Parte uno: Entrégate
Capítulo 6
El sábado temprano, fui por Hanabi a la escuela y de ahí, nos fuimos de compras: zapatos y ropa para Hanabi, pintura, cubrecamas, cortinas y una lámpara para su dormitorio y, finalmente, el supermercado. Cuando llegamos a casa estábamos tan cansadas que apenas dejamos todo en orden, cada una fue a su dormitorio, a tomar una ducha y dormir.
El domingo, Ino e Inojin llegaron a casa, el pequeño tenía un overol azul y una gorra blanca que tenía escrito en el frente, con letras fucsias: Yo Sé Pintar.
—¡Dios Mío! Es un honor recibir tanto glamur en mi casa —dije, sobreactuando. A mi ahijado le encantaba el drama.
—Sipi, mami dijo que no sabes pintar. Yo sabo y te enseño, en mi clase me dan puras caritas felices.
—¡Oh, sí! ¡Muchas gracias!
—¿Dónde está tu helmana, Hinaita?
—En la cocina.
—Qué bueno, me dio tanta hambe, mami me hizo caminar —y se fue dando saltitos hasta donde Hanabi.
—Mala madre ¿Qué hiciste con mi principe?
—No lo tomé en brazos a la salida del ascensor —dijo Ino entregándome un par de bolsas que según ella, necesitábamos.
La mañana se nos pasó volando, acabamos en el suelo que estaba forrado en papel de reciclaje, manchadas de pintura hasta la última hebra de cabello. En los pocos meses que Hanabi había entrado en mi vida, nunca la había visto reír tanto.
—Maína ¿Cómo hiciste para tener una hermana tan dinda como Hani? Yo quiero una —la inocente pregunta de Inojin nos puso a todas alerta.
—Oh, eso tienes que conversarlo con papi y mami.
—Ñam ñam, que rica está la comida. Come, mi amor chiquito, es tu favorita—Ino cambió la conversación y me lanzó una de sus miradas asesinas.
Habíamos encargado comida china, y a sugerencia de Inojin, nos instalamos todas en la alfombra de la sala, para hacer un picnic. Cuando la pintura de las paredes, de un color un lila suave, se secó, asistí a mi hermana en la instalación de la cortina.
—Gracias por todo, Hinata.
Estábamos solas en el cuarto, Ino trataba de sacarle la pintura al niño, en el baño.
—No es nada Hanabi, somos hermanas—apreté su mano con cariño—. Quiero que sepas que a pesar de nuestras diferencias, tú eres mi familia y, poco a poco, nos vamos a conocer mejor. Tenemos tiempo para eso —Hanabi asintió.
—Gracias por no abandonarme, aunque mi padrino quería adoptarme — me sonrió.
Él podía ser muy su padrino pero yo era su hermana.
—Gracias por volver a casa y darme una oportunidad—se produjo un silencio incómodo.
—Voy a ver si Ino terminó, quiero darme un baño, tengo pintura hasta donde no entra la luz del sol—bromeó.
Peiné mis cabellos hacia atrás y salí para mi habitación, me sorprendí ver al pequeño durmiendo en la cama. En la sala, mi amiga me esperaba.
—¿Solo helado de fresa, Hinata?
—Acabaste con el de vainilla, la última vez que estuviste aquí—Ino refunfuñó algo entre dientes antes de sentarse frente a mí con una taza de helado. Arqueé una ceja en su dirección, durante el embarazo de Inojin, el mayor antojo de Ino fue el helado.
—No estoy embarazada, es simplemente la inyección. Me provoca ansiedad—dijo metiéndose una cucharada a la boca—. ¿Tienes que contarme algo, Hinata?
—¿Yo?—miré a Ino a los ojos. ¡Qué mierda! Iba a pensar que en verdad tenía un letrero que rezaba: "Ex virgen".
—No me mires así, me estás ocultando algo, lo sé.
—Ahora eres psíquica —dije burlona. Pero, Ino siempre sabía cuándo mentía u ocultaba algo.
—Hinata...
—Me acosté con Naruto Uzumaki —no valía la pena ocultarlo más.
—¿Qué? ¡Te acostaste con Dsex!—medio gritó, su asombro era mayúsculo pero sabía que en una cama dormía su hijo y en la ducha estaba Hanabi —¿Es tan bueno como aparenta ser?
—¡Ino!—me quedé mirando a mi rubia, loca y adorada amiga como si le hubiese salido otra cabeza.
—Tengo curiosidad—me dijo, con la boca llena de helado—¿Te hizo gritar el abecedario al revés?
—¡Ino Yamanaka!...
—Oh, fue muy bueno si amerita mi nombre completo—se rió—.
Además, no es como si no supiera que iba a suceder, tú redactaste un papel con unas cláusulas y cuando lo hiciste, eras plenamente consciente de que te ibas a acostar con él en alguna ocasión. Entonces, no voy a preguntarte por qué lo hiciste, lo que quiero saber es si está bien dotado y mueve bien su manguera.
—¡Dios! Te digo que perdí mi virginidad y en vez de preguntarme como me siento, ¿quieres saber cómo la tiene? Eres una pervertida y muy mala amiga —miré por el corredor, la ducha había parado y quería ver si Hanabi estaba por ahí.
—¡Hey! Lo de pervertida, te lo paso, lo de mala amiga... —batió sus pestañas en un gesto coqueto—llevo muchos años imaginando cómo debe follar ese hombre y, desde que lo conocí en persona —aunque prepotente y todo—, pude darle un rostro y colocarle gestos a su sexy voz, así que te toca hablar, Hyûga.
—¿Tienes fantasías sexuales con Naruto?
