Anteriormente...
Se escuchó el click de un interruptor y todo comenzó a iluminarse. Era una tenue luz verde que salía de unos tubos dispuestos en el techo con un extraño líquido viscoso de ese mismo color. El hombre, que parecía de una edad bastante avanzada se acercó a Luxana y tomó su mano, besando el dorso de esta con gran delicadeza, haciendo una reverencia que la muchacha, acostumbrada a los modos corteses respondió complacida.
—Es un honor tenerla aquí, majestad.
—¿Majestad? —Preguntó Luxana sorprendida y éste golpeó su propia frente.
—Lo siento, lo siento, es muy pronto para eso. Por favor, siéntese —le ofreció un pequeño cojín en el suelo y ella se acercó para sentarse—. Usted también, venga, no se hace uno más joven por pasar más tiempo de pie. —Bromeó el hombre invitando a Darius a sentarse junto a la joven.
—¿Sabe que veníamos? —Preguntó Lux y el viejo asintió.
—Vengo esperando que aparezcan hace tiempo y no puedo creer que estemos aquí de nuevo. Simplemente es maravilloso.
—¿De nuevo? —Preguntó Darius confundido y el viejo asintió levemente.
—Lo explicaré de un modo simple. Mi magia es peculiar, soy lo que llamarían un Cronomante.
—Magia temporal —susurró Lux y el hombre asintio.
—He vagdo por éste mundo, tiempo y espacio buscando solución a cosas que han pasado y sigo sin encontrarla, sin embargo. En uno de mis saltos vi una joven con un poder superior al mío. Superior al de muchos.
—¿Quién era? —Preguntó Lux y el viejo sonrió.
—Pues tú, muchacha, o mejor dicho, alguien que luce igual a ti, pero no eres tú —ambos invitados quedaron confundidos y el viejo sonrió—. Empezaré desde el inicio. Mí nombre es Zilean y soy, un cronomante. Un mago que domina la magia temporal.
—¿Cronomante? Leí que no habían muchos con esa habilidad.
—No los hay, jovencito —Aseguró el anciano dirigiéndose al noxiano—. No hay muchos cómo yo. Pero eso no es lo importante. Lo importante ahora es que están aquí. Sé que tienen muchas preguntas y sé que puedo responderlas. La primera y sé que la que más los ha perturbado es lo que ocurrió anoche. Cómo fue que la muerte vino y luego se fue.
—¿Sabe sobre eso? —Preguntó sorprendida Lux y él asintió.
—Yo fuí quién hizo eso posible. Es cierto que la mujer que vieron en ti no tuvo nada que ver conmigo. Pero, yo les di una mano para evitar lo que iba a pasar. Y sí, yo sé quién es esa mujer, y no, no eres tú, Luxana. O mejor dicho, no eres la misma tú que está frente a nosotros ahora.
—No entiendo nada... —el viejo sonrió ante la confusión en la rubia y se sentó frente a ella, dejando un pequeño reloj de arena sobre el suelo, el cual comenzó a brillar y proyectar unas luces que tomaban forma en el aire.
—Comenzaré desde el principio y trataré de explicarlo de un modo que lo puedan entender. —Dijo y comenzó su narrativa.
Hace eones en el pasado, el universo era un basto charco de estrellas sin la vida que conocemos hoy día. Pero, habían entes que ya habitaban en él. Era vida en sí misma, pero una vida que funcionaba de forma muy distinta. Runaterra no existía. Pero cada galaxia estaba unida a otra cómo un continúo flujo que mantenía todo en orden. Un reino más allá de lo imaginable, dominado por una hermosa y poderosa reina.
La reina cósmica estaba en el centro del universo, viendo la vida crearse y destruirse en cada pequeña estrella que una de sus discípulas creaba. Ésta en particular las cuidaba cómo si fueran sus hijas y entristecía cuando alguna moría. Por ello, tomó un puño de estrellas y creó un dragón, éste le haría compañía y al ver morir a las estrellas sabría que él siempre reguiría a su lado cómo su fiel mascota. A éste dragón le llamó Aurelion Sol.
