Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Ravenna18: Tu muy mal ¿Qué es eso de solo leer y no dejar tu valiosa aportación? ¿Dónde quedo yo? ¿escuchaste eso? Fue el sonido de mi corazón rompiéndose… Ok, basta de drama hehehe. Pues sí, Ryder y Elsa se fueron a hacer de las suyas, pero vamos ¿solo Hans puede retozar con Honeymaren y nosotros miraremos para otro lado? ¡pues no! Elsie está más desatada y si de paso se chinga a Maren, pues mejor ¿no?, yo también me muero por el Krelsa. Es parte de esto, dejar todo en la mejor parte para que siga la función.
Un gustazo leerte, ojalá ya te animes a dejar review en mis demás historias Helsa. Un saludo, Harry.
Ydna Westergard: Hahahha cuando publiqué el capítulo ya habías enviado el review, pero no edité esa parte… pero pues público a las tres de la mañana y los ojos no me sirven bien a esa hora. Pórtate bien porque Santa te está vigilado, mijita.
Supe que tendría esa reacción de tu parte respecto a Elsa y Ryder, pero calmada porque solo son amigos, ya lo verás. El Krelsa se viene con todo y la confrontación Helsa por igual. Así que espero que lo disfrutes y me dejes tu respectivo y esponjocito review. Siempre es un gusto leerte… aunque sea tarde hehe. Harry.
Delilah447: Maren se va a enterar, aunque aún no, y ya sé que lo digo siempre, pero pues solo hay que ser pacientes. Hahahha sí, leí tu review anterior y me gusta esa canción, aunque no es muy mi estilo de música. Gracias a ti por comentar, nos leemos pronto; un saludo. Harry.
A Frozen Fan: me gustan mucho tus reviews… ¡en exceso diría yo! tan largos y tocan cada punto del fic, soy adicta a ellos carajo. Es este capítulo habrá la esperada confrontación y otras más ¡me muero por saber qué opinas!, el señor Krei viene con todo. Pues nada my dear, ya espero con ansias leerte. Harry.
OkaRuto19: Muchas gracias por comentar, espero poder leerte pronto. Harry.
Guest: Se vienen los celos full, así que pendiente, corazón, p-e-n-d-i-e-n-t-e. Un saludo, Harry.
Elsa.
«Ni bien dobló la esquina en la segunda planta cuando se vió arrastrada a otra puerta, entonces recordó a Hans y se maldijo por ser tan tonta».
Trató de liberarse, pero el pelirrojo la sostenía con fuerza de la cintura.
—¡Suéltame de una vez, cabrón! —siseó, Hans liberó su cintura y la blonda no perdió tiempo, abalanzándose hacia la puerta, pero el pelirrojo fue más rápido y le puso pestillo.
—¿Qué pensabas? ¿qué te ibas a ir de rositas? —espetó el muchacho, iracundo, en tanto la empujaba a un sofá.
Elsa se levantó de inmediato y corrió tras el mueble, de modo que este quedaba entre ambos.
—¿Qué carajos quieres?
—Quiero que hablemos…
—¿Sí? pues yo no— replicó la muchacha, airada.
—Aquí no se hace más lo que quieres y resulta que ya me cansé de perseguirte, reina— el bermejo trató de acercarse, pero la rubia se movió de lugar.
—No tenemos nada que hablar, la última vez dijiste suficiente…
—La última vez fui un idiota y quiero disculparme contigo…
—¿En serio? —Elsa rodó los ojos, cruzándose de brazos— ¿y que pensaste? ¿qué cómo ya te apretaste los testículos para disculparte, me voy a quitar las bragas como aquella vez en Oslo? —se controló para que la voz no le temblara—. Pues eso se acabó, metete en la puta cabeza que no voy a abrirme de piernas para ti otra vez.
—Claro que no— ironizó el muchacho—, porque ahora permites que cualquier hijo de puta se meta ahí dentro…
La blonda rodeó el sofá para callarlo de un bofetón, el ruido del golpe inundó la estancia, ahogando la voz del pelirrojo. Hans apretó la mandíbula y Elsa volvió a poner el sofá entre ambos.
—Por lo visto a ti las ganas de disculparte te duran muy poco— la albina enrojeció de coraje—, y si esa era tu disculpa, ya puedo irme. Hazte a un lado.
—Reconozco que volví a portarme como una rata…
—Lo reconoces— repitió y suspiró—. A ver, Hans, esto se tiene que acabar; tienes que dejar de perseguirme porque no me voy a acostar contigo jamás.
—Eso no es…
—Claro que sí— lo interrumpió—, ya me lo dijiste ¿no? solo fui sexo casual y obsceno para ti— el bermejo abrió los ojos—. Y yo ya estoy harta, me eh cansado.
