Nix aceleró en cuanto la compuerta de carga cerró. Divisó a Kylo Ren, cargado por troopers hacia una nave desprotegida, pero se contuvo de disparar. No valía la pena. Los X-Wings se elevaban fuera de la atmósfera, señal de que el planeta estaba por colapsar. Sintió su cuerpo pegarse al asiento al subir. A su lado, Chewie encendía los escudos deflectores soltando leves gruñidos de dolor. La marejada de cazas TIE ahora iba por ellos, y ella rezó para que no les alcanzaran.
Evadiendo todo el fuego que pudo, dejó la atmósfera mientras el wookie ingresaba las coordenadas para el salto. Accionaron el compresor del hiperpropulsor, y ella sintió un sacudón extra violento en la nave justo antes de entrar al hiperespacio. Lo habían logrado. Se desparramó en la silla del piloto.
Emmie y Finn se asomaron a la cabina. Sonriendo, Nix fue a abrazar al joven, y éste se retorció ahogando una exclamación de dolor. Le pidió disculpas, llevándose las manos al pecho. Tenía nuevas quemaduras sobre su desgastada chaqueta. Él le hizo un gesto tranquilizador con el brazo bueno.
- Se ve peor de lo que es. Pero creo que Chewbacca necesita atención ahora.
El wookiee gruñó en señal de acuerdo. Había soportado sus heridas lo suficiente como para salir de la base, pero ahora le costaba mantenerse erguido en la silla del copiloto.
- Me encargaré de ello de inmediato –dijo Emmie-. Nix, ayúdame a llevarlo a la bahía médica.
Finn se quedó en la cabina. Resollando bajo su peso, ella apoyó el camino de Chewie a la bodega principal. En cuanto el wookie se dejó caer en la bahía médica, escuchó la voz de Rue a sus espaldas.
- Lo siento –al girar vio su expresión abatida-. Usé la Fuerza para hacerte huír. Fue un accidente.
Aliviada de verla al fin a salvo, Nix lo dejó pasar. Viéndola herida y quemada, decidió no abrazarla, pero estrechó una de sus manos para tranquilizarla.
- Está bien, no estoy molesta –tras una pausa, agregó-. Pero ir tras Kylo Ren no fue un accidente.
Y eso ella no lo dejaría pasar. Rue la miró desconcertada. Luego cruzó los brazos y frunció el ceño.
- No lamento eso, estaba siendo práctica –Nix alzó las cejas, escéptica-. ¡Es cierto! El bastardo es sensible a la Fuerza, y no iba a dejar que te atrapara. Yo apenas pude con él...
La twi'lek apretó los labios, viendo las quemaduras en su cuerpo. Siguiendo su mirada, Rue suspiró.
- ...y estoy bien. Gracias al poder de la amistad, y todos sus disparos –agregó, suavizando la mirada-. Veo que no necesitaste mi ayuda para patear traseros después de todo. Bien hecho.
El cumplido devolvió la sonrisa a Nix. Era casi seguro decir que su segunda misión ayudando a la Resistencia había sido un éxito. Su amiga esbozó una débil sonrisa y fue a acurrucarse junto a Maz, quien meditaba no muy lejos de ahí. Entonces notó que Han no estaba con ellos. Se volteó a ver a Chewie, quien cabizbajo se dejaba vendar por Emmie en la bahía médica. No todos lo habían logrado.
Entristecida, regresó con Finn llevándose el aerosol de bacta que la droide había desocupado. El joven estaba tendido en la silla del copiloto con la mirada perdida. Cuando giró a ella, Nix agitó el recipiente frente a él, indicando que se quitara la chaqueta para curarlo. Él la miró afligido al preguntar qué había pasado con Han. Cuando terminó su relato, la incredulidad de Nix dio paso a la conmoción.
- ¿Su propio hijo...? ¿Kylo Ren? ¿Cómo puede una persona caer tan bajo...?
