Capítulo 26: Un brillante futuro.
La encontró solitaria y cabizbaja, sentada a los pies de una escalinata, con la cabeza cubierta por su chaqueta. En un apartado rincón de la Preparatoria Femenil de Shinbashi, Ami halló a Makoto, y el estado miserable en el que la encontró, le produjo un agudo malestar en su pecho.
En silencio, Ami cuidadosamente se acerca y toma asiento junto a Makoto, quien aún no se da cuenta de su presencia.
Insegura sobre qué hacer a continuación, Ami opta por posar una mano sobre la espalda de la castaña. Y ésta reacciona de inmediato al súbito tacto de otra persona, sobresaltada. Mas cuando se descubre la cabeza y realiza que se trata de la peliazul, sus enrojecidos ojos se suavizan y su labio inferior comienza a temblar.
Ami extiende sus brazos y Makoto, sin pensarlo dos veces, se lanza en su dirección y la abraza.
- Está bien, no lo reprimas, Makoto. –
La castaña se aferró a ella y rompió en un desconsolado llanto, tan desgarrador, que resonó con los propios sentimientos de Ami.
Makoto se separó preocupada cuando escuchó los sollozos de la otra chica.
- No llores, Ami… - Le pidió, secándole las lágrimas con sus pulgares.
- ¡Es que me da mucha pena! – Exclamó la peliazul, su llanto ahora convertido en un molesto hipo. - ¿Por qué te tuviste que lesionar justo hoy? Es simplemente cruel. –
Makoto no dejaba de hacerse esa misma pregunta.
- Lamento tanto haberme puesto a llorar cuando se supone que debía consolarte. – Una apenada Ami refregó sus ojos por última vez y volvió su atención a la jugadora. - ¿Te atendieron bien? ¿Qué te recomendaron hacer? Veo que vendaron tu tobillo. –
Recién en ese momento Makoto se vino a percatar del vendaje.
- No sé, realmente no presté mucha atención a lo que me conversaron. – Admitió la jugadora.
Al momento de ser atendida por el equipo médico, Makoto se encontraba en una especie de estado catatónico. No recordaba con exactitud los detalles de la charla, tampoco se quedó para recibir instrucciones o recomendaciones, pues apenas le quitaron un ojo de encima, Makoto se escapó.
- ¿Supongo que debería estar descansando? – Su voz sonó insegura y quebradiza, sus ojos se clavaron en el suelo.
Ami notó este cambio de ánimo en Makoto e inmediatamente se hizo con sus manos, entregándoles un suave apretón.
La castaña levantó la mirada. – Seguro pensarás que estoy loca. –
- ¿Por qué? – Sintió curiosidad Ami.
Makoto mordió su labio inferior en un inútil intento de contener su llanto.
- Quiero jugar. – Dijo entre dientes. – Si no pienso en mi tobillo, en el dolor que siento, seguramente podré jugar. –
- Mako… -
- No te enojes conmigo, por favor. – Ella no podría soportar eso. – Pero quiero jugar, necesito jugar. –
Le dolió que las manos de Ami abandonaran las suyas. Aquel reconfortante contacto, desapareció, y en su reemplazo; un abismo profundo de dudas y desacuerdo se instauró entre ambas jóvenes.
Fueron segundos de incertidumbre y silencio que se sintieron eternos.
- No, Makoto, enojarme contigo no contribuiría en absolutamente nada. – Habló la peliazul, su tono suave y comprensivo. – Quizás me cueste entender, pero sé que tienes tus razones para querer jugar pese a estar lesionada. – Inhaló hondo, buscando las palabras adecuadas para decir lo siguiente. – Pero estoy en mi deber de recordarte que tu lesión se puede agravar. En el peor de los casos, si algo llega a salir mal, tu carrera deportiva se puede acabar por culpa de una lesión. –
Un escalofrío recorrió la espalda de la castaña tras escuchar aquellas palabras.