La reina, también tenía entre sus sirvientes un valiente guerrero que la defendía y defendía su creación ante cualquiera que osara desafiarla. El gran alfil de la reina. Así mismo, habían más deidades, qué, según su espacio en el universo cumplían su propia misión. Una de ellas, se encargaba de iluminar las estrellas que la otra entidad creaba. Dándoles vida y otra estrella apagaba esa luz dándoles muerte. Habían un par de entes que nunca se separaban y parecían siempre perseguirse, les llamaban el ocaso y el amanecer, su deber era dar paso a la luz y oscuridad entre los entes anteriores.
Éste ente que traía la luz de la vida, era amable y bondadoso, así que se peleaba con su contraparte muchas veces para que las estrellas no se apagaran, pero éste se negaba a sus peticiones pues iban en contra del orden natural de las cosas. Sin embargo, cada vez que una estrella está a punto de apagarse, ella trata de que no se extinga.
Esa luz tan poderosa, cada cierto tiempo envía un poco de su poder a cada estrella que nace, esperando que sea alcanzado por un ser vivo ejemplar que pueda usarlo para evitar que la estrella se apague, pues cree que tal vez no debe mantenerla brillando ella desde afuera, sino que cada estrella debe brillar desde adentro.
Estuve durante mucho tiempo buscando esa luz, porque es la única tan poderosa para poder canalizar la energía de la vida que arrase con el vacío. He intentado usar tú luz para salvar a mí gente y en cada intento fracaso y debo volver a éste momento. Pero, entendí finalmente que lo que debo hacer es salvar al resto. La respuesta está en el monte Targón. Debes ir y buscar al aspecto de la guerra. Él te llevará con el dragón. Y el dragón te llevará con la verdadera dueña de tu magia.
—La mujer que ví... —Darius interrumpió el relato.
—Era Luxana, en efecto, pero es una versión de ella misma que solo puede obtener si su conección con esa magia divina es fuerte.
—¿Pero, por qué...?
—¿Por qué se manifestó su magia para salvarlo a él? —Luxana asintió pues era justo lo que deseaba preguntar—. Todos tenemos una misión. Y la tuya es protegerla. Debes llevarla a salvo hasta su destino. "¿Por qué tú?" —Interrumpió cuando Darius iba a hablar —. Porque tú eres la oscuridad que siempre está con la luz. De una manera simple, Luxana es una joven maga que busca anteponer el bien ajeno sobre el suyo propio, su luz ilumina y da vida. Tú, eres la mano de Noxus, temido por todos y quién ha matado a tantos en batalla que ni siquiera alcanza a contarlos.
—Pero... —Zylean la interrumpió una vez más.
—Sé qué existen, pero no sé cómo piensan. Solo sé que esa dama me dijo unas palabras cuando hablé con ella en el futuro: "la luz brilla más fuerte en la absoluta oscuridad." Y es todo lo que puedo decir. Si les dijera ahora mismo lo que está por venir, ninguno de los dos querría continuar. Por eso, es mejor que solo sigan. No confíen en aquellos que los adulan. Sus respectivos hermanos y la joven que viaja con ustedes son las únicas personas en las que deben confiar. Y tú, —señaló a Darius con firmeza—. Debes limpiar la sangre de tus manos, haciendo que ella llegue al final de su meta.
—¿Cuántas veces nos ha dicho ésto antes?
—Más de las que puedas contar. Y si ésta vez fallamos, volveremos una vez más a éste lugar. Pero, el tiempo no es un juguete y si no lo hacemos pronto no sé en qué momento me impedirá regresar. Además, mientras jugamos con el tiempo, el fin de las estrellas sigue llegando. Por eso, hay que hacerlo funcionar de una buena vez.
—¿De verdad podré subir al Targón? —Preguntó Lux y él viejo rió.
—Sí. Pero no le digan a nadie. El viaje al Targón es algo que les compete solo a ustedes 2. Nadie más debe saber que irán ahí y mucho menos qué irán a buscar. Por cierto. No confíes en el hombre que te dió esa sortija. Los compromisos falsos suelen beneficiar solo a uno de los lados.
—Eso no.
—No niegues lo que ya sé. Entiendo tú postura. Pero te advierto porque tienes una misión que cumplir. No puedo decir mucho, pero ya lo sabrás llegado su momento.
—Pero, es que... —miró de reojo a Darius y éste parecía contener una risa burlona—. Es la única manera de proteger a mí familia. Si no me caso con él...