- No lo sé, y no quiero saberlo. Pero yo luchaba para él. Y como si todo lo ocurrido desde Tuanul fuese poco, es un alivio saber que ya no lo haré más –hizo una pausa-. Realmente siento haberte mentido, Nix. Y siento no haber podido ayudar a tu familia.
Recordar a su familia se sintió como una puntada en el corazón. Se esforzaría en borrar la imagen de Tuanul de su mente, prefería imaginarlos luchando. Ahora que Nix había decidido guiarse por la Fuerza en su camino a la Resistencia, finalmente tendrían algo en común: un propósito. Ella suspiró, dejando el aerosol de bacta para tomar la mano de Finn. Buscó su mirada al hablar.
- Disculpa aceptada. No hay nada que pudieras hacer por ellos. Pero cuando el momento llegó, tomaste la decisión de ayudar. Ahora todos podemos estar un poco más a salvo gracias a eso.
Resistencia aparte, quizás cuántos otros sistemas estarían ya fuera de peligro gracias al valor y la información del joven. Finn esbozó una sonrisa abochornada, dándole un suave apretón a su mano.
- Tuve a las personas adecuadas cerca.
La computadora avisó que estaban por salir del hiperespacio. D'Qar estaba comprometido, y pese al caos que reinaría en la Primera Orden tras volar su base, desconocían si los atacarían ahí al llegar.
Una única nave orbitaba el planeta: el Raddus, la nave insignia de la Resistencia. Nix vio como los escasos cazas que habían sobrevivido el asedio a la Starkiller se precipitaban con poca gracia dentro de los hangares del crucero estelar. En el tablero sonó la alerta de comunicación.
- El hangar dos es todo suyo, Halcón –informó la voz de Poe-. Los escoltaré ahí, chop-chop.
El caza de Poe hizo una pirueta frente a ellos, y Nix asumió que aquello significaba apresúrense. En cuanto entró al hangar, el Raddus saltó al hiperespacio.
La celebración que los recibió al bajar del Halcón se sentía fuera de lugar sin Han. Finn observó la alegre multitud, inseguro de qué buscaba en ella. Divisó a la general Organa acercándose a la nave, y la expresión en su rostro le indicó que ella de alguna forma ya sabía lo que le había pasado.
Ella le dedicó una sonrisa triste, apretó una de sus manos, y se fue a abrazar a Chewie. Apenado, Finn continuó recorriendo el desordenado hangar con la mirada hasta que alguien palmeó su espalda.
- ¡Lo hicimos! –exclamó Poe Dameron con una sonrisa de oreja a oreja- ¡Y ustedes también!
Su entusiasmo era contagioso. Finn tuvo que sonreír cuando éste se puso a festejar con otros pilotos, invitándolo a ir con ellos. El joven se dejó llevar junto al X-Wing de Poe. Ahí, una chica llamada Jess le sacudió la mano con energía al presentarse, y el hombre al cual llamaban Snap le ofreció de beber algo que quemaba al tragar. Él tosió al probarlo, y tres personas distintas palmearon su espalda para ayudarlo entre risas. Se sentía bien estar ahí. Se sentía cálido.
Recuperando el aliento, Finn se sentó sobre un contenedor olvidado ahí en la evacuación. La superficie curva lo hizo resbalar, y éste alcanzó a sujetarse de Poe para no caer. No era un contenedor. La lona que lo cubría cayó, mostrando a un anticuado atromecánico emitiendo pitidos enfadados.
- Lo siento –se apresuró a decir él-. No sabía que estabas ahí.
No entendía qué respondía el droide, pero no parecía feliz. Miró a Poe para pedirle que intercediera, pero éste y los demás ahí se veían sorprendidos. Con un vuelco al corazón, temió haberlo averiado.
- ¿Qué ocurre? ¿Poe, qué ocurre? ¿Lo he roto?