—Hinata, cualquiera que tenga un coño entre las piernas tiene fantasías con ese hombre. Es más, me atrevo a decir que los que tienen pito, también. No es como si Sai no agradeciera mis fantasías cuando las vuelvo muy vívidas —sus cejas se movieron hacia arriba y gemí—. Deja la mojigatería y dime, ¿folla como habla?
Asentí...
—¿Cuántas veces te corriste?—se sentó en el mismo sofá que yo.
—Ocho... —susurré muy bajo, tan bajo... que creo que lo dije en mi mente.
—¡Ocho jodidas veces!... Es un puto Dios ¡Tienes que contarme todo Hinata!,—me señalo con su cuchara— ¿fueron ininterrumpidas? ¿Está bien dotado? Recuerda, yo te conté todo cuando estuve la primera vez con Sai así que no puedes dejarme sin un detalle.
—Claro que sí, no pude ver a Sai a la cara en un mes, y agradecí cuando se fue a la Universidad.
—No estamos hablando del pasado, estamos hablando de que te acostaste con el hombre con la voz más candente del jodido universo y que te dio ¡ocho jodidos orgasmos! ... Hinata, no me iré de aquí hasta que no me lo cuentes todo.
—¡Habla más bajo!—negué con mi cabeza—Está muy bien dotado y fueron durante la noche, primero cinco y luego tres veces en la madrugada...
—¡Oh mi Dios! ¿Cuándo lo volverás a ver?—dejé de mover helado derretido para ver a Ino a los ojos—. Hinata no me mires así, amo a Sai, de verdad lo amo. Es mi pareja desde hace diez años, él ha sido mi primer, único y último amor, pero es normal que quiera saber.
—No voy a contarte detalles.
—Eres una aburrida...—bufó salpicándome helado.
—Y tú, una cotilla y pervertida.
—Vamos ¿cuándo lo volverás a ver?—juntó sus manos e hizo pucheros.
—¿A quién vas a ver, Hinata? —dijo Hanabi, saliendo del baño, mientras Ino y yo dábamos un brinco.
—¡Eres un jodido gato!—gritó Ino, recuperándose del salto que dio por la inesperada aparición de mi hermana. Inojin venía detrás de ella tallándose sus ojitos.
—Maina ¿Dónde está el gatito?—Hanabi estalló en risas, mientras el pequeño abría los ojos buscando el animal inexistente, luego, alzó los brazos para que yo lo tomara y una vez sentado en mis piernas, se puso a jugar con la cuchara de mi taza de helado.
—¡Culpable!—Hanabi que volvía de la cocina con dos porciones de helado, le entrego uno a Ino que inmediatamente se lo paso a Inojin—en casa siempre era así, como un gatito cuando estábamos en los ensayos, siempre había que ser muy silencioso Excepto mamá, que era una patosa completa. Ella vivía realizando estropicios, tropezando con todo y haciendo que mi papá se enojara mucho y luego ella iba y lo mimaba a tal punto que papá hacía que fuésemos a comer fuera.
Me levanté del sofá, dejé a Inojin con Ino y salí de la sala en dirección a mi cuarto, cada maldita palabra que Hanabi dijo fue como si enterrara aún más el jodido puñal que había en mi pecho, mientras Hanna tenía la maldita familia perfecta yo... ¿Por qué simplemente no lo dejas ir? Antes de cerrar la puerta alcancé a escuchar como Hanabi murmuraba algo parecido a una disculpa, mientras Ino le decía que no era culpa de ella. La verdad, no era culpa de nadie.
Decidí darme una ducha. Una ducha larga y relajante cuando salí, Ino estaba sentada en mi cama.
—Ven aquí, bebé —dijo extendiendo sus brazos, respiré profundamente antes de caminar hacia ella—. Tienes que entender que no es culpa de Hanabi.
—Lo sé.
—No lo hace de mala persona.
—Eso también lo sé.
—Y tienes que aprender a vivir con ello... o te lastimarás mucho. ¿No has pensado en perdonar a Hanna?
—A veces, no quiero ni pensar que existió—murmuré mientras Ino acariciaba mi cabello.
—Hanabi está en su recamara, se encerró apenas escuchó tu ducha. Sai ha venido por nosotros.
—Dale un beso de mi parte.
—Habla con tu hermana, si no logran poder vivir con algo neutral en cuanto a Hanna se refiere, nunca van a poder conocerse como quieren.
—Lo sé.
—Les pedí una pizza, está sobre la encimera.
—Gracias, nena.
—Te quiero Hinata —me tomó del rostro mirándome a los ojos.
—Y yo, a ti.
—¿Cuándo fue?—enarqué una ceja sin entender—. ¿Cuándo follaste con Doctor Sex?
—Se llama Naruto—revolví mi cabello—, fue el jueves y, aunque no lo creas, fue... raro.
— ¿Por qué?
—Porque fue... tierno.
—¿Tierno?
—Respetó mis tiempos, habló y habló, iba como explicándome cada paso, yo estaba nerviosa y bueno... digamos que cedí rápido.
—Entonces, fue bueno... digo era tu primera vez ¿te sientes bien?
—¡Joder, Ino! Ese hombre vence mi fuerza de voluntad, no sé qué me sucede con él. Y créeme que me resistí, no me siento diferente si a eso te refieres con si me siento bien, trato de ser muy fuerte cuando estoy frente a él pero, esa noche...
—Esa noche te quedaste sin armas para pelear. Bueno, lo importante es que no fue traumático —sonrió— y por lo que veo, más bien, fue una buena noche. Tienes ojos de bien follada.
—¿De verdad?—me guiñó un ojo—¡Estás loca!—le di una suave palmada.
—Kiba te estaba buscando como loco ahora entiendo porque no contestabas el celular.
—Ya arreglé eso.
—Hinata, soy tu amiga y vas a odiarme, pero recuerda que es un intercambio, ten en cuenta quién es Doctor Sex, ¿vale? Y, sobre todo, saca lo que puedas de la experiencia.
