CAPÍTULO 13

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En el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado; sin embargo mientras duró se llevó a millones de personas de todo el mundo.

Un enorme barco cruzaba las aguas del atlántico llevando como pasajero a un joven castaño que había abandonado su patria hacía 6 años atrás y haber jurado no volver jamás; sin embargo su padre lo había llamado con urgencia, sin decirle nada más que lo esperaba en Escocia, joven no pudo negarse a tal petición, pues durante todo ese tiempo su padre le había mostrado cuanto lo amaba. Por alguna razón temía que algo malo le pasaba a su progenitor, el escueto telegrama lo había inquietado.

Flashback

-Terry, hijo, llegó un telegrama para ti.

-Qué? – el joven tomó el papel de las manos de la mujer, estaba desconsertado. – es de mi padre… - la mujer lo vio atenta por si el castaño le informaba de que se trataba. – me pide que vaya a Escocia a verlo.

-Entonces tendrás que preparar tu viaje.

-Señorita Pony… no podría dejarlas solas, si…

-Hijo ya hiciste tanto por nosotras, es hora de que vayas con tu padre, si te mando un telegrama con la consigna de urgente debe ser porque te necesita.

-Y si… algo pasa…

-Por nosotras retrasaste tu viaje en muchas ocasiones, además podrás volver cada vez que quieras.

El castaño no dijo más, en tan poco tiempo llegó a amar a esas dos mujeres y a los niños que habitaban el hogar, en ellos había encontrado una familia de verdad; durante el tiempo que pasó ahí, había llegado a sentir ese cariño que su pecosa siempre le transmitía cuando hablaba de su hogar y de sus madres.

-Terry…

-Albert, me imagino que vienes a despedirte. – por unos segundos el rubio no dijo nada.

-S-Sí, te vas mañana, cierto?

-Sí, mi padre no ha respondido al telegrama que le envié, estoy preocupado por él. – el castaño no se dio cuenta de la actitud vacilante de su amigo.

-No te preocupes, si fuera algo malo, te lo hubiera dicho para asegurarse de que vayas lo antes posible.

-Sí tienes razón, mi madre me dijo lo mismo.

-Ella irá contigo o irá después? Me dijiste que estaba por iniciar una nueva obra.

-Sí, ella también está preocupada por duque, canceló su participación en la obra para ir conmigo.

-Voy a extrañarte.

-Sabes que volveré cuando… no puedo dejar solas a la señorita Pony ni a la hermana María.

-Terry... ella no… - estaba nervioso – sabes que yo cuidaré de ellas hasta que regreses.

-Lo sé.

Al día siguiente Albert, Archie y Kate estaban en hogar para despedir al castaño en su viaje.

-Dale a mis saludos y agradecimiento a tu padre, él nos ayudó con el caso de… si no hubiera sido por él tal vez la hubiéramos pasado muy mal. – aun no podía mencionar la muerte de Candy frente al castaño, pues sabía cómo lo afectaba.

- Se los daré. – dijo mirando hacia la colina y al gran árbol.

-Sí quieres te llevo a la estación.

-Me harías un gran favor.

-Terry, que tengas un buen viaje. – dijo Archie ofreciendo su mano, la cual fue aceptada por el castaño.

-Gracias Archie, me alegra verte completamente recuperado.

-Gracias, casi no la cuento, cierto? – ambos sonrieron por lo dicho; sin embargo recordaron lo difícil que había sido esa época en sus vidas.

-No me rendiré. – murmuró y sólo Archie lo escuchó, pues los otros siempre trataban de convencerlo que Candy ya no estaba, así que les hizo creer que aceptó su muerte.

-Terry, qué… - murmuró Archie mientras veía la sonrisa del castaño.

-Que tenga buen viaje, Terruce.

-Gracias Kate. – desde que la enfermera confirmara la muerte de su pecosa, Terry se mostraba reacio a tratar con ella, por algún motivo la rechazaba.

-Cuídate Terry, y favor dale a tu padre nuestro saludo y agradecimiento por todo lo que hizo por nosotras y el hogar.

-Lo haré, y gracias por haber permitido que me quedara todo este tiempo. – abrazó a la religiosa.

-Nada de eso hijo, tú eres un hijo más para nosotras, Sabes que esta también es tu casa. – se acercó la señorita Pony.