Él negó, y una lenta sonrisa se expandió por su rostro. Dejó escapar una risa inclinándose al droide.
- ¡Bienvenido de vuelta, R2! Sabía que debíamos traerte con nosotros. Lo sabía. ¿Qué les dije a todos...? –dicho esto a sus amigos, se volteó a su X-Wing- ¡BB8! ¡Mira quién ha despertado!
- Será mejor que lo lleven con Leia –dijo Jess-. ¡Tal vez aún tenga el historial de vuelo de Luke!
¿Ése era el droide de Luke? ¿Qué hacía ahí? Finn no entendía nada. El astromecánico se deshizo de la lona, y BB8 acudió a su encuentro, rodeándolo con entusiasmo. Poe les hizo un gesto para que lo siguieran fuera del hangar. Mientras caminaba a paso veloz por la emoción, intentaba explicarle.
- R2-D2 fue el astromecánico de Luke Skywalker. Cuando éste se fue, dejó de funcionar. Nos lo llevamos más por el valor sentimental... -al droide no pareció agradarle esto, pues se sacudió mientras los seguía- ...pero yo sabía que tenía arreglo. Nunca te habría hecho daño, R2...
BB8 y R2 emitían pitidos frenéticos en el camino. Quizá poniéndose al día, pensó Finn. Recorrieron varios pasillos iluminados antes de llegar al puente de mando del Raddus.
En éste la general Organa flanqueada por el droide C-3PO, el almirante Ackbar y la teniente Connix, examinaba con pesar un holograma de la pieza del mapa que supuestamente llevaba a Skywalker. En el mismo mesón, Maz, Emmie, Nix, Chewie y Rue se voltearon a verlos llegar cuando Poe anunció:
- General, mire quién ha vuelto. Jess sugirió que tal vez aún tenga el historial de vuelo de Luke.
Los ojos de la general se iluminaron. C-3PO se acercó a R2 entre exclamaciones afectadas.
- ¡Oh, R2-D2, esto ha de ser un milagro! ¡Estoy tan feliz de verte en funcionamiento otra vez!
R2 gorgeó animadamente en binario, y ante una intervención de BB8, C-3PO señaló el holograma.
- Buena idea, BB8. ¿Es posible que tengas el resto de este mapa en tu memoria de respaldo?
El viejo atromecánico trinó y se conectó al mesón, bajo la ansiosa mirada de todos los presentes. Luego de un par de minutos, la imagen del mapa de BB8 fue superpuesta a una sección mucho mayor facilitada por R2. Con alegría, se dieron cuenta de que ambas encajaban a la perfección.
- Finalmente –suspiró la general, mirándolos a todos-. Entonces está decidido. Partirán en cuanto nos asentemos en la nueva base.
- Iré por el Maestro Skywalker –asintió Rue, frunciendo el ceño-. Con Chewie lo encontraremos, y lo traeremos.
- Y yo iré por Sunrider –agregó Nix, volteándose a mirar a Finn-. Sé que es una posibilidad remota, pero con las personas adecuadas cerca, quizás también desee unirse a la Resistencia.
- Un desertor de su rango podría ser útil para preveer la tecnología de la Primera Orden –dijo el almirante Ackbar-. Si lo que nos han dicho resulta ser cierto, debemos hacerlo nuestro aliado.
El nombre revoloteó en los recuerdos de Finn, pero Rue interrumpió el hilo de sus pensamientos.
- ¿Entonces es oficial? –preguntó mirándolo de reojo- ¿Finn ha decidido unirse a la Resistencia? Porque no está obligado a quedarse, le hice una promesa.
Él no había notado hasta entonces que ya se sentía adentro. Decidir fue tan fácil como respirar.
- He decidido unirme –asintió hacia ella-. Hasta que todos estemos a salvo de la Primera Orden.
Y cuando ella se giró a mirar a Maz, podría jurar que la había visto sonreír.
- Eres un buen hombre, Finn –sonrió Poe, con una mano en su hombro-. Me alegra tenerte aquí.
