All For You
Capítulo 25
"A La Espera De Nuestro Destino"
"Ahora las palabras que necesitas
Son las que vi aquel día, dentro de ese paisaje"
(N/A, notas de la autora)
-dialogo-
"pensamientos"
"recuerdos (dialogo)"
Narración
Tiempo después de la fiesta en Lakewood y algunos días después de la partida de Anthony, cierto joven que se caracterizaba por su elegancia, hizo un atrevido e inusual movimiento. Ingreso al Hospital Santa Juana, preguntando de inmediato por el Dr. Adam Shield, sin embargo la enfermera en recepción le comento que aún se encontraba en cirugía, no obstante al no desear hacer otra vuelta y que Candy se diera cuenta e incluso malinterpretara la intención que tenía y de paso impedirle verlo, le indico a la enfermera que lo esperaría en el jardín trasero del hospital. Tuvieron que pasar alrededor de dos horas, para que finalmente el médico, con paso lento, apoyado de su bastón llegara a la banca donde se encontraba su visita.
-Archibald Cornwell, ¿cierto?-pregunto sin importarle omitir el saludo inicial.
-Es correcto, por favor siéntate-contesto el joven, mientras que el galeno sin decir otra palabra acepto el ofrecimiento.
-De todas las personas en el mundo, no esperaba que fueras tú-comento sorprendiendo un poco al invitado al ver que Adam tenía conocimiento de su persona-En Chicago los Ardley son muy famosos, y estoy enterado de la relación que tuviste con Annie-el chico elegante no quiso indagar si esa información vino de algún chisme o de la misma joven de quien quería hablar-Entonces, ¿en qué te puedo ayudar?-pregunto manteniéndose tranquilo aunque intuyendo de que o más bien de quien se trataría la plática.
-Se trata de Annie, ¿Cuáles son tus intenciones con ella?-pregunto mostrando una expresión seria y a la vez severa.
-La amo-respondió el medico con una sonrisa, sin dudar, sin titubear, aunque su corazón revoleteaba al pensar en ella-Pero sobre todo, quiero que sea feliz-complemento dejándole en claro que le importaba mucho los sentimientos de la joven.
-¿Cómo puedes estar tan seguro de tus sentimientos?-pregunto, cuando él, por desgracia, tuvo que pasar el tiempo y varias situaciones para comprenderlo.
-¿Te has fijado que mi pierna no está del todo bien?-cuestiono, aunque Archie no comprendía la finalidad de su respuesta, aunque termino asintiendo-Cuando inicio la guerra, fui enviado a servir-el menor de Cornwell lo miro sorprendido-Al ser un evento nunca antes visto con esa magnitud en los tiempos modernos, acepte ir, ingenuo de que no me pasaría nada, porque a final de cuenta soy un médico, no un soldado, yo no buscaba la muerte, si no la vida, sin embargo, en el recinto donde se atendían a los heridos, fue bombardeado, hubo muchos muertos y heridos, entre ellos yo, aunque a decir verdad, siento que corrí con bastante suerte-recordó con pesar a los soldados, enfermeras y médicos que por desgracia perdieron la vida o tuvieron heridas más graves que la suya-A pesar de que mi pierna no volvería a ser la misma, aún tengo el privilegio de contar con ella, y cuando estaba allí, a punto de morir, deseaba con todas mis fuerzas sobrevivir para poder vivir sin arrepentimientos y sin miedos, es por eso que cuando vi a Annie por primera vez, en el piano, en mi corazón lo supe, ella era la razón por la cual aún seguía en este mundo, por eso no quería perder mi tiempo, fui con ella y bueno….ya sabes lo demás, lo que te puedo asegurar, es que ella no es el producto de un impulso, realmente amo cada parte de ella, su sonrisa, su timidez, la forma en la que se preocupa por los demás-argumento mientras en su mente repasaba cada faceta de la joven Britter, lo mismo sucedió en los pensamientos de Archie, sacudiendo su corazón, acongojándose de no haberse dado cuenta a tiempo.
-Y sé que ella es feliz con el amor que le das-susurro melancólico siendo imperceptible para Adam. El visitante se levantó de su lugar anunciando su despedida-Bien, ya obtuve tu respuesta, aun así, seguiré vigilándote, asegurándome que realmente la vas a hacer feliz-el galeno sonrió levemente a pesar de la advertencia que le lanzaba el miembro de los Ardley.
-Al menos tenemos el mismo objetivo, que ella sea feliz-respondió Adam, que a pesar de la historia que pudo haber tenido el joven que tenía enfrente con la chica que amaba, y de lo que pudiera suceder después, al final, Annie debía ser feliz.
Cuando finalmente el rubio llego por una ruta segura al país que se mantenía neutral ante el actual conflicto bélico, se instaló junto con su padre en una modesta residencia asignada para los médicos que estarían en el departamento de investigación recién creado en el Hospital Universitario de Zurich. Lamentando profundamente que cierta pecosa no pudiera estar presente para admirar tan acogedor y pintoresco lugar, pero se encargaría de describirlo con bastante detalle en la primera carta que ansiaba ya escribirle.
Al día siguiente, se presentó al Hospital donde le indicaron que debían presentarse en la oficina del jefe del departamento. El joven, mientras admiraba los amplios pasillos logro encontrar la oficina, al ser un área nueva, el nombre del médico no venía escrito, tal como le indicaron las enfermeras de recepción. Llamo un par de veces a la puerta, recibiendo el permiso para entrar, sorprendiéndose que la persona que estaba detrás del escritorio, era alguien joven para ese cargo, alrededor de los treintas, tez blanca, cabello oscuro, corto pero levemente ondulado, ojos color grisáceos con una tonalidad oscura. Tampoco debía dudar de sus capacidades, ya que después de todo el mismo había acabado demasiado pronto sus estudios.
-¿Tú debes ser…?-pregunto achicando sus ojos intentando adivinar y a la vez esperando que el joven recién llegado se presentara.
-Dr. Anthony Brower, de la Universidad de Edimburgo-se presentó el rubio acercándose al escritorio, extender su mano y ser estrechada por su superior, quien se levantó de su lugar para saludar como era debido.
