A/N: Errrmmm… No tengo nada que decir en mi defensa. Absolutamente nada. No leáis esto en público.


Capítulo 10: Hola, Chloe

Hotel Parl Lane, Nueva York

15 de julio del 2026, 06:00h

El estruendoso alarido de la alarma de un iPhone a todo volumen arranca a Chloe de su sueño con demasiada brusquedad.

Se despierta de un sobresalto, alzando la cabeza de la almohada.

- ¿Qué…? – pregunta en un balbuceo incoherente, completamente desorientada. Parpadea con ojos todavía espesos por el cansancio que se acumula en ellos hasta que por fin logra enfocar la habitación de hotel, iluminada en la escasa luz del día.

La falta de rayos de sol colándose a través de las espesas cortinas grises, y el sueño que tiene todavía, le dan la pista de que es demasiado pronto para estar despierta en un sábado.

En su pecho, totalmente pegada y curvada a su cuerpo, Beca se revuelve entre ininteligibles protestas. Alza ambos brazos hasta que rodea su cabeza con ellos en un intento inútil de protegerse del molesto sonido.

- Apágalo – murmura con un quejido, el ceño fruncido y los ojos apretados.

- Es el tuyo – responde Chloe tras localizar el culpable de tanto escándalo y darse cuenta de que es el móvil de Beca, que vibra y parpadea sobre la superficie de madera de la mesilla de noche.

Beca deja escapar un largo gruñido de lo más profundo de su pecho y, a ciegas, alarga una mano con la que tantea por la mesilla en busca de su móvil. Si Chloe no estuviera tan molesta por el brusco despertar, sería capaz de encontrar la escena tremendamente divertida.

Decide intervenir cuando Beca golpea accidentalmente con el dorso de su mano el vaso de agua que dejaron anoche en su mesilla, y lo empuja hasta casi tirarlo por el borde.

Chloe se alza sobre un codo y se estira por encima de Beca. Las yemas de sus dedos tropiezan con la parte inferior del iPhone, que sigue entonando la melodía cada vez más y más alto, y se curvan para deslizarlo sobre la madera.

- Ponlo en silencio – gruñe Beca.

Tras un par de golpeteos sobre la pantalla, Chloe logra apagar la alarma y pone el iPhone en modo no molestar. Deja escapar un suspiro de alivio cuando se hace el silencio inmediato en la habitación.

- ¿Se puede saber para qué necesitas una alarma a las seis de la mañana de un sábado? – protesta con un bufido.

Sin embargo, ese sonido se desfigura a la mitad y se trasforma en un jadeo sorprendido cuando una boca cálida y húmeda se cierra en torno a uno de sus pezones. Dientes rascan cuidadosamente su piel antes de soltarlo con un pop.

Chloe apoya su brazo estirado en la cama para mantenerse sobre Beca con mayor comodidad y baja la mirada a los ojos que, todavía parpadeando de manera somnolienta, le devuelven la mirada.

- ¿Tú no estabas dormida? – inquiere con una risa en su voz.

Una sonrisa torcida se expande lentamente por el rostro de Beca.

- Sí, pero me las has puesto en toda la cara – se excusa, encogiéndose de hombros –. Es mucho más agradable despertarse con esto… – sus dedos pinchan el pezón opuesto –, que con eso – y luego hacen un gesto vago hacia su iPhone.

Chloe se limita a arquear una ceja, pero tampoco hace amago alguno de retirarse y Beca se aprovecha: una de sus manos se desliza por la cintura de Chloe mientras alza la cabeza de la almohada para depositar una línea de besos que baja por la curva de su pecho izquierdo.

Vuelve a hacer el recorrido en sentido inverso pero solo con su lengua, que remata con un pequeño toque a su pezón erecto. Al mismo tiempo, las yemas de sus dedos acarician hasta curvarse en el culo de Chloe.

