Capítulo 26

Podía verla con la cabeza agachada, mirando hacia el suelo, con los hombros caídos, tan quieta y petrificada. Tenía las manos apretadas en su regazo y el cabello impedía ver su rostro por completo. Parecía no respirar, pues ni un solo músculo de su cuerpo de movía o contraía y que ni el mínimo aire de su alrededor le traspasaba los cabellos.

No podía dejar de verla, no podía dejar de sentir como la tristeza, la rabia y la amargura se entremezclaban en mi interior, haciendo que me ardiera el estómago y que la saliva se me agriara contra el paladar. ¿Cómo fue que llegamos a esto? ¿Cómo fue que terminamos en esto? ¿Dónde había quedado la chica por la que había renunciado a lo que más quería, a lo que más amaba? ¿Dónde estaba la mujer que fue lo más correcto según yo, según todos?

Bajé la mirada, conteniéndome de negar con la cabeza y miré a mi derecha, donde Pansy sentada a mí lado miraba casi congelada hacia al frente, sus gestos no habían cambiado desde que llegamos y nos sentamos en este sitio. La había mirado varias veces ya, y en todas esas veces me encontraba con su misma postura, con sus ojos apenas parpadeando y respirando pausadamente, como una fiera al acecho, acorralando a su víctima. Sí no la conociera pensaría que estaba tranquila, pero sabía que no era del todo así, la fuerza que su mano tenía en la mía la delataban y sus hombros tensos hacían evidente lo mucho que se estaba conteniendo, ¿para qué? Para lo peor, para matarla seguramente.

Pero era una serpiente, la mejor de todas, la más fría, hermética, soberbia, la que bien podría iniciar un incendio y quedarse calmadamente viendo como todo se consumiría, como todos se consumirían. Sí, pueden llamarme loco, decir que he perdido la cabeza, que estoy hechizado e idiota por ella, pero es que así era, porque a pesar de que sabía que podía mancharse las manos de sangre, que podía levantar la varita sin titubear contra alguien y matar con ella, también sabía que lo haría solamente por alguien a quien de verdad amara, y Lizzie lo era todo para ella y mataría Ginevra por ella.

Y yo también, por ambas.

Yo jamás podría odiarla o dejarla de amar por eso. La salvaría, se la quitaría a la justicia, a la ley, la protegería contra todo sin importarme nada, me convertiría en la pesadilla de todos si me la arrebataban. Y creo que eso ahora ya todos lo sabían, ya eran conscientes de cuanta era mi lealtad y devoción por ella, porque estaba aquí, sentando al lado de Pansy, sosteniendo su mano y declarando en contra de la mujer que alguna vez fue mi esposa, mi familia, mi consuelo.

Miré una vez más toda aquella sala, donde una vez estuve sentado y Dumblendore abogó por mí, viendo como todos aquellos hombres del Wizengamot y el resto de los presentes, se acercaban unos a otros para hablar en voz baja o hablarse directamente en los oídos. No sabía cómo Ginevra podía mantenerse en esa postura, cómo podía estar repentinamente tan calmada, tan quieta, mientras los abogados de los Goldstein seguían hablaban contra ella, cuando los amigos de Pansy Parkinson, aquellos que ella odiaba y despreciaba, declaraban en su contra.

O era demasiado cínica para estar segura que nada de lo que dijeran le afectaba, o ya estaba cansada de pelear, o estaba totalmente resignada a lo que pasaría.

Seguí vagando mis ojos por toda aquella sala y mi mirada terminó sobre la mirada de Molly Weasley al otro lado de la sala, viendo como sus ojos se endurecían en los míos, como con sus gestos y la firmeza de sus labios me daba a entender que me culpaba de esto. Quería que eso se me resbalará y tuve que repetirme unas veinte veces que no era verdad, que no era mi culpa, que nada de esto lo era. Nunca fue toda mi culpa.