—¿Tú estás cansada?
—Sí, yo estoy cansada— espetó—. Los dos fuimos responsables de esa maldita aventura de verano y ¿sabes qué?, ya me harté que solo me culpen y solo me señalen a mí.
—¿De qué hablas?
—Primero GoGo me acorraló en el ascensor, después Honey Lemon se le unió en la recepción del hospital para seguir atacándome y la jirafa latina trató de golpearme, y ya no me bajan de puta —explicó—. Segundo, Tadashi me mandó al diablo cuando se enteró…
—Te recuerdo que a mí me golpeó en esa taberna.
—Sí, porque le pegaste en el orgullo, pero no pasa de eso— replicó—, en cambio de mí solo piensa lo peor— carraspeó—. Yo no sé qué le hayas dicho a Honeymaren, pero ya lograste que me deteste…
—¿Honeymaren? ¡yo no le eh dicho nada a esa!
—No me interesa, Hans, esa rusa no ha parado de meterse conmigo en la academia; hablando pestes mías y de mi familia con las demás bailarinas… eso sí, le tiene tanto pavor a Anya que jamás dice nada en mi contra si ella o Dimitri están presentes— explicó la rubia—. Es una maldita cobarde, no me extraña que esté contigo.
—Mira Elsa…— Hans trató de acercarse nuevamente, haciendo amago de atrapar su delgado brazo.
—¡No te me acerques! —se apartó del sofá—, ¡que no se te ocurra ponerme una mano encima!
—Elsa…
—Me hiciste daño, Hans— suspiró para recobrar la compostura, dándose una palmada mental por mantener la voz controlada y no llorar frente al bermejo—. Admito que me dolió lo que me dijiste y henos aquí, ¿ves hasta donde llegaste con tu bocaza? ni siquiera soporto que me toques, no tolero tenerte cerca.
Hans retrocedió un paso, una expresión dolorosa empañaba sus orbes esmeraldas.
—Ya puedes estar contento, lograste lastimarme.
—Elsa…
—Cállate de una maldita vez, deja de decir mi jodido nombre porque no eres el más afectado aquí— lo apuntó con el dedo—. Puede ser que me merezca que GoGo, Honeymaren y Tadashi me traten como me tratan, pero no merezco que un hijo de puta como lo eres tú haga lo mismo— la mandíbula le temblaba de rabia—. Cometí errores cuyas consecuencias estoy pagando y es lo justo por mucho que me moleste admitirlo; quizá tu todavía no, pero ya vendrá tu turno.
—De verdad lo siento, Elsa— musitó el bermejo.
—Tus disculpas me importan muy poco— aclaró la rubia—. Y si disculpándote es la única manera de que te alejes de mí, pues te perdono; pero no te me vuelvas a acercar.
—Esa no es una disculpa genuina.
—Es lo único que tengo para ti.
Se miraron durante varios segundos, hasta que el colorado rompió el silencio.
—Si no me hubiera portado como me porté, todavía estaríamos juntos ¿verdad?
—El hubiera no existe, y nosotros nunca estuvimos juntos; solo fuimos sexo. Supéralo. Supérame, porque yo ya te dejé atrás.
Le sostuvo la mirada un poco más y Hans trató de acercarse una vez más.
—¡Que no te me acerques! —el colorado se quedó en su lugar, levantando las manos. La blonda finalmente salió.
Corrió hacia el baño y una vez estuvo refugiada entre esas paredes libres de ojos ajenos, y sobre todo de los orbes verdes del muchacho, Elsa se permitió sentarse en el suelo y soltar un sollozo.
"No sientas, no sientas".
Suspiró en tanto se tomaba unos segundos para recuperarse, una vez más calmada se levantó de las gélidas baldosas para retocarse el maquillaje.
Volvió a la fiesta y ni su abuelo ni Alistair se dieron cuenta de nada.
Hans.
Pasó el resto de la semana pensando en las palabras de la blonda, sería estúpido de su parte si no admitiera que nada había salido como él esperaba.
Sería estúpido de su parte si no admitiera que consideró que, una vez hablara con la muchacha, ella volvería a sus brazos.
"Esa no es la Elsa que conozco" pensó, tal vez el frío de su país la había curtido un poco.
Quiso decirle que GoGo también le dijo de todo en ese supermercado, pero le quedaba claro el punto de la blonda. Si no podía hacer nada respecto a GoGo, Lemon y Hamada, ya se encargaría de Honeymaren.
—¿Qué haces aquí? —la castaña le envió una mirada de sorpresa cuando entró a la sala de estar de la residencia de la muchacha, donde ella yacía sentada—, pensé que tenías clases los jueves hasta las seis…
—Hoy no— contestó hoscamente.
