Aquella siesta les había entregado a ambos el descanso más grato que habían tenido, puesto que después de haber comido con tanto ahínco y ganas, sus cuerpos estaban sumidos en un éxtasis. No obstante, gracias a la fuerte tormenta que se estaba generando afuera, Sirius despertó durante la madrugada de un salto, ya que un fuerte trueno había sonado en lo alto del cielo. Un dolor en el pecho se le colocaba cada vez que ese tipo de tormentas comenzaban. El recuerdo de sus años en Azkaban seguían muy presentes cada vez que esos sonidos llegaban hasta sus tímpanos y lo dejaban con una sensación nada placentera, sino todo lo contrario. Lamentablemente los estragos que tenía en su cuerpo gracias a su paso por la prisión se hacían presentes en ese tipo de situaciones y era muy difícil el poder hacerse cargo de sus emociones y sentimientos, ya que el miedo se apoderaba de todo su ser. Se puso de pie con desesperación y empezó a caminar de un lado a otro por toda la estancia para así intentar calmar sus emociones, pero después de realizar aquella actividad por más de media hora, se dio cuenta que no estaba funcionando. Los temblores de su cuerpo se hacían más fuertes y sus músculos saltaban dentro de sus extremidades de forma involuntaria.

Los fantasmas del pasado lo acechaban como un león a una pequeña presa, y en este caso, él se sentía completamente indefenso ante tamaño depredador. Se acercó hasta poder estar a un palmo de distancia de la ventana que le dejaba poder ver lo que sucedía en el mundo Muggle, pero un nuevo trueno le hizo saltar en su sitio, alejándolo del todo de los vidrios. Se fue hasta la cocina y sacó un vaso de agua, bebiéndolo de un solo trago, más no había calmado en lo más mínimo la ansiedad que se lo estaba comiendo vivo. Tomó una de sus botellas de whisky y antes de abrirla se abrazó a ella, queriendo sentir el calor de alguien que pudiese bridarle seguridad y calma. Sin pensarlo, dio dirección a sus pasos y se metió dentro de la habitación que estaba usando la bruja, encontrándose con la mujer enroscada bajo las sábanas. Se acercó lentamente no queriendo despertarla

—Tampoco puedes dormir —susurró la bruja con voz paulatina y serena

Ante aquello, Sirius entendió que la mujer estaba teniendo los mismo problemas que él. Había entendido que sufría la misma ansiedad y angustia gracias a los ruidos que profería la naturaleza y se lamentó por ello, puesto que su prima estaba tan rota en algunos sentidos como estaba él. Caminó hasta llegar a su lado y vio como su prima se sentaba sobre el colchón

—Háblame de cualquier cosa… —pidió la mujer, quitando de su mano la botella de whisky para abrirla y llevarla hasta sus labios. El hombre notó que ella estaba vistiendo el camisón de seda que ya le había visto anteriormente, pero en esta ocasión se fijó en que no tenía puesta la prenda que había cubierto la parte superior del cuerpo que había usado anteriormente, por lo que ahora podía ver los pechos abultados de la mujer. Sintió como sus mejillas se tornaban calientes y su cabeza punzaba con fuerza, tal cual como lo estaba haciendo su yugular y su entrepierna, por lo que se sentó con rapidez sobre el colchón y le lanzó una bata de seda que estaba en los pies de la cama en la cara a su prima. —Ponte eso —le ordenó con una mirada seria y la voz grave

Bellatrix lo miró con extrañeza, pero sin rechistar hizo lo que le habían demandado, puesto que no estaba con los sentidos para ponerse a discutir en aquellos momentos. El sonido de los truenos y el ruido que hacían las gotas de agua chocando con los tejados y ventanas, la volvían melancólica, triste y la atemorizaban, puesto que no había podido superar aquella faceta que Azkaban habían implantado en ella. Por su mente se proyectaban los momentos que había pasado dentro de su celda, los dolores y las emociones que le dejaban las visitas constantes de los Dementores, por lo que su cuerpo se tensaba cada ciertos minutos y sus músculos saltaban con fuerza, dejando en evidencia su estado.

Estuvieron en silencio por algunos minutos, sintiendo mediante el colchón de la cama como su acompañante temblaba y se dejaba intimidar por algo que era tan común y normal para el resto de los mortales. Nuevamente eran conscientes de que compartían algo más entre ellos

—¿Me vas a decir como es esta amiga tuya que al parecer es Muggle? —había murmurado Sirius intentando tener algo de qué hablar y así sentir menos miedo del que le estaba invadiendo todo el cuerpo

—Pues es eso, una Muggle que conocí y que nos hicimos amigas —contestó ella, sabiendo que tenían que hablar de lo que fuera para que sus palpitaciones se calmaran

—Ya, pero cómo la conociste. Es decir, puedo entender que tengas amigas o amigos magos que les gusten las mismas cosas que a ti. Matar, torturar, correr por las calles como loca persiguiendo a la gente y eso, pero ¿una Muggle?