-Mucho gusto Dr. Brower, yo soy el Dr. Gilbert Blythe, jefe del departamento de investigación, bienvenido-invito al recién llegado a sentarse enfrente, entablando una charla inicial de veinte minutos, le pregunto sobre su viaje, lo que esperaba de estar en el grupo y que todos allí tenían el mismo objetivo, salvar todas la vidas posibles-Bien, creo que es momento de presentarte con los demás integrantes- dijo levantándose de su lugar, haciendo que Anthony lo siguiera para poder darle el recorrido. Fue presentándoles a varios médicos jóvenes y de diferentes nacionalidades, que a pesar de que actualmente se vive un enfrentamiento entre algunos, está estrictamente prohibido hablar del tema, a pesar de que todos ellos no estaban considerando hacerlo, sabían que no era algo que ellos habían decidido. –Parte de nuestro tiempo se partirá en la investigación y continuar con la atención de pacientes, la practica nunca se debe dejar de lado-Se fueron acercando a la última mesa con varios libros apilados, hojas con anotaciones y un par de microscopios-Para finalizar el recorrido, te presentare al equipo con quien estarás trabajando, ¡Doctores!-llamo, haciendo que los tres que estaban en aquella mesa lo miraran, aunque una de ellas solo fue de manera fugaz-Quiero presentarles al último integrante de su equipo, ¿te gustaría presentarte?-le pregunto al rubio, quien asintió animado.
-Mi nombre es Anthony Brower, soy de Estados Unidos, pero me gradué en medicina en la Universidad de Edimburgo, es un gusto conocerlos-el joven a pesar de sentirse emocionado, seguía deseando profundamente tener a cierta joven cerca.
-Mucho gusto Dr. Brower, mi nombre es Kelly Douglas, yo también vengo de Estados Unidos y me gradué en Harvard-una joven castaña se acercó, asombrando al rubio ya que era la primera vez que trabajara con una médica.
-El gusto es mío Dra. Douglas-respondió dándose un amistoso apretón de manos.
-Mi nombre es Michael Freeman, yo vengo de Francia y me gradué en La Sorbona, bienvenido al equipo-el mismo apretón de manos para el joven que aparentemente era un par de años más grande que él.
-Y por último y no menos importante…-comenzó a decir el Dr. Blythe mientras todos miraban fijamente a la joven rubia, de cabellera larga y ondulada, sujetada en una coleta baja, quien miraba concentrada por el lente del microscopio. Gilbert carraspeo, pero la joven seguía concentrada-Dra. Callaghan-la llamo, pero ella tomaba notas a pesar de seguir con sus ojos en el lente.
-Erin, tu turno-hablo entre dientes Michael, pero seguía sin reacción-¡Erin!-la rubia finalmente levanto su mirada, notando que todos la miraban, no pudo evitar sonrojarse.
-¡Lo siento mucho Dr. Blythe!, estaba tan concentrada, perdón-hablo muy rápido, aunque al parecer siempre era lo mismo con la rubia, ya que nadie parecía sorprenderles su actitud.
-A pesar de que es muy distraída, es la líder de este módulo, ella es la Dra. Erin Evangeline Callagan, es irlandesa, pero se graduó en Oxford-la joven aun sonrojada y apenada, se sentía avergonzada como para presentarse.
-Mucho gusto, una disculpa, no quise ser grosera contigo-se disculpó rápidamente, tomando la mano del Anthony agitándola varias veces, haciendo que el ojiazul la mirara con simpatía, había algo en ella, que le recordaba a la chica que habitaba en su corazón, a pesar de que podría tener la edad de su tío Albert, y sus ojos eran color miel que con el reflejo del sol parecían dorados, sus tenues pecas y la manera tan distraída que era, hicieron que le agradara al instante-Bienvenido sea Dr. Brower, espero que podamos llevarnos bien-la rubia lo invito a instalarse en su nuevo lugar, haciendo que el Dr. Blythe se retirara del lugar, indicándoles de la junta semanal que tenían para la revisión de los avances.
Erin, como la líder, alentó a Anthony a que se presentara ahora de una manera más informal, contando de donde venía y que esperaba, deseando llevarse bien con los tres. De allí continuo Kelly, comentando que los últimos meses estuvo sirviendo en un hospital móvil en donde atendía a mineros que a veces llegaban con heridas graves, pero al terminar sus servicios y recibir la admisión, ella y su hermano llegaron a Suiza. Después Michael menciono que era un cirujano militar que estaba en el frente, que aunque le pesaba dejar a sus compañeros, contaban con él para que aprovechara su talento en la investigación.
-Yo nací en Irlanda, crecí un tiempo en Estados Unidos, pero…-suspiro melancólica aunque intentando continuar sin dejarse llevar por aquellos dolorosos recuerdos-Regresamos, parte de mi familia estaba en contra de que estudiara, era inverosímil pensar que una mujer de la familia Callagan estudiara, pero mi padre, me permitió ir a Inglaterra a estudiar, también solicite que me admitieran aunque también tenía la intención de irme a África, pero al ser aprobada, mi padre y yo nos instalamos en Suiza-comento finalizando con una leve sonrisa.
Después de las presentaciones le explico en lo que estarían trabajando, en la investigación de las infecciones causantes de septicemia, uno de los males que ha aquejado a mucha gente y que desafortunadamente no logra atenderse a tiempo. Anthony a pesar de la primera impresión que mostro Erin, al hablar de la investigación parecía convertirse en otra persona, comprendía por qué se había convertido en la líder. Estaba entusiasmado por contarle todo aquello a Candy en su primera carta desde Suiza.
Paso casi un mes, en el cual comenzaba acoplarse con el ritmo de trabajo, entre la investigación, en la atención de pacientes y en donde finalmente tenia comunicación con su amada pecosa, recibiendo su primera carta, en donde además de expresarle que lo extrañaba mucho, seguían con mucho trabajo en el hospital y angustiados a la espera de noticias por sus compañeras que estaban en el frente. No obstante su carta le contaba lo que estaban haciendo sus primos, lo cuales finalmente seguirían sus estudios en la universidad, Archie en Administración y Stear en Economía, este último diciendo que la carrera era tan sencilla que le daba el tiempo necesario para continuar con sus inventos. Anthony respondió fervientemente aquella carta y días después llegaron otras, pero estas eran por parte de sus primos y una de su tía abuela, siendo la primera vez que le contestaba una carta en mucho tiempo y que lo hacía de todo corazón. Con el tiempo descubrió que el Dr. Blythe era graduado de la Universidad de Toronto y se había especializado en La Sorbona, regresando a Canadá para enseñar y seguir ejerciendo. En las juntas semanales presentaba varias retroalimentaciones que los ayudaba a seguir investigando, involucrarlos en casos especiales e incluso en cirugías complicadas que surgían en el Hospital Universitario. Se asombraba de la capacidad de sus compañeros, no por nada habían sido elegidos.