Dan un suave apretón, amasando el firme músculo, y Chloe capta la indirecta: cruza su pierna derecha sobre el cuerpo de Beca hasta sentarse a horcajadas en ella, quien suspira cuando sus cuerpos reconectan.

Chloe se relame sus resecos labios y no se molesta en disimular la forma en que está admirando la figura desnuda de Beca: su mirada despierta, pero con restos de sueño todavía; sus labios entreabiertos, su piel pálida, las puntas rubias de su pelo.

Es preciosa.

Chloe está dispuesta a perder la voz diciéndoselo las veces que haga falta hasta que Beca se lo crea.

Un destello metálico capta su atención y esta vez, cuando se relame, no es porque su cabeza esté llena de pensamientos puros y honestos precisamente.

Ve sus dedos moverse por voluntad propia hasta que toca con el interior de su índice la punta del pezón derecho de Beca. Escucha la exhalación forzosa que ese simple roce produce, y su cuerpo entero reacciona cubriéndose de piel de gallina.

- ¿Te he dicho ya lo mucho que me gusta esto? – da dos suaves golpecitos en las dos bolas que rematan la barra metálica del piercing, su mirada intensa y oscura concentrada en él.

Aunque su pregunta pretende ser retórica, Beca traga saliva y niega con la cabeza de todos modos.

- ¿No? – Chloe ladea la cabeza, sorprendida. Es probable que la primera noche estuviera tan desprevenida por el descubrimiento que se le pasó por completo hacer comentario alguno –. Pues me parece de lo más sexy – murmura.

Sus dedos resbalan por la superficie fría y redonda de las bolitas y pellizcan, así como si fuera de manera totalmente accidental, el pezón de Beca antes de retirarse por completo.

Los ojos de Beca ruedan tras sus párpados y su espalda se arquea hasta alzarse un poco del colchón. Su boca cae abierta, aunque de ella nunca llega a salir ningún sonido, y termina atrapando su labio inferior entre sus dientes.

Chloe se reitera en su opinión: es. tan. sexy.

Empieza a jugar un poco con ella, tentándola, bebiendo sus reacciones y sintiéndolas como si fueran suyas, hasta que Beca deja escapar un sincero gemido y clava su mirada tormentosa en la suya.

- Chloe – murmura –. Joder…

Y Chloe no sabe muy bien de qué habla, cree que simplemente se está quejando de que esté poniendo la miel en sus labios solo para quitársela tras unos segundos y nunca dejarle terminar de disfrutarla.

Pero entonces Beca cuela una de sus manos entre su abdomen y Chloe, y es consciente por primera vez de lo empapada que está, de lo caliente que está, y de que Beca lo tiene en contacto directo con su piel.

Los dedos de Beca no se quedan, solo la exploran tentativamente como si todavía no estuvieran familiarizados con el terreno: con cada pliegue, cada montaña, cada valle; como si no supieran exactamente dónde tocar, cómo y cuándo hacerlo para que Chloe se vuelva absolutamente loca de deseo.

Se retiran y Chloe puede ver la piel brillar con sus propios jugos.

No está en control de sí misma cuando agarra la mano de Beca y se lleva los dedos a la boca. Los lame con gusto, gimiendo ante el sabor salado que cubre su lengua como una sedosa película y la expresión de sorpresa y hambre feroz que oscurece el rostro de Beca.

- Ahora me toca a mí – murmura con voz llena de promesas.

Chloe frunce el ceño al sentir dos golpecitos en su pierna, confundida, pero aun así obedece la petición silenciosa y se incorpora hasta depositar su peso sobre sus rodillas. Eso deja a Beca libre para deslizarse por el colchón.

Chloe siente su respiración atascarse audiblemente en su garganta al ver la dirección descendente en la que se mueve Beca.

- Oh, dios – exhala, estirando una mano hacia el cabecero de la cama para estabilizarse.

