El sol y la luna y...
—Sé lo que están ocultando.
Este era un momento que, quizás, debería haber esperado desde hace mucho tiempo y aun así, Yuri se encontró a sí mismo tensándose y considerando sus opciones.
Huir era su primer instinto y uno al que no podía entregarse sin empeorar la situación en más de un sentido; evitar la confrontación también era una tentación y Yuri tenía en la punta de su lengua más de una palabra que podría ayudarlo a ello, aun si eso solo postergaría lo inevitable. Pero enfrentar la realidad era, en verdad, lo único que podía hacer.
—Y no estoy hablando de que estés con papá —continuó Kaede, ahora poniendo sus brazos en jarra y soltando un suave bufido—. Él lo hace obvio.
Sí, por supuesto. La hija de Kotetsu era observadora de manera inesperadas, tal como su padre, y engañarla buscando aclarar a lo que se refería con "estar" no serviría de mucho y sí traería nuevos problemas, como definiciones para algo mucho más complejo que lo que fuese que la chica creía.
Y ella, además, parecía decidida a ir al grano y dejar todo expuesto, pues no le dio tiempo de decir nada.
—Sé que eres un NEXT. Papá cree que te ayuda a ocultarlo, pero eso también es obvio.
Yuri respiró pausadamente y en vez de aceptarlo, dijo:
—¿Por qué lo crees?
Era mejor confirmar qué había causado las sospechas de la chica que intentar negarlo... o que aceptarlo. Ella bien podría tomar eso como un permiso para hacer preguntas que Yuri no tenía intenciones de responder o algo peor, como intentar conseguir respuestas de otra manera.
—No soy tonta. —Kaede lo fulminó con la mirada, ofendida, e hizo un mohín de molestia.
—No he dicho tal cosa. —Ni lo haría cuando ella estaba demostrando que incluso sabía elegir el momento mejor que su padre, habiendo esperado a que Kotetsu saliese de la casa a ayudar a Muramasa a entrar paquetes varios ("las compras de la semana" había comentado Anju), a que su abuela desapareciese en la cocina y a que Yuri estuviese a solas, sentado bebiendo té, sin ninguna excusa para escapar.
Quizás, incluso, ella había aguardado por varias semanas por una oportunidad así si es que se había dado cuenta en alguna otra visita, ya que Yuri rara vez aceptaba ir a Oriental Town junto a Kotetsu, aun cuando Kotetsu se mostraba deseoso de ir en todos sus días libres y no dejaba de incluir a Yuri en su paseo por razones que poco parecían tener que ver con mantenerlo vigilado.
Ella comprendía que esta no era una conversación que podría o debería tener cuando otros estuviesen cerca, pues estaba consciente de que era un secreto y estaba dispuesta a guardarlo.
Su ignorancia tras el peligro que eso involucraba era entendible, tal como la inocencia de la que estaba cargada su curiosidad. Pero la curiosidad mató al gato y podría matar al tigre y a su hija y Yuri poco podía hacer para impedirlo, aun siendo el culpable del peligro que los acechaba.
Pero podía intentar salvarlos de sí mismos.
—Papá pareciera creerlo —se quejó Kaede, demostrando que su irritación se debía principalmente a su padre—. Es como si quisiera ser una barrera humana y esperara que no me diera cuenta.
Eso era cierto. No era extraño que Kotetsu se interpusiera entre él y su hija con una excusa u otra, muchas veces tocando la cabeza de la chica aunque sabía que a ella no le agradaba y era tan obvio que la irritación no había impedido que Kaede lo notara. Yuri estaba seguro de que Kotetsu lo hacía por las ingenuas ideas que tenía de proteger a todos, aun si en realidad debería elegir a quien resguardar y quizás llegaría el día en el que tendría que hacerlo.
—La sutileza no lo caracteriza.