- A mí también me alegra –agregó Nix, pestañeando en su dirección-. Porque necesito un compañero para ir por Sunrider al bajo Coruscant. Por favor di que sí.
- ¿A los niveles bajos? ¿Ese nido de criminales? –hizo una mueca-. Cuenta conmigo.
Habían cosas más importantes que el miedo, se recordó. Como ir a cuidarse las espaldas con sus nuevos amigos ahí.
Cuando la reunión con la general Organa terminó, Rue estaba lejos de sentirse aliviada. Sunrider ya no era su problema si debía ir por el último Jedi, pero eso significaba que la única que podía ubicarlo donde Madam Shi, era Nix. Su único consuelo era saber que su amiga había probado en la Starkiller ser mucho más dura de lo que parecía, y que de no ser suficiente, Finn estaría con ella.
A regañadientes debía reconocer que comenzaba a agradarle el desertor. Pese a ser un hombre. Nix la alcanzó en el pasillo fuera del puente de mando, enroscando un brazo alrededor del suyo.
- Me lo pido –murmuró cerca de su oído.
Confusa, Rue volteó mirarla. Nix le dedicó una mirada significativa en dirección a Finn, caminando un poco más adelante. Oh. Le sorprendió que la twi'lek hubiese sacado tiempo para interesarse en él. Dándoles la espalda, el joven charlaba animadamente con Poe Dameron, quien no dejaba de sonreírle y estrechar su hombro o su brazo cada cierto tiempo. Ella no era una experta en el tema, pero...
- Creo que alguien llegó primero.
Ahora fue Nix quien la miró confundida. Rue le hizo un gesto en dirección a Poe. Consciente o no de ello, Finn parecía disfrutar de la atención del piloto. Tras unos momentos mirándolos, su amiga dejó caer la cabeza hacia adelante.
- Era demasiado bueno para ser cierto –suspiró-. Al menos Finn tiene buen gusto.
- Tú eres más bonita que Poe –replicó Rue, y Nix rodó los ojos.
- No se trata solo de belleza exterior... Pero dilo otra vez, por favor.
- Eres una diosa caminando entre mortales –le dijo, con toda la convicción del universo.
Nix se sonrojó, y Rue rió entre dientes al verla tan cohibida por nada más que la verdad.
- ¿Te sientes segura yendo con Finn tras lo de Tuanul? –le preguntó tras un rato- Sé que no ha de ser fácil. Puedo pedirle a Maz y a Emmie que te acompañen volviendo de Takodana.
Su madre iría pronto a evaluar qué hacer con los restos del castillo, pero en medio de una guerra con la Primera Orden, poco era lo que se podía hacer. Nix negó dando un suave apretón a su brazo.
- Gracias por preguntar, pero estaré bien con Finn. Es un buen chico.
- Lo sé –reconoció ella, encogiéndose de hombros-. Solo quería asegurarme.
- Puedes irte tranquila, Rue. Me alegra que hayas decidido buscar a Skywalker. Te hará bien.
Ella esbozó una debil sonrisa. Eso esperaba, porque no sabía lo que haría si su búsqueda era en vano. No podía quitarse de encima la sensación fría del lado oscuro, débil pero dentro de sí, esperando a su siguiente arranque de frustración. Ahora más que nunca debía ser cuidadosa, estar consciente de sus emociones. Necesitaba calma, y tiempo a solas para volver a ser ella misma.
Se excusó de ir a la ceremonia que se organizaba para despedir a los caídos en batalla, y fue al camarote que les habían asignado terminando la reunión. Dio un hondo suspiro cuando la puerta se cerró a sus espaldas. Arrojó el sable láser sobre una cama, se quitó las botas y comenzó a practicar.
