N/A: Buenos días! Aquí os traigo un nuevo capítulo. Es el más largo que he escrito hasta la fecha, esta vez desde el POV de Hermione.

Como siempre, millones de gracias a las que seguís la historia. ¡Vuestros comentarios me dan la vida! Sin más, ¡a leer!


Un asunto provisional


Capítulo 13

El martes Hermione se despertó sintiéndose mucho mejor. Aún notaba algo de congestión y escozor en la garganta, pero al menos, ya no quería dormir todo el tiempo; así que se levantó, se duchó y se cambió el espantoso pijama por un cómodo conjunto de pantalones elásticos y suéter. Después, se aposentó en el sofá dispuesta a restablecerse lo antes posible: no podía permitirse el lujo de perder más días de trabajo y tenía muchísimas ganas de volver a la oficina.

A media mañana, ya estaba muerta de aburrimiento por lo que de forma involuntaria, su cabeza decidió pasar el rato pensando en Malfoy. Al despertar aquella mañana, él ya se había marchado, pero su lado de la cama conservaba el calor, así que debía de haber pasado toda la noche con ella. Hermione no era tan hipócrita como para no reconocer que había descansado mejor que en años. Y eso le perturbaba: su acuerdo con Malfoy se limitaba a un estricto plano físico. Entonces ¿por qué él había aceptado dormir con ella sin que hubiera sexo de por medio? Se mirase por donde se mirase, Draco Malfoy era un auténtico galimatías.

Un repiqueteo en la ventana logró sacar a Hermione de sus cavilaciones. Al acercarse, comprobó que se trataba de una lechuza ministerial; abrió la ventana franqueándole el paso, el ave planeó por la habitación, dejó caer un paquete sobre la alfombra del salón y se marchó por el mismo lugar por el que había llegado. Intrigada, Hermione examinó el paquete y rasgó el simple papel marrón que lo envolvía. Dentro, había una simple nota escrita en pulcra caligrafía:

Como probablemente tu cerebro estará turbado por la inactividad, te mando material para aliviar tu convalecencia.

Con mis mejores deseos.

DM

Hermione extrajo varias carpetas que contenían informes y documentos relativos al Proyecto Europa. ¡Genial, así al menos podría ocupar su mente! Sin embargo, algo más llamó su atención. ¡No podía ser! Entre el papeleo que Malfoy le había enviado, destacaba un libro. La chica lo sostuvo entre sus manos y no pudo contener una carcajada al ver la portada: «Montando tu escoba», el título resaltaba en letras muy recargadas y estaba acompañado de una ilustración de un fornido mago, desnudo de cintura para arriba, que abrazaba a una chica de expresión soñadora. De acuerdo, Malfoy era un capullo, pero también podía resultar muy divertido cuando se lo proponía.

Las siguientes horas las pasó leyendo informes, pero finalmente tuvo que parar porque estaban logrando dejarla verdaderamente agotada. Cuando sintió hambre, Hermione se acercó a la nevera y sacó el recipiente con el caldo que Malfoy había preparado la noche anterior, lo calentó y se sirvió un generoso tazón. Le sentó bien y estaba realmente delicioso; si aquel caldo servía como prueba, el slytherin realmente tenía mano para la cocina. Después de haber llenado el estómago, Hermione se sintió de nuevo amodorrada, así que volvió a acurrucarse en el sofá y antes de que pudiera darse cuenta, se había quedado dormida.

Al igual que la tarde anterior, despertó al escuchar golpes en la puerta. Bostezando, se acercó a abrirla y en aquella ocasión, su sorpresa no fue tan grande al encontrarse a Malfoy al otro lado, con una bolsa de papel entre sus brazos.

–Hola Malfoy –musitó. Aún sentía la voz algo ronca por el dolor de garganta.

–Granger ¿cómo te encuentras? –la examinó de arriba a abajo, con una sonrisita socarrona–. Veo que te has deshecho del espantoso pijama de animalitos infernales…

–¡No era tan feo! –exclamó indignada; lo cierto era que le tenía mucho cariño a ese pijama–. Y para tu información: eran conejitos.

–Como sea, parece que has recuperado tu "carácter marca Granger", así que supongo que estás mejor. ¿Puedo pasar?

