CAPÍTULO XII

Con un estruendoso golpe sobre el elegante escritorio de madera, Albert había dejado caer el reporte del detective, con los movimientos del actor, que le acababa de llegar. Había aprovechado para prescindir de sus servicios. Ya contaba con la información que más le interesaba:

- ¡Maldita sea, Candy no está con él! ¿Dónde diablos se habrá metido? – su mirada era de rabia.

Había llegado la noche anterior a Chicago, en un vuelo privado.

Al pisar la mansión, un aire de nostalgia y melancolía densa le envolvió.

Había soñado durante mucho tiempo regresar al lado de ella. Había dado la orden de que la propiedad estuviera conservada con el estilo que siempre le había caracterizado. Se había logrado hacer de una fiel servidumbre que la habitaba durante el día, y había contratado un jardinero especializado que pudiese preservar el hermoso jardín, especialmente consagrado a cuidar de las Dulce Candy que habían sido sembradas ahí:

- ¡Tenía tantas sorpresas que mostrarte, no te imaginas con que anhelo había cuidado todo esto para ti! Hasta el antiguo orfanato se ha resguardado para que pudieses verlo – sus manos se estrujaron en señal de impotencia - Pero tenía que aparecer de nuevo él en nuestro camino. Ese maldito actor que siempre ha sido sinónimo de desgracias y tú... tú seguramente ya estás con él – se paró frente al portal, mientras el aire movía agresivamente sus cabellos.

Su imponente figura ataviada de negro resaltaba entre las blancas rosas.

Tomó una de ellas entre sus manos y la acarició, imaginando que era el dulce rostro de la rubia. Un cúmulo de emociones y recuerdos desfiló en su mente, iniciando desde aquel hermoso día en que aún siendo un niño le había conocido, mientras ella lloraba en un iluminado claro cerca de ahí. Sus hermosos ojos y su bella cara salpicada de pecas le habían robado el corazón desde entonces.

- Traté de verte como a una amiga especial, sin embargo, al final tuve que aceptar que estaba perdidamente enamorado de ti, más aún después de saber que él se había alejado para siempre de tu vida, a pesar de que le había pedido que te protegiera. Siempre supe que sería una persona especial en tu vida – arrancó la rosa y la pisó - ¡Maldita sea la hora en que tuviste que conocerlo! ¡Nunca le perdonaré todo el sufrimiento que te hizo pasar! Ahora, seguramente ya lo habrás visto, o irremediablemente lo harás. Ustedes siempre han tenido que cruzar sus caminos bajo cualquier circunstancia – recorrió el enorme jardín bajo la claridad de la luna.

Llegó a la entrada del portal y se dirigió al mausoleo familiar.

Ahí estaban los restos de la familia a la que había representado dignamente a lo largo de tantos años. Había mandado a retocar los cuadros con las imágenes de cada uno de sus miembros, reservando a aquellos que había considerado más especiales, tanto en la vida de Candy como en la suya: la Tía Abuela, George, Archie, Stear, Annie, Anthony, Pauna. Lágrimas negras corrían por su rostro rememorándolos.

Salió del lugar y se dirigió a su enorme biblioteca, mientras veía su reloj.

No tardaría en llegar Gath a explicarle el movimiento que se debía realizar para poder acabar con el odiado actor. Necesitaba algo muy bien planeado para no llamar la atención.

Se sentó frente al escritorio cuando de repente llamaron a la puerta. Dio la orden de que entraran:

- Buenas noches. Espero que pueda hoy mostrarme lo que tiene pensado hacer – le indicó Albert mientras le invitaba a sentarse.

- Seguro que le agradará lo que vengo a proponerle – su torcida sonrisa mostró unos dientes podridos.

El rubio se sintió demasiado bien al saber que pronto iniciaría la manera de deshacerse de su molesto adversario. De repente, una súbita idea llegó a su mente. Su semblante se tensó.

Escuchó al hombre.


Elisha se encontraba con su amiga en uno de los centros comerciales de Nueva York.

Le había invitado a pasar la tarde junto a él, ya que tenían tanto tiempo de no verse, después de haber estrechado su amistad en Suiza. La correspondencia era por correo normal y electrónico:

- ¡Me da tanto gusto verte de nuevo! – le dijo mientras daba un sorbo a su bebida.

- A mí también. No sabes que felicidad de saber que te quedarás un tiempo aquí. A veces me siento sola, sabes… – le confió mientras su mirada se perdía entre la gente que le rodeaba.

- ¿Por qué no has podido conocer a alguien realmente interesante? – preguntó mientras la observaba con ternura.

- No han sido lo suficientemente confiables en mi opinión. Me da miedo que un día se den cuenta de lo que puedo hacer y no quisiera sufrir un problema fuerte por los efectos de la incredulidad – explicó un poco pensativa.

- ¿Y qué de ese singular actor? Recuerdo cuando le conocí hacía tiempo en la oficina de Ethan. Sinceramente, en un principio le odié por su actitud tan presuntuosa y arrogante, aunque después descubrí que era un gran ser humano. Tampoco muy sociable que digamos – analizó la reacción de su amiga.

- Tienes razón. Es realmente pedante y soberbio. Dan ganas de desaparecerlo en ese instante. Sabes, te voy a confesar algo, pero no comentes nada a nadie. La noche en que lo conocí, estaba llorando. Tengo la impresión de que sufre mucho y por eso me acerqué. Ya sabrás el recibimiento tan respetuoso que me dio – tomó un poco de soda y sonrió.

- Entiendo. No le conozco mucho en ese aspecto. Siempre ha sido hermético y reservado, aunque sé por ahí que tuvo una tragedia muy fuerte en su vida personal. Nunca supe bien lo que le pasó. Te recomiendo andar con cautela, cuando hables con él – le aconsejó sutilmente.

- ¡Vaya! Creo que ya es tarde. De entrometida y fisgona no me baja, además, ahora resulta que se ofende porque no le digo qué hago en realidad, ni le doy más información de mí. Es raro, ¿no crees? – frunció la nariz en señal de confusión.