Era jodidamente malo que aún no lo entendieran o que ni siquiera quisieran recordar que yo estaba dispuesto a quedarme con ella, porque, aunque nunca dejé de amar a Pansy, había llegado a querer a mi esposa y quería estar con ella y tener hijos cuando de verdad lograra amarla más que a nadie, más que a Pansy y más que a mí. Pero ella lo hizo difícil, empezó a odiarme y despreciarme desde antes, ahora lo sabía, ahora sabía que me odiaba ya, aunque dijera amarme, que me despreció desde un inicio por no amarla como quería.

No había vuelto a ver a Ginevra o a alguno de los Weasley desde el día en que vine a declarar, tomado de la mano de Pansy Parkinson hace quince días. La situación fue demasiado intensa como ya lo había esperado. La familia Wasley estaba al completo y todos esos pares de ojos se clavaron en nosotros. Pude ver el gran rencor y hasta un poco de desprecio en algunos de ellos, como en Molly, Percy, Bill, Fleur, Angelina; un poco de molestia en Ron y hasta un poco en Charlie y George, nada del otro mundo, algo que ya me esperaba a pesar de su visita y sus palabras. No me tomó por sorpresa, pues, aunque sabía que no me odiaban, de verdad estaban preocupados por su hermana y yo ya había dejado en claro que no retiraría ningún cargo para ayudarla.

—¿¡Cómo te atreves a aparecerte con ésta cuando tu esposa está en esta situación por su culpa!? —fue lo primero que escuché cuando atravesamos las puertas del cuartel de aurores.

Miré a Molly caminar hacia nosotros, siendo apenas sostenida por Arthur y seguida por el resto de sus hijos y familia. Tenía el rostro desencajado y podía asegurar que había llorado bastante y no había descansado nada, pues sus ojos estaban irritados al igual que sus mejillas, así como lucía débil y algo demacrada también, aunque eso no disminuía la potencia de sus gritos y el gesto amargo.

—¡Molly! —llamó Arthur.

—Un insulto más a mi familia, Weasley, y te aseguro que hasta tus bisnietos tendrán que librar las demandas —dijo de modo muy calmado y soberbio Aranza, colocándose delante de Pansy junto a su esposo.

—Esto no es tu asunto…

—Por supuesto que lo es —contestó en voz alta Aranza para detenerla, dando un paso hacia ella y era obvio para todos que su altura sobrepasa a la de la pelirroja, además de que la postura de la señora Goldstein era de poder, orgullo y amenaza—. No sólo intentó acabar con mi hija, sino que quería matar a mi nieta y casi termina con la vida del señor Potter. ¿Y sabe algo, señora Weasley? —siseó con enfado y diciendo el nombre con desprecio y odio, de aquella forma que sólo los Slytherin aristocráticos podían lograr para alguien que de verdad les caía mal—. Los Goldstein no perdonamos, no olvidamos y cobramos muy caro, y si no quiere que alguien más que la culpable pague, le sugiero que se aleje.

—Y eso es para todos. No se metan en nuestro camino, porque es posible que más de uno terminé haciéndole compañía a la culpable —secundo David, alzando la voz por sobre los demás—, empezando por el señor Ronald Weasley y su esposa.

Me tensé ante aquellas palabras y casi quise detener a aquel hombre, pero la mano de Pansy me detuvo, apretándose en la mía. La miré de nuevo, y ella estaba totalmente ecuánime ante el asunto, tan sólo viendo la postura de sus suegros y dándome una mirada que me indicada que me quedara callado. Apreté los labios, quería protestar, proteger a mis amigos, pero también sabía que, si lo hacía, sería meterme en las fauces de los leones y en los colmillos de aquellas dos serpientes, pues estos últimos me lo reprocharían y tal vez hasta se resentirían o Pansy lo haría después.

Miré apenas a mis amigos, quienes tenían los ojos bien abiertos mirando a David Goldstein con algo de incertidumbre, pero por la forma en que estaban quietos y sin casi respirar, me indicaban que estaban tensos de verdad. Ron ya tenía el rostro sonrojado y Hermione lo detenía para que no se acercara a discutir.