Al llegar el verano, surgió un fuerte atentado en el frente francés, por lo cual varios heridos llegaron en busca de refugio por ser un país neutral y para recuperarse. Al surgir ese evento se tuvo que hacer uso de todas las manos posibles. Anthony y su equipo llegaron a la sala de emergencias, encontrando un terrible panorama, soldados e incluso civiles con graves heridas, se dispersaron para poder atenderlos de la manera mas eficiente y rápida. El rubio se había acercado a una joven con su traje blanco de enfermera manchado totalmente de sangre, buscando inmediatamente todas las heridas que pudiera tener.
-No me dispararon…-se alcanzó escuchar levemente a pesar del ruido que había en la habitación.
-Por favor, no se esfuerce al hablar-le indico con voz suave para lograr tranquilizarla y darle entender que estaba en un lugar seguro.
-Usted no entiende, no estoy herida….-la enfermera intento levantarse, pero el intenso dolor de su cabeza hizo que se le escapara un quejido-Estaba atendiendo a los heridos y luego una explosión-sin embargo quería aclarar que al impacto del estallido hizo que ella volara por los aires sin tener una herida superficial, pero si la pesadez y el dolor de su cuerpo por la caída.
-Sera mejor que tampoco se levante, revisaremos si tiene cualquier tipo de herida tanto externa como interna-argumento para después comenzar con su revisión, y efectivamente, solo tenía varios moretones, raspones en las rodillas y en las manos, pero desafortunadamente tenía una costilla y el brazo izquierdo rotos-¿Usted recuerda como se llama?-pregunto mientras revisaba sus ojos, aunque no parecía distinguirlo, podía asegurar que no tenía ceguera.
-Flammy…Hammilton-contesto, sin poder enfocar al Doctor que la estaba atendiendo, tenía una voz tranquila, con un efecto calmante, una cabellera rubia y unos ojos azules, pero no podía distinguir sus facciones, pero se sentía segura al estar a su cuidado-¡Mis lentes!, debí haberlos perdido-expreso con una voz un poco más calmada pero aun preocupada por sus anteojos.
-No te preocupes Flammy, hare que te los repongan, pero por ahora, toma estos analgésicos y antibióticos, y trata de descansar, yo vendré más tarde-la joven obedeció la indicación del Doctor, quien a pesar de no poder verlo bien, lo siguió con la mirada hasta que sus ojos finalmente se cerraron.
Pasaron un par de días y a pesar de que finalmente tanto su brazo y cabeza habían sido vendados, además de reponer sus lentes, el joven médico no había regresado a revisarla, hasta que esa tarde, varios médicos llegaron a dar seguimiento tanto con los enfermos y los heridos. Sintió un inusual salto en su corazón cuando un apuesto rubio de ojos azules y una sonrisa deslumbrante se acercó a ella, no comprendía lo que en ese entonces estaba sintiendo y más cuando logro escuchar e identificar su voz.
-Hola Flammy, me da gusto que pudiste reponer tus anteojos, te ves mucho mejor-argumento al ver que la joven se veía recuperada a pesar de sus vendajes-Una disculpa por no haber venido antes, hubo múltiples cirugías de los heridos graves que llegaron y apenas hoy en la mañana pudimos alejarnos un poco del quirófano-explico mientras comenzaba a revisarla, notando que sus signos vitales parecían normales-¿Aun te duele la cabeza?-pregunto al tomar su cabeza sin notar que su paciente se había sonrojado levemente.
-Solo cuando me muevo mucho-contesto tratando de sonar lo más normal posible.
-De acuerdo, seguiremos con el mismo tratamiento y tal vez en unos días más te quitemos el vendaje de la cabeza y podrás ir al refugio, en cuanto a tu brazo, tendrás que regresar en unas semanas para ver como esta y saber si ya es momento de retirarlo-dijo puntualizando con una sonrisa, lo que siempre hacia para alentar a sus pacientes.
-Doctor…-dijo a la espera de su nombre.
-Perdóname, he sido un maleducado, mi nombre es Anthony Brower-comento ligeramente apenado dando por hecho que ya se había presentado, además de que eso era lo de menos cuando se presentaba una emergencia-Cualquier cosa en la que te pueda ayudar, no dudes en decirme-dijo antes de retirarse debido a que Erin lo había llamado para revisar a uno de los pacientes que el día anterior se había sometido a cirugía.
-"Anthony Brower"-pensó mientras se grababa ese nombre, era la primera vez que le pasaba algo así, que había momentos en que ella se desconocía e incluso culpaba al golpe que se había dado en su cabeza.
Cuando finalmente la dieron de alta, se fue al refugio donde varios civiles y soldados se hospedaban, trataba de ayudar en lo que podía para seguir revisando a los que habían sido dado de alta aunque tuviera una mano inmovilizada, sin embargo, el día en el cual debía regresar al Hospital para su revisión había llegado y una emoción había brotado desde su interior, fue recorriendo los pasillos hasta que se detuvo una esquina antes, al ver la espalda del médico que había estado causando aquel sentimiento que desconocía por completo. Vio que estaba junto a la ventana aunque alcanzaba a recargarse en la pared. Estaba a punto de tomar el valor para ir finalmente a saludarlo, pero una de las doctoras, la rubia de cabello ondulado se acercaba a él con dos tazas.
-Toma, han sido unos días muy pesados-le dijo mientras le extendía una de las tazas, haciendo que el rubio se deleitara con el aroma, pero aun sosteniendo en su otra mano una carta-Te ves muy feliz, ¿acaso esa carta te la escribió tu novia?-cuestiono Erin en tono de broma antes de sorber un poco de su café, aunque para Flammy aquello no sonó como una broma agradable.
-Así es-respondió con una sonrisa dejando pasar que se trataba de una pregunta en broma, logrando sorprender a la rubia, sin embargo para Flammy fue desalentador, que decidió alejarse de allí sigilosamente e ir al lugar donde debían atenderla.