Iba a responderle, cuando, una tromba azul entró a la habitación.
—Maína, me voy, te doy muchos besos y me llevo a mi mamá—me abrazó, me dio dos besos, tomó de la mano a mi amiga y comenzó a halarla.
Ino se despidió apurada y salió de la habitación. Me coloqué un pijama cómodo, salí al balcón y me quedé viendo el atardecer desaparecer. Tenía razón, Hanabi y yo no íbamos a poder lograrlo si yo seguía colocando obstáculos, tenía que entender que ella era la hija de Hanna y yo, el error. Resignada, caminé hacia mi cama y tomé mi laptop, era hora de volver al trabajo.
Llevaba más de la mitad de medio capítulo y este era el momento crucial. Acomodé los lentes por encima de mi nariz y respiré profundo, leyendo el último párrafo:
Ahí estaba ella, completamente entregada al placer de sus caricias, una cantidad de masa moldeable entre sus manos. Besos frenéticos bajo la lluvia en el oscuro y frío callejón.
Tanahi había imaginado de muchas formas esa primera vez con Menma, pero ninguna era como ésta. Si alguien los veía, si algún paparazzi los fotografiaba, sería el fin para el empresario, pero eso a él parecía no importarle. Se aferraba a ella como a un oasis en el desierto, besándola como si no hubiese un mañana.
—Te deseo —murmuró él, con voz extremadamente ronca.
—Tómame —afirmó ella, completamente fuera de sí. Sentía que el mundo iba a explotar en pedazos si no estaban juntos. La tensión sexual entre los dos, amenazaba con reventarlos en miles de pedazos.
Tanahi sintió como su espalda pegaba con la pared, mientras Menma la embestía aún con ropa y sorbía de sus pechos, sin importar la camisa que aún los cubría. La lluvia era inclemente, en otra ocasión quizás estaría muerta del frío debajo de sus mantas protegiéndose de la tormenta, pero ahora, solo deseaba que Menma Namikaze —el hijo de su jefe— la hiciera suya de una maldita vez.
Como si leyese sus pensamientos, Menma tocó sus muslos anclándolos aún más a su cintura y haciendo que la falda se le subiese hasta sus caderas, tanteó su entrepierna con pericia y decisión, sin dejar de succionar de sus pechos mientras las manos de ella tiraban de sus cabellos. Mordió su labio mientras intentaba ahogar sus gemidos.
Sin dejar de tocarla y sosteniéndola solo con su cuerpo y la pared, sacó su impresionante erección, mientras con la otra mano, se deshacía de las diminutas bragas de encaje que ella tenía; alineó la punta roma de su miembro en su entrada y...
—¿Hinata?—levanté la mirada para ver a Hanabi en el umbral de mi puerta—. Estás ocupada, yo...
—Pasa Hanabi—dije, antes de guardar los cambios en el archivo y colocar la computadora a un lado de la cama.
—Te traje pizza y una lata de tu adicción—dijo Hanabi caminando hasta mi cama—. Hinata yo quería pedirte disculpas por...
—No —la interrumpí—. No tienes que hacerlo Hanabi —tomé el plato y el refresco—. Tu madre, fue una buena madre contigo y yo no tengo el derecho a impedirte que la ames.
—Así como yo no puedo obligarte a que sientas por ella más que rencor —dijo Hanabi sin mirarme.
—Hanna, fue inexistente en mi vida, Hanabi. Me dejó cuando conoció a tu padre y nunca la vi, ni en cumpleaños, ni en Navidad. Nada... Y tú no tienes la culpa de eso.
—Mamá te amab...
—No digas eso ¿vale?—volví a interrumpirla, se me estaba pegando la mala manía de Naruto—. No inventes excusas por ella, porque ya no vale la pena. No necesitamos hacer esto más difícil, porque podría hacerlo insostenible y no ganaríamos nada con ello.
—Trataré de no hablar bien de ella—negué con la cabeza.
—No quiero eso, fue tu madre en todos los sentidos y es normal que la ames, como es normal que yo...—tuve que detenerme. Hanabi iba aprovechar mi pausa para hablar, pero la corté—. ¿Tú, comiste?—pregunté dando por terminado el tema de Hanna.
—Sí, es tarde, ya casi las once.
—¿Las once? —vi el reloj en el computador, en realidad lo era.
—Fui a la cocina por agua y me di cuenta que no habías comido, así que te traje esto... sé que te gusta.
—Gracias, me encanta, pero tengo que dejarlo. Esta será la última. El lunes empiezo. La gaseosa no hace bien. Siempre digo eso, y por una semana tomo té y después... ¡otra vez!
—A mí me pasa igual con el chocolate ¿Qué hacías? ¿Estabas escribiendo? —asentí, ya que tenía la boca llena—. ¿Puedo leer? —me obligué a tragar.
—Este es un libro complicado, no apto para tu edad.
—¿Tiene sexo? —aunque fue una pregunta, su tono de voz fue como si estuviese en éxtasis.
—Es un libro erótico, pero apenas empiezo.
—¿Podré leerlo algún día? Ya leí la trilogía del señor Black, unas compañeras internas lo tenían.
—Te diré cuando lo termine, ¿te parece?—dije con una sonrisa.
—Eso es genial, bueno, voy a dormirme ya, mañana hay que salir temprano para el colegio.
Hanabi salió de la habitación y suspiré fuertemente. Por ser domingo, hoy no había programa. Terminé la pizza y llevé los platos a la cocina, apagué la laptop y me dejé arrastrar por la inconsciencia.
El lunes comenzó como casi todos mis lunes: con flojera. Deberían haberlos llamado de otra forma quizás eran más atractivos. Cuando dejé a Hanabi, ella me dio las gracias por el fin de semana y volvió a pedirme disculpas por el asunto de Hanna. Era una chica dulce y estaba empezando a quererla, no iba a dejar que "ella" enturbiara lo que estábamos construyendo.