Hermione se hizo a un lado, permitiéndole el paso. En la mirilla de la señora Jenkins le pareció distinguir un destello. ¡Por Merlín ¿cuántas horas al día pasaba esa mujer cotilleando tras su puerta? Al volver al salón, descubrió que Malfoy estaba perfectamente apoltronado en su sofá.

–Oye Malfoy, en serio me encuentro muchísimo mejor; ya estoy casi plenamente recuperada, así que no tenías por qué molestarme en venir a verme, yo…

–Granger, Granger… –arrastró las palabras en ese tono arrogante que también le sentaba al muy bastardo–. No te hagas ilusiones, no vine por ti, sino por la belivisión. –señaló al televisor frente a él–. ¿Puedes encenderla?

Meneó la cabeza, divertida a su pesar, y se negó a picar el anzuelo. Estaba claro que las motivaciones de Malfoy eran algo distintas de las que él dejaba traslucir. No obstante, Hermione no dijo nada y se dejó caer junto a él en el sofá. Después, se hizo con el mando a distancia y pulsó los distintos botones, cambiando de canal hasta que dio con un concurso de cultura general que solía entretenerla bastante.

Pasaron unos veinte minutos frente al televisor, en un cómodo silencio; en algún momento, Malfoy le había pasado el brazo por la espalda, rodeándola por los hombros y Hermione se había apretujado contra él. Estar así con él la llenaba de un inusual sosiego, la hacía sentir en paz. Los dedos de Malfoy dibujaban círculos invisibles en la porción de piel de su baja espalda que el jersey dejaba al descubierto y los ojos de Hermione no pudieron evitar cerrarse involuntariamente. Entonces, un audible bostezo reverberando en el pecho de él le hizo alzar la cabeza y mirarle con el ceño fruncido.

–¿En serio, Granger? ¿No hay otra cosa que no sea un insufrible programa para empollones?

–Para tu información, Malfoy, "Súper Cerebros" es un programa muy interesante. Tiene contenidos culturales, educativos y….

–Me aburroooo –canturreó él–. Serán todo lo educativos que quieras, pero ¿en serio los muggles prefieren saber durante cuántos años reinó la tal Reina Victoria a ver La Guerra de las Galaxias?

–Bueno… –Hermione tampoco iba a mentirle en cuanto los intereses culturales muggles– a algunos sí que les gusta.

–Vamos, que el programa de cerebritos sólo lo veis tú y tu gato.

–Aargh, ¡eres insufrible!

–Pero guapo –Malfoy le guiñó un ojo y se levantó del sofá, dirigiéndose a la cocina. Entonces Hermione se percató de la bolsa de papel que Malfoy había traído y nada más entrar, había dejado en la encimera.

–¿Qué has traído ahí?

–La cena. Ya que debes haber pasado el día muerta de aburrimiento, que al menos no mueras de inanición.

–Bueno el libro que me enviaste hizo bastante por entretenerme, la verdad.

Malfoy sonrió levemente mientras sacaba los ingredientes de la bolsa y comenzaba a depositarlos cuidadosamente sobre la encimera.

–Espero que hayas pillado ideas, Granger. Lo envié con el propósito de aportar contenido teórico a tus inquietudes didácticas…

Sus palabras desencadenaron una oleada de calor en su cuerpo que Hermione sospechó, no tenía nada que ver con la fiebre. Se levantó del sofá, se acercó a él y echó un vistazo por encima de su hombro: Malfoy estaba preparando una tortilla que tenía un aspecto espléndido.

–Malfoy… gracias por todo, de verdad.

–Ni lo menciones, Granger. Escucha, creo que lo mejor será que mañana te quedes también en casa y te recuperes por completo. Puedes aprovechar y terminar de leer los dossiers y el resto de la semana, la dedicamos a planificar la línea de actuación.

Hermione quería volver a la oficina, pero al mismo tiempo, aún se sentía algo débil y era consciente de que apresurando su regreso podía arriesgarse a sufrir una recaída. Por ello, decidió no rebatir a Malfoy y aceptar su sugerencia.

–De acuerdo, pero el jueves me tendrás allí como un clavo.