-"Era lógico, es mejor no tener esas ideas tontas Flammy y decidir el rumbo de mi vida"-pensaba mientras caminaba mientras bloqueaba cualquier sentimiento que había tenido y que hubiera podido tener.
-¿En serio?, ¿Cómo es?, debes de extrañarla mucho-decía mientras se recargaba en el marco de la ventana.
-Es la mujer más hermosa del mundo, es noble, divertida y aunque a veces es distraída, siempre piensa en los demás y su sonrisa puede iluminar toda una habitación y todos los días la extraño y pienso en ella, pero por ella también yo estoy aquí-le explico además la razón por la cual no pudo acompañarlo y lo difícil que fue su separación-Aquí tengo su foto-menciono mientras sacaba su guardapelo desde su cuello, mostrándoselo, ello lo abrió y pudo comprobar, que era una hermosa chica, había algo en su mirada, que la hacía recordar a un ser amado, pero después las imágenes del fuego siempre aparecían.
-"Mamá"-era tan solo una niña cuando podía pronunciar esas palabras con alegría y que ahora, le costaba decirla.
-¿Te has enamorado alguna vez Erin?-cuestiono el ojiazul, logrando que la rubia saliera de sus propios pensamientos.
-No, en realidad no-menciono mientras regresaba el guardapelo a su dueño-Digamos que miembros de mi familia, excepto mi padre, cree que eso de casarse por amor es una fantasía, y si llega lograrse no dura mucho tiempo, mientras que los negocios pueden ser para siempre-comento, logrando que Anthony la comprendiera, sin imaginar que tanto ella, como el ojiazul, tenían esas cosas en común-Y ando por la vida evitando lo más posible un matrimonio que deba llevar de por medio un contrato millonario-dijo para dar una vez más un sorbo de su café-"Aun hay algo que deseo encontrar"-pensó siendo aquello mucho más importante que el romance. Para Anthony, era increíble conocer más y más mujeres que se abrían su propio camino, estaba Candy, Karen y ahora Erin-Por cierto, ¿la esposa del Dr. Blythe no te ha buscado?-cuestiono a lo cual la primera reacción de Anthony fuera de confusión.
-¿El Dr. Blythe está casado?-se sintió ligeramente tonto por preguntar aquello, pero como siempre parecía estar dedicado a su trabajo y no parecía dar señales de ser un hombre de familia, era sin duda admirable.
-Sí, es una persona muy agradable, tiene un proyecto personal en el cual nos incluye a todo el grupo de médicos que están en el área de investigación, a mí ya me entrevisto-menciono evitando comentar lo doloroso que fue relatar ciertos recuerdos.
-¿Ella está ahora en el Hospital?-pregunto para después dar un sorbo largo, terminar su café y dejar la taza sobre el marco de la ventana.
-Sí, seguramente siga en la oficina del Dr. Blythe- respondió observando que el joven doblaba con sumo cuidado su carta y la guardaba en el bolsillo de su camisa.
-Si no te molesta iré a presentarme-menciono tomando en cuenta la opinión de la rubia al ser su superior.
-Adelante, ve-ella asintió dejando que el ojiazul emprendiera su camino.
El rubio no tardo más de dos minutos hasta llegar al pasillo donde se encontraba la oficina del jefe del departamento, se paró en seco, al ver al Dr. Blythe hablando con una elegante dama, no podía negar que era muy bella, cabello rojo como el fuego, ojos azules que miraban con dulzura a su acompañante. Estaba asombrado no solo al saber que no era el único que era débil a un rostro lleno de pecas, si no de aquella mirada que él le otorgaba, haciendo que ambos se perdieran uno al otro, por un momento se preguntó, si él y Candy se miraban así haciendo que la demás gente desapareciera y que pensaran que ambos vivían en su propia burbuja.
-"La extraño demasiado"-pensó sin evitar recordar sus días que compartieron en el Hospital en Chicago.
-Dr. Brower, que oportuno verlo- menciono Gilbert cuando finalmente se percataron de la presencia del rubio.
-¿Él es Anthony Brower?-cuestiono la dama de cabellos rojos emocionada al saber que tenía enfrente a la persona que le faltaba.
-Si-le respondió Gilbert con una sonrisa, mientras que Anthony aún se sentía incapaz de romper aquel ambiente-Dr. Brower, le presento a mi esposa, Anne-
-Con una E-dijo de inmediato como una costumbre-Un gusto-menciono mientras extendía su mano, la cual fue estrechada por el rubio.
-El gusto es mío- respondió observando el alegre y energético carácter de aquella dama, algo que complementaba el apacible carácter del Dr. Blythe.
-Yo me retiro, pueden usar mi oficina el tiempo que necesiten-dijo y sin pena alguna beso fugazmente a su esposa en los labios, dejándola con el rostro ligeramente sonrojado y con una risa nerviosa.
-Por favor acompáñame-menciono Anne después de haber podido calmar por un momento sus nervios-Disculpa, él siempre ha sido así-dijo mientras entraban a la oficina y ella se sentaba en el lugar que ocupaba su esposo y le ofrecía a Anthony sentarse enfrente de ella.
-No debe disculparse del amor que él siente por usted-respondió aunque no pudo evitar sentir algo de envidia por no tener a su amada y poder hacer lo mismo.
-Agradezco inmensamente tus palabras-respondió ella sintiéndose más cómoda al notar que el joven que tenía enfrente entendía y vivía el amor hacia alguien-Bien, la razón por la que he llamado a cada uno de los miembros de este grupo de elite, es porque deseo escribir un libro acerca de la vida de cada uno de ustedes, que hay debajo de la bata blanca que portan, de los dueños de las manos que hacen posible que un corazón siga latiendo, que las heridas sanen y que la gente pueda continuar viviendo a través de los descubrimientos que día con día hacen lo posible por encontrar-menciono de ella de manera apasionada, esperando tener éxito con él como lo tuvo con los demás médicos del grupo.
-Vaya, no sé qué decir, me siento alagado-Anthony no esperaba que alguien estuviera interesado en escuchar, ni mucho menos escribir y leer acerca de su vida, no era alguien que divulgaba su vida a cualquiera.
-Aceptare todo lo que estés dispuesto a contarme, lo que menos deseo es hacerte sentir incomodo-Anne había notada aquella mirada indecisa del ojiazul, quien trataba de mostrarse cordial aunque en realidad parecía estar siendo invadido.
