Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi mundo alterno época actual contenido adulto queda advertido. Reto NOCHE DE BRUJAS 2020.
Frente a frente
Albert y Candy despertaban con el alba. Ambos desnudos y abrazados. Se sentían plenos y felices. Sentían el calor de sus cuerpos y se sentían cómodos... como si toda su vida se hubieran pertenecido. Candy le miraba con adoración y no le importaba sentirse débil y sin energía, lo que habían vivido había sido supremo y si moría ya no importaba, porque había amado con todo su corazón.
—Candy, que bella eres...—Albert rompió el silencio. Candy se sentía en un sueño y toda palabra que salía de esos labios para Candy era la felicidad completa.
—Tú eres el hermoso, eres mi caballero de las tierras altas, a partir de este momento te pertenezco, mi amor, veneración y lealtad son tuyas...—Candy le estaba entregando sin reservas todo de ella. A Candy no le importaba que no fuera recíproco estos sentimientos... para ella amar era entregar todo sin pedir nada a cambio. Albert jamás había imaginado que el amor era así desinteresado. Pero, también se sentía así por ella. No sabía explicarlo con palabras. Pero, sentía paz y felicidad. Y solo quería estar con ella siempre.
—Candy, mis sentimientos en este momentos son tan fuertes que no se como explicarlos. Pero, te juro que a partir de hoy... jamás existirá para mi ninguna otra mujer. Serás sólo tu, te has apropiado de mi corazón, cuerpo y alma— Albert tomó esos labios que lo tenían embrujado. Ambos se habían hecho sus votos de amor, sin importar el mañana.
Ambos se alistaron y sin perder tiempo reanudaron su camino, Candy trataba de sobreponerse y fingía estar bien, pero su organismo estaba desmejorando.
No se encontraban lejos del mundo volcánico. El ambiente se sentía demasiado caluroso. Habían llenado sus cantimploras de piel de venado con agua del río. Toda la vegetación se encontraba marchita y desolada. No se veía ningún animalito en el camino. Así que no pensaban detenerse hasta llegar a ese mundo. Albert no sabía lo que les esperaba, pero no permitiría que nada malo le sucediese a su amada Candy. Sin embargo Candy iba sumida en sus pensamientos y en su deterioro, pero eso no la tenía con los pensamientos revueltos. El lugar que pensaban visitar, aunque peligroso, para ella no lo era. El hada del fuego era su tía. La culpable de la muerte de su madre. Su única preocupación era si podían contar con su ayuda. Jamás imaginó volver a ver a su tía... Pero, por su amado caballero, claro que haría un sacrificio y haría a un lado su orgullo, su rencor... todo por ayudar a su hombre. Llegaron por fin al Reino de fuego y caminaban por un sendero que aunque se sentía caliente podían cruzarlo sin peligro. Alrededor se veían tres volcanes que escupian fuego y humo oscuro, estos rodeaban el castillo. Se postraron ante un gran portón. Candy tomó una de las cadenas y jaló con fuerza. Se escuchó el estruendoso sonido de una campana. Albert sintió que sus oídos explotaban. La campana fue escuchada y el portón se abrió con un horrible rechinido y de esta salieron cuatro hermosas mujeres de cabello color naranja brillante. Sus ojos eran color dorado como los de un fuego resplandeciente. Ambas miraron a los visitantes. Y reconocieron de inmediato a Carline.
—He venido a ver a mi tía Lane—¿podrían anunciar mi visita?—Candy habló y fue directa. Dejando a Albert boquiabierto. Nunca imaginó que fueran parientes. Lo que no sabía Albert, es si tenían buena relación o corrían el triple de peligro. Una de ellas se acercó a ellos.
—Bienvenida Carline...Mary Lane, estará complacida con tu visita-contestó dando la bienvenida con una sonrisa.
—Te agradezco Doroty...— Candy y Doroty habían crecido juntas como hermanas, pero después de lo acontecido las hadas se separaron y formaron sus propios reinos.