Su comentario hizo que la chica sonriera divertida, como si hubiese olvidado su supuesto mal humor ante la mala forma en la que Kotetsu intentaba protegerla de verdades con las que él mismo no parecía saber cómo lidiar. Él trataba de hacerlo, sin embargo, esforzándose incluso cuando Yuri le dificultaba tal cosa y le recordaba una realidad que, quizás, Kotetsu nunca olvidaba y que no lo hacía detenerse o cambiar de idea.
Kotetsu era un tonto y también un héroe, hecho que Yuri no podía ignorar y que lo había llevado a este punto, incapaz de oponerse a su ilusa idea de justicia o de negarse a acompañarlo a visitar a su familia pese a no tener ningún motivo para ello…
—Siempre ha sido así. —El tono de Kaede parecía estar más cargado de nostalgia que de irritación—. Pero ahora es peor.
O quizás ahora la chica lo notaba más.
Yuri decidió no señalar eso y dejar que Kaede se distrajera a sí misma del tema rememorando otras situaciones en las que Kotetsu había demostrado su falta de tacto, de sutileza y de habilidad para elegir el momento. Tal desvío en la conversación, sin embargo, fue solo temporal, ya que Kaede terminó volviendo a enfocarse en él y lo miró con abierto desafío.
—¿Y no me vas a decir? ¿O a mostrar? —La emoción era palpable en la voz de la chica. Ella quería saber de qué se estaba perdiendo o tal vez, incluso, veía como un reto el descubrir poderes misteriosos y sin duda su siguiente paso sería probarlos y aprender a manejarlos, pues todo eso hacía parte de sus propias habilidades.
Era posible aprobar eso, ya que esa práctica bien podría evitarle accidentes futuros en caso de copiar un nuevo poder por error o de copiar el equivocado. Que Kaede lo viese como un juego no cambiaba esos beneficios, mas Yuri no podía ser partícipe de ello.
Solo meses atrás él había tenido que considerar qué hacer con los Kaburagi y consigo mismo luego de que la chica copiara sus poderes sin querer y el riesgo de ese entonces no había cambiado, aun cuando Kotetsu ahora sabía de éste y había decidido compartirlo.
Realmente era un héroe ingenuo y tonto y Yuri era peor que él por creer en él y no cortar el problema de raíz alejándose como debería haber hecho desde un comienzo.
En vez de eso, Yuri se detuvo a pensar qué hacer.
Era obvio que a punta de excusas no conseguiría nada, salvo empujar a Kaede a buscar la respuesta que estaban ocultándole y si bien mentirle era una opción, Yuri presentía que la chica tarde o temprano notaría alguna contradicción, quizás gracias a Kotetsu mismo.
No, esto era algo que tenía que afrontar y con eso en mente, Yuri miró a Kaede a los ojos con una expresión seria. Ella pareció presentir que estaba a punto de escuchar algo importante, ya que su semblante también se tornó serio y aguardó.
—Hay poderes de todo tipo —dijo Yuri, precavido. Ella asintió con su cabeza—. Y no todos son poderes que quieres tener.
Kaede hizo una mueca.
—Eso lo puedo decidir yo —afirmó con determinación, mas pasados unos segundos titubeó—. ¿Es algo desagradable? Como gusanos o sudor o...
Sería tan fácil decir que sí y darle una tranquilidad que con el paso del tiempo podría convertirse en sospecha, pues simple asco no era una buena justificación para lo que Kotetsu estaba haciendo.
—Algunos poderes pueden ser desagradables —aceptó, hablando de manera pausada y sin apartar su mirada—. Otros inútiles y otros peligrosos.
El que ella contuviese su respiración probaba que ella había entendido y que Yuri había hecho lo correcto al no subestimar su inteligencia debido a su juventud. Ella era la hija de Wild Tiger, al fin de cuentas, y bajar su guardia frente a ella sería un error.
De hecho, eso quedó confirmado cuando ella dio un paso hacia adelante.
—Pero no tienen que serlo si puedo controlarlos.