Beca desaparece entre sus piernas hasta que solo asoma la mitad de su rostro, y es el hecho de que Chloe no pueda ver que está sonriendo, pero sepa que lo está haciendo, lo que termina por robarle lo poco que le queda de cordura.

Dos manos rodean sus muslos y la guían hasta que se sienta en los hombros de Beca, todavía soportando la mayor parte de su peso para no aplastarla.

Entonces, la lengua de Beca está en todos lados y Chloe deja de ser capaz de pensar.

Sus dedos se vuelven blancos donde se curvan en el borde del cabecero, sus ojos se cierran, su cabeza cae hacia atrás, sin fuerza, y Chloe emite todos sus jadeos y gemidos hacia el techo blanco de la habitación.

Puede escuchar los constantes lametones, los sonidos de succión cuando Beca atrapa su clítoris entre sus labios y sorbe, los pequeños gemidos de Beca que lanzan llamaradas que lamen a Chloe desde dentro.

Su deseo es como una extensa cuerda que se va enroscando en su dedo, vuelta tras vuelta, acortándose por momentos.

Chloe mueve sus caderas de delante hacia atrás, en círculos que van desde lo más amplio a lo más estrecho, persiguiendo su placer en completa sincronía con Beca hasta que se acercan demasiado al punto máximo.

Una de sus manos cae al pelo de Beca, se enreda entre sus mechones castaños, se convierte en un puño tenso.

- Bec, Bec – jadea Chloe, sin voz apenas, pero su urgencia se transmite de todos modos.

Inmediatamente, Beca deja su lengua firme y quieta de tal forma que, con cada movimiento de las caderas de Chloe, entra y sale de ella.

Como si supiera exactamente lo que Chloe necesita, los dedos de Beca aparecen casi mágicamente en su clítoris y empieza a masajearlo bajo las yemas de sus dedos a un ritmo vertiginoso.

Chloe emite un gemido bien audible y se cae hacia delante, mordiéndose el labio con tanta fuerza que saborea sangre.

Cuando por fin alcanza el orgasmo, estalla en su interior tan violentamente que Chloe teme desmoronarse con las sacudidas de su cuerpo, o rasgarse en dos mitades. Pierde la respiración, se le queda atascada en algún punto entre sus pulmones y su nariz.

Sus manos caen extendidas sobre el colchón y deposita todo su peso en ellas, porque a pesar de no sentir su cuerpo, sigue teniendo miedo de descuidarse y aplastar a Beca.

Su frente reposa en la fría superficie de madera del cabecero y cierra los ojos mientras trata de normalizar su respiración, algo que es difícil si Beca no deja de depositar besos sobre su pulsante clítoris que le provocan nuevos espasmos tan placenteros que resultan casi dolorosos.

La sensibilidad vuelve poco a poco: empieza en las puntas de sus pies y se va extendiendo por el resto de su cuerpo como un cálido manto.

Chloe se desploma en la cama, agitando el colchón cuando impacta contra él en dirección opuesta a la habitual, con sus pies hacia el cabecero. Reposa uno de sus antebrazos en su frente y suspira.

Puede escuchar la risa de Beca, de modo que abre un único ojo para lanzarle una mirada curiosa. Su barbilla y sus labios brillan con los jugos de Chloe, y hace todo un show de limpiarse con la lengua.

Chloe emite un gemido dolorido ante el latigazo de deseo que golpea entre sus piernas, las cuales aprieta para contenerlo.

Beca sonríe y usa la esquina de la sábana para secarse los últimos restos que le quedan en la cara. Sobre manos y piernas, gatea a lo largo del colchón hasta donde se dejó caer Chloe y se acomoda a horcajadas en su cintura.

Chloe recorre con su mirada el cuerpo desnudo de Beca y se muerde el labio inferior, demostrando lo mucho que aprecia las vistas que tiene.

- Creo que esta es la primera vez que estás encima – observa con ligera diversión –. Me sorprende que seas tan pasiva… – ladea la cabeza, reconsiderando, y chasquea la lengua –. Aunque al mismo tiempo, no.