-De acuerdo-exhalo, decidido a contar acerca de su historia, causando en la pelirroja una sonrisa.
-Te lo agradezco mucho, te prometo que seré de lo más discreta posible e incluso dejar algunas cosas fuera del papel, ¿te parece bien?-comento Anne, ya habiendo escuchado historias que era preferible no escribirse y quedarse solo con lo esencial que pudiera reflejar la personalidad y el sentir de cada médico. Anthony asintió, dispuesto a poner toda su confianza en aquella dama-Comencemos entonces, ¿Quién es Anthony Brower?-
El joven nuevamente suspiro profundamente antes de iniciar su relato, comenzando desde lo que recordaba, su madre y su padre, el origen de su familia y las estrictas reglas que debía seguir por el alto estatus que conllevaba ser parte de la familia Ardley, el lamentable fallecimiento de su madre, su padre ausente en su infancia, el cuidado de su tía abuela, sus primos, a los que realmente consideraba como a sus hermanos, a excepción de los Legan y la insistente atención que solicitaba Elisa. Hasta que finalmente llego a ese día, en el portal de rosas en donde el destino los había reunido y daba inicio a su historia.
-Candy, ella estaba allí, con sus rizos dorados, llorando, aun sin haber cruzado una palabra con ella, deseaba con todas mis fuerzas verla sonreír-menciono para después comentarle las primeras palabras que sirvieron para que ella dejara de llorar-Eres más linda cuando ríes que cuando lloras-ante aquella frase Anne comenzaba a conmoverse, presentía que aquello era el inicio de una hermosa historia de amor, lo notaba en los ojos del rubio.
Relato su segundo encuentro, en el baile que había organizado su tía abuela y como su corazón increíblemente lo había guiado hacia donde estaba la niña asustada, de nuevo, haciendo lo posible para que ella sonriera, tomándola entre sus brazos, deseando tenerla allí siempre para poder protegerla, pero desafortunadamente era demasiado joven para tener alguna clase de autoridad para detener las injusticias que vivía la preciosa niña de ojos verdes, lo más que podía hacer era intentar estar a su lado, regalándole una rosa e incluso crear una nueva estirpe, pero aun así, sentía que no hacia lo necesario, fue por eso que se decidió a escribirle al tío abuelo, la máxima autoridad de la familia Ardley, rogándole que aceptara a Candy en la familia, sin embargo, la respuesta no llegaba haciendo que la ojiverde fuera enviada a México, odiaba nuevamente no tener el suficiente poder para detener esa estúpida orden, pero un milagro se hizo presente, nuevamente en el portal de rosas cuando ella había regresado sana y salva.
-Lo mejor de todo es que el tío abuelo había aceptado adoptarla y con ello viviría con nosotros, yo estaba feliz, estaría cerca de ella, creceríamos juntos y finalmente…-recordó aquella fantasía que tuvo cuando se realizó la cena de bienvenida. Para Anne no había necesidad de que a completara esa frase, el corazón de Anthony se estaba mostrando como un libro abierto-Pero por un descuido mío, casi lo pierdo todo-aquellas palabras alertaron a la pelirroja, advirtiéndole una desgracia.
Le relato lo sucedido en la cacería anual de zorros, en donde sería la presentación en la familia de Candy y que por desgracia, había terminado en tragedia al caerse del caballo y que varios creyeron que él había fallecido, incluyéndola. Describió el dolor que sintió al saberse separado de ella, que ella creyera que estaba muerto, poniendo en peligro su bienestar si trataba de comunicarse con ella, su convalecencia de no poder él mismo por ella.
-Además de no querer ser una carga en su vida, quería tener todas la fuerzas posibles para que ninguna adversidad se atreviera a lastimarla nuevamente-argumento, justificando la razón por la cual deseaba recuperarse, estar entero y poder protegerla.
Menciono el tiempo que le costó su recuperación, pero esto, alimentado por los deseos de volver a verla, sin embargo, todo cambio en aquel verano en Escocia cuando la vio junto con el hijo del Duque.
-En ese entonces no sabía, que después de ese beso, ella lo había abofeteado- trato de que el relato no fuera del todo triste, logrando que su interlocutora sonriera, aunque sus ojos comenzaran a humedecerse-Ante ese malentendido, decidí no regresar, no cuando ella finalmente era feliz, algo que yo había siempre deseado y regresar, seria, comprometerla por el pasado que habíamos tenido y que ya se habían convertido solamente en recuerdos-
-Seria doloroso verlo con él-menciono Anne al comprender y distinguir la verdadera herida que causaba ese inmenso dolor.
-Aunque suene egoísta, si-podía admitirlo ahora, pero antes, hacia lo posible de anteponer la felicidad de ella, ante la idea de su propio dolor que solo pudo ser desahogado gracias a su padre.
Fue así como decidió quedarse en Escocia e ingresar a la Universidad de Edimburgo, sin poder odiarla, pero tampoco sin poder olvidarla. Manteniéndose en contacto con el único primo que sabía la verdad, enterándose de las novedades de la ojiverde. Hasta que finalizo sus estudios, haciendo su solicitud para ingresar al grupo de elite y después la petición de Archie y su tía abuela de regresar.
-Debió haber estado sorprendida cuando volvió a verte, vivo-argumento Anne emocionada al escuchar que el relato tenía un favorecedor giro.
-Lo estaba, pero yo le dije que no la recordaba- respondió Anthony, haciendo que el ánimo de Anne decayera-Pero eso no evito que pasáramos tiempo juntos, ella enfermera y yo médico, era inevitable, como lo fue desear estar con ella siempre, lo que me temía ante mi regreso, haciendo que tuviera una lucha interna al querer que ella volviera a ser feliz, sin importar si debía regresar con Terry-
-¿Estabas dispuesto hacer tan inmenso sacrificio?-cuestiono intrigada pero temerosa de que aquella historia no tuviera un final feliz, al menos para él.
-Muchos lo vieron como una locura, una tontería, pero sí, me había prometido, desde el día de mi accidente, que haría lo posible para que ella fuera feliz-su decisión siempre fue firme, aunque intentaran hacerle ver, que ese no era el camino-Eso era lo que pensaba hasta que supe sus verdaderos sentimientos-su interlocutora presto más su atención, ansiosa por lo que estaba por decir- Al igual que yo, no me pudo olvidar a pesar de creer que yo estaba muerto, yo siempre he vivido en su corazón, y me sentí muy mal por haber dudado de su amor-aunque fue feliz en ese momento también estaba lleno de culpa.