—Teniendo en cuenta que ella no es una Muggle como el resto, entenderías de inmediato el porqué es mi amiga. Nos conocimos cuando tuve que ir a una misión en Londres Muggle. Yo tenía que ir a interrogar a un viejo que trabajaba vendiendo artesanías en un mercadillo, porque estas artesanías tenían runas mágicas talladas. Bueno no te voy a decir porqué tenía que hacer eso, pero la cosa es que cuando llegué hasta allá, vi a una mujer que se vestía de una manera muy peculiar, era diferente a todas las demás personas que estaban allí, así que la seguí y llegué a una tienda que ella tiene. Me vendió una de sus empanadas y como me gustaron tanto, seguía comprándole y nos empezamos a conocer. Ella con el tiempo supo quien era yo, mi historia y que soy bruja. Yo por mi parte la conocí a ella y qué es lo que hace para ganarse la vida, me mostró donde es que cocina sus empanadas y cuando supe el cómo y de qué las hace, supe que era la persona correcta para tener el privilegio de ser mi amiga…, de hecho, es la única que tengo —contestó la bruja con añoranza, empezando a olvidarse que afuera se estaba cayendo el cielo a pedazos

Con curiosidad ante aquello, Sirius la miró y bebió de la botella, para luego preguntarle —¿Cómo es que las hace?. Es decir, son lo mejor que he comido en toda mi vida, pero no entiendo qué puede tener tan bueno esa mujer para que la consideres amiga tuya

—Leíste la nota que me mandó, ¿cierto? —preguntó ella con una ceja alzada mientras le quitaba de la mano la botella a su primo

—Sí, la leí —contestó él sin entender a dónde quería llegar la mujer

—¿Qué pudiste deducir de lo que me puso?

—Que es Muggle y que dijo que te adora…, no entiendo a dónde quieres llegar — respondió él, bebiendo nuevamente

—¿De verdad no puedes deducir nada más? —inquirió ella con una sonrisa burlona en su rostro

Sintiéndose ofendido, Sirius se puso de pie y se fue esta la mesa tomando la nota que había leído anteriormente, para luego volver hasta donde su prima con rapidez, puesto que la lluvia y los truenos le retumbaban en la cabeza. Se sentó en la cama y leyó nuevamente las palabras que había en el papel. —Aquí solo dice que espera que las cosas no estén tan mal, que le digas si necesitas algo y que te adora…, no sé qué más debería entender de aquí

—Si es que eres más imbécil de lo que creía Sirius…, aunque no sé por qué me sorprende —murmuró ella llevándose una mano hasta la frente —. Léela de nuevo

El animago hizo lo que le dijeron y leyó con detenimiento, fijándose por fin en lo que Bellatrix quería que viera

—¿Por qué te dice que no mates tantos Muggles o la dejarás sin material? —susurró con lentitud, temiendo la respuesta que podía recibir

Bellatrix le miró y sonrió ladinamente. —Porque la materia prima principal de esas maravillosas empanadas que te comiste…, son Muggles —respondió sintiendo el regocijo que aquella revelación conllevaba

Sirius que tenía la botella de whisky en la mano, abrió los ojos de par en par mostrando su estupefacción y lentamente se la extendió a la bruja que la recibió con premura y se llevó la mano a la boca. No podía creer lo que estaba escuchando y su estómago se empezó a retorcer de formas desagradables. Sintió que las nauseas se agolpaban en su garganta con rapidez y bajaban hasta la boca del estómago, repitiendo ese proceso varias veces.

—Me…, me estás diciendo —susurró con temor —. ¿Me estas diciendo que comí Muggles?

—¡Bravo!, ¡Al fin usaste el cerebro para lo que está hecho! —celebró ella riéndose a carcajadas. Después bebió nuevamente de la botella y se siguió riendo por las caras que estaba poniendo Sirius

—¡¿ME ESTÁS JODIENDO?!, ¡ES QUE NO PUEDES NI COMER COMO ALGUIEN NORMAL! —se quejó él sintiendo que su estómago se subía hasta su boca. Se llevó las manos a los labios y salió corriendo al baño para meterse los dedos dentro de la boca, induciendo el vómito. Al ver que no salía nada de su cuerpo, se desesperó y metió los dedos más al fondo, tocando su úvula con ahínco. Las arcadas que profería se mezclaban con las risotadas que salían de la garganta de la bruja que se estaba partiendo de la risa dentro de la cama. —¡POR QUÉ NO ME SALE NADA! —gritaba con desesperación

