Buenas noches, gente linda! Cómo están? Tanto tiempo! Espero que súper bien :)
Yo aquí estoy de vuelta después de otra laaaaarga ausencia… En esta ocasión les traigo un nuevo cap de esta eterna locurita, donde habrá de todo un poco: eventos memorables, encuentros, confesiones y muchas emociones… Es un episodio que quedó bastante extenso, pero viene bien para compensar tanto retraso.
Una aclaración importante: utilicé una canción y parte de su letra traducida para algunos momentos del cap. Se trata de "You don't know me" de Ray Charles interpretada por Norah Jones. Les recomiendo que la busquen y la complementen a la lectura.
Sin más preámbulos, les invito a leer el VEINTISÉIS.
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajito me despido,
Bell.-
:: Capítulo veintiséis ::
Y llegó el ansiado día en que Mina y Kunzite se casarían…
La ceremonia, y posteriormente la fiesta, iban a realizarse en el salón principal de una rústica y antigua casona que funcionaba como hotel y espacio de eventos sociales. Y aunque los chicos no habían organizado una boda demasiado ostentosa, el mal clima los había obligado a cambiar de planes a último momento y la ceremonia se retrasaría varias horas hasta que todo volviera a estar en orden.
Mina se encontraba en una habitación de pie frente a una ventana, observando la fuerte lluvia que caía incesantemente desde muy temprano y esperando con mucha impaciencia a que le avisaran cuándo daría inicio su boda. Yo la estaba acompañando desde hacía rato, pero mi querida amiga estaba tan ansiosa que ya no sabía qué más hacer o decir para intentar calmarla.
Ya estaba lista, peinada y maquillada, con su impecable vestido de novia puesto y una delicada mantilla de seda cubriendo sus hombros, ya que repentinamente había refrescado bastante. No despegaba la vista del cristal y estaba tan tensa que daba miedo.
En eso llegó Lita, quien había salido a buscar un poco de agua y a averiguar qué estaba pasando que se tardaban tanto en comenzar. Apenas entró a la habitación Mina se le fue encima. —Lita, ¿qué está sucediendo? —le preguntó desesperada—. ¿Cuándo me voy a casar? Ya no aguanto más, esta espera me está matando, ¡hasta estoy híper-respirando! —dijo agitada.
—Hiperventilando —la corrigió Lita muerta de risa mientras cerraba la puerta.
Yo también eché a reír. —¿Hiperventilando? —repetí—. Creo que estás exagerando, amiga.
Mina me fulminó con la mirada y me puse seria de inmediato. —¿Conseguiste el agua? —le preguntó de nuevo a Lita. Ella asintió y le entregó un vaso que acababa de servir—. ¿Y algún calmante?
—No te daré ningún calmante —refutó Lita—. Ya deja de hacer tanto escándalo y quédate quieta —la regañó al ver cómo empezaba a caminar nerviosa de un lado a otro.
Mina bebió toda el agua casi de un sorbo. —Pero es que necesito tomar algo que me tranquilice —insistió retomando su deambular—. Me duele la cabeza, me falta el aire, tengo un nudo en la boca del estómago, me duele el cuello —protestaba y se quitaba la mantilla para arrojármela por la cabeza.
—¡Ya cálmate, por favor, o te va a dar un ataque de pánico de verdad! —insistió Lita.
—¡Pero no puedo, no puedo calmarme! ¡Estoy nerviosa, Lita, muy nerviosa! —Mina se sentó, se sirvió más agua y volvía a beber apurada—. Todo se echó a perder, todos mis planes se arruinaron por culpa de esta lluvia de mie… —y se contuvo por no maldecir mientras miraba por la ventana—. ¡Esto es un desastre! —se puso otra vez de pie y retomó sus pasos—. Llevamos horas retrasados, todo va a malir sal —protestaba—. Mi Kun debe estar tan desilusionado, deseábamos tanto poder casarnos al aire libre y todo se fue al diablo…
—¡Basta, Mina! —intervino Lita enojada y ella se detuvo—. Deja de quejarte, ¿quieres? Nada va a salir mal —enfatizó—, y si sigues preocupándote por detalles te perderás de disfrutar de tu propia boda, ¿entiendes?
Yo volvía a reír al ver la expresión de horror en el rostro de Mina. —Es cierto, amiga, ya cálmate —traté de alentarla—. Lita tiene razón, sólo son detalles. Debes estar tranquila, todo va a estar bien —Mina soltó un largo y pesado suspiro y asintió poco convencida.
—Acabo de pasar por el salón —explicó Lita— y ya está todo listo, así que en cualquier momento vendrán a buscarte.
Al escucharla, Mina se sobresaltó de nuevo. —¿En serio? —preguntó alarmada—. ¿Y está todo en orden? ¿El juez? ¿Los invitados? ¿Todos están ubicados en sus lugares?
Ahora Lita ponía los ojos en blanco al verla tan desesperada otra vez. —Sí, Mina, ya todo está arreglado —dijo resignada.
—Rayos, se hizo tan tarde —Mina nuevamente retomaba su deambular llevándose las manos a la cabeza—. Nada de esto habría pasado si no fuera por esta maldita lluvia —decía preocupada—. Lo único que falta es que… —y antes de terminar la frase se apagaron todas las luces repentinamente—. ¡No! —exclamó más desesperada—. No, no, no, ¿un apagón? ¡¿Justo ahora tenía que haber un apagón?! —y su nerviosismo volvía a dispararse.
Lita y yo prendimos unos encendedores y nos pusimos a buscar velas o algo que sirviera para alumbrar la habitación, que al ser todavía de día no estaba completamente en penumbras. Mientras tanto Mina caminaba de un lado a otro sin ya poder contener la pila de insultos que se le venían a la cabeza.
Hasta que afortunadamente apareció Luna desde la puerta con un candelabro en sus manos. —¿Mina? ¿Cariño? —la llamó.
—Aquí estoy, Lunita —dijo Mina nerviosa al acercarse a ella—. ¿Qué pasó? Dime que esto se va a solucionar —preguntaba impaciente—. Dime, por favor, que pueden resolver el problema del apagón. ¡Dime algo, Luna, te lo ruego!
Luna se mostraba bastante tranquila a pesar de la inesperada situación. —Ya cálmate, mi niña —dijo con dulzura—, quédate tranquila que ya se tomaron las medidas pertinentes en caso de que sucediera un imprevisto de este tipo —explicó—. No te preocupes.
—No puede ser, esto no puede estar pasando. ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil? ¡¿Por qué?!
—Querida, serénate, por favor —continuó Luna—. No tienes por qué preocuparte, todo está en orden. Ahora ven conmigo porque enseguida dará inicio la ceremonia.
—¿Pero en estas condiciones? ¿No podemos esperar un poco a que regrese la luz?
—No, no va a ser necesario —insistió Luna—. Ya todo está arreglado, vamos.
—Pero…
—¡Pero nada! —gritó Lita ya totalmente fuera de sí—. ¡Ya cállate y camina, ¿quieres?! —y comenzó a empujarla para que saliera de la habitación. Luna y yo las seguimos muertas de risa.
—Ay, chicas —dijo Mina emocionada antes de salir—, estoy tan feliz… No puedo creer que al fin haya llegado este día —y nos abrazó a las dos.