—¿Estás bien?, pareces enojado.
—Claro que estoy enojado— la tomó del brazo para hacer que se levantara de la mecedora—. Ahorita mismo me vas a decir por qué te portas como una perra con Elsa.
Honeymaren jadeó, sorprendida.
—¿Cómo dices?
—No te hagas la desentendida porque no te lo compro— espetó—, ya me enteré que te gusta hablar mierda de su familia y de ella. Así que te escucho, dime quién carajos te crees que eres para hacer eso.
—¡Pues sí! sí eh dicho unas cuantas cosas de esa perra— aceptó la muchacha después de unos momentos de quedarse callada, soltándose de su agarre—. ¿A ti que más te da? esa lagartija descolorida y su familia no son de tu incumbencia.
—Para tu información, su hermano es mi mejor amigo y sus padres siempre me trataron muy bien— aclaró—; que jamás haya coincidido con Elsa y su hermana Anna no significa que vaya a permitir que hables de más.
—Me importa muy poco, soy yo la que no va a permitir que esa…
—Esa se llama Elsa.
—Mira como la defiendes— Maren negó con la cabeza.
—Lo hago por Roy…
—Siempre usas a ese… a ese…
—Mucho cuidado con lo que vas a decir.
—Siempre usas a Roland para excusarte y defender a Elsa.
—Te invito a que vayas y le preguntes a Ryder si le haría gracia saber que cualquier mocosa desequilibrada habla pestes tuyas y de su familia, y que su mejor amigo se enteró, pero no hizo nada— acomodó las cosas a su favor.
La castaña se lo pensó un poco.
—Escúchame atentamente porque esta es la única vez que te lo voy a decir— dijo seriamente—, si me entero que vuelves a hablar de uno de los Solberg, yo me voy a encargar personalmente de que mi Babushka se entere y se lo diga a la tuya; no creo que le guste saber que su nieta es una vulgar chismosa.
—Ocúpate de tus asuntos— replicó Maren, apretando las manos en puños.
—No, ocúpate tú de tus asuntos— contradijo—; ¿o qué? ¿ya lograste dejar a tu madre en la calle por no soportarlos a ti y a tu hermano…?
Le ardió un lado de la cara cuando la castaña le dio una bofetada.
—Perdona— masculló al ver las lágrimas bajar por las mejillas de la castaña.
—Nunca vuelvas a decir nada como eso.
—Y tú nunca vuelvas a pegarme de nuevo— la castaña enrojeció de coraje—. ¿Sabes qué? nos vemos después.
No permitió que Honeymaren dijera nada más, giró sobre sus talones y azotó la puerta al salir de la casona de la muchacha.
Honeymaren.
Compuso una mirada de inocencia cuando su abuela entró a la habitación, la impasividad en los ojos ambarinos de la mujer frente a ella le dijo que la plática que tendrían sería todo menos agradable.
—El ama de llaves me dijo que Hans estuvo aquí ayer— comunicó—, también dijo que se fue muy molesto y que tu lloraste toda la tarde.
—¿Eso dijo? bueno, esa vieja no debería meterse donde no le importa.
—Resulta que tiene el deber de informarme de absolutamente todo porque lo que pasa en mi casa le importa, para eso le pago— replicó Yelena—. Entonces ¿me vas a decir qué te hizo ese muchacho?
—No me hizo nada.
—¡Deja de defenderlo!
—¡No lo estoy defendiendo! —exclamó Honeymaren—, es solo que a ti nunca te ha caído bien Hans.
—Ahí es donde te equivocas— la voz calmada de Yelena le erizó la piel—. Hans Westergaard me agrada como nieto de mis mejores amigos y como buen amigo de Ryder, pero no como tu novio.
—¿En serio? —rodó los ojos—, mira que si no me lo dices no lo noto.
—A mí no me hagas ese gesto— la tomó con fuerza del brazo—, yo no soy tu padre para que me trates como quieras.
—Pues si no quieres que me porte así, entonces deja de tenerle tanta tirria a Hans— se soltó del agarre de su abuela suavemente, no era tan estúpida para retarla—. ¿Por qué no te agrada?
—Porque no te ama.
Honeymaren se envaró.
—¿Cómo puedes decir eso?
—¿Desde cuándo decir la verdad está mal? —preguntó en respuesta.
—Hans me ama.
—Sigue repitiéndotelo hasta que te lo creas— contradijo, implacable—. Aunque admito que me sorprendió cuando se presentó formalmente conmigo para que salieran juntos— sonrió con sorna—, es lo menos que pudo hacer después de dos años de solo venir a divertirse contigo.
—¡Babushka!
—Ahora te haces la ofendida, pero permitiste que ese muchacho le faltara el respeto a esta casa, a tu familia y sobre todo a ti. —
—¿Quieres saber que creo? —preguntó, poniéndose derecha.