-Fue un salto de fe- Anne sonrió cuando sus lágrimas se estaban convirtiendo en alegría, reconociendo la valentía de Candy por decir lo que sentía-Entonces, tuviste que decirle la verdad, que aun la recordabas y que también ella vivía en tu corazón, que no habías dejado de amarla-argumento mientras quitaba rápidamente las gotas de sus mejillas.
-Antes de eso, se reencontró con Terry-los ojos azules de Anne se abrieron desmesuradamente, no estaba preparada para escuchar tal evento-Le di aun la oportunidad de que eligiera, y lo hizo-la pelirroja estaba al borde de su asiento, inquieta por saber aquella decisión-Ella me eligió-Anthony mostro una deslumbrante sonrisa, pero las lágrimas de Anne nuevamente aparecieron, ambos rieron dando fin aquella tensión causada por el misterio-Obviamente cuando le dije la verdad, ella se decepciono, pero con la ayuda de mi padre, mi tía abuela, mi tío y mis primos, ella comprendió el sendero que tuve que recorrer para volver estar en su vida-su corazón volvió a sentir esa calidez al recordar aquel beso, que aunque no era el primero, en el ya no se transmitía un sentimiento o dolor oculto.
-¿Ella está aquí, en Zurich?, me gustaría tanto conocerla-pregunto, entusiasmada por conocer a aquella joven huérfana, teniendo eso en común y un amor tan extraordinario por un galeno.
-Desafortunadamente, ella se tuvo que quedar en Chicago, la guerra ha causado estragos y varias enfermeras han tenido que ir al frente, además de los pacientes que llegan por atención-recordó lo difícil y lo dolorosa que fue su separación, cuando él estaba dispuesta a dejarlo todo por ella, pero ella también deseaba que él continuara con su sueño y que a pesar de todo, estarían juntos.
-No, no puede ser-finalmente Anne se quebró, dejando escapar un sonoro llanto aunque después oculto su rostro con ambas manos mientras la lagrimas comenzaban a fluir, haciendo que el rubio se alarmara, pero antes de que pudiera levantarse, Anne lo miro con los ojos enrojecidos, mientras sacaba un pañuelo para sonarse la nariz-Desde niña, siempre deseaba descubrir, escuchar una historia, acerca de un romance trágico, pero no imagine, que ahora…lo siento-sonó su nariz fuertemente y seco sus lágrimas para después mostrar una alegre sonrisa-Los entiendo, yo por un tiempo, solo me enviaba cartas con Gilbert, seguramente, las de ustedes deben ser hermosas-
-Sí, aquí tengo una-el joven saco la carta que recién había leído de su bolsillo extendiéndosela a la pelirroja.
-¿Puedo?-pregunto al solicitar su permiso para leerla, Anthony acepto para calmar el angustiado corazón de Anne ante su historia, y pudiera comprobar el amor que persistía en cada una de las palabras que escribía la rubia-Sus palabras son cálidas y se nota, está impregnado el entusiasmo que hay cuando se dirige a ti-vio como el galeno, le extendía un guardapelo abierto, lo tomo, viendo en el, la foto de la protagonista de aquel romance trágico-Es preciosa, debe ser una persona sumamente dulce, adorable y cariñosa que pueda haber-lo dedujo con tan solo ver su mirada y aquel rostro risueño.
-Realmente lo es-dijo siendo inevitable recordar la sonrisa de Candy, aquella que siempre lo acompañaba antes de dormir y lo primero que piensa al despertar.
-Espero que pronto, muy pronto se vuelvan a encontrar y sé que ustedes serán inmensamente felices, no solo lo deseo, sé que así será-dijo fervientemente y con seguridad en sus palabras, mientras regresaba aquellos valiosos objetos para Anthony -Muchas gracias por compartirme esta hermosa historia-agradeció puntualizando con una sonrisa, ansiosa por hacer uso de su hábil pluma y transmitir aquella historia.
Era un día extrañamente soleado en la ciudad de Londres, en el cual varias familias habían aprovechado para salir y disfrutar de aquel hermoso día, sin que las nubes o alguna llovizna se hicieran presente como era común en aquel país. Su padre había ido a visitarla y decidieron ir a dar un paseo en el zoológico cuando saliera de sus clases. El hambre les estaba haciendo estragos, ella quería acompañarlo para buscar algún vendedor, sin embargo le pidió que la esperara en el donde se encontraban los felinos. Leones, tigres y pumas, eran parte de la exhibición de aquel lugar. A pesar de que se encontraba cerca de los árboles, aún seguía sosteniendo su sombrilla para cubrirse de los rayos del sol, esperaba paciente mientras miraba a niños acompañados de sus padres, exclamando admirados del imponente rugido del león, pero a pesar de aquel ruido, otro ruido, imperceptible para los demás llamo su atención, miro hacia atrás y en la base del árbol que estaba a su espalda, un polluelo hacia un esfuerzo para agitar sus alas y emprender el vuelo.
-No podrá, es tan pequeño aun-dijo al acercarse a la pequeña ave y mirando hacia arriba, distinguiendo en una de las ramas un nido, con otras dos pequeñas aves que estaban a la espera del alimento-Su madre no ha llegado-cerro su sombrilla y la recargo sobre el tronco, para después agacharse, lentamente y con cuidado agarrar el ave entre sus manos-Tranquilo, te regresare con tus hermanos-sin advertir que alguien la detuviera o por lo menos alguien la estuviera viendo, con una sola mano y con mucho esfuerzo de por medio había alcanzando a poner al ave en el nido-Ya estas con tu familia, todo va estar bien-tenía la certeza de que su madre llegaría pronto, por lo cual fue bajando del árbol, sin embargo, la corteza donde estaba su pierna se desprendio, haciendo que ella resbalara, cayendo de espaldas, grito, cerro sus ojos ante la inminente caída, sin embargo un cuerpo se interpuso entre ella y el piso, ambos cayeron, pero ella no recibió el mayor impacto en la caída, fue abriendo sus ojos, escuchando el sonoro latido de su corazón, pensando que era a causa del sobresalto, que no tenía que ver con la calidez y la seguridad que le habían brindado los brazos de su salvador, cuando se va levantando deseando y esperando ver el rostro de aquella persona, solo pudo ver su camisa negra, arremangada debajo de los codos, los intensos rayos no le permitían ver la identidad de esa persona.