—Han pasado horas desde que comiste bruto…, los Muggles ya están más que metidos dentro de tu ser —respondió ella carcajeándose con fuerza

—¡AY MERLÍN!, ¡ME VOYA IR AL INFIERNO POR CANÍVAL! —se lamentó mirando al techo teatralmente

—Ya deja de quejarte y ven, que me está dando asco escucharte tanto forzar el vómito. Toma, bebe un poco y corta tu escándalo, si ya te los comiste y tú mismo dijiste que había sido lo mejor que has comido en toda tu vida —le amonestó ella con una risa ladina en su rostro aún

Sirius acató lo que le habían dicho con pesar y arrastró lo pies hasta su prima, quitándole con fuerza la botella de las manos para así limpiar con el alcohol lo que estaba sintiendo. Luego de tragar varios minutos, pasó sus dedos con vehemencia y determinación sobre su lengua, intentando limpiar lo que, para él, era algo anormal y aberrante

—A todo esto…, ¿qué es eso del infierno?. Eres demasiado dramático pulgoso, y fuiste tú el que quiso saber sobre mi amistad con Nellie

—¡Pero Bellatrix!, ¡Me diste de comer humanos!, ¡Merlín, no puedes tener gente a tu alrededor que simplemente sea alguien que te tiene cariño o lo que sea! —se siguió quejando él —. Es increíble…, tu amiga es asesina y los cocina para después venderlos

—Y es genial, porque se los vende a los mismo Muggles…, ¡Es una genio!. Los mata y después se los da de comer, ¡y recibe dinero por eso! —acotó la bruja sintiéndose orgullosa por la mujer que había hecho parte de su vida hacía años

—Igual de loca que tú…, es lógico que sea tu amiga… —murmuró bebiendo nuevamente, sintiendo como su estupefacción crecía más y más.

Gracias a la inusual conversación que estaban teniendo, el miedo que habían sentido en un comienzo por la tormenta que se fraguaba en la calle se había quedado lejana y ya no sentían ese temor en sus cuerpos. Estuvieron en silencio, uno lamentándose por la información que había recibido y la otra analizando los gestos que hacía su primo frente a ella.

—El infierno es eso que dicen los Muggles que se van cuando han hecho cosas malas en sus vidas —comentó Sirius rompiendo el silencio

—Ah…, entonces yo tengo entrada preferencial a esa cosa…, aunque realmente yo creo que mi misión en la vida es entregar amor a las personas. Piénsalo, cuando yo mato y torturo a alguien, sus familiares se unen y se apoyan entre ellos, se juntan y viven el dolor todos unidos como las familias que son…, soy alguien que ha sido enviada para crear amor y armonía en el mundo —espetó con orgullo levantando la barbilla y sonriendo

—No tiene resultado si es que matas a la familia entera —retrucó él

—Mmm…, cierto…, bueno entonces el caso se da cuando queda alguien vivo —dijo ella asintiendo con vehemencia

Un nuevo trueno resonó por todo el cielo, retumbando en los tímpanos de ambos, haciéndoles volver al miedo aterrador que sentían. Se miraron y observaron en los ojos del otro lo mismo que estaban sintiendo. Se vieron reflejados con nitidez y no sabían si les daba más miedo lo que les hacían sentir los truenos y la lluvia o lo que estaban observando en su familiar. Un ligero temblor se había apoderado del cuerpo de ambos y Sirius sin decir nada, hizo el amago se subirse a la cama y acostarse junto a la mujer, pero la bruja le empujó por el pecho, negando con la cabeza lentamente. El animago entendió que ella no se sentía a gusto teniéndolo tan cerca, puesto que el asunto del beso aún estaba presente en los pensamientos de ambos. Se levantó de la cama y se fue del lugar. A los segundos de haber abandonado la habitación, un perro enorme había entrado por la puerta de la pieza y sin pedir permiso, se subió a la cama y creó un surco con su cuerpo, amoldando el colchón y acostándose luego. Pasó su lengua mojada y babosa por la mejilla blanquecina de la bruja y cerró los ojos, sintiendo el golpeteo desbocado que estaba realizando su corazón en su pecho animal.

Bellatrix se quejó por lo que había hecho Sirius y se limpió la baba de la cara con un trozo de sábana. Se quedó callada y se dedicó a mirar al perro. Vio las acciones que había realizado el hombre y sin querer admitirlo, la ansiedad y el miedo habían disminuido al momento en que su primo se había acostado a su lado. Apoyó la cabeza sobre la almohada y cerró los ojos, sintiendo luego una pata peluda y pesada sobre su cintura. Abrió un ojo y vio que el enorme perro negro estaba volteado hacia ella y le había rodeado el cuerpo con su pata, logrando por fin que el temor se fuese lejos, reemplazándolo por nerviosismo un calor inusual en su cuerpo. Cerró los ojos y se dejó llevar por el olor que estaba llegando a sus fosas nasales, llegando a su espacio especial dentro de su mente, con la imagen del cielo despejado y las estrellas brillando en el firmamento.