–¡Hermione Granger dándome la razón a la primera! Debes de estar realmente enferma.

Ella simplemente respondió empujándole de forma juguetona.

Cenaron juntos en la mesa de su cocina. Luego, Malfoy se despidió dándole un beso en la mejilla, alegando que al día siguiente debía madrugar –Hermione no quiso pararse a pensar si tal vez él estaba tratando de evitar volver a dormir con ella–. Cuando al día siguiente despertó en la cama fría, casi lamentó no haberle pedido que se quedara a pasar la noche.


Para inmensa decepción de Hermione, el miércoles Malfoy no acudió a verla; por la tarde, le envió una carta explicándole que había surgido un imprevisto en el Ministerio, por lo que debería quedarse trabajando hasta tarde. Aquello le proporcionó bastante tiempo para pensar.

Las cosas con Malfoy se habían embrollado en poco tiempo: se suponía que iban a tener una relación puramente física, sexo y nada más, pero en algún momento, todo había evolucionado hasta terminar durmiendo el su sofá, abrazada a Malfoy después de que él hubiera preparado la cena. Así las cosas, a Hermione le iba a resultar francamente complicado dejar los sentimientos al margen, ¿cómo podría hacerlo si Malfoy, lejos de ser el imbécil que ella siempre había supuesto que era, la había cuidado, protegido y tratado con tanta ternura?

Y luego estaba el tema del sexo. Dada su limitada experiencia, Hermione se había creído capaz de mantener a raya los sentimientos, pero después de la noche del viernes, –la primera en que se había acostado con Malfoy sin que él estuviera en celo–, ya no estaba tan segura. Las líneas habían comenzado a difuminarse y ella no sabía cómo volver a dibujarlas. Aquello no podía seguir así: tenía que esforzarse con aplacar esos sentimientos y encerrarlos bajo llave; si no, corría el riesgo de enamorarse. Y si algo tenía claro era que Draco Malfoy no era de los que se enamoraban: aquellos inútiles sentimientos podrían causar en Hermione más dolor del que estaba dispuesta a soportar. Por lo que la mejor solución era mantenerse a una sana distancia de él durante unos cuantos días. Un plan de lo más sensato, en su opinión.

El jueves, Malfoy pareció sinceramente contento por la vuelta de Hermione a la oficina. Ella aún se sentía un poco fatigada, así le pidió que se lo tomara con calma y la puso al día de todas las novedades ocurridas en su ausencia. Durante toda su conversación, Malfoy no hizo amago alguno de tocarla o acercarse a ella más de lo que exigía la simple cortesía profesional, lo que hizo algo más sencillo a Hermione cumplir con su propósito de actuar con él con mayor desapego.

A la hora del almuerzo, Malfoy sugirió que, una vez más, bajaran a tomar algo en la cantina y puesto que Hermione se sentía realmente hambrienta, no encontró razón alguna por la que oponerse. Iban de camino a almorzar cuando se toparon con Blaise Zabini, que recorría los pasillos del Ministerio con expresión satisfecha, como si todo el lugar le perteneciera.

–¡Pero a quién tenemos aquí! –la cara del moreno se iluminó con una sonrisa al verlos– ¡Si es mi pareja favorita!

–¡Shhh! –Malfoy le lanzó una mirada furiosa, al tiempo que se cercioraba de que no había nadie en los alrededores que pudiera haber escuchado sus palabras–. ¿Es que siempre tienes que ser tan indiscreto, Zabini? En cualquier caso, ¿qué haces aquí?

Blaise extrajo un legajo de pergaminos de un bolsillo de su túnica y su sonrisa se hizo aún más amplia.

–¡Acabo de obtener la licencia para abrir mi local!

–¿Así que pretendes seguir adelante con eso? –Malfoy arqueó una ceja rubia, con expresión escéptica.

–¡Por supuesto! ¡Será el mejor garito de todo el Callejón Diagon!

Hermione miraba alternativamente a ambos amigos, llena de curiosidad. ¿Qué andaba tramando Zabini? Él pareció notar su extrañeza porque aclaró:

–Voy a montar un cabaret, Granger. Por supuesto, Drake y tú estáis invitados a la inauguración.

