Holi, gracias por los vistos y comentarios. Bueno, aquí ya voy a ir planteando como es la nueva vida familiar para Naruto y Sasuke, y como les va a ir afectando. Eso, espero que les guste.

"Realidad con Daiki"

("Young", The Chainsmokers -música de fondo capítulo)

Naruto

Ya han pasado seis meses desde que Daiki nació y ha sido todo un desafío. Cada día era un nuevo reto, cada día era algo nuevo para aprender.

Nueve meses preparándonos y, aun así, a veces sentía que no habían servido para nada.

La gente de la aldea se había alegrado mucho cuando, por fin me vieron en pie. Todos mis amigos de nuestra generación se alegraron mucho, al parecer los había tenido muy preocupados por mi supuesta enfermedad, aunque claro, yo nunca había estado realmente enfermo.

Otra sorpresa que se llevaron todos, fue la aparición de Daiki en nuestras vidas, pero luego de explicarles la versión que había preparado, todos entendieron y lo aceptaron.

Todos lo habían terminado queriendo, a Daiki. Habíamos nombrado a Sakura-chan su madrina y a Shikamaru su padrino.

Y esa era otra cosa importante, el único de nuestra generación, aparte de Sakura-chan, que sabía toda la verdad sobre Daiki, era Shikamaru. Ya que al ser el ayudante del Hokage, se había terminado enterando, pero prometió por nuestra amistad no decir nada.

"Además, aunque lo dijera no creo que me creerían, hasta a mí me cuesta creerlo", me dijo el de coleta en una ocasión.

Así que, por lo menos, ya tenía un poco más de libertad. Podía pasearme por la aldea y sacar a pasear a Daiki, pero, de todas maneras, todavía no podía volver a mis tareas como ninja combatiente.

Resulta que Daiki me requería 24/7, era extenuante y muy agotador.

Por lo menos, Daiki había cedido con el paso de las primeras semanas y ahora permitía que Sasuke lo cargara. De hecho, algo me decía que Daiki había aprendido a reconocer que Sasuke era su padre, así que cuando este lo tomaba, Daiki reía feliz.

Lo malo era que hasta ahí llegaba la tolerancia, no le gustaba que nadie más lo cargara, permitía un poco que Sakura-chan lo tomara y aceptaba los mimos de Iruka-sensei, pero no mucho más. Kaka-sensei había comentado que no era mucho de bebés, pero cuando le hacía cariño, Daiki se comportaba y se reía.

Pero, como dije, él me necesitaba para todo y yo tenía que atenderlo. Ya se me hacía muy natural, era extraño, ya casi estaba desarrollando un sexto sentido para reconocer que le aquejaba.

Luego de estos meses, había aprendido lo siguiente:

Lección número 1; nunca hacerlo rebotar sobre mis rodillas o elevarlo luego de haberle dado de comer, porque con toda seguridad iba a terminar vomitando.

Resultó que, en una ocasión vino de visita Iruka-sensei a la casa, luego de almorzar yo había puesto a Daiki sobre mi regazo.

No me había dado cuenta, pero comencé a hacer rebotar mi pierna, a veces lo hacía, un poco de lo enérgico que soy.

Y ese fue mi fin, antes de poder evitarlo, Daiki había hecho un ruido eructando y había vomitado en gran cantidad en toda mi polera.

La polera fue historia, hubo que botarla y luego tuve que estar una hora entera, arrullando a Daiki que no paraba de llorar.

Lección número 2; nunca llorar cuando Daiki lo hacía.

Había habido una ocasión en que Sasuke se tuvo que ir de misión y esta había durado casi tres semanas. Resulta que, nunca había estado tanto tiempo totalmente solo con Daiki y ese tiempo fue bastante demandante.

Había dormido pésimo durante esas semanas. Daiki había tenido cólicos, eso provocaba que, o vomitara su leche o le hacía pésimo a su guatita. Por ello, Daiki lloraba, lloraba y volvía a llorar.

Había pasado varías noches desvelándome por él. Me sorprendí al darme cuenta del miedo que había desarrollado hacía Daiki, me daba pavor que algo malo pudiera ocurrirle, me rompía el corazón que este sufriera y odiaba que este llorara.

Así que esas semanas fueron horribles, no tenía el apoyo de mi pareja, Sakura-chan me ayudaba como amiga y doctora de Daiki, pero el pequeño quería estar conmigo. Al parecer, conmigo se sentía seguro.