—Ellos no tienen nada que ver…

—Te equivocas, Arthur Weasley, todos tienen que ver —contestó él y se adelantó un paso, haciendo que Aranza quedara atrás de él, pero sin ocultarla. Arthur se mantuvo en la misma posición y ni él o Molly parecían querer decir algo—. Un auror calificado encubriendo a su hermana, una funcionaría del ministerio apoyándolo también. ¡Vaya! Como hablara este hecho tan penoso de nuestro honorable ministerio. Eso sin contar que todos son prácticamente cómplices de lo que ella iba a hacer, pues todos escucharon y fueron testigos de sus planes, pero ahora se escudan con el hecho de que no la creían capaz. Por favor, tendrán que apelar más que a eso para que no terminen en una celda también por conspiración y complicidad.

Todos se quedaron callados en ese momento y los abogados parecieron querer intervenir en ese punto, colocándose delante de los Goldstein y guiándolos al otro lado. Vi como varios aurores que habían escuchado el intercambio de palabras sin detener la situación, empezaban a murmurar y miraban a los Weasley con una nueva luz quizá, los cuales se colocaron cerca de unos y otros, y Charlie tomó la mano de su madre para llevarla a una de las sillas laterales, quien parecía de verdad consternada.

—Vamos, Harry —habló Pansy y me instó a caminar. Lo hice cuando vi su mirada y sentí su otra mano colocada alrededor de mi codo.

Seguimos a sus suegros y pasamos a un lado de la pequeña comitiva que habían armado la familia Weasley. Algunos se negaban a verme y otros me miraban con más enojo que antes. Parecía que de verdad esperaban que interviniera, que dijera algo en su defensa, pero no podía hacerlo, ellos tenían en parte la culpa de lo que había pasado. Yo les dije que ella no estaba bien, ellos también lo notaron y escucharon lo que ella quería hacer y jamás se preocuparon por detenerla, jamás intentaron detenerla, Lizzie estuvo en peligro, Pansy salió herida y yo casi muero.

—Después de todo lo que hicimos por él, Arthur, se atreve a traicionar a Ginny y a nosotros de esta manera por una mujer que lo quería muerto —escuché decir a Molly cuando pasé frente a ellos.

Me tensé y sentí dolor por aquellas palabras. Porque yo nunca había traicionado a Ginny y había soportado muchas cosas por ella y su familia, como para que ahora me quieran culpar hasta por sus problemas.

—¡Mamá! —reclamó George y Charlie al mismo tiempo.

—¡Es la verdad, George! —gritó de vuelta y varios de sus hijos respigaron ante eso, y el aludido prefirió alejarse, siendo seguido por Charlie, Ron y Hermione.

Me alejé negando con la cabeza y la mano de Pansy hizo mayor presión contra mi brazo. La miré de vuelta, encontrándome con aquellos preciosos ojos por los cuales yo vivía. Sí, dolía lo que estaba dejando atrás, pero más dolió haberla perdido una vez por esa misma familia. Me acerqué los suficiente y le besé en la sien. Sentía, en este momento, que esta situación, este alejamiento, este rencor que estaban experimentando los pelirrojos sólo fue un retraso a lo inevitable, algo que iba a pasar tarde o temprano para mi gran fortuna, porque eso significaba mi unión con Pansy. Tal vez hace años Ginevra no hubiera hecho algo tan grave, tal vez no se hubiera llenado tanto de odio.

Tal vez si tenía un poco de culpa. Pero solo en no haber sido sincero conmigo y con ellos. Culpable de no haber luchado por la mujer que realmente quería desde el principio.

La sala donde nos llevaron los abogados se los Goldstein era amplia pero simple, con una mesa gris y sillas de metal del mismo color. Era una de las múltiples salas que se usaban normalmente para los interrogatorios menos importante, como a los posibles testigos de algún crimen o de robo, para no tener que llevarlos al área de las celdas.

Miré a los otros tipos que no conocía, dos abogados en total y ellos conjuraron asientos para todos. Pansy y yo nos sentamos por un lado de la mesa y los Goldstein lo hicieron enfrente. Pansy sin soltar mi mano se concentró en lo que ellos iban diciendo, mientras colocaban varias carpetas sobre la mesa y sacaban papeles de ellas. La miré tan concentrada e interesada, y entonces recordé que era una abogada y había ejercido por varios años antes de regresar a Inglaterra, así que sabía cómo proceder y no dudó en aclarar unos puntos más a los abogados, lo cuales parecían tener todo cubierto pues afirmaban a todo lo que ella iba diciendo. Los Goldstein tan sólo asentían y daban uno que otro comentario u opinión.