–¿Un cabaret? –la bruja se hallaba aún más perpleja si aquello era posible–. No sabía que hubiera cabarets en el mundo muggle.

–¡Y no los hay! –exclamó Blaise–. Por eso mi negocio va ser un completo éxito. ¡La novedad que sacará a brujas y magos de todo Londres de sus aburridas y anodinas vidas!

Malfoy miraba a su amigo cruzado de brazos, con una expresión divertida adornando sus rasgos aristocráticos.

–Buenos, chicos, os dejo –Zabini dio unas palmaditas amistosas en el hombro de Malfoy y luego en el de Hermione–. ¡Tengo muchísimas cosas que hacer! Theo ha aceptado ser mi socio capitalista y aún tenemos que decidir la decoración del local. ¡Nos vemos!

El chico se despidió con la mano y después desapareció por el corredor, despertando más de un suspiro a su alrededor con sus andares principescos. Cuando volvieron a quedarse solos, Hermione cayó en la cuenta de algo:

–¿Le has contado a Zabini lo nuestro?

–No me quedó más remedio –Malfoy desvió la mirada, teñida con cierto brillo de culpabilidad–. Theo y él empezaron a hacer preguntas sobre el último celo, se pusieron pesados y…

–Está bien, en serio, Malfoy. Yo terminé contándoselo a Ginny.

Malfoy resopló y se pasó la mano por el pelo.

–Blaise y Ginevra, ¿te das cuenta, Granger, de que hemos terminado hablándole de nuestro affaire secreto a las que probablemente sean las personas más indiscretas del mundo mágico?

Hermione no pudo evitar la carcajada que se le escapó en respuesta a sus palabras; Malfoy le sonrió de vuelta: una sonrisa limpia, sincera, que llegaba a los ojos; muy distinta de las sonrisas cargadas de desprecio y sarcasmo de otros tiempos. Cuando sonreía así, estaba aún más guapo que de costumbre.

Durante la comida, la conversación siguió girando en torno a Blaise y su proyecto.

–¿De dónde ha sacado Zabini esa idea del cabaret?–preguntó Hermione.

Frente a ella, Malfoy bebió un poco de agua e hizo una pausa para secarse los labios.

–Después de la guerra, Blaise no volvió con nosotros a Hogwarts; se tomó un año sabático y se dedicó a ver mundo. Y descubrió que el mundo muggle ofrece un montón de diversiones de acuerdo a sus gustos.

–Vaya, no me lo imagino con sus ropas caras dando vueltas por remotos lugares muggle.

Malfoy se encogió de hombros y centró su atención en la bandeja frente a él. Luego, escogió una patata frita especialmente tostada.

–Blaise es… diferente. Nunca tuvo tantos prejuicios como nosotros: él fue criado por un ejército de niñeras, su madre siempre estaba demasiado ocupada saltando de marido en marido como para preocuparse por él. Eso le ha hecho más abierto; no importa lo terrible que sea el error que cometas que Blaise nunca lo juzgará.

Hermione tragó saliva. Al parecer, los slytherin eran mucho más complejos de lo que ella jamás hubiera pensado. Probablemente, en anteriores ocasiones se había comportado de manera excesivamente prejuiciosa y estricta con ellos; después de todo, el propio Malfoy le había demostrado lo mucho que estaba cambiando: en adelante, podría hacer un esfuerzo por darles una oportunidad también a sus amigos.

Después de comer, trabajaron un par de horas; a Hermione le empezó a doler la cabeza y se llevó los dedos a las sienes, tratando de despejarse. El gesto no le pasó desapercibido a Malfoy, que se levantó de su escritorio y se acercó a ella:

–Granger, deberías volver a casa, aún estás convaleciente y no deberías esforzarte tanto.

–Estoy bien, de verdad. Me quedaré sólo un poco más: quiero terminar de leer este informe y…

–Granger, no era una sugerencia: te irás a casa a descansar o subiré al despacho de Kingsley y le diré que no estás en condiciones de trabajar.

Hermione entrecerró los ojos, se levantó de la silla de forma brusca y fue directa a recoger su túnica del perchero.