Una noche, cuando se había vuelto a despertar con dolores y lloros, había tenido que ir a arrullarlo.

Mientras lo hacía, no había podido evitar recordar cómo era todo antes, como era mi vida antes.

Quería tanto poder volver a sentirme libre, volver a pelear y salir de misiones, que esa noche la desesperación me había ganado. Mientras Daiki lloraba contra mi pecho, había terminado llorando con él.

Esa fue nuestra peor noche y había sido horrible, me había sentido muy débil. Se suponía que yo era el adulto y que tenía que brindarle mi fuerza a mi hijo, pero esa noche se me había hecho imposible.

Por eso, me había prometido que ese momento de debilidad no se volviera a repetir, nunca.

Lección número 3; nunca, pero nunca, olvidar comprar pañales.

Tsunade-obachan nos lo había advertido, pero en una ocasión se nos fue comprarlos.

Habíamos bañado a Daiki y cuando ya estaba seco, había ido por un pañal y resultó que se habían acabado.

Habíamos dado vuelta la casa, pero no encontramos un sólo pañal. Sasuke tuvo que ir a comprar casi volando y yo había tenido que sacrificar otra de mis poleras, al usarla como pañal improvisado.

Y nuevamente, mi polera fue historia y hubo que botarla. Había quedado apestando a orines y mierda de Daiki. Al paso que iba, me iba a quedar sin ropa.

Lección número 4; cuando está en pleno berrinche, hay que sacarlo a pasear, lo mejor es hacerlo mientras corro por los techos.

Resulto que, en una ocasión era imposible, pero imposible hacerlo dormir. Habíamos intentado de todo; revisarle el pañal, arrullarlo, hablarle, darle de comer, incluso habíamos intentado cantarle algo, no había resultado.

Sólo conseguí que Sasuke me golpeara por obligarlo a cantar y tener que escuchar mi "voz desafinada", según él.

Como siempre, él podía ser tan amable con sus comentarios. Nótese el sarcasmo.

Al final lo sacamos de la casa, pensando que un poco de aire fresco lo ayudaría y funcionó.

Este había mirado todo con sus ojitos curiosos, no lo habíamos sacado mucho por la aldea, tenía cuatro meses en esa ocasión, pero él había mirado todo feliz, como era de noche los letreros de los anuncios daban un toque especial que, sorprendentemente, lo habían tranquilizado.

Mientras paseábamos, habían pasado unos ninjas jounin con dirección al edificio del Hokage. Estos habían avanzado saltando por los techos y Daiki, al parecer, logró verlos porque había estirado sus manitas, como queriendo alcanzarlos.

Así que, con mucho cuidado y lo más suavemente que pude, lo agarré firme y subí con él a los techos. Este había mirado todo curioso y había reído.

Si había algo que me derretía totalmente, era escuchar los gorjeos y risas de Daiki, me llenaban de paz. Era muy tierno, lo malo es que a este le gustaba hacerme sufrir.

Cada vez que le quería sacar una foto riendo, este se ponía serio. "¡Era exasperante!", me recordaba tanto a Sasuke, ya que, él hacía lo mismo.

Fue así que, con sumo cuidado, fui trotando por los techos con Daiki en mis brazos, mientras este miraba todo curioso y se reía al llegarle el viento de la noche.

Lección número 5: siempre tener a mano y por ninguna razón, separarlo por las noches de su peluche favorito, un peluche que irónicamente era de Kurama.

Al paso de los años, los biyūs estaban comenzando a ser más conocidos en las aldeas. Yo mismo había puesto mi esfuerzo en ello, ellos eran mis amigos y al igual que las personas, tenían sentimientos.

Por ello, Gaara y yo habíamos ayudado a darle un hogar a los biyūs y a los que querían, podían estar con un Jinchuriki, como el propio Kurama que se quedó conmigo.

Los aldeanos estaban enterados que los biyūs fueron muy importantes en la cuarta guerra. Por ello, se habían vuelto muy populares.

A veces me costaba creerlo. Mi infancia había resultado muy dura y solitaria, porque la gente le tenía miedo y odio a Kurama. Y Kurama se había llenado de odio porque lo rechazaban y encerraban.