- ¡Jajaja! Ese Terry siempre ha sido así. Malhumorado y serio, pero no creas, si te ha molestado por eso es porque seguro tiene algún tipo de interés – vio que su amiga le miraba incrédula.

- ¿Interés de qué? Creo que ya le gustó estarme molestando. Nikolas es todo lo contrario a él. Demasiado caballeroso y respetuoso – recordó al apuesto hombre que le había presentado.

- Ahí si te doy la razón. A pesar de ser también bastante reservado, es mucho más atento que Terry – afirmó Elisha.

Pagaron la cuenta del lugar y salieron a caminar por el inmenso lugar.

Veían boutiques y tiendas sin preferencia, mientras platicaban de todo lo que les había sucedido durante el tiempo que no se habían visto.

- Te aviso que este sábado habrá fiesta en casa de Alyssa. Melina me ha confirmado que se juntarán para recordar viejos tiempos. Seguro ahí estarán tus nuevos amigos. Tengo tantas ganas de ver la cara que pongan cuando te vean ahí – su amigo rió solo de imaginarlo.

- ¿Acaso me han invitado también? – conocía a los demás por referencia, incluyendo a Ethan y Alyssa.

- ¡Por supuesto! Verás que pasaremos un buen rato. Así que debes pedir permiso en tu trabajo y pasaré a recogerte a tu casa – le propuso mientras se asomaban a una vitrina de libros.

- ¿Es algo formal?, ya sabes, por la vestimenta –inquirió la chica.

- Lo normal. Alyssa es muy flexible en ese aspecto, aunque siempre ha sido una mujer muy elegante. Como sea, ahí nos veremos – la tomó del brazo y prosiguieron con su paseo.

- Está bien. Alexander comprenderá. Nunca he tenido problemas con el trabajo. Así que ahí estaré – se asomó hacia una boutique de zapatos.

- ¡Ay, mujeres! – rió Elisha de buena gana, mientras su amiga le daba un leve codazo.

Se separaron para proseguir con sus actividades personales.


Después de ese encuentro con Terry, Candy no había vuelto a verlo desde entonces. Nikolas había esquivado hábilmente al actor cuando este le insistía nuevamente sobre ella. No cedió ante sus preguntas. Hasta ese momento no se había topado con el joven.

La rubia sintió que le amaba ahora más que nunca.

Era el mismo de siempre.

Su cara, su cabello, sus hermosos ojos, todo lo que era él le había perturbado enormemente. No había momento en que no recordara esos únicos encuentros íntimos que habían tenido hacía tanto tiempo:

- Aisha... ¿cómo será? No la odio, ni le deseo mal, sin embargo, no soportaría que tuviera su atención ¡no! – estrujó el cojín de la confortable sala.

- ¡Terry! ¡No sabes cuánto me has hecho falta! – su rostro estaba lleno de lágrimas.

Se tranquilizó y decidió salir a caminar un momento.

Recordó súbitamente que había enviado a arreglar la tumba y quería ver si efectivamente se había hecho el trabajo. Arregló su disfraz y salió apresuradamente hacia el panteón.

En cuanto el taxi la dejó en la entrada, fue en busca del señor. Al verla, le dijo que su encargó ya estaba hecho.

Le dejó pasar.

Candy caminó rápidamente entre las numerosas tumbas y casi grita al ver al inglés frente a su tumba. Haciendo uso de su sangre, logró pasar desapercibida, mientras le miraba desde un lugar escondido.

El joven actor miraba con incredulidad su tumba. Su rostro se mostraba contrariado.

Se quedó preocupada:

- ¡Cielos! Espero que no haya ido con el señor. Tengo que preguntarle – regresó inmediatamente hacia donde se encontraba el velador. Este negó que alguien le hubiese pedido información y la miró extrañado cuando le dijo que si había visto llegar a alguien antes que ella. Comprendió que Terry había pasado desapercibido.

Regresó hacia el lugar y le observó desde lejos.

El joven lloraba amargamente mientras movía la cabeza en señal de confusión. Alcanzaba a escucharle desde su escondite:

- ¡Madre, cómo te echo de menos! – decía mientras limpiaba sus mejillas y su mirada se encendía de rabia. La chica se quedó cerca del lugar. Necesitaba escucharle – encontraré al maldito que ha enviado a arreglar mi tumba. Esto es de muy mal gusto, ¡y no se lo perdonaré! – se sintió peor al escuchar eso. Tenía tantas ganas de ir a abrazarle y decirle que era ella y que le seguía amando. Pero, ¿cómo?

La joven le siguió observando por un largo rato.

Después de permanecer en silencio, Terry se retiró sigilosamente. Ella esperó hasta cerciorarse que se había ido y salió de su escondite. Se prometió regresar otro día para no ocasionar problemas. No tendría explicaciones por si Terry regresaba y la encontraba ahí.

Salió hacia la avenida nuevamente y caminó sin rumbo. Llegó a una avenida enorme llena de gente. Trató de confundirse y decidió distraerse mirando escaparates. Nueva York nunca dormía.

Mientras iba sumida en sus pensamientos, alguien la jaló de un brazo.

La chica dio un brinco del miedo, pensando que Albert la había encontrado. Grande fue su sorpresa al ver que Terry la miraba fijamente. La ojiverde palideció aún más. Menos mal que llevaba el disfraz.

El aristócrata le habló:

- Hola, Irina. Es una gran coincidencia encontrarse contigo – le dijo irónico Terry. No había ya rastros de esa tristeza que acababa de ver en su rostro, momentos antes.

- Hola, Terrence. No entiendo a qué te refieres – moduló su voz para que no la reconociera. Nikolas no estaba ahí para apoyarla.

- ¿Tienes algún plan para esta noche? – le preguntó con demasiado interés. Su mirada la traspasaba.

- No. Sólo quería caminar – logró transmitir una tranquilidad total.

- Pues caminemos juntos – le ofreció su brazo y Candy sintió que el pasado regresaba a ella. Nueva York era otro lugar. Se sumieron en un profundo silencio, que daba a entender que las palabras no eran necesarias. Igual que antes.

- Es curioso. Tengo la sensación de que te he visto en otro lado – le comentó Terry.

