La historia que dejamos pasar


Capítulo 25

Kotoko empuñó su mano derecha al sentir vibraciones en su piel, mismas que estremecían su mejilla izquierda. Ambos sitios habían recibido el tacto de Irie-kun hacía menos de una hora y el fantasma de su calor seguía haciendo de las suyas en su cuerpo, recordando el toque sinigual del hombre que amaba, quien lo realizó de una forma tan tierna que comunicaba especial atención en ella.

…y generaba dudas.

¿Desde cuándo él actuaba con suavidad? ¿Por qué se comportaba así? ¿Qué significado tenía su comportamiento? ¿Era un cambio que se dio en los años sin verlo?

¿O estaba imaginando hechos que no eran?

Agitó su cabeza y llevó su mano izquierda a su frente, acción que sirvió para hacerle recordar otra cosa que la hizo temblar. En medio de la oscuridad un aire cálido sopló cerca de su cara, como si él estuviese a poca distancia; seguramente con la diferencia de estatura su respiración no llegaría hasta ella.

Pero con el mundo apagado cualquier pequeñez podía notarse más.

¿Y qué necesidad tenía él de acercarse a su rostro?

Era confuso; sin embargo, no debía darle demasiada relevancia tal como hacía antes por lo sumamente enamorada que estaba. Sí, en la actualidad todavía le quería, solo que su amor era maduro, seguía ahí sabiendo que no era correspondido, pero no se humillaba haciendo que su mundo entero girara alrededor de Irie-kun, aun si pasaron cosas extrañas y tuvo un momento de pareja doméstica.

Con esa decisión se inclinó por las hojas que había escrito durante las mañanas recientes —desde que Noriko-san pusiera su cuaderno en resguardo—; eran apuntes de los procedimientos más comunes de su profesión y otros temas importantes que repasar. Aprovecharía que la mayor se había dormido y no acudiría a interrumpirla, así como tener la sala de estar para ella sola porque Yuuki y Shigeki-san no habían regresado.

De Irie-kun no debía preocuparse, pues dudaba que compartiría habitación con ella en un tiempo prolongado. Generalmente veía las noticias cuando había alguien más ahí.

…Claro está, se equivocó como otras veces.

Contuvo su jadeo al verlo aparecer tras oír el sonido de la puerta abriéndose. Él, con pantalón de chándal y una playera cómodos, entró tranquilamente y bajó la mirada hacia sus hojas, que ella no tuvo oportunidad de ocultarlas debido al shock.

—¿Usarás la televisión? Me retiraré al dormitorio.

Terminando de hablar desvió sus ojos, los cuales casi se salieron de sus cuencas al notar la revista médica que Irie-kun sostenía.

¿Leería allí? ¿Estaba haciendo caso a la indicación de su madre?

Su caída debió dejarlo muy traumatizado.

Él no hizo comentario alguno y ocupó el sofá a la derecha. Relajado e ignorándola, comenzó su lectura.

Al percatarse de que no le reprendió por su estudio, ella encogió los hombros y se concentró en lo suyo, aunque ser incapaz de pronunciarlo en voz alta hizo más difícil su repaso. Todo lo tenía memorizado, pero era más sencillo para su mente cuando se oía.

¿Sería grosero de su parte irse, a pesar de que él hizo un esfuerzo en acompañarla?

Tal vez si educadamente le aclaraba que gran parte de su vida se acostumbró a estar sola y no le inquietaba, Irie-kun podría decidir si permanecer en la sala.

—Puedes leer en voz alta.

Giró la cabeza como rayo. ¿Cómo se dio cuenta?

—¿Eh?

—Así estudiabas antes. —Él ni siquiera apartó la mirada de la página.

—Oh, sí, cierto. —Le extrañó que se fijara. —Espero no molestarte.

Inspiró aguardando por una réplica que no llegó y luego comenzó a expresar oralmente sus conocimientos, corroborando en la hoja su acierto. Se sentía feliz al hacerlo bien; era la primera vez que pasaba tanto tiempo sin ejercer que temía haber olvidado algo importante. Ni al trasladarse a Tokio tuvo muchos días libres.

