A la mañana siguiente, Harry le contó a Ginny (no así a Ron y Hermione) lo que le había dicho Cedric Diggory. Era un consejo realmente raro: que se diera un baño en el Baño de Prefectos (a tal fin le había facilitado la contraseña de entrada, "frescura de pino") y que se llevara el huevo dorado consigo para meditar mientras se daba el baño. Ginny conocía el Baño de Prefectos, pues Percy le había dado permiso para darse allí un baño durante su primer año en Hogwarts, quizá con la esperanza (fallida) de que eso mejorara su estado de salud. Era un baño enorme, y era muy chulo, con una gran cantidad de grifos que daban cada uno agua con distintos tipos de sales aromáticas y grandes cantidades de espuma, lo que resultaba muy relajante. Pero Ginny no comprendía en qué podía ayudar eso a Harry. Harry pensaba que Cedric le había tomado el pelo, y Ginny, aunque no le parecía que Cedric Diggory fuera alguien que hiciera eso, se sentía inclinada a darle la razón.
Además, ahora tenía otras preocupaciones. Por ejemplo, los deberes. O la conversación que habían oído Harry y Ron entre Madame Maxime y Hagrid, de la que ambos informaron a Hermione (quien no se sorprendió nada). O la situación de Ron y Hermione, que parecían haber llegado a un acuerdo para llevarse bien. Eso la llevó a pensar en su relación con Harry. ¿Qué eran? ¿Eran sólo amigos? ¿Eran novios? Por un lado, no se habían besado y no habían tenido para nada una intimidad física mayor que la que pudieran tener dos hermanos o dos amigos. Pero por otra parte, Harry le había dicho bien claro que había algo entre ellos, y el hecho de que le dijera que no sabía si eran novios indicaba a las claras que al menos había considerado esa posibilidad. "Se lo consultaré a Hagrid", pensó, tras meditarlo mucho a lo largo de esos días.
Pero no contaba con algo que ocurrió el primer día de curso tras las vacaciones. Por la noche, Harry, Ron y Hermione le contaron a Ginny que no había sido Hagrid quien les dio ese día clase de Cuidado de Criaturas Mágicas sino otra profesora, llamada Wilhelmina Grubbly Plank. Pero lo peor era el motivo: ese día en el diario El Profeta había aparecido un artículo (que un enfurecido Harry le mostró), firmado (por quién si no) por Rita Skeeter, en el que además de revelar que Hagrid era hijo de una gigante llamada Fridwulfa, le pintaban como una especie de ogro come-niños que tenía aterrorizados a sus alumnos (el artículo, encima, citaba a tal efecto testimonios de cuestionable veracidad por parte de Draco y sus esbirros Crabbe y Goyle), lo cual había hecho que Hagrid se avergonzara y no quisiera presentarse ante sus alumnos. Ginny anotó mentalmente esta resolución: buscar y buscar en la biblioteca algún maleficio para Draco que estuviera a su alcance, algún maleficio que resultara realmente desagradable. Mientras, tras la cena acompañó a Harry, Ron y Hermione a la cabaña de Hagrid para pedirle explicaciones, pero sin éxito: aunque llamaron a la puerta durante minutos y minutos (y oyeron a Fang al otro lado, gimiendo y arañando), su enorme amigo no les abrió.
Durante los siguientes días, Ginny no pudo ver a Hagrid, que ni fue a dar sus clases, ni apareció por el Gran Comedor. Aquello la entristecía mucho, porque además de echar de menos a su enorme amigo, no tenía la oportunidad de pedirle consejo sobre qué debía hacer en relación con la siguiente visita a Hogsmeade, que tendría lugar ese mismo mes. No es necesario que diga que Ginny deseaba ardientemente ir ella sola con Harry, pero por otra parte, tras lo ocurrido durante el Baile de Navidad, no se atrevía a pedírselo abiertamente. No quería que pareciera que estaba presionándole. Además, era muy consciente de que, a diferencia de ella, Harry no tenía junto a él adultos de confianza que le aconsejaran (y por culpa de ese repugnante rubito de pelo grasiento llamado Draco Malfoy, tampoco a Hagrid, que era lo más parecido). Respecto a Draco, el verle en más de una ocasión acercarse a Harry para regocijarse de lo ocurrido con Hagrid la reforzó en su resolución de aprender algún maleficio para usarlo contra él. Había visto muchos investigando en la biblioteca, pero parecían demasiado complicados o demasiado agresivos. Ella quería hacerle pasar un mal rato a Draco pero no causarle lesiones graves. Un buen maleficio habría sido el maleficio de Vomitar Babosas que Ron había usado accidentalmente contra sí mismo durante el primer año de Ginny, pero por si acaso prefirió no arriesgarse, no fuera que le pasara algo parecido.