—¿Quién es este ser terrenal? y ¿Por qué lo has traído a nuestros dominios? —preguntó mientras las otras tres hadas de fuego lo aprisionaban.
—Sueltenle... —viene conmigo, es mí hombre—Candy de inmediato explicó, debía protegerle y con lo acontecido, ya lo habia reclamado como suyo, y le soltaron rápido. Doroty se sonrió y le prodigo una mirada recorriendo de arriba abajo ese cuerpo escultural y se daba cuenta que era un hermoso ejemplar.
—Ya veo... —No has perdido tu buen gusto—rió Doroty y todos se adentraron. Albert se sintió como un objeto sexual. Pero, se abstuvo de opinar o decir palabra alguna. Se adentraron cruzando esos muros. El lugar era majestuoso, tenía un bosque verdoso, lleno de flora y fauna. Una hermosa cascada y un lago precioso. Estaba cubierto por un domo que protegía a la vegetación de ese terrible calor. De esta manera sobrevivían estas hadas. En ese momento descendía una majestuosa mujer, el aleteo de esas alas parecían el ondeo de unas llamas desatadas. Era una mujer alrededor de unos 50 años pero tenía una belleza avasalladora. Su cuerpo era delgado y estilizado. Su melena de un hermoso naranja brillante y esos ojos de un dorado como los reflejos del sol. Se acercó a ellos y revoloteó alrededor de Albert y Candy observando detenidamente.
—Así que... —mi sobrina favorita se digna a visitarme a mi Reino— debe ser algo muy importante para que hicieras a un lado tu orgullo y odio...—Candy cerró sus ojos, quería dar media vuelta y salir de este lugar. Se había prometido, no; se había jurado jamás tener contacto con ella. Pero, ahora solo deseaba ayudar a Albert.
—¿Odiar?—no, no te odio, ese es un sentimiento que tampoco mereces, pero estas en lo cierto... algo importante para mí requiere que nos veamos las caras—contestó Candy impersonal y sosteniendo su mirada a la de su tía. Mary Lane, se sonrió le gustaba que su sobrina tuviera carácter. Le recordaba tanto a su hermana Pauna. Jamás se imaginó que su hermana muriera en esa batalla, donde ella decidió mantenerse al margen.
—Esta bien sobrina, entremos a mis aposentos—indicó Mary Lane, mientras miraba a Albert. –pero, lo haremos en privado. Tu hombre será bien atendido–concluyó con una sonrisa divertida. Candy asintió y se acercó a Albert.
–Candy... –¿estarás bien?–preguntó Albert preocupado. Candy asintió y su corazón se incho de emoción al saber que él se preocupaba por ella.
–No te preocupes cariño, estaré bien– Candy sin pena alguna, le plantaba un beso frente a todas. Candy marcaba su territorio. Se había percatado de como miraban a su hombre. El pobre Albert, la iba a pasar muy mal mientras ella hablaba con su tía. Albert se quedó ahí parado mientras veía como Candy se alejaba con su tía. Todas las hadas de fuego se acercaron a él y lo acosaban con miles de preguntas. Todas querían llamar su atención y Albert no sabía que hacer o decir... Pero, se dio cuenta que no corrían peligro alguno en este lugar. Por lo que pudo percibir, sus problemas entre Candy y su tía eran de índole emocional y familiar, esperaba que Candy logrará convencer a esa tía de entregar el talismán. Mientras Albert era acosado por todas y pedía al cielo que no tardara demasiado, porque se sentía incómodo y como objeto sexual. Ya que las hadas mayores, lo querían toquetear por todos lados.
Mientras Candy y Mary Lane, sostenían una conversación, donde los sentimientos afloraban. Para Candy, su tía Mary Lane había sido como su segunda madre. Pero, después de la muerte de Pauna. Se distanciaron. Candy no había podido superar la muerte de su madre y hermanas. Y aunque no odiaba a su tía, el amor y admiración que sentía por ella se extinguió.