Una chispa de ofensa se ilumina en el azul medianoche de Beca y su rostro se transforma en una mueca indignada.

- Perdona, pero no hay nada de pasivo en lo que acabo de hacerte – exclama.

Cada vez con más problemas para mantener su rostro firme y serio y no soltar la risa que burbujea en la parte alta de su pecho, Chloe se encoge de hombros, sintiendo el roce del nórdico bajo su piel.

- No hay nada malo en ello, Bec – le pica con una sonrisa algo malvada en los labios –. Si te gusta ser dominada, ¿quién soy yo para negártelo?

La mirada de Beca se llena de determinación y sus ojos se entornan.

Se inclina sobre Chloe con movimientos lentos y precisos que, por algún motivo, le recuerdan a un felino salvaje. Sus pechos se rozan, se aplastan, y la risa de Chloe muere lentamente en su garganta.

Beca atrapa sus labios en un beso que profundiza inmediatamente. La forma en que su lengua se mueve y se roza con la de Chloe, la tienta y la persigue, es tan obscena, tan lasciva, que Chloe tiene la sensación de que Beca está follando solo con su boca.

Chloe se estremece entera. Sus manos, que estaban descansando en la cama por encima de su cabeza, jugando a enredar relajadamente mechones de su pelo en sus índices, se alzan llenas de energía nerviosa.

Revolotean alrededor de Beca, queriendo estar y hacer tantas cosas a la vez, ansiando tocar y apretar y acariciar y penetrar, que terminan por no estar en ninguno ni hacer nada.

Chloe logra controlarse lo suficiente como para posarlas en la mandíbula de Beca. Pero en el mismo instante en que sus pieles hacen contacto, la lengua de Beca desaparece de su boca y sus besos con ella.

Frunce el ceño y abre los ojos con párpados pesados, solo para ver a Beca sonriéndole.

- Si me tocas… – murmura en un tono bajo y seductor al que el cuerpo de Chloe responde erizándose y pulsando –, dejo de hacer lo que esté haciendo – puntualiza su advertencia lamiendo los labios de Chloe, que gime y los separa para darle la bienvenida de vuelta en su interior.

Sin pensar, enreda sus dedos en el pelo de Beca e inmediatamente siente el firme agarre de dos manos en sus muñecas, empujando sus manos hasta que caen de nuevo sobre el colchón por encima de su cabeza.

Chloe echa la cabeza hacia atrás para ver qué hace al sentir un par de fuertes tirones que sacuden la cama. Se queda sin respiración cuando se da cuenta de que Beca ha desenganchado una de las esquinas de la sábana para enroscarla alrededor de sus muñecas unidas.

Es más simbólico que otra cosa, porque Beca no hace ningún nudo y Chloe podría deshacerse del agarre de la sábana de un simple tirón. Pero Chloe opta por rebelarse de otra forma.

Levanta la cabeza y atrapa el pezón derecho de Beca entre sus dientes. El cuerpo de la morena se estremece y sus caderas se deslizan por voluntad propia sobre su estómago, dejando una línea húmeda en su piel.

- Eso… es trampa – jadea Beca, su mirada llena de fuego.

Chloe le regala su mejor sonrisa inocente, batiendo sus pestañas y encogiéndose de hombros. Beca abandona su anterior plan y tira de una de las muñecas de Chloe para sacarla del suave agarre de la sábana.

- Iba a hacer que te corrieras de nuevo… – explica con falsa calma mientras se recoloca sobre las caderas de Chloe, que jadea al sentir el calor y la humedad que esconde Beca entre sus piernas –, pero he cambiado de idea.

Chloe observa cómo Beca coloca su mano sobre su estómago, haciendo un puño con todos sus dedos menos con el índice y el corazón. La morena se alza sobre sus rodillas y se posiciona, sus ojos destellando peligrosamente.