—Pídele a Potter ir tú sola con él a Hogsmeade, no seas tonta—le dijo una noche su amiga Demelza Robbins. Como en muchas otras noches, las dos muchachas se habían turnado para trenzarse el pelo la una a la otra.
—Lo he pensado, pero no me atrevo.
—¿No? ¡Pero si fuiste con él al Baile de Navidad, lo tienes en el bote!
—Ya, pero luego me dijo que no estaba seguro de si éramos novios o no.
—Típico de los tíos—Demelza movió la cabeza. —A veces desearía ser lesbiana, pero el problema es que no lo soy, porque me gustan los chicos.
Estuvieron un buen rato hablando de los distintos chicos de su curso, tanto de Gryffindor como de las demás casas, comparando sus cualidades y defectos. Hablaron también de otros chicos de otros años a los que conocían. Y se intercambiaron chismes sobre quién salía con quién y quién le gustaba a quién. Demelza, en un momento determinado, habló de Ron.
—No sé qué pensarás tú, pero en el Baile de Navidad vi a tu hermano discutir con Hermione Granger y tengo la sensación de que lo que pasaba es que no le gustó nada verla con ese tiarrón búlgaro.
—¿Eso piensas?—preguntó Ginny.
—Sí. ¿Sabes? Creo que tu hermano es bastante guapo, en el fondo. Sobre todo, sus ojos, tiene unos ojos azules muy bonitos.
—Oye, si quieres te lo presento.
—No, no. Aunque sea guapo, no creo que pudiera soportarle cuando se pone en plan cabezota.
—Apenas puedo yo… cuando se pone así desearía echarle una maldición.
—Yo a quien desearía echarle una maldición es al niñato Malfoy. Hoy mismo le vi burlándose de Colin Creevey, llamándole "sangre sucia maricón".
—¿Mariqué?
—Maricón. Es una palabra que los muggles usan para insultar a quienes nosotros llamamos "tíos a quienes les gustan más las varitas que los calderos" . Se ve que como Creevey es hijo de muggles, Malfoy pensó que así resultaría más hiriente. Y no solo eso, también se puso a insinuar cosas que supuestamente él querría que Potter le hiciera. Con todo lujo de detalles.
—He estado estudiando maleficios para echarle a Draco, pero los que he visto me parecían o demasiado complicados o demasiado violentos.
—¿Has oído hablar del Maleficio de los Mocomurciélagos?
—Nunca.
—Es un maleficio que hace que los mocos del maldecido se transformen en murciélagos gigantes hechos de mocos y le ataquen. El resultado es que en pocos instantes aquél a quien hayas maldecido queda cubierto de …
—No sigas—dijo Ginny, que sintió una ligera náusea al imaginarse a alguien cubierto de mocos. —Pero me gusta la idea, eso es justo lo que ando buscando.
—Pues si quieres te lo enseño.
—¿Sabes lanzarlo?
—Sí, mi madre me lo enseñó para protegerme de tíos que intentaran pasarse de la raya conmigo. No me sale muy bien, soy demasiado remilgada para lanzarlo con éxito, pero creo que tú, que has tenido que criarte con seis hermanos, podrás hacerlo muy bien.
—¡De acuerdo!—Ginny sonrió.
Y así lo hicieron. Afortunadamente para las dos chicas, ambas dominaban perfectamente los encantamientos de limpieza, que precisamente ese año estaban estudiando, porque ciertamente el maleficio ese era de lo más asqueroso, incluso cuando no se lo lanzaba con mucha mala idea, como hacían ellas entre sí para practicar.
—Imagínate cómo será cuando se lo lances a Malfoy con toda la mala idea—le dijo Demelza Robins la tarde anterior a la visita a Hogsmeade, mientras las dos chicas se limpiaban la una a la otra usando magia. —Piensa en todas las cosas malas que ha hecho y sigue haciendo, y te aseguro que vas a conseguir resultados espectaculares.