- La decisión es tuya, no puedo obligarte a hacer o no hacer algo. – Ami acortó las distancias y fue ella esta vez quien se aferró del cuerpo de la otra joven. – Pero, por favor, nunca olvides que hay muchas personas que nos preocupamos por ti. –
En la posición en la que se encontraba, con su cabeza apoyada de forma delicada sobre el pecho de Makoto, Ami podía oír con claridad sus latidos acelerados.
- ¿Su corazón latirá de esta forma por el dilema que está experimentando o por mi cercanía? – Se preguntaba la peliazul.
Entonces Ami sintió los brazos de Makoto rodear su cintura y su propio corazón perdió el control. Pensó que desfallecería cuando la castaña apoyó su frente sobre uno de sus hombros.
- ¡Makoto! ¡Makoto, vamos, te necesitan urgentemente! –
A velocidad récord, Makoto y Ami se separaron, ambas exhibiendo rostros completamente rojos y alarmados.
- ¡Qué bueno que te encontré, Makoto! – Se trataba de una jugadora de reemplazo de Azabu, compañera de la castaña. – La entrenadora estaba preguntando por ti. –
Makoto evitó voltear, pues aún sentía todo su rostro en llamas por el potente rubor que la aquejaba. Ami, frente a ella, se escondía tras sus manos.
- ¿La entrenadora preguntó por mí? – La castaña aclaró su garganta, pues tenía ciertos problemas para hablar. – Bien, iré al gimnasio de inmediato. Hablaré con ella en persona. –
- ¡Entendido! – Asintió su compañera. – Le diré eso a la entrenadora Luna. –
Tan rápido como llegó, esta chica partió. Se marchó corriendo, dejando a las otras dos a solas.
Makoto no pudo evitar reírse por lo que acababa de ocurrir.
- Qué mal momento eligió Shibazaki para aparecer. – Comentó entre divertida y avergonzada.
La castaña decide ponerse de pie, esforzándose más de la cuenta para realizar esta simple acción. Algo que no pasó inadvertido para los atentos ojos de Ami, que siguió cada uno de sus movimientos.
- Arriba, señorita. – Makoto le ofreció su mano.
Una vez que tuvo a Ami de pie frente a ella, Makoto se acercó y le ofreció se chaqueta, invitándola a ponérsela.
- Sé que estás preocupada por lo que me pueda ocurrir. – Lo podía ver claramente en la mirada de la peliazul. – Por favor, confía en mí. No pienso cometer una locura. –
Ami se mantuvo quieta todo el tiempo que se tomó Makoto para subir la cremallera de la chaqueta.
- Confío en ti, Mako. – Dijo la peliazul finalmente. Su respuesta le brindó mayor tranquilidad a la jugadora, quien sonrió a la otra chica. – Confío en que sabes lo que haces. –
Con mejor ánimo, Makoto se acercó lo más que pudo a Ami, y, como si fuera a revelar una información súper confidencial, espió en todas direcciones asegurándose de que nadie estuviera escuchando y luego habló.
- Esto es un secreto, pero te lo confiaré, pues me agradas. – Su sonrisa creció un par de centímetros. – Adoro cuando usas mi chaqueta, encuentro que te ves preciosa con ella. –
Por lo menos este comentario le sacó una linda risita a Ami.
De regreso en el gimnasio, el juego había entrado en receso, era el tiempo intermedio entre el tercer cuarto y el último.
Los equipos estaban recuperando energías mientras ambos entrenadores entregaban instrucciones sobre cómo abordar al contrincante en estos minutos finales de juego. O en el caso de Azabu, cómo revertir el marcador a favor del equipo.
Makoto se mantuvo al margen de la charla, fuera del alcance de los ojos de todos, esperando a que la entrenadora Luna terminara de hablar. Cuando acabó, le pidió a otra persona a que fuera por ella.