—Es un momento único, amiga —volvió a hablar Lita más tranquila—. Así que disfrútalo plenamente.
—Niñas, no nos retrasemos más —nos apresuró Luna—, ¿vamos? —y salimos todas juntas de la habitación.
.
.
.
Después de haber logrado resolver los inconvenientes que surgieron a partir de la inesperada tormenta, finalmente la boda estaba a punto de comenzar. Dejamos a Mina junto a la puerta que comunicaba al salón acompañada de su papá. Y Lita y yo nos dirigimos hacia nuestros lugares, los asientos de las primeras filas próximas al altar.
El salón estaba íntegramente iluminado por velas que estaban distribuidas por todo el lugar y repartidas entre los asistentes, logrando un ambiente sumamente cálido y romántico. Y junto al altar, Kunzite ya estaba de pie acompañado por Neflyte, su madre y la mamá de Mina. Aunque lo disimulara bastante bien, se notaba lo nervioso y ansioso que se sentía porque a cada rato miraba la hora y cuchicheaba con Nef.
En un momento Darien se acercó a ellos y les habló en voz baja, seguramente les estaría avisando que Mina ya estaba lista y enseguida empezaría la ceremonia. Kun pareció tranquilizarse con lo que le dijo. Y después de darle una palmada en la espalda, Darien se dirigió hacia el otro lado del altar donde había un hombre sentado junto a un piano y una mujer a su lado con un micrófono. Jamás había visto a esas personas antes, probablemente se trataría de una sorpresa que Darien preparó para sus amigos. También les habló en voz baja y luego se ubicó en la primera fila de la otra hilera de asientos.
Recién entonces reparé en que no dejé de mirarlo ni por un segundo desde que apareció. No habíamos vuelto a vernos ni comunicarnos desde la fiesta de despedida de solteros de los chicos. Y en verdad estaba sorprendida de lo bien que se veía, estaba radiante, se lo notaba muy entusiasmado y contento, hasta un tanto ansioso. Me imaginaba que se sentiría muy feliz al compartir semejante acontecimiento con su mejor amigo. Kun era alguien muy importante en su vida, lo quería como a un hermano y seguramente estaba muy emocionado con lo que estaba viviendo.
Se veía tan lindo y adorable, y a la vez tan elegante y sexy con ese traje que lucía como un príncipe encantador y… "¡No, Serena!" me regañé para mis adentros al pensar en estas cosas y sacudí la cabeza para tratar de soltar tan inoportunas ocurrencias. Pero cuando volví a mirarlo fue mucho peor, porque ahora él también estaba observándome de una forma muy directa y expresiva. Y en el precisísimo segundo que me encontré con sus ojos, una repentina e intensa presión inundó mi pecho. Pero no lograba identificar del todo de qué tipo de emoción se trataba. O tal vez me resistía a admitirlo… Es que su sonrisa era tan tierna y hermosa, hacía tanto que no lo veía sonreír así…
"Voltea, Serena, voltea" me repetía mentalmente con la intención de dejar de verlo, pero estaba paralizada, completamente absorta ante su sonrisa, prendida de su mirada como hacía mucho tiempo no me pasaba. Y al percibir que la presión de mi pecho se hacía cada vez más punzante y dolorosa comencé a preguntarme… ¿Qué rayos pasaba conmigo? ¿Por qué estaba sintiendo todo esto? ¿Por qué trastabillaba mi determinación? ¿Por qué me estaba costando mantenerme firme en mi postura y no dudar de mi decisión? ¿Por qué me sentía tan confundida de repente? ¿Por qué volvía a plantearme estas cosas cuando supuestamente éste ya era un asunto cerrado para mí? ¡¿Por qué?!
No quería pensar más en todo esto, no debía, ya no tenía sentido. Y tal y como lo hice infinidad de veces antes, insistí en convencerme de que había tomado una decisión irreversible y él la había aceptado. Que aunque me doliera, aunque el corazón se me haya roto en un millón de pedacitos, eso era lo único que debía importarme, lo único real que pasaba entre nosotros: nuestra relación se había terminado. Hacía ya tres meses atrás. Que a partir de entonces sólo podíamos ser amigos, al fin de cuentas parecía que eso era lo único bueno que podía existir entre nosotros.
Suspiré largamente y regresé mi atención a los chicos. Más determinada que nunca a dejar de preocuparme por tonterías, disfrutar de la boda y divertirme en la fiesta. Era lo mejor que podía hacer. Por supuesto que sí.
Cuando llegó el momento de comenzar, el juez nos pidió a todos que hiciéramos silencio. Y el dúo de músicos empezó a interpretar una bellísima canción. Neflyte le dio un fuerte apretón en el hombro a Kunzite para transmitirle tranquilidad y cuando al fin vio aparecer a Mina tomada del brazo de su padre y empezaron a caminar lentamente hacia él, en el rostro de Kun se hizo muy evidente la inmensa emoción que sintió al tener al fin a su futura esposa frente a él.
.
"You give your hand to me and then you say "Hello"
(Me das tu mano y luego dices "Hola")
And I can hardly speak, my heart is beating so
(Y apenas puedo hablar, mi corazón está latiendo tanto)
And anyone can tell you think you know me well
(Y cualquiera puede decir que crees que me conoces bien)
But you don't know me…
(Pero no me conoces…)
.
Mientras se acercaba, Mina no dejaba de verlo a los ojos con una gran sonrisa y Kun la observaba boquiabierto y con ojos enormes, seguramente estaría cautivado al encontrarla tan hermosa.
Cuando llegaron a su lado, el papá de Mina le entregó a Kunzite la mano de su hija y le dirigió una expresiva mirada a su futuro yerno. Le dio una afectuosa palmada en el hombro y se ubicó junto a su esposa.
Kun miró otra vez a Mina a los ojos sin poder dejar de sonreír. —"No conoces al único —murmuró al tomarla de las manos— que sueña contigo cada noche —ella reía emocionada al escuchar cómo él recitaba fragmentos traducidos de la canción que los músicos interpretaban— y anhela besar tus labios —siguió Kun mientras acariciaba su rostro con dulzura— y anhela abrazarte fuerte —y le dio un suave beso en la frente.
—Gracias… —murmuró Mina con voz temblorosa—. Gracias, mi amor… —y acarició la mano que tenía sobre su mejilla.
Ambos permanecieron unos instantes más viéndose fijamente a los ojos y sin decirlo con palabras se expresaban con sus miradas lo felices y seguros que se sentían con lo que estaban eligiendo para sus vidas, con estar juntos como siempre lo habían soñado.
Y una vez que la canción se acabó, el inicio de la ceremonia tuvo lugar al fin.
En primera instancia el juez les dirigió unas palabras de felicitaciones, para luego proceder a exponer a los futuros esposos sus deberes leyendo los artículos del código civil. Ellos no soltaron sus manos en ningún momento y cada vez que se miraban sonreían emocionados.
Después de que el oficiante pronunció unas breves palabras como resumen y recapitulación para leer el mutuo consentimiento, les entregó a los novios las alianzas. Y así llegó el momento de intercambiar los votos.