- Lo dudo mucho. Quizá me confundes con alguien más – no lo volteó a ver. Se soltó del brazo.

- Puede ser. ¿Y tú si podrías hablarme más de ti? Porque Nikolas no ha querido decirme nada de ti – Terry paró de repente y la miró fijamente a los ojos.

- No es nada que sea de tu incumbencia. Mi vida ha sido algo difícil y no me gusta hablar de ella, te pido entiendas – su respuesta dejó en claro al actor que no tenía por qué indagar en su vida.

- Tienes razón. Te pido una disculpa por mi intromisión. Es solo que, Nikolas nunca me había presentado a alguna amiga suya. Pero me queda claro. No volveré a hacer preguntas – siguieron caminando. Llegaron a una parte del Central Park.

- ¿Y qué acerca de ti? La verdad que me ha interesado conocer a la chica que te atrae – tuvo que reprimir sus celos.

- Aisha es una mujer increíble. Tienes razón. Es muy especial, y nos hemos llevado muy bien, a pesar de que es un poco entrometida – le contó en términos generales acerca de la chica, sin entrar en demasiados detalles.

- ¿Y Nikolas y tú no tienen algo que ver? – su pregunta contrarió a Candy, sin embargo, soltó una risa divertida. Le dejaría con la duda.

- Nikolas y yo compartimos muchas cosas en el pasado – su mirada volvió al lago.

- ¿Eso qué significa? – preguntó intrigado el actor.

- Hace mucho tiempo nos encontrábamos muy unidos por circunstancias comunes pero a la vez muy bellas – estaba divertida ante la reacción seria del ojiazul.

- ¿O sea, que finalmente si tuvieron una relación? – Terry la observaba fijamente.

- Una muy estrecha – Candy cortó el tema.

- Entiendo. Veo que ambos no profundizarán más en eso, no volveré a insistir en el tema. Nuevamente te pido una disculpa – en un acto reflejo, Terry se acercó a ella y tomó su mano. Ella no la retiró.

Se quedaron en silencio inmersos en la vista que les daba el lago.

Después, se sentaron sobre el césped y sin platicar, aquellos dos seres, se estaban comunicando emociones hacía tanto tiempo guardadas. Los dos se sintieron en plena confianza y sobre todo, compartiendo ese momento único. No supieron explicarse por qué.

La pareja regresó del mágico momento y se despidieron con la promesa de volverse a encontrar. Candy rechazó que el chico la llevara al lugar donde residía.

Terry entendió.

Después de decenas de años, aquellos dos antiguos enamorados se volvían a encontrar, pero ahora, completamente diferentes.

Cuando la rubia regresó a su morada, la imagen de Albert regresó a su mente y la angustia regresó:

- Debo cuidarte mi amor. Aunque tenga que vivir sabiéndote de otra. Velaré por ti – pensó ya en su recámara, antes de dormir. Los celos se habían instalado ahí desde que Terry había mencionado a la chica.

No imaginaba que en su misma situación se encontraba el actor, en su refugio:

- ¿Por qué siento celos de mi mejor amigo? ¡Cielos! Nunca la había visto y no puedo tolerar que siquiera piense en él – recordó la noche en que habían salido y Nikolas había tomado su mano.

- ¿Quién eres, Irina?, solamente con alguien he podido sentir todas esas sensaciones – pensando en Candy, se durmió.


La noche estaba ya muy entrada y Aisha casi terminaba su turno en la biblioteca donde trabajaba.

El edificio en el que se encontraba era antiguo y lo estaban renovando, por lo que se podían distinguir los andamios y escaleras que usaba el personal de construcción para tal fin.

Se despidió de un compañero suyo y tomó su pequeña mochila con sus cosas personales. Salió hacia el pasillo y se dirigió a la vieja puerta de salida. Mientras caminaba, tuvo la impresión de que alguien le seguía. Volteó cuidadosamente a su alrededor y no vio nada. Siguió caminando hasta llegar a la calle. Nuevamente, tuvo la sensación de que seguían sus pasos.

La joven fingió que no se había dado cuenta y dobló en una calle que no estaba muy iluminada. Sabía que lo que le seguía era algo sobrenatural y estaba preparada para confrontarlo.

Al llegar al final de la calle volteó, escudriñando en la oscuridad mientras esperaba que su molesto acompañante apareciera:

- ¿Qué quieres? – preguntó la chica desafiante. Adoptó una posición defensiva.

Una sombra borrosa intentó tomarla por sorpresa, sin éxito.

La joven había desaparecido. La figura tomó forma. Un apuesto joven ojiazul y de cabellos castaños la estaba buscando:

- ¿Qué pensabas hacer, Terrence? – la voz de la chica se oyó detrás de él. Estaba sobre un auto.

- Vaya que eres demasiado sensitiva – le respondió el joven mientras se acercaba lentamente a ella.

- Te sentí desde que salía de la biblioteca. No indagaré sobre la persona que te dijo dónde trabajaba – respondió molesta la muchacha.

- ¿Cómo estás? La verdad, quería invitarte a salir – le respondió de manera demasiado seductora. La joven se rió por eso, olvidando su mal humor.

- ¿Ahora que te pasa?, ¿también te has vuelto un entrometido? – bajó del auto y caminó de nuevo hacia la salida de la calle, dando a entender que no tenía ganas de pelear. Las heladas manos del inglés en sus hombros la detuvieron.

- No quiero que pienses que soy así. Es decir, nunca ha sido mi intención insultarte ni ofenderte. Vengo en son de paz – vio que la joven maga se volteaba a verlo, con cara de sorpresa.

- ¿Y eso significa que te estás redimiendo, o es un remordimiento de conciencia, o quizá el simple gusto de seguir molestando? – su semblante era de cansancio. Soltó suavemente sus hombros.

- Digamos que... quiero conocerte más, porque me interesaría saber más de tan bella mujer – la declaración tan directa le hizo abrir los ojos en señal de extrañeza. "¿Enloquecerá un vampiro?" se prometió preguntarle a Elisha la próxima vez.

