Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo diez

― Saldremos fuera de la ciudad ―comento mirando el señalamiento que indica que estamos saliendo de los límites de Chicago.

― Sí, iremos a Wisconsin ―dice Edward muy concentrado en la carretera― nos esperan tres largas horas de camino.

Asiento sin dejar de ver el paisaje blanquecino en medio de la oscuridad.

Presiono entre mis dientes mi labio inferior al escuchar los suaves ronquidos de Pat en el asiento trasero. Por mi vista periférica me doy cuenta que Edward mantiene su mandíbula tensa mientras sus grandes manos siguen firmes en el volante.

― Me gusta tu look ―termino diciendo sin pensar.

Yo nunca pienso tan solo hablo sin parar. Edward me da una mirada de soslayo y sonríe sacudiendo su cabeza; esa pequeña coleta va muy bien con él al igual que su barba, lo hace lucir muy salvaje.

Froto mi rostro.

«¿Qué pasa contigo Isabella?, controlate».

― Me gusta tu camioneta ―deslizo mis dedos por la pantalla, sus gustos musicales no son tan malos, aunque admito que tengo mejores gustos que él―. ¿Puedo cambiar de música?

Él inclina su cabeza y yo supongo que es un sí. Todo es con un simple toque y reproduzco música de Harry Styles.

Golden empieza a escucharse y yo tarareo.

― Haré una excepción. ―Lo escucho decir después de un rato, volteo a mirarlo―. No me gusta que cambien mi música por otra, soy muy estricto en ello ―me da un guiño―, pero contigo haré una excepción.

Sonrío. Mi cara duele que creo se partirá por la enorme sonrisa en mis labios.

Guns N' Roses son clásicos, me gustan también ―explico―. Sin embargo nunca está de más escuchar a los nuevos talentos; por ejemplo Harry Styles.

Sus cejas están elevadas cuando me mira.

― No tengo idea de quién es ese.

― Es éste ―señalo en la pantalla el nombre de Harry Styles― solo escuchalo, es bueno. A mí me gusta ―busco en mi galería algunas fotos de Harry, le muestro―. Mira, él es quien canta, antes pertenecía a una boy band. One direction, ¿los conoces?

― Es la primera vez que escucho ese ridículo nombre ―suelta una carcajada. En vez de sentirme molesta por su forma de burlarse de mis gustos musicales, me rio junto a él―. Me imagino que tus gustos cinematográficos son parecidos, ¿no?

Muerdo mi labio. Me estoy debatiendo entre hablar y no.

― Bueno… por ahora solo veo series coreanas en Netflix. Hay un actor que me gusta mucho ―sigo desplegando mi dedo en la pantalla de mi móvil―. Él es Lee Min-ho.

Edward suelta una risotada con más ganas al ver la pantalla.

Es la primera vez que ríe despreocupado, no sé por qué no lo hace más seguido. Él tiene una risa melódica y bastante contagiosa.

― Deberías sonreír más seguido, te hace ver muy bien ―confieso.

Esta vez me muerdo la lengua al ver su rostro seco. No entiendo porqué no puedo quedarme callada.

― Hace mucho tiempo dejé de reír por todo ―revela, mientras con su mano acomoda el espejo retrovisor comprobando que su hijo siga dormido en el asiento trasero―. Cuando eres padre muchas cosas pasan a ser irrelevantes, solo puedes centrarte en tu hijo. Te preocupa que su entorno sea seguro, que crezca sano y feliz. De pronto en un parpadeo la vida pasó y tú sigues siendo feliz viéndole crecer y sabiendo que todo lo que has hecho por él ha valido cada jodido segundo, no importa que tu vida sea una mierda llena de amargura.

― ¿Qué pasó con la mamá de Pat?, ¿por qué te dejó a su hijo?

Lo veo sacudir la cabeza.

No sé si haya tocado una fibra sensible para él, es entendible que se niegue a hablar. Charlie aún no logra hablar de Renee sin que se rompa su voz al recordarla.

― Nunca voy a entender qué ocurrió con Charlotte. Fuimos novios desde nuestros catorce años y desde entonces jugamos a ser adultos hasta el embarazo. Ese fue el detonante para que cambiara tanto de un día para otro. Nosotros éramos muy jóvenes, puedo entender su pánico al ser madre adolescente porque yo también lo era y por supuesto que tenía terror. Sin embargo no comprendo su desinterés hacía a nuestro hijo.

― Te confieso algo ―dice muy bajo―. Ella intentó muchas veces deshacerse de él.

― Aún sabiendo su desapego para con Pat, lo haces que conviva con ella. ¿Cuál es la razón?

Suspira de forma ruidosa.

― Quiero que mi hijo tenga la vida más normal que sea posible. No quiero que cuando sea adulto me reclame por no haberle concedido tiempo con su madre.

― Pues si yo supiera que Renee no me quería tener. Hoy le estuviera diciendo que debió hacerlo, porque hubiera preferido mil veces no nacer que sentirme un estorbo en sus vidas. ―Mi labio inferior tiembla al igual que mi voz―. Te doy un consejo; no forces a tu hijo a convivir con alguien que no lo quiere. Te aseguro que él nunca te reclamará nada sobre su tiempo con ella. Pat se da cuenta que su mamá no muestra interés en querer estar en su vida, debes dejar que él elija.