—Me gustaría saberlo, sí.
—Creo que estás molesta porque yo sí logré que Hans me escogiera, no como tú.
—¿Yo?
—Lo que pasa es que piensas que Ryder y yo somos estúpidos, pero no es así—comenzó—. Dime ¿por qué, después que Ded murió, no te casaste de nuevo? —no le dio tiempo para responder—, mi hermano y yo sabemos que fue porque estabas esperando por alguien más.
—Explícate, niña insolente.
—Hablo del teniente Destin Mattias*, Babushka— observó con satisfacción como su abuela tensaba la mandíbula—. Te llena de rabia que ese hombre no abandonara a su esposa, la señora Halima*, por ti ¿verdad?
—¡No seas irreverente!
—No estoy siendo irreverente, estoy siendo sincera ¿desde cuándo decir la verdad está mal? —repitió la misma pregunta que su abuela le hizo.
Yelena enrojeció de coraje, pero no dijo nada hasta que recobró la compostura. Entonces adoptó esa expresión tan propia de los rusos y se enderezó.
—Tienes razón, pero de frente tengo la satisfacción de decirte que Destin sí me amó y aunque ya no siente lo mismo, puedes tener la seguridad que sigue profesándome un cariño muy intenso— la sonrisa de Honeymaren se esfumó—. Y a pesar de todo lo que has hecho, me atrevo a decir que Hans no te ama, no te amó y jamás te amará; si al caso siente un poco de cariño por ti… pero ese cariño es bastante contable.
—Él está a mi lado.
—No por mucho tiempo, confía en lo que te digo: Hans está buscando una oportunidad para salir corriendo— la tomó de los hombros con suavidad—. Si te digo todo esto no es con la intención de hacerte daño, te lo digo porque no quiero que salgas más lastimada.
—Él no me va a dejar, no se lo voy a permitir— anunció, decidida.
Yelena suspiró.
—Solo mira a tus padres, mira a tu abuelo y a mí; no te condenes a casarte con un hombre que jamás podrá hacerte del todo feliz, mi amor.
Yelena la besó en la frente y salió de la habitación.
Elsa.
—¿Y Anna ya lo sabe? —preguntó la blonda.
Kristoff, desde la llamada por FaceTime, suspiró con cansancio e indecisión.
—No, claro que no.
—¿Y se lo vas a decir?
—¿Tu lo harás?
Elsa contestó de inmediato.
—Es mi hermana, Kristoff— se sintió entre la espada y la pared, por un lado se sentía en la obligación de apoyar a su mejor amigo y por el otro la lealtad hacia su hermana menor—, se supone que tengo que apoyarla.
—Anna me va a matar y a hacer un drama del tamaño del mundo cuando lo sepa.
—Yo no se lo diré… por ahora— sentenció la blonda—, pero tarde o temprano se va a enterar que Elena de Avalor está en Dublín, estudiando geología en la misma universidad que tú.
Kristoff resopló.
—Ya te dije que su facultad está lejos de la mía.
—Diez minutos en coche y veinte a pie no es una distancia muy larga— Elsa rodó los ojos.
—No quiero decírselo porque sé que se va a poner muy intensa— explicó el blondo, desesperado—. Si cuando estaba por venir a Dublín trató de terminar conmigo porque, según ella, iba a conocer a más chicas; es capaz de dejarme si le digo que vi a Elena en una cafetería.
—¿Pero estás seguro que es ella? —cuestionó la blonda porque, ¿Cuál era la posibilidad que, precisamente, Kristoff coincidiera en la misma universidad que su ex? —. Ella no sabía que ibas a aplicar para Trinity College* ¿no?
—No, cuando estábamos juntos yo todavía creía que iría a la universidad en Oslo y ella me dijo que iría a México para estudiar en la UNAM*.
—Pues no.
Se quedaron callados durante varios minutos.
—Y tú ¿cómo vas? ¿ya no te has topado al neurótico de Westergaard?
—No, la última vez que lo vi fue el domingo pasado— respondió.
—¿Se te acercó? ¿qué te dijo?
—Quería disculparse, pero como siempre terminamos peleando.
—¿Y qué pasó?
—Le dije todo lo que pensaba, lo que pasó aquella vez en el hospital con GoGo y Honey Lemon— explicó—… y también le dejé claro que no volvería a dormir con él por lo que pasó el día después de la boda.
El blondo asintió, conforme con lo que le decía.
—Ya le tengo reservada una buena golpiza a ese desgraciado.
—Déjalo, ya no hay nada entre él y yo.
—Como quieras— Kristoff se lo pensó un poco—. Ahora que estamos hablando de eso— Elsa le prestó atención— ¿ya encontraste una distracción?