- ¡Vaya! No sé qué responderte... primero me insultas y ahora quieres conocerme... ¿qué te traes entre manos? – le preguntó con voz aparentemente grave. Intuyó que había algo raro detrás de su actitud.

- Sé que mi comportamiento no ha sido el correcto, pero también creo que en el fondo eres una gran persona. Te doy mi palabra de que mis intenciones son sinceras – le hizo una leve reverencia y la joven soltó la carcajada.

- No tienes que hacer tanto teatro. Me intriga tu repentino interés, y te agradezco el detalle. Pero por favor, no vuelvas a hacer eso – y volvió a romper en carcajadas ante la mirada confusa del actor.

- ¿Ahora te doy risa? Pero, si todo ha sido en serio. Te he dado mi palabra de que soy sincero. Debes creerme. Las clases de civilización siguen pendientes – sonrió divertido.

- ¡Pero qué plebeya soy!, por favor, Su Majestad, ¡eduque a esta humilde mujer sin clase! – inclinó la cabeza y rompió en risas de nuevo.

- ¡No tienes remedio! Te invito a cenar algo – le dio su brazo y se dirigieron a un restaurante cercano.

La chica comió con demasiado apetito ante la vista burlona de Terrence, quien decidió esperar a que terminara:

- Los platos no se comen – le señaló el suyo vacío, mientras la joven le fulminaba con la vista.

- Tenía mucha hambre. ¿Hasta para eso debo tener clase y estilo, según tú? – le preguntó mordazmente.

- Por supuesto, querida rebelde. Hay que saber guardar la compostura. Por cierto, el próximo sábado me gustaría invitarte a una pequeña reunión con algunas amistades – interrumpió lo que decía al ver que la joven comenzaba a toser repentinamente.

- ¿Estás bien? – la miró con preocupación.

- Lo siento. Bebí demasiado aprisa. ¿Decías de una reunión? – pensó en su amigo.

- Así es. ¿Te gustaría ir conmigo? – su voz llevaba una sutil nota de galantería. La chica no le hizo caso.

- Está bien. Acepto salir contigo – su mente trabajó a mil por hora.

De regreso, mientras iban en el auto del actor, Terry le preguntó dónde vivía:

- Te iré a dejar a tu casa – analizó cuidadosamente la reacción de la joven.

- Puedes dejarme por aquí cerca. De hecho, quiero ir al Central Park – el actor frunció el seño.

- Es muy tarde. Deberías ir directo a casa. Te expones mucho al andar ahí – la joven le miró divertida. Sería una pérdida de tiempo discutir con él.

Llegaron a un conjunto de edificios sencillos.

El lugar no era lujoso ni ostentoso, denotando que en su mayoría era gente de clase media. Terry la acompañó hasta la entrada de su departamento:

- ¿Ya estás tranquilo?, ¿tu curiosidad se satisfizo? – preguntó irónicamente la chica.

- Sólo quería comprobar que vives en un lugar común y corriente. Llegué a pensar que quizás vivías en una cueva o en la calle, o tal vez, dentro de una botella – respondió con su típica risa.

- ¡Qué chistoso! – Aisha le hizo una mueca de enojo, y el actor más se rió.

- Me retiro. La veré entonces aquí mismo para llevarla a la fiesta – se despidió nuevamente con una leve reverencia, esta vez sin quitarle la mirada de encima.

- ¡Me enervas, Terrence, hasta luego! – la chica abrió la puerta y se introdujo sin voltear a verlo.

El inglés regresó con semblante dubitativo a su auto.

Sabía que había llamado la atención de Irina y pudo notar que los celos y la tristeza se habían reflejado en su mirada, cuando le habló de su amiga, decidiendo seguir con la táctica. Solo esperaba que Aisha no se diera cuenta del juego, a su juicio, inocente.

No se perdonaría que la joven sufriera por su culpa.


La ciudad de Nueva York lucía realmente hermosa, meses antes de que arribara el invierno. Las luces brillantes de los edificios y el toque de modernidad tan característico habían dejado pensativo al hombre que se encontraba esa noche en el mirador del Empire Sate Building.

Su mirada estaba perdida en el horizonte.

- ¿Por qué todo se tuvo que desarrollar aquí? A pesar de tu magnificencia, tu recuerdo duele, por el simple hecho de saber que aquí se encuentra el objeto de mi infelicidad – pensó mientras la gente que le rodeaba, parecía no notar su presencia.

Acababa de llegar procedente de Chicago esa tarde.

Se encontraba instalado en el penthouse del hotel italiano. Iba vestido elegantemente, aunque sus cabellos lucían más cortos y eran de color oscuro. Lo había teñido. Sus ojos eran negros y llevaba unas gafas opacas, disimulando una leve miopía. Había cambiado un poco su apariencia para evitar que le reconocieran.

Había hablado con Gath noches antes y le había escuchado atentamente sobre el plan para asesinar al antiguo actor. Le había llamado la atención, pero, antes de iniciar con cualquier ataque, quería comprobar él mismo que efectivamente Terry seguía solo. No había tenido noticia alguna del paradero de Candy desde que había desaparecido.

Leyó nuevamente los datos del actor y su semblante se oscureció:

- ¡Maldito! ¡No tolero el simple hecho de tener que cruzarme en tu detestable camino! – expresó con fiereza para sí - Iré después a Nueva Jersey, hoy aprovecharé para pasear por la ciudad. ¡No pierdo la esperanza de topar a esa traidora! – recordó nuevamente a la rubia - Al parecer Terry se mueve mucho por esta ciudad también. El reporte habla de la amistad con esa humana. Quizá podría darle una visita especial – su mirada brilló enigmáticamente.

Salió rápidamente del edificio y se dirigió a su auto. Sabía que trabajaba como mesera en un café.

Llegó inmediatamente al lugar y esperó a que la joven saliera del mismo. Confió en que lo haría pronto. Permanecería aparcado en un lugar cercano mientras se ocultaba entre las sombras, pasando desapercibido.

Mientras esperaba a que la gente saliera del lugar, vio que aparecía una pareja bastante peculiar, rodeada de otras personas. Por su naturaleza, podía ver el aura de personajes sobrenaturales, y la de aquel hombre y aquella mujer que iban saliendo del local, eran demasiado brillantes.

