Personajes: Igor Karkarov ft. Antonin Dolohov (y Emmeline Vance).
Prompt: Fotografía.
Condición: Debe aparecer un bebé o niño.
12. Un último recuerdo
Sintió un escalofrío cuando se apareció en el lugar.
Sobre la casa y en medio del cielo, flotaba la calavera con la serpiente saliéndole de la boca. Algo innecesario, en opinión de Igor Karkarov, porque avisaba a los vecinos sobre el nuevo ataque. Pero a Antonin Dolohov le gustaba llamar la atención, que el mundo conociera lo que estaban haciendo.
Avanzó con pasos lentos por el recibidor, varita en mano, con los sentidos despiertos ante cualquier movimiento. Su compañero ya había peinado tanto el primer como el segundo piso, asegurándole que la mujer se había escapado, pero Igor —que sabía meterse en la piel de las víctimas— sospechaba que estaba escondida en alguna parte. Solamente era cuestión de buscar.
Recorrió la habitación principal, buscando cualquier rastro de magia, pero no encontró más que el eco de sus pasos en la madera raída. La segunda habitación debía pertenecer a un niño por la decoración y los juguetes desperdigados por el suelo.
Aquello se estaba volviendo cada vez más incómodo. El único defecto que tenía Igor —en opinión de Antonin— es que lo sensibilizaban demasiado los niños. Por supuesto que nunca le había hablado del hermano perdido a los siete años de edad y de la profunda huella que había dejado en él. Era la única barrera que como mortífago no podía traspasar.
«Cuando me dijeron de la muerte de Ivar, me escondí debajo de la cama para que el dolor desapareciera.» Con ese pensamiento, dedujo dónde se encontraría la mujer y el niño. «Antonin siempre se decanta por las opciones más rebuscadas. Cuando se siente temor, la primera posibilidad es la más evidente.»
Pero, al buscar debajo de la cama, se encontró con la mujer y el niño de la fotografía que le había arrancado a Fabian Prewett. A diferencia del retrato, la expresión de la mujer era de puro temor y el niño tenía los ojos cerrados.
Después de volarlo en pedazos, la fotografía había sobrevivido en un claro acto de rebeldía y de esperanza. «Si encuentro la muerte, quiero que sea con ustedes a mi lado», decía en el reverso. Igor había leído las palabras una y otra vez, y se preguntaba si así eran las verdaderas familias.
—Distraeré a mi compañero, pero tienes que abandonar esta casa inmediatamente —susurró el mortífago—. Si envían a otro a buscarlos, no correrás con la misma suerte.
La mujer susurró algo parecido a un «gracias».
Igor sacó la fotografía de su bolsillo —la llevaba consigo desde que la había tomado— y la deslizó por el suelo. No podía devolverle a su esposo —ni su cuerpo porque no quedaba nada de él—, pero podía entregarle un último recuerdo.
—Toma al niño y vete tan lejos como puedas. Cambia tu nombre, tu apariencia y empieza de nuevo. —Salió de la habitación—. Aquí no está Emmeline Vance, Dolohov. ¿Estás seguro que estaba en esta casa?
Se convenció a sí mismo que lo había hecho por el niño. Después de todo, eran su única debilidad.