Me quedé en silencio viéndolos y sólo los escuché hablar por un rato, hasta que mi propia ansiedad creció los suficiente como para apretar los dedos de Pansy para llamar su atención. Ella me giró a ver interrogante, a lo que yo carraspeé y me acomodé los lentes.

—No procederán en contra de los Weasley, ¿verdad? —pregunté con cautela y en voz baja.

Me removí incómodamente al tener todas aquellas miradas encima de mí, sobre todo la de Aranza, pues aquel color de ojos era igual a los de Lizzie, pero con mucho más fuerza, determinación y sabiduría. Miré de vuelta a Pansy y la vi relamerse los labios, colocar su codo izquierdo sobre la mesa y posar su mentón contra el puño, mirándome con algo de interés y alarma a partes de iguales.

—No es que crea que no merezcan algún tipo de reprimenda… —empecé de decir, pero ella negó y soltó su mano de la mía.

Definitivamente eso dolió, pero sabía que era justo, ellos no habían actuado bien y lo entendía, pero no quería que se enojara conmigo, no creí que lo haría, pero al parecer Pansy estaba empezando a molestarse también.

Por su mirada sabía que estaba al borde, demasiado cerca de explotar ante cualquiera, lo que habíamos escuchado por parte de la mujer que alguna vez vi como una madre, no era para menos.

—Pansy, sé que estuvo mal…

—Tus amigos no la detuvieron, se negaron a hacerlo y lo empezaron a considerar a mitad del duelo. Ronald Weasley atacó a mi mejor amiga distraída, algo que pudo ser fatal para todos, te lo aseguro, pues ni a Blaise ni a mí o a los otros nos hubieran podido detener si Millicent hubiera soltado tan siquiera una gota de sangre, imagínate que algo grave le hubiera pasado. Todos los Weasley fueron testigo de los planes de Ginevra, prácticamente cómplices de un crimen, y si fuera poco, han hablado mal de mí y de mis amigos, de aquellos únicos que están dispuestos a protegerme y proteger a Lizzie sin importar nada, sin importar que tan mal nos pueda ir con el ministerio después.

—Pansy…

—Te amo, Potter, pero si no puedes con esto, estoy segura de que Ronald y Hermione te recibirán como siempre —su mirada después de eso volvió al frente y sus dedos se entrecruzaron sobre la mesa—. Continuemos.

Todos los presentes deslizaron su mirada fuera de mí y se enforcaron de nuevo en ella. Yo apreté los labios y las manos por debajo de la mesa, mirando solamente la superficie fría de metal. Ellos continuaron hablando y Pansy leyó un par de papeles más, asintiendo y aceptando los puntos de vista de sus suegros.

—Ahora solo queda que pasen a declarar ustedes dos —dijo uno de esos hombres, el mayor de ellos, que tenía un traje totalmente negro que me recordaba un poco a la vestimenta de Snape—. Solicité que fuera al mismo tiempo, dentro de diez minutos.

—Bien —claudicó Pansy y se levantó, dirigiéndose a la puerta sin mirar a nadie más y sabía que quería alejarse de mí.

Me levanté sin decir nada y abrí la puerta que se cerró prácticamente en mi rostro, la vi caminar hacia la derecha y luego detenerse, sin girar al pasillo que llevaba a los cubículos de los aurores. No había nadie cerca y eso era bueno, quizá por lo mismo no intentó ir más lejos.

Me acerqué a ella y me puse a su lado, viendo como cruzaba los brazos y miraba hacia la ventana que había ahí. Era una vista falsa del puente Waterloo, pero no negaba que era relajante verlo, trasmitía un poco de paz para lo que siempre pasaba en este lugar.

—Pansy. —La llamé porque no podía seguir en silencio, pero ella tan sólo suspiró y bajó la mirada, antes de levantarla de nuevo.