Al llegar al final se estiró.

—¿Por qué te cambiaste a Enfermería?

La pregunta de Irie-kun la cogió desprevenida y se transformó en estatua por unos segundos. Él entablaba a una conversación. Hablaría con ella… deliberadamente.

Para su mala fortuna, escogió un asunto que lo involucraba en parte, haciéndolo difícil de explicar, sobre todo después de saber la verdad detrás de su rompimiento. Había dejado Literatura botada y no pensó en su carrera universitaria al viajar a Akita, hasta que una noche se puso a pensar en los motivos de no ser amada. ¿Cómo decirle que, al principio, se impulsó a encontrar algo creyendo que no la quería por ser tonta e inmadura? Pudo haber obtenido su otro título, pero recordando que era parte del F, no deseó hacerlo; se convenció de que debía ir por más.

Luego se dio cuenta que entró a la universidad con la esperanza de hallar su sueño y por estar centrada en Irie-kun permitió que los años se fueran sin buscarlo, incluso alcanzando la mitad de su carrera. A partir de eso llevó a cabo un análisis de sí misma que se cruzó con la observación de su alrededor.

—En Akita hay muchos adultos enfermos, algunos me contaron de sus estancias en los hospitales y un día pensé… me gustaría animarlos… contribuir a que estén bien… pero yo sabía que estudiar Medicina era imposible para mí, y aparte de Enfermería, otro trabajo no sería lo mismo, como enfermera tendría más contacto con la gente y procuraría por su bienestar físico, hasta emocional. —Soltó una risita nerviosa. —Tuve que moverme muy rápido porque era enero. Mi familia se sorprendió de mi elección.

También porque de un día a otro dejó de ser un alma en pena a contar con un objetivo… quizá demasiado alto.

—Ninguno de ellos te sabía capaz de alcanzar un puesto entre los mejores de tu grado.

¿Acaso la halagaba?

—No, aunque soy tan obstinada como mamá y sabían que lo lograría si me lo proponía.

Creyó que una diminuta sonrisa se escurrió en el rostro de él.

Suspiró. —Cuando recibí los resultados de mi examen fue el aniversario del terremoto de dos mil once, eso aumentó mis deseos de saber atender a personas que se hieren en esas circunstancias.

Ella estuvo en la Región de Tohoku, donde fue el epicentro, y en Akita recordaban el suceso.

—¿Qué te hizo regresar? —preguntó él transcurridos unos minutos silenciosos.

De pronto el espiral de su pantalón de pijama fue lo más interesante del mundo. Además de extrañar la ciudad, pensó que ya era lo suficientemente fuerte si se lo encontraba, no como antes.

—Akita no es para mí… y rebasé mi límite de la familia de mi madre. Son como Kin-chan, oba-sama, Jinko, Satomi, Moto-chan, bueno, Kikyou Motoki, Shinagawa Marina, Miura-san, eh, no la conoces, también Sudou-senpai, más el club de anime universitario y mis compañeros del F y yo, todos juntos, con el doble de energía.

Estaba segura que el párpado de Irie-kun tembló.

Para prever que hiciera otra cuestión complicada, y porque sentía curiosidad, agregó: —¿Y tú? Escuché que estuviste en Kobe.

La llegada de Yuuki y Shigeki-san a la habitación le impidió obtener una respuesta.

…Se quedaría sin ella, pues el mejor amigo de su padre señaló la hora y todos se retiraron a sus respectivos dormitorios.

{…}

—¿Fue difícil vivir juntos de nuevo?

Como reacción a las palabras de Konomi, la fritura que Kotoko iba a comerse se quedó a medio camino de su boca.

Tomó un largo respiro.

—Irie-kun se comportó amistoso, lo hizo más raro.

Su joven vecina puso su dedo índice derecho sobre sus labios, dubitativa. Cualquier persona se sentiría intrigada por el comportamiento del impasible Irie Naoki con la mujer que le causó una humillación y que hasta hacía poco era su "enemiga".