Maz intuyó que su hija seguía abrumada cuando no la vio con Nix y Finn en la ceremonia. Se quedó lo suficiente como para presentar sus respetos a Han y ofrecerle sus condolencias a Leia, y luego fue por Rue, dejando que Emmie asistiese a Chewbacca con los preparativos del Halcón.
La encontró practicando Zama-Shiwo en el camarote, el sable de luz de Skywalker olvidado en un rincón. Maz la conocía lo suficiente como para saber que estaba molesta bajo sus esfuerzos de verse tranquila. Sin intenciones de ponerla a prueba, fue directamente al punto.
- Algo te alteró profundamente luchando con Kylo Ren. Pude sentirlo. ¿Quieres hablar de ello?
Tras una pausa, suspiró y dejó la postura que hacía para sentarse en una cama frente a ella. Se mordió el labio, como debatiéndose en hablar o no. Maz sintió como el mero recuerdo la ponía tensa.
- Te refieres a, además del hecho estar luchando con el bastardo... -vaciló-. Mató a Han. Amenazó con matarlos. Y perdí el control. Puedo manejar mi dolor, pero no el de ustedes.
Se llevó una mano al brazo derecho, vendado con bacta. Maz sospechaba el objetivo de aquello. Rue no estaba, y jamás estaría segura del alcance de Snoke y su ambición. Solo el entrenamiento de Luke podía mantenerla a salvo de las estrategias del lado oscuro. Pero para ello debía comprometerse.
- El dolor es inevitable, Rue. Por eso el camino del Jedi es el desapego –le dijo con suavidad.
- Desapego... -masticó la palabra con el ceño fruncido-. No quiero ser una Jedi, Maz. Recordé como maté a los espías, y estuve a punto de hacérselo a Ren. Él no lo olvidará. Vendrá por mí, y por ustedes...
No dijo nada por un largo rato, pero Maz pudo sentir como la Fuerza se agitaba a su alrededor.
- ¿Qué otra opción tengo si quiero protegerlos? Entrenaré con Skywalker. Pero esa clase de poder...
Rue temía volverse un monstruo, y Maz entendía su miedo. Sus padres la trataron como uno por ser sensible a la Fuerza. Años habían pasado desde que la anciana le mostró que no era así, pero la herida seguía fresca, haciéndola dudar cada vez que su ira sacaba lo peor de ella. Pero incluso así...
- No lo usaste de nuevo –replicó ella-, y eso requiere voluntad. La clase de voluntad que se necesita para traer esperanza a la galaxia. Tal vez conociendo a Luke, lo entiendas mejor.
- Tal vez –suspiró ella, tras un largo y triste silencio-. Supongo que lo sabremos al encontrarlo.
Maz supo que no quería discutir. Pese a su actitud desafiante su madre sabía que ella no disfrutaba peleando. Estaba lejos de ser un monstruo, y esperaba que pronto Rue llegara a la misma conclusión.
Los gritos de su madre lo paralizaron dentro del armario. En medio de la oscuridad, el niño se tapó la boca para que no lo oyeran. Guarda silencio, le había dicho ella, y no importa lo que pase, quédate ahí. Llorando, él obedeció. Sentía frío. Escuchó el sonido de algo grande romperse. Luego escuchó una ráfaga de disparos. Luego, temblando, solo escuchó silencio.
Unos pesados pasos se acercaron hacia donde estaba. Él rabiaba por llamar a su madre, pero ésta le hizo prometer que se portaría bien. El armario se abrió de golpe, cegándolo, y un stormtrooper lo arrastró afuera. Su madre, herida, salió de la casa gritando su nombre. El niño chilló y se retorció en un intento de liberarse y volver con ella, pero un agudo dolor en la nuca hizo que todo se fuera a negro.
El dolor en su pecho era insoportable. Jadeando por aire, abrió los ojos y lo primero que vio fue el inconfundible rostro azul de una pantorana. Tardó unos segundos en recordar que ya no estaba en la base Starkiller. Intentó incorporarse, pero su respiración se cortó debido al ardor en su pecho. Boqueó para llevar aire a sus pulmones, y la suave mano de la joven se posó en su rostro perlado de sudor.