—Una sola vez estuve aquí. Creo que nunca te lo he contado y yo misma he luchado por olvidarlo, sin querer mencionar que sucedió —empezó a decir con voz monótona, como si le hablara a la nada—. La guerra tenía apenas un día de haber terminado, no sabíamos ni que haríamos, si las cosas para el mundo mágico estaban mal, para los malos era diez veces peor, te lo aseguro, pues tal vez otros tenían esperanzas de algo mejor, nosotros no. Nadie pensaba que se pudiera regresar al colegio y sinceramente no sabía si quería volver. Tú estarías ahí y todo dolería, verte con ella dolería, y comprobar una vez que no era lo correcto dolería, Potter —ella me miró y fue una mirada dura, resentida. Levanté la mano para tocarla, porque quería abrazar, pero ella se pegó totalmente a la pared de ese pasillo desierto y yo bajé la mano—. Theo aún era mi prometido y Draco y Blaise seguían siendo mis mejores amigos. Ellos tuvieron que venir a declarar por sus crimines, y yo no quise dejarlos solos, algo que motivo a que uno de estos aurores también me llamara.

"Tan justo e injusto todo, éramos unos niños que sabían lo que hacían y lo aceptamos, pero fuimos manipulados más de lo que la gente piensa, pero como éramos hijos de los mortífagos más leales del señor Oscuro, asumían que sabíamos más e hicimos más de lo que decíamos. Fueron largas horas en algunas de estas salas, sin comida, sin agua, sin poder ir al baño —ella respiró profundamente y luego bajó la mirada, negando con la cabeza—. Me sentía cansada, mareada, hambrienta y agotada. Quería llorar de hambre, de sed, quería pedir un vaso de agua, pero cuando lo hice me lo negaron, pero esos cabrones si fueron por agua para ellos, así que no pedí más. La cabeza me dolía por tanto estar aquí sin haber ingerido nada, mi boca estaba seca y mis propios ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Pero no rogué, no supliqué, me quedé ahí, escuchando una y otra vez de lo que se me acusaba y los cargos que debía aceptar, de los cuales muchos no eran reales y si los aceptaba, me enviarían a Azkaban sin apelaciones. Fueron horas y más horas, hasta que al fin mi abogado llegó enviado por Narcissa cuando pudo tener al menos algo de cordura después de lo de Lucius y Draco, y que la soltaran, por supuesto.

—Yo no sabía…

—Lo sé, sé que no sabes muchas cosas de lo que pasó después, merecías no haberte enfrentado a eso también. Pero estuve ahí, del lado equivocado, y grité aquella noche, ayudé a Theo, a Draco, a Blaise en algunas cosas también. No me arrepiento —aseguró con firmeza y yo la admiré un poco más por eso—. Luego de aquel día, vinieron más interrogaciones, un poco más humanizadas, a decir verdad, hasta que me dieron veritaserum y todavía se atrevieron a decir que era para que pudieran confiar en mi palabra, como si lo anterior no valiera. A mis amigos igual le hicieron pasar por eso, exactamente lo mismo, aunque la saña contra Draco era más profunda todavía. Y no sé qué me dio por pensar que esta vez sería diferente, que los años hablarían a nuestro favor al menos un poco, pero volvieron hacer lo mismo.

—¿A qué te refieres? —pregunté y me acerqué a ella, no sabiendo a que se refería.

—Los interrogaron y les obligaron a hacerlo bajo vereitaserum —dijo con rabia, con los labios casi apretados y mirándome fijamente a los ojos—. No confiaron en nada de lo que dijeron, a pesar de verte casi muriendo, a pesar de saber quién era la culpable, a pesar de que sabían que no me separé de ti hasta que despertaste, obligaron a mis amigos a eso. Y todo por culpa de ellos, Potter, por culpa de los Weasley, porque una vez más quisieron remover las arenas pasadas para ensuciarnos. Una vez más hicieron alarde de sus buenas obras y lo malvados que fuimos nosotros durante la guerra. Multaron a Blaise porque Ronald dijo que fue atacado por él, cuando tu amigo tuvo la culpa y a pesar de eso a Millicent, a mi mejor amiga, siendo la víctima, le dieron veritaserum para creerle que fue atacada por un auror, algo que no creí que volvería a ver o pasar.