La cabeza de Chloe da un giro vertiginoso al captar cuáles son las intenciones de Beca instantes antes de que Beca, sin romper ni un momento el contacto visual, descienda lentamente sobre sus dedos.

Chloe gime lastimosamente mientras sus dedos llenan y expanden a Beca hasta que la morena vuelve a estar casi sentada en su estómago.

Beca mueve sus caderas en un amplio círculo, con los dedos de Chloe enterrados en su interior, y deja caer la cabeza hacia atrás con un sonoro gemido cuando su clítoris se frota contra la palma de Chloe.

- Mucho mejor – exhala Beca en voz airada.

Chloe entiende en ese momento por qué esto es un castigo: ahí está Beca, gloriosamente desnuda, llevándose al orgasmo de manera deliberada y exasperadamente lenta con sus dedos, y lo único que Chloe puede hacer es ver y sentir.

Sin poder tocar, sin poder moverse, sin poder hacer nada.

Ve sus dedos aparecer y desaparecer entre las piernas de Beca, ve el ondular de sus músculos cada vez que se alza y desciende, ve la forma en que Beca se pierde progresivamente en su placer.

Siente sus jugos resbalar por sus dedos, siente su clítoris restregarse en la palma de su mano cada vez con más urgencia y precisión, siente las paredes de Beca contraerse y presionar sus dedos.

Escucha sus gemidos, sus jadeos, sus exclamaciones sin aire, las palabras a medio pronunciar.

Y Chloe va enloqueciendo lentamente.

Beca establece un ritmo furioso cuando ya está al borde del precipicio, persiguiendo su orgasmo con absoluto abandono. Sus gemidos harmonizan con el golpeteo de sus cuerpos cada vez que chocan, componiendo una melodía extremadamente obscena.

Chloe no quiere volver a escuchar otra cosa en toda su vida.

Beca se corre y se olvida por completo de todo lo que no sea la ola de placer en la que está sumergida, de modo que Chloe opta por desobedecer sus órdenes y mueve sus dedos en su interior para prolongar la sensación.

Y es en ese momento que entiende por qué a Beca le gusta estar debajo: las vistas son increíbles.


Hotel Parl Lane, Nueva York

15 de julio del 2026, 12:10h

En algún punto entre el tercer y el cuarto orgasmo, deben de quedarse dormidas porque lo siguiente de lo que Beca es consciente es de despertarse en una situación que parece sacada directamente de sus peores pesadillas.

Su cerebro procesa que los golpes que está escuchando es alguien llamando a la puerta de su habitación cuando ya es demasiado tarde.

- ¡Espero que estés decente porque voy a entrar! – anuncia la voz de Kyle desde el otro lado de la puerta.

Beca apenas tiene tiempo de comprender qué está ocurriendo porque de repente se oye el pitido de la cerradura electrónica al aceptar la tarjeta, y el click de la cerradura cuando Kyle empuja el manillar hacia abajo.

El corazón le salta a la garganta y solo le da tiempo a coger el nórdico del suelo a los pies de la cama para tapar sus cuerpos antes de que Kyle rodee la esquina del pasillo de entrada.

- ¡Tío! – exclama Beca y su voz sale ahogada, vacilona, estridente, sin decidirse entre si debe mostrarse indignada, enfadada, confundida o sorprendida.

Se aprieta el borde del nórdico firmemente contra su cuerpo desnudo y alarga una mano sobre Chloe para asegurarse de que ella también esté completamente cubierta bajo la esponjosa tela blanca.

La pelirroja asoma la cabeza de debajo ante el alboroto, parpadeando con expresión desorientada.

- Oh, dios – musita Kyle. Al parecer, no contaba con que Beca todavía tuviera compañía a estas horas del día –. ¡Perdón, perdón!