No, Hanna, nunca más jodes mi vida...
Hinata tiene una hermana...
Hinata no es virgen y tiene una hermana...
Hinata está loca, no es virgen y tiene una hermana. Y los hermanitos Hatake no van a joderme el día ¡Muy graciosa!, ¡muy graciosa!
Tenía cita con Kakashi en la Editorial y odiaba eso. La reunión fue igual de tediosa que todas, Kakashi y su hermano Guy—dueños de la Editorial— hablaron de los plazos de entrega de cada libro, "Atada a ti", mi libro, debía estar terminado en tres meses y luego, se le daría dos meses de tiempo a Kiba para corregir lo que fuese necesario.
Vick y Beth, otras escritoras de la Editorial hablaron sobre sus nuevos proyectos. Vick haría una historia de vampiros y hombres lobos para adolescentes ¡Vaya, que curioso! ¿Dónde demonios había quedado la originalidad? Ahora había que hacer lo que estaba de moda.
Guy sugirió que dejara "Atada" abierta para que hubiese la posibilidad de hacer una secuela. Me negué rotundamente. Las segundas partes nunca eran muy buenas y había autores que, por querer tener un poco más de reconocimiento, forzaban una historia a dar más de lo que debía dar y al final, terminaban dañando la obra. "Atada a ti" sería un solo libro, ya veríamos si después se me daba por hacer otro del mismo género. Kiba, Ino y Konohamaru uno de los editores junior me apoyaron, aunque esto no les gustó mucho a los hermanos.
María, la chica nueva, habló sobre su nuevo proyecto. Ella era genial tratando de temas cotidianos o que afectaban al entorno social en que vivíamos; de hecho, tratar de hablar sobre el VIH era algo difícil sin embargo la "peque" —como la llamábamos en la oficina—estaba haciendo un gran trabajo, según Konohamaru. Luego de cuatro jodidas horas, por fin salimos de las oficinas de Editoriales Hatake.
Conduje hasta el consultorio de Marcus y saludé a Eli, la recepcionista, quien me comunicó que Marcus estaba ocupado con un paciente, así que tomé una revista y decidí esperar.
—Hinata, el Doctor Richardson dice que puedes pasar—murmuró suavemente la recepcionista haciéndome bajar la revista y caminar al corredor que me llevaba al consultorio de Marcus.
El viejo Marcus era mi dentista desde hacía ya cinco años, me gustaba venir aquí y charlar con él, aunque me halara las orejas de vez en cuando.
El celular vibró en mis jeans y caminé leyendo el último mensaje de Ino, cuando sentí como alguien chocaba conmigo. Perdí el equilibrio rápidamente, pero dos fuertes manos me sujetaron por la cintura y todos mis vellos se erizaron al contacto con la piel expuesta de mi blusa. Levanté mi rostro para disculparme con la persona con la que había tropezado, encontrándome con la sexy y brillante sonrisa de Doctor Sex.
—Yo sabía que te morías por volver a estar en mis brazos, Dulzura, pero creo que habíamos quedado de vernos esta noche—murmuró mostrándome su sonrisa torcida. Me removí soltándome de sus brazos y caminando hacia atrás. Estaba preparada para contestarle pero Marcus salió en ese instante del consultorio.
—Hinata, hija—miré a mi Doctor y traté de darle una sonrisa—. Naruto, espero verte dentro de un mes.
Él asintió, yo negué con la cabeza y decidí continuar mi camino, entré al consultorio, me senté en la silla de la tortura; como siempre, Marcus me regañó por el consumo de hielo, y me hizo la respectiva limpieza, programándome el control para el siguiente mes.
Salí del consultorio directamente a casa. Cuando llegué, abrí mi laptop y me dediqué a escribir. Estaba quedándome dormida cuando escuché que tocaban la puerta. Suspiré sonoramente, sabiendo perfectamente quién estaba del otro lado del umbral. Metí mi celular en el bolsillo trasero de mi jeans y tomé las llaves de Mickey. Abrí la puerta y Naruto estaba ahí. Tenía unos vaqueros desgastados y un suéter negro.
—¿Nos vamos, Dulzura?—apreté las manos cuando me llamó "Dulzura".
—Naruto, que sea la última vez que me llamas así —murmuré entre dientes mientras cerraba la puerta y lo escuchaba reír—. Iré en mi coche.
—Como tú quieras.
—Sí, como yo quiero—dije, fingiendo hastío. Pero, sinceramente, estaba nerviosa. El elevador no tardó nada en llegar; durante el viaje hasta los autos, Naruto no me besó, no se acercó a mí, tampoco dijo nada en doble sentido, haciendo que mi nerviosismo aumentara. Sequé mis manos en mis muslos y pude volver a respirar cuando él se bajó en recepción.
—Tú me sigues, si es que puedes... nos vemos en el tercer subterráneo de mi edificio—expresó antes de salir del elevador.
Llegue rápidamente hasta donde había dejado a Mickey dispuesta a salvarle el honor a mi carro... "tú me sigues, si es que puedes" ¡que se cree el muy bobo!... me tomé mi tiempo respirando fuertemente antes de encenderlo y apretar el acelerador para seguir a Naruto hasta su casa. En el estacionamiento, esperó en silencio a que cerrera mi vehículo y con un gesto, me indicó el camino hasta el ascensor.
No hablamos. Sí él no me habla, yo no le hablo... ¿Cuántos años tenemos? ¿Cinco?
—Acércate, Hinata —dijo cuando llegamos a su panel de control, dejándome delante de él. —A partir de mañana, quiero que me esperes aquí. Perdemos tiempo valioso mientras voy a buscarte a tu casa, así que voy a hacer algo, y siéntete afortunada. Ni mi familia tiene acceso a esto.
