Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 11
Rukia
...Niña estúpida, ya no nos sirves para nada... Un disparo perfora el aire y me
quema en el pecho. Sangre, mucha sangre. Corro, huyo. Me siguen. ¿Por qué
quieren matarme? ¿Por qué ya no les sirvo? Las fuerzas me fallan y todo se vuelve
negro...
Me levanto sudando, angustiada y con lágrimas en los ojos. Voy hacia la ducha y
me quito la ropa antes de meterme bajo el chorro de agua caliente. Lloro para extraer
de mí ser la amargura de la pesadilla sin poder evitar revivirla una y otra vez.
Siempre me pasa. Cuando las pesadillas me atrapan no consigo ser fuerte hasta
pasado un rato. Tiemblo de miedo ante la certeza de que un día el pasado regresará,
es algo que siento en mi interior. Una certeza ante un eminente desenlace. Mientras
dejo que el agua se lleve mis recuerdos, uno de ellos me hace paralizarme. No les
servía... ¿Para qué sí les servía antes? A causa del miedo que me provocó lo que pasó
esa noche lo tengo algo confuso. Voy recordando retazos de lo vivido. El leer tantos
libros de misterio está haciendo que mi mente despierte de un largo letargo y me haga
ser consciente de lo que olvidé por miedo y por estar tantos días entre la vida la
muerte.
Salgo de la ducha y me seco. Busco la libreta donde he anotado todo lo que he ido
recordando de esa noche. Incluso lo que sabía de mis padres, sus manías, y las cosas
que siempre me llamaron la atención de ellos. He de reconocer que desde que conocí
a Ichigo he anotado más cosas, como si su mente despierta me hiciera ver más matices
que hasta ahora me parecían oscuros o poco importantes. O como si deseara
desenmarañar este rompecabezas para no tener que marcharme de aquí. Anoto lo que
he descubierto y dudo en su apuntar lo de la rosa y el peluche, finalmente lo hago. La
manía de Ichigo de analizarlo todo y los libros que me pasan me están haciendo
desconfiar hasta de mi sombra. Miro la hora que es, las seis de la mañana. Hasta las
nueve no entro a trabajar. Dudo que pueda dormirme de nuevo. Necesito despejarme.
Me pongo ropa deportiva y salgo a correr un rato en dirección a la playa.
Ha pasado una semana desde que sé que está con Senna y desde que nos acostamos
por error. En esta semana hemos seguido hablando de libros como si nada y poco a
poco vamos olvidando lo que sucedió. De Senna no hemos vuelto hablar. Lo malo es
que cuando estamos frente a frente no puedo evitar mirar sus labios y recordar sus
besos u oler su perfume y sentirlo de alguna forma todavía pegado en mi piel. Y eso
hace que haya cierta tensión entre nosotros, que ambos tramos de ignorar por el bien
de nuestra amistad. Espero que cada día sea un poco más fácil. Por otro lado, Kugo
está trabajando en la empresa de Ichigo. No lo he visto mucho
pero cuando entra siempre me da los buenos días y me sonríe, como si fuera tan tonta
de caer de nuevo en sus redes. Es posible que fuera cierto que las drogas le hagan
actuar de otra forma más agresiva. El problema es que ya no me creo nada de él. A
quien si he visto más de lo que querría es a Senna, que se pasa por la empresa de Ichigo
como si fuera la dueña y señora... ¡Ah! y con la mujer de Kaien. Porque resulta que
Kaien está casado y esperando un hijo. Cuando le dije a Masaki que me extrañaba que
no me hubiera dicho lo de la novia de Ichigo me dijo:
—Para mí no es su novia, no la soporto y no me gusta para mi hijo. Sólo lo quiere
por su dinero y no es mucho mejor que la otra.
—¿La otra? —pregunté.
—La mujer de Kaien. Ahora espera un hijo, como si fuéramos tontos y no
supiéramos que se quedó en estado justo cuando Kaien se estaba planteado el
divorcio. Ese niño te digo yo que es de los amantes que tiene. Que si mi hijo le da sus
apellidos para mí será mi nieto o nieta, pero que no me hagan pasar por tonta porque a
estas trepas yo me las conozco bien.
Me quedé sin palabras, estaba hablando de las parejas de sus hijos, de la futura
madre de su nieto y se notaba que no las toleraba.