–Eres tan insufrible como un grano en el culo ¿lo sabías, Malfoy?

El chico le dirigió una sonrisa torcida, apoyándose en el umbral de la puerta del despacho.

–Tal vez me lo hayan dicho alguna vez, sí.

Hermione puso los ojos en blanco, tomó su maletín y ya se disponía a salir por la puerta cuando él la interceptó, pasándole un brazo por la cintura.

–Que tengas dulces sueños, Granger.

El beso que depositó en su cuello, tras la oreja, le produjo un escalofrío que recorrió toda su columna vertebral.


El viernes por la tarde, Malfoy alzó la vista de su lectura cuando se percató de que Hermione comenzaba a recoger los papeles de su mesa antes de marcharse a casa. La observó un momento, profundamente concentrada en su tarea, y luego carraspeó, tratando de llamar su atención:

–Oye Granger, esta tarde he quedado con Theo y Blaise a tomar unas cervezas. Ya sabes, tarde de chicos, pero el sábado tengo todo el día libre y me estaba preguntando si querrías… bueno, tal vez te apetezca venir a mi casa: puedo demostrarte mis habilidades culinarias más allá del caldo y la tortilla y luego… lo que surja.

Ante la propuesta de Malfoy, todas las alarmas saltaron al unísono en el cerebro de Hermione. Podía visualizar la noche a la perfección: Malfoy cocinaría para ella algún plato que, con toda seguridad, saldría delicioso; le dedicaría alguna de sus irresistibles sonrisas y le tomaría el pelo de esa manera tan encantadora en que sólo él sabía; después se la llevaría a la cama, tendrían una larga y apasionada sesión de increíble sexo y para cuando llegara el día siguiente, ella ya le habría entregado un pedacito de su corazón. Un pedazo que, una vez que terminara su acuerdo, ya no volvería a pertenecer a Hermione, destrozada y con el corazón roto.

No

–No, gracias Malfoy, pero prefiero quedarme en casa. Yo… aún no me siento al cien por cien y es mejor que pase el fin de semana descansando tranquila, tirada en el sofá con Crookshanks, leyendo un libro…

–¡Puedo ir a tu casa si quieres! Creo que ya le estoy pillando la práctica a tu cocina, así que puedo llevarme la comida allí y…

No, por favor. No me lo pongas más difícil.

–No, Malfoy, de verdad. No estoy con ánimo para visitas. Prefiero estar sola, en serio.

Malfoy compuso un gesto impasible a toda velocidad, pero Hermione fue capaz de distinguir un destello de decepción en sus ojos.

–Bien, pues entonces, hasta el lunes, Granger. Espero que te recuperes.

–Hasta el lunes, Malfoy.

Su capa negra ondeó tras él cuando salió por la puerta de la oficina. Hermione lamentó que aquel día no hubiera habido beso de despedida.


«Quizás me haya equivocado», ese era el pensamiento más frecuente en la cabeza de Hermione. Tirada en el sofá, en pijama, comenzaba a plantearse si no debería haber aceptado la propuesta de Malfoy. Tal vez aún estaba a tiempo de enviarle una nota, invitándole a su casa. Por ello, cuando escuchó golpes en la puerta, acudió a abrirla a toda prisa. Él había ido a verla después de todo.

Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para disimular su desilusión cuando se encontró a una sonriente Ginny en el descansillo del apartamento.

–¿Con esa cara recibes a tu mejor amiga?

–¡Gin! Yo simplemente… no esperaba verte.

–¿Cómo te encuentras? ¡Tienes muy buen aspecto! Aunque ese pijama es… horrendo.

¿Pero que le pasaba a todo el mundo con su pijama? Era cómodo y calentito y para Hermione, lo más importante era que la ropa resultara práctica y confortable.

–¡Estoy bien Gin! Un poco aburrida, si te digo la verdad…

–Lo suponía, ¡por eso estoy aquí! ¡Quiero que me acompañes al Callejón Diagon a buscar los muebles para la casa nueva!

La perspectiva de pasar el día visitando tiendas de decoración con Ginny no la entusiasmaba, pero hacía tiempo que no pasaba tiempo a solas con su amiga y sabía que aquello era importante para ella, así que no le quedó más opción que responder.