Edward se queda en silencio. No sé si meditando lo que he dicho, espero que sí.

Me acurruco en mi lugar y cierro mis ojos dejándome arrullar por el trayecto.

Arrugo mi nariz al sentir que algo provoca cosquillas en mi piel, tengo sueño, frío y hambre y necesito seguir durmiendo.

Una suave risa me hace abrir los ojos: Pat tiene una pluma de ave y la desliza por mi rostro, sus mejillas se han vuelto rosas y se está riendo de mí.

― Ya llegamos, baja. Tenemos que ayudar a papá.

Estiro mis brazos a la vez que bostezo; de un gran salto estoy con mis botas enterradas en la nieve. El paisaje es hermoso y muy blanco, es una postal digna.

― ¿En qué ayudo? ―pregunto.

Edward está sacando unas enormes mochilas; Pat se pone la suya con rapidez, se nota que tiene práctica, pues el chico sabe para qué sirve cada arnés.

― Ni lo pienses ―Edward quita la pequeña mochila de mi espalda― esta cosa no te servirá de nada para sobrevivir una noche bajo el intenso frío. Usa esta ―me pasa una grande y pesada mochila― caminaremos cuesta arriba ―dice― te estoy dando menos peso a ti.

«¿Menos peso? Si esta mochila pesa tres veces más que yo».

Por no verme débil la pongo sobre mi espalda sin protestar. Ellos han empezado a caminar sin mí, estos hombres no tienen nada de caballerosidad en sus venas, parece que están hechos al puro estilo de las cavernas.

― ¡Oigan! ―corro detrás de ellos, es difícil hacerlo entre la nieve― ¡esperenme!

― ¡No podemos perder tiempo! ―grita Pat sin voltear a verme.

Exhalo: el hálito que soplo es vaporoso. Hace frió, mucho.

― Hombres ―bufo. Sin perder tiempo sigo sus pasos― parecen neandertales.

En el camino me distraigo con algunos pinos forrados por la nieve, mi cabeza se mantiene erguida y mi boca abierta al recordar que en una película tiran de una rama y la nieve cae como llovizna produciendo un hermoso paisaje.

Mi intención muere cuando Edward carraspea; espera por mí sin quitar su salvaje postura. Aunque esta vez no viste de gabardina, su ropa especial para la nieve lo hace lucir endemoniadamente bien. También capta mi atención el gorro que usa y esconde esa coleta que me hace cuestionar si su pelo es suave o será como él: áspero.

Ruedo los ojos al pasar a su lado. Esta vez Edward me espera haciéndome una indicación que camine delante de él. En varias ocasiones me ayuda tirando de mi mano cuando mis botas se hunden en las montañas de nieve, es así como vamos camino inclinado. Él casi está empujándome todo el tiempo para que no desista de seguir.

Puedo decir que después de caminar y caminar ya no siento mis extremidades y el rostro me duele del frío.

― Papá, este es un buen lugar ―indica Pat tan fresco y regocijado de energía como si una hora de caminata no fuera nada para él.

Veo en todos lados; hay solo nieve a nuestro alrededor.

Cansada dejo caer la mochila mientras ellos empiezan a armar la casa de campaña. Estoy hiperventilando debido a la altura.

― ¿Qué haremos aquí? ―indago al ver que la casa está terminada.

― Aquí dormiremos ―responde Edward terminado de afianzar la lona con unas cuerdas.

― ¿Bromeas? Cuando caiga la noche la temperatura descenderá a tal punto que nuestros cuerpos no resistirán y moriremos de hipotermia.

― No es la primera vez que acampamos en la nieve, Bella. ―Pat menciona con orgullo lanzando una bola de nieve en mis piernas―. ¡Juguemos! ¡Vamos papá!

Guardo mis preocupaciones en algún lado de mi cabeza y empiezo a disfrutar mi día en la montaña. La guerra de bolas de nieve es sin duda el juego ideal para entrar en calor, al menos disfruto cuando aterrizan en el rostro de Edward, en estos momentos puedo asegurar que me está odiando por atacarlo sin descanso.

― ¡Me rindo! ―grita Edward dejándose caer sobre la blancura fría―. Necesito un descanso.

Es inútil mantener mis ojos lejos de él; no es tan amargado cómo imaginé. Aún con mi sonrisa en mi cara me tumbo a su lado.

― Eres bastante lento para esquivar las bolas de nieve ―me burlo.

― Ustedes dos son unos abusivos.

― Te humillamos, admítelo.

Se pone de costado, me observa.

― ¿Quieres ir conmigo a buscar un poco de ramas secas? Haré una fogata para pasar la noche.

Me recuesto sobre mis codos, asiento y él sonríe ampliamente poniéndose de pie, extiende su mano a mí:

― Vamos, señorita ―pide.