El primero en tomar la palabra fue Kunzite. —Mina… —inspiró hondo para reunir fuerzas y poder hablar con claridad, parecía volver a sentirse repentinamente nervioso—. Durante gran parte de mi vida he estado convencido de que no necesitaba de nada ni nadie para poder alcanzar mis metas, para sentirme realizado con mis logros, creyendo que ocupándome yo solo de todo lo que me correspondía podría sentirme pleno y satisfecho. Pero desde que te conocí y sobre todo desde que conseguí estar contigo como realmente quería, lograste romper mis rígidas estructuras y ablandarme —ambos sonrieron—. Y sé que lo único que necesito en mi vida para ser feliz de verdad es estar a tu lado. Por eso es que hoy quiero entregarme a ti con todo lo que tengo y todo lo que soy. Y jurarte que te cuidaré y te amaré todos los días de mi vida. Gracias por elegirme y hacerme feliz. Te amo, Venus… —y besó sus manos sin dejar de mirarla a los ojos.
Mina era un solo mar de lágrimas desde que Kun había empezado a hablar y ahora era su turno para dirigirle unas palabras a su futuro esposo. —Kunzite, amor mío… —dijo con voz temblorosa—. Aunque haya pasado poco tiempo desde que nos conocemos y estamos juntos, el hecho de compartir tantas cosas tan importantes contigo, descubrir la increíble persona que eres, enamorarme de ti, fue lo mejor que me pasó en la vida entera. Desde que estoy contigo pude recuperar tantas cosas que alguna vez creí perdidas, volví a creer en mis sueños y mis deseos, volví a confiar en mis capacidades, volví a creer en el amor. Y por eso es que yo también hoy quiero entregarme a ti para convertirme en tu esposa y tu compañera, para comprenderte, cuidarte y amarte desde ahora y para siempre. Te amo, Kun… te amo con toda mi alma… —y sin poder evitarlo volvía a llorar con intensidad.
A continuación cada uno colocó su respectiva alianza de matrimonio en la mano del otro, y luego el juez les pidió a los novios y sus testigos que firmaran las actas.
Y cuando la ceremonia estaba llegando a su fin, justo antes de que el juez dijera la última frase, Mina no pudo con su impaciencia y tomó el rostro de Kun las manos para besarlo apasionadamente en los labios. Todos reímos y nos pusimos de pie para aplaudir y ovacionar a los flamantes esposos.
—Te amo… te amo… te amo… —repetía Mina sin dejar de besarlo.
Kunzite la abrazaba por la cintura y le devolvía cada beso. —Yo también te amo… —dijo emocionado y ambos se fundieron en un beso tan perfecto y lleno de amor que no querían cortarlo.
Pero al notar que de repente todas las luces del salón se encendían simultáneamente, siendo que el problema del apagón se había solucionado, Mina lentamente comenzó a suavizar los besos y se separó un poco para poder mirar a su esposo a los ojos. —¿"Y vivieron felices por siempre"? —dijo con una pícara sonrisa.
—Claro que sí —respondió él riendo.
—Claro que sí… —repitió ella y volvieron a besarse.
.
.
.
Ni bien la ceremonia acabó, los novios se trasladaron a otro sector del salón acompañados de sus familiares, amigos y el resto de los invitados donde uno a uno los fuimos saludando y felicitando. Mientras esperábamos a que finalizara esta breve instancia intermedia entre la boda y la recepción, que incluía el banquete y la fiesta, yo conversaba de lo más distendida con Ami, Rei y sus parejas.
Por fortuna mis ánimos habían vuelto a la normalidad después del breve episodio confusional que tuve cuando crucé miradas con Darien. Ya ni me acordaba del tema. Estaba muy contenta platicando con mis amigos sin nada que me preocupara, disfrutando del momento como mejor podía hacerlo: con mucha alegría, entusiasmo y gratitud al estar participando de uno de los eventos más importantes en la vida de una de mis hermanas del alma. Esta noche cualquier otro asunto quedaría en segundo plano durante las próximas horas. O eso pretendía… Pero obviamente mis planes jamás se cumplirían…
Mientras estaba muy compenetrada en la charla con los chicos, entre risas y chismes, alguien se acercó a nosotros sin que me diera cuenta y nos interrumpió.
—Serena… —escuché su voz a mis espaldas—. Disculpa, Serena —repitió tocándome un hombro para llamar mi atención.
Apenas lo reconocí inspiré hondo y reuní todo el valor y fuerza de voluntad que me fueran posible para tratar de mantener la calma y tratarlo con total naturalidad. —¿Sí? —dije al voltear lentamente y lo miré con una simpática sonrisa.
Darien estaba frente a mí acompañado de la pareja de músicos que momentos antes habían interpretado la canción durante la ceremonia. —Perdón por interrumpirlos —dijo un tanto temeroso—. ¿Puedo molestarte un momento? Quiero presentarte a alguien.
—Claro —accedí extrañada. Me disculpé con los chicos que enseguida se fueron y la pareja que estaba con Darien se acercó a nosotros. Aunque estaba segura de que lograba disimularlo bastante bien, de igual forma sentía que la situación me estaba poniendo un poco nerviosa, ya que recién ahora caía en la cuenta de quiénes eran estas personas. Y no podía creer lo que estaba a punto de ocurrir. Finalmente Darien se dignaría a presentármelos.
—Bueno, ellos… —carraspeó nervioso—. Ellos son mis padres —soltó al fin—. Setsuna y Mamoru Chiba —y los señaló.
—Ho… hola… —balbuceé como tonta.
—Ella es Serena Tsukino —me presentó Darien.
—Hola, Serena —dijo ella al saludarme con un afectuoso abrazo—, qué gusto poder conocerte al fin.
—Nice to meet you, sweet heart —me saludó él al tomar una de mis manos y darme un beso en el dorso.
—Vaya, qué inesperada sorpresa —dije riendo como estúpida. Estaba totalmente shockeada, pero al mismo tiempo muy contenta, siempre había deseado poder conocerlos, aunque éste no fuera justamente el momento más apropiado—. ¿Así que ellos son tus padres? No puedo creerlo, no sabía nada —estaba tan nerviosa que no tenía idea de cómo reaccionar o qué decir—. Su interpretación fue increíble, son en verdad brillantes, estoy impresionada —y volvía a reír como idiota.
—Muchas gracias —dijo él con una leve inclinación.
—Kunzite es como un hijo para nosotros —dijo ella—, quisimos sorprenderlo con algo especial.
—Sobre todo porque no podremos quedarnos para la recepción, debemos regresar a Osaka de inmediato.
Ambos eran muy cálidos y agradables, lo cual me ayudó a relajarme un poco. —Qué lástima, ¿por qué?
—Este fin de semana es la primera edición de un nuevo festival de jazz —explicó ella.
—Y al ser nuestra productora la principal responsable de la organización, debemos estar presentes sí o sí —siguió él.
—Así que lamentablemente tuvimos que hacer un viaje relámpago —concluyó ella.
—Claro, es comprensible.
—Al menos tuvimos el placer de conocerte —volvió a hablar ella.
—Por favor, el placer es todo mío —dije un tanto avergonzada y rápidamente cambié de tema, porque no tenía del todo claro en calidad de qué era esta presentación, ¿como ex novia? ¿como amiga? ¿como amiga de los novios? Pero tampoco estaba dispuesta a averiguarlo—. Cuando le cuente a mi papá se va a poner como loco, él es fanático de ustedes y su música.
—¿En serio? —dijeron ambos asombrados.
