¡FELIZ AÑO 2021!

Chicos espero que lo estén pasando realmente bien y que este año sea mejor que el anterior.


Capitulo 26.

La habitación estaba parcialmente iluminada por una lámpara que colgaba del techo y que parpadeaba constantemente. Había una mesa de centro llena de polvo y junto a esta se hallaba un sillón viejo, sucio y con varios hoyos y un olor a cañería era perceptible en ambiente.

A pesar de las terribles condiciones del cuarto, en su interior se encontraban de pie tres hombres vestidos de negro. Uno llevaba un caso estilo samurai, otro tenía la mitad inferior de la cara cubierta con una máscara y solo su cabello blanco daba a la luz y él último de ellos a diferencia de los otros dos, no llevaba nada que ocultara su faz. Su cara era totalmente blanca, con un par líneas rojas que cruzaban su frente hasta un poco antes de llegar a sus cejas, aunque lo que más llamaba la atención eran sus ojos de color amarillo.

Amarillo Sith.

Aquellos tres hombres eran Inquisidores.

Y por sus caras fruncidas no era difícil saber que llevaban un buen rato esperando en la dicha habitación.

-No sé porque acepté venir - dijo el de la cara blanca - Esto es una perdida de tiempo.

-Ten un poco de paciencia - dijo el octavo hermano - Te aseguro que el hombre que me contactó tiene una buena oferta.

-Somos inquisidores - dijo el décimo hermano - No caza recompensas, nuestro deber es localizar y destruir a los jedi restantes.

-Dime la ultima vez que hicimos eso - replicó el octavo hermano y al no ver respuesta prosiguió - Hace meses que no nos asignan una misión y cuando por fin creímos que tendríamos acción, el trabajo se lo dan al quinto y séptimo hermano.

El gran inquisidor observó no muy convencido a su hermano. Al ser líder de todos, debía enseñarles que su prioridad era seguir las ordenes dadas. Aunque después de todo le daba la razón al octavo, pues era cierto que llevaban tiempo sin misiones y que solo los tenían arrumbados en espera de ordenes como si fueran pedazos de chatarra en un almacén esperando a que alguien requiriese de sus servicios.

En eso, la puerta de la habitación comenzó abrirse y los tres inquisidores se colocaron en posición de ataque por si la persona que entraba resultaba ser una amenaza, aunque al final lo que vieron los dejó totalmente desconcertados.

Frente a ellos estaba una figura encapuchada.

-Disculpen la espera – dijo el nuevo integrante – Pero tuve que encargarme de algunos insectos en el camino.

Los inquisidores siguieron analizando de pies a cabeza al sujeto encapuchado sin decir una sola palabra, hasta que el líder de ellos decidió hablar primero.

-Tienes muchas agallas para llamarnos – dijo el gran inquisidor -¿Qué es lo que quieres?

-Proponerles un buen trato – dijo el extraño.

-¿Qué clase de trato? -cuestionó el décimo hermano.

-Uno que les cambiará la vida.

Los tres inquisidores se miraron dudosos entre si, lo podían sentir, la fuerza les estaba diciendo que escucharan a ese hombre.

-¿Acaso no se están sintiendo que no los valoran? - les preguntó el extraño -¿No sienten que sus habilidades no son reconocidas? ¿No se sienten como pedazos de chatarra a medio usar? - hizo una pausa para observar por unos segundos las reacciones de los inquisidores y para su favor estás estaban atentas, así que sin dudar prosiguió – Yo entiendo que ustedes son lo mejor después del anciano y su perro, pero no llegarán a nada si siguen lamiéndoles las botas.

-¡Hey! - dijo el gran inquisidor activando un lado de su sable láser y apuntándolo hacia el anciano – Ten cuidado con lo que dices.

El encapuchado ni siquiera se inmutó ante la amenaza, cosa que hizo que el inquisidor frunciera el seño, pues este no percibía miedo del extraño como esperaba.

-¿No vas a cortarme el cuello? - dijo el extraño sin mostrar un ápice de miedo en su voz.

-Déjalo que termine – dijo el octavo hermano hacia su líder.