La blonda se contuvo para no sonreír.
—Ese gesto me dice que no me equivoco— el blondo sonrió ampliamente—. Sabía que no te quedarías sola por mucho tiempo, ¿quién es el pobre inútil?
—¿Recuerdas a Ryder Nattur?, el hermano de la novia de Hans…
—¡Solo a ti se te ocurre hacerte novia de ese ruso!
—¿Quién dice que soy su novia?, solo dormí con él una vez— Kristoff le lanzó una mirada incrédula—. No seas frígido.
—No estoy siendo frígido, no me creo que lo digas con tanta naturalidad, solo no quiero que todo termine como lo tuyo con Hans.
—No hay dos alacranes iguales, y como Hans mucho menos— replicó la blonda—. Además, ya no soy la misma estúpida de hace meses.
—Me da gusto— frunció el ceño—. Un momento, entonces sí no es con él ¿entonces con quién?... porque el tipo me agrada, le gustan los renos tanto como a mí.
—Pues… sí hay alguien— Kristoff se inclinó, interesado en lo que tenía por decir—, pero no sé cómo decirlo.
—Ay no, ahora hablas porque yo te conté lo de Elena.
—Bien sí, conocí a un hombre hace no mucho y él es… él está bien— suspiró soñadoramente.
—¿Un hombre?
—Mmmju.
—¿Qué edad tiene, Elsa?
—Acaba de cumplir treinta.
—¡¿Treinta?! ¡ese cabrón es doce años mayor que tú!
—Si lo piensas bien, tampoco son tantos años— replicó—. Se llama Alistair Krei, es socio de mi padre en Noruega, pero aún no hace negocios con mi abuelo aquí.
—Deja eso de lado ¿él y tú ya…?
—¡Claro que no! —contestó la blonda de inmediato, enrojeció de vergüenza al imaginar ese tipo de encuentro entre Alistair y ella—, me pidió que fuésemos amigos.
—¿Amigos "amigos" o amigos «amigos»?
—Amigos «amigos», baboso.
—¿Tu abuelo que dice?
—Si por el viejo fuera, ya estaría casada con Alistair— Elsa se dijo que tendría que volver a amenazar a Runeard, porque, aunque estuviese muy calmado los últimos días, no significaba que sería así para siempre—. No se lo puedes decir a Anna ¿me oíste?
—¿Decirle qué? ¿qué te gusta un tipo doce años mayor? —se burló el rubio.
—Ríete lo que quieras, pero no se lo digas porque si no yo me voy a ver en la necesidad de contarle que esa mexicana ardiente está en Dublín— la sonrisita socarrona de Kristoff se borró de golpe—. Así me gusta, en fin, no quiero que mi padre y Roy se enteren; son unos dramáticos y, conociéndolos, pondrán el grito en el cielo.
—Eres cruel, pero justa.
Hablaron poco tiempo más hasta que Kristoff anunció que tenía que volver a hacer sus deberes y terminaron colgando después que la albina lo amenazó nuevamente.
Ese sábado no le apetecía salir, por medio del metiche de su abuelo se había enterado que Krei estaría en Ucrania ocupándose de asuntos personales y si bien le gustaba salir con Anya y Dimitri, la blonda prefería utilizar su tarde de sabatina en otras cosas.
Bajó a la cocina a por un bizcocho con relleno de chocolate, estaba a medio camino de terminar su postre cuando su teléfono sonó, anunciando que tenía un nuevo mensaje en Snapchat.
"[Ryder N.]: ¿estás ocupada?".
Elsa se lo pensó un poco, terminó por encogerse de hombros y tecleó una respuesta rápida.
"[Elsa]: No ahora mismo".
"[Ryder N.]: Estoy cerca de tu edificio, paso por ti en cinco".
La blonda se enderezó en el mesón de la cocina ¿cómo que en cinco?, se no tendría tiempo ni para cambiarse de ropa.
—¿Vas a salir? —preguntó Nanny, picando verduras.
—Sí, por favor dile al abuelo que un amigo pasó por mí ¿de acuerdo?
La mujer asintió.
—¿Vas a venir a dormir o quieres que te espere para abrirte la puerta? —Elsa recordó con cierta pena aquella vez que Ryder la llevó en la mañana a su casa, Nanny no dijo nada, se limitó a abrirle con el regaño pintado en los ojos.
—Solo serán unas horas, me va a ayudar con una cosa de administración— jamás había sido de dar explicaciones a nadie, mucho menos a sus padres ni a su abuelo, pero Nanny le daba un aire de la abuela que jamás tuvo. Probablemente, solo ella y Roland lograban sacarle una explicación sin pedirla.