—Otra primera vez... Definitivamente hice algo muy bueno en mi antigua vida —dije sarcástica.
—No juegues con el maestro, Hinata. No es un secreto a voces que he sido yo quien le dio un mejor significado al sarcasmo. Además, es una de las muchas cosas que me pone cachondo —para demostrarlo, pegó su cadera a la mía, haciéndome tragar saliva al sentir su erección en la parte baja de mi espalda.
» Digita una clave de seis dígitos que sea fácil para ti recordar, no puedes darle esa clave a nadie y, una vez la hayas digitado, coloca tu palma aquí —me señaló un scanner—. Tendrás que hacerlo siempre que quieras entrar a mi casa—hice lo que me pedía y luego él, digitó unos códigos más, abriendo las puertas de su casa. Un cachorro Husky Siberiano salió de algún lugar de la casa llegando a nosotros, rápidamente.
» Hola bonita—Naruto se agachó y acarició la cabeza del perro que movía su cola juguetonamente. Era un cachorro de pelo marrón con blanco y ojos azules—. Frey, entra a la casa —el perro, en vez de obedecerlo, llegó ante mí, oliéndome—. Freya—la voz de Naruto se endureció—¡a tu lugar!—el cachorro lo miró, sin embargo, empezó a moverse de un lado a otro, haciendo que Naruto lo levantara del lomo—. No, no, bonita, dije a casa —lo miró frunciendo el ceño, y no puede evitar mi sonrisa... él era amable con la perrita.
» Pedí delivery cuando veníamos de camino, preciosa, ¿podrías recibirlo por mí? —dijo mientras caminaba con el cachorro en brazos.
¿Preciosa? Suspiré fuertemente intentado relajarme.
Estaba a punto de sentarme en el sofá cuando el timbre de la entrada se escuchó. Abrí la puerta con cautela y un joven me sonrió mostrándome unas cajas con comida Thai.
—¿Cuánto le debo?—pregunté indecisa, el muy bobo no se había tomado la molestia de dejarme el dinero para pagar.
—No se preocupe, el señor Uzumaki es cliente asiduo de nuestro restaurant... —tomé las cajas que me entregaban y mi estómago gruño ante el olor que salía de ellas. Cerré la puerta con suavidad justo para encontrarme con la sonrisa ladina de Naruto.
—¡Qué bien, muero de hambre!—vestía unos simples pantalones de yoga negros y una camisa sin mangas blanca—. He dejado a Frey en las dependencias de servicio, así podemos comer tranquilos. ¿Prefieres un refresco o algo más fuerte?
Por un segundo me quede completamente atontada observando cada fuerte y musculoso brazo, esos brazos que días atrás me habían arropado en el calor más voraz que pude haber sentido alguna vez.
—¿Nena?—miré a Naruto observándome con su sonrisa torcida— ¿Qué si prefieres una copa de vino o cerveza para acompañar?
—Refresco...—la sola presencia de Naruto era embriagante para mí, necesitaba estar en mis cinco sentidos cuando estaba con él. Lo vi desparecer por el pasillo de nuevo y dejé las cajas sobre la mesa de centro frente al sofá.
Naruto volvió a la sala en menos de un parpadeo, traía dos latas de mi refresco de cola favorito y sonrió al entregarme uno, no pude evitar devolverle la sonrisa, había sido un buen detalle.
—Supe que era tu favorito...—susurró cuando se sentó a mi lado en el sofá.
—Gracias...—murmuré mirándolo a los ojos, solo fue un microsegundo antes de que los labios de Naruto acariciaran dulcemente los míos.
—Eres preciosa, Hinata—acarició con su pulgar mi labio inferior—, incluso, con tu horrible pelo oscuro y tu falta de estilo
—¡Mi pelo no es horrible!
—No, no lo es, por eso no entiendo porque lo escondes bajo tus gorras y sombreros.
No quise responder, nunca había sido muy femenina salvo para ocasiones especiales, George jamás me compró vestidos o faldas, no usé zapatos altos hasta después de la muerte de mi abuelo y en cierto modo, adapté mi modo de vestir después de lo sucedido con Utakata.
—Naruto, la comida va a enfriarse —él asintió, tomó las cajas de la mesa de centro y la puso en la mesa del comedor, de un aparador comenzó a sacar platos ¿de porcelana? y comenzó a repartirla.
—¿Los cubiertos?—me miró extrañado
—Esto se come con palillos —y me mostró su técnica para agarrarlos.
—Mi motricidad fina es un asco. Te agradecería un tenedor.
—Primer cajón, al lado del refrigerador, y trae dos copas, se me olvidó traerlas.
Cuando volví, me encontré con una mesa muy bien dispuesta; con un gesto, me mostró una silla y me invitó a sentar, tomó una copa de las que traje y le vació una lata de gaseosa. Luego, me entregó una gran servilleta de tela.
—No puedo evitar sentirme como un pavo en víspera de Navidad—dije muy seria mientras acomodaba la servilleta sobre mis piernas.
—Bien, entonces, yo seré un granjero y te cocinaré —me hizo un guiño —, total, ya fui una estrella deportiva en la noche de graduación.
Controlé el impulso de expulsar de mi boca el Satay[22] que estaba masticando, pero no pude evitar ponerme colorada al recordar nuestra anterior experiencia. Naruto sonrió satisfecho y siguió comiendo como si nada.
—Si quieres puedo ser Batman, eso sí... te tocaría ser Robin —me apoyé en el respaldar de la silla, alcé mi copa y tomé un sorbo de bebida— te verías bien en pantimedias rosa o, ¡Gatúbela! Mmm ¿cómo te verías metido en un ajustadísimo traje de látex?