Ahora, lentamente, todo eso se estaba superando. Una de las pruebas era que habían hecho peluches de los biyūs y estos era muy populares entre los niños.

Tsunade-obachan, como regalo de nacimiento, le había regalado a Daiki un peluche de Kurama.

"Si no fuera por el chakra del Kyubi, Daiki no estaría aquí", me había dicho. Y eso era verdad.

Resultó que, ese peluche se volvió su favorito. Lo poníamos a su lado en su cuna y sólo con el Daiki podía dormir.

En una ocasión, cuando fuimos a comprar y llevamos a Daiki, el peluche lo llevamos en el bolso con sus cosas.

No recuerdo cómo, pero durante el camino el peluche se debió haber caído, porque cuando llegamos a la casa ya no estaba.

Y eso fue desastroso, Daiki había llorado y pataleado como nunca, porque no tenía el bendito peluche.

Sasuke había revisado la aldea entera, pero no lo había encontrado. Tuvimos que comprarle otro y Daiki al principio lo había rechazado.

Era como si supiera que ese no su peluche, pero luego de mostrárselo y tratar de convérsenlo, lo había aceptado.

En la actualidad, me masajeo el cuello, bostezando. Me había terminado levantando dos veces en la noche por el menor. Por lo menos, Daiki ya estaba durmiendo más seguido, así que sólo me levantaba a cambiarle el pañal húmedo.

Al revisar la hora, noto que son las nueve de la mañana. Comienzo a pensar que tal vez podía quedarme durmiendo otro rato más, cuando escucho a mi hijo llorar.

Suspiro, masajeándome las sienes, pero me levanto.

Había que decir que así comenzaba mis mañanas siempre, con el despertador llamado Daiki.

- ¿Qué pasa campeón? - este se remueve incómodo. Lo agarro de sus axilas y lo deposito en el mueble para mudarlo.

Al sacarle el pañal, veo que se había orinado. Hago la operación rápidamente para cambiarlo, ya estaba muy acostumbrado, casi lo hacía en control automático.

Daiki se chupa su manito, pero se queda quieto y ya sin llorar. Cuando termino, este estira sus bracitos.

-Momento dattebayo, tenemos que ponerte ropa, ¿o quieres andar con esa apariencia descuidada? - le comento, este gorjea, chupando de nuevo su mano.

A veces no sé si realmente me entiende, pero Sakura-chan me dice que lo mejor es que le hable, que le hace bien.

Una vez le pongo su ropa y lo abrigo, lo tomó para ir por el desayuno.

Al llegar, lo acomodo en su silla de bebé y me pongo a rebuscar en el refrigerador. Otra lección que había tenido que aprender, era que con la leche había que tener cuidado. Había que estar vigilándola, si no se quemaba y el olor era bastante rancio.

Estoy en eso, cuando aparece Sasuke.

-Hey Dobe - me hace una seña con su cabeza- Daiki- le hace mimos, este gorjea divertido.

Sonrió ante la imagen. No todo era fácil, muchas veces el moreno se tenía que ir y cumplir con las misiones y yo me quedaba con el menor, pero nos las arreglábamos.

-Hey Naruto, lo siento, pero tengo que irme, ya sabes, misión- ahogo el suspiro y sólo le asiento. Intento mostrarle una sonrisa.

Este me besa, le vuelve a hacer mimos a Daiki y se va.

Suspiro, pero me obligo a recomponerme. Cuando la leche está lista, se la sirvo en su biberón y se la doy al pequeño.

Agradecía tanto a quien fuera que había inventado un biberón con grandes asideros y que no se derramara.

Mientras este bebía feliz, me dedico a hacerme mi propio desayuno.

Observo la inmensidad de la casa y vuelvo a sentirme incómodo. Uno pensaría que tras mi infancia y adolescencia, ya estaría acostumbrado a la soledad y no es como si estuviera solo, tenía a Daiki, pero, de todas maneras, me incomodaba y me aburría.

Cuando Daiki termina su leche, lo saco de su silla y le voy dando suavecitos golpecitos en su espalda para sacarle los gases.

- ¿Qué te parece un día en el parque dattebayo?, ¿te gusta la idea? - este me mira y gorjea feliz- lo tomaré como un si dattebayo- le hago cosquillas en su nariz con la mía, se vuelve a reír.