- No te levantes, estás herido –murmuró-. Muy herido. Creímos que no sobrevivirías.
Él la miró por un largo rato, intentando recordar cómo había llegado ahí. Había huído de la Starkiller. Había contactado a la Resistencia en un antro de mala muerte en el bajo Coruscant. Había peleado contra Escuadra Civil, y le habían disparado en el pecho. Se llevó una mano ahí donde improvisó una armadura con los restos de su nave. Solo un idiota recorrería un nido de criminales sin protección.
- Eso fue inteligente –le dijo la pantorana, siguiendo el hilo de sus ideas-. Pero parte del metal se fundió con el disparo y te quemó. Tuve que romperlo para quitártela. No fue bonito.
Cada respiración le costaba horrores. Pero por un retorcido giro del destino, seguía vivo. Los ojos imposiblemente azules de la pantorana lo recorrían con una mezcla de curiosidad y preocupación. Él nunca había visto a una no-humana tan de cerca. Ella también estaba herida, pero pese a su aspecto cansado y desaliñado, no esperaba que fuera tan atractiva.
- Me llamo Quinn –le sonrió con amabilidad-. ¿Cuál es tu nombre?
Él iba a responder con su número de serie, pero recordó lo que había soñado... no. Lo que había recordado. Eso fue real. Él lo había vivido. Los gritos de su madre llamándolo cuando los stormtroopers lo secuestraron y reclutaron. Myca. Su nombre era Myca, y era un desertor de la Primera Orden.
Intentó hablar, pero de él solo brotó un farfulleo incomprensible. Su garganta estaba seca. Quinn le ofreció un poco de agua con una bombilla. Tragar fue un suplicio, pero la sed era más fuerte. Cuando terminó de beber, la puerta a espaldas de la pantorana se abrió de golpe.
- Queenie, tenemos otro –jadeó una toydariana entrada en años casi arrastrando a un humano.
La pantorana se levantó de un salto a ayudarla a tenderlo en un camastro junto al suyo. Mirando a su alrededor, Myca notó que estaba en lo que parecía una enfermería improvisada. El humano a su lado no parecía grave, pero estaba perturbadoramente pálido y temblaba como una hoja.
- ¿Quién es? –preguntó Quinn, mirándolo de pies a cabeza- No parece herido.
- No tengo idea –replicó la toydariana-. Pero es un milagro que haya pasado el bloqueo.
- ¿¡Te has vuelto loca!? –exclamó la pantorana- ¿Y si es un espía?
- Es lo que pensé en un principio –bufó ella, sobándose uno de sus brazos vendados-. Pero no para de repetir que Sun lo ha enviado a cubrir el puesto de Jinx.
Hubo un largo silencio, y miradas que él no comprendió. Jinx era su contacto con la Resistencia. La tensión en la habitación de pronto lo hizo sospechar que el anciano ya no estaba con ellos. Sintió que palidecía. ¿Habría logrado Jinx pasar la información a tiempo? ¿Cuánto tiempo llevaba él ahí...?
- La Starkiller... –graznó, y tuvo un doloroso acceso de tos-. La Nueva República...
Se escucharon disparos afuera, pero la toydariana solo suspiró y cerró la ventana con irritación.
- La Nueva República ha volado en pedazos –le dijo sin anestesia-. Al igual que la Starkiller.
- ¿Qué...? –a su lado, el hombre desconocido parecía a punto de desmayarse- ¿Cómo...?
Mirándolo de reojo le resultaba familiar, pero Myca estaba demasiado cansado como para recordar. No había llegado a tiempo, pensó con amargura. Si bien se alegraba de que el arma ya no existiera, sentía que había fallado. Su sacrificio fue en vano. La Nueva República había sido desintegrada.