Inmediatamente alza una mano para taparse los ojos y echa la cabeza hacia atrás como si estuviera admirando el techo, aunque Chloe no parece para nada alterada por su presencia inexplicable en la habitación.

Con una calma que Beca no comparte, Chloe se gira hasta tumbarse de espaldas en la cama y sonríe.

- Hola, Kyle – saluda en tono alegre.

El aludido baja la cabeza para lanzar una breve mirada entre sus dedos antes de volver a su intenso estudio del techo blanco.

- Hola, Chloe – responde, avergonzado.

- ¿Se puede saber cómo has entrado en mi habitación? – espeta Beca, agitando las manos en el aire para interrumpir esa extraña reunión con su mal humor y una mirada fulminante dirigida a su asistente.

- Fui a pedir una tarjeta en recepción – explica Kyle.

Resopla y deja caer la mano y su cabeza, harto de estar mirando al techo con los ojos tapados, aunque luego parece darse cuenta de que Beca y Chloe están muy desnudas bajo el nórdico y cambia de opinión.

Alza la mirada de nuevo hacia arriba y se limpia la garganta.

- Llevo media hora llamándote sin respuesta alguna y empezaba a preocuparme – continúa en tono exaltado, gesticulando bruscamente con sus manos –. Y tenemos que ir ya al aeropuerto o vamos a perder el vuelo.

Beca frunce el ceño, convencida de que Kyle debe estar exagerando.

- No puede ser – sacude la cabeza y gira la cintura para localizar su iPhone. Se da cuenta de que Chloe y ella se han intercambiado los lados de la cama en algún momento –. ¿Me pasas mi móvil? – le pide a Chloe con un gesto de barbilla hacia la mesilla.

La pelirroja se estira para cogerlo y se lo tiende. Beca roza sus dedos cuando el iPhone pasa de una mano a otra y la calidez de la sonrisa de Chloe baña su cuerpo como los rayos del sol de un día de verano.

Pero en cuanto su mirada cae en el reloj de la pantalla de bloqueo, Beca se lleva el segundo susto del día.

- ¡Mierda! – por puro instinto, salta fuera de la cama, y no se da cuenta del pequeño detalle de que todavía está desnuda cuando ya es demasiado tarde –. ¡Mierda, joder! – exclama, buscando con desesperación algo con lo que cubrirse, su rostro ardiendo por la vergüenza.

Kyle vuelve a taparse la cara y se gira para darles la espalda; Chloe reacciona rápido y tira de un brazo de Beca para atraerla hacia el borde de la cama y esconderla tras una esquina del nórdico.

Eso sí, lo hace riéndose a carcajada limpia.

- Creo que… – empieza a decir Kyle con voz ahogada –. Mejor espero fuera.

Beca le lanza una mirada furiosa que su asistente no ve porque ya ha echado a andar hacia la puerta con las manos a modo de viseras sobre sus ojos, limitando su visión periférica como si fuera un caballo de feria.

Cuando escucha la puerta de la habitación cerrarse tras Kyle, Beca deja caer su rostro en sus manos.

- Mátame – murmura, y las palabras suenan aplastadas por sus palmas.

Chloe se sigue riendo con fuerza.

Beca intenta volver su vergüenza y su furia hacia ella, pero resulta imposible ante la forma angelical en que Chloe sonríe, sus ojos iluminados por la diversión.

Se pone de rodillas sobre el colchón y atrae a Beca hacia su cuerpo desnudo con dos manos que se enroscan alrededor de su cintura. Su frente choca con el hombro de Chloe y Beca se acomoda, escondiéndose en el hueco de su cuello.

- A mí me ha gustado – le asegura, acariciando la curva de su baja espalda.

Beca alza la cabeza para lanzarle una mirada llena de reproche.

Ni siquiera es consciente de que sus labios están haciendo un puchero hasta que Chloe captura su labio inferior entre sus dientes y lo sorbe dentro de su boca antes de soltarlo. Es una de las formas más eficaces de ofuscar a Beca hasta que no es capaz de pensar.

