Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la maravillosa Victoria Vílchez, yo solo hago la adaptación. Pueden encontrar disponible la saga "Antes de que… " de venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.


En los siguientes meses, Edward y yo nos dedicamos, además de a atender nuestras respectivas obligaciones, a organizar la boda. Fue un verdadero caos.

Tuvimos que pedir un permiso para oficiar la ceremonia en un espacio público, reservar habitaciones para los invitados y, no menos importante, darle la noticia a la familia.

Tras la sorpresa inicial, todo el mundo se alegró por nosotros. Supuse que el amor que sentíamos el uno por el otro era tan obvio a los ojos de los demás que no resultaba tan raro que hubiéramos tomado la decisión de formalizarlo. La verdad era que Edward y yo no necesitábamos firmar ningún papel que le diera validez a lo nuestro. Si bien, de algún modo, a los dos no parecía que casarnos era un recuerdo que no queríamos perdernos.

—Haría cualquier cosa —me había asegurado—, siempre que fuera contigo.

El agobio de nuestro enlace exprés trajo consigo algunas discusiones, tiras y aflojas que fuimos solucionando sobre la marcha y que solían terminar con apasionadas reconciliaciones. No obstante, me maravillaba ver que la forma de mirarme de Edward jamás variaba. A veces, en mitad de una pelea, lo pillaba observándome con una mezcla de devoción y fascinación, y no podía evitar preguntarme si el amor que yo sentía por él también se traslucía en mi mirada con tanta claridad.

La tensión, como ambos ya sabíamos, no pudo con nosotros. Ninguno de los dos expresó duda alguna, ni creo siquiera que llegáramos a pensarlo.

Tras varias gestiones, conseguimos alojamiento en el hotel de al lado de la playa para todos los invitados, y también allí celebraríamos la cena. Edward me había hecho prometer que nos daríamos un baño en el mar antes de irnos a la cama esa noche. No es que yo estuviera muy convencida de meterme en el mar en pleno enero, pero había accedido llevada por sus promesas de que ese primer baño como marido y mujer sería memorable.

—Si cojo una pulmonía en nuestra noche de bodas, vete preparando para ejercer de abnegado enfermero —le dije.

—Es Canarias —trató de convencerme—, el agua no puede estar tan fría.

Enarqué las cejas.

—Es el océano Atlántico —repliqué, aunque ya me había resignado.

—No importa. Haré de enfermero si hace falta.

Me guiñó un ojo y sonrió con picardía. Me hice una idea bastante exacta de lo que él entendía por ejercer de enfermero.

Al llegar las vacaciones de Navidad ya lo teníamos todo listo. ¡Hasta Jasper hablaba de su papel en la boda sin gruñir! Por mucho que le hubiera costado, tanto Edward como yo sabíamos que aquello le hacía cierta ilusión, y yo en particular estaba encantada con la idea de que fuera él el que me entregara a Edward.

Nunca me hubiera imaginado casándome tan joven, y tampoco era algo en lo que hubiera pensado demasiado. Si bien, teniendo la celebración tan próxima, estaba ansiosa por pronunciar mis votos y enlazar mi destino al del hombre al que amaba.

—Quiero mi para siempre contigo —confesé una noche en la que ambos nos acurrucábamos bajo las sábanas de mi cama.

Edward había sonreído y me había dado un beso largo y profundo, hasta conseguir que mi pulso se disparara.

—Nunca, nunca voy a decirte adiós —replicó él, y volvió a besarme—. Tendrás tu para siempre.


Voy a llorar, esta pareja de verdad lo supero todo. Esperemos solo el epilogo, gracias por leerme y hacerle dado una oportunidad a esta historia.

Ariam. R.