El líder apretó los dientes, desactivó su sable y cruzó los brazos, aun no muy convencido de las intenciones del sujeto.

-Ustedes tres poseen grandes habilidades – continuó – Habilidades que están siendo desperdiciadas. Y si no me creen, entonces díganme ¿por qué no son entrenados como debe ser en el lado oscuro de la fuerza?

-¿Qué sabes de eso? -preguntó el décimo hermano.

-No mucho, he de admitir, pero lo poco que sé, es que ustedes deberían ser más que simples sirvientes, ustedes deberían ser...Sith.

-Hay una regla... -quiso decir el octavo hermano antes de ser interrumpido por el extraño.

-Lo sé, lo sé, entre los Sith solo hay un maestro y un alumno, el poderoso y el que anhela el poder, ya conozco ese viejo cuento. Pero aun así, ¿No les gustaría tener ese poder que usa tanto el emperador como Vader? ¿No les gustaría tener esos conocimientos ocultos?

Los inquisidores no dijeron nada.

-Yo les ofrezco eso e incluso más, solo tienen que aceptar y juntos obtendremos lo que deseamos.


Impotencia, eso era lo que sentía Obi-Wan al ver como el carguero corelliano se elevaba por los cielos de Tatooine y desaparecía sin dejar rastro. Pero no solo sentía eso, también podía sentir como sus más profundos temores se hacían realidad.

Había planeado acorralar a Vader antes de que abordara la nave del contrabandista, había planeado acabar con lo que una vez empezó y no tuvo el valor de terminar, no obstante, jamás había prevenido la intervención oportuna de los Inquisidores.

En un principio, al ver esto, creyó que los inquisidores se encargarían de Vader y si así hubiese sido, solo hubiera intervenido para salvar a Ahsoka. Lamentablemente esto no fue así y se regañó así mismo por quedarse detrás de la columna sin hacer nada.

No sabía que era lo que planeaba el Sith, pero al ver que estaba con Ahsoka y muy probable rumbo a la base de los rebeldes, no le daba buena espina. El lobo disfrazado de cordero causaría graves problemas. Era por eso que debía advertirle a Bail de las verdaderas intensiones del castaño, no podía permitir que se ganara su confianza bajo una máscara de bondad.

No, era ahora o nunca.

Sigilosamente observó como la Inquisidora restante junto con un grupo de clones subían a una nave imperial de reconocimiento y de igual forma que el carguero corelliano, despegó perdiéndose entre los cielos de Tatooine.

Lo más rápido posible y sin ser visto por los clones restantes, Obi-Wan abandonó el hangar y se internó entre las personas que caminaban en las calles sin inmutarse de lo ocurrido apenas unos minutos atrás.

Pronto sus pasos lo llevaron de vuelta al hospital en donde se encontraba Luke y sin dudarlo entró en el edificio, topándose que en la recepción se encontraba Beru Lars, quien al verlo se levantó de su asiento y fue rápido hacia él.

-¿Luke se encuentra bien? -fue lo primero que pregunto el ex-jedi al tener a Beru frente a él.

-Si – contestó ella – Ahora Owen está hablando con la doctora a su cargo. Ella nos comentó que un hombre y una togruta lo encontraron en el desierto y que lo trajeron aquí lo más rápido que pudieron, pero apenas lo hubiesen dejado con los doctores, desaparecieron. Me habría gustado saber quienes eran para así agradecerles.

-Ya será en otra ocasión – dijo Obi-Wan sin poder evitar pensar en cual sería la reacción de Beru si supiese que había sido Anakin el responsable de dejar a Luke en el hospital - ¿Crees que pueda pasar a verlo?

-Claro, hace poco Luke fue llevado a una habitación para observación.

-¿Qué número es?

-La 15.

Obi-Wan inclinó la cabeza como agradecimiento, y se dirigió al área de las habitaciones. Después de caminar por un rato dio con la habitación con el número 15 dibujado en la puerta y usando la fuerza pudo sentir la presencia de Luke, la cual estaba tranquila.