O simplemente porque mostrara emoción a alguien que no fuese su…

—¡Eso es! —Tronó los dedos, satisfecha por haber dado con la solución al enigma.

Konomi frunció el ceño.

—Me ve como su paciente. En el hospital observé la manera en que se relaciona con quienes atiende, es amable y considerado —explicó a su intrigada amiga. —Yo debí entrar en esa categoría —añadió sin poder evitar sentir un poco de pesar.

—Al menos no hizo mala tu estancia aquí —observó Konomi con actitud positiva, la cual empezaba a tener desde comenzar a salir con Yuuki.

Sonrió.

El sonido de la perilla girando les advirtió del regreso de Noriko-san y compartieron una mirada cómplice para guardar silencio. Al segundo, la única mujer Irie ingresó, mostrando una expresión efusiva en el rostro.

—La cena está lista, ahora puedo estar con ustedes. Me encanta tenerlas a las dos en mi casa, son mis chicas favoritas.

La novia de Yuuki se sonrojó a causa de lo dicho por su suegra. Kotoko rió.

—Y las pláticas con mujeres son de lo mejor —chilló Noriko-san con puños de emoción a la altura de su barbilla. —Han sido muchos años de hombres en casa.

—¿Que conversan poco? —inquirió Kotoko divertida. Después comió su fritura.

—Sí. —Noriko-san se llevó el dorso de la mano a la frente con dramatismo. —Necesito refuerzos aquí. Si tan solo… —Ella agitó la misma mano en el aire, descartando su comentario. —Este no es momento de eso… Konomi-chan, siempre que te veo Yuuki-kun está cerca, no me malentiendas, está muy bien, pero… ¿cómo se hicieron novios? Me muero por saber. Es una de las clases de pláticas que no puedo tener con mis hijos.

Konomi se mordió el labio inferior con el rostro más colorado que momentos antes.

—¿Le comentará a Yuuki-kun? Él puede enojarse.

—¡Por supuesto que no! Es un secreto entre nosotras, nunca romperé la confianza de la novia de mi hijo.

—Oh, no, no, no, oba-san, no quise insinuar que usted…

—Descuida, Konomi-chan, te entiendo. Dime, aprovechemos que Yuuki-kun no ha regresado.

Su vecina asintió y procedió a relatarle lo mismo que a ella meses atrás. Su novio la había interceptado en un receso cuando salía de comprar en la cafetería, pidiendo que hablaran a solas; se fueron al patio donde estaba la pista de atletismo, coincidiendo con el comienzo de un poco de aguanieve. Dadas las circunstancias, ella había sugerido buscar un sitio dentro para que no enfermaran y, al girarse, él había cogido su mano, haciendo que se detuviera y se volviera. Al tener su atención de nuevo, Yuuki le había manifestado que ella especial para él; Konomi, naturalmente, se había puesto roja y con su mano libre había tocado el agarre de ambos, comprobando que era real.

Yuuki había reído entonces, abochornado y enternecido —en opinión de la pelinegra—, y a continuación había declarado que esa era una de las cosas que le gustaba de ella. Konomi había respondido que estaba enamorada de él desde niña; el menor de los Irie se había disculpado por no darse cuenta y, con una sonrisa más cálida que el sol, había expresado su deseo de resarcirse siendo su novio por mucho tiempo.

—¿Te gustaría, Konomi? —murmuró la aludida, bajando la cabeza por el sofoco. —Eso preguntó… yo acepté asintiendo y apretando su mano, porque estaba muda de la emoción. Yuuki-kun se sonrojó y despeinó un poco su cabello. Confesó que estuvo nervioso, quería hacerlo bien sin arruinarlo, pero que ya estaba feliz y me agradeció. Luego dijo que cuidaría de mí y yo recuperé mi voz y aseguré lo mismo. Después corrimos para entrar al edificio.