—Come y calla—tomó un sorbo de su copa y señaló mi plato—.Necesitarás cada una de esas calorías para tu clase.
Buen aterrizaje: clase, profesor y alumna, ¡nada más!
—Si no te importa, mañana cocino yo. Debes empezar a comer más sano.
¡Maldición! ¿Acaso no puedes cerrar tu bocota, Hinata?
—¿Estás bien? —siguió comiendo, no me miró a la cara.
Estoy segura que no me preguntó por amabilidad, lo hizo para burlarse de mí.
—¿Yo? Sí, estoy bien.
—Ok, no hay necesidad de que cocines para mí, pero si insistes no seré yo quien te lo impida —se levantó, tomó unos platos y salió para la cocina.
—No es cocinar para ti, lo que pasa es que no quiero comer más comida de restaurant —tomé el resto de platos que quedaron en la mesa y lo seguí.
—Me parece bien, así matarás el tiempo mientras me esperas —hizo un giro inesperado y quedó pegado a mí. Me miró con cara de lobo feroz, así que rápidamente, me separé
—¡Oops! Voy al baño, necesito ir.
—Usa el de mi habitación. He dejado en una caja, está la ropa que quiero que uses.
—¿Será mi uniforme escolar, profesor? —¿habrá captado que me molesta mucho ese tufillo a dominante que tiene?
—Reúnete conmigo en mi Templo, ese será nuestro salón por hoy— como cada vez que le decía algo ingenioso, me ignoró
Suspiré sonoramente antes de caminar hacia su habitación, queriendo en realidad poder irme, volvían a mí los nervios de entregarme nuevamente a sus deseos ¿y a los míos? Entré a la habitación y una oleada de las imágenes llegaron a mi cabeza: besos, caricias, jadeos y mi sangre manchando las sábanas.
Me fui al cuarto de baño, y antes de abrir la caja que estaba atada con un primoroso moño de seda blanca, cepillé mis dientes y lavé mis manos, el contenido era un kimono de seda negra; me quité toda la ropa, excepto las bragas, me miré en el espejo, busqué las marcas que me quedaron la vez pasada y, satisfecha, comprobé que ya no estaban. Deslicé la suave prenda por mi piel, mis pezones se pusieron duros al contacto frío de tela.
¡Sí, el frío!
El corazón me latía a mil por hora, las manos, las tenía sudadas. Tomé mi ropa y la dejé doblada sobre un taburete, me cepillé de nuevo los dientes, amarré mi cabello a una coleta alta y salí de allí, imaginando que mi libro sería un Best Seller mundial, que personalmente elegiría el casting de la película y que por fin, podría escribir lo que yo quisiera. Abrí la puerta de lo que iba a ser mi salón de clases.
¿Qué se puede aprender en un salón de esgrima? Pues, esgrima.
Las luces estaban bajas y las cortinas corridas. La primera vez que lo había visto noté muchas cosas pero también obvié varias, como la chimenea que ahora estaba encendida, las ventanas que estaban fijas a una pared de la habitación que mostraban gran parte de los rascacielos ubicados en Manhattan y los espejos que estaban en la pared contraria a las ventanas.
—Sigue adelante, Hinata—llené de aire mis pulmones. Así debían sentirse las vacas cuando iban al matadero.
Excelente comparación. Vas directo al matadero, Hinata. Busca tu pequeña muerte, nena. Tum-tum-plish. Hinata, la comediante
Negué enérgicamente y entré hasta quedarme sobre la pista de corcho. Naruto estaba en un rincón, con una botella de vino y dos copas en la mano, Se había cambiado de ropa, más bien, se había sacado todo y solo llevaba sus pantalones de yoga.
—¿Sabes?—murmuró, llegando a mí con una copa de vino. La tomé rápidamente, había música muy suave pero no podía ver de dónde salía—. Escogí esta habitación porque es la más iluminada del departamento y hoy necesito un par de cosas de ti.
Su mano se fue hasta mis cabellos y tiró de la goma deshaciendo mi coleta. Tomé un trago de vino al sentir su exquisita fragancia tan cerca de mí. Sus dedos se colaron por mi cabello masajeando mi cuero cabelludo.
Gemí internamente por su experto toque.
—¿Qué necesitas de mí?
—Hoy quiero que te observes. Fue muy placentero estar contigo hace unos días y pienso que tu cuerpo ya se ha recuperado de mi intromisión.
—Si con recuperar, te refieres a las marcas de tus dedos en mis caderas...
Cerró los ojos, respiró profundo. Daba la impresión que le dolía algo.
—Está tomando todo de mí no empujarte contra la pared y follarte tan salvajemente como quiero, porque —su voz bajó dos octavas—, ya no voy a hacerte el amor, voy a follarte.
Trague grueso antes de hablar.
—Para eso estoy aquí... Vestida de esta manera.
—Voy a hacerte mía y a enseñarte a conocer tu cuerpo.
No pude evitar el escalofrío que recorrió mi cuerpo.
—Ese es el trato —yo y mi afán de querer superar todo, aunque Naruto parecía ignorar todo lo que decía.
—Quiero que sepas lo que significa desear más de un encuentro sexual y lo mejor de todo, es que te enseñaré a vivirlo para que puedas escribirlo.
El libro, sí... el libro.
Sus labios descendieron hasta los míos, mientras sus dedos desordenaban mis cabellos. El beso fue frenéticamente placentero, Naruto lamía mis labios, los mordisqueaba levemente e incitaba a mi lengua a penetrar en su boca... lamiéndola, succionándola y enredándola con la suya, haciéndome gemir entre sus labios. ¡Santo Joder! podía sentir cada uno de mis vellos erizarse ante el movimiento de sus labios y la humedad acumularse en mi entrepierna.