—Es posible. —Si no concedía al menos eso, Kaede asumiría el reto de probarle su punto con acciones y eso era algo que debía evitar—. Pero todavía tengo las cicatrices de la primera vez que los usé.
Kaede abrió los ojos por completo y dio un paso atrás con el horror escrito en su rostro, quizás de manera inconsciente. Ella incluso abrió su boca, mas no pronunció palabra alguna por un largo rato, permitiendo que Yuri se tomase un minuto para respirar, vislumbrando ahora la posibilidad real de manejar esto sin causar una nueva tragedia.
—Es por eso que papá... —Kaede parecía estar hablando consigo misma, mas Yuri asintió.
Ni siquiera era una mentira, pues por mucho que la historia no fuese a repetirse en este hogar, cosa que Yuri había confirmado personalmente, Yuri sabía tan bien como Kotetsu lo hacía que el que sus poderes se conocieran terminaría mal para todos los involucrados, incluyéndolo. ¿Y Kotetsu había pensado en eso en algún momento? ¿Había considerado las consecuencias si…?
—Podría haberme dicho —se quejó Kaede de repente, obligando a Yuri a concentrarse de nuevo en ella—. ¿Crees que piensa hacerlo algún día?
No, claro que no. Involucrar a su hija era algo que Kotetsu no haría, salvo de manera no intencional como lo estaba haciendo al traer a Yuri con él a su ciudad natal.
—No puedo asegurar que es lo que él piensa hacer.
—Pero tú sabes si él... —Kaede bajó si mirada y frunció su ceño, luciendo perdida en sus pensamientos. Tras unos segundos, Kaede sacudió su cabeza y volvió a poner su atención en él—. Está bien.
—¿Sí?
—Sí. —Kaede suspiró de manera exagerada y se movió para dejarse caer en el asiento opuesto al de Yuri, como si todos sus deseos de confrontarlo hubiesen desaparecido—. Es papá, yo también lo conozco y al menos esta vez sí tiene una buena razón.
—Sí —repitió Yuri, admitiendo que la chica acababa de dar en el clavo. Kaede sonrió.
—Es mejor que cuando...
El que la chica decidiese contarle de otras ocasiones en las que los torpes intentos de Kotetsu por protegerla no habían tenido un motivo válido permitió que Yuri se relajara al menos parcialmente hasta que Kotetsu regresó, sonriendo confundido al verlos.
—¿De qué me perdí? —preguntó al tiempo que pasó su antebrazo por su frente como si quisiera secar inexistentes gotas de sudor luego del esfuerzo que había hecho ayudando a llevar las compras semanales al lugar correcto.
—De nada —replicó Kaede y se puso de pie de un salto.
Lo que siguió ocurrió en un parpadeo y no fue una coincidencia. Kaede no trastabilló con nada cuando pareció perder el equilibrio y apoyarse en un brazo de Yuri para recuperarlo antes de que Yuri pudiese apartarse o de que Kotetsu pudiese reaccionar.
Yuri contuvo su respiración, sintiendo el impacto de lo que eso significaba, y Kotetsu abrió sus ojos como platos y se adelantó rápidamente para hacer lo usual y tocar la cabeza de su hija, mas fue Kaede quien llevó su mano a la de su padre antes de que lo lograra y luego se despidió con un gesto de mano al tiempo que se dirigió a la cocina preguntándole a su abuela sobre si había postre.
—¿Qué...?
Quizás, pensó Yuri sintiendo un estupor similar al que aparentemente había dejado a Kotetsu sin palabras, Kaede seguía molesta con su padre y asustarlo de esa manera había sido su venganza por la mala forma en la que Kotetsu guardaba secretos y este no sería el fin.
Kotetsu dejó escapar una ruidosa inhalación y apoyó ambas manos en la mesa.
—Siento que me perdí de algo —comentó con un tono ligero que sonaba forzado, como si el momentáneo miedo que se había apoderado de él no hubiese desaparecido—. Y yo que solo estaba ayudando...