Vi sus ojos llenarse de lágrimas, pero sabía que eran lágrima de estrés, de rabia, de odio contra todo esto. Entonces entendí su actitud en aquella sala, donde prácticamente se despedía de mí si yo daba indicio de querer seguir protegiendo a la familia Weasley, cuando su familia, aquella que no era de sangre, pero siempre había estado a su lado, fue discriminada, atacada una vez más por cosas del pasado cuando realmente no hicieron nada más que salvarle la vida y la mía de paso.

—Pansy…

—Estoy cansada, Potter, demasiado cansada, una vez más —suspiró y negó con la cabeza, bajando los brazos y prácticamente sosteniendo su peso contra la pared—. Y lo peor es que creí que te tendría, pero insistes en protegerlos a ellos, a pesar de lo que hicieron, a pesar de lo que digan, a pesar de que te creen lo peor, insistes en ir a su lado y yo no voy a detenerte. No lo hice antes y de eso me arrepiento, debí luchar por ti contra ti, para hacerte ver que lo nuestro si era amor de verdad; pero no lo voy a hacer ahora y te juro que no me arrepentiré, porque, ante todo, está Lizzie, primero está Lizzie.

No pude resistirlo y la tomé de los hombros, acercándola a mi pecho y apretándola con fuerzas. La sentí removerse un poco y sus manos hicieron el intento de alejarme, antes de que sus brazos también me cubrieran y se dejara caer contra mí. Besé su cabello y acaricié su espalda, murando contra su oído todo mi amor, mi cariño y también mis disculpas por todo esto.

—No voy a ir a ningún lado, Pansy, me quedaré aquí contigo. Y si quieres demandarlos a todos, hazlo. No me importa nadie más que tú y Lizzie, y tienes razón, ellos también tienen culpa en todo esto, yo se los advertí, pero no me escucharon, desde hace mucho dejaron de hacerlo —le dije y le besé en el cabello, apretándola más contra mí.

—No iba a hacer nada contra ellos, Potter, pero me han acusado injustamente y no puedo permitir que crean que pueden hacerlo de nuevo —ella se soltó de mí y yo me alejé un poco para ver a la cara—. Mis amigos no harán nada respecto a eso mismo, porque no quieren de verdad estar aquí metidos y ser nuevamente juzgados y se metieron a esto de manera muy legal, fue por mí y Lizzie, pero Draco y Theo tienen hijos en quienes pensar, así que sólo darán testimonio una vez más de lo que hicieron ese día. Y bueno, Blaise no se quedará quieto respecto a Ronald, atacó a lo que más ama y se lo hará pagar.

—Entiendo. Pero de verdad, Pansy, no quiero que pienses que estoy de su lado, sólo que, aun me cuesta despegarme, pero jamás te abandonaré, ni por ellos ni por nadie, no de nuevo. Tú eres lo único que quiero en mi vida.

—Más te vale que estés seguro de eso, Potter —dijo y yo asentí.

—Lo estoy totalmente. Tú y sólo tú.

Ella sonrió de manera muy pequeña y luego me tomó de las mejillas para besarme. Acepté más que gustoso aquella acción y correspondí con ganas, hasta que escuchamos como alguien carraspeaba y nos separamos para mirar que, a varios metros hacia mi derecha, había un par de aurores detenidos. Ambos lucían totalmente rígidos y serios, algo que era muy habitual, pero que, en este momento, con la sensibilidad desbordada de Pansy para mí y a lo que fue sometida antes, me resultaba hasta un poco agresivo, como si fueran a dañarla de alguna manera y yo no podía permitirlo.

Me separé de Pansy lentamente y tomándola de la mano, nos dirigimos a ellos.

—Auror Thomas, Auror Reesnick —saludé formalmente y ellos asintieron con un gesto menos duro.

—Auror Potter, nos da gusto verlo totalmente recuperado —contestó Reesnick.

—Gracias. Creo que está vez