Prompt: necesidad.


La abandonada


—Le cuento su fortuna por cinco libras.

La mujer sacude la cabeza. Antes de que Sybill pueda insistir ya ha echado a andar de nuevo, perdiéndose entre la multitud.

Sybill se frota las manos y espera a que otra persona se detenga ante su pequeña parada, pero nadie parece tener tiempo para lecturas del tarot. Cuando cae la noche y las luces de la calle se encienden, ella recoge la mesa y la silla con resignación, notando su estómago rugir de hambre. Arrastra los muebles hacia un callejón y, procurando que ningún muggle la vea, los introduce en una bolsa hechizada para contener ambas cosas.

Esa jornada ha ganado diez libras. Con ellas compra algo de comida, intentando ignorar las miradas de lástima que la vendedora dirige a su abrigo remendado; luego vuelve a su apartamento en Dorset Street. Antes de entrar mira a su alrededor, nerviosa y asustada.

«Estamos interesados en personas con habilidades en adivinación. Tiene dos días para pensárselo». El hombre que le había realizado la oferta había parecido amable y considerado, pero a Sybill no le había gustado su secretismo ni su túnica negra. Huyó de su casa inmediatamente, y desde entonces se mueve constantemente por el país, siempre entre muggles. Ha leído demasiadas noticias sobre magos y brujas con talentos especiales asesinados en callejones.

La casera sale a recibirla.

—He encontrado una carta para ti en el felpudo —le dice la mujer—. No sé por qué no la han dejado en el buzón.

Sybill se permite ilusionarse. Ha escrito al Ministerio pidiendo ayuda en múltiples ocasiones; solo le han contestado para decir que considerarán si deben protegerla. Todos los aurores están demasiado ocupados, parece ser.

El sobre no lleva ningún sello oficial.

Su casa está congelada, pero no cuenta con una chimenea y Sybill no tiene dinero para pagar lo que los muggles llaman electricidad, así que conjura una pequeña llama con su varita y se sienta en el suelo. Le sigue doliendo el estómago, aunque ahora no sabe si es por la tristeza o por el hambre.

Acerca la carta al fuego y la abre preguntándose qué hará si contiene un ultimátum. Tiene miedo, porque sabe que hay posibilidades de que acepte. Está al límite de sus fuerzas y necesita que alguien cuide de ella, poco importa ya cuales sean sus creencias.

«Señorita Trelawney, he recibido su carta con respecto a la vacante en el puesto de profesora de Adivinación. Estoy dispuesto a entrevistarme con usted…».

Sybill tiene que leer la misiva un par de veces antes de creerla. Ya ni siquiera recordaba haberse interesado por ese empleo; todo lo ocurrido el año anterior le parece a un mundo de distancia.

—Por favor… —Sybill aprieta el papel contra su pecho y se echa a llorar—. Por favor, por favor…

Implora por que Albus Dumbledore la escuche, porque tiene la sensación de que es su última oportunidad de huir de la miseria, y tal vez incluso de salvar la vida.