Excepto que…

- ¡No tenemos tiempo para un polvo rápido! – grita Kyle desde el pasillo, dando una serie de golpes en la puerta con los nudillos –. ¡Moved esos culos!

Eso reaviva la risa de Chloe, mientras Beca gruñe y pone los ojos en blanco.

- Voy a matarle – amenaza.


Hotel Parl Lane, Nueva York

15 de julio del 2026, 12:20h

Solo les lleva diez minutos, contados uno a uno por la voz de Kyle desde el otro lado de la puerta, estar listas para marcharse: lo que tardan en asearse un poco y vestirse con la misma ropa del día anterior.

Chloe abre la puerta y ambas desfilan al pasillo bajo la atenta e impaciente mirada de Kyle. Se siente un poco como si fueran otra vez dos adolescentes a las que uno de sus padres ha pillado en pleno acto.

Chloe no es alguien que normalmente sienta vergüenza, y menos en situaciones de este tipo. Sin embargo, no tiene muy claro todavía qué es exactamente esto, cuáles son los límites y las condiciones de sus noches con Beca.

Las Bellas lo descubrieron.

Aubrey sabe todo lo que ocurrió ese fin de semana en Barden con quizá demasiado detalle, si sus quejas eran un indicativo fiable.

Y, ahora, Kyle también se ha enterado.

Chloe le lanza una mirada furtiva a Beca en el ascensor para tratar de adivinar su estado de ánimo.

Parece incómoda – es incapaz de sostenerle la mirada a su asistente por más de un segundo –, pero Chloe tiene la sensación de que no es tanto por el hecho de que Kyle sepa que se han acostado, sino por cuáles han sido las circunstancias de ese descubrimiento.

Y Beca se sigue mostrando adorablemente atenta, con sus sonrisas, con sus roces, con sus miradas. Se ofrece a llevarla a casa, le guarda el asiento del copiloto, y le abre la puerta una vez llegan al coche.

Chloe tiene serios problemas para contener las ganas de simplemente acorralarla contra la caliente chapa del Audi y besarla hasta que se queden las dos sin aliento.

Si no fuera porque puede sentir la penetrante mirada de Kyle saltando de una a otra cada cinco segundos, lo más probable es que hubiera sucumbido a ese impulso. Pero, dado que van con prisa y tienen audiencia, Chloe se muerde el labio inferior y se abrocha el cinturón.

Beca introduce las llaves en el contacto y sale de la plaza de aparcamiento con un chirrido del caucho caliente de las ruedas sobre el suelo de plástico.

Para disipar un poco la tensión que se palpa en el ambiente, Chloe le lanza una mirada a Kyle a través del espejo retrovisor. Puede notar que está vibrando solo por el esfuerzo de contener todas las preguntas que quiere hacer.

- Así que, Kyle… Beca me dijo ayer que fuiste a ver el musical de Anastasia – comenta, sacando un tema que sabe que le va a distraer al cien por cien.

Por el rabillo del ojo, ve la mirada confusa que le dirige Beca nada más empieza a hablar, como si estuviera en tensión por ver qué tiene planeado decir.

- ¿Qué te pareció? – continúa Chloe sin inmutarse –. ¿Eres de los que están a favor o en contra de que cambiasen la historia?

Kyle, que va sentado en la fila de atrás en el asiento del medio, se inclina hacia delante con las dos manos en los hombros de los asientos delanteros.

- Me pareció una fantasía – exclama y sus ojos relucen tras sus gafas de montura metálica.

Mientras Kyle parlotea animadamente y repasa todos los detalles del musical que le encantaron, los cuales son todos, Chloe se relaja contra su asiento y asiente, ríe y responde en las partes correctas.

Su atención, sin embargo, está en su mayor parte centrada en Beca. La tensión se ha evaporado de sus hombros, que ya no forman una recta línea, y sus manos agarran el volante sin estar blancas.