- ¿Te atendieron en la enfermería? ¿Qué te dijeron, Makoto? – Luna llegó junto a ella haciendo muchas preguntas. - ¿Qué tan grave es tu lesión? –
La jugadora agachó la cabeza.
- No fui a la enfermería. – Confesó a la mujer. – Lo lamento, entrenadora. -
Luna llevó una mano hasta su frente y suspiró exasperada. Realmente no la ponía feliz saber que Makoto no hizo caso a los consejos del equipo médico.
- ¿Entonces dónde se supone que estabas? –
- Conversando con la voz de la razón. – Murmuró Makoto.
Y, sin embargo, Luna la pudo oír perfectamente. Si no la hubiera escuchado, no hubiera puesto esa mueca rara en su rostro.
- ¿Perdiste la cabeza, Makoto? – La joven fue tomada por sorpresa por esta dura respuesta. – Desconozco la gravedad de tu lesión, ni siquiera tengo un diagnóstico certero. ¿Qué se supone que debo hacer contigo ahora? –
La jugadora apretó los puños y mordió su labio inferior, abrumada por el torbellino de emociones que sacudían su cuerpo.
- Yo me quedaré en la banca. –
Esta vez fue Luna quien fue tomada por sorpresa.
- Era mi sueño disfrutar hasta el último instante de esta final y divertirme junto a mis compañeras, pero todo apunta a que esta maldita lesión no dejará que eso ocurra. – Se esforzó tanto, entrenó para mejorar, hizo de todo para llegar en las mejores condiciones a esta instancia, pero el destino le deparaba otra cosa. - ¡Y muero de ganas de jugar! ¡Quiero entrar al campo, aunque signifique salir de él con el tobillo destruido! – La jugadora alzó la voz. Era consciente de que le estaba faltando el respeto a su entrenadora con este tono, pero no se podía contener. - ¡Pero no quiero que la lesión empeore y que ya no pueda jugar baloncesto nunca más! –
Makoto se quedó en silencio cuando sintió el peso de una mano posarse sobre su cabeza. El gesto no detuvo las lágrimas que caían de sus ojos, pero fue con tal calidez y afecto, que le brindó a la joven la calma que necesitaba.
- No te atormentes, Makoto. – Luna le sonrió, comprendiendo sus sentimientos a la perfección. – Eres joven, veo en tu futuro muchas finales por disputar. Pero una imprudencia podría truncar aquel futuro brillante. Estoy segura de que tú ni yo podríamos vivir con esa culpa. –
Como siempre, Ami tenía razón.
Makoto es afortunada de estar rodeada de tantas buenas personas que se preocupan de ella y de su futuro.
- Así que ahora escucharás a tu entrenadora e irás a sentarte a la banca junto a tus compañeras, ¿entendido? –
La castaña asintió con firmeza, aun llorando.
- ¡Y que alguien venga a revisar ese vendaje en tu tobillo, se aflojó todo! – Luna le dio una última palmada a Makoto en su cabeza antes de dejar su lado.
- Gracias, entrenadora. – Las lágrimas no cesaban de caer de los ojos de la jugadora.
El último cuarto de este juego dio comienzo, y para Makoto era tan raro como deprimente ser una espectadora más. Le provocaba un enorme pesar en su alma no poder estar en el campo junto a sus amigas.
Se iniciaban así los diez minutos más cruciales para las aspirantes a llevarse el título, donde las ventajas se debían consolidar o se corría el riesgo de terminar atrás por un simple descuido.
Esta era la amenaza a la que Shinbashi debía hacer frente en este último cuarto, pues terminado el tercer cuarto, la diferencia de puntos con Azabu era estrecha.
Por esta razón, las actuales campeonas ingresaron a la cancha mostrando su faceta más enérgica y agresiva. Desde el minuto uno dominaron el ataque con sus incisivas maniobras, pues la estrategia era saturar la defensa de Azabu ahora que se había visto mermada por la ausencia de una jugadora importante.
