Capítulo 11

Ambos se incorporaron y caminaban a la par junto a Jax. Desde la plaza a la casa de Scott quedaban unas tres cuadras.

— ¿Qué haces en tu tiempo libre, Scott?—se interesó.

—La verdad tengo poco tiempo libre porque todos los días ingreso a las siete y media de la mañana a la comisaría y salgo a las tres de la tarde. A veces me quedo más tiempo en la comisaría. Llego a mi casa y lo que más me gusta hacer es escuchar algo de música, hacer ejercicio, alimentar a Jax y cuando tengo oportunidades como hoy, sacar a pasear a Jax.

—Vaya... sí que adoras a Jax.

—Es la única compañía que tengo.

— ¿No tienes amigos?

—Sí y no.

— ¿Cómo es eso?—preguntó curiosa.

—Solo el comisario. Nos tenemos en las buenas y en las malas cuando más nos necesitamos pero no compartimos mucho tiempo en común. Solo el trabajo. Eso hace que no nos conozcamos mucho.

— ¿Cuántos años tienes?

—33. ¿Y tú?

—32.

— ¿Y cuáles son tus pasatiempos?

—Me gusta mantenerme informada de todo. Me encanta leer el periódico para conectarme con lo que sucede en el mundo. Lamentablemente en el piso de alquiler no hay televisión ni tengo un ordenador, ni siquiera un teléfono móvil. No me alcanza el dinero para poder comprármelos. Cuando llegué a esta ciudad, vine con el dinero que obtuve vendiendo justamente aquellas pertenencias. Así que por lo pronto, lo más parecido que tengo a eso es el periódico.

—Yo... yo tengo un televisor pero no me gusta encenderlo. No me gusta conformarme con solo escuchar.

— ¿Puedo un día venir a ver la televisión? Es que hace más de un año que no veo nada.

—Claro—respondió mientras ya percibía con sus pies la rugosa vereda de su casa, pues reconocía las baldosas de hormigón que eran distintas a las del frente de las demás casas, así era como lograba identificar su hogar—. Llegamos.

—Me gusta tu casa. No está lejos del parque.

—Gracias. También me gustaría tener plantas pero sería incapaz de cuidarlas.

—Veo que te gustan los animales y también la naturaleza.

—Sí. Me gustan muchas cosas. Bueno, Jean. Creo que ya deberías irte.

— ¿Me estas echando?

—No. Solo que me preocupa que te vas sola en la noche.

—No me pasará nada. Oye, entre esas muchas cosas, ¿estoy yo?

—Sí—respondió sonrojándose—. Sabes siempre sospeché que no solo eras médium. Eres una mujer muy inteligente, Jean.

— ¿Me das un beso?

—Bueno—dijo sonriendo.

Jean también sonrió cuando veía cómo Scott elevaba una mano intentando alcanzar su rostro. No podía parar de sonreír al sentir el delicado contacto que él le proporcionaba en su mejilla hasta que ella le sujetó la mano haciéndole alcanzar su rostro.

—Bésame.

Scott se acercó cerrando sus ojos y cuando estaba a punto de alcanzarla ella también los cerró y sintió sus labios besándola por fin. Él era sumamente tranquilo y se separó de ella dejándola con ansias de más.

— ¿Ahora un abrazo?

—Jean...

—Por favor...

Jax ladró haciéndolos reír. Él cedió y abrió uno de sus brazos al tiempo que sostenía con el otro la correa. Ella se refugió en su pecho. Le agradaba sentir su fuerte brazo a su alrededor depositándole todo su calor. Cerró sus ojos para poder apreciar el fuerte latir de su corazón.

— ¿Contenta?

—Algo. Me haces pensar que no te gusto.

—Si me gustas Jean. Me encantas.

—A la próxima quiero pruebas más fehacientes—Jax ladró haciéndolos reír nuevamente.

—Las tendrás.

—Adiós, Scott.

—Adiós, Jean.

Ella se quedó contemplándolo mientras él se giraba con Jax, le liberaba de su correa y luego se acercaba a la puerta de entrada de su casa. Lo vio hurgar en el bolsillo de su pantalón, sacó una llave y se disponía a introducirla en la cerradura de la puerta.

— ¡Scott!—gritó al tiempo que corría hacia él.

—Despertarás a todos mis vecin...—fue silenciado por los labios de Jean.

Lo besaba mientras sus manos iban a su cuello y él la rodeaba con sus brazos hasta que también se perdió en el beso y se le cayeron las llaves. Cuando fue suficiente para ambos, se separaron.

—Ahora me voy contenta—dijo agachándose para levantar la llave.

—Si así te despides siempre me vas a volver loco—confesó sonriendo mientras ella depositaba la llave en su mano.

—Lo tendré en cuenta entonces. Nos vemos, Scott.

—Adiós, Jean. Llega pronto a casa y cuídate mucho.

—Lo haré.

Mientras sentía sus pasos alejarse, él abrió con llave la puerta de su casa y entró. Luego de un rato salió afuera ya con su bastón y alimentó a Jax. Estaba contento ya que ella lo hacía sentir así. Sintió una fresca brisa envolverlo pero los días fríos ya comenzaban a desaparecer. Luego un pensamiento lo inquietó. ¿Si se sometía a un tratamiento médico realmente podría recuperar la vista? Recordó con tristeza el accidente de tránsito. Aquel día conducía el vehículo mientras iba discutiendo con Emma así que en un momento no se percató del camino y embistió con otro vehículo. Para su mala suerte nadie salió más perjudicado que él. Todos con heridas leves y él, con la pérdida de la visión. Pensó en el diagnóstico que le hicieron en aquel momento. Presencia de coágulos sanguíneos en los ojos. Le habían dicho que podían ser operables. ¿Si se operaba podría volver a ver? Para Emma Frost no era más que un ciego inútil pero, ¿qué era él para Jean? Estaba dispuesto a averiguarlo. Él sentía algo por Jean que aún no podía describir y lo cierto es que le gustaría conocer visualmente a Jean, poder verla y poder ver a Jax también.

Jax dejó de masticar y él entró al interior de su casa pensando aún en todo aquello.