–De acuerdo, dame quince minutos para ducharme y arreglarme y nos vamos.

Ginny asintió con expresión satisfecha y se arrellanó en el sofá, a la espera de que su amiga estuviera lista. Por fin, Hermione emergió de su habitación, vestida con unos simples vaqueros y con el pelo recogido en una cola de caballo.

–¡Genial! –la pelirroja parecía realmente contenta de que Hermione se hubiera decidido a acompañarla– ¡Me muero de ganas por enseñarte todas las ideas que se me han ocurrido!

Hermione cogió el bolso y las llaves y tomó a Ginny de la mano para realizar una aparición conjunta. Presentía que iba a ser un día muy largo.


En la quinta tienda que visitaron, Hermione comenzó a lamentar haber acompañado a Ginny. Su amiga revoloteaba de un lado para otro, con una cesta levitando tras ella cargada de rollos de papel de pared, botes de pintura y otros enseres.

–¡Hermione, mira esto! ¿No es preciosa? –Ginny sostenía un trozo de tela beige, evaluándolo con gesto experto–. ¡Con esta tela saldrán unas cortinas perfectas para el salón!

Hermione echó un breve vistazo; siendo sincera, no encontraba la menor diferencia entre aquella tela y las otras diez que habían examinado con anterioridad, pero Ginny parecía absolutamente convencida.

–Sí, sin duda me llevaré varios metros de ésta –ante las palabras de la pelirroja, Hermione no logró reprimir un suspiro de alivio: después de todo, no tendrían que visitar más tiendas por aquel día.

Cuando ambas chicas, cargadas de artículos, caminaban directas a la caja, estuvieron a punto de chocar se con dos hombres, enfrascados en una animada discusión.

–¡Te digo que terciopelo oscuro es lo más apropiado para estos casos, Theo! Fíate de mí: yo sé de estos asuntos.

–Si decoras todo el local con eso, acabará pareciendo la guarida de un vampiro.

Hermione se paró en seco al reconocer las voces de Theo y Blaise. El moreno, al percatarse de su presencia, se volvió hacia ella con una sonrisa resplandeciente.

–¡Granger! ¡Justo la persona a la que quería ver! –Zabini se acercó a ella, con un montón de telas entre sus brazos–. Por favor, sácanos de dudas: a tu juicio ¿cuál de estas telas transmiten mejor el espíritu decadente de un cabaret muggle?

Ginny se acercó curiosa al grupo y echó un vistazo a las telas con ojo crítico. Mientras tanto, Theo contemplaba la escena con expresión hastiada.

–¿Qué es un cabaret? –la pelirroja parecía realmente interesada.

–El nuevo concepto de entretenimiento que revolucionará el panorama mágico, Ginevra –Blaise gesticulaba con las manos, entusiasmado. Ginny y él jamás habían intercambiado más de dos palabras pero, de pronto, ambos mantenían la misma actitud conspiranoica, como si fueran los mejores amigos del mundo–. Aúna todas mis cosas favoritas: mujeres con poca ropa, hombres con poca ropa, alcohol caro y sitios oscuros.

Zabini había captado por completo la atención de Ginny, que lo escuchaba embobada; mientras tanto, Hermione recordó su propósito de tener la mente más abierta hacia los slytherin y se volvió hacia Nott.

–¿Cómo va todo, Theo?

El interpelado se encogió de hombros.

–Estoy a punto de arrepentirme de financiar semejante disparate, pero ya sabes, ¡las cosas que se hacen por los amigos!

Junto a ellos, Ginny y Blaise parloteaban sin parar; el moreno parecía encantado por haber encontrado a alguien que compartiera su entusiasmo por su proyecto.

–¡Ey Granger! –exclamó– ¿Por qué Weasley y tú no venís a tomaros unas cervezas con nosotros en el Caldero Chorreante?

Hermione se mordió el labio, indecisa; en realidad se encontraba algo cansada y le apetecía tumbarse al fin en el sofá pero, al mismo tiempo, reconocía que últimamente su vida social era bastante escasa y, de cualquier manera, tampoco iba a pasar nada por tomarse algo con los chicos ¿verdad? Se giró hacia Ginny, que la miraba con ojillos suplicantes de cachorrillo abandonado y suspiró profundamente antes de contestar.