- No lo sé –dijo la toydariana-. Pero la Resistencia lanzó un comunicado adjudicándose el golpe.
- Eso significa guerra –murmuró Quinn, sombría-. Otra vez. Debemos hacer algo por ellos, Shi.
- Ellos deberían ayudarnos a nosotros. Ya tenemos suficiente aquí con Escuadra Civil. Y esos bastardos de la Primera Orden, no descansarán hasta tomar el alto Coruscant. Dalo por hecho.
La cabeza de Myca daba vueltas. ¿Cuánto se había perdido desde el tiroteo? ¿Por qué ellas no reaccionaban ante los disparos afuera? Leyendo la confusión en su rostro, Quinn se inclinó sobre él.
- No te preocupes. Estás a salvo. La Primera Orden no tiene poder aquí abajo.
- Para eso tienen a los de Escuadra Civil –bufó Shi, girándose al hombre desconocido-. Pero éste es el que más me preocupa el día de hoy. ¿Cuál es tu nombre? ¿Y cómo fue que esa alborotadora de Sun te hizo venir aquí sin dignarse a mostrar la cara?
Tras una larga pausa, éste tragó saliva y dijo apenas con un hilo de voz:
- Soy un desertor. Por favor. No tengo a donde ir. La chica me dijo que podía trabajar aquí.
Myca se giró a ver al hombre, recordando su propio despertar. Ingenuo como también fue él hasta su primer reacondicionamiento, él se creyó que su actuar en el Borde Exterior se justificaba por un bien mayor. Ahora no dormía por las pesadillas. No entendía por qué el lavado de cerebro no funcionó con él, pero tras horas de tortura optó por fingir que sí. Quizás él no era el único.
Si había un segundo desertor... quizás podrían haber más.
Rue tomó un hondo respiro antes de salir del camarote con su mochila en el hombro. Caminó con paso firme hacia el Halcón. El rumor de su pelea contra Kylo Ren se había expandido rápidamente en la nave, y ahora podía sentir la atención de los rebeldes sobre ella. Ellos ya la veían como a una Jedi.
Apartó la idea de su mente. Ese no era su problema. Se cruzó con Poe en un pasillo, y él le dirigió una sonrisa resplandeciente. Que lejos estaba de las tabernas piratas y los niveles bajos de Coruscant.
- ¿Lista para la gran aventura? –le preguntó con entusiasmo.
Estaba siendo amable, pese a ser un tipo. Todos ahí eran decentes y amables, y a ella le costaba una gran cantidad de energía no estar a la defensiva. Intentó sonreír de vuelta. Realmente lo intentó.
- Estoy gritando por dentro.
- Tan mal, ¿ah? –rió, acomodando su paso al de ella- Es normal estar nerviosa. Yo vomité en mi primera misión. Luego tuve que limpiarlo todo. Confío en que tú lo manejarás mucho mejor.
Rue no sabía si estaba siendo condescendiente o encantador, pero no había engaño en sus ojos. Se encogió de hombros murmurando un débil gracias. Poe la acompañó casi hasta el hangar, llenando todos los vacíos en la conversación. En algún momento del camino, notó que ya no estaba tan tensa.
Maz, Emmie, Finn y Nix la esperaban entre el Halcón y la Reina. Cuando Chewie y R2 llegaron junto a 3PO y la general Organa, Rue se despidió de todos sintiendo un nudo en la garganta.
Nix la abrazó, Finn le dio la mano, y Emmie le dedicó una inclinación con la cabeza. Incluso a ella la extrañaría, pensó con nostalgia. Al llegar el turno de su madre, se acuclilló a abrazarla con fuerza. La anciana acarició su cabeza, murmurando solo para ella:
- No olvides que la luz ya está dentro de ti, Rue. Siempre lo ha estado.
Ella se tragó las lágrimas y asintió con la cabeza. Eran las mismas palabras que la habían llevado de vuelta a Takodana. Y el mismo sentimiento que la había mantenido lejos de caer en la oscuridad.