Nanny asintió. Elsa corrió escaleras arriba en dirección de su habitación, se calzó los primeros zapatos deportivos que encontró, tomó un libro y una libreta al azar, y se lanzó a la primera planta.
"[Ryder N.]: Estoy abajo ¿quieres que suba?"
"[Elsa]: No, ya voy".
Corrió hasta la puerta de entrada, pero la voz de Nanny la detuvo.
—El abrigo, Elsa, afuera hace mucho frío.
—Sí, el abrigo, claro.
Una vez se caló el largo abrigo sobre la sudadera, se marchó en dirección a la primera planta; cuando estuvo en el lobby del edificio, salió disparada hacia el deportivo de Ryder.
—Qué bueno que saliste porque estaba a punto de subir por ti— anunció Ryder, mirándola sobre las gafas de sol.
—Hoy está nublado, ten vergüenza — le quitó las gafas una vez entró al deportivo—. ¿Dónde vamos?
—No sé ¿dónde quieres que vayamos?
—Por si todavía no te diste cuenta, llevo poco tiempo viviendo en Moscú; así que no conozco buenos lugares por aquí… solo a los que eh ido con mi abuelo y con Anastasia.
—Entonces primero hay que ir por algo de comer y ya después vamos a mi casa— Elsa elevó las cejas ante aquello.
—¿Para eso viniste por mí? ¿para ir a tu casa?, pensé que hoy irías al TIMELESS a beberte hasta el agua del retrete.
—No todo en la vida es beber y coger, también me gusta salir con mis amigos. Tú eres mi amiga.
Elsa sonrió mientras negaba con la cabeza, se abrochó el cinturón y Ryder puso el deportivo en marcha.
—¿Qué tienes aquí? —el muchacho llevó su mano hasta la comisura de la boca de la blonda y limpió un pequeño rastro de chocolate.
—Tenía hambre.
—Pues aguanta un poco más, ya vamos a por comida.
La blonda soltó una risita irónica.
Hans.
Apenas entró a la habitación de Honeymaren y la vio recostada en el sofá frente a la ventana con expresión taciturna, supo que no irían a divertirse por ahí esa noche.
—¿Estás bien? —se obligó a preguntar, los arranques de Maren lo dejaban emocionalmente exhausto.
—Sí— rodó los ojos ante esa predecible respuesta.
—¿Tienes la regla? porque si es así, solo dímelo y no te estés inventando una escena para que no nos acostemos…
—El sexo es lo único que te importa ¡¿no?! —explotó la castaña—. ¡Te importa muy poco lo que sienta! ¡lo único que te interesa eres tú! ¡maldito narcisista de mierda!
Se levantó bruscamente del sofá para abalanzarse contra él, golpeándolo en el pecho con sus pequeños puños. Hans no tardó en atrapar sus manos, reteniéndola.
—¡¿Ahora que te pasa?! ¡¿por qué te pones así?!
—¡Me pasa que estoy harta de ti! ¡estoy harta de que me trates como menos que basura!
—¿Qué disparates estás diciendo? ¿acaso tomaste? a ver, sóplame— Maren se revolvió entre sus brazos cuando Hans la pegó a él para olfatear cualquier aroma a licor—. Pues no, parece que estás sobria.
—Claro que estoy sobria, inútil— replicó, quedándose quieta—, pero ya estoy cansada de todo esto.
—Cambiamos los términos de esta relación, yo eh cambiado mucho— se apuntó con el dedo—, ¡¿qué más quieres, carajo?!
Honeymaren sollozó y dentro de nada, sendas lagrimas bajaron por sus mejillas sonrosadas.
—No, no llores— sentenció—; no te atrevas a llorar porque fuiste tú la que comenzó a pelear. Yo venía con toda la disposición de llevarte a cenar y lo mandaste todo al demonio con tu berrinche.
La castaña sollozó de forma más audible.
"A veces hay que darles a las bestias por su lado" pensó con hastío y abrió los brazos, invitándola a entrar en ellos.
—Bien, ya basta. Me rindo— Honeymaren le rodeó la cintura con los brazos delgados y apretó la cara contra su pecho, empapando su camiseta con las lágrimas. Hans los guió hasta la cama para que se recostaran, esperó con la poca paciencia que le quedaba hasta que la castaña terminó de lloriquear—. ¿Suficiente? —Honeymaren asintió con la mejilla pegada en su pecho—, pues ahora dime qué te pasa…
—¿Me quieres? —Hans se calló de golpe al escucharla, paralizándose.
—¿Qué clase de pregunta es esa? —cuestionó en respuesta, tratando de ganar tiempo para contestar de la mejor manera.
—¿Me quieres? —repitió la castaña, incorporándose para apoyar su peso en el antebrazo y poder mirarlo a los ojos. El colorado tragó seco—. Contéstame, carajo ¿me quieres, aunque sea un poco?