En un semáforo en rojo sus miradas se cruzan y Chloe ve que Beca sabe perfectamente lo que ha hecho, y que se lo agradece.

El trayecto se hace demasiado corto tras eso, y Beca se detiene frente a su edificio antes de que Chloe esté preparada para despedirse. Con movimientos cargados de reticencia, se suelta el cinturón y su mano se posa sobre el manillar de la puerta.

Cuando mira a Beca, descubre que la morena ya la está mirando fijamente.

- Bueno… – suspira Chloe –. Gracias por la cena – su azul bebé brilla con las palabras que no puede decir en voz alta.

Beca sonríe al captar el mensaje.

- El placer fue todo mío – y termina con un guiño.

Chloe se muerde el labio para no soltar la broma que Beca ha dejado a huevo, y Kyle carraspea desde los asientos traseros como si tuviera miedo de que se hubieran olvidado de que está ahí y quisiera recordárselo antes de que digan algo comprometido.

Beca pone los ojos en blanco y Chloe se ríe, la lengua entre los dientes.

Se inclina sobre la consola central para depositar un breve beso en la mejilla de Beca, quizá demasiado cerca de la comisura de sus labios para resultar estrictamente amistoso, y abre la puerta del coche mientras se incorpora.

- Hasta la próxima – se despide con una sonrisa y mirada brillante.

- Adiós, Chlo. Nos vemos pronto – responde Beca, como si esperase que darle voz a la promesa la fuera a convertir en real.

Chloe entra en el portal de su edificio deseando que ojalá funcionara así. Ve el coche de Beca desaparecer calle abajo desde dentro del ascensor, a través de las puertas de cristal del portal, antes de que las planchas metálicas se cierren.

Al llegar a su piso lo primero que hace es dirigirse a casa de Lizzie y timbrar. Los ladridos excitados de Billie suenan desde el otro lado de la madera y Chloe sonríe automáticamente porque a pesar de que han sido solo unas horas, ya la echaba de menos.

Se agacha a recibirla en cuanto la puerta se abre, riendo ante la emoción con la que Billie salta a su alrededor.

- Gracias por quedártela anoche, Lizzie – dice Chloe, alzando la mirada hacia su vecina apoyada en el umbral de su casa.

- Sabes que es todo un placer – la mujer desestima su agradecimiento con un encogimiento de hombros.

Chloe se incorpora con Billie en sus brazos chupándole la cara, y usa una de sus manos para apartar el hocico húmedo que golpea constantemente su mejilla.

Está a punto de decir adiós y marcharse a su casa, pero nota algo raro en la forma en que Lizzie la mira y ladea la cabeza.

- ¿Qué? – inquiere, curiosa.

- Podrías haberme avisado de que estás saliendo con Beca Mitchell, ¿no? – le reprocha Lizzie –. Hice el ridículo más absoluto ayer, vaya vergüenza – se lleva una mano a la cara, escondiéndose tras ella con una mueca.

Las cejas de Chloe se arquean tanto que casi desaparecen de su frente y sus labios se abren de par en par para dejar escapar una risa incrédula que, a pesar de todo, suena ligeramente defensiva.

- No… No estoy saliendo con Beca – Chloe sacude la cabeza –. Es mi mejor amiga.

Lizzie hace un rápido repaso con su mirada al vestido blanco de Chloe, algo arrugado después de pasar toda la noche hecho un guiñapo descuidado en el suelo de la habitación de Beca, y a su pelo peinado apresuradamente con los dedos.

- …vale – acepta, aunque con obvio escepticismo.

Y Chloe frunce el ceño porque, ¿qué le pasa a todo el mundo con esa palabra?

Le lanza una última mirada extrañada a su vecina antes de girarse hacia su apartamento con Billie en brazos, ya pensando en lo que va a pedir para comer porque está muerta de hambre, pero demasiado cansada como para cocinar.