Los siguientes días a la pelea no tuvo tregua por parte de los matones que acostumbraban molestarla. Habían más chicos en la escuela siendo acosados por ellos sin embargo no entendía porque habían escogido a Bella como merecedora de su acoso, antes de conocer a Edward ya sucedía, solía creer que era muy ñoña para ellos pero Rachel Wallas tenía un excelente promedio ahora y no recibía la misma atención. Claro ella no estaba embarazada, pero Bella había sufrido acoso escolar antes de estarlo. Era un hecho que le llamaba la atención, sólo que prefería no pensarlo ya que posiblemente la razón sería dolorosa para su autoestima.

Suspiró cuando encontró un condón usado en su taquilla de gimnasia, al día siguiente Edward volvería a clases y no quería ni imaginar su reacción al ver estos malos ratos que pasaba.

Estuviste deliciosa. Decía la nota con una pobre caligrafía.

Con extremado cuidado se deshizo del desagradable regalo.

- Nunca entendí que demonios hacías para que todo el equipo de americano viva obsesionado con joderte y hacer tu vida un calvario. - empezó Tanya a su espalda. - Ahora lo sé, eres una puta más.

Otra que tenía como misión hacerle la vida imposible era Tanya.

Aceptó el insulto con una paciencia infinita y siguió vistiéndose.

- Otra puta para su colección. - siguió. - ¿Qué le haces a Masen para que viva contigo? ¿Qué fantasía enferma le cumples?

La ignoro mientras terminaba de guardar sus cosas.

- Que asco das, Swan.

Ella tomó su mochila y salió del lugar. No valía la pena prestarle atención.

Regresar a casa era el mejor momento. Alejarse de ese lugar de mierda era lo mejor de su día. Ese pensamiento la deprimió.

Edward estaba fuera de la casa limpiando las canaletas, liberándolas de hojas secas y suciedad. Debido a su suspensión en la escuela se había dedicado a trabajar en mejorar el estado de la pequeña casa, cambio un par de tejas y cambio parte del piso de la lavandería. Era tan extraño verlo ocuparse de tareas caseras y a la vez tan natural.

- Hola am... Bella. - sonrió ampliamente acercándose a ayudarla a bajar de la camioneta. - ¿Qué tal tu día?

- Bien, igual que siempre. - contestó.

Edward torció el gesto al escucharla pero se concentró en sacar su mochila.

- Me alegra saber que ya mañana estaré contigo.

Bella puso los ojos en blanco.

- Sólo no provoques que te vuelvan a suspender.

Edward suspiró frustrado.

- Vamos a dentro, cariño. Hace frío. - le acarició la mano suavemente antes de tomarla.

En cada oportunidad de muestra de afecto que habían tenido, Edward había sido muy cuidadoso y había analizado su expresión en todo momento.

La ayudó a quitarse el abrigo cuando entraron y luego a sacarse los zapatos que últimamente le apretaban.

Era increíble lo atento que podía ser.

- ¿Tomarás un baño relajante? - le preguntó preocupado. - Debo ir al restaurante en una hora y no me gustaría dejarte sola mientras lo haces.

- Tomaré una ducha rápida. - le aseguró con una pequeña sonrisa.

Edward sonrió en grande.

- ¿Podremos repasar las clases de hoy antes de que me vaya?

- Si. Dame cinco minutos.

El muchacho asintió entusiasmado.

Bella se detuvo antes de entrar al baño. Completamente sonrojada susurro.

- ¿Me ayudas con mi sujetador? - su gordura le impedía hacer ciertas actividades y para su vergüenza tenían que ayudarla.

Con una agilidad no natural le desató el sujetador apenas le dió la espalda.

- Gracias. - suspiró aliviada. Sus sujetadores eran muy incómodos desde que sus pechos habían duplicado su tamaño.

- De nada. - Edward le quitó importancia mientras abría la mochila de Bella para empezar a revisar sus cuadernos.

Ni intento verme los pechos, pensó un poco abatida.

Otro hecho impactante era que Edward no había mencionado la idea de tener sexo, de hecho aceptó la pared de almohadas que puso ella para dividir sus lados de la cama la primera noche que durmieron juntos. Esto era sorprendente considerando que él siempre había sido un muchacho que veía el sexo como prioridad. Bella suponía que se debía a su embarazo, ella ya no era tan deseable.

El agua tibia relajo sus músculos tensos.

Debía admitir que esta un poco abatida por la situación. Siempre imagino que ser la novia oficial de Edward sería diferente. No sólo sexualmente hablando. Bella creyó que él sería más... directo con ella y no dudaría en tomar y exigir lo que deseaba de ella, así fuera tomar su mano. Era sorprendente lo inseguro que él se mostraba, no parecía saber que hacer o que era lo que estaba aceptado en su noviazgo.