—¿Crees que si no te quisiera seguiría contigo?
—Sabes cuánto detesto que me contestes con una pregunta, solo dime sí o no.
—Pues sí, tarada. Claro que te quiero.
La sonrisita temblorosa que se instaló en la boca de Honeymaren le estrujó el corazón, la muchacha le plantó un beso en la boca que apenas fue un pico y volvió a acurrucarse contra su pecho.
Honeymaren se quedó dormida pasados varios minutos, una sensación de vacío lo inundó. Sa había hecho feliz con aquella respuesta, entonces ¿por qué se sentía tan mal?
No quiso seguir pensando en aquello y terminó también por rendirse a Morfeo, al menos dormido no tenía que hacer sufrir a la castaña pegada a su pecho.
Elsa.
Levantó sus hebras plateadas en un moño desarreglado sobre su cabeza, peinó con los pálidos dedos los pequeños mechones sueltos para darle un aspecto casual y desenfadado, y finalmente se apartó del espejo.
—Eres toda una experta— halagó Ryder ya vestido, sentado en la esquina de la espaciosa cama—, te ha quedado idéntico a cuando llegamos… si no supiera lo que pasó, te juro que jamás se me pasaría por la cabeza que te pusiste sucia, te duchaste y quedaste como si nada— silbó—. Que habilidad para manejar el secador de pelo.
—Creí que solo pasaríamos el rato aquí… sin hacer nada— acusó la blonda con diversión.
—¡Ahora me culpas! hay que ver, si fuiste tu quien me saltó encima— Ryder negó con la cabeza, fingiéndose ofendido.
Después de haber comido en una elegante, pero discreta cafetería, Elsa decidió que no quería regresar rápidamente al loft; por lo que Ryder la llevó a su casa─ como era el plan inicial─ alegando pasar el rato sin hacer nada, solo mirando televisión o simplemente estar recostados en la cama quejándose de todo.
Pero tal y como predijo la blonda, ambos fueron débiles; no pasaron ni cinco minutos dentro de la habitación cuando se sentó a horcajadas sobre el muchacho para quitarle la delgada camiseta. Como Honeymaren estaba en casa, ambos hicieron lo posible para estar lo más callados posible.
—Me dijiste que ya tuviste una relación así, sin compromiso— Elsa arqueó una ceja en su dirección—… ¡no es que esto sea igual! digo, solo nos acostamos dos veces con esta— el castaño parecía no encontrar las palabras—. Me refiero a que si te vestías así— señaló su vestimenta— para ir a ver a ese tipo, porque te juro que nadie pensaría que vas a coger con esa ropa.
Elsa miró su pants con sudadera y zapatos deportivos, definitivamente no era un conjunto con el que se sintiera sexy.
—No me acuerdo, para serte sincera.
—Ya.
—Un momento ¿dices que no me veo bien?
—¡No, no! claro que te ves bien, pienso que te verías bien con cualquier cosa— explicó el muchacho—, es solo que es un look más deportivo.
—¿Sí? —Ryder asintió y Elsa buscó cambiar de tema—. Ahora que lo pienso, la vez pasada dijiste que estabas interesado en alguien ¿quién es?
—Si te lo digo no vas a querer verme más.
Elsa abrió los ojos con sorpresa.
Mira, Ryder— carraspeó—, desde un principio te dije que no quería ese tipo de relación otra vez y…
—¡No hablo de ti! —repuso el muchacho inmediatamente—, no me malinterpretes, eres muy guapa y tienes algo que logra que los demás hagamos lo que quieres… ni que decir de los asuntos de cama, pero no me gustas de esa manera.
La blonda dejó salir el aire que estaba reteniendo, aliviada.
—Por ahí hubieras empezado.
—Supongo que sí, discúlpame.
—Disculpas aceptadas, pero canta de una vez.
—Muy bien, aquí voy— el castaño palmeó el lugar junto a él en la cama, invitándola a sentarse. La blonda tomó asiento—; puede que tenga la cara de imbécil, pero no lo soy ¿de acuerdo?
Elsa tragó seco ¿acaso Ryder había notado lo de Hans…?
—Se ve que le gustas a Krei, cualquiera con dos dedos de frente lo notaría— una oleada de alivio la recorrió su cuerpo de pies a cabeza.
—¿En qué te basas para decir eso?
—No exagero cuando digo que no te quitó los ojos de encima ese día en su fiesta— explicó el muchacho—, y a ti te gusta también.
—¿Cómo sabes que me estuvo mirando? —no pudo evitar emocionarse ante lo dicho por Ryder con respecto a Krei.
—Porque yo estuve mirando en su dirección también.