—¿Ya terminaste? —interrumpió Yuri.
—¿Con todo lo que Muramasa compró? Sí. —Kotetsu se enderezó y estiró sus brazos sobre su cabeza—. Juraría que trajo suficiente para un mes, no una semana. Estoy agotado y tengo sed.
Esa fue toda la advertencia que Yuri recibió antes de ver a Kotetsu robarse lo que quedaba de su té y lo que hizo que Yuri se decidiera a ahorrarle más sobresaltos parecidos.
—Ella sabe.
Y salvar a Kotetsu de un futuro ataque cardiaco justificaba el causar que se atorara con el té que se había robado.
Con su cabeza apoyada en el espaldar del asiento de su auto, sus ojos cerrados y su ceño fruncido, Kotetsu lucía como si el peso de la verdad hubiese caído en él con toda su fuerza.
Él había buscado excusas para que él y Yuri dejaran Oriental Town más temprano de lo usual durante esas visitas y había conducido al máximo permitido por varios minutos, deteniéndose a la salida de la ciudad, en una bahía vehícular de una estación de gasolina.
Y ahí estaban, compartiendo un silencio incómodo que no los había acompañado en semanas.
Yuri ya le había dicho que era lo que la chica creía saber y lo que él mismo le había dicho y Kotetsu había escuchado sin interrumpir, mas palideciendo y observando en la dirección en la que Kaede había desaparecido. Lo que había delatado cómo se había tomado la noticia era la tensión constante que incluso se había reflejado en la forma en la que había asido el volante todo el camino y en el momento de despedirse de su familia, haciéndolo con una prisa que contrastaba con su usual renuencia a la hora de irse.
Muramasa se había mostrado receloso; Anju, preocupada ante los malos intentos de Kotetsu de reír y fingir que todo estaba bien y Kaede había puesto los ojos en blanco y le había pedido que avisara cuando volverían a visitar por si quería pedirle que le trajera algo, cosa a la que Kotetsu había accedido sin preguntar que quería o corregir el número de posibles visitantes.
Realmente, Kotetsu no podía ser más obvio.
Esta vez, sin embargo, Yuri decidió no echárselo en cara y aguardó pacientemente a que Kotetsu llegase a algún tipo de conclusión, fuese cual fuera.
Quizás Kotetsu finalmente se daría cuenta de que había sido un tonto ingenuo y...
—Gracias —dijo Kotetsu de repente en un suspiro, abriendo sus ojos para verlo y dedicarle una sonrisa que no tenía sentido, pero que se le antojó sincera a pesar de la apariencia cansada de Kotetsu.
Yuri frunció el ceño.
—¿Por qué?
Encogiéndose de hombros, Kotetsu fijó su mirada en el parabrisas, por donde no se podía ver más que el ocasional auto cruzando la avenida desde o hacia Oriental Town sin siquiera disminuir la velocidad al pasar cerca de la estación.
—No tenías que hablar con Kaede. Yo podría... bueno, debería, haberlo hecho. Es mi hija.
—Este es mi problema —interrumpió Yuri. No se trataba simplemente de las consecuencias para la familia Kaburagi si la chica llegaba a copiar sus poderes y probarlos; él era el origen del peligro que corrían, por lo era natural que se responsabilizara por ello cuando escapar no era una opción.
—Diría que es nuestro —corrigió Kotetsu, pensativo, al tiempo que llevó una mano a su mentón, causando que Yuri perdiese el aliento por un instante—. No que hablar de quien tiene la culpa tenga sentido. Sé que Kaede es curiosa y está intentando aprender a usar bien sus poderes... y así comenzó todo, ¿no?
La repentina remembranza le ocasionó un nuevo vuelco a su cabeza, corazón y mundo y Yuri apretó sus labios y también llevó su vista frente a él, no soportando seguir viendo a Kotetsu.