—Eso será fácil: Draco retando a Harry a un duelo falso en su primer año para que le cacen por los pasillos fuera de horas, Draco ese mismo año delatando a Harry y Neville cuando lo del dragón Norberto, Draco insultando a Hermione en su segundo año llamándola "sangre su…" y lo que sigue, Draco ese mismo año deseando la muerte a Hermione, Draco en su terver año fingiendo que Buckbeak lo había herido de gravedad…
—¡Basta, basta!—se rió Demelza. —Ya veo que el rubito tiene un buen currículum. Pero veo que has captado la idea. Piensa en todo eso y asegúrate de que la furia que todo eso te inspira fluya hasta tu varita. Ya verás qué bien te sale.
El caso es que esa misma noche Draco Malfoy estuvo a punto de experimentar por primera vez las delicias del maleficio de los mocomurciélagos, porque Ginny se encontró con él frente a la entrada del Gran Comedor. Pero antes de que pudiera sacar la varita, Harry la llamó.
—Ginny, quería pedirte una cosa.
"¿Por qué está tan nervioso?", se preguntó Ginny, viendo que Harry no la miraba a los ojos y se rascaba la coronilla con la mano. "¿Será que quiere pedirme una cita? No, no, no nos hagamos falsas ilusiones", se dijo.
—Dime, Harry.
—Mañana es la visita a Hogsmeade, como sabes bien. Y había pensado que…que…bueno…esto…—balbuceó. —Quiero decir…no quiero que saques conclusiones precipitadas, ¿eh?, pero creo que, dado que Ron no estará solo porque irá con Hermione, sería una buena idea que fuéramos…ya sabes…los dos juntos.
Ginny tuvo que contenerse para no dar un salto de alegría. ¡Por fin! ¡Lo que le había pedido Harry era ni más ni menos que una cita! ¡Exactamente lo que había deseado tanto!
—¡Claro, por supuesto!—asintió enérgicamente Ginny. —¡Claro que quiero ir contigo a Hogsmeade! Puedo hacerte de guía, el año pasado no pudiste verla bien y este otoño, con lo de mi hermano tampoco tenías muchas ganas de visitarla.
—Buena idea—aceptó Harry.
—Y quién sabe, quizá mi hermano y Hermione aclaren un poco las cosas entre ellos—añadió traviesamente Ginny.
—Aaaah—exclamó Harry, asintiendo con expresión cómplice.
Conque Harry y Ginny, llegado el sábado, marcharon hacia Hogsmeade. Ron y Hermione iban unos pasos por detrás de ellos. Pasando junto al lago, vieron a Viktor Krum saltar al agua para darse un baño.
—¡Está loco!¡Va a helarse, estamos en enero!—dijo Harry, moviendo la cabeza.
—Me da que a mi hermano eso le gustaría—dijo Ginny, girando la cabeza hacia Ron, que se había detenido para mirar.
—Pues ahora que lo dices…hace unos días, me encontré bajo su cama un brazo arrancado del muñeco de Viktor Krum que se compró antes de la final de quidditch—recordó Harry.
—Típico de Ron—suspiró Ginny, que decidió, aprovechando que Harry tenía un brazo ligeramente doblado en ángulo recto, ser un poco audaz y cogérselo.
Harry alzó un poco las cejas, pero no dijo nada. De modo que los dos muchachos continuaron hasta Hogsmeade de tal modo, con Ginny cogida del brazo de Harry. Por supuesto, no estuvieron mudos, sino que hablaron de sus cosas. Ginny contó anécdotas de su familia (por ejemplo, habló de cómo su difunto tío Bilius gustaba de sacarse flores de su trasero), y Harry, aunque al principio trató de eludir el tema, también contó cosas de su vida en Little Whinging. Que por desgracia no eran nada divertidas. Ya había oído algo al respecto, pero sólo entonces se dio cuenta Ginny de lo inmensamente solitaria que había sido la vida de Harry antes de que Hagrid llamara a su puerta, y sobre todo, antes de que su hermano Ron le pidiera a Harry sentarse junto a él en el expreso de Hogwarts. Mientras pasaban junto a la Casa de los Gritos, Ginny le pidió a Harry que se detuvieran allí, y Harry asintió. Ginny había recordado para qué se construyó realmente esa Casa y de allí, por asociación de ideas, había pensado en el padre de Harry y sobre todo en que si Harry había llevado aquella vida tan triste eso se debía a que El Que No Debía Ser Nombrado había matado con pocos minutos de diferencia a los padres de Harry, Lily y James. Y decidió, una vez que los dos estuvieron frente a la casa, uno al lado del otro, hacerle una pregunta importante.