—Yo para Ichigo quería a alguien como tú. Alguien que cuando ama lo hace para
siempre y es capaz de dar la vida por las personas que quiere —me quedé de piedra y
la miré, desconcertada.
—No me conoces...
—Mi hijo no es el único que tiene buen ojo y sabe ver lo que otros ignoran. Yo
siempre he empatizado con la gente y sé cómo eres.
No dije nada, no podía hablar. Me inquietaba que me conociera tan bien. Cambió
de tema y ya no hemos vuelto hablar sobre ello. Pero aún hoy me sigue impactando la
frialdad con la que me habló de ellas, aunque no me extraña. La mujer de Kaien es
igualita que Senna. Al parecer ambas estaban de viaje para practicar inglés y han
regresado ahora al pueblo juntas. Por eso no había visto a la una ni a la otra y por mí
hubieran podido seguir lejos por más tiempo. Jackie, que así es como se llama la mujer
de Kaien, entra siempre a la empresa con aires de grandeza. Es morena y tiene los
ojos negros. El embarazo no se le nota mucho aunque, según la madre de Ichigo, está
de cinco meses. No me gusta, y menos cuando me pregunta por Kaien, como si tuviera
que saber toda la vida de su marido y le respondo que eso lo debe de saber su
secretaria. Todos los días que viene lo pregunta y todos los días le respondo con una
fingida sonrisa. A veces he llegado a pensar si es tonta o si se lo hace. Yo hago mi
trabajo y cada vez tengo más ganas de que llegue la hora de irme.
Estoy regresando cuando un ladrido me hace ponerme alerta. Miro hacia la derecha
y veo a un perro grande venir directo hacia mí. Los perros grandes me dan miedo. De
pequeña me mordió uno en la pierna y les tengo mucho respeto. Es por eso que
mientras veo el perro correr hacia mí no reacciono. No lo hago hasta el último
momento, cuando alguien me aparta de la trayectoria del animal y me refugia entre sus
brazos.
—¡Apártate! —la voz de Ichigo me hace despertar de mi letargo y observo a mi
alrededor. Ichigo tiene al perro cogido a su pierna. Trato de salir de su cobijo pero
evita que lo haga apretándome más fuerte contra su pecho. Escucho un alarido y Ichigo
afloja el agarre. Miro al perro y lo veo desmayado en la acera.
—¿Lo han matado? —pregunto.
El compañero de Ichigo se acerca a nosotros y comprueba el estado del animal.
—No, era un dardo tranquilizante —responde el hombre.
—¿Y cómo es que llevabas dardos tranquilizantes? —pregunta, desconfiado,
Ichigo. No sé por qué me extraña que desconfíe hasta de su sombra o de su
compañero.—Me empieza a cansar que desconfíes tanto de todos —miro la herida de
Ichigo, los vaqueros no parecen muy rotos. Tal vez la dureza de la tela haya evitado
un herida mayor—.
—Respondiendo a tu pregunta, este perro es el perro de una vecina del pueblo que
se escapó hace dos días. Nos avisó de que andaba suelto y que últimamente se había
mostrado agresivo. La mujer no quería que lo matáramos y por eso en los coches
patrulla llevábamos dardos tranquilizadores.
—¿Y por qué yo no lo sabía? No es nada, Rukia —me dice, cuando trato de
agacharme a mirar su herida pues Ichigo me coge, evitado que me agache.
—No lo sabes porque tú estabas más liado con tus cosas que con minucias como
esta.
—Esta minucia casi la ataca a ella. Y dudo mucho que si no llegamos a aparecer se
hubiera podido libar de una buena mordida. ¿Estás bien? —me pregunta Ichigo.
—Sí, ahora estoy más preocupada por ti que otra cosa.
—Estoy bien, no ha sido nada. He superado cosas peores.
—Como te gusta vacilar... —sonríe de medio lado.
—Ve a casa, nosotros nos ocupamos de todo esto.
