No hay marcha atrás

Cuando Ben les comunicó a los droides que cenaría con Rey parece que se volvieran locos, hacía mucho tiempo que no tenían visitantes en el palacio y como buenos droides de protocolo querían satisfacer a sus amos. La etiqueta parecía fundamental como parte del ceremonioso acto de cenar en aquel lugar, algo de lo que Ben no tenía ni idea ya que todos los días le llevaban la comida a su habitación.

-Señor debo informarle que para cumplir con las tradiciones de palacio al menos se ha de presentar ante la ama Rey con media etiqueta.- El droide explicó.

-Es una simple cena CPO5, no creo que sea necesario. - Respondió Ben.

-Señor estos pormenores han sido informados a la ama Rey y ella está de acuerdo, ¿no pretenderá faltar al decoro y a su dama? - Contestó el droide.

-Está bien, pero enséñame qué tienes por ahí. - De nuevo respondió Ben

Rey no se lo podía creer, un armario repleto de vestidos, nunca había llevado uno, excepto para entrar al casino de Danae, pero debía reconocer que la experiencia le encantó, la hizo sentirse especial, alguien diferente. En cuanto lo vio lo tuvo claro, se decantaba por el blanco, era el más sencillo: su fontal liso sin escote caída delicadamente hasta sus pies ciñéndose a sus formas y como único elemento a destacar eran las dos muñequeras doradas, pero el secreto estaba en la parte trasera: el vestido desvelaba completamente su espalda, hasta casi el lugar donde perdía su nombre. Si era de Leia pensó, era más atrevida de lo que creía.

El negro definitivamente le sentaba bien, aunque la combinación de pantalón, botas y chaqueta negra resaltaban más con camisa blanca. Ahora que ya no necesitaba la muleta se sentía más seguro de sí mismo, más fuerte, veríamos cuanto aguantaba en su presencia.

Habían quedado a las ocho, a esa hora la luz emitía sus últimos rayos para comenzar a esconderse tímidamente entre las montañas, y las pequeñas luces tintineantes que poblaban el jardín y la terraza comenzaban a cobrar vida.

De nuevo la encontró como la primera vez que la vio en aquel palacio, de espaldas contemplando al lago, pero no sabía a quién tenía que estar tan agradecido por lo que veía en ese momento. Un imponente vestido blanco delineaba perfectamente todas y cada una de las formas de Rey, dejando a plena vista la totalidad de su espalda, definitivamente no sabría si podría contenerse. Se fue acercando a ella hasta colocarse a su lado para echar un último vistazo a su espalda y ver que conseguía ponerla la piel de gallina, eso lo complació.

-Te gusta mucho el lago, ¿no es así? - Ben inició la conversación.

-Esto es todo lo que no tuve de niña: agua, verdor, vida, naturaleza, me encanta. - Rey sonaba como una niña, una sonrisa se dibujó tras finalizar sus palabras, algo que también hizo sonreír a Ben. Rey se giró justo a tiempo para verle y sorprendida le dijo:

-¿El líder de la Primera Orden también sonríe? -

-Algunas veces- Contestó Ben de forma altiva e irónica.

Rey se quedó con el rostro serio mientras miraba a Ben, nunca lo había visto así, si de negro, pero no tan elegante, ¿era esa la palabra? A quién le importaba si se derretía solo con verlo, el negror se su pelo se fundía con el de su ropa, mientras que su camisa blanca le aportaba luz al rostro dotándole de una extraña calidez. Se prohibió seguir con sus pensamientos.

-¿Vamos a cenar? Sugirió Rey.

Él caminó tras ella, para aprovechar las dulces vistas que esa noche le regalaba y para ayudarla a acomodar su silla una vez se sentó, la excusa perfecta para acercar su rostro al cuello desnudo de ella, que llevaba el pelo recogido y lamer con su suspiro la suave piel de Rey. Otro escalofrío que ella fue incapaz de controlar.

-Aún no me has dicho dónde estamos.- Preguntó Ben para romper el hielo.

-Estamos en Naboo, en la casa de tu abuela Padme. - La verdad es que no esperaba tanta sinceridad y tan rápido en la respuesta de Rey. Pero ahora empezaba a recordar, poco a poco, los veranos que pasaba aquí.

-Mi madre lo sabe.- Un tono de crispación delató los pensamientos de Ben.