Acepto tomando su mano; nuestro tacto es esponjoso y calentito al usar guantes. Le da algunas indicaciones a Pat y después nos adentramos entre los pinos sin soltar nuestras manos.

Es imposible dejar de lado mis recuerdos cuando imágenes ralentizadas invaden mi mente; mi boca sobre él..., avergonzada me suelto poniendo distancia.

Él mira mi negación a seguir sosteniendo su mano, pero no dice nada.

― ¿Sigues pensando en irte de la ciudad?

Su pregunta me hace verlo. Él se acuclilla juntando algunas ramas sin levantar la cabeza.

― Sí. Estoy decidida.

― ¿Por qué?

― No tengo razones para quedarme.

― Podría ayudarte.

― Me has ayudado mucho. Es suficiente así.

― En caso de que Carlisle se vuelva a acercar a ti, ¿podrías decirme? No importa la hora, háblame de inmediato ―ruega poniéndose de pie.

― No creo que lo haga. Él cree que nosotros estamos saliendo ―musito.

Él asiente.

Nuestra conversación fluye al momento que se vuelve insustancial mientras ambos recogemos ramas.

Cuando volvemos a la casa de campaña Edward logra prender una fogata que rápidamente rodeamos bebiendo chocolate caliente. Pat hace algunas bromas y se retira dentro de la carpa dejándonos solos en un profundo silencio.

― Se nota que estás cómodo en este lugar ―le explico―. Te ves diferente, más lleno de paz.

Su intensa mirada está en mí, desvío mis ojos de él. Cada que me mira de esa forma me hace sentir rara... nerviosa.

― Soy un ser solitario. Prefiero estar rodeado por la naturaleza que por la gente falsa que pregona quererme.

― Oh… ―medito― creo que he estado sola toda mi vida y yo sintiéndome en compañía.

― ¿Lo dices por tu papá? ―inquiere. Al ver mi molestia se mueve de lugar, al lado mío y da un ligero apretón a mi brazo―. No fue mi intención escuchar tu conversación con él.

Muerdo mi labio. Estoy evitando hablar de más; no le conozco y no quiero involucrar a más personas en mi vida. Con Jessica y Tyler es suficiente para mí.

― Confía en mí. Puedo escucharte sin decir nada.

Nuestros brazos están muy cerca, rozandose entre las gruesas telas de nuestros abrigos. La manta que tengo en mis hombros cae y él la acomoda sobre nosotros. Le veo unos segundos y él sigue mirándome en espera de una respuesta.

― Soy producto de un embarazo adolescente ―termino por revelar―. Mis padres se casaron creyéndo que era la única solución a mi espera, no funcionó. Tenía siete años cuándo Charlie descubrió a Renee con su mejor amigo y desde entonces empezó mi calvario. Nunca en la vida recuerdo haber visto a mi padre tan destruido como aquella noche ―mis lágrimas están derramándose sin reparo― te juro que yo no comprendía porque Harry se la pasaba en casa todo el tiempo, ni tampoco entendía porque se encerraba en la habitación con mi madre. Fui muy inocente, porque quizá si yo hubiese hablado…

Sollozo.

Su brazo me rodea, me apega a él, sin dejar de frotar mi abrigo.

― Tú no tienes la culpa de nada ―susurra sobre mi cabeza.

― Es que hubieses visto a papá. Él estaba deshecho ―sigo sollozando― tengo muy grabado su humillación en mi mente.

― Crees que por eso mismo tú mereces la desatención de él ―acuna mi rostro, sus ojos se han vuelto indescifrables― no justifiques su abandono por un engaño a su persona.

― Mi papá es bueno.

― No dudo que lo sea, pero en esta vida no basta con serlo hay que demostrarlo.

― A Charlie le ha costado mucho superar y confiar de nuevo. Ahora él rehizo su vida y se esmera en cuidar de su nueva familia. Está apostando por su felicidad.

― ¿Y tú? ―cuestiona―, ¿dónde quedas tú?

― Yo... ―cierro mis párpados al ver su rostro tan cerca al mío.

― Si algún día me enamoro ―susurra y su hálito golpea mi rostro― antes me pego un tiro que hacerle daño a mi hijo.

Abro mis ojos... su boca está tan cerca de la mía.


¡Hola! Aquí estoy de nuevo con otro capítulo. Como leyeron Bella y Edward están confiando uno en el otro. Sé que están desesperadas porque ellos inicien algo, pero tranquilas, todo a su tiempo 😉. Me dejan sus opiniones, díganme que les parece la historia, el capítulo, los personajes, soy toda oídos. Nos siguen faltando dos capítulos más de nuestros protagonistas en su fin de semana junto a Pat, así que no me dejen sola.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: OnlyRobPatt, Jade HSos, PaolaValencia, Adriu, Diannita Robles, Lupita Calvo, Lily, Vanesa, Torrespera172, Dulce Carolina, Patty, cocoa blizzard, ALBANIDIA, Iza, Isis Janet, Lidia, Lizdayanna, Ximena, Pameva, Lili Cullen-Swan, Gabs Frape, Moni, mrs puff, Ana, Antonella Masen, Rocio, Pepita GY y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!