—Harry, quería preguntarte una cosa.
—Claro, lo que sea.
—¿Tienes idea de por qué lo hizo? ¿Por qué Quien ya sabes fue a por tus padres?
—Es que en realidad no iba a por ellos. Iba a por mí, ellos murieron protegiéndome—dijo Harry en tono sombrío. —Fue el sacrificio de mi madre el que me protegió de la Maldición Avada Kedavra que Voldemort me lanzó, parece ser—Harry se tocó la cicatriz.
Ginny se maldijo a sí misma. Era cierto, pero se le había olvidado. Menuda novia estaba hecha, ni se acordaba de ese detalle tan crucial. Afortunadamente, Harry no se lo reprochó. No solo eso, sino que la miró por un instante y le sonrió. Ginny sintió que el estómago le reventaba de mariposas al ver eso, y cuando Harry le pasó una mano por detrás de la espalda y la atrajo hacia él tuvo que contenerse para no gritar de alegría. Y sobre todo, tuvo que contenerse para no apoyar la cabeza en el hombro de Harry y cerrar los ojos. Lo que sí hizo fue pasar a su vez el brazo por detrás de Harry (como era más bajita tuvo que pasárselo por detrás de la espalda en vez de pasarlo a la altura de los hombros como había hecho Harry) y atraerlo un poco hacia ella. Y así estuvieron los dos muchachos un buen rato, mirando a la Casa de los Gritos,
—¿Sabes una cosa? En el fondo le estoy agradecido—dijo Harry.
—¿Qué?—Ginny giró ligeramente la cabeza hacia Harry, pero no se separó de él.
—Sí. Si no hubiera ido a por mí, yo no me habría convertido en "El niño que vivió" y tú ni siquiera habrías sabido que yo existía antes de ir a Hogwarts. Y probablemente, no estaríamos tú y yo aquí, solos los dos juntos, disfrutando del momento.
Si esto no era una declaración de amor, desde luego se le parecía bastante, pensó Ginny, que no podía creerse que aquello estuviera pasando realmente. Recordó entonces la breve conversación que había tenido tras el Baile de Navidad, y decidió que era el momento de intentar aclarar las cosas entre ellos.
—Harry, ¿puedo preguntarte una cosa?
—Claro, lo que quieras.
—Harry, ¿me consideras tu no…?
—¡Harry! ¡Me alegro de verte!—gritó una voz jovial, no lejos de ellos.
Mierda. La magia se había roto. Y más cuando los dos adolescentes se separaron un poco, se giraron y vieron a Ludo Bagman que se les acercaba corriendo.
—¿Qué ocurre, señor Bagman?—pensó Ginny, conteniéndose para no lanzarle al recién llegado el maleficio de los mocomurciélagos que había aprendido.
—Tengo que hablar con Harry a solas—respondió Bagman, visiblemente nervioso. —¿Te importaría…?
—Lo que tenga que decirme a mí se lo puede decir a ella—replicó bruscamente Harry.
Bagman vaciló un poco. Ginny deseó secretamente que Harry dijera además "porque es mi novia", pero no lo hizo. Lo que sí hizo fue mantenerse junto a ella, sin separarse lo más mínimo.
—De acuerdo—asintió nerviosamente Bagman. —Quería felicitarte por lo bien que lo hiciste frente a ese Colacuerno.
—Gracias—respondió fríamente Harry.
Algo no funcionaba. Eso no necesitaba que Bagman hablara con Harry a solas. ¿Qué estaba ocurriendo? Bagman, además, parecía temer que alguien lo siguiera, porque justo en ese momento se puso a mirar a su alrededor. Harry, entonces, preguntó por Bertha Jorkins.
—Ni idea de dónde está…tengo a gente buscando, claro, y todo es muy raro. Desde luego, sí que llegó a Albania, porque su prima segunda que vive allí atestigua que la vio. Luego salió de allí para visitar a una tía suya, y desapareció sin dejar rastro. Nadie sabe qué pasó, y es raro, ella no parecía tener deseos de desaparecer voluntariamente, además. Pero, ¿qué estamos haciendo aquí, hablando de una simple empleada del Ministerio? ¡Hablemos de ti! ¿Qué tal te las apañas con ese huevo dorado?