- Magia. Son magos… – pensó Albert mientras les veía conversar con otro grupo de gente.

Se concentró nuevamente en la pareja y de repente vio que la chica volteaba hacia donde él se encontraba. Su compañero también había hecho lo mismo. Pudo observarles mejor. Ella era muy atractiva y el joven parecía ser judío. Sus rasgos eran demasiado típicos, además de que llevaba el tradicional kipá en su cabeza. Se escondió más. Afortunadamente para él, el grupo de gente con el que se encontraban les seguía conversando.

- Debo buscar la manera de salir. Me han sentido. Pero, ¿qué diablos?, ¿quiénes son? – se preguntó intrigado mientras trataba de huir del lugar. Los jóvenes volteaban insistentemente hacia donde él estaba y éste no quería dar a conocer su presencia.

Aprovechó un momento de distracción en que la pareja se iba con los demás para moverse anormalmente hasta su automóvil. Siguió observando por el retrovisor y vio que la pareja tomaba camino para el lado contrario a donde él se encontraba, sin embargo, insistiendo en voltear hacia el lugar, donde instantes antes, se encontraba él.

Dio un manotazo molesto al volante:

- ¡Maldita sea, he llamado la atención! No sabía que hasta en estos lugares corrientes tendría que encontrarme seres anormales. Encima, no pude ver a la chica – encendió su auto y se perdió en la oscuridad. Prometió ser más cuidadoso.

Mientras tanto Aisha y Elisha se veían confundidos por lo que acababan de sentir:

- ¿Quién sería? – preguntó Aisha inquieta.

- No tengo la menor idea, pero era un vampiro. Lástima que Melina no estaba aquí; ella podría habernos dicho si era antiguo o no. Tiene esa habilidad – se lamentó el chico.

- Debemos tener cuidado. No es normal que anden rondando así como así. Tengo mucho tiempo trabajando aquí y es la primera vez que siento esto. Algo nos está acechando – la joven tomó el brazo de su amigo y se dirigieron rápidamente hacia el departamento del chico.

- Nos quedaremos aquí los dos. No dudo que haya ido por ti. Trabajas ahí y yo no creo en las casualidades – le comentó con suma desconfianza Elisha.

- Tienes toda la razón. Tendré que tomar mis precauciones – sonrió mientras Elisha asentía con la cabeza. Ambos poseían capacidades especiales. En Suiza las habían perfeccionado.

Se sonrieron mutuamente y se dirigieron al hogar del judío. Resolvieron comentarlo con Melina tan pronto como la vieran.


Candy y Nikolas se encontraban esa noche en el departamento de la joven.

Le había citado para comentarle del peculiar encuentro que había tenido esa noche con Terry, cuando visitaban el cementerio, cada uno por su lado:

- Debes evitar todo contacto personal por ahora con él. Terry es bastante perspicaz y no parará hasta conseguir sacarte más información. Creo que su impresión no sería la más respetuosa si supiera la verdad, ¿no crees? – le preguntó con voz seria.

- No se me había ocurrido que visitaría la tumba de su madre tan pronto. Estoy consciente de que fue una imprudencia de mi parte – la chica bajó la mirada.

- No es tan malo, pero, por ahora, evita recurrir a cualquier lugar que te traiga recuerdos de aquella época, porque él también los sigue frecuentando, además, es muy seguro que Albert ande tras los pasos de ambos. Eso es lo más importante ahora y no debes olvidarlo en ningún momento – le recordó con cierto reproche. La mujer decidió ignorar su tono.

- Tienes razón. Me da miedo imaginar el momento en que se entere que soy yo. Por ahora he decidido darle a entender que tú y yo fuimos amigos muy cercanos. Puedo sentir que está celoso por eso. Además, está esa chica – el matiz de celos se asomó al hablar. Nikolas sonrió sutilmente. Sabía la verdad.

- Candy, el próximo sábado tendremos una fiesta en casa de Alyssa. Te ha extendido la invitación y nos reencontraremos con viejas amistades. Terry estará ahí... con ella. Me lo ha dicho – analizó su reacción.

- Yo... no quisiera ir... no tengo ánimos de hacerlo – el hombre la interrumpió, mientras se sentaba a su lado y tomaba su mano. La consideraba una mujer realmente hermosa, sin embargo, respetaba el dominio de su amigo.

- No te preocupes. Estarás todo el tiempo conmigo y me encargaré de que Terry no te moleste. Evita en lo posible demostrar cualquier reacción ante lo que haga. Aisha tiene una manera peculiar de llevarse con él y créeme, ahí te darás cuenta – le explicó enigmáticamente.

- ¿Qué quieres decir? – la chica se quedó confundida.

- No deberías sentirse angustiada por todo esto. Solo eso. Te invito a salir, ¿qué te parece? – se incorporó de su asiento y le extendió la mano.

- Acepto. Me siento muy bien contigo. Ahora entiendo porque Terry te considera un gran amigo. ¡Eres una persona grandiosa! – le sonrió sinceramente y su mirada esmeralda brilló, lo que Nikolas encontró admirable.

Mientras iban en el auto hacia una de las zonas más transitadas de Nueva York, la Quinta Avenida, Candy volvió a perderse en antiguos recuerdos. Nikolas no pasó por alto la expresión de añoranza de la joven.

En cuanto se encontraban caminando por la enorme avenida, ambos se habían tomado del brazo, como si fuesen una pareja común y corriente. Iban conversando animadamente, perdiéndose entre la gente.

Un misterioso hombre les seguía a una distancia prudente.

Su mirada azul había podido sentir a aquella pareja de no muertos. La fuerza de su sangre la hacía pasar desapercibido tanto a ojos de mortales como de vampiros menos poderosos que él.

Marcus era uno de muchos siglos de antigüedad.

Su atención fue atraída poderosamente hacia esa pareja.

No sabía por qué, pero tenía un presentimiento demasiado fuerte desde que había visto a la chica, aunque no podía distinguir bien sus rasgos, debido a la distancia:

- ¿Quiénes serán ellos? – pensó mientras les seguía.