—Gírate, Hinata —susurró dirigiendo sus labios a mi cuello antes de que sus manos tocaran mis hombros, temblé levemente, aferrándome a la copa y girándome como él lo pedía. Naruto hizo que me viera en el espejo.
—¿Qué ves, Hinata?—susurró mientras mordía el lóbulo de mi oreja.
Temblé... ¿Qué le decía? ¿Veo en mis ojos el jodido miedo que tengo por seguir con esto? O quizás ¿lo pequeña e insignificante que me veía delante de su belleza y su magnífico reflejo?
—Dulzura...—quería una respuesta.
—Soy yo —afirmé, llevando la copa a mi boca para calmar mi ansiedad. Naruto coló sus manos por mi cintura desanudando el quimono y retirando la copa de mi mano. Se alejó dejándome frente el espejo, tenía los ojos llorosos, los labios hinchados, el cabello revuelto... Se colocó detrás de mí nuevamente, acariciando mis brazos hasta levantarlos y pasar los suyos bajo ellos.
—Yo veo a una mujer hermosa—sus manos acariciaron el valle de mis pechos—. Tu piel es exquisita, el color de tu pelo es tan especial; tus pechos, turgentes, llenos y generosos no deberías esconderlos. Tienes una cara angelical, pero apenas te excitas... te cambia y uno solo puede pensar en follarte — mi respiración se aceleraba palabra a palabra, él no mentía.
Sentir su cálido aliento en el hueco de mi cuello me estaba calentando. Por mi cuerpo empezaban a recorrer las sensaciones de agua caliente que su toque me provocaba, se agudizaban mis sentidos y recibía cada caricia amplificada.
—Naruto...—mi voz salió en un jadeo ahogado ante el tono bajo y susurrante en el que se había convertido su voz.
—Y, tus ojos, Hinata... tus ojos me indican que quieres tanto como yo saltarnos todo esto y fundirnos en uno solo... pero no lo haré.
—Eres cruel —dramaticé.
—¿Recuerdas el programa del viernes?—su mano descendió por mi vientre y se coló por mis bragas, bajé la vista un momento pero su otra mano, agarró mi mentón dejando que mis ojos miraran hacia el espejo.
—Mira al frente, te vas a redescubrir hoy. Pase lo que pase, no dejes de mirar al frente. Esta noche, voy a hacerte llegar solo tocándote, Hinata.
Acariciar es un arte y yo soy el mejor practicándolo.
—Pretendes volverme loca, ¿verdad?
—Creo que entonces seriamos dos locos... Tu cuerpo me enloquece... me consume. He pasado todo el fin de semana deseando follarte fuerte, adentrarme en ti tan profundamente y no salir de ahí hasta que nuestros cuerpos rueguen por una tregua.
¡Por la cabeza de Thor! sus malditas palabras estaban encendiéndome al millón, no sabía si eran ciertas o no, pero este no era el momento para averiguarlo.
—Naruto...—susurré con voz rasposa.
—Tú provocas tantas cosas en mí, que lo único que quiero es cogerte duro y fuerte, hacerte correr con mis dedos y mi boca, ver como tu cuerpo se estremece de placer —sus labios succionaron entre mi cuello y hombro, haciendo que mi vientre se contrajera fuertemente. Luego, con la mano libre, despejó mi nuca y dio pequeñas lamidas por todo mi cuello.
—Umnf.
—No cierres los ojos, linda... Mírate, míranos. ¿No somos lo más perfecto del mundo? —deslizó el quimono, dejándolo caer por mi cuerpo en una caricia sutil y sensual—. El cuerpo de una mujer debe ser alabado.
Sus labios descendieron por toda mi columna vertebral, su cálido aliento embotaba mis sentidos, erizaba mi piel, humedeciendo allí por donde pasaba, mientras mi cuerpo era una maraña de deseo. Sentía su lengua apenas rozando mi piel, tomándose su tiempo hasta mi trasero, acariciándolo con sus manos lentamente, antes de deslizar mis bragas levemente humedecidas.
Me volteó hacia él, arremetiendo contra mi boca, su beso era desesperado, desorbitante, tan salvaje y pasional que me sostuve de sus hombros ante la ferocidad del envite de su lengua en mi boca, solté un pequeño jadeo, mientras él continuaba serpenteando con la mía y sometiéndola a su placer. Enterré mis uñas en sus brazos y mordisqueó mi labio inferior antes de halarlo y soltarlo fuertemente, haciéndome sisear y separándose de mí.
—Debería disculparme por eso, pero no lo haré. Si no lo hacía, ahora mismo tu espalda estaría empotrada en uno de esos espejos.
—Entonces, tampoco me disculpo por el rasguño.
Sus manos empezaron a masajear mis pechos fuerte y suave, alternando su forma de tocar hasta que mis pezones no fueron más que dos piedras duras alrededor de sus dedos.
—Amo tener este poder, tu cuerpo se resiste pero yo puedo controlarlo — retrocedí y él negó con la cabeza, sus ojos eran oscuros y su respiración, agitada—¡Maldita sea!—cayó de rodillas sin dejar de tocarme—, quiero hacer esto con calma pero hueles de una manera tan jodidamente exquisita, Dulzura.
Su lengua lamió entre mis pechos y mi cuerpo se volvió gelatina, temblé ante lo húmedo de su toque pero acopié toda mi cordura para no desfallecer... él me debilitaba, pero no era la única débil en esta habitación.
Abrió la boca exhalando suavemente y el aire caliente sobre mí ya estimulado pezón me hizo estremecer. Mis manos se colocaron entre sus cabellos deslizando mis dedos, Naruto gimió.