Mientras en el Reino del otoño, Paty y Annie se organizaban y estaban reuniendo a todas las hadas que habían sido víctimas del poder de la hada de invierno. Tenían que reunir a un buen ejército... Se avecinaba una guerra a muerte y en esta ocasión deberían ganar a Eliza. Candy, les había encomendado esta tarea. Y Paty y Annie prometieron cumplirla. Le apoyarían en todo, algunas no aceptaban pero la gran mayoría se estaba uniendo a la causa. No podían permitir que el reinado de la hada se hielo continuara gobernando todos los mundos. Así que ahora era el momento para atacar sin piedad. Annie había cruzado el Reino de el hada de la primavera y Paty el Reino del verano. Y habían logrado convencer a todas. Tenían que reunir a todo un ejército. Debían atacar a Eliza antes de la noche vieja. Si no lo hacían en ese tiempo. Su poder alcanzaría su máximo y no podrían con ella y sus aliadas. Su poder era más vulnerable antes de noche vieja. Porque el frio y congelamiento no alcanza su punto máximo. Así que debían reunir a todas las hadas que más pudieran. Para, respaldar a su líder el hada Carlin... reina de las hadas de las tierras altas.
Albert y Candy abandonaban el Reino de fuego. Albert sintió un gran alivio ver aparecer a su amada hada. No podía soportar más aquel acoso por parte de todas. Se le había hecho eterno todo ese tiempo que Candy había hablado con su tía Mary Lane. Algunas se le insinuaron, otras bromearon, otras le defendieron y más de alguna le amenazó, que le infringirian un enorme dolor si hacía sufrir a Candy. Como lo había hecho otro ser terrenal en el pasado. Eso lo descolocó demasiado. Se preguntaba si Candy había estado enamorada de otro y le dolió su corazón... Deseaba saber al respecto. Pero, al salir del Castillo aprisa y ver a Candy sumida en sus pensamientos. No encontraba la forma de abordar el tema. Además, Candy no había dicho palabra alguna y deseaba saber si había logrado conseguir el tasliman de fuego.
—Candy... detente por favor...
—Ordenó Albert...—Candy se asombró por ese tono enérgico. Pero, se detuvo dándole la espalda. Candy sabía que debía dar explicaciones. Pero, al platicar con su tía le removió todo su dolor y no deseaba hablar al respecto. Pero, debía saber que había logrado su cometido.
–Albert... –lo he conseguido...–dijo Candy mientras le mostraba el talismán. Era una esfera con forma de cirazon, del tamaño del tamaño de su puño. Pero, encerraba un gran poder... En su interior brillaban unas llamas iluminando su alrededor como si fuera el sol mismo. Albert se emocionó al ver el brillo de ese talismán. Emanaba una energía absoluta y atrayente.
Albert se sintió conmovido, está mujer lo estaba dando todo por él y se sentía agradecido y amado. Albert la atrajo hacía él y le abrazó con posesión.
–Candy... –gracias por todo lo que haces por mí, por mí hermana–Albert le acarició su terso rostro y le levantó el mentón. Se miraron con adoración.
–Albert... –por ti, lo que sea...–Contestó Candy con vehemencia. Albert tomó esa boca demandante. Y se perdieron en un beso cómplice y lleno de promesas. Que importaba si Candy amó en el pasado a otro, lo que importaba ahora eran ellos dos. Candy estaba dando todo por él. Y juraba dar todo por ella.
–Te amo Candy...–Albert expresó con todo su amor y tomó como un sediento esa boca que lo tenía perdido– Ambos estaban por vivir una gran travesía y aventura, vendrían tiempos difíciles.
Continuará...
Chicas buenas noches les dejo actualización espero que sea de su agrado, espero sus comentarios me hacen el día que me comenten. Pasen excelente noche.