—Sí, los conoce desde su época de estudiante universitario —expliqué— y siempre escucha sus grabaciones. Darien le obsequió una recopilación de sus canciones.
—Vaya, qué agradable coincidencia.
—Pero no pudo venir a la boda, está en cama con una gripe terrible y mi mamá se quedó con él para cuidarlo. Si los hubiese podido escuchar habría sido como un sueño hecho realidad para él.
—Bueno, ya tendremos oportunidad de encontrarnos en otra ocasión —dijo él—, ¿verdad, hijo? —y soltando una estridente carcajada, le dio a Darien un fuerte golpe con su codo en el costado.
Setsuna rodó los ojos al verlos, sobre todo al percibir cómo Darien fulminaba con la mirada a su padre. —Bueno, cariño —dijo al tirar de su brazo para separarlos—, vamos a despedirnos de los recién casados, ya es hora de irnos.
Mamoru volvió a acercarse a Darien, lo abrazó por los hombros y comenzó a hablarle -mejor dicho a regañarlo- en inglés, probablemente pensando que yo no entendería una sola palabra. —Are you fucking kidding me? ("¿me estás jodiendo?") How could you screw it up with her, dude? ("¿cómo pudiste arruinarlo con ella, amigo"?) She's an angel, a pretty tiny angel ("es un ángel, un pequeño angelito").
—Dad, please… ("papá, por favor…") —Darien se puso muy incómodo y yo me esforzaba sobremanera para aparentar que no comprendía lo que decían, también para aguantar la risa, porque en cierta forma me resultaba una situación bastante graciosa.
—Damn it, Darien, why are you always like this? ("Maldición, Darien, ¿por qué siempre eres así?") Look at her, she's adorable, looks like a princess from a fairy tale ("mírala, es adorable, parece una princesa salida de un cuento de hadas").
—Please, stop, you're embarrasing me ("Por favor, basta, me estás avergonzando").
—Dumbass… ("Idiota…")
—Bueno, bueno, bueno —Setsuna los interrumpió al notar que Darien comenzaba a irritarse—, no sean irrespetuosos —ambos se callaron—. Disculpa, Serena, siempre discuten en inglés delante de la gente, son unos maleducados.
—No hay problema —dije riendo—, además no entendí nada de lo que dijeron, así que… —por supuesto, opté por mentir y evitar que la situación se tornara aún más embarazosa.
—Hasta luego, querida —Mamoru se despidió tomando de nuevo mi mano—, ojalá volvamos a vernos —y me guiñó un ojo.
—Adiós, Serena —se despidió ella—. Ha sido un gusto conocerte.
—Para mí también —dije con franqueza—. Adiós, que tengan buen viaje.
Ambos sonrieron y comenzaron a caminar junto con Darien, quien antes de alejarse volteó a verme. —Luego nos vemos —dijo con una tímida sonrisa—, adiós.
—Claro, adiós.
.
.
.
Después de la cena, tuvo lugar la maravillosa recepción en el salón principal de la casona. El lugar estaba repleto de gente, Mina estaba tan eufórica que no paraba de parlotear con todos y de ir de aquí para allá para no perderse de ningún detalle arrastrando al pobre Kun con ella. Yo me divertía muchísimo al verlos tan felices y rodeados de tanto afecto, se lo merecían más que nadie en el mundo entero.
Asistieron muchísimas personas, hubo una banda en vivo, también emotivos discursos de los más cercanos a los novios y durante la fiesta la música era tan fuerte y había tantas luces de diferentes colores resplandeciendo por todos lados que el lugar parecía una discoteca. Yo estaba fascinada con cada cosa que sucedía y compartía con mis amigos. Bailé con todo el mundo, bebí hasta el hartazgo, me divertí como hacía muchísimo tiempo no lo hacía. Y así transcurrió gran parte de la noche.
Entrada la madrugada, en un momento en que la música comenzó a ser más suave, los decibeles bajaron y algunas personas ya se disponían a retirarse, después de conversar por otro largo rato con Rei y Ami, me quedé sola en nuestra mesa descansando un poco y observando todo a mi alrededor. Las chicas bailaban con sus parejas, Mina y Kun estaban despidiendo a unos parientes, a Lita la había perdido de vista hacía bastante y al otro extremo del salón divisé a Darien saliendo muy discretamente hacia los jardines con una botella de champagne escondida bajo su saco. Me causó gracia verlo de esa forma y al reparar en que si bien durante toda la noche casi no cruzamos palabra, todo parecía estar más que bien entre nosotros. No me sentí incómoda en ningún momento, ni volví a percibir esa confusa y extraña sensación en mi pecho que me había atormentado más temprano.
No sé muy bien por qué, pero tuve el impulso de ir tras él y aprovechar la ocasión para estar a solas, conversar un poco y comprobar que efectivamente las cosas entre nosotros de verdad estaban tan bien como creía. Así que me puse un abrigo, tomé una copa de la mesa y hacia allá fui.
Una vez afuera, demoré en acostumbrarme a la tenue luz de la galería y después de unos minutos lo reconocí a lo lejos junto a la baranda de espaldas al salón y con la vista clavada en su copa.
Inspiré hondo para reunir valor y comencé a caminar hacia él. —Hola —dije mientras me acercaba lentamente. Darien enseguida volteó al escucharme y sonrió al verme—. ¿Puedo acompañarte un momento? —y al llegar a su lado alcé mi copa.
—Por supuesto —respondió mientras me servía un poco de champagne.
Me apoyé de espaldas a la baranda junto a él y nos quedamos callados por un buen rato mientras bebíamos y observábamos hacia el interior del salón a través de los enormes ventanales de cristal. Precisamente hacia la pista de baile, donde había algunas parejas y ahora también Mina y Kun comenzaban a bailar juntos una balada lenta.
—Me parece increíble que al fin se hayan casado… —comenté emocionada.
—Se ven realmente felices —dijo Darien.
—Sí, muy felices… —y suspiré con cierta nostalgia.
Al verlos así, abrazados, regalándose algunos besos y mirándose con ternura a cada instante mientras bailaban lentamente, volvía a darme cuenta de lo perfectos que eran, confirmando que lo mejor que podían hacer era amarse y estar juntos, de una manera sencillamente fácil y genuina, sin necesidad de esforzarse, simplemente estar así, juntos… Sin dudas eran una preciosa pareja de enamorados.
Recordaba la infinidad de veces que creí querer lo mismo para mí, que llegué a convencerme de que deseaba con todas mis fuerzas vivir algo semejante. Encontrar el verdadero amor, conocer a un buen chico que estuviera dispuesto a compartir absolutamente todo conmigo, que riéramos juntos, que nos extrañáramos cuando pasáramos tiempo sin vernos, que hubiera mucho romance entre nosotros, que me hiciera sentir mariposas en el estómago o que flotara por las nubes cuando pensara en él, alguien con quien vivir un amor de película y planear un futuro juntos y…
—Ahora que lo pienso —Darien volvió a hablar interrumpiendo mis disparatados pensamientos—, me acuerdo que una vez me dijiste que soñabas con casarte algún día.
Parpadeé varias veces tras escucharlo. ¿Acaso acababa de leerme la mente? —¿Yo dije eso? —pregunté haciéndome la desentendida.
—Claro —respondió riendo, probablemente le causó gracia mi expresión desencajada—, me contaste que tus padres eran tu modelo a seguir, que querías conocer a alguien especial con quien casarte y formar una familia.
