Capítulo 10

Alternativa

Mientras caminaba por los pasillos de la escuela Taichi temblaba ligeramente. Yamato quien notaba el estado nervioso de su amigo no pudo hacer más que tomar su mano y sujetarla fuertemente.

—Todo va a estar bien, lo prometo —afirmó Matt mirando al frente.

A su costado el idiota al que le rompió la nariz solo bufó al escucharlo.

—No podrían ser menos maricas —insultó recibiendo un gruñido de advertencia de parte de Ishida.

El profesor que los escoltaba frunció el ceño.

Taichi por su parte mantenía su cabeza pensando cómo es que todo aquello había pasado, quien había sido capaz de develar de esa manera su "secretito" si muy contadas personas estaban al tanto de su situación.

Y entonces como si de un rayo de luz se tratara sus ojos se fijaron en el pizarrón de anuncios cerca de la entrada. De un tirón se soltó de la mano que lo sostenía para correr y arrancar con furia e impotencia los carteles en donde aparecía su rostro sobre el cual, con letras enormes en rojo, escribieron GAY, así en mayúsculas, y otros sinónimos no tan considerados.

—Taichi —llamo Yamato yendo a sujetarlo entre sus brazos para permitirle ocultar su rostro porque para él fue más que evidente que se derrumbaría.

—Fueron mis padres Yama —gimió apenas audiblemente y con una voz tan dolorosa que Yamato pensó moriría. —Es la letra de mi padre y… la foto, esa foto es de las últimas vacaciones… —sus dedos estrujaron los carteles como si quisieran desaparecerlos.

Matt no supo si debía decir algo, si había algo correcto para consolarlo.

—Señor Ishida —nombro el profesor apiadándose de la circunstancia y dándole la razón a Yamato al haber golpeado a su compañero. —Los espero en la dirección.

—¿Qué? —se indignó el buscapleitos. —Por qué le da preferencia a ese…

Y detuvo lo que sea que fuera a decir debido a la mirada casi rabiosa del rubio y la severa del maestro, quien termino arrastrándolo con él para darles privacidad a los chicos.

—¿Por qué me hacen esto Matt? —pregunto inhalando aire con fuerza, como si de repente todo el oxígeno del planeta le fuera insuficiente. —¿De verdad me desprecian tanto?

Yamato se mordió el labio, porque él no entendía que tipo de personas podrían llegar a lastimar de esa manera a su hijo.

Después de cinco minutos Taichi al fin recobro parte de su temple, y sin ánimo camino a la dirección seguido de un silente Yamato.

Hiroaki subió corriendo las escaleras hasta su departamento. La trabajadora social de la escuela le había llamado al trabajo para informarle de la suspensión de tres días de Yamato, mientras a grandes rasgos le narraba el altercado que tuvo en la mañana y que fue la razón del castigo, una conversación que hizo saltar las alarmas paternales porque durante todo el tiempo que llevaba viviendo solo con su hijo, nunca lo llamaron por tal razón.

Yamato era un chico tranquilo, centrado y muy responsable.

Por eso su cabeza gritaba que si su hijo había tenido que golpear a otro, era porque la situación escalo a dimensiones monumentales.

Hiroaki salió al pasillo, entre su ropa se apresuró a buscar la llave para apenas tener a la vista la puerta extender la mano, como si de repente fuera a descubrir que era el hombre elástico y desde ahí podría introducirla y abrir más rápido.

Cuando realmente estuvo en posibilidad de abrir se detuvo en seco. Su histeria le había hecho correr a casa, pero…

—Debo calmarme —se dijo. Respiro hondo y dejo salir el aire. Repitió el proceso al menos una cinco veces antes de con suavidad deslizar la llave y abrir la puerta.

El departamento estaba a obscuras porque las cortinas estaban corridas impidiéndole a la última luz del día colarse por la ventana. Conocía su hogar por lo que escurrirse entre los muebles hasta la puerta del cuarto de su hijo no fue ningún problema.

Sin embargo, apenas plantarse en frente y extender la mano para abrirla, se quedó inhiesto debido a la intimidad que demostraban las dos voces dentro. Bajo la cabeza considerando sus opciones y al final termino suspirando para volver sobre sus pasos rumbo a la cocina.