Alá, Buda... jodido Odín y todos los dioses nórdicos, mis piernas temblaban y tenía que poner todo de mí para no dejarme caer. La mano libre de Naruto se aferró a mi cintura mientras él seguía con la torturante caricia solo en la punta de mi pecho hasta llevarlo dentro de su boca y succionarlo fuertemente, tiró de él un par de veces más y luego dejó que su lengua envolviera mi aureola, frotándome con sus labios, boca... estaba ardiendo y él, parecía darse un festín con mi pecho. Empezó a dar vueltas a alrededor y no pude más.
Gemí vergonzosamente, sintiendo como mi entrepierna se humedecía aún más... Dios, solo estaba tocando mis pechos y el dolor en mi vientre bajo era demasiado para mí. Dio un pequeño mordisco a la vez que su mano descendía hasta separar mis labios vaginales, acariciando mi muy mojada vagina...
El calor corría por mi cuerpo vertiginosamente, mientras él seguía mamando y tocándome tan superficialmente, que creía que moriría en cualquier momento. Empujó mi pezón contra su paladar aprisionándolo con su lengua a la vez que introducía uno de sus dedos en mí y con el otro, presionaba mi clítoris haciéndome ver fuegos artificiales por todo el salón, mis piernas se flexionaron ante la sensación de desfallecimiento.
Naruto me pegó a su pecho con la mano que tenía en mi cadera, sin dejar de embestirme con su dedo y pasando la lengua al otro pezón, repitiendo la torturante caricia hasta que mi boca se abrió gritando incoherencias, presa de mi segundo orgasmo.
Boqueé como pez fuera del agua, intentando por todos los medios posibles sostener el aire en mis pulmones, sintiendo el descontrolado latido de mi corazón. Naruto sacó su dedo mojado de mi intimidad y me separó de su cuerpo, antes de trazar con sus dedos planos en mi abdomen que luego siguió con su lengua, repartiendo besos en mis caderas en mi ombligo y bajo mis pechos... llevándome nuevamente al frenesí.
—Naruto—mi voz salió pastosa, sentía mi boca seca mientras él seguía repartiendo besos por todos lados—. Naruto...
—Pídelo —su tono de voz no era muy diferente al mío—. Pídemelo, Hinata.
—Por favor...
—Recuerdas nuestra primera cita... en el restaurante —murmuró en mi ombligo, haciendo círculos alrededor de él con su lengua y embistiéndolo tímidamente.
Ya estaba en el infierno, este hombre me dominaba, me hacía sentir débil y sensual y yo ya estaba perdida, más atada al fuego de la pasión que la misma Tanahi.
—¿Me vas a recordar que debo mandar tu traje a la tintorería?—traté que mi voz sonara irónica, pero sonó excitada. Naruto sonrió, me dio un mordisquito y siguió lamiendo.
—¿Recuerdas lo que necesitabas?
—Si—mi voz no se escuchó como mía, era un murmullo desesperado por más...
—Pídemelo ahora.
—No... ¿para qué?... ya estamos en ello—quería que suplicara...
—¡Maldición!—inhaló con fuerza sobre mi sexo— ¡Pídemelo, Hinata!...no seguiré si no me lo pides.
El muy idiota se separó de mí y dejó de tocarme. Yo, que estaba a un paso de la gloria, a centímetros de la meta, me quedaba sola, al límite de la nada por una insignificante palabra.
—¡Enséñame!—grité presa de las sensaciones que recorrían cada una de mis terminaciones nerviosas, hundida en un mar tembloroso de deseo. Lo quería de nuevo, una vez y otra más, lo necesitaba—. Sé mi tutor, mi maestro ¡Santo Joder! Enséñame lo que quieras
—Entonces, a partir de ahora, empieza tu especialización. Somos maestro y aprendiz y yo...
—¡Joder, Naruto! ¡Hazme tuya de una maldita vez!
—No, Hinata...—su voz sonó ronca y gutural—, tú ya eres mía—su sonrisa de comercial se curvó a un lado de su rostro antes de acercarse a mi boca— ¡tú te entregaste a mí!
—¡Cretino!—mordí su labio inferior completamente entregada a la bruma del deseo.
Grave error, no tomó mi mordisco como un castigo si no como una exigencia de más.
¡Já, Hinata! Eso fue: te volviste loca y quieres que te haga gozar hasta morir.
Pude sentir el frío del espejo en mi espalda, el calor de su erección potente traspasando la ropa y el sonido de nuestros jadeos que se ampliaban en la habitación. Sus caricias quitaban toda la voluntad que quedaba en mi cuerpo llevándome al inmenso placer del clímax, arrasando todo resquicio de la razón. Era un titiritero, uno muy laborioso y experto, que con solo tocarme, me convertía en una marioneta ¿será porque fui virgen por mucho tiempo?
Me sentía satisfecha, poseída... mi garganta se desgarraba en un susurro agónico cuando pronunciaba su nombre. Y lo entendía, lo entendía perfectamente bien, porque a pesar de mi inexperiencia, de no ser tan hábil como lo era él, yo lograba que su voz también se escuchara estrangulada cuando mi nombre salía de la misma forma de su garganta. Y entonces allí lo comprendí. Vislumbraba el afán de Naruto por entregar todo para mi disfrute, por hacerme sentir bien, hermosa, pues cuando yo ganaba, él lo hacía también.
—No pienses tanto Dulzura—susurró en mi oído cuando se encontraba dirigiéndose a su habitación, mientras me sostenía en sus brazos. Estaba aferrada a él con las pocas fuerzas que me quedaban. Aun así bufé sonoramente y lo sentí sonreír a la vez que abría la puerta de la habitación.
Naruto me recostó en su cama antes de dejarse caer a mi lado. Me preparaba para el ataque recriminatorio de mi conciencia; había sido suya nuevamente, esta vez sin menos miedos ni inhibiciones pero tan profundamente placentero como la primera vez...
¡Mientes! esta vez fue mejor!
Continuará...