Así que tocando la puerta con la mano izquierda y girando la perilla con la derecha, el antiguo jedi entró en la habitación donde fue recibido por un par de ojos azules.

-¡Ben! - dijo Luke emocionado al verlo.

Obi-Wan sonrió al pequeño niño y se aproximó a un lado de la cama donde estaba Luke y le revolvió el cabello diciendo:

-Nos has causado un gran susto a todos Luke, no vuelvas a escaparte de esa forma. Hoy tuviste suerte, pero quizá a la siguiente no.

-Lo siento – dijo el niño agachando la cabeza. ¡Oh fuerza! Era idéntico a Anakin cuando hacía eso.

Obi-Wan se sentó en una silla que se encontraba junto a la cama Luke y aprovechando que ahora el pequeño estaba solo, le dijo:

-Luke, ¿Recuerdas que pasó cuando escapaste?

El niño meditó unos segundos antes de hablar:

-Recuerdo que me había perdido en el desierto, estaba asustando, tenía mucha sed y la arena volaba en todas partes. Una vez que la arena dejo de moverse vi una silueta enorme de color negro. Me dio mucho miedo apenas la vi, pero de la nada esa silueta desapareció y un chico como de mi edad apareció frente a mi preguntándome si estaba bien.

-¿Un chico? - preguntó el ex-jedi enarcando una ceja - ¿Cómo era?

-Recuerdo que era casi de mi estatura, tenía cabello rubio y ojos azules y vestía con ropas grises. Me dijo que también estaba perdido, así que los dos comenzamos a caminar en busca de alguien que nos ayudara a volver a la ciudad. En el camino le conté que mi sueño era ser un piloto y él también me dijo que también quería ser lo mismo y que además estaba construyendo un pod-racer, ambos teníamos muchas cosas en común, pero poco a poco empecé a sentirme cansado y no paraba de toser.

El chico me ayudó a caminar por un rato, pero de nuevo la arena comenzó a agitarse y nos rodeó por completo separándonos. Ya no pude volver a ver al chico y a pesar de mis intentos por llamarle no tuve éxito. Después de eso, todo se oscureció.

-¿Qué más recuerdas después de que se separaron?

-Recuerdo...haber escuchado la voz del chico que me decía :"Aun hay esperanza" y luego sentí a alguien aproximarse a mi.

-¿Viste quién era esa persona?

-No estoy muy seguro, pero recuerdo que tenía ojos azules, como los del chico y que en su ojo derecho había una cicatriz. Cuando lo vi...sentí seguridad y no sé como pero... de alguna forma sabía que todo iba a estar bien.

Obi-Wan se llevó una mano a la barbilla y analizó el relato del pequeño, lo que le había contado era simplemente alucinante, era probable que al estar bajo la influencia de la fiebre del desierto pudiera haberse imaginado todo lo ocurrido, aunque la fuerza le indicaba lo contrario. Y si lo que le había contado Luke fuera verdad, entonces dónde se encontraba el otro niño.

-¿Le has contado a alguien más esto? - pregunto el ex-jedi.

-A mi tío y a la doctora, pero no me creyeron -contestó Luke.

-Una cosa más Luke, ¿El chico que te acompañó en el desierto te dijo su nombre?

-Annie -dijo en voz casi inaudible,

-¿Perdón?

-Annie – dijo con más fuerza – Ese es el nombre del chico que me ayudó, solo te lo he dicho a ti.

Obi-Wan no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa que aquel nombre le provocó. ¿Acaso era posible una manifestación de ese tipo? Debía contactar a Yoda lo más rápido posible.

Despidiéndose del chico disimulando su asombro y temor, se levantó de su asiento y salió de la habitación. Camino de regreso a la recepción del hospital y se despidió de Beru, esta última le ofreció que se quedara a cenar con ellos, pero Obi-Wan declinó la oferta amablemente y procedió a abandonar el hospital.

No tenía tiempo que perder.


-¡Suéltala Anakin!

-¡Son unos traidores!

-A...ni

-Al parecer en tú ira las has matado.

-Protégelos...Anakin...Protégelos.