—¿En serio yo dije todo eso? —repetí más descolocada.
—Sí, en serio —ahora él tomaba un actitud un tanto desafiante—. Incluso fijaste un plazo, dijiste que en un año debías estar al menos comprometida.
¡Por dios, qué vergüenza! ¿Cómo era posible que se acordara con tanta exactitud de estas cosas? —¿Cuándo te lo dije?
—¿No lo recuerdas? —yo negué con la cabeza. Sí me acordaba, claro que lo hacía, pero era algo que en este momento no me parecía para nada oportuno recordar—. Fue en mi departamento —continuó—, una noche que estuvimos conversando mucho. Tú volvías de una fiesta y yo había tenido una cena del trabajo donde anunciaron quién era el nuevo gerente.
—Ah, creo que ya recuerdo —no podía seguir fingiendo. Obviamente recordaba esa noche, jamás podría olvidarme de todo lo que sucedió aquella bendita noche…
—Yo estaba con un humor de perros por esa frustrante cena y tú todo lo contrario, te habías divertido bastante en aquella fiesta —y volvió a reír.
—Sí, ya lo recuerdo, había estado en el cumpleaños de Rubeus —también reí al pensar en esa fiesta. Había sido una noche muy peculiar.
—Claro, esa vez.
—Sí, fue una noche muy intensa —admití—, me enteré que Diamante era gay, conocí a Zafiro y también… —en realidad lo que jamás había olvidado de esa noche fue ese momento en su departamento cuando después de contarle todo lo que me había pasado en la fiesta y de hablar de otros asuntos personales más, nos besamos y le dije que lo amaba. Qué locura, parecía que todo había ocurrido hacía siglos atrás y tan solo habían transcurrido unos pocos meses desde ese confuso episodio de nuestras vidas, cuando recién acabábamos de conocernos. Definitivamente había sido una noche más que inolvidable…—. Pero no me acordaba que te dije lo de casarme y formar una familia —volví a fingir no recordar para ver hasta dónde quería llegar.
—Así fue —dijo al retomar el tono desafiante—, dijiste que en un año te casarías y luego tendrías por lo menos dos hijos, sonabas muy convencida.
Si quería exponerme, si de alguna forma me estaba provocando al hablar de todo esto, por nada en el mundo le diría lo que quería escuchar. Por lo que opté por continuar disimulando y no darle con el gusto. —Es que en esa época creía que deseaba ese tipo de cosas y no fue hace tanto tiempo, pero todo cambió mucho para mí.
A Darien parecieron sorprenderle mis palabras. —¿Por qué lo dices? —dijo asombrado—. ¿Ya no deseas eso para tu vida? ¿No tienes más ese sueño?
—No lo sé —dije evasiva—, no he vuelto a pensar en eso desde hace mucho.
—Y si alguien te lo propusiera, ¿qué harías?
—¡No tengo la menor idea! —respondí soltando una carcajada esperando que él también echara a reír. Pero por supuesto ni se inmutó y no dejaba de mirarme expectante, como impaciente, lo cual hizo que comenzara a ponerme un poco nerviosa—. Bueno —carraspeé y dejé de reír—, supongo que depende de quién se trate. Aunque ya no estoy segura de querer eso para mí.
—Pero si alguien te lo propusiera, ¿aceptarías? —insistió.
No pude evitar ponerme a reflexionar por unos instantes sobre lo que me estaba preguntando con tan poca sutileza. Y me daba cuenta de que aunque durante gran parte de mi vida la idea de casarme y formar una familia había sido un valioso sueño para mí, con todo lo que me estaba sucediendo últimamente me sentía bastante perdida y desorientada al respecto. Creía que lo mejor era superarlo, no esperar ni desear algo semejante, sino encausar mi vida hacia otro rumbo, algo que en verdad tuviera que ver conmigo y mis verdaderos deseos. Sin embargo aún estaba muy lejos de conseguirlo.
Pero no estaba dispuesta a decirle nada de lo que me pasaba, no correspondía, no era el momento ni el lugar apropiados para hablar de estos asuntos tan delicados. —¿Por qué me preguntas estas cosas? —dije molesta—. Me pones incómoda.
Finalmente el muy odioso volvió a reír. Sin dudas no había hecho más que provocarme y hacerme enojar como siempre disfrutaba hacerlo. —Lo siento —dijo muerto de risa—, es sólo que lo recordé de repente.
—¿Y tú? ¿Desearías casarte y formar una familia algún día?
Demoró en responder y su risa fue disminuyendo mientras volvía a llenar nuestras copas. —No lo sé. Supongo que depende de quién se trate —dijo guiñándome un ojo y alzó su copa para invitarme a brindar.
No quise interpretar de ninguna manera sus comentarios ni mucho menos tomármelos en serio, preferí atribuírselos a las incontables dosis de champagne que llevaba a cuestas. Así que rodé mis ojos haciéndolo reír de nuevo y chocamos nuestras copas.
—Hablando de bodas —dije después de beber—, Diamante también va a casarse —comenté creyendo ingenuamente que al cambiar de tema la conversación tomaría otro curso.
—¿En serio?
—Sí, me lo contó la noche de mi cumpleaños, pero aún no fijaron fecha.
—Vaya, qué buena noticia.
—Sí, estoy muy feliz por ellos.
No dijimos más nada. Continuamos bebiendo en silencio y observando lo que sucedía en el interior del salón por unos instantes. Hasta que Darien volvió a hablar. —¿Sigues viendo a Zafiro? —me preguntó sin rodeos.
Y de nuevo consiguió ponerme nerviosa con esta pregunta. —Sí, lo veo con frecuencia —respondí haciéndome la superada—, somos muy buenos amigos, mejores amigos y nos llevamos muy bien, cada vez mejor.
Seguramente Darien percibió mi incomodidad y por fortuna no insistió en continuar hablando del asunto. —Ya veo —fue todo lo que dijo y regresó su atención a la fiesta.
Permanecimos en silencio. Ninguno de los dos dijo más nada por un largo rato. Y sin poder evitarlo comencé a pensar en Zafiro, en lo indefinido que estaba todo entre nosotros desde la última vez que nos vimos. Recordé cada cosa que nos dijimos, los intensos momentos que vivimos en mi departamento cuando nos besamos y estuvimos a punto de… "¡No, no, no! Piensa en otra cosa, ¡piensa en otra cosa!" me dije para mis adentros. No quería pensar en todo esto, no debía, sólo lograría confundirme aún más. Como cuando me confundí de nombre y mencioné a Darien. O lo peor de todo, cuando dibujé su rostro en el retrato que le regalé. Por dios, ¿por qué tenía que recordar todo esto justo ahora?
Antes de continuar dándole rienda suelta a mi enredada cabeza, otra vez intenté llevar nuestra plática hacia otro rumbo. —Qué agradables son tus padres —comenté con un exagerado entusiasmo.
Darien sonrió un tanto avergonzado. —¿Te cayeron bien? —preguntó asombrado.
—Por supuesto, me parecieron muy amables y simpáticos.
—Sí, lo son. Sólo que mi padre a veces es un poco… ¿Cómo decirlo? Excéntrico.
—¿Por qué lo dices?