Era cierto que Kaede había sido el motivo por el que Kotetsu había hecho el primer descubrimiento que Yuri debería haber tomado como una señal para huir cuanto antes que él había ignorado, permitiendo que Kotetsu siguiese cerca y formase parte de su vida y no solo cuando Yuri era el imprudente que se acercaba a él.
Ese día, recordaba Yuri, también había aprendido algo de Kotetsu, quien no había decidido interrogarlo sobre nada, sino que había confesado algo sobre él mismo mientras Yuri había estado paralizado, incapaz de crear una excusa creíble.
—Ahora que lo pienso, fue ahí que comenzaste a confiar en mí, ¿no? —continuó Kotetsu, sonando incluso animado—. Ni siquiera negaste ser un NEXT.
Yuri bufó y se arriesgó a ver de reojo a Kotetsu, quien se había quitado su cinturón de seguridad para sentarse de medio lado y verlo mientras hablaban. Apartando de nuevo su mirada, Yuri movió un poco su cabeza para que su al menos su cabello lo separase de Kotetsu.
—No tuve otra opción.
—Y no lo niegas —señala Kotetsu, sonando victorioso—. Y no lo intentes ahora. Si no confiaras en mí habrías... no sé, prohibido mi entrada a tu oficina.
—Es una buena idea.
—¡Yuri! —protestó Kotetsu.
Fijarse en el espejo retrovisor para robar un nuevo vistazo a Kotetsu resultó ser una mala idea, pues Kotetsu se dio cuenta y le sonrió. Él era un verdadero necio que incluso se dejaba llevar por tonterías como esa y que influía en que él hiciera lo mismo, pues Yuri tenía que aceptar al menos en la privacidad de su mente que había bromeado y sin duda Kotetsu lo sabía.
La expresión de Kotetsu recobró su seriedad un instante después, lo que llevó a que Yuri fijase toda su atención en él, esperando lleno de tensión por lo que estaba por venir, lo cual resultó ser un suspiro seguido de unas palabras tan firmes como su mirada.
—También decidí confiar en ti. Ese día, quiero decir. —Kotetsu ni siquiera parpadeó mientras lo dijo—. Y también después. No me arrepiento.
Y eso era demasiado. Yuri fijó su mirada en la guantera del auto.
—Deberías.
—Nah, hoy... —Kotetsu se removió en su asiento, mas Yuri se negó a girarse hacia él para ver qué gestos estaba haciendo o si es que estaba mostrándose inquieto o inseguro sobre lo que estaba a punto de compartir con él—. Me alegra que hayas hablado con Kaede.
¿Cómo podía Kotetsu decir algo así a estas alturas?
Yuri ya sabía bien que, a diferencia de papá, Kotetsu lo dejaría todo por su hija en lugar de sacrificar a su familia por su soberbia y por eso mismo Kotetsu debería preferir mantenerlo lejos de ellos. Sus invitaciones deberían ser solo una excusa para vigilarlo en sus días libres y no...
Ah, probablemente Yuri era el idiota por intentar pensar en esas justificaciones. Kotetsu no era alguien tan calculador, nunca lo había sido, y de hecho ya había implicado aceptar que no podía estar pendiente de él día y noche. Ese va y viene en el que habían estado recientemente no era más que jugar a cruzar una línea que en realidad había dejado de existir mucho antes.
No tenía sentido advertirle más, cosa que sería además hipócrita cuando él mismo había ignorado todo y había caído hasta llegar aquí, al auto de un héroe y en su vida y sin ninguna intención de apartarse o de dejar de seguir la corriente que Kotetsu creaba.
Resignado a encarar la verdad, Yuri ladeó su cabeza hacia Kotetsu.
—Deberías hacer lo mismo. Creo que ella preferiría que tú se lo explicaras.
Pese a mostrarse sorprendido por un segundo, Kotetsu asintió con una pequeña sonrisa que pronto se transformó en una mueca pensativa.