Pero el tridente defensivo de Akane, Unazuki y Kazumi, reemplazante de Makoto, estaban dando lo mejor de sí para impedir que sus rivales tuvieran la oportunidad de acrecentar la brecha entre ambos equipos.
Claro está que con el retroceso de Unazuki, Azabu perdía un arma importante a la hora del ataque. Sus tiros desde fuera del área eran una perfecta opción para sumar de a tres puntos.
La tarea de unir el bloque defensivo con la solitaria lanza de ataque recayó en los hombros de Yaten, pues su velocidad le permitía evitar o burlar a sus marcas con mayor facilidad. Además de leer y anticipar jugadas rivales como nadie más, tenía la suficiente destreza como para robar balones e iniciar un contraataque.
El ataque, por supuesto, corría por parte de Haruka. También mantener al equipo con el espíritu en alto, tarea de una capitana.
La rubia muchas veces llegaba sola al área rival, pero se las ingeniaba para aguantar las marcas. De aquel modo, Yaten siempre venía en su ayuda y apoyaba el ataque.
Sin embargo, se estaban entregando muy pocos puntos de ambos lados, algo que no favorecía en nada a Azabu y sus intenciones de superar a Shinbashi.
- ¡Cubre a la 10, Unazuki! – Las órdenes de Luna iban y venían. La mujer se hallaba plantada junto a la línea de banda desde el inicio de este último cuarto. - ¡Los rebotes, Kazuki, los rebotes! –
Makoto se había limitado a observar el juego en silencio, pero con cada jugada, cada lanzamiento, sus dedos involuntariamente se movían, anhelando sostener el balón. Y ni hablar de sus piernas inquietas que no podía dejar de mover, pese a que el mismo vaivén no hacía más que acrecentar el dolor de su tobillo.
¡Tenía tantas ganas de jugar, tanta energía por liberar, pero debía contenerse!
- Debo enfocar toda esta energía en algo. – Pensó la jugadora.
La barra de Azabu estaba muy silenciosa, igual que la banca de suplentes. Quizás se deba a que todo el mundo estaba al borde de un colapso nervioso.
Pero las jugadoras necesitan del apoyo incondicional de sus seguidoras. Cuando escuchas sus cánticos, sus arengas, tu energía parece multiplicarse por mil.
Era hora de cambiar eso.
- ¡Vamos equipo! – Makoto se levantó de su asiento y llenó sus pulmones de aire para realizar otro grito. La chica cerró los puños con fuerza y dejó salir todo. - ¡Lo están haciendo muy bien! ¡Sigan jugando así! –
Se había plantado una semilla, era solo cosa de tiempo para que esta pudiera germinar.
- ¿Esa que está gritando es Makoto? – Minako movía la cabeza de un lado para otro para tener mejor visión del banco de suplentes.
Desde los asientos que utilizaban, claro, Makoto podía ser oída con claridad. Ami dudaba que se pudieran oír en los sitios de más atrás, pues estaba sola apoyando al equipo.
De no ser por los gritos de la jugadora, Ami no se habría percatado de lo callado que estaba todo en las graderías.
Pero si más voces se unían, seguramente esta arenga se haría escuchar.
- ¿Ami? – Usagi vio a la peliazul ponerse de pie.
- ¿Ocurre algo? – Setsuna se preguntaba qué planeaba hacer la joven.
Y el grito solitario de una, se volvió en el aliento de dos corazones.
- ¡Vamos Azabu! – Roja de vergüenza, Ami ignoró las miradas curiosas y el efecto que la atención de extraños producía en ella. - ¡Ustedes pueden ganar! –
Minako y Usagi comprendieron perfectamente el plan de Ami, y sin titubear, se levantaron de sus asientos y se unieron a los gritos de la otra chica.
De a poco se fueron sumando más y más estudiantes que, con aplausos, coreografías espontáneas y sus propias voces, entregaban su apoyo al equipo.