Elsa jadeó de sorpresa.
—¡No! —se levantó de la cama dando un salto.
—¡Sí! —Ryder la imitó.
—¡¿Te gusta Alistair?!
—¡Sí…! —el castaño abrió los ojos, horrorizado—¡¿qué?! ¡claro que no, tonta!
—¿Entonces?, no quieras cambiar lo que dijiste.
—Dije que estuve mirando en su dirección, así que dime; además de ti ¿quién más estuvo pegado a él?
—Y yo qué voy a saber, había mucha gente rodeándolo.
—Sí, pero cuando se dispersaban solo quedaban tú, él y alguien más.
La blonda frunció el ceño, tratando de recordar. Su boca rosada formó una "o" perfecta al entender.
—¿Judy? ¿estás enamorado de Judy?
Ryder suspiró como un adolescente enamorado. Elsa se tomó unos minutos para procesar aquella información.
—¿Desde cuándo…? ¿cómo es que la conoces?
—Volví de Hokkusund hace dos años para la universidad y mi Babushka invitó a Krei a comer, él llegó con Judith y te juro, Elsa, que jamás había visto mujer tan hermosa.
—Suenas como un puberto calenturiento— se mofó la blonda—, ¿por qué no trataste de conquistarla? ¿tiene que ver con que sea asistente personal?
—¡Para nada! eso es lo de menos— negó el castaño con vehemencia—, en esa época tenía dieciocho y ella veintitrés, además estaba saliendo con Ester Frost*— la albina se paralizó al escuchar ese nombre—. Terminaron tiempo después y me dije que podía tener una oportunidad, pero ella ni siquiera presta atención a nada que no fuera Alistair Krei.
—Es porque ese es su trabajo— replicó Elsa.
—Como sea, la cosa que ahora sale con una tipa británica.
—¿Es…?
—¿Bisexual? sí, pero no me molesta. Es sexy.
—¿Qué pinto yo aquí, Ryder?
—Primero que nada, quiero que sepas que si me acerqué a ti aquella noche en el TIMELESS fue desinteresadamente— comenzó—, ya después que te vi con Krei fue que tuve una idea.
—¿Qué idea?
—Quiero que me ayudes a conquistar a la mujer de mi vida— declaró con decisión. Elsa parpadeó, sorprendida—. Por favor, no puedo pensar en un futuro con otra mujer que no sea ella; te juro que haré lo que quieras— negoció con desesperación—. Seré tu esclavo sexual, pero no me abandones.
—Primero— le dio una pequeña bofetada—, contrólate; estás histérico, y segundo ¿me estás pidiendo que te ayude a hacer que Judy deje a su novia por ti?
—Tu solo debes buscar que ambos hablemos, ya me encargo yo del resto.
Elsa se mordió el labio, dudosa.
—Por favor, Elsa, así tendrás más razones para ir a ver a Krei.
—No necesito excusas para ver a Alistair, somos amigos.
—Así sean otra cosa, es lo de menos, yo no diré nada.
La blonda siguió dudando.
—¡Por favor!
—¡Bien, sí! —cedió al final, el castaño apretó los puños con emoción contenida y levantó a la blonda en brazos para girarla—. ¡Ya basta, tarado!
Ryder la dejó en el suelo.
—Muchas gracias, Elsie, serás la madrina de mi primer hijo.
—Primero hay que lograr que se entere que existes, ya me encargo yo de eso— Ryder asintió y le plantó un par de piquetes emocionados en los labios— ¡bueno, que ya estás! Ahora llévame a mi casa, es tarde.
—Como digas… espera, no sé donde dejé las llaves del deportivo.
—¿Te ayudo a buscarlas?
—No, las dejé en los shorts sucios; adelántate, ya te alcanzo afuera.
La blonda asintió, se miró una última vez en el espejo y salió de la habitación. Estaba cerrando la puerta a su espalda cuando sus ojos chocaron con otro par en color esmeralda.
Hans, a medio pasillo y con un vaso de cristal en la mano, la miraba la con sorpresa pintada en la cara. La expresión somnolienta del muchacho se transformó en frialdad.
—Verdammtes glück*.
ACLARACIONES:
Mattias y Halima: aparecen en Frozen ll.
Trinity College: Universidad e Dublín, Irlanda.
UNAM: una de las mejores universidades de mi México al que tanto quiero y extraño.
Ester Frost: Hermano de Jack Frost.
Verdammtes glück: el alemán de Maldita suerte.
Ya saben que las conversaciones en Italic están en "ruso"
Quiero disculparme por no haber actualizado el día que dije que lo haría, la única excusa que tengo es que me faltó tiempo y el capítulo no estaba terminado. Es todo.
Ojalá que les guste la actualización.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