—Estoy tan… tan contenta —manifestó Noriko-san con ojos llorosos. —Mi hijo te quiere tanto y fue muy lindo contigo. Estoy sumamente orgullosa de Yuuki-kun, se merece a una novia tan buena como tú.

Konomi y Noriko-san se envolvieron en un abrazo iniciado por la segunda. Kotoko las observó alegre, sabiendo que la relación perduraría durante años, ya que la pelinegra había sido fiel a Yuuki por una década —más que ella al recibir la declaración de Irie-kun— y este se demostraba muy serio y enamorado de su novia. Tenía la certeza de que en el futuro se casarían.

—Soy muy afortunada de haberte conocido, Konomi-chan. Gracias, Kotoko-chan, por ser la responsable de que entrara a nuestras vidas.

Noriko-san se separó de la novia de su hijo y suspiró.

—Un buen suceso salió de que tú y onii-chan terminaran… si no te hubieras ido tal vez nunca habría aparecido Konomi-chan.

—Es genial tener a Kotoko-san de vecina, hacemos cosas juntas —intervino su amiga.

La mayor, que era más lista que ambas, permitió el cambio de tema y charlaron sin parar hasta que Shigeki-san y su hijo regresaron a casa.

Kotoko fue testigo de cómo los dos hombres adquirían un hermoso brillo de ojos al ver a sus respectivas parejas, aunque no hubo ni un solo contacto físico entre sí. Las dos mujeres únicamente sonrieron en forma de bienvenida y una ola de amor bañó la sala.

Pese a lo dulce y lo alegre que se sintió, experimentó que algo gris apretaba su corazón, el anhelo.

Le sonrió a Yuuki, quien había apartado la mirada de su novia para saludarla. El gozo en sus ojos marrones tenía que deberse a regresar a casa y ser recibido por su persona especial.

—No vayas a raptar a Konomi-chan, Yuuki-kun. Podrás hacerlo tras la cena, compartirá la habitación de huéspedes con Kotoko-chan, que le prestará unas ropas. Mañana se irán juntas a casa; lastimosamente hoy es el último día de Kotoko-chan aquí.

—¿Está bien? —preguntó Yuuki a su novia.

—Sí, hablaré con mamá una vez cenemos, me avisó temprano que iba a quedarse horas extra en el trabajo y no quiero molestarla ahora.

—Le ofrecí a Konomi-chan tu dormitorio y que tú durmieras en un futón en la habitación de Naoki, mas las dos aseguraron que entrarían perfectamente en la cama matrimonial del cuarto de huéspedes.

—De… acuerdo.

—Bien, esperemos a onii-chan para la cena, no debe tardar.

En efecto, en menos de media hora él llegó a casa y los encontró allí reunidos. Pero, a diferencia de los otros dos varones, Kotoko no notó signo alguno de gusto por estar en casa.

Con su presencia, la cena fue servida y al estar acomodada en el comedor, ella se llevó la impresión que el momento parecía una convivencia de los padres con sus hijos y nueras.

(Lamentó que no fuese así.)

Aun con esa circunstancia que pudo regresar la incomodidad imperada en varios días, el tiempo fue pasable, como se volvió luego de la primera cena de su estancia temporal.

{…}

Kotoko y Konomi partieron a sus viviendas usando el transporte público. Anteriormente ya habían agradecido a Noriko-san y Shigeki-san las ofertas de llevarlas en sus automóviles y esa mañana no habían cambiado de opinión.

El trayecto fue rápido y acordaron ir juntas hacia sus respectivos destinos; la Universidad de Tonan y el Hospital Universitario estaban muy cerca del otro.

En su apartamento, Kotoko comprobó que tuviera todas sus pertenencias para reintegrarse efectivamente a su trabajo. Revisando todo y ansiosa por esa jornada, se sintió como cuando comenzó a laborar en Tokio.

Negó con diversión, se despidió de su padre y abandonó su hogar, coincidiendo con Konomi al cruzar sus puertas. Ambas rieron por esto.

—¿Recibiste algún comentario? —habló Kotoko ya en el ascensor.