Anakin se despertó de golpe y se percató de que se hallaba sentado en una silla junto a la cama en donde habían hospitalizado a Ahsoka. Los doctores le habían dicho que la togruta ya estaba fuera de peligro, solo que él era lo bastante obstinado para separarse de su lado. No quería perder a alguien más.

Posó su mirada en la figura durmiente de Ahsoka, y por primera vez, pudo observar lo cambiada que estaba su antigua aprendiz. Estos diez años habían hecho que sus rasgos cambiaran y sus lekkus crecieran, sin olvidar mencionar que ya poseía una maduración física bastante desarrollada. Ya no quedaba rastró físico de la niña de catorce años que fue asignada bajo su tutela. No, frente a él se encontraba una mujer con una voluntad fuerte.

Años atrás, cuando la togruta abandonó el templo, Anakin se responsabilizó profundamente por ello, por mucho tiempo creyó que no había sido un buen maestro y que por eso, el consejo no le otorgaba el grado máximo que tanto anhelaba.

Pero ahora que había visto a la togruta pelear por sus ideales y salvar a muchas personas, sabía que no había sido un mal maestro, de hecho, podía ver muchas de sus propias actitudes, entre ellas la impulsividad en el actuar de la chica y eso lo hacia sentirse de alguna forma orgulloso.

En eso, el ambiente de la habitación cambió a uno oscuro y Anakin solo se cruzó de brazos.

-Te estas encariñando de nuevo -dijo Vader apareciendo detrás de él.

-Vete -ordenó Anakin sin molestarse en verlo.

-Tarde o temprano deberás encargarte de ella. ¿Qué no recuerdas lo que le pasó a todos los que te importaban?

- No puedo – dijo el castaño sintiendo un nudo en la garganta.

-Habíamos quedado que una vez encontrado a los rebeldes, nos encargaríamos de ella.

-Debe de haber otra forma.

No hay otra forma! ¿Acaso piensas echar a perder todo lo que hemos hecho por una tonta togruta?

-¡Vete! -dijo levantándose de su asiento y encarando a su parte oscura.

-¡El emperador ya sabe de nuestro escape y si no quieres recibir un castigo doloroso, debemos actuar ya!

-Yo... necesito más tiempo.

-Tiempo es lo que ya no tienes. ¡Manda el maldito mensaje de una vez, si lo haces todo esto acabara!

Anakin sacó su comunicador y lo miró por unos segundos, dudando en activarlo.

-Recuerda a que vinimos en un principio. Recuerda que Anakin Skywalker está muerto. Recuerda que solo existe... Darth Vader.

Sin decir nada más, Anakin salió a paso rápido de la habitación en la que se encontraban y caminó entre los pasillos hasta llegar a un balcón solitario. Una vez allí, activó su comunicador.


Mientras tanto, Bail se encontraba en el cuarto de mandos, escuchando el reporte de sus primeros oficiales acerca de las misiones para acabar con la invasiones de clones y piratas en los planetas más alejados. Cuando a la reunión y sin ser invitado entró un droide de protocolo color plateado con un especie de comunicador en la mano.

-Disculpe la interrupción – dijo el droide – Pero debo entregar un mensaje muy importante al amo Bail.

Bail sin decir nada se acercó al droide y cogió el comunicador, apenas lo tuvo en las manos, pudo reconocer que era un mensaje de Obi-Wan, así que disculpándose con la junta y en especial con Mon Monthma, se excusó de que debía atender una emergencia familiar y salió del cuarto de mandos.

-¡Oh no! - dijo el gobernador palideciendo al leer el mensaje - ¡No puede ser!

No confíes en Anakin.


¿Cuál será el trato que le ofrecieron a los inquisidores?

¿Anakin realmente mando la señal?

¿Qué hará Bail ahora que sabe que no puede confíar en Anakin?

Espero que les haya gustado el capítulo. Estas pequeñas vacaciones me dieron tiempo para adelantar en trama y es a partir de ahora donde comienzan los problemas.

Todos sus comentarios me hacen el día, muchas gracias.

Les deseo un excelente año nuevo.

Nos leemos a la próxima.