Asiento y miro una vez más al animal, que descansa en el pavimento. Si no llega a
aparecer Ichigo me hubiera mordido sin yo poder hacer nada, me había quedado
paralizada. Entro en mi casa con el miedo aun corriendo por mis venas. Me doy una
ducha. Mientras el agua calma mi ansiedad, pienso en el perro que me ha acatado hoy
y me recuerda al que me atacó siendo una niña de ocho años. Estaba en el parque con
la mujer que me cuidaba y mi padre. Ninguno de los dos me hacía caso. Mi padre
hablaba muy cerca de la niñera. Parecían acaramelados. Por aquel entonces no
entendía que tal vez fueran amantes. Sólo los veía hablarse e ignorarme. De repente,
una mujer gritó y lo siguiente que recuerdo es un perro cogido a mi pierna. Grité de
dolor. La dueña del perro lo separó de mí y yo seguí gritando. Mi padre vino hacia mí
y en vez de preguntare qué me pasaba me dijo:
—¡Cállate! Estás dando un espectáculo —me cogió y me sacó de allí porque
odiaba que llamara la atención como lo estaba haciendo.
Me dolió que no se preocupara por mí. Un médico vino a curarme a casa y no
proferí ni un grito o gesto de dolor alguno. Estaba tan dolida por la falta de tacto de
mi padre que no era capaz de sentir dolor. Sólo cuando cayó la noche me dormí entre
sollozos, amortiguados por la almohada. Cuando era niña no daba importancia a la
frialdad de mis padres; ahora, siendo adulta, me pregunto por qué eran así conmigo.
Me preparo un café cargado y busco mi móvil para llamar a Logan, me responde a los
tres tonos.
—Estoy bien —me dice, nada más descolgar—. Sólo ha sido un roce, por suerte
los vaqueros frenaron algo la mordedura y el animal, no sabemos por qué, tiene varios
dientes rotos. —¿Crees que alguien se ha ensañado con él?
—Es lo que parece. Ahora hay que investigar quién y por qué. Pero cosas como
ésta pasan todos los días. No te preocupes. ¿Estás bien? Te vi muy asustada cuando el
perro iba hacia ti.
—¿Estabas de guardia?
—Rukia y sus cambios de tema. Sí. ¿Vas a responderme?
—De niña me mordió un perro, desde entonces les tengo mucho respeto —se lo
cuento, y no sé bien por qué.
—Lo siento. Tengo que dejarte, nos vemos luego.
—Ten cuidado.
—Siempre.
Y, por una vez, quiero creer que de verdad no es una fanfarronada y siempre tiene
cuidado. Saber en qué trabaja sin yo quererlo congela una parte de mi alma. No puedo
evitar sentir frío cuando pienso que se juega la vida.
Llego al trabajo y veo a Gin apoyado en mi mesa. Dejo mi bolso en un cajón y me
quito la chaqueta y el pañuelo.
—Buenos días —le digo.
—Buenas, te necesito.
—¿Para qué?—La modelo a la que tenía que hacer las fotos se ha echado para atrás y necesito a
alguien y...
—No.
—Rukia, tengo que entregar esas fotos esta mañana y estamos algo agobiados por
eso. Por favor, sé que no te gustan las fotos pero no te pediría esto si no estuviera
desesperado. Sólo son unas fotos para una pequeña tienda de pueblo. El anuncio
saldrá solo en la prensa local y lo usarán para unos carteles de su tienda en las fiestas
navideñas. Y además, sólo se te verán las joyas y la barbilla. Tienes un cuello
precioso y nadie sabrá que eres tú... ¿qué te cuesta?
—Yo...
—He hablado con Kaien y si aceptas mandará a alguien a que te pague. Se lo
pediría a otra si encajara con ese perfil pero en toda la empresa nadie lo hace. Sé que
tú quedarás perfecta para lo que busca el cliente.
—No soy modelo...
—Hacemos antes unas pruebas, tal vez no salgas bien a cámara, pero tenemos sólo
hasta las once para pasar las fotos a la planta de retoques porque mañana tienen que
salir a imprenta.
—¿Y con lo grande que es esta empresa no tenéis buenas agencias de modelos que
sustituyan a la joven que habíais contratado?
—Ese no es el problema, el problema es que el cliente quiere que la joven tenga el
pelo castaño claro. Y no podemos traer a una modelo con esas características con tan
poco tiempo.
Lo veo desesperado y al final asiento, total sólo se me va a ver la barbilla y dudo
que alguien me reconozca. Llama a la secretaria de Kaien usando su teléfono y no
tarda en bajar Riruka con cara de pocos amigos. Nos hablamos a penas y me voy con
Gin. El otro día descubrí que era amiga de Senna. Dios los cría...