De repente detuvo su andar.

Al otro lado de la acera se percató que otro personaje seguía a la misma pareja. Su semblante se torció en un gesto de sorpresa y furia al reconocerlo. Era el inglés que les miraba con demasiado recelo:

- ¡Pero qué maldita sorpresa, por fin, después de tanto tiempo vuelvo a verte bastardo! – pensó con coraje mientras seguía sus pasos de cerca. Terry ya se encontraba con ellos - Esto se pone demasiado interesante. Estás solo. Eso significa que no la has visto... aún... – sus labios esbozaron una tétrica sonrisa.

Decidió seguirles el camino, al ver que Terry conversaba con ellos. No pasó inadvertido ante sus ojos, la mirada de sorpresa de la chica. Su semblante se contrajo en una mueca perversa.

Les siguió el paso.


Terry había decidido en un principio no volver a indagar sobre el pasado de Nikolas y su peculiar amistad. Sin embargo, después de esa noche en que habían estado juntos, una fuerte sensación de familiaridad se había instalado en su mente. Sabía que la había visto antes, pero no atinaba a recordar en qué parte. No había pasado por alto la mirada de la joven cuando le había hablado Nikolas de Aisha. Esperaba averiguar más sobre eso, en la reunión de Alyssa.

Se había decidido a ver un espectáculo esa noche en Broadway.

Aprovechó para poder caminar un poco más antes de llegar al teatro, mientras observaba a la gente en su interminable ir y venir por la Quinta Avenida. Sin poder evitarlo, pudo reconocer a Nikolas y su amiga, quienes caminaban del brazo al lado opuesto donde él se encontraba.

- ¡Vaya! Esto si que es una casualidad. Van del brazo... como si fueran cualquier pareja – el actor no pudo evitar hacerles este comentario, mientras se plantaba frente a ellos. Los celos le habían invadido.

- ¿Cuál es tu problema? – preguntó Nikolas con cierta molestia. Candy se había quedado callada.

- Ahora veo que ustedes tienen algo que ver. Yo creo que deberías ser sincero conmigo y decirme qué es lo que se traen. Creí que entre nosotros no habría secretos – le recalcó con cierto todo de decepción Terry. La chica tuvo que hacer un esfuerzo por no aparentar tristeza.

- Creo que malinterpretas la situación. Sólo hemos salido a caminar y no veo nada de malo en que me tome el brazo – el hombre no fue más allá de su explicación.

- Pues ahora veo que es muy dada a demostrar su "cariño" efusivamente, porque esa noche, pude tomar su mano y tampoco la retiró ¿No es así, Irina? – le preguntó con sarcasmo y enojo Terry. La rubia se indignó.

- Creo que no tienes ningún derecho de juzgarme tan a la ligera Terrence. Solo fue una simple muestra de cariño bien intencionado, si no lo viste así, ¡pues qué lástima, creí que tenías más criterio! – le espetó mientras su mirada se volvía glacial. El actor se sintió incómodo pero no lo expresó.

- Tienen razón. No debería siquiera molestarme en estarles comentando mis impresiones. Que sigan disfrutando su velada – Terry dio la media vuelta pero la voz de Nikolas le detuvo. La rubia sentía unas infinitas ganas de llorar, pero se contuvo.

- ¡Te pido de favor te disculpes ante Irina! Creo que no merece escuchar este tipo de comentarios de tu parte, Terrence – exigió Nikolas ante un sorprendido Terry, puesto que le había llamado por su nombre completo. Su amigo estaba realmente molesto.

- Yo... no tengo por qué hacerlo. Ustedes no han querido ser sinceros conmigo. Considero fuera de lugar tu petición. No la he ofendido en nada – su mirada azul se tornó fría y severa.

- Por favor, él tiene razón. No me ha ofendido. Es decepcionante saber que no pueda entender nuestras razones personales para reservarnos lo que hemos vivido. Yo al menos, no he intentado siquiera indagar sobre lo que te tiene tan triste. Tu mirada lo expresa sin que puedas evitarlo – Candy se sorprendió por lo que acababa de decir y sintió como el inglés bajaba la actitud ofensiva, quedando consternado.

- ¿Qué has dicho?, ¿tristeza yo?, ¿qué es lo que te hace pensar eso? – se acercó desafiante a ella y Nikolas los separó.

- Por favor, podríamos hablar en otro lugar. No debemos llamar la atención. Les recuerdo que estamos en una avenida enorme – el hombre les hizo una seña del lugar donde se encontraban, aunque no le preocupaba demasiado, puesto que era difícil que un ser humano común y corriente les pusiera atención.

Se desviaron hacia una calle más tranquila y menos transitada.

No sintieron que alguien más seguía sus pasos.

Albert disfrutaba como nunca lo que estaba viendo. Esa mujer le interesaba a Terry y debía saber por qué. No podía creer que la suerte estuviese a su favor justo en ese momento. Les vio llegar hasta el auto del hombre que acompañaba a la joven y partir hasta perderse.

- Así que esas tenemos... ¿quién será esa mujer? No pude definir bien el contorno de su rostro, pero ya lo investigaré – retomó el camino que llevaba y se volvió a confundir entre la gente de la colmada avenida más famosa de Nueva York.

Mientras tanto, en el auto el silencio se había tornado demasiado incómodo.

Nikolas conducía y Candy aparentaba indiferencia ante las insistentes miradas del inglés sobre ella.

- ¿A dónde vamos? – preguntó la joven a Nikolas para deshacer la tensa situación de saberse observada por el actor.

- Creo que sería conveniente descansar por ahora. Iremos a dejar a Terry a su auto. ¿Me indicas donde lo dejaste? – le preguntó sin voltear a mirarlo.

- ¡Vaya! Veo que realmente perturbo su "mágica relación". Pueden dejarme aquí. No necesito que se molesten por mí. ¡Haz favor de parar! – pidió con tono desazonado.

- Si eso es lo que quieres, aquí te dejaré – Nikolas logró aparcar un poco después y le despidió de manera cortante. No toleraba la actitud de su amigo cuando se ponía así. Habían cosas más urgentes que arreglar y ni siquiera imaginaba que su vida estaba de por medio.

