Disclaimer: los personajes usados para este fic son propiedad de J.K. Rowling.
Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.
La categoría que me tocó para esta historia fue los SAGRADOS VEINTIOCHO, mis condiciones:
· Debe aparecer una rana de chocolate
· Alguien debe hacer un hechizo
Y mi personaje: Gideon Prewet
En esta historia se incluyen:
· FAMILIA: Prewett
· PROMPT: Sonrisas
· Personaje: Gideon Prewett
HERMANOS
A Gideon le gustaba su familia, su hermana pequeña Molly y sobretodo su hermano gemelo Fabian.
Respecto a las familias del mundo mágico había dos tipos de familias sangre pura: estaban las familias sangre pura oscuras, como los Black, Malfoy o Lestrange que se diferenciaban de las "de la luz" como los Weasley, Potter o Prewett en que las oscuras eran demasiado rígidas y obsesivas con sus tradiciones milenarias y sus matrimonios entre los mismos miembros de las familias, o eso les había dicho su padre.
Ellos pertenecían a la familia Prewett, cuya tradición más importante era el amor y el apoyo entre los miembros de la familia.
Gideon y Fabian tenían cinco años en ese entonces, cuando se dieron cuenta de que les gustaba la sonrisa de su hermana, de que no había nada más importante para ellos que ese gesto no se borrara, tanto de su boca como de su vida (aunque eso lo descubrirían ya con el tiempo), por lo que se tomaron en serio el que siempre se estuviera riendo y sonriendo: le cambiaban la ropa, convirtiéndola en cualquier disfraz a su madre, le ponían el pelo azul o verde a su padre… la imaginación de los gemelos era infinita, y más teniendo la complicidad de su tía Muriel que les dejaba su varita y les daba ideas cada vez más disparatadas para que pudieran llevar a cabo sus travesuras.
Cuando cumplieron los diez años, se hicieron una promesa:
—Fabian, seremos los héroes de Molly.
— ¿Tú crees?
—Sí, la protegeremos, la apoyaremos en todo y conseguiremos que nunca deje de reír.
—Ese es un buen plan Gideon.
—Sí, ¿verdad?
—Sí, estoy seguro de que lo lograremos.
Sellaron su juramento con sangre, como habían leído en un libro de su padre que había que hacer cuando su proposición era firme e infinita y, cuando acabaron y miraron sus cicatrices a juego, sus sonrisas gemelas de maldad podrían haber asustado al más valiente.
Después de todo, la risa y la familia para ellos era lo más importante para ellos.
