El camino al despacho del director se estaba volviendo aburrido. Caminar solo por los pasillos de Hogwarts era una sensación placentera solo cuando necesitabas pensar o desahogarte en silencio, pero ahora mismo Harry necesitaba distraerse de lo que ocurriría dentro de unos minutos.
Severus y Lily habían ido al aula de Slughorn para comenzar a preparar las pociones que podrían salir en sus T.I.M.O.S., unos estudiosos sin igual. Regulus había conseguido un pase de 24 horas a la sección restringida de la biblioteca, mientras que el trío de Lucius, Narcissa y Andromeda habían regresado a su sala común, seguramente a seguir discutiendo sobre la guerra.
Lo único que le calmaba un poco el nerviosismo era detenerse de vez en cuando en algún cuadro y tener una pequeña conversacion con ellos. Esperaba que estás fueran comentadas a Dumbledore rapidamente para asi evitarle un poco de conversación.
Al doblar uno de los pasillos se encontro de frente con Los Merodeadores. James lo miraba curiosamente, Sirius con una mueca, mientras que Peter se encontraba al final del grupo con mirada temerosa. Remus fue el dio un paso al frente y le sonrio gentilmente al chico nuevo.
-Casi es toque de queda Harry, ¿no deberías estar en tu sala común? - pregunto con aquella voz agradable y tierna.
-El Director me ha llamado para reunirme con él.
-¿Te molesta si te acompañamos?
Harry nego con la cabeza. Extrañaba pasar tiempo con su familia y como estos se encontraban desconfiados de él pues no habií tenido la oportunidad de acercarse realmente. Las conversaciones comenzaron sobre Quidditch y más tarde sobre la casa de Slytherin. Un vistazo a un cuadro vacío le hizo darse cuenta que no se había encontrado con los Merodeadores por casualidad. La gente no era discreta ni en pintura.
Se detuvieron frente a la gárgola que ni siquiera les dirigio una mirada.
-Caramelos de limón.
Cuando las escaleras comenzaron a aparecer lentamente Harry se subió en uno de los primeros escalones. Estaba cansado tanto física como mentalmente, quería terminar con todos los problemas de una vez para irse a dormir. Aunque tenía miedo de que sus barreras cayeran. Aún no era muy bueno en Oclumancia y si se encontraba en ese estado era más probable que el viejo lograra acceder a su mente.
Una mano suave como el algodón y fina como el cristal se coloco en su hombro derecho. Otra mano huesuda, pero aun así recorfortante se coloco en su hombro izquierdo. Con ese apoyo silencioso Harry tuvo el intensivo para enfrentarse al Director.
- Adelante mi muchacho.
La puerta fue abierta con un pequeño chirrido y la sonrisa de Dumbledore no agarriaba nada bueno.
-¿Puedo ayudarlo en algo profesor?
-Claro...claro...tome asiento.
El hombre sirvió un poco de té en las mismas tazas que la última vez. Una pequeña alerta en su subconciente le advertía para no tomar lo que aquel hombre le estaba sirviendo. Cuando llevo la taza a sus labios se sonrojo grandemente al darse cuenta que era Amortentia, por el olor tan delicioso que emanaba el té. Creía poco probable que algún té en el mundo oliera de esa manera. La pregunta era, ¿de quien quería que se enamorara?
-De Lily.
Oyo el susurro de Lady Magia. Harry realmente se estaba debatiendo entre sentirse asqueado por el sentimiento que el Director quería implantar de él hacia su madre o avergonzado por el olor que emitía la taza
La risa oscura de La Muerte hizo que un impercertible sonrojo se acentuara en las mejillas de Harry. Lady Magia también solto una musical risa y el ojiverde comenzó a parecer un pequeño tomatito andante. Dumbledore fijo su vista nuevamente en él al ver su sonrojo.
-¿Se encuentra bien mi muchacho?
-S-si profesor.
