Decidió que todo cuanto poseía estaba en negociación. Quizá no le pidió que se mudaran juntos pero le prohibió determinantemente a Atsushi volver a siquiera cruzar una palabra con él. No le quitó el derecho de visitar a su madre cada cierto tiempo pero a cambio debía comunicarle todo cuanto supiera dentro de la Agencia. Podía salir pero sólo cuando lo hicieran juntos.

Dentro de las miles de espinas que ocultaba Dazai cierta vez encontró una fotografía del tío Oda en un bar que no reconocía, sosteniendo un trago como si brindara a su fotógrafo y aquello le activó todas las alarmas en búsqueda de respuestas. Era imposible que Oda tuviera alguna relación con Dazai pero había ciertas cosas que le hacían sospechar que el Jefe tenía una especie de obsesión con él y aquello le aterraba. Tomó decisiones quizá cuestionables aprovechando su posición como consorte para, por ejemplo, borrar la dirección donde Oda ocultaba a los huérfanos a los cuáles ayudaba y cambiaba ciertas direcciones o nombres que pudieran comprometer al hombre. Estaba bien si Dazai sabía que sabía que Oda lo amaba como su hijo y conocía toda la historia detrás pero no le dejaría tomar esa carta en su contra de ninguna manera. Sería capaz de negar su filiación, de cualquier cosa antes que permitirle hacer más daño del que ya había causado aunque no pudiera entender nunca qué podía tener Oda que llamara tanto su atención. Tenía una habilidad sorprendente pero todo el mundo sabía que bajo la protección de Fukuzawa había realmente muy poco por hacer en su contra. Le mataba de curiosidad y preocupación pero sabía que lo mejor era fingir que no sabía nada al respecto.

Cuidaría de él aunque debiera sacrificar un par de vidas en el proceso.

La suya misma, por ejemplo.

—x—

El humo le dio de lleno en la cara cuando quitó la tapa de la cacerola y aunque le requemó el aroma era bastante agradable y la salsa seguía burbujeando, así que supo que no se había quemado. Suspiró aliviado mientras se llevaba un dedo a los labios repasando su mirada en la mesa de cerámica que estaba colmada de comida. Había preparado tres tipos diferentes de curry, los más picantes que encontró en internet y otros tipos de comidas picantes de diferentes nacionalidades sólo porque el tío Oda las amaba. Para su madre y para él había preparado algo más sencillo y amable para el estómago y una serie de postres que le tomó todo el día anterior y gran parte de ese día. Quizá había exagerado un poco, de los tres él era quien más comía y aún así no en esas cantidades. Pero estaba tan emocionado que no había podido contenerse. Había sido una cuestión de la suerte que esa semana, la primera en cas cinco meses que Dazai le permiría tener un par de días libres, por fin hubieran publicado la novela de Oda y eran un sí o sí festejarlo. Hubiera preferido hacerlo en su departamento ya que era mucho más espacioso pero también era riesgoso que alguien los viera así que se conformó con ir al apartamento que su madre y Oda compartían. De niño hubiera sido un sueño cumplido verlos a ambos vivir juntos, pero la triste realidad era que lo habían comenzado a hacer porque la salud mental de Kouyou llegó a un punto donde no podía cuidar de sí misma y después simplemente se volvió una rutina. Para Chuuya era más conveniente así, no debía dividirse para visitarlos a ambos y estaba tranquilo sabiendo que ambos cuidarían del otro.

— Esto huele delicioso— unas muy suaves manos se cerraron en sus hombros, besando cabelloy Chuuya soltó una risita ante el aroma a flores marinas—. Lamento no haberte ayudado, sabes que nunca he sido muy buena en la cocina, además me entretuve ayudando a Yosano.

— No te preocupes, tú necesitas descansar— se giró para besar su mejilla, tomando una cuchara para acercarla a sus labios— ¿Qué opinas?

— Pienso que cometí un gran error al no haberte matriculado en una escuela de gastronomía. Esto es de lo más delicioso que he probado. Con razón la última vez que viniste con Atsushi lo vi un poco menos delgado, debe comer como los reyes viviendo contigo.

— En realidad él y yo ya no estamos juntos. Pero no hablemos de cosas tristes hoy, por favor. Hoy es el día de nuestro escritor favorito ¿Verdad, mami?

Rodeó su cintura y ella lo sujetó contra sí entre risas, besando su cabello. Su frente, sus mejillas, tomando su mentón para verlo con detenimiento.

— ¿ En qué momento dejaste de ser mi bebé? Mírate nada más, ya estás hecho todo un hombre.

— Crecer no me volvió hombre— sonrió, besando su mano para soltarse y continuar acomodando la comida antes de llevarla a la mesa, murmurando—. Me volvió un monstruo.

— A propósito, cariño ¿Tienes qué marcharte justo por la noche? Hay algo que tu tío Oda y yo queremos hablar contigo antes de que te marches.

— ¿Por fin me darán un hermanito? Ya estoy un poco viejo para jugar con él pero lo cuidaré muchísimo, lo prometo.