Sigo a Gin y me deja en la sala de maquillaje. Me arreglan el pelo que, por suerte,
llevo limpio y eso nos ahorra tiempo. Me maquillan y peinan. Me miro al espejo y me
cuesta reconocerme. Me dan un pantalón negro de cintura alta y unos zapatos de tacón
bastante más altos de lo que llevo junto con una blusa blanca que deja entrever un
poco mi sujetador de encaje blanco, se lo digo y dicen que le da un toque sexy al
conjunto y que lo que más se va a ver es el collar y los pendientes. Llego al estudio y
me sitúo donde Gin me dice. Me hace varias fotos de prueba.
—Perfecta, das muy bien en cámara. Ahora hazme caso —asiento.
Me ponen los pendientes y el collar. Son muy bonitos y caros, ya que el maletín lo
lleva custodiado un guardaespaldas. Me parece excesivo para un anuncio de una
tiendita de barrio. Me hacen un sinfín de fotos, hago lo que me dicen. De repente,
reparo en que alguien se ha acercado a Gin. Ichigo. Sin ser consciente de lo que hago
mi mirada se ilumina y sonrío.—Esa mirada es perfecta, lástima que sólo se te vaya a
ver la barbilla.
La sesión termina y me dice Gin que luego me pasará todas las imágenes, que van
a llevarlas ya a retocar.
—Hola —le digo a Ichigo cuando me acerco a su lado—. ¿Cómo estás?
—Eso mismo venía a preguntarte y me he enterado que te han metido en este lío.
—Las joyas, por favor —me dice el serio guardaespaldas, me las quito y se las
doy. Las guarda en la caja y la cierra con llave.
—Me han convencido, al parecer no podían tener a nadie más con el pelo negro
que quedaran bien con los joyas. A mí todo esto no me gusta, pero sólo se va a ver la
barbilla —Ichigo asiente.
—Estás muy guapa —me dice, y parece que no se ha percatado de que está
hablando en voz alta pues enseguida se gira y observa nuestro alrededor para ver si
alguien lo ha escuchado.
—Gracias, ahora mismo estoy agotada.
—Es mejor que tomes algo. Ven.
Sigo a Ichigo a la sala de trabajadores donde hay máquinas de café y comida. No
hay nadie y lo agradezco. Ichigo me saca un café con leche y él se saca otro.
—Esto está malísimo —me dice, tras dar un trago al suyo. Yo hago lo mismo.
—No está mal, aunque yo suelo subir a la cafetería a tomar el café.
—Es lo mismo que hago yo y, ahora, responde a mi pregunta. Quiero saber cómo
estás tras el ataque de esta mañana.
—Lo cierto es que todo esto me ha ayudado a que me olvide de ello. Estoy bien ¿Y
tú?
—Una pequeña herida sin importancia. Ya hemos descubierto quienes hicieron eso
al animal.
—¿Quién?
—Unos jóvenes, en un botellón. Los muy estúpidos lo han subido a youtube. La
gente no sabe qué hacer con tal de tener visitas. No sé cómo pueden ser tan estúpidos
como para ignorar que haciendo eso acabarán pillados. Por nosotros, mejor. Así nos
ahorran trabajo.
—Pobre animal, que me den miedo no quiere decir que les desee algún mal. ¿Se
pondrá bien?
—Sí, ahora está en un veterinario y luego irá a un hogar de adiestramiento para
perros para evalúen si es dañino o no para las personas —asiento.
—Gracias por lo de esta mañana.
—Me alegra mucho que haya sido así.
—Eh... hola —nos giramos hacia la puerta. Gin entra con una tableta y la deja
sobre la mesa—. Sales preciosa. Éstas son las elegidas. Se las he mandado al dueño y
le han gustado éstas.
Nos muestras las fotos y reconozco mi mirada pues estaba mirando a Ichigo y no a
la cámara.
—No sé si me hace gracia esto, aunque esa para una tienda pequeña...
—Todo saldrá bien, lástima que no se puede ver lo guapa que eres —Gin empieza
a irse—. Te las mando por correo. Asiento. Ichigo está muy callado.
—Tengo que hacer unas cosas, luego nos vemos.
—Supongo que tendrás que dormir.
—Sí, entre otras cosas —asiento y nos despedimos. Siento que Ichigo me está
ocultando algo... algo más