- Gracias, mamá –susurró antes de dejarla ir. Maz se secó una lágrima cuando se separaron.
Cuando se dirigió a la general Organa, le impresionó que hubiera una multitud formándose en los alrededores, viniendo simplemente a desearles un buen viaje. Tomándola desprevenida, Leia tomó suavemente las manos de Rue en las suyas, sonriendo con cariño. De alguna forma se sentía familiar.
- No competiré con ese abrazo –le dijo, alzando las cejas-. Que la Fuerza te acompañe, Rue.
La chica asintió, devolviendo la sonrisa como mejor pudo. Luego subió con Chewie y R2 al Halcón.
En cuanto el Raddus salió del hiperespacio al verde planeta de Ajan Kloss, el Halcón y la Reina dejaron el hangar tomando cursos separados. R2 le indicó a Rue las coordenadas a ingresar, y cuando los cálculos estuvieron listos, Chewie realizó un nuevo salto. La nave se sacudió ruidosamente, y la chica se erizó aferrándose al tablero.
El wookie le dijo que aquello era normal, que Han jamás lo había arreglado. Luego guardó silencio.
Rue se mordió el labio, evaluando si aquel sería el momento apropiado. Rebuscó en su mochila y le tendió una botella de whisky corelliano que había conseguido con Maz. Chewie la miró de reojo una vez, y luego se giró completamente. Tras un instante, con una gentil inclinación de cabeza, él aceptó.
El wookie tomó la botella con cuidado, pero al abrirla, la tapa cayó al suelo y rodó bajo el tablero. Rue se apresuró a recogerla, pero cuando levantó la mirada al hueco frente a ella, notó que había una nave de juguete enganchada en el cableado. Se la quedó mirando un largo rato. De niña ella también solía esconderse bajo el tablero. Por causas muy diferentes.
Por un escalofriante momento, creyó sentirlo cerca. Pero era imposible. Estaban en el hiperespacio. Al levantarse, tomó la botella que Chewie le ofrecía, y notó que su mano estaba temblando.
- Por Han Solo –susurró, y tomó un largo sorbo para olvidar el frío. Lo estaba sintiendo de nuevo.
Chewbacca le advirtió que se fuera con cuidado con aquel trago. Limpiándose la boca con el dorso de la mano, Rue hizo una mueca. Tenía tolerancia, y los había más fuertes. Cuando sintió que el calor se expandía desde su estómago al resto de su cuerpo, se recargó en la silla mirando al wookie.
- ¿Cómo se conocieron, de todas formas?
Preguntaba porque sentía curiosidad, pero también porque deseaba distraerse de lo que acababa de sentir en la Fuerza. Chewie tomó la botella de nuevo y le dio un sorbo antes de contar que habían escapado juntos de una jaula cuando Han era un cadete imperial en Mimban. Los ojos de Rue se abrieron con sorpresa.
- ¿Han Solo, un desertor imperial? –le quitó la botella a Chewie y volvió a beber- Estoy intrigada. Por favor, continúa.
El wookie dejó escapar una áspera risa y continuó narrando como se habían unido a una banda criminal que se hacía pasar por soldados para luego robar un cargamento de coaxium. Rue apoyó el mentón sobre una de sus manos, escuchando atenta mientras el túnel de luz azul del hiperespacio se extendía frente a ellos.
Sentía la vaga noción de que el túnel la llamaba. El misterioso Luke Skywalker podría encontrarse al terminar el hipervuelo. Entonces tal vez, Rue podría finalmente aprender a controlarse y dejar sus estúpidos arrebatos atrás. Había tomado el sable dos veces en la Starkiller y no se había perdido en la oscuridad. Tal vez Maz tenía razón, y eso significaba algo bueno... Bien podía ser la ebriedad hablando por ella, pero tal vez, estaba empezando a ir en la dirección correcta. Hacia la luz.