— ¡Chuuya!— Kouyou soltó una carcajada sincera, sacudiendo los platos que sostenía en sus manos—. Si te hubiera dado un hermano o hermana de bebé nunca me lo hubieras perdonado, eras tan mimado, no me dejabas ni ir al baño sola. No hubieras podido compartir mi cariño y atención con nadie— bajó el tono de voz con un poco de culpa, oscura—. No es como si hubiera podido darte mucha de todas maneras, hubiera sido infame que intentara quitarte lo poco que te daba para dárselo a alguien más.

— No digas tonterías, Kouyou, eres la mejor madre del mundo y estoy listo para patear el trasero de quien sea que diga lo contrario.

Ambos escucharon toques a la puerta y se miraron con confusión. Oda no solía recibir visitas inesperadas y cuando Chuuya iba de visita se aseguraba una y mil veces que nadie siquiera se asomara por allí para no comprometerlo. Habían planificado con la suficiente antelación ese festejo. Kouyou le hizo un gesto con la mano para que regresara a la cocina mientras ella abría la puerta y obedeció, apagando de paso la estufa. La mujer se arregló el tocado del cabello, revisó su maquillaje en el reflejo de una cuchara y avanzó hasta la puerta.

— Buenas tardes, Kouyou.

Los ojos de ella se abrieron con pura rabia ante la figura sonriente delante suyo, pero antes de que pudiera decir algo Chuuya ya había aparecido, interponiéndose entre ella y el hombre al haber escuchado su voz.

— ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

— Pensé que me extrañarías así que pasé a verte. Hemos estado tan juntos estos cinco meses. Bueno, quizá era yo quien te extrañaba, pequeño.

Kouyou se quedó con el aliento detenido entre sus labios y el aire, dispuesta a comenzar una batalla si era necesario pero dos motivos la detuvieron. Fukuzawa y Oda estaban tramitando un indulto para ella pero uno de los requisitos era tener un historial delictivo limpio durante al menos tres años y el otro fue la mirada aterrorizada de Chuuya cuando Dazai tomó su mentón para besarlo. Temblaba como una hoja, incapaz de hacer cualquier otro movimiento.

— No delante de mi mamá, por favor.

— Oh ¿Te avergüenza que mamá sepa que te gusta demasiado recibir afecto? No te preocupes, nunca le faltaría de esa manera al respeto a mi propia suegra.

Kouyou sintió la mirada café sobre ella, pero sus ojos sólo podían atender a la espalda de su hijo, quien no encontraba el valor para girarse y encararla y explicarle. La mano de Dazai en su cintura, sus labios en su frente le dieron una arcada.

— ¿Estamos festejando algo? ¡Deberíamos aprovechar para anunciar nuestra relación con tu familia, Chuuya!

— ¿De qué está hablando este desquiciado?

— Me siento herido porque me llames así siendo tú también mi familia ahora, pero mucho más porque mi pequeño no te haya dicho nada. Hace cuatro meses que Chuuya se volvió mi consorte ante la Mafia y...— el sonido de su celular lo hizo mudar de gesto a uno enfado, resoplando después con resignación—. Parece que deberemos tener esta charla en otra ocasión, estoy algo agobiado con el trabajo justo ahora. Tú sabes cómo es esto ¿no, mamá? Pero prometo venir en el futuro a visitarles. Nos vemos en la casa, cariño.

El hombre se marchó y Chuuya se quedó allí, sin siquiera atreverse a cerrar la puerta que había dejado abierta. Escuchaba la pesada respiración de Kouyou a su espalda, sentía su rabia y las preguntas que debía estar deseando hacer pero que él no estaba seguro de ser capaz de responder. Se sentía tan ingenuo por haber pensado que podía haber mantenido oculto el paradero de su familia, tan ingenuo por pensar que le permitiría un segundo de paz. Sentía los escasos fragementos de su orgullo haber sido derramados en el suelo pero estaba tan avergonzado que no se atrevía a recogerlos. Sólo quedarse allí, con los puños apretados y la vista fija al suelo, rogando que su madre pudiera fingir que nada había pasado, que aquello había sido una alucinación. En su lugar Kouyou se paró delante de él, cerrando la puerta, tomando su mentón para hacerlo mirarla a la cara.

El rostro de su madre era una piedra, inamovible, severo y Chuuya tenía asco de sí mismo. Las manos de su madre se ensuciarían si lo tocaba. Intentó apartarse pero los dedos de Kouyou estaban fijos en su mentón, inclementes.

— Ni siquiera te voy a preguntar si estás con él por tu voluntad porque es más que evidente que no es así. Si quieres contarme lo que ocurrió, lo escucharé, sino quieres hacerlo voy a respetarlo completamente. Pero de ninguna manera voy a permitir que cargues con esto solo. No pude evitar muchas cosas antes, Chuuya, pero sobre mi cadaver ese bastardo te va a volver un sólo dedo encima de nuevo. Ahora deja de temblar y ayúdame a terminar de arreglar la mesa antes de que venga Oda. Tú lo dijiste, hoy es su día y al menos merece festejar un poco. Pero no está a a discusión que te marches sin que Oda encuentre una manera de sacarte de la Mafia.