La banca de suplentes, lideradas por Makoto, se hicieron con unas cuantas botellas vacías que utilizaron para realizar una percusión que, para sorpresa de Luna, tenía un increíble ritmo.
- ¡Vamos chicas! – Luna sabía perfectamente que sus jugadoras no solo necesitaban órdenes, sino también palabras de aliento. - ¡Han llegado tan lejos, sigan adelante! –
Este era el verdadero espíritu de Azabu.
- ¡Bien hecho, Koto! – Haruka agradecía enormemente lo que su amiga había hecho por el equipo. - ¡Encendiste los corazones de todos! –
Era hora de esforzarse para bridarles un gran espectáculo a todas las personas que las han venido a apoyar.
- ¡Aquí, capitana! -
Haruka se vio impedida de avanzar cuando dos rivales se pusieron en su camino, pero el balón se mantuvo en movimiento gracias a la inteligente maniobra de la rubia, que pasó el esférico entre sus piernas y cuyo rebote llegó a las seguras manos de Yaten cuando pasó por detrás de la capitana.
La desenvoltura con la que Yaten se movía por el campo y manejaba el balón dejaba anonadadas a sus contrincantes. Y su gracia para anotar, simplemente dejaba a todas boquiabiertas.
- ¡Así se hace! - Celebró Luna. - ¡Que el balón circule rápidamente chicas! -
A minutos de que terminara el encuentro, Azabu estaba a un par de puntos de igualar a Shinbashi en el marcador. Algo que no le sentó muy bien al entrenador de las actuales campeonas.
- ¡Demuestren que son superiores! - Finalmente se escuchó el vozarrón del hombre, uno que lucía cada vez más nervioso de ver que Azabu se adentrara en su área y pudiera anotar con suma facilidad. - ¡Defiendan el título! -
La final se había convertido en una verdadera batalla que estaba a portas de culminar.
- ¿Unazuki? - Yaten visualizó a su compañera dispuesta al otro extremo del campo, sin marca. Tenía los brazos levantado. - Finalmente se soltó un poco. -
El pase de la jugadora viajó por sobre las cabezas de todas las demás y llegó hasta las manos de la pelirroja.
Y esos tres puntos que anotó Unazuki pusieron a Azabu en la delantera por la mínima diferencia.
- ¡Anoten, están arriba por un punto! - Eran las órdenes del entrenador de Shinbashi. - ¡Pueden superarlas fácilmente! -
- ¡Continúen con el buen juego, chicas! - Luna tampoco se quedaba callada. - ¡Aumenten la diferencia! -
A esta altura del juego la gran mayoría de las jugadoras habían agotado sus reservas de energía y, sin embargo, aún continuaban entregando lo mejor de sí mismas, seguían luchando por alcanzar el preciado título de campeonas.
Pases a ras, milimétricos, tiros al aro cargados de esperanzas, contraataques mortíferos que se encuentran con una defensa de hierro, carreras al área; faltas involuntarias, sudor y lágrimas, balones en disputa.
Makoto se llevó una mano al pecho y aferró el escudo de su preparatoria.
- Mis compañeras de equipo, mis amigas, son todas unas grandes deportistas. -
El silbato del juez resonó por todos los rincones del gimnasio.
Y el tenso silencio del final del juego se convirtió en la celebración de un equipo y su fanaticada.
- ¡Estoy orgullosa de pertenecer a este increíble equipo! - Makoto no pudo aguantar más y corrió a celebrar con sus amigas, seguida por el resto de las suplentes.
En medio del campo, Haruka recibió a Makoto y se dieron un apretado abrazo. Yaten se acercó a consolar a Unazuki, quien se lanzó al suelo a llorar de felicidad. Akane fue sostenida por un par de compañeras, pues apenas podía mantenerse en pie.