-Muchas gracias… - abrazó a la anciana mujer, que lo había tratado como a un hijo y juntos se habían apoyado para superar el dolor de haber perdido a Candy. – Por favor si me llegaran a necesitar, dígaselo a Albert, el me mandará un telegrama y volveré en seguida.

-Lo haré. – la señorita Pony le dedicó una sonrisa maternal que llenó al castaño.

Después de despedirse de los niños del hogar y estos prometerle que cuidarían a sus madres, el castaño junto con Albert se subió al automóvil; no sin antes dar un último vistazo a la colina prometiendo volver pronto.

Fin de flashback

-Pecosa… si supieras cuanto me costó dejar el hogar, hubiera querido quedarme con tus madres por siempre, cuidarlas como no te cuide a ti… oh, cuanto quisiera volver en el tiempo, y vengas otra vez a interrumpir mis pensamientos, como aquella noche de año nuevo; haría las cosas de manera diferente y ahora estaríamos juntos…

-Todo bien?

-Sí.

-Te veías melancólico.

-En serio? Porque sólo calculaba la hora que llegaremos a puerto y pensaba que tendremos que quedarnos en un hotel antes de partir a Escocia.

-Hijo…

-Vamos a descansar Eleonor, ya es tarde y hace frio. – acompañó a su madre a su camarote sin decir una palabra más.

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-Tío, me siento mal por Terry, aun piensa que mi gatita está viva.

- Por qué dices eso? Él te dijo algo?

-Sabes que él nunca lo haría, y menos a mí.

-Entonces?

-Antes de marcharse, me dijo que no se rendiría.

-Tal vez se refería a cuidar el hogar, sabes que Terry se encariño con los niños, la señorita Pony y hermana María, es lógico que no quisiera partir y quiera cuidarlos.

-No, la manera en como lo dijo, me hizo pensar que no se refería al hogar sino a Candy.

-Archie, sabes que fue más duro para Terry, él se culpa por la partida de Candy.

-Lo sé y es mi culpa.

-Creo que deberíamos dejar de culparnos, con el tiempo Terry lo superará.

-Eso espero, en verdad espero que Terry sea feliz.

-Yo también... yo también. –dijo mirando por la ventana.

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Escocia

Después de un largo viaje al fin estaba en Escocia, durante todo el viaje los recuerdos de aquel verano llegaron a él sin misericordia, trayendo consigo diversos sentimientos: felicidad, tristeza, añoranza y finalmente rabia, rabia por ser el juguete del caprichoso destino, aquel que le había mostrado la felicidad y alejarlo teniendo presente la esperanza de un reencuentro, para que al final los separé por completo.

-Todo bien hijo?

-Sí.

El joven tenía la mirada seria, sin mostrar ninguna emoción; pero no podía engañar a su madre, ella sabía perfectamente los recuerdos que este lugar guardaban para su hijo, pues ella también los tenía, aquí había sido muy feliz, creyendo que finalmente había conseguido formar una familia.

-El carruaje nos espera.

-Vamos.

No dijeron nada durante el trayecto a la villa, Terry miraba el camino comparando todas aquellas veces que había pasado en este lugar; desde que tenía trece años, huía de su familia, no le gustaba pasar sus vacaciones cerca de aquella mujer que siempre le recordaba su origen; aquel verano que pasó con su pecosa, ese donde le robo un beso, el único que le había dado y para su desgracia no había sido como hubiera deseado, se había comportado como un canalla, al haberle devuelto el golpe, se arrepentía tanto de eso; y ahora, ahora estaba de vuelta solo, no quería estar ahí, hubiera preferido no volver; pero al no tener más noticias de su padre lo había preocupado bastante.

Ya se podía visualizar la villa, no se sentía preparado para estar ahí una vez más, sabía que no podría soportar estar en aquella sala, donde había compartido con su pecosa, se derrumbaría.

-Alto! – ordenó al cochero y cuando éste lo hizo giró hacia su madre. – puedes seguir sola?

-A dónde vas? –dijo mientras lo veía abrir la puerta.

-No te preocupes, te alcanzo pronto, antes necesito hacer algo. – vio que su madre asentía con la cabeza sin decir palabra alguna, le dio instrucciones al cochero y se fue hacia aquel bosque que sabía Eleonor llevaban al lago.

- Eleonor…

-Richard. – fue hacia el hombre y sin pensarlo lo abrazó, pues sintió alivio al verlo saludable, todo el camino desde América había rogado porque se encuentre bien.