Su vecina se sonrojó. —Mamá me preguntó si podía ir comprando revistas para novias… o de maternidad.

Kotoko sintió sus mejillas calientes.

—Es un tema muy atrevido.

Konomi asintió enérgicamente.

—Por lo menos te ha pedido opinión antes de comprar las revistas, oba-sama debe tener muchas sin decirle a Yuuki-kun.

Llegaron a la planta principal y salieron del elevador; sin embargo, en la puerta de entrada al edificio, Kotoko se dio cuenta que la pelinegra se había quedado detrás. Extrañada, se giró.

—¿Konomi-chan? —la llamó al verla mirando al suelo.

—Kotoko-san, ¿no te sientes molesta conmigo?

Frunció el ceño y se acercó a la muchacha, sin entender a qué se refería. ¿Había algo en su rostro que le diera esa idea?

—Es que… yo estoy con Yuuki-kun y platicamos de mi noviazgo, me muestro contenta sin detenerme a pensar en ti.

—Konomi-chan… —susurró conmovida por los sentimientos de esta.

—Yo no quiero hacerte sentir mal.

—Konomi-chan, está bien, no pasa nada. No me molesta verte, verlos, contenta; de hecho, me alegra que puedan tener sus finales felices, o debería llamarlas historias felices. Sí, suena mejor. Eh —exhaló—, sí siento un poco de añoranza, pero me sabría peor interponerme en la felicidad de mis personas queridas… y de otros. Que yo no pudiera estar con Irie-kun no significa que los demás se merezcan malos ratos, o que todos mis días me lamente por mi fracaso amoroso. Yo tengo más que eso, hay cosas que amo mucho más que un romance. Quien soy, mi familia, mi trabajo, mis amistades, y todas me ayudan a sonreír por los momentos buenos de quienes quiero. Hasta estar orgullosa de Irie-kun, aunque no sea mi novio o mi esposo.

Konomi alzó la cabeza con una sonrisa meliflua.

—Kotoko-san, yo también te quiero, eres una onee-san para mí.

Compartieron un abrazo fuerte.

Al separarse, se apuraron para no llegar tarde a donde iban. En el camino se encontraron tarareando melodías de canciones populares y se desearon buen día cuando les tocó separarse.

Ese comienzo le produjo grandes ánimos a Kotoko, que contagió a quienes se encontró mientras iba a los casilleros y la sala de enfermeras, en la cual reparó no se había cruzado con sus compañeras.

Pero conforme leía los pacientes a atender y los médicos encargados, su interés fue atrapado por un detalle en el horario.

—¿Irie-sensei? —murmuró parpadeando para verificar el nombre.

—¿Olvidamos mencionarlo en el grupo?

Brincó al oír a Moto-chan y se volvió con rapidez, atrapando el abrazo de su amiga pelinegra, efusiva en su bienvenida.

—Irie-sensei regresó a Cirugía en tu ausencia —le confió Moto-chan al oído.

Eso no se lo esperaba.


NA: ¡Hola!

Ay, Kotoko, deberías recordar cuando te metiste al club de tenis, al restaurante y lo perseguiste hasta una villa donde trabajaba ja,ja. Bueno, ya luego se enterarán bien qué motivó a Naoki a regresar. Aunque ya saben que es el método para que se vean más.

¡Hasta el martes!

Besos, Karo.


Sakura Anheli: ¡Sí! FF estuvo fallando y tuvimos que rechazar a la comodidad de leer fics en la pantalla de un ordenador. Al menos se corrigió, esperemos no se repita. Ja,ja,ja, Naoki todavía está aprendiendo, pero al menos hace algo a comparación de otras veces XD. Kotoko sigue siendo despistada y vivaz, aunque al menos no va persiguiendo a su Irie-kun.

Guest: ¡Me encanta! Qué padre que te gustara el anterior, se disfruta el sufrimiento de Naoki por sus celos ja,ja. ¿Complicarse la vida? Pues, ya verás qué ocurre. Gracias por el review.