Luna se permitió derramar unas cuantas lágrimas. - Lo hicieron magnífico, chicas. -
Azabu pasó a la historia y se convirtió en el equipo campeón de ese año, rompiendo con la racha de Shinbashi.
En el frontis del edificio principal de la Preparatoria Femenil de Shinbashi existe esta plazoleta donde está erigida la estatua de uno de los más importantes y respetables rectores que ha trabajado en esta institución.
Arbustos bien cuidados cercan toda la zona y una que otra banca hay repartidas por el lugar.
Ami se encontraba admirando dicha estatua cuando, de reojo, advirtió que alguien se acercaba en su dirección a paso lento. Sonrió, pues se trataba de Makoto. Aunque aquella sonrisa se esfumó enseguida, pues sus ojos repararon en el vendaje que envolvía el inflamado tobillo de la jugadora.
Makoto llegó junto a ella, y con su ayuda, tomó asiento a los pies de la estatua.
- Este tobillo duele como mil demonios. – La chica se reía, pero era evidente en su rostro el malestar. – Me vendría bien una muleta ahora. –
- La inflamación luce espantosa. – Indicó la peliazul bastante preocupada.
- Sí, por eso tengo pensado ir al hospital. – Era consciente del estado deplorable de su tobillo.
La jugadora bajó los ojos y se concentró en el brillante objeto que colgaba de su cuello. Se trataba de la medalla que se les entrega a las campeonas. Es un reconocimiento que se da junto con la copa y que todas las integrantes del equipo reciben.
- Es tan bonita, como siempre me la imaginé. – Comentó Makoto, luciendo una gran sonrisa. – Aún no puedo asimilar que el equipo ganó, se siente como un sueño. –
La otra joven tomó asiento junto a la jugadora y apoyó su espalda contra el concreto de la base de la estatua.
- Pues debes creerlo, Mako. Ustedes son las nuevas campeonas. – Señaló la peliazul, haciendo especial énfasis en esa última palabra. – Se esforzaron tanto durante todo el campeonato. Entrenaron y aprendieron muchísimo, derrotaron a los equipos favoritos y se hicieron de una gran reputación. – Ami giró a ver a Makoto y acercó una de sus manos, sosteniendo con ella una de la castaña. – Son dignas merecedoras de este título. –
Ni Makoto lo habría podido haber dicho mejor.
Nadie podía negar el buen rendimiento, talento y unidad que este equipo mostró a lo largo de toda la competencia.
- Aunque me habría encantado poder jugar hasta el último minuto junto a mis amigas. – La jugadora se encogió de hombros, ya resignada. – Supongo que será hasta el próximo campeonato. –
Ser las campeonas las instalaba automáticamente con un cupo en el campeonato nacional, instancia donde los equipos de preparatoria de todo el país se enfrentan unos a otros para hallar a las mejores jugadoras de todo Japón.
Sin mencionar que este título atrae siempre a otras preparatorias que están en búsqueda de juegos amistosos de entrenamiento para medir sus capacidades contra las actuales campeonas.
¡Y si todo marcha sobre ruedas, puede que hasta sean invitadas a diferentes copas, torneos y campeonatos independientes de la liga japonesa!
Así que Makoto no tenía razón para deprimirse, pues como la entrenadora Luna bien dijo, en su futuro aún hay muchas otras finales por disputar.
- ¡Por eso me esforzaré día a día para convertirme en la mejor jugadora de todo Japón! – Esa era la gran meta de Makoto. - ¡Y ganaré junto a mis amigas todos los trofeos existentes! –
Dichosa era Ami de ver que las aspiraciones de Makoto se mantenían intactas. No tenía duda de que ella lograría cumplir todos sus sueños. Makoto poseía el talento, energía y convicción para hacer todo esto posible.