El chico dirigio la taza a sus labios y tomo una generable cantidad, o por lo menos eso era lo que el Director creía.
-Hay un delicioso olor a caramelo de limon en el aire.
Dumbledore quería saber el olor de su Amortentia. ¿Cómo estaría seguro que le estaba contando la verdad? ¿Habrá echado Veritasum? O peor aún, ¿acaso es posible unir dos pociones?
-Ese hombre puede hacer cualquier cosa por conseguir lo que quiere.
Harry asintio impercertiblemente. Claro que Dumbledore podía hacer cualquier cosa por conseguir lo que quiere. El camino al infierno esta pavimentado de buenas acciones. Aunque sus acciones sean muy alejadas del significado de la palabra bueno.
-Realmente hay un olor a menta...y a libros...Creo que un poco de ingredientes de pociones y césped recien cortado.
Harry le comento la verdad. Realmente no le pasaba por la mente algo que le gustara y que serviría para mantener al viejo tranquilo.
En cambio Dumbledore analizaba los distintos olores que sentía su alumno.
El olor a menta puede venir de Malfoy, ese chico tiene una pequeña obsesión con lavarse su cabello con ese olor. Los libros pueden ser las dos jovenes Black y Evans...o hasta Lupin, con quien lo habia visto teniendo uno que otro contacto. El olor de las pociones claramente es Severus y el césped recien cortado podía pertenecer a Regulus por su encanto en el Quidditch, incluso podía pertenecer a James y a Sirius, pero Dumbledore no estaba seguro.
-¿Te has estado adaptando bien? - cambio de tema abruptamente - Me han comentado que has entrado en el equipo de Quidditch.
-He tenido la ayuda de muchos compañeros, profesor...Y si, siempre me ha encantado el Quidditch asi que no me lo pensé mucho para intentar entrar.
-Hijo, hay algo importante que quisiera hablar contigo.
-Claro profesor - dijo mientras tomaba de su taza.
-Los Slytherin con los que te juntas son futuros mortífagos, seguidores de Voldemort...Alejate de ellos mi muchacho - sus ojos tenían aquel brillo que a Harry siempre la parecía preocupacion.
-Pero profesor...son mis amigos.
-Pero son malos Harry.
-Tal vez pueda ayudarlos a que sean bueno...tal..tal vez - hizo como si entrara en un ataque y dejo caer la taza al suelo.
El Director hizo una mueca cuando vio todo el contenido de la taza desparramado por el piso, pero se sintió satisfecho de ver que el chico era un tierno Hufflepuff que seguiría el camino del bien...o mejor dicho, el camino de sus manipulaciones.
-Toma mi muchacho...una poción calmante.
Harry la llevo a sus labios, pero no tomo de ella. Realmente no quería recibir alguna sorpresa por parte de su amado Director.
-Gracias profesor.
-Mi muchacho, tienes que entender que esos chicos ya no tienen salvación.
-Pero...pero...
-Hagamos algo. Los vigilaré por dos semanas y si veo algun cambio bueno en ellos te lo comunicare.
El chico asintio y salio del despacho, percatandose de la sonrisa macabra del director que pretendía ser dulce e inocente.
Albus Dumbledore si se había dado cuenta de un cambio impercertible en los Slytherin. Muchos de ellos, incluso habían comenzado a pasar tiempo con lo que ellos llamaban sangre sucias. Aquellas cartas que le costaban horas descifrar se habían detenido, o por lo menos la gran mayoría. Todos pasaban tiempo en la biblioteca intentando buscar una solución a un problema que a ojos de Albus era inexistente.
Aunque el chico no tenía que saber aquello. Simplemente le diría que no había salvación para sus amigos y terminaría uniendose a su bando completamente. Aunque tendría que separar cualquier sentimiento de Harry hacia las serpientes, podría ser un gran problema en batalla. Los Hufflepuff y su corazón de oro, siempre buscando salvación donde no la hay o no debe haber.
