra la hermana Grimm? — Preguntó Dinah enojada, ya estaban el auto de regreso a su casa.
— No lo sé, simplemente sucedió. — Respondió ella, sin saber qué excusa poner.
— Vos peleas mejor que ella, no te tendría que haber ganado. — Le reprochó Malcolm.
— Supongo que ya estaba cansada para esas alturas. — Intentó justificar ella.
— ¿Cansada? — Preguntó Malcolm y se rió. — Ya vas a saber lo que es el cansancio vos. — Le advirtió.
Así que cuando llegaron a la casa la hicieron entrenar toda la noche el ejercicio de subir de nivel la varilla de metal. Recién la dejaron ir cuando fue el horario de que se fuera para el colegio.
Pero Sara estaba feliz. Estaría extremadamente cansada y probablemente lucía desastrosa por más que se había puesto ropa limpia, y sin embargo no le importaba. Lo que sí le importaba era que había ayudado a una amiga.
Y a mitad de mañana, supo que había hecho bien cuando le llegó un mensaje de whatsapp.
Nico:
Gracias pequeña ninja, me salvaste.
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Sara:
Para eso estamos las amigas ;)