—Ella ya sabe lo principal. O bueno, parte, pero siendo así hay menos que decir...
—Tu poca elocuencia no debería afectarte.
Kotetsu chasqueó su lengua.
—No estamos hablando de un reporte, así que puede ser algo simple, ¿no? Como que me preocupo por ella y que...
Las ideas de Kotetsu seguramente molestarían a la chica y Kotetsu se estaba contradiciendo, yéndose por las ramas en sus planes que parecían más un discurso que una explicación simple y que poco tenía que ver con lo que la chica había notado.
Yuri lo escuchó en silencio, haciendo un par de observaciones que llevaron a que Kotetsu hiciese muecas e insistiera con vehemencia en una cosa u otra. Kotetsu solo se acalló una vez pareció estar a satisfecho con lo que planeaba decirle a su hija en su próxima visita y sonrió por unos segundos antes de decir:
—¿Ves?
—¿Qué exactamente? —¿Cómo se conectaba eso con lo que Kotetsu había estado diciendo?
En lugar de responder, Kotetsu sacudió su cabeza y volvió a encender el auto.
—Bueno, ya veremos —dijo Kotetsu en lugar de aclarar el cambio de tema—. ¿Vendrás la próxima vez?
Que Kotetsu le ofreciera una vía de escape ahora era un sinsentido y por eso mismo Yuri le contestó con displicencia.
—¿Tengo otra opción?
Kotetsu frunció el ceño y apagó el motor para poner toda su atención en él, todo rastro de su previo buen humor siendo remplazado por una seriedad más tensa.
—Nada depende solo de mi. O de ti. Ahora lo sé. Pero siempre podemos decidir y... ver que pasa.
No había duda de que Kotetsu ya no estaban hablando de visitar a su familia o de la conversación que tenía pendiente con su hija o de algo tan poco importante como si Yuri pasaría su próximo día libre con él.
Sintiendo un estremecimiento nacido de una punzada de dolor de su cicatriz, Yuri tuvo que obligarse a no volver a refugiarse recordándole a Kotetsu todo lo que podía salir mal si se equivocaba. Kotetsu lo sabía, al fin de cuentas, y él...
Él había decidido mucho antes y por lo visto no cambiaría de idea, pues por algo seguía ahí. No que fuese a admitirlo de esa manera.
—Ya veremos.
Que Kotetsu se mostrase aliviado ante esa respuesta no era lo que esperaba, mas ciertamente no era tan inesperado como que Kotetsu estirase una mano hacia él y tocase su rostro o que se moviese hacia él para besarlo como no lo había hecho desde que había descubierto la otra máscara que Yuri usaba y lo que había bajo ella.
No duró mucho y Kotetsu mismo lució sorprendido al separarse, mas en lugar de pronunciar una excusa o de verse arrepentido, Kotetsu volvió a abrochar su cinturón de seguridad y a girar la llave.
—¿Vamos? —dijo simple e innecesariamente aun antes de comenzar el camino de regreso a Sternbild y aunque Yuri no pronunció palabra alguna, contestó en su mente.
Sí.
Notas: Entre la vida y sus obligaciones y distracciones tuve el borrador de este epílogo por demasiado tiempo guardado y hasta hoy pude sacar algo de tiempo para subirlo.
Como tal este es el epílogo de la historia principal, aunque tengo otras historias cortas (erm, bueno, no tanto, pero al menos autoconclusivas) en este mismo universo que estaré publicando próximamente.
No haré promesas porque no hay forma de saber qué pasará el próximo año (o que hará la nueva temporada para mi inspiración), pero sí quiero agradecerles a todos los que han leído El sol que-la luna que por su paciencia y apoyo durante este tiempo. Cuando comencé esta historia pensé que la pareja y lo mucho que demoro entre capítulos significaría que nadie la leería. Gracias por probarme lo contrario y acompañarme todo este tiempo.
¡Felices fiestas!
