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Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
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Habían pasado varios días, desde el regreso del peli plateado a la fortaleza.Una noche, en el oscuro cielo brillaban las estrellas, Kagome veía estas últimas a través de la ventana de su habitación, la pequeña miko se encontraba contrariada, con un solo pensamiento en mente.
Mañana él volvería a irse.
Sesshomaru entró, notando su incomodidad al instante, con lentitud digna se acercó a ella por detrás.
Cruzó sus brazos al rededor de su cintura acomodando su rostro en su hombro, donde la marca de una hermosa luna creciente podía verse.
"Algo te inquieta" No era una pregunta, era una afirmación, y aunque creía saber la respuesta, quería que ella se despegara de cualquier cosa que le molestara, con ayuda de su youki, la envolvió tratando de calmar sus pesares.
La miko agradecía enormemente su intención, y la calidez con la que la abrazaba, ella no quería que se preocupara, pero aun así, no podía dejar que una espina en su corazón la molestara.
"Sesshomaru" lo llamó con un susurro, girando su cuerpo para enfrentarlo.
Observó con demasiada admiración la belleza de su rostro y sus rasgos afilados, con solo la luz de la luna iluminandolo, resaltando la claridad de su piel, él se veia casi etéreo.
Trazando con la yema de sus dedos las marcas magenta en sus mejillas, no podía evitar perderse en la suavidad y firmeza de su piel, y lo bien que se sentía al tacto.
Dirigió la mirada a su pecho y con una mano lo acarició... Su kimono estaba ligeramente abierto, había dejado su armadura a un lado en el momento en que había entrado en la habitación. Así que bajo la palma de su mano solo podía sentir el calor de su piel.
Estaba avergonzada por lo que sentía, los deberes deben ser primero, el pueblo y los ciudadanos, siempre lo supo, desde que empezó su formación como miko, hasta ahora como la señora occidental, pero con pena admitía, que quizás, esta vez quería ser egoista.
"¿Tienes que irte?" preguntó aun acariciandolo sin atreverse a verlo a los ojos.
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