–De acuerdo, pero no me quedaré demasiado: aún estoy convaleciente.

Blaise palmoteó muy animado e incluso Theo se permitió esbozar media sonrisa.


Para cuando comenzaron con la tercera ronda de bebidas, Hermione ya se encontraba algo achispada; hacía tiempo que no salía y su cuerpo no estaba del todo habitado al alcohol. Sentados en torno a una mesa alta del bar, Theo, Ginny y ella escuchaban a Blaise contar una inverosímil anécdota; al terminar la narración, los cuatro estallaron en carcajadas.

Fue entonces cuando algo captó la atención de Hermione. Una cabellera muy rubia, casi plateada, destacaba entre la multitud congregada en el local.

Mierda. ¿Qué hace él aquí?

La bruja miró angustiada a su alrededor, buscando una vía de escape, pero era inútil, los gélidos ojos grises ya la habían visto y se aproximaban hacia la mesa. No tenía escapatoria: en un abrir y cerrar los ojos, lo tenía frente a ella.

–Granger, parece que lo estás pasando en grande –Malfoy arrastró las palabras, de forma muy similar a cuando se burlaba de ella por los pasillos de Hogwarts–. Una recuperación realmente asombrosa para alguien cuyo mayor deseo era quedarse en casa descansando.

Sus acompañantes parecieron presentir la tormenta que se avecinaba, porque Theo y Blaise se retiraron estratégicamente, con la excusa de ir a por más bebidas, y Ginny alegó que tenía que ir al baño. Así que volvieron a quedarse solos. Hermione tragó saliva pesadamente.

–Malfoy, yo…

–No, Granger, no digas nada –la interrumpió él–. Podrías haberme dicho la verdad y no hubiera pasado nada ¿sabes? Podrías haberme dicho que simplemente no te apetecía estar conmigo y te hubiera dejado en paz.

Hermione bajó la mirada, incapaz de sostener la suya. Malfoy aferraba la mesa con fuerza, sus nudillos estaban completamente blancos.

–Pero tenías que mentirme en mi puta cara y luego te encuentro divirtiéndote con mis amigos. ¡Joder! ¿Tienes idea de lo gilipollas que me estoy sintiendo ahora mismo?

Cuando por fin se atrevió a enfrentarlo, lo que detectó en su expresión hundió aún más a Hermione: decepción, rechazo, dolor. Alargó la mano buscando la de él, pero Malfoy se apartó bruscamente, como si su mero contacto le quemara.

–¡No, no me toques! ¡Joder Granger! Te dije que si hacíamos esto, nuestro acuerdo se basaría en la confianza. ¡Yo he sido sincero contigo en todo momento! ¡Y a la primera de cambio, vas tú y me das la puñalada!

–Malfoy…

–No, mira mejor vamos a dejarlo aquí. No me apetece escuchar cualquier excusa que tengas que contarme. Mejor, me voy. Espero que, al menos, tú sí que disfrutes el resto de la tarde.

Y sin dejarle la menor opción a replicar, Malfoy se dio la vuelta y se perdió entre la multitud. Un segundo después Blaise se materializó frente a ella, cargado de bebidas.

–¿Se ha marchado sin despedirse? –preguntó con gesto confundido; luego, agitó la cabeza–. Este chico… desde que se convierte en murciélago se comporta de forma muy extraña.

Hermione únicamente se apoderó de su vaso y lo apuró de un solo trago. En aquellos momentos, lo que más le apetecía era que la tierra se la tragase y la escupiera muy lejos. En las antípodas de Londres, a ser posible.


N/A: ¿Qué os ha parecido? Las cosas no podían ser tanto tiempo color de rosa para nuestra parejita: llegó el drama!

Ni que decir tiene, que me encantaría saber qué pensáis y recibir vuestras opiniones, críticas, sugerencias, tomatazos, etc...

Próxima actualización viernes 12, aprovecho el espacio para autospamearme y decir que todas las actualizaciones, avances, etc, las publico en mi página de FB.

¡Muchos abrazos, cuidaos un montón!

Feliz Domingo