¿Qué más estaba incluido en el paquete de noviazgo? Se puso a meditar.

¿Tomar su mano? si.

¿Abrazarla? si.

¿Besarla? Si.

¿Hacerle el amor? También. Era algo normal en una relación consolidada donde el acto era una expresión de amor. Ese no era el caso, ella no lo amaba y Edward parecía muy interesado en ella, decía amarla... Sin embargo, para hacer el amor se necesitaban dos enamorados sino sólo era sexo. Con desolación supo que jamás le habían hecho el amor, que no sabía si se sentía diferente como decían en las películas y series que veía.

Un suave golpe en la puerta provocó que saltara.

- ¿Bella? - preguntó su... novio nervioso. - ¿Estas bien? Llevas mucho tiempo ahí.

- Si, ya salgo.

- Bien. - aceptó alejándose de la puerta.

Llevaba encerrada mucho más tiempo en el baño del que había prometido.

- ¿Todo bien? - volvió a preguntar Edward al verla salir del baño. - ¿Estas mareada?

Él ya estaba listo para irse a trabajar. Guapo. Increíblemente atractivo como sólo él podía verse con un simple pantalón azul y una camiseta negra.

- Bella. - susurró suavemente cuando ella no contestó.

- Estoy bien. - carraspeó mientras caminaba a su habitación con nerviosismo.

Ya juntos en su escritorio miraron el libro de biología fijamente, en el capítulo de enfermedades genéticas.

- No avanzaron mucho. - señalo Edward. La noche anterior también habían revisado los apuntes de ese día.

- No... uhm Molina no estuvo en clase porque tuvo un problema familiar, creo que su mujer iba a dar a luz.

- ¿La señorita Jules?

- ¿Qué? ¿ellos?

- Oh si. Hace mucho los pillaron cogiendo en la oficina del entrenador.

- No puedo creerlo.

- Oh si, cariño. No somos los únicos con una relación secreta. - le guiñó un ojo.

No lo eran, claro que no. Sin embargo, el término correcto era que ellos tenían relaciones sexuales en secreto, más no una relación.

Edward se impacientó cuando ella se perdió en sus pensamientos.

- ¿En qué piensas? - susurró él. - ¿No quieres ir mañana a la escuela?

- Eh si. - mintió. - Pensaba en lo horrible que será mañana.

Edward giró para verla y le dió un apretón en la mano.

- Les partiré la cara a la salida de la escuela si se atreven a molestarte. - le prometió y sonó extrañamente romántico. - No dejaré que esa mierda de joderte continue. Verás que todo parara.

- Y te denunciaran por agresión y todo empeorara. No todo se arregla con golpes. - suspiró decepcionada por su forma de pensar, eran tan diferentes.

- Cuando sepan que eres mi novia pararan. - Edward sonaba convencido. - No se atreveran a molestarte.

- En realidad ganaré el odio de Tanya, por ahora sólo cree que soy tu prostituta personal, va a hacer mi vida un infierno. Tus amigos me han insultado por meses ya no me importa pero ellas son crueles, no puedo imaginar que harán...

- No dejaré que esa perra te toque, yo...

- Basta. - Lo detuvo. - En realidad no eres tan poderoso como crees, tus amigos quisieron golpearte y pronto saldrás del equipo de la escuela. Vas a descender en la escala social de la escuela y si se enteran que me embarazaste...

- No importa nada de eso mientras estemos juntos. - le aseguró aferrándose a su mano. - Estaré junto a ti todo el día si es necesario. Nadie te tocara un pelo y Tanya se enterara de una vez que no estoy interesado en ella, que soy tu novio y ya debe superarlo.

Bella no creía en ese mundo rosa que Edward veía a futuro. Ella sólo deseaba paz, que esa escuela la ignorara.

Suspiró derrotada.

Hubo un momento de silencio que Edward rompió luego de un suspiro.

- Bella, mañana en la escuela. ¿Puedo tomar tu mano?

La pregunta del cobrizo la sorprendió.

Era curioso que preguntara algo así, cuando antes no le consultó nada ni cuando le quitó la virginidad en esa misma cama.

Con un suspiro Bella asintió. Era su novia, se supone que agarrarse de la mano era cosa de novios.

Edward algo tímido extendió la mano para tomar la suya en ese momento.

Era increíble como sus manos no se veían incompatibles. Edward tenía manos grandes y duras mientras ella las tenía pequeñas y delicadas. Aún así no se veían mal juntas, en realidad se ajustaban a la perfección.

- Mañana, yo estaré ahí para ti.

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