-Era la única persona a la que podía acudir, todos los demás te querían muerto. - Rey continuó.

Ben guardó silencio, su madre al final siempre estaba ahí para salvarle, a él, el todopoderoso líder de la Primera Orden.

Los droides comenzaron a traerles la comida, la verdad es que Rey estaba encantada, nunca había probado tal variedad de sabores y texturas. Ben le contaba historias sobre los platos y lo que había comenzado a recordar una vez le desveló dónde se encontraba.

-Siempre me tiraba desde el embarcadero y nadaba hasta la cascada, pero nunca me atreví a cruzarla.- Las palabras de Ben eran medidas evitando mencionar de forma intencionada a sus padres, en especial a Han. Rey le compensaba con sus historias en Jakuu, en verdad ambos estaban sorprendidos de lo fácil que había transcurrido la cena, sin luchas, sin insultos, solo ellos.

-¿Quieres sentarte en la chimenea? Ben la invitó, ahora puedo enseñarte que Naboo también tiene otros secretos, y se dirigió hacia el minibar. ¿Alguna vez probaste la Savia de Amurak? En realidad, no quería que ella bebiera, no quería que ella se fuera, no quería que esto acabara. Creo que será mejor que no pruebe nada, no estoy acostumbrada al alcohol.

-Pues siéntate conmigo. - Casi le suplicó Ben.

El corazón de Rey latía con mucha fuerza, estaban demasiado juntos, con poca luz y ¡por los dioses! Su boca, se veía tan jugosa y apetecible, sus ojos parecían estar hipnotizados. De repente un ruido fuera la distrajo y se giró para ver si veía algo. Ben no pudo aguantarlo más, tenía que tocar esa sedosa piel, lo estaba llamando, lo estaba invitando y con la mayor delicadeza del mundo deslizó suavemente su dedo índice rozando la columna de Rey. Fue como un rayo que los atravesó a los dos, Rey dio un respingo y Ben apartó la mano, ella no se atrevía a mirarlo.

-Rey. - Él la llamó

-Rey mírame. - De nuevo Ben pronunció su nombre.

-Rey sé que eres consciente de que puedo sentirte, puedo sentir tus emociones, al igual que sé que tú puedes sentir las mías. - Ben continuó.

Rey se giró para enfrentarlo, mientras la mano de Ben se alzaba para acunar su cara y la otra buscaba la de Rey para llevarla hasta su corazón, quería que ella sintiera cómo latía. Era inevitable, como dos polos que se atraen sus bocas se encontraron para fundirse en un beso. El cuerpo de Ben se activó para envolver a Rey entre sus brazos y atraerla hacia él, mientras que Rey hacía lo propio con sus brazos mientras acariciaba su pelo.

Lo que empezó con un tímido beso fue tornándose en algo más, por fin sus sueños se estaban haciendo realidad bajo el crepitar de las llamas de la chimenea, pero algo sacó a Ben de su embrujo, de pronto unas manos se interponían entre él y Rey y sus labios desaparecieron.

-No Ben.- Las palabras salieron de la boca de la jedi.

-¿Qué ocurre? - Preguntó Ben afligido.

Rey se puso de pie para marcar las distancias, no estaba segura de poder hacer esto si estaba demasiado cerca de él, no podía pensar con claridad.

-Debemos detener esto, no tiene sentido y no puede ser.- Las palabras de Rey fueron tajantes.

Ben se levantó para coger del rostro a Rey y mirarla a los ojos.

-Rey aquí estamos solos tú y yo, nadie más importa.- Ben pudo percibir la tristeza y el debate de Rey no solo en su interior, sino también en su mirada.

Rey alcanzó con su mano la de Ben para retirarla de allí.

-Te equivocas, todo importa.- Y Rey abandonó la habitación entre lágrimas dejando a un Ben Solo devastado.

El mayor miedo de Ben se hacía patente, que ella no pudiera superar todo lo que él arrastraba, sus miserias, sus muertes, su dolor, que no pudiera quererlo simplemente como Ben, pero ¿cómo iba a quererlo si realmente él era un monstruo? Ella no se lo merecía, no se merecía a alguien como él. Dio un fuerte puñetazo a una pequeña columna del salón para partirla antes de volver completamente dolorido a su habitación.