-Erin, ¡Erin!-su padre la llamaba, pero aun deseaba saber quién era-¡Erin!-se despertó, al darse cuenta que era la voz de Kelly que la había llamado-Lo siento Erin, me pediste que te avisara de inmediato cuando llegaran los libros y los ensayos que fueran devueltos a la Universidad-se disculpó a pesar de que estaban en horarios de trabajo, sin embargo, la joven llevaba varios días sin dormir bien.
-No te preocupes, hiciste bien-bostezo mientras estiraba sus brazos, se había quedado dormida a pesar de haber tomada ya tres tazas de café extra cargado, no obstante decidió preparase otra taza antes de dirigirse a la biblioteca como lo hacía habitualmente-"Nuevamente ese sueño"-había empezado a tener ese sueño, reviviendo ese recuerdo a partir de la entrevista que tuvo con Anne y que a pesar de que era bella y joven, no había vivido una historia de amor o algún suceso, una persona que sacudiera su corazón-"Cuando quise ver su rostro él se había ido, ¡basta Erin!, ahora estas investigando algo de lo cual dependen muchas vidas"-pensó determinada mientras sacudía su cabeza y después le daba un sorbo de su café asegurándose antes que estuviera a buena temperatura. Paso más de una hora revisando los libros y ensayos que recién habían llegado, hasta que en sus manos tuvo uno que le llamo la atención-El Rompecabezas De la Septicemia, por el Dr. Donald Martin- leyó el título en voz baja, escéptica de que pudiera ser la respuesta a sus preguntas y a su investigación, comenzó a leerlo, asombrándose más y más al avanzar cada página.
A mitad del verano, a mediodía en el Hospital Santa Juana, Candy finalmente pudo tomar un descanso y dirigirse a la sombra del árbol para poder leer la carta que le había llegado esa mañana, ese árbol, en el jardín del hospital se había convertido en lugar habitual donde leía ansiosamente sus cartas. Desde que Anthony se había ido, había retomado su habitual rutina que tenía antes de que él apareciera, incluso teniendo turnos en la noche. Extensas horas de trabajo, apoyando en diversas cirugías, atendiendo a la gente más herida, pero sin perder su sonrisa y su humor al atender a los niños. Pero la alegría iluminaba su rostro cada vez que recibía una carta de su adorado Anthony. En el cual le contaba sobre las vivencias que estaba presenciando y de los increíbles profesionistas que había conocido, siempre rematando con un "piensa en mí" al finalizar cada una de sus misivas.
Desde el momento en que te vi
Sentí que tú y yo estábamos destinados a conocernos
Como una estrella que brilla en el cielo nocturno
Quédate a mi lado durante mucho tiempo
Mientras que en Zurich, Anthony leía las novedades que relataba la rubia a través de sus ojos, el hecho de que se seguía preparando, leyendo los libros que él le había sugerido, logrando ser elogiada por algunos médicos, pero haciendo lo posible para que no se le subiera la cabeza, pero todo con la finalidad de ayudar lo más posible ante la falta de personal. Finalmente había podido hablar con la tía abuela, tratando cada dos o tres veces por semana ir a cenar o almorzar en la mansión de los Ardley, a su modo había expresado sus disculpas y su gratitud por haber cuidado tan bien de Albert que incluso le insistía en que se mudara a la mansión ya que ella seguía siendo parte de la familia, pero siempre se negaba, alegando que la pensión quedaba muy cerca del hospital.
Cada vez que pienso en el poema llamado "tú"
Quiero memorizarlo, para poder recordarte
Cuando llegue una noche triste
Yo te voy a proteger
Las lluvias finalmente se hacían presentes en Chicago, justamente cuando la rubia tomaba un día de descanso después de varias semanas, aunque fue prácticamente obligatorio, se alegraba poder estar en casa y releer cada una de las cartas de Anthony, intentando que su ausencia no se sintiera tanto mientras tenía a su lado el guardapelo mostrando su fotografía.
¿Puedes escuchar mi corazón?
No lo olvides
Con ello se dio tiempo de escribir una carta aún más extensa contando, acerca de Annie y las presentaciones de piano que comenzó a dar y de las cuales Adam no escatimaba en presumir, de las arduas horas de estudio de los hermanos Cornwell, aunque Stear se distraía cuando la idea de un invento aparecía, la visita de la abuela de Patty a la tía abuela, suponiendo una posible reunión de los padres de ambos jóvenes para concretar un compromiso, comentándole además que la abuela Martha ansiaba por conocerlo reconociendo que por foto era un hombre sumamente apuesto. Mientras que Albert ya se había establecido como el líder, no solo haciendo posible mantener la estabilidad del consorcio si no buscar la manera de invertir en negocios que requerían prosperar en la recesión y así ayudarse mutuamente.
En todas las temporadas pasadas
Mi corazón
No cambió, ¿lo sabías?
Con tan solo una mirada tuya
Me hace sentir como si tuviera todo el mundo
Fue cuando comenzó el otoño cuando descubrió que Michael, era el mismo joven que Candy había conocido en la mansión de los Ardley en Chicago en sus vacaciones, el susodicho no lo negó y aunque Anthony se mostró algo celoso, de inmediato Michael le aclaro que solo cruzaron un par de palabras, al final quedaron en buenos términos, aunque eso no evito que expresara su malestar en la carta dirigida a la ojiverde, que además de alegrase de que Michael estuviera bien, lo mando saludar, aclarándole una vez más que era él(Anthony) en quien pensaba únicamente, aunque sabía que su enojo era fingido aunque viniera expresado únicamente en tinta.
Cada vez que pienso en el poema llamado "tú"
Quiero memorizarlo, para poder recordarte
Cuando llegue una noche triste
Yo te voy a proteger
Después de que Erin encontrara aquel ensayo y complementarlo con otros libros, el equipo trabajo arduamente, pasando varias noches en la biblioteca, sin embargo Anthony al llevar más tiempo sin descansar durante tres días se había quedado dormido sobre la mesa. Michael quien estaba sentado al lado de Kelly le dio un codazo para que viera como el joven sonreía a pesar de que seguía dormido.