- Con esta cojera me tomará el resto de la tarde llegar hasta los vestidores. –
- Yo te puedo acompañar si necesitas ayuda. – Se ofreció la peliazul. – Te apoyas en mí para caminar, así será más sencillo. –
Las chicas se pusieron de pie y sacudieron sus uniformes. Makoto debía ir a ducharse y cambiarse de ropa. Lo más probable es que luego, todo el equipo, tendría alguna clase de charla con la entrenadora Luna. Y, obvio, aprovecharán para celebrar este título.
- ¿Sabes, Ami? Ahora que lo pienso, agradezco haberme lesionado ese día del juego contra Odaiba. –
- ¿En serio? –
Makoto asintió, acercándose a la otra chica y entregándole un apretado abrazo, uno que Ami recibió con total naturalidad. La castaña apoyó su rostro sobre el suave cabello azulado de su acompañante y sonrió cuando sintió un par de manos aferrarse a su espalda.
- Gracias a esa lesión tuve la oportunidad de hablar contigo y conocerte. – Agregó, separándose un poco y juntando su frente con la de la peliazul. – Conocí a la chica más linda de todo el mundo. –
La risa de Ami y ese lindo rubor que apareció en sus mejillas animaron a Makoto a continuar.
- Lo que siento por ti es genuino. Me llenas de energía, me haces inmensamente feliz y estos sentimientos me impulsan a hacer por ti todo con tal de verte igual de contenta que yo. – La jugadora retrocedió un par de pasos sin soltar ni un momento las manos de la peliazul. – Me gustas mucho. –
Ami lo sabía, y compartía esos sentimientos, con el mismo fervor que Makoto ahora los expresaba.
- Me encantaría poder continuar conociéndote, haciéndote feliz y poder demostrarte, día a día, lo mucho que me importas. – Atrajo las manos de Ami hasta sus labios y le entregó un beso a cada una. – Permíteme hacer todo esto y más como tu novia, ¿sí? –
Los ojos de la peliazul se humedecieron, lágrimas de felicidad que atentaba con caer en cualquier momento.
Esta chica que tenía en frente la quería tanto. Y ella, como a nadie, la quería igualmente con todo su corazón.
- ¡Sí, Mako, por supuesto! – Ami asintió, emocionada.
Makoto liberó sus manos y la volvió a abrazar. Entonces, con cierta timidez, la castaña acercó su rostro y le entregó un fugaz beso en los labios. Ami respondió, sosteniendo su rostro, profundizando aquel primer beso inolvidable.
- Soy realmente afortunada. – Fue lo que Ami dijo una vez que se separaron.
- Igual yo. – Murmuró Makoto, perdida en los ojos de su amada.
El camino de una jugadora en empinado, con cuestas que parecen imposibles de superar, que pueden desalentar hasta a la más apasionada deportista, con retos que pondrán tu espíritu a prueba.
Puedes sentirte perdida, puedes dudar, pero nunca dejes que aquellos sentimientos te abrumen y te hundan.
Levanta los brazos, inténtalo nuevamente, no te rindas.
Makoto es joven, aún tiene un largo camino por recorrer, pero es feliz de saber que hay muchas personas que creen en ella, que desean verla superarse y triunfar.
- Estoy ansiosa por descubrir todo lo que el futuro me tiene deparado. –
- No dudes que yo estaré junto a ti, apoyándote en todo lo que pueda. –
Apoyada una en la otra, Makoto y Ami marcharon con calma por un camino de piedras y arbustos, alejándose de la plazoleta. Sonreían, imaginando lo hermoso que será compartir este brillante futuro juntas. Pues este no es el final, sino el comienzo de muchas emocionantes y nuevas aventuras.
Fin.
Ya está. ¡Lo hice! ¡Terminé la historia!
Mi dilema todo este tiempo fue si Azabu ganaba o no el juego. Ambas opciones me llamaban la atención y no podía terminar este capítulo hasta no decidirme. Ya habrán podido darse cuenta por cual opción opté.
Mis más sinceros agradecimientos a cada uno de ustedes por sus reviews y el apoyo constante. :)
¡Suerte!