—Esto…bien—pero Ginny se dio cuenta de que Harry mentía y que en realidad no tenía ni idea. Quizá había llegado el momento de seguir el consejo de Diggory, después de todo. Y Bagman también se dio cuenta, obviamente, porque dijo:
—Escucha…Harry…me siento mal por todo esto, te han arrojado a este torneo sin que lo pidieras…y…si puedo ayudar…—su voz iba haciéndose más baja hasta convertirse en un susurro—…un empujoncito en la dirección correcta…¡me has caído bien…cómo le hiciste frente a ese dragón! Vamos, sólo dilo…
Ginny miró sin habla a Bagman. ¿Un juez del torneo dándole pistas a uno de los participantes? Ella, que tenía alma de deportista, se sintió escandalizada, y más cuando recordó que Harry le había dicho que Bagman había intentado darle una pista antes de la primera prueba. ¿Qué estaba pasando aquí? ¿Por qué Bagman parecía tener tanto interés en que ganara Harry, hasta tal punto que estaba dispuesto a hacer algo que obviamente violaba todas las reglas de una competición deportiva seria? ¿Qué les estaba ocultando? Harry, mientras, dijo:
—Se supone que debemos averiguar por nuestra cuenta el contenido de las pistas, ¿o no?—Ginny notó que Harry estaba tratando de mantener un tono tranquilo y de no parecer que estaba acusándole de romper las reglas.
—Oh…bueno…sí—dijo Bagman con impaciencia—pero…¡todos queremos que Hogwarts gane!
—¿Le ha ofrecido ayuda a Cedric?—dijo Harry.
"Bien pensado, Harry", se dijo Ginny. "Si lo que dice Bagman es cierto, que estoy segura de que no, no le importará qué representante de Hogwarts gane".
—No, no. Verás…es que me has caído bien. Simplemente se me ocurrió…
—No, gracias, creo que ya tengo en el saco lo del huevo, en un par de días lo habré averiguado todo.
Esta vez era Harry el que estaba mintiendo, observó Ginny, dispuesta a respaldarle.
—Bueno…si cambias de idea, mándame una lechuza. Adiós Harry.
Dicho esto, Bagman se Desapareció. Ginny lanzó un suspiro. La magia del momento que había pasado con Harry a solas se había desvanecido.
—¿Te parece si nos vamos a las Tres Escobas con Ron y Hermione?—pidió Harry.
—De acuerdo.
Así que al pub que se fueron. Entraron y allí pudieron distinguir a Rita Skeeter, que estaba discutiendo con Hermione. Ron también estaba allí, parecía muy incómodo. Se acercaron, y oyeron a Rita decirle a Hermione:
—Siéntate, niñita tonta y no hables de cosas que no comprendes. Yo me limito a informar, y puedo asegurarte que en el caso de Hagrid mis fuentes son fiables. Adiós.
Dicho esto, Rita se alejó, y Harry se giró para que ella no se diera cuenta de que estaban allí. Cuando hubo salido, se acercaron a Ron y Hermione. Ron parecía muy preocupado.
—Irá a por ti, Hermione. No es una buena idea que la cabrees, encontrará algo para usarlo contra ti, mira lo que ha hecho con Harry y con Hagrid.
—¡Que lo intente!—replicó Hermione, fuera de sí. —Niñita tonta…ya le daré yo niñita tonta, haré que pague por todo esto. —¡Además, mis padres no leen El Profeta, así que no puede asustarme para que me esconda como ha hecho con Hagrid! ¡Y ya que hablamos de Hagrid, esto se ha acabado! ¡Vamos a su cabaña y le sacaremos de allí por las buenas o por las malas, y no vamos a consentir que se esconda más tiempo porque ese supuesto ser humano le haya disgustado! ¿Venís conmigo?
—¡Desde luego!—asintió Ginny con fiereza.
Harry asintió. Y tras un momento de duda, Ron también.
—¡Pues vamos allá!
Y dicho esto, Hermione salió a zancadas de Las Tres Escobas, seguida de cerca por Harry, Ginny y Ron.
¡Hola! Perdonad por el retraso, pero es que me ha costado un poco decidir cómo de intenso debía ser el momento entre Harry y Ginny. Espero haber acertado. Un saludo a todos, pottermaníacos.