Yamato despertó lentamente, sintiendo un peso sobre su pecho que le impedía moverse libremente, además un calor adherido a su costado derecho. Parpadeo para aclarar su vista y hacerse a la idea de que estaba despierto y era real lo que estaba contemplando. Aferrado a él se encontraba Taichi Yagami, con la nariz y los pómulos levemente sonrojados tras haber llorado varias horas, su cabeza descansaba sin pudor alguno sobre su pecho permitiéndole a los dedos de Matt enterrarse en la maraña de cabello castaño tan suave como la seda.

Se habían quedado dormidos tras horas de llanto y consuelo. Ambos agotados emocionalmente debido a los sucesos del día. Y por un instante Matt pensó estar viendo al Taichi de once años, ese que conoció en un campamento de verano tantos años atrás, valiente… aún era valiente, lo demostraba al seguir adelante siendo él mismo a pesar de todo el dolor que el camino que eligió pudiera causarle. Ese niño hermoso que con su sonrisa podía alumbrar la noche más obscura.

Los dedos de Yamato acariciaron su cuero cabelludo con tanta ternura que Taichi suspiro al tiempo en que se arrebujaba contra él, como un cachorrito que busca el calor de su madre, y tras ese gesto no pudo, ni quiso resistirse, simplemente dejo que su instinto lo guiara depositando un casto beso sobre la frente del chico junto a él.

Un contacto que hizo abrir los ojos a Taichi y dibujo una tímida sonrisa sobre sus labios.

—¿Qué hora es? —pregunto Tai sin moverse ni un ápice de su lugar.

—Como las nueve. ¿Tienes hambre? —cuestiono esta vez Matt muy dispuesto a levantarse a preparar una cena ligera para ambos, pero sin dejar ningún momento de pasear sus dedos por la cabeza de su amigo.

—Si te piensas levantar voy contigo —dijo Tai aferrándose a Matt mientras restregaba la nariz contra su costado.

—No seas niño —regaño Matt con dulzura, luego sonrió condescendiente. —Está bien vamos —acepto para luego sentir un último apretón.

Apenas abrir la puerta un agradable aroma asalto sus narices, por lo que atraídos por él entraron a la cocina. Matt sonrió como muy pocas veces lo ha hecho en su vida, con verdadera gratitud y orgullo. Ahí sentado en la barra se encontraba su padre trabajando con una Tablet al tiempo en que por teléfono coordinaba el proyecto a su cargo. En la estufa a fuego lento hervía un estofado tranquilamente.

—¡Oh! Chicos, al fin despiertan —dijo dejando todo de lado para centrar su atención en Matt y Tai. —Siéntense la cena esta lista.

Ambos hicieron caso yendo a tomar asiento en la mesa.

—No es tan bueno ni elaborado como lo que ustedes suelen preparar, pero tiene buen sabor —se vanaglorio Hiroaki sirviendo dos platos.

—No vas a comer tú, papá.

—Ya he cenado mientras esperaba, aun me queda trabajo pero quería asegurarme que estuvieran bien.

Ante esas palabras Taichi se retorció un poco.

—Lo siento señor Ishida, ha sido mi culpa que…

—No es tu culpa que ese imbécil no sepa mantener la boca cerrada —rezongo Yamato con coraje.

—Pues, lo único cierto es que los problemas no se resuelven a golpes, creí que lo sabías Matt —argumento Hiroaki prestándole toda su atención a su hijo y logrando que bajara la cabeza avergonzado.

—Te llamaron al trabajo —más que preguntar, Matt estaba afirmando.

—Sí —respondió Hiroaki soltando un resoplido. —Me asusté mucho, porque tú no sueles meterte en pleitos.

—Fue mi culpa, Matt solo…

—Lo se Tai —interrumpió el adulto ahora mirando al castaño. —También me dijeron que ya no vas a ir a la escuela más que el próximo martes, y solo para rendir los dos exámenes que tienes pendientes. Lo que nadie me explicó fue a que se debió la trifulca.

—Yo… —comenzó Taichi incómodo.

—Un idiota insulto a Taichi —respondió Matt en su lugar.

—Eso ya ha pasado antes y nunca he tenido que recibir una llamada por agresión escolar —puntualizó Hiroaki cruzándose de brazos.

