Un cowboy por navidad

Esta historia es una adaptación.

La historia original de Tess Curtis.

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 12

Bella suspiró, excitada ante aquel contacto en uno de sus puntos más erógenos. Edward notó cómo ella se pegaba más a su cuerpo e introdujo una mano debajo del jersey para comenzar a acariciar la dulce piel de aquella mujer, que a cada caricia se rendía más a él, haciéndolo endurecer y volviéndolo loco. Quería más de ella. La volvió a besar larga y apasionadamente en la boca, sintiéndola profundamente. Se separó de ella y se miraron a los ojos, analizando cada uno el deseo del otro.

Edward tomó una decisión, la quería en su cama y la quería ya. Se agachó y la cargó en su hombro, tal como había hecho aquella mañana. Bella dio un grito de sorpresa al verse cargada de nuevo, pero le excitó aquella forma de llevarla a la cama.

Al llegar a su dormitorio la lanzó suavemente sobre la cama, donde ella quedó tumbada con la melena castaña a su alrededor. Edward se inclinó sobre ella y le retiró varios mechones que le tapaban aquel bello rostro de ojos azules que lo miraban en la penumbra de la noche, apenas iluminados con la luz que el pasillo y la puerta abierta les brindaban.

—Tienes una forma muy curiosa de llevar a las mujeres a tu cama, Edward —le dijo mientras él volvía a la carga, ahora besándole el estómago.

—Tengo otras muchas —respondió él, silenciándole una sonrisa con sus labios en otro beso intenso y apasionado que los encendió aún más.

Bella tiró hacia arriba del jersey de él, deseaba tenerlo piel con piel. Aprovechó que él se lo quitaba para quitarse el suyo y quedar expuesta ante él. Edward sonrió en la penumbra de la habitación antes de volver a la carga con sus labios, deseaba besarla y perder el aliento una vez tras otra con ella. Su gran mano le cubrió a duras penas uno de sus pechos, generoso y apetecible bajo el sujetador. Sintió el pezón duro contra su palma y posó la boca sobre la prenda para apresárselo con los labios, mientas ella emitía suaves gemidos de placer con cada caricia que él le propiciaba. Una mano hábil desabrochó el sujetador liberándole los pechos, la prenda se hizo a un lado y Edward la observó con deleite.

—Eres más deliciosa de lo que pensaba.

Su boca se cernió sobre los pezones, por turnos, succionándolos, apresándolos suavemente con los labios y ofreciéndole varios mordisquitos que la hicieron estremecer debajo de él.

Bella bajó las manos por el pecho de él para tratar de alcanzar sus pantalones, quería llegar al botón y a la cremallera, deseaba tocarlo y la urgencia se hacía cada vez mayor. Edward sabía cómo volverla completamente loca de deseo y placer.

Él sonrió en su boca y con ayuda de un pie y otro se deshizo de las botas, que cayeron al suelo una tras otra, permitiéndole mejor acceso a sus pantalones. Le gustaba que ella se mostrara tan deseosa de aquello, porque él no lo estaba menos. Cuando el pantalón estuvo desabrochado, la audaz mano de Bella se deslizó por dentro para acariciarle en toda su extensión, notando la dureza de Edward. Este interrumpió el beso para incorporarse a los pies de la cama y deshacerse de los pantalones, dejándolos abandonados a los pies también. De nuevo la besó en los labios para bajar en un reguero de besos a lo largo de su cuerpo y detenerse en su ombligo con su lengua, haciéndola arquearse. Le desabrochó los pantalones y le bajó la cremallera para luego deslizárselos por las piernas y terminar en el suelo al lado de los suyos. Pasó la mano suavemente, ejerciendo algo de presión donde sabía que se encontraba su zona más erógena y delicada, provocándole un estremecimiento antes de acabar de nuevo en su boca, aspirando cada suspiro que ella emitía. A continuación, le bajó las braguitas que acabaron junto al montón de ropa que se apilaba a los pies de la cama.

— ¿Me dejas probarte? —Le preguntó Edward en un susurro, al lado de su oído, antes de apresarle el lóbulo entre los labios—. Solo un poco, por favor.

Un asentimiento de cabeza de Bella le dio el visto bueno, abriéndose a él que, después de besarla de nuevo en los labios, bajó hacia el centro de su placer. Pasó la palma de la mano por la zona, haciéndola estremecer, para luego bajar la cabeza y rodear con la lengua su botón del placer, algo que provocó un fuerte estremecimiento en ella.

—Otro día jugaremos a esto —dijo Edward de nuevo en su oído, complacido tras saborearla unos minutos, sabiendo que Bella estaba más que lista.

—Te quiero dentro de mí —le dijo ella, sintiendo que no podría soportar ni un preliminar más.

Edward sonrió, aquellas palabras eran música para sus oídos.

—Y yo quiero ver cómo lo haces —respondió él, echándose a un lado e invitándola a que se pusiera encima. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la última vez de ella y sabía que estaba muy excitada, pero prefería que ella tomase el mando y llevase el ritmo en aquella ocasión.

Bella sonrió, comenzando a besar el pecho de Edward, para bajar por su anatomía hasta llegar hasta los bóxers, que aún permanecían en su sitio. Acarició el bulto que se apreciaba poderoso a través de la tela, para a continuación tomar con los dedos la cinturilla de la prenda y bajarla hasta los tobillos, donde él en un ágil movimiento se deshizo de la misma.

Ella observó la envergadura del miembro de Edward, sin duda estaba pero que muy bien dotado, acorde a su altura. Lo acarició con la mano desde su base hasta la punta, parándose a acariciarlo en aquel lugar con el pulgar.

—Pensaba que tenías prisa, castaña —dijo tragando saliva. Él también deseaba fundirse con ella.

Bella lo miró con ojos de deseo y una sonrisa pícara en sus labios, colocándose y colocándolo en la entrada de su cuerpo. Se dejó caer suavemente sobre él, aceptándolo en su interior, con alivio y placer, al sentirse llena completamente. Comenzó a moverse suavemente y se echó hacia delante sobre él, para sentirlo más profundamente en ella. Edward subió sus manos a su cintura y a sus pechos, admirando cómo se movían al vaivén de sus movimientos, cada vez más rápidos y placenteros para ambos.

—Lo siento, Ed—dijo ella, tragando saliva antes de arquearse sobre él, estallando en el mejor orgasmo que había tenido en mucho tiempo.

Edward cerró los ojos y gruñó estallando a la vez que ella, explotando a la vez en su interior, sintiendo las contracciones de los íntimos músculos de ambos. Aquella mujer sí que sabía moverse en la cama, maldita sea.

Aún unidos de forma tan íntima, Bella se inclinó sobre él y se besaron apasionadamente, aún entre suspiros y con el corazón a mil por hora.

—Quiero que me hagas esto mil veces más —le dijo él, extasiado con ella.

Bella sonrió, todavía excitada, señal de que había sido fantástico. Como nunca antes lo había sentido con nadie.

—Yo también, Edward —le dijo, antes de que él rodara con ella, pegado a sus labios, para aprisionarla con su cuerpo bajo él.


¡Especial de navidad!

Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)

Nos vemos.