Es de esta manera que preparo todo y voy caminando por la aldea. Intento ir por lugares sin muchas personas, pero cuando me cruzo con alguien, estos me sonríen felices.

Ventajas de ser el héroe de la aldea. Cuando me acerco al mercado, sorprendentemente, el menor no llora o se asusta, sino que mira todo con curiosidad.

Sonrió, "ese es mi niño valiente", sigo paseando. Al pasar por la florería Yamanaka, me termino topando con Ino.

- ¡Ah, Naruto!, ¿qué tal? - me saluda. Le sonrió de vuelta- hey Daiki, ¡eres precioso! - Daiki se ríe ante sus caricias.

-Hey Naruto- levanto la mirada, le sonrió a Sai - ¿qué tal todo? – me pregunta.

-Bien, no me quejo dattebayo, el señorito aquí exige trabajo, es todo- le picoteo la pancita a Daiki, quien se ríe entre mis brazos.

-Ohh, ¡eres demasiado adorable! - Ino le picotea las mejillas a Daiki, quien comienza a apretarse contra mí, intentando escapar. Intento no reírme ante ello.

-Esperamos contar contigo pronto, requerimos de tu apoyo. Además, que lo mejor es que en unos años más, heredes el puesto del próximo Hokage. Estoy seguro que Kakashi-san está contando con ello - asiento, pero no puedo evitar hacer una mueca.

-Si...- me paso la mano por mis cabellos - por ahora sólo pueden contar con Sasuke dattebayo, yo tengo que cuidar de Daiki - intento sonar ligero. Este asiente.

-Por supuesto, te esperaremos, todos lo harán- le asiento y me despido de ambos.

Sabía que no iba a poder regresar pronto a combatir, ya lo tenía más que estudiado el tema y, aun así, cuando ocurrían estos encuentros, solían terminar de esta manera. Sólo me quedaba con un mal sabor.

Aprovecho de hacer las compras y mientras paseo, veo pasar a Hinata. Cuando esta voltea, me sonríe media sonrojada.

Admito que había sido medio lento para darme cuenta, pero con el paso del tiempo pude darme notar que ella albergaba sentimientos por mí, sentimientos románticos.

Me había sentido un poco extraño, pero a la vez muy halagado. Ella siempre había estado ahí, por eso había tenido una plática con ella y le conté de mis sentimientos hacía Sasuke.

Ella me había sonreído un poco triste, pero también agradecida por haberle explicado, por haber tenido esa consideración para con ella.

Un par de años después, es decir, hace unos meses atrás, habíamos vuelto a hablar, ya que ella al ser guardiana de niños de guardería, iba a ser un poco inevitable que no terminara cuidando de Daiki.

Así que ella me dijo que cuando yo estimara conveniente, que lo mejor es que fuera cuando Daiki tuviera unos tres años, lo llevara a la guardería para que empezara a relacionarse con otros niños.

-Hey Hinata, ¿vas a la guardería dattebayo? - la saludo. Ella me sonríe un poco apenada, pero asiente.

-Ho-Hola Naruto-kun, así es, iba en camino. Hola, Daiki-kun- la morena le hace mimos a Daiki.

Tal vez es porque ella es muy dulce, pero Daiki que suele desconfiar de los extraños, le sonríe y le extiende los bracitos.

- ¿Te molesta? - esta niega rápidamente. Se lo paso y aprovecho de relajar el brazo. No es como si el peso del menor me destrozara, pero era un poco incómodo luego de mucho tiempo.

- ¿Cómo has estado Hinata?, ¿no has vuelto a combatir? - le pregunto, para hacer conversación.

-Hago pequeñas misiones, pero la verdad es que no…tal-tal vez es mejor así…yo nunca tuve mucha madera de ninja- me sonríe un poco triste. Hago una mueca.

-… Pero, piensa que ahora haces algo más de tu agrado, los niños te adoran dattebayo-señalo a Daiki. Ella se ríe un poco, me sonríe.

-Gracias Naruto-kun- le devuelvo la sonrisa. Luego de conversar otro poco, me alejo con el menor en brazos.

Al regresar a la casa, acomodo lo que compré y preparo un almuerzo rápido. Alabado sean los rámenes instantáneos.

Deposito a Daiki en su silla, le pongo su babero y me dispongo a darle de estas papillas para bebé- a ver Daiki, abre la boquita, así… ¡AHH! ...- le hago teatro exagerando mis gestos, este se ríe, pero obedientemente abre la boca.