El ojiazul ni siquiera volteó a mirarles.

Estaba decepcionado por el repentino cambio de Nikolas.

Desde que su misteriosa amiga había aparecido, su forma de ser había cambiado completamente. No podía creer que lo hubiese tratado así frente a ella. Sin embargo, reconoció que la chica había alterado también su existencia.

- ¿Por qué reacciono así ante esa desconocida? – se dirigió de regreso a buscar su automóvil.

Mientras se alejaba en busca de su morada, viejos sentimientos le llegaron de golpe. No los tenía desde que había estado con su amada pecosa. Su mirada se ensombreció.

- Buscaré la manera de saber quién eres realmente – se perdió en la oscuridad.


Alyssa se encontraba dando los últimos detalles para su ansiada reunión, programada para ese sábado. Dispuso un amplio salón ubicado en el edificio que albergaba las oficinas generales de su emporio.

Había dado estrictas órdenes de que se redoblara la vigilancia en los alrededores del edificio. Sabía que el adversario del actor era un hombre de un enorme poder económico y se esperaba cualquier intento de ataque, sin importarle la vida de otras personas que estuviesen cerca de él:

- Kevin, ¿no has notado algo sospechoso cerca? – le habló a su celular.

- No Alyssa. Los hombres siguen atentos y no han habidos movimientos o incidentes de cuidado – la tranquilidad de su voz hizo que la empresaria confiara plenamente en que pasarían una buena velada.

- Mantenme al tanto de cualquier cosa que pueda suceder. Me despido – cortó mientras acomodaba una de las charolas con comida. Habrían algunos humanos en la velada.

El timbre sonó, lo que le indicaba que ya comenzarían a llegar los asistentes.

El primero en llegar fue Makish, un monumental hombre de casi dos metros de altura y de piel oscura. Su origen era asiático y era un vampiro demasiado diestro en el arte de las espadas. Después aparecieron Melina y Elisha.

- ¡Qué agradable sorpresa, tanto tiempo de no verlos! – les abrazó efusivamente.

- Hola, Alyssa. Tienes razón. Ha pasado mucho tiempo desde aquella última vez que estuvimos juntos – dijo Melina al momento que su mirada brillaba. La mujer entendió el mensaje. Había sido una aventura demasiado cruenta.

- ¡Mucho gusto en verte de nuevo! – la voz del tímido judío les interrumpió.

- ¿Y tu amiga a la que tengo tanto tiempo queriendo conocer, Elisha? Reuben me ha comentado que fueron excelentes alumnos. Imagino lo que han aprendido – le dio una palmada leve en el hombro.

- Vendrá en un rato más. Para mi sorpresa, también ha sido invitada por otro asistente demasiado peculiar. Me encantará ver su cara cuando sepa que nos conocemos – su risa fue contenida por un gesto de Melina. Alyssa se había quedado boquiabierta.

- Interesante – enarcó la ceja.

Alyssa se encontraba platicando animadamente con sus recién llegados invitados y el timbre sonó nuevamente.

Eran Candy y Nikolas. La mujer los saludó cortésmente:

- Me da gusto que se encuentren aquí. Espero que hayas encontrado el departamento a tu gusto... Irina – le comentó con cierto recelo Alyssa.

- Eres realmente amable. Mejor lugar no he podido encontrar. Realmente no sé como podré agradecerte tantas atenciones – respondió con sinceridad. La anfitriona ablandó su carácter con ella.

- No hay nada que agradecer. Nikolas es un excelente amigo. Te presentaré con mis demás invitados puesto que a él ya lo conocen – los condujo al centro del lugar.

Melina ocultó perfectamente bien su sorpresa al verla ahí. No entendía como es que aquella chica a la que había ayudado se encontraba presente ahí:

- Mucho gusto en conocerles – respondió Candy de manera general. Sentía las miradas de sorpresa sobre ella.

- ¡Vaya! Esto si que es una sorpresa – comentó con prudencia Makish.

- Es una vieja amiga que conocí en Alemania – narró nuevamente a grandes rasgos, mientras los demás escuchaban con atención.

El timbre sonó y Alyssa dedujo que eran sus últimos invitados.

Al abrir la puerta se topó con la profunda mirada azul de Terry y una bella jovencita que dedujo, era Aisha.

Les sonrió, mientras pensaba en Irina:

- Mucho gusto en volver a verte, Terry – le dijo mientras sentía los fríos labios del inglés posarse sobre su mano. Le produjo sensaciones prohibidas.

- Y tú debes ser... – la chica respondió al instante.

- Aisha. Mucho gusto – la conocía por referencia del joven judío.

- Pasen por favor, el resto de los invitados ya se encuentra dentro. Solo espero a Ethan, quien seguramente no tarda en llegar – les conminó a pasar al salón, mientras daba indicaciones a Terry.

La pareja se dirigió hacia donde se encontraban los demás y Terry buscó ansiosamente con la mirada a Irina. La vio platicando un poco más allá, por separado con Melina. Alzó una ceja en señal de asombro. No se dio cuenta que Aisha ya se encontraba con Elisha y se abrazaban con demasiada naturalidad.

Se les unió confundido:

- Ya se conocen por lo que veo – le dirigió una inquisidora mirada a la chica.

- ¡Hola, me da mucho gusto verte! – le saludó el joven amablemente, mientras trataba de contener la risa.

- ¡Elisha! Veo que a tu amiga siempre le gusta estarme dando sorpresas – se dirigió sensualmente hacia Aisha y le rodeó la cintura, mientras ella se le quedaba mirando con extrañeza y su amigo hacía lo mismo. Quería llamar la atención de Candy.

- Así es, Terrence. Elisha y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo. Hemos compartido mucho, ¿no es así amigo? –se soltó discretamente del inglés.

- Así es. ¿Me permites? Necesito tomar algo ¿me acompañas, Aisha? – el mago interrumpió. Volvieron a hablar cuando le vieron alejarse

- Necesito hablar contigo. No sé qué le pasa y estoy seguro que algo trama. He visto que mira insistentemente a la mujer que está con tu novia – le dijo rápidamente mientras se escabullían hacia otra parte.