—Porque eso hace, excentricidades —respondió riendo—, como ponerse a hablar en inglés delante de las personas diciendo cosas que no debería decir y haciéndome sentir sumamente incómodo.
Yo también reí al recordar su "discusión". —Sí, me di cuenta.
—Es que sólo tiene permitido decir groserías en inglés —explicó—, mi madre siempre se lo advirtió. Pero a veces la gente igualmente entiende lo que dice. Tú le entendiste, ¿verdad? —preguntó temeroso—. ¿Aunque hayas dicho que no?
—Bueno…
—Vamos, admítelo, entendiste perfectamente todo lo que dijo.
—Pues… Sí…
—¡Qué vergüenza! —exclamó tapándose la cara con la mano—. Siempre me hace pasar vergüenza.
—No es para tanto —traté de calmarlo mientras contenía la risa—, no fue tan terrible lo que dijo. Además me gustó haberlos conocido, gracias por presentármelos, me parecieron muy lindas personas.
Darien pareció relajarse un poco. —Sí, lo son y la verdad es que me sentí muy bien viviendo con ellos todo este tiempo —dijo nostálgico—. Me ayudaron mucho y ahora que regresé creo que los echaré de menos.
—¿Ya te quedarás aquí?
—Sí, ya estoy de vuelta viviendo en mi departamento. Ahora convivo con Nef.
—Cierto —recordé que Neflyte se había mudado a su departamento cuando partió a Osaka—. ¿Y qué tal? ¿Cómo te sientes al haber regresado?
—Bien, estoy por concretar algunos planes. Conseguí trabajo.
—¿En serio? —dije sorprendida—. ¿Tan pronto?
—Sí, fue por medio de un contacto de mis padres —explicó—, conseguí un trabajo de medio tiempo en un estudio contable.
—¡Qué bueno!
—Y eso no es todo —dijo contento—, también voy a retomar mis estudios. Regresaré a la universidad.
—¿De verdad?
—Así es, rendiré algunas materias libres, cursaré otras y si todo sale según mis cálculos podría graduarme en un año.
—¡Es fantástico, Darien!
—Sí, estoy entusiasmado. Aunque bastante asustado también, pero tengo muchas ganas de cerrar esa etapa de mi vida de una buena vez. Espero poder conseguirlo.
—Claro que lo conseguirás —lo animé—. Tú eres muy capaz y muy responsable. Estoy segura de que lo lograrás.
Hizo una pausa y se puso muy serio. —Gracias por alentarme —dijo con un tono de voz algo apagado—. Tú siempre me has alentado. Eres en quien más me he apoyado para salir adelante.
—¿Yo?
—Sí, tú —dijo esbozando una leve sonrisa—. Te lo dije la otra vez, eres una chica fuerte, decidida, que sabe lo que quiere y lucha por ello, tienes una increíble capacidad para superarte, salir adelante y encarar tu vida con una actitud tan positiva y optimista. Y siempre he admirado todo eso de ti.
—Gracias por tus cumplidos, pero no creo ser así. En realidad soy…
—Sí, Serena —dijo mirándome a los ojos con determinación—, tú eres… Siempre has sido alguien muy importante para mí, muy especial y yo… —comenzó a titubear y lo noté nervioso, asustado—. Serena, yo… Lamento mucho lo que pasó, lamento que todo se acabara entre nosotros. Siento que…
—Está bien, Darien —no quería que dijera nada más, no valía la pena volver a hablar al respecto, no ahora—, ya quedó atrás —preferí cortar por lo sano, ya no tenía sentido hablar de esto, todo había terminado entre nosotros, en buenos términos por suerte, y consideraba que lo mejor era dejar las cosas como estaban—. Ahora somos amigos —dije gentil—, es mejor así.
Darien sonrió de lado. —Sí, tienes razón —dijo desanimado—. Incluso nos llevamos mejor que antes.
No sabría decir si fue sarcástico o no, pero ese comentario me molestó un poco. —Parece que es lo único bueno que puede haber entre nosotros.
—¿Tú crees? —otra vez parecía tomar una actitud desafiante—. ¿Sólo puede haber amistad entre nosotros?
—Si, es lo que creo —respondí segura.
Darien hizo una nueva pausa y me miró serio acercándose lentamente a mí. —Pero si te pidiera que volviéramos a intentarlo, ¿me darías otra oportunidad?
Percibí tanta determinación y firmeza en su mirada que me quedé helada, me tomó totalmente por sorpresa que de repente se dirigiera a mí de esta manera tan frontal y directa. —¿De qué hablas? —pregunté confundida.
—Serena, yo…
Pero al ver que su atención se dirigía hacia otro lado, más precisamente hacia algún punto detrás de mí, me sentí más desorientada y confundida. —¿Qué? ¿Qué pasa, Darien? Me estás poniendo nerviosa.
—Alguien viene —dijo en voz baja.
—¿Qué? —volteé rápidamente—. ¿Quién?
—Creo que… —Darien entornó los ojos para tratar de reconocer a las personas que aparecieron desde el interior del salón y se aproximaban a nosotros—. Sí, son ellos —me tomó de la mano y comenzamos a caminar apresurados—. Debemos alejarnos antes de que nos vean —murmuró.
—Espera —me solté al darme cuenta de que se trataba de Lita y Neflyte—, aquí no podrán vernos —lo empujé para que nos escondiéramos detrás de unas columnas que estaban bastante en penumbras.
—¿Acaso quieres espiarlos? —murmuró Darien horrorizado.
—No, no, no —era absurdo negarlo—. Bueno, sí, pero sólo un momento.
—Pero, Serena, no me parece que…
—¡Shhhh! —lo hice callar y por suerte obedeció.
Vi que los chicos llegaron hasta la escalera que comunicaba con el jardín. Nef se detuvo y observaba a Lita a una distancia considerable mientras caminaba nerviosa de un lado a otro. O acababan de discutir o algo muy raro sucedía entre ellos. Y no pensaba moverme de ahí hasta saber qué rayos estaba ocurriendo.
—¿Qué sucede, Lita? —Nef rompió el tenso silencio al fin, se mostraba preocupado, afligido—. ¿Qué tienes? Te noto muy alterada, has actuado muy extraña conmigo toda la noche, ¿acaso estás enojada? ¿hice algo que te molestara? ¿te sientes bien?
—Sí, Neflyte, estoy bien —dijo ella sin dejar de caminar, pero no se veía nada bien—. No estoy alterada ni enojada ni nada, es sólo que…
—¿Qué? ¿Qué te pasa?
—Lo que pasa es que necesito… Tengo que decirte… Necesito hablar contigo, necesito decirte algo importante, algo muy importante para mí.
—¿Qué sucede? No me asustes, ¿tienes algún problema? ¿Pasó algo con el negocio?
—No, no tiene que ver con el negocio, bueno, no directamente. Es algo personal, algo que no puedo seguir callando, no quiero. Porque tengo que evitar repetir el mismo error que cometí en el pasado. Y debo hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Así que, por favor, préstame mucha atención y no me interrumpas porque de otra manera no podré hacerlo.
—Está bien, te escucho.
Lita tomó aire y suspiró largamente intentando calmarse, se veía en verdad muy nerviosa. —Antes que nada es preciso aclararte que no quiero que lo que vaya a decirte interfiera de forma alguna en tu decisión de regresar a Francia. No quiero que tus propósitos profesionales se vean afectados de ninguna manera. No sería justo.