-Se ve muy feliz a pesar de que debería estar exhausto-dijo en voz baja la castaña.
-Lo más seguro es que este soñando con su novia, debe extrañarla mucho-argumento Erin además de advertirles de que no lo despertaran, el joven merecía un descanso y poder ver a su amada aunque sea en sus sueños.
¿Puedes escuchar mi corazón?
No lo olvides
En su recorrido de regreso a casa, Candy se había percatado de que el otoño ya había hecho de las suyas en las hojas de los árboles, suponiendo con temor que lo mismo pasaba con la rosas en el jardín de Lakewood, a pesar de todo, seguía siendo una época que no le gustaba, aunque en su cabeza se repitieran sus palabras.
"Ya es tiempo de que las rosas caigan, ellas nacen y mueren…"
-"No quiero que vivas únicamente en mi memoria"-pensó recordando lo difíciles años en los que creyó que él ya no estaba en este mundo.
Incluso si llega el día en que las flores se marchitan
Sólo recuerda que...
Mi corazón es tuyo
Fue cuestión de meses para que la nieve cayera y con ello llegaran las festividades de fin de año. Candy estuvo en la mansión de los Ardley dando y recibiendo regalos a todos los miembros en Navidad, hasta que al anochecer miraba a través de la ventana de su habitación que le fue asignada, viendo como la nieve caía danzando suavemente, esperando compartir algún día esa festividad con Anthony, ella esperaría pacientemente.
Incluso si algún día nos llegamos a separar
Si es por ti, esperaré
Aunque el tiempo pase, estaré aquí de pie
Lo mismo había estado deseando días después Anthony, mirando por la ventana del gran salón de la Universidad, la nieve que caía del cielo suizo, mientras que se estaba festejando la llegada del año nuevo, invitando a todos sus colegas y familiares.
-Anthony, ven, vamos a tomarnos una foto-las formalidades se olvidaron ese día, siendo Gilbert el que lo había llamado para que se tomaran la foto, los miembros de su grupo junto con sus familiares, Gilbert con Anne, Kelly con su hermano, Michaell con sus padres, Erin con su padre y él con el suyo.
No lo dudes
Si ese momento llega
Días después de iniciar el año el grupo ya había avanzado con su investigación, sin embargo un grito alarmante se hizo presente en el salón y todos dirigieron su mirada a la joven rubia, quien temblaba al sostener el ensayo que tanto había elogiado y en cual se había estado respaldando.
-Dra. Callaghan, ¿se encuentra bien?-Gilbert se había acercado a Erin quien no podía dejar de ver el objeto que sostenían sus manos, notando la razón por la cual su expresión se había vuelto pálida-No es posible-
-¿Qué sucede?-pregunto Anthony corriendo al haber escuchado acerca de la reacción que había tenido la rubia.
-Le faltan hojas al ensayo-dijo de forma vacía, sintiéndose tonta por no haber puesto atención desde un principio a ese detalle, habiendo puesto ya todas sus esperanzas.
Los demás miembros notaron que un par de hojas estaban arrancadas a mitad de aquel cuadernillo y Erin aun con la mirada perdida, Gilbert tomo el ensayo entre sus manos, retirándose del lugar indicándoles que continuaran y que trataría de resolver la situación. Lo que no les menciono es que buscaría el origen del médico que había escrito tan brillante investigación.
-Doctor Donald Martin, escrito para la Universidad de…-cerro el libro habiendo visto el país de origen de donde provenía-Es momento de escribir unas cuantas cartas-buscaría por toda esa ciudad a aquel médico o con cualquiera que pudiera dar con él y no dejar todo esa avance por la borda.
Casi al finalizar el primer mes del año, pero continuando con las nevadas en la ciudad, un médico en su pequeña clínica, se abrigaba del clima gracias a la chimenea en donde de vez en cuando le ponía otro pedazo grande y seco de leña, además de degustar de un buen escoses. Mientras estaba a la esperaba de algún paciente se entretenía con su rompecabezas de metal, sin poder dar con una solución se percató de la llegada del cartero quien había dejado correspondencia en su buzón, algo que lo extraño bastante, pero al ver que se retiraba el cartero salió para recoger el único sobre que había dejado, viendo que no se trataba de una deuda pendiente.
-¿Zurich?, ¿Suiza?, ¿Por qué viene de tan lejos?-se preguntó, abrió de inmediato aquel sobre queriendo alimentar su curiosidad, leyendo con cuidado palabra por palabra, asombrándose por el contenido, que incluso lo leyó un par de veces más-¿Cómo dice, mi ensayo tiene un par de páginas arrancadas?- al comprobar nuevamente que eso estaba escrito, de inmediato busco entre sus muebles papel y pluma para responder en calidad de urgente aquella misiva.
CONTINUARA….
Hola.
Estamos cerca del final, digo cerca, porque el siguiente será el ultimo, pero no se preocupen, esta historia vendrá acompañada de un Epilogo. Sé que este capitulo fue un poco de relleno pero a la vez nostálgico y melancólico, pero sobre todo lleno de esperanzas para las que notaron ciertos detalles y mas para los que han leído mis otras historias de Candy Candy.
Quiero agradecer la paciencia y sus bellos comentarios. En Facebook hable de uno en especial, pero en fin, en cada cabeza es un mundo y respeto eso, cada quien es libre de dejar de leer algo que no les gusta, créanme yo lo he hecho. Pero en fin, quitando ese momento quisiera pedirles un favor super especial, me gustaría que me comentaran si cuando leen esta historia escuchan música o la relacionan con una canción, me encantaría que me comentaran cual canción y porque, o solamente la canción, quisiera hacer un especial de eso en la pagina de Facebook para celebrar el desenlace de All For You, espero que pudieran compartirme ese dato.
Aclaro que tanto Anne, como Gilbert Blythe son propiedad de Lucy Maud Montgomery de su libro de Ana de las Tejas verdes, y que dichos personajes me base de la serie de Netflix Anne with an "E" (que aun están a tiempo de verla si no lo han hecho)
Songifc:
All About You - TAEYEON
No olviden que si quieren seguir mas esta historia pueden darle like a la pagina de Facebook ALL FOR YOU - FFCC y la pueden buscar también como allforyoucandyFF.
Cuídense mucho y hasta la próxima.
#Quedateencasa
Besitos.