Taichi tembló, se mordió el labio y luego con el valor y dignidad que aún le quedaba miro directamente al padre de su amigo para comenzar a relatar lo que sucedió realmente, y por sobre todo lo de sus fotos con los insultos, y sus sospechas casi comprobadas de quien fue el autor de tal injuria.

Hiroaki se recargo contra el respaldo de la silla como si dejara que su cuerpo se desplomara, sin fuerzas, solo mirando al techo como si fuera la cosa más entretenida del mundo.

—Taichi —nombro el adulto con voz cansada y por un segundo Tai temió que lo echaría de su casa y con justa razón. —Sabes yo…

—He pensado que quizás pueda buscar un cuarto para… —se apresuró ofrecer Tai, queriendo ahorrarle a Hiroaki la pena de negarle más su hogar y por ello quedar mal frente a Yamato.

—Ahggrrrr —gruño Hiroaki haciendo que Tai sintiera que lo había hecho enojar, y en su actual estado de ánimo eso solo era un puñal más en su alma.

Yamato pareció leer en cada gesto de Tai, el miedo, el rechazo, el dolor… mucho dolor, por lo que sin pensarlo realmente, solo dejándose guiar por ese enorme afecto que sentía abrazo a Taichi como si quisiera protegerlo del mundo entero, mientras le dirigía a su padre la peor mirada de desprecio que pudo lograr.

—Nos iremos juntos —murmuró Yamato acariciándole la espalda para brindarle seguridad y centrándose en él, solo en él. —Iré a donde tú vayas, te prometo que nunca estarás solo —continúo hablando sin considerar realmente sus juramentos, aunque para ser sinceros estos estaban brotando directamente de su corazón y alma.

—Yo, no es lo que piensas. Tai, no llores yo… —se disculpó a las carreras Hiroaki dándose una patada mentalmente. Dios, el chico debía estar prácticamente roto por dentro y él… —Yo estoy molesto de que consideres que marcharte de aquí es la solución.

Taichi ante esas palabras se atrevió a mirarlo. Por todo lo vivido no podía dejar de pensar que cada cosa mala era su culpa y que si continuaba les atraería desgracias. Estaba pensando lo peor de él porque… pues no estaba muy seguro, pero en ese momento todo lo veía negro.

—Más bien lo que yo quería ofrecerte es… tengo unos parientes que viven en Connecticut, Bridgeport, y bueno… creo que un cambio de ambiente… lejos, muy lejos de…

—Pero eso significaría lejos de Hikari —jadeo Taichi al comprender la enorme oportunidad que se le presentaba.

—Tai —llamo Matt tomando entre sus manos el rostro de su amigo. —Ella es y siempre será tu hermanita. Y sé que entenderá, ella sabrá comprender que la distancia por ahora es mejor para ti. Será difícil pero…

—Allá… estaré solo —apenas logro decir en un murmullo, no como una excusa, sino como una realidad avasalladora que lo hizo estremecer.

—¿Acaso Yamato no acaba de decir que ira contigo a donde vayas? —cuestiono Hiroaki como si repitiera la canción más vieja del mundo.

—Entonces… ¿puedo ir con él? —pregunto Yamato con los ojos brillantes.

—Aunque te dijera que no, sé que encontrarías la forma para convencerme o escapar. Así que prefiero ahorrarme todo eso, y… sí, puedes ir. Además allá hay una de las mejores univer…

Y no término de hablar al ser derribado por dos pares de brazos que lo apresaron con cariño y agradecimiento. Hiroaki quería llorar, estaba mandando hasta el otro lado del mundo a su hijo, la única familia que le quedaba, pero su corazón se sentía tranquilo al verlo sonreír, al saber que estaba haciendo lo correcto, o al menos eso esperaba.

Continuara…

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N.A.

A mis queridos lectores, les deseo pasen unas maravillosas fiestas, mis mejores deseos para ustedes y siempre con el recordatorio de que sean conscientes y evitemos en lo posible hacer daño a nuestro planeta.

No fuegos artificiales, no vasos, platos y cubiertos desechables.

No bolsas de plástico.

Estamos pasando por momentos críticos, pero aún estamos a tiempo.

Por favor... piensen por el futuro de quienes heredaran el planeta, hijos, hermanos, sobrinos, nietos.

Les dejo como regalo de navidad el final de esta historia.

Mil gracias por un año lleno de alegrías, que el siguiente sea mejor para todos.

Atte: Ciel Phantomm