—Pero yo aún no tomé ninguna decisión al respecto —Nef intentó explicarle—, todavía no sé si voy a viajar.
—No me interrumpas —lo regañó ella.
—Lo siento.
—Bien, ¿por dónde empiezo? —Lita retomó su deambular con las manos en la cabeza—. Rayos, lo repasé mil veces en mi mente y ahora no sé qué decir, ¿por qué tiene que ser tan difícil?
—¿Si lo dejamos para otro momento? —él trató de calmarla—. Ya se ha hecho bastante tarde, la fiesta aún no termina y…
—¡Te dije que no me interrumpas! —volvió a regañarlo y no paraba de caminar—. Tiene que ser ahora o voy a volverme loca.
—Bueno, no te alteres —Nef trataba de seguirla pero no se atrevía a acercarse mucho.
—Porque estoy muy movilizada —siguió ella y sacudía las manos cerca de su rostro como dándose aire— y ya no puedo soportarlo más. Todo lo que está sucediendo últimamente, la boda de Mina, la inestabilidad de Serena —¿eh?—, tu inminente partida. Todo está cambiando y a mí me cuestan los cambios, me asustan. Yo soy muy estructurada, no puedo pasar de ser y de comportarme como lo he hecho toda mi vida, como estoy acostumbrada, a algo radicalmente diferente así como así. Necesito ir despacio, tomarme mi tiempo, no apresurarme.
—¿A qué te refieres?
Lita volvió a suspirar, pero no podía quedarse quieta y evitaba mirarlo a la cara mientras hablaba. —Que aunque me cueste, tengo que aceptar que nuestro trabajo juntos ya cumplió su ciclo. Y ahora nuestros objetivos ya no son los mismos. Porque tú tienes otros planes, quieres progresar, apostar a nuevos desafíos. En cambio yo me siento muy cómoda y tranquila con mi tienda tal como está. Pero tú piensas diferente, quieres aventurarte a otras cosas, jugarte por algo más grande, más arriesgado, y yo ya no puedo seguirte el ritmo. Así que si quieres regresar a Francia para dar rienda suelta a tus aspiraciones, no voy a oponerme.
—Pero, Lita, yo todavía no sé…
—Lo que quiero decirte es… —finalmente se detuvo y lo miró—. Lo que necesito que sepas es que… ¿Recuerdas aquella vez después de graduarnos que nos encontramos en un patio de la escuela y hablamos?
Nef meditó unos instantes hasta que lo recordó. —¿La vez que estuviste llorando por el profesor Yamada?
—Sí, esa vez —dijo Lita avergonzada—. Nunca te agradecí por haber sido tan compresivo y considerado, por no juzgarme ni cuestionarme, por contenerme y acompañarme… ¿Recuerdas lo que me dijiste? —él asintió bajando la mirada—. Me dijiste lo que sentías por mí y yo…
—Me rechazaste —Nef completó la frase con voz apagada.
Lita se fue acercando lentamente a él. —Sí, te rechacé porque me asusté, porque jamás imaginé que justamente tú, la persona más estrafalaria, histriónica e insoportable del mundo, me confesarías lo que sentías, mucho menos en ese momento que acababa de tener la desilusión amorosa más dolorosa de mi vida.
—Lo sé, fue muy inmaduro de mi parte.
—Luego te fuiste —continuó ella—, pasaron algunos años y cuando regresaste y comenzamos a trabajar juntos pasó algo totalmente inesperado para mí. Pude conocerte mejor y descubrir que eres una persona increíble con quien puedo sentirme tranquila, porque me respetas, te interesas por mí, me haces reír —mientras mencionaba estas cosas una leve sonrisa comenzó a dibujarse un su rostro y se acercaba más y más a él—, me ayudas a dejar de lado mi estructurada y fría forma de ser, a comportarme y mostrarme tal cual soy…
—Lita… —Nef estaba inmóvil viéndola con ojos enormes, evidentemente estaba sorprendido por completo con cada cosa que escuchaba.
—Hace años te rechacé porque estaba muerta de miedo —siguió ella—, porque no quería volver a sufrir, porque me negaba rotundamente a reconocer lo que en verdad sentía. Y recién ahora que estás a punto de irte de nuevo puedo ser capaz de admitir que me equivoqué, que me comporté como una cobarde y una tonta, y lo lamento tanto… —dijo con voz temblorosa—. Pero no quiero tener miedo, ya no quiero renegar más de lo que siento y mucho menos ocultártelo. Estoy tan cansada, tan harta de vivir conteniéndome, escondiéndome, encerrada en mi dolor y mis remordimientos. Lo hice casi toda mi vida y me ha costado muy caro. Porque me he sentido tan sola, porque sólo me he obstinado en enfocarme casi exclusivamente en mi trabajo, en no aferrarme a nadie para evitar volver sufrir. Porque la única vez que lo hice, sufrí mucho, me ilusioné en vano y perdí los mejores años de mi vida por eso —se tapó la cara con las manos en un inútil intento de ocultar las lágrimas que hacía rato había dejado escapar—. Pero a ti no quiero perderte, Nef —dijo negando con la cabeza—. Tú eres… Tú…
Él la abrazó de inmediato. —No, Lita, no llores —trató de consolarla—. No vas a perderme, no me iré a ninguna parte, no quiero volver a dejarte —acariciaba su cabello con dulzura mientras la mecía entre sus brazos—. Tranquila, si tú me lo pides, si en verdad es lo que tú quieres, me quedaré contigo. Porque yo quiero estar contigo, Lita —enfatizó—. Te necesito a mi lado, porque eres muy importante para mí, porque eres un soporte fundamental en mi vida. Porque desde que te conocí he conseguido descubrir tantas cosas nuevas, tantos sentimientos que jamás antes experimenté… —se separó un poco y tomó sus manos para descubrir su rostro—. He conocido tantos aspectos maravillosos de ti, tú me desafías, me impulsas, me ayudas a crecer, me motivas a ser creativo y libre, a sentirme vivo, a seguir mis sueños. Tú me inspiras, Lita… —dijo acariciando sus mejillas con ternura—. Y lo que más deseo, lo que siempre quise fue poder estar a tu lado, aunque no sintieras lo mismo que yo, aunque sólo fuéramos colegas y amigos… Porque yo…
—Te amo… —dijo ella de repente.
—¿Qué?
—Te amo, Nef… —repitió con más fuerza en su voz—. Todo este tiempo no he hecho más que amarte en silencio, yo… Yo estoy enamorada de ti desde hace tanto…
—No puede ser —él pudo articular con dificultad—. Esto no puede estar pasando, yo… Yo no… —y cuando al fin logró recapacitar sobre lo que estaba ocurriendo, su rostro comenzó a iluminarse con una enorme sonrisa—. No puedo creerlo, Lita, ¿me estás diciendo que… ¿Dices que tú…
Ella también llevó sus manos a sus mejillas y lo miró fijamente a los ojos. —Que te amo… —dijo con mucha más seguridad en sus palabras—. Sí, Nef…—se acercó más para apoyar su frente contra la suya—. Te amo… —repitió sin dejar de llorar.