—Todos serían sentenciados por ocultar a un mago y blablabla, traición, blablabla, honor, blablabla. No te preocupes, solo desconfía. Te aseguro que ese compromiso jamás llegará a buen puerto. Sí. Reinarás, porque es tú destino hacerlo. Pero no tendrás una serpiente a tu lado. No te preocupes por eso.
—¿Reinar?
—Sin detalles —repitió Zilean—. Escucha, Luxana. Debes ir al monte Targón. Y tú, Darius, debes llevarla. Es todo lo que puedo decir. Muchas vidas dependen de eso. Es difícil de entender, lo sé. Y me gustaría poder decirles todo, explicarles ahora por qué y darle todas las indicaciones, pero no puedo. Así que mí única indicación es ésta, vayan al monte Targón.
—Lo haremos —Lux se inclinó levemente, con los ojos fijos en las figuras frente a ella, creadas por aquel reloj de arena—. Iremos lo antes posible.
—¿Y cómo se supone que hagamos para irnos y dejar a todos atrás?
—Hay alguien intentando matarnos, ¿no? —respondió—. Podemos fingir un secuestro.
—¿E irnos al Targón mientras dejamos atrás a todo Piltover buscándonos?
—¿Qué más da? Al final...
—No —dijo el guerrero con firmeza—. Esperemos mañana a la próxima reunión, veremos qué dicen y sabremos los planes de acción. Entonces, veremos qué hacer. Si ambos desaparecemos de la nada, podrían acusarme a mí de ser el culpable y tal vez al llegar al Targón hayamos desatado una guerra entre naciones.
—Eso es ridículo, si ambos desaparecemos será porque ambos estamos en riesgo.
—Eso es lo que pensaría mí gente. Pero, ¿no sería la oportunidad perfecta de los demás para acusarme de traición?
—Nadie pensaría eso si ambos desaparecemos. Ya ha ocurrido antes que ambos fuimos atacados. Incluso pensaron que el ataque fue hacía Jarvan, pero ya sabemos que si fue en nuestra contra.
—Nosotros sabemos que fue en nuestra contra. Si ambos desaparecemos, dirán que el que me atacaran a mí fue una cortina de humo y que ya que el principito se fue, decidimos cambiar de objetivo.
—Pero dudarán al ver que sigan en su lugar Katarina y tu hermano.
—Así no funciona el mundo. Seguro nos van a acusar de algún plan maléfico o algo por el estilo. Y siendo honesto, me da igual, pero hay algo más grande allá afuera cómo para provocar una guerra ahora mismo.
—¿Qué propones entonces?
—No lo sé ahora mismo. Quiero evaluar todo y pensar con calma, por eso te digo que actuaremos después de la reunión de mañana. Ya suficiente con que llevamos horas de haber salido y nadie sabe nada de nosotros.
—Pero llegaremos bien y todo estará en calma.
—Solo espero que tú hermano no haya reportado tu ausencia.
—Permiso —La voz de Zilean los sacó brevemente de su disputa—. La tarde avanza y Zaun no es un lugar muy agradable que digamos. Deberían ir subiendo y ya verán luego qué decisión es la más favorable. Confíen en mí, encontrarán el camino correcto.
—Vamonos —Darius se levantó y tomó del brazo a Lux para que se pusiera de pie rápido—. ¿Seguirá en éste lugar?
—Oh no, joven, solo he estado aquí esperando por ustedes —el viejo tomó su reloj del suelo—. Si necesitan verme lo sabré y los buscaré. No se preocupen. Pero, por ahora, adiós.
—Espero verle pronto —dijo Lux con amabilidad, haciendo una reverencia de despedida.
—Lo hará... Créame que nos veremos pronto.
—Es hora de irnos —Darius insistió y ella se cubrió con la capucha tal cuál él lo hacía—. No debería repetir ésto, pero, camina rápido y no mires a nadie.
—Señor, sí, señor. —se afirmó en el suelo y Darius rodó los ojos.
Sintieron las luces apagarse tras de ellos y levantó las cortinas para salir. Se veía un poco menos poblado que antes. Giró la mirada hacía Lux al sentirla sujetarse nuevamente de su brazo y comenzó a caminar. Tenía un mal presentimiento y deseaba salir de ahí lo antes posible.