- ¡Muy bien, así me gusta!, la comida es muy importante, ¡debes crecer muy fuerte dattebayo! – le digo motivado, este asiente con su carita toda embarrada con papilla. Me río y lo limpio.

Cuando termino de alimentarlo y de comerme mi ramen, vuelvo a cambiarle el pañal a Daiki y lo dejo dormido en su cuna. Sonrío divertido al ver cómo queda dormido al instante, estaba bastante noqueado.

Me dejo caer en el sillón de la sala y también me termino adormilando.

Al despertar, nuevamente por los lloros de Daiki, es vuelta a empezar. Lo cargo y lo dejo en el mueble para mudarlo, al sacarle el pañal, no puedo evitar hacer una mueca asqueado.

- ¡Diablos!, desde que comenzaste a comer esas papillas de bebé, tu mierda se ha puesto pestilente dattebayo -le comento, mientras le limpio su culo. Este me mira con sus ojitos inocentes- sí, lo sé, ¿la mierda de quién huele bien?, la mía claramente no, no puedo culparte por cagar tan hediondo- sigo conversándole.

"Por lo menos, sólo somos los dos en la casa, si alguien me viera conversando con el infante de esta manera, de seguro se reiría de mí", no puedo evitar pensar.

Luego de colocarle un nuevo pañal, lo cargo llevándolo a la sala. Me doy cuenta que igual dormimos harto, un par de horas.

Lo deposito en el suelo, sobre una manta y le paso sus juguetes. Me acuesto a su lado y le voy mostrando de estos bloques para armar cosas.

-Mira, los apilas así dattebayo -se lo demuestro. Este aplaude divertido e intenta hacerlo, pero con suerte logra apilar unos tres, cuando la torre se cae.

Este frunce el ceño, me preparo para sus lloros, pero parece inflar los mofletes y vuelve a intentarlo.

Parpadeo confuso, pero no puedo evitar el sentir un calor muy cálido en mi interior – así es campeón, cuando caes lo vuelves a intentar dattebayo -le acaricio los cabellos.

Daiki me mira confuso, pero luego sigue apilando sus bloques. Es así como nos pasamos la tarde, jugando con sus peluches y los bloques.

- ¡Soy Rex, el súper dinosaurio dattebayo!, ¡no vas a poder contra mí! - muevo el juguete frente a él, simulando sonidos de gruñidos. El menor aplaude divertido y me intenta copiar, haciendo gruñidos de animales.

- ¡Ese fue un buen intento! -me río- de seguro cuando te salgan todos los dientes, vas a poder simular mejor ciertos sonidos- comento de paso, este me mira confuso, pero luego sólo se ríe, haciendo más ruiditos de gruñidos.

Me río otra vez enternecido, supongo que por su risa, podía hacer lo que fuera.

Este sigue jugando con los bloques, aunque tengo que tener cuidado cuando se los comienza a llevar a la boca. Como dije, era un trabajo 24/7 el cuidar del menor.

Por lo que me había comentado Sakura-chan, a Daiki le estaban comenzando a salir los dientes y como le era incómodo, solía chupar y morder sus juguetes.

Cuando comienza a oscurecer, lo cargo y lo llevo al baño. Con cuidado, lo lavo en una pequeña tina. Por lo menos, este parecía tener plena confianza en mí, porque se queda tranquilo y se deja lavar.

- ¡Perfecto!, ahora estás limpio y lindo dattebayo- le digo, envolviéndolo en una toalla. Este gorjea divertido.

Mientras le pongo su mameluco para dormir, le hago cosquillas en su guatita, este vuelve a reírse. Me encantaba hacerle cosquillas, él era muy risueño.

Vuelvo a cargarlo y a balancearlo suavemente entre mis brazos, este comienza a encogerse y a cerrar sus ojitos, lo deposito en su cuna, arropándolo. Me quedo arrullándolo por unos minutos más, hasta que noto que se queda dormido.

Levantándome con mucho cuidado, dejo la puerta entreabierta, apagando la luz.

Me dejo caer en el sillón de la sala y me quedo mirando a la nada. Realmente era un gran desafío, un desafío que jamás pensé en tener, pero disfrutaba estar con Daiki. Lo amaba mucho, no tenía dudas sobre ello.