Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.


Categoría: Familia Black.

Personaje: Isla Black.

Prompt: Muggle.

Palabras: 489.

Bob Hitchens era el peor muggle que jamás había conocido. ¿Por qué se comportaba así? ¿Por qué le hablaba de esa manera? ¿Por qué no podía quitárselo de la cabeza? No se atrevía a responder a ninguna de las cuestiones ya que sabía las respuestas y eso era lo que hacia que odiase aún más a ese estúpido muggle que todas las tardes, cuando salía a pasear con su hermana Elladora, se les acercaba para entablar una conversación.

Al principio no se dio cuenta que era muggle, pensaba que estos eran seres deformados y faltos de educación, por eso Bob le desconcertó. Más desconcertado estuvo él, cuando le preguntó de que familia pura provenía, el joven la miró sin entender y fue ahí cuando comprendió que ese chico que la cortejaba, no era más que un muggle.

Odiar lo odiaba, pero no por ser un muggle. Si no porque le hizo ser consciente de que esas diferencias que tanto se remarcaban en la familia Black, no eran más que producto del desconocimiento. Bob Hitchens era muggle, pero culto y bien hablado, se podía incluso confundir con un sangre limpia si no fuera por su falta de magia.

¡Ay dichosa la magia y la pureza de sangre!

Se negó a pasear con Elladora, debía evitar encontrarse con Bob. Volvería a las clases de señorita que impartía su madre y pondría su atención en la búsqueda de un marido acorde a los ideales Black. Su convicción duro apenas un par de horas, hasta que subió a su dormitorio y se asomó a la ventana para contemplar el sol ponerse, pero lo que observó fue el sol, si no a Bob en la esquina de un edificio frente a Grimmauld Place mirando hacia ella. Se asustó en un principio, pero después negó, era un muggle y los muggles no podían ver su casa, o al menos eso creía, porque ese dichoso muggle había alzado su mano y la saludaba.

Una sensación extraña recorrió su cuerpo, una que no quería reconocer. Decidida, salió del dormitorio y bajó las escaleras lo más rápido que una señorita de su época podía hacer, pero en cuanto estuvo fuera del alcance de los ojos de cualquier ser humano o criatura doméstica, abrió la puerta principal y fue directa hacia Bob.

–¿Eres un mago?

Bob sonrió tímidamente.

–Yo no, pero tu eres una bruja.

Le miró horrorizada, aquello suponía el incumplimiento de su ocultación a los muggles.

–¿Cómo lo sabes?

–No lo sé, supongo que habrá sido por arte de magia. –El muggle se encogió de hombros.

Isla nunca comprendió porque Bob descubrió que era bruja ni mucho menos como fue capaz de visualizar Grimmauld Place. Pero la magia siempre funcionaba del modo correcto, y si la magia había hecho que Bob Hitchens fuera capaz de dar con ella, quería decir que la magia le indicaba que aquello era lo correcto y no las opiniones de su familia.