A la mañana siguiente, despertaron por los rayos del sol que estaban entrando por las cortinas de la habitación, y sin decir nada al respecto de lo que había pasado durante la madrugada, se levantaron. Se turnaron para poder hacer uso del baño y luego llevaron sus cuerpos hasta la mesa, comiendo los alimentos que les había hecho aparecer la elfina de la bruja. Sirius tenía más que claro que las cosas estaban cambiando entre ellos, y quisieran o no, tenían que cambiar, puesto que la guerra, los planes y sus conocidos les harían frente en algún momento, así que tenían que estar preparados

—¿Has pensado que hacer con esta situación? —soltó de un momento a otro el hombre después de haber tomado una gran bocanada de aire

Bellatrix no contestó de inmediato, pero al finalizar de beber su té con whisky, miró al hombre a los ojos y asintió lentamente. —Tengo que hablar con mi marido —murmuró

El animago sintió un fuerte golpe en el estómago ante la mención del esposo de su prima, pero desterró el pensamiento de querer gritar, puesto que no tenía sentido. Obviamente ella tendría y querría hablar con él, así que se obligó a tener presente que la bruja estaba casada y que tenía que dejar de sentir aquellas emociones tan perturbantes y bizarras. —Claro —dijo suavemente, intentando que su tono de voz no lo delatara —, ahí tienes pergamino y tinta — apuntó con la mirada hacia el pequeño escritorio que tenía

La bruja alzó la ceja con inquina y frunció el ceño —Tengo que hablar con mi marido…, en persona —aclaró

Aquello lo tomó por sorpresa y no fue capaz de controlarse. Se puso de pie y caminó con brusquedad de un lado hacia el otro

—Bueno y a ti ¿qué te pasa? —preguntó ella con los brazos cruzados, no entendiendo el comportamiento del mago

Sirius se quedó quieto y la miró a los ojos —Tú no vas a ninguna parte —susurró con gravedad en su voz, con un tono que no dejaba réplica

El problema era que no le estaba hablando a cualquier persona. —¿Quién te crees que eres para decirme a mí lo que tengo y no tengo que hacer? —inquirió ella con enojo en su voz —. A mí no me vas a dar órdenes

El hombre estaba sintiendo que su cuerpo quería golpear y destruir todo lo que tenía a su alrededor, puesto que de solo pensar que su prima saldría de allí para ver a su esposo, hacía que la sangre le hirviera. El problema era que seguía sin entender esos sentimientos que estaba experimentando y solo se dedicó a actuar. Se acercó de manera amenazante a la bruja y tomó su brazo con fuerza, apretando su agarre en la piel. —Ya te lo dije, de aquí no sales —volvió a susurrar tirando de la extremidad para quedar a un palmo de su cuerpo

Bellatrix sentía la respiración agitada y pesada de su primo en el rostro. A su vez, tenía sus pulsaciones a tope y no estaba pensando racionalmente. Alejó su brazo del hombre y logró zafarse, haciendo que su primo apretara el puño, dejando los nudillos blanquecinos a la vista. Lo miró a los ojos con rabia. —Mírame hacerlo… —murmuró, desapareciendo del lugar en el acto.

Al verse solo, Sirius se sentó en el sillón y cruzó una pierna sobre la otra —Que haga lo que quiera. —se dijo a sí mismo, obligándose a no ir tras la mujer, haciendo acopio de todo su orgullo y testarudez, sin saber que aquello no le traería nada bueno.

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Bellatrix apareció dentro del claro de un bosque. Había actuado con irracionalidad y se apareció en el único lugar que recordaba haber estado cuando quería tener cierto tiempo sola. Tenía rabia por lo que había sucedido con Sirius, puesto que independiente de la ayuda que le estaba brindando al tenerla allí, no le hacía tener el derecho de mandonearla como quisiera. Odiaba cuando las personas se tomaban atribuciones con ella que no correspondían y ya estaba harta de que un hombre quisiera imponerse sobre ella. Chasqueó los dedos y su elfina se hizo presente frente a ella

—Dile a Rodolphus que necesito conversar con él — ordenó y vio como la criatura desaparecía, pero un sonido cercano a su espalda le hizo voltearse con fuerza, haciendo que su sangre se helara de golpe ante la imagen que estaba llegando a sus ojos. Unas fauces grandes y ensalivadas le gruñían y su cuerpo se tensó en el acto, haciendo que no se pudiera mover de su sitio.