Melina escuchaba con atención a Candy.

No le había creído la historia, sin embargo, no dijo nada. Se dio cuenta que su interlocutora veía insistentemente a Terry. Vio que Aisha y Elisha se separaban y se disculpó con ella.

La rubia se quedó sola.

Se acercó a Nikolas, pero fue interceptada por Terry:

- ¿Cómo has estado? – le preguntó mientras analizaba su rostro.

- Bien. ¿Me permites? Debo ir con Nikolas – su voz era de enfado. Le había visto abrazar a la otra joven. No lo toleraba.

- No. Quiero que te quedes conmigo y me cuentes más de ti. ¿Qué has hecho?, ¿qué te ha parecido la ciudad? – ambas miradas se encontraron y Candy creyó que no resistiría el poder besarlo. La voz de Nikolas la distrajo.

- Hola, Terry. Espero que hoy estés más tranquilo – se colocó al lado de ella y la tomó del brazo. Nuevamente los celos aparecieron en el rostro del actor.

- Muy bien. Siempre al acecho de lo que pueda sucederle a tan dulce dama. Los dejo solos. Me retiro, puesto que la mía seguramente ya me está buscando – Candy esbozó una sonrisa discreta ante la arrogancia de Terry, aunque los celos se iban haciendo más fuertes.

- Si te interesa, ahora si podría contestar tus dudas – las palabras de la rubia tomaron por sorpresa tanto a Nikolas como a Terry. No soportaría más verlo acercarse a ella de nuevo.

- Pues será un placer, solo espero que tu... amigo no se moleste – vio a Nikolas quien había optado por asentir después de decir algo al oído de la chica y dejarlos solos.

- Podríamos irnos a un lugar menos concurrido. ¿Qué te parece la terraza? – la condujo hacia allá. Candy estaba seria y Terry se había dado cuenta de eso.

Aisha, Elisha y Melina habían visto de lejos toda la escena, mientras esta última les comentaba que Irina escondía algo. Elisha le había dicho a su amiga lo que había hecho Melina. Iba uniendo las piezas del rompecabezas, aunque faltaban muchas por acomodar aún:

- Creo que Terry me ha estado utilizando para propósitos no muy honestos. Eso no lo toleraré más – sentenció la joven artesana, mientras su mirada se volvía seria.

- Tienes razón. Tampoco estoy de acuerdo con eso. Intervendré si veo que sigue insistiendo con la misma actitud – Elisha secundó a su casi hermana.

La voz de Alyssa solicitando la atención de todos distrajo a los demás. Ethan ya se encontraba al lado de ella:

- Quiero agradecerles su presencia y pido un brindis por tan memorable evento- apareció un mesero con la bandeja de copas finas con champaña para repartir

Todos alzaron los brazos y siguieron departiendo.

Candy y Terry ya se encontraban junto a Nikolas.

Lucían serenos.

El inglés estaba pensativo.

Elisha y Aisha se acercaron discretamente a Alyssa y hablaron bajo. La mujer comprendió inmediatamente.

- Veo que ya han hablado tranquilamente – comentó Nikolas mientras Candy le tomaba el brazo.

- Ahora comprendo un poco más. No quise ser entrometido – reflexionó Terry.

- Espero ahora entiendas por qué soy un poco más reservada – la suave voz de Candy le hizo sentir cómodo.

- Creo que deberías buscar a tu acompañante. Llevas ya demasiado tiempo aquí – Nikolas le hizo recordar abruptamente que había invitado a la otra joven.

Se despidió brevemente y fue en busca de ella. La ubicó junto a Melina y le vio platicando con Elisha, Ethan y Makish.

- ¿Todo bien? – Terry se acercó al grupo. Aisha le evitó colocándose al lado de Makish

- Muy bien. Veo que has hecho amistad rápidamente con la amiga de Nikolas – puntualizó Ethan.

- Me doy cuenta que han conversado mucho, ¿no es así? – respondió el ojiazul con la pregunta. Enfocó su mirada en la amiga de Elisha. Ella solo sonrió brevemente.

- Recordamos viejos tiempo – respondió Elisha mientras tomaba del brazo a Aisha. Terry no volvió a hablar.

La noche siguió su curso mientras el grupo continuaba platicando. La fiesta siguió hasta antes del amanecer:

- Creo que debemos retirarnos chicos – dijo Melina, sintiendo que no estaba muy lejano el amanecer.

- Pueden quedarse aquí. Dispongo de lugares especiales para ustedes – la empresaria les ofreció hospedaje. Todos aceptaron.

- Debo llevarte a tu casa, Aisha – le dijo Terry caballerosamente.

- Me haré cargo yo. Agradezco tu atención – respondió Elisha, interrumpiendo a su amiga antes de que esta hablara.

- Adiós, Terry – se despidió escuetamente mientras él la alcanzaba.

- Necesito hablar contigo.

- Después será – la chica salió con su amigo. No estaba molesta.

Candy se acercó a Terry y le dio una afectuosa palmada de apoyo en el hombro. Se contuvo los enormes celos al ver lo afectado que había quedado por ella:

- Yo lo siento mucho. No quería ocasionarte problemas. Seguramente la chica me ha de odiar – le manifestó Candy con cierta tristeza en la voz.

- Tendré que hablar con ella. No fue justo lo que sucedió. Tengo que irme – se despidió de todos. Necesitaba estar solo.

Candy le vio retirarse mientras Nikolas se acercaba a ella:

- Creo que ya tiene que saber la verdad – fue secundado por Ethan.

- Ese sujeto no tardará en agredir directamente a Terry, aún cuando no haya descubierto dónde estás – le dijo adustamente.

- Tienen razón. No puedo perder más tiempo. Tengo que decirle quién soy en realidad, aunque eso implique que termine odiándome, por no haberlo hecho antes – esto último lo dijo más para sí que para los demás.

Se propuso verle muy pronto. Nikolas la apoyaría, como siempre. Una inmensa angustia se apoderó de ella.

No quería adivinar su reacción.