-Ellie, dónde está Terry?

-Él vendrá pronto…

-No viajó contigo?

-No, no es eso. Sabes que este lugar es importante para nuestro hijo.

-Lo sé, pero hubiera querido que llegue aquí primero. – soltó el aire resignado a lo que pasaría. – ven, entra los sirvientes se encargaran del equipaje, hay algo que tengo que hablar contigo. – la tomó de la mano y la llevó dentro la casa.

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Terry caminaba por aquel bosque, no había cambiado nada, seguía siendo el mismo que conocía desde que era pequeño. Se acercó al lugar donde la había visto saltar de árbol en árbol ayudada de una liana hasta que cayó al ser sorprendida por él.

-Jajaja Tarzán Pecosa, nunca dejaste de asombrarme, siempre me gustó tu espontaneidad - siguió con su camino hasta la orilla del lago desde ahí pudo divisar la villa que tenían los Andley en Escocia. – cuántos recuerdos, Stear, aquí nos hicimos amigos… y llegué a soportar la presencia de Archie… - soltó una risita. – quien lo diría… jajaja ahora somos amigos y eso también es por Candy, ay Pecosa, incluso sin estar cerca eres una entrometida… Candy… - dejó escapar una lágrima dirigiendo su mirada hacia aquel lugar, ese donde le había contado sus sueños de ser actor, donde había bailado con ella y le había robado un beso, se giró para volver a la villa; sin embargo pudo más su deseo de estar nuevamente ahí, aunque sabía que le dolería, pues había prometido volver ahí con Candy, quería estar otra vez en ese su lugar especial.

No lo podía creer, otra vez el destino se burlaba de él, que cruel era al mostrarle a Candy sentada al pie de aquel árbol, sin hacer mucho ruido se acercó a ella; ilusión o no, podía verla de nuevo, no le salía la voz así que solo se puso frente a ella, una brisa acaricio su rostro llevando con él, el aroma de su pecosa, cerró los ojos para poder absorber mejor aquella dulce fragancia a rosas que tanto había extrañado.

-Pecosa… -aquel pequeño susurro que dejó escapar mientras disfrutaba de su aroma alertó a la joven.

-Terry… - había preocupación en el rostro femenino, al escucharla inmediatamente el joven abrió los ojos.

-Candy? – acaso no era una ilusión? No, su padre le hubiera informado– Pecosa… - tocó la mejilla femenina con miedo a que desapareciera, la rubia alejó inmediatamente su rostro de su toque. – Candy… estás bien… estás viva, pecosa… lo sabía pecosa… - dijo mientras la envolvía con sus brazos, Candy sintió cómo su voz se quebraba.

-Terry… Terry otra vez está llorando… Terry… - dijo mentalmente mientras correspondía al abrazo.

-No dijeron nada durante varios minutos, simplemente dejaron que sus corazones se regocijaran al haberse encontrado de nuevo y su mente asimilara que en verdad estaban uno a lado del otro.

-Qué haces aquí? –dijo la rubia separándose de él.

-Candy… - murmuró el castaño mientras la veía sin poder creer que había sido fácil encontrarla, él creyó que tardaría en encontrarla y una parte muy chiquita le decía que no lo haría, entonces puso atención en la mirada de la rubia. – puedes verme? – dijo bajito y cuando vio la reacción de la rubia supo lo pasaba.

-Qué haces aquí? – lagrimas salían de esas esmeraldas sin poder responder a la pregunta del castaño.

-Dime Candy, qué pasó? Por qué no volviste? – se le quebró la voz al ver que la rubia trataba de enfocar la vista en el rostro del castaño sin éxito, ahora sabia el motivo, Candy no podía verlo, así que, sin más la atrajo hacia él nuevamente. – No sabes cuánto me alegra saber que no moriste en aquella guerra. – murmuró cerca su oído sin dejar de abrazarla. – perdóname Pecosa, perdóname por lo que te hice. – lo dijo apenas, pues el nudo en su garganta se lo impidió.

-Terry… - murmuró con una voz tan lastimera mientras lo abrazaba con fuerza.

-Te amo Pecosa… te amo tanto…

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Hola!

Al fin apareció Candy! finalmente nuestros rebeldes están juntos, o no?

Tengan un buen inicio de semana… se cuidan. 🌻