—Yo también te amo… —susurró él y sin perder más tiempo la besó—. No quiero volver a alejarme de ti nunca más —dijo entre besos mientras la abrazaba con fuerza—. Te amo, Lita… Te amo…
Yo no podía creer lo que mis ojos estaban viendo, estaba emocionadísima hasta los huesos, tanto que tuve que taparme la boca con la mano para no gritar de la alegría. Volteé a ver a Darien que estaba detrás de mí y comencé a golpearlo en un brazo tratando de transmitirle mi euforia y hacerlo reaccionar mientras daba saltitos de felicidad. Pero él no estaba para nada emocionado, o al menos no lo aparentaba ni un poco. Porque tenía una expresión tan sombría que casi daba miedo.
—Oye, ¿qué te pasa? —susurré molesta—. ¿No te alegras por nuestros amigos?
Los miró con el ceño fruncido y dio media vuelta. —Vámonos —dijo cortante—, démosles algo de privacidad —y empezó a caminar.
Yo quise verlos por última vez y con mucha discreción me asomé a espiarlos de nuevo. Lita y Nef seguían abrazados y hablándose entre besos, pero ya no llegué a escuchar lo que decían. Así que suspiré como boba llevándome las manos al pecho y también comencé a caminar hasta alcanzar a Darien.
Mientras nos dirigíamos hacia el ingreso del salón, él continuaba mudo y con esa inexplicable aura oscura a su alrededor. Pero no le di demasiada importancia, porque estaba tan conmovida y fascinada con lo que acababa de pasar que no podía ni quedarme quieta. Seguía dando brinquitos mientras aceleraba mis pasos y reía como tonta al repasar en mi mente todo lo que los chicos se habían dicho. —No puedo creerlo —dije con un nuevo y sonoro suspiro cuando ya nos habíamos alejado bastante—. ¡No lo puedo creer! Se aman… ¡Lita y Neflyte se aman! ¿No te parece increíble? ¡Todo fue tan hermoso como si fuera una escena salida de una película de amor! ¿Acaso pudo haber sido más romántico? ¡Lo sabía! ¡Siempre supe que esto tarde o temprano pasaría! ¡Ay, estoy tan feliz!
Interrumpí mi soliloquio y me callé al percatarme de que estaba hablando sola, ya que Darien se detuvo desde que empecé a divagar y se había quedado bastante atrás. Volteé a verlo y al divisarlo a un par de metros de distancia caminé para regresar a su lado. —¿Qué sucede? —pregunté confundida.
Él alzó la vista y me dirigió una mirada tan intensa que provocó que un fuerte escalofrío me subiera por la espalda. —Serena —dijo con firmeza—, tenemos que hablar.
No supe cómo reaccionar, de repente su actitud era tan frontal y determinante que no podía soportarlo. Me miraba con tanta intensad que me abrumaba por completo. Estaba paralizada, clavada en el suelo sin poder hacer ningún tipo de movimiento ni emitir sonido alguno. Era como si de golpe el mundo se hubiera detenido, como si ya nada más existiera a nuestro alrededor.
Y tuve miedo. Muchísimo miedo. Terror de sólo imaginarme lo que estaría a punto de decirme. Y me di cuenta de que no estaba preparada para esto, de que no estaba dispuesta a escucharlo. Aún me dolía mucho lo que había pasado y no quería pensar más en lo que ocurrió entre nosotros, necesitaba olvidarme de todo, no arrepentirme de mi decisión, no extrañarlo más…
Darien dio un paso hacia mí y la dura expresión de su rostro empezó a desvanecerse. —Por favor, Serena, necesito…
—No —lo corté en seco—. No quiero escucharte.
—Pero, Serena…
—No quiero, Darien, no insistas —dije repentinamente furiosa—. Ya todo terminó entre nosotros, acéptalo de una vez y déjame en paz —¿qué rayos me pasaba? ¿por qué estaba reaccionando de esta forma? ¿por qué lo rechazaba? ¿por qué me invadía este pánico insoportable?—. Tú y yo ya no tenemos más nada de que hablar.
—¿Por qué no quieres escucharme? —me preguntó suplicante—. ¿Por qué no me dejas explicarte lo que…
—Porque ya es tarde —dije más furiosa—, porque terminamos hace meses y tenemos que dejar toda esta historia atrás —tuve la impresión de que lo lastimaba con mis palabras, y aunque a mí también me dolía tener que volver a aclararle las cosas de esta forma tan dura, quise creer que era lo mejor para los dos—. Ambos acordamos seguir siendo sólo amigos, ¿por qué no podemos continuar relacionándonos en esos términos? ¿Por qué de repente me sales con que quieres hablar de lo que pasó? Se acabó, Darien, entiéndelo. Yo terminé contigo y tú aceptaste mi decisión, ¡así que ya déjame en paz!
Se generó un tenso e interminable silencio. Si es que momentos antes parecía que habíamos logrado volver a acercarnos, en este instante acabábamos de retroceder cientos de kilómetros. Era como si un invisible e impenetrable muro se hubiera levantado entre los dos. Aunque estuviéramos frente a frente, en realidad estábamos tan alejados como si fuéramos de diferentes galaxias. Y otra vez caí en la cuenta de que todo se había arruinado entre nosotros. Podía sentirlo en cada fibra de mi cuerpo. Ya nada volvería a ser como antes.
—Tienes razón, lo siento —dijo Darien con pesar.
Sin poder evitarlo volví a enojarme. Ahora me enfurecía su actitud de resignación. ¿Por qué se rendía tan fácilmente? ¿Por qué era tan cobarde? ¿Por qué volvía a actuar con tanto hermetismo y frialdad? ¿Y yo por qué era tan contradictoria con lo que hacía y decía? ¿Por qué volvía a sentirme tan confundida? ¿Por qué estaba tan resentida? ¿Por qué no podía tener en claro de una buena vez lo que quería?
Todo estaba cada vez peor, me abrumaba la confusión, me sentía cada vez más perdida, no tenía la más pálida idea de cómo actuar, de cómo interpretar estos acercamientos, estas conversaciones tan livianas y a la vez tan íntimas, estas interminables idas y vueltas. En verdad que ya no entendía nada. Cientos de preguntas se imponían en mi mente e infinidad de emociones encontradas se removían en mi interior. Sólo deseaba huir inmediatamente y olvidarme de todo lo que acababa de pasar. Dejar esta indefinida historia atrás de una bendita vez.
—Yo también lo siento —dije con la voz entrecortada. Di media vuelta y me alejé de él lo más rápido que pude.
.
I never knew the art of making love
(Nunca conocí el arte de hacer el amor)
Though my heart aches with love for you
(Aunque me duele el corazón de amor por ti)
Afraid and shy, I let my chance go by
(Temeroso y tímido, dejé pasar mi oportunidad)
A chance that you might love me too
(La posibilidad de que tú pudieras amarme también)
.
ayyy… este final quedó algo abrupto, debo reconocer que luego de releerlo me dejó un sabor amargo :'(
bueno, esto ha sido todo por hoy. después de un cap intenso, me despido pidiéndoles, suplicándoles, ¡rogándoles! que no me claven el visto y me dejen sus reviews, aunque sea algo cortito, una palabra, un emoji, lo que quieran! pero comenten porfis porfisssss!
espero que nos reencontremos pronto con la continuación de esta locura. ya estamos cada vez más cerca del final…
Gracias por el aguante de siempre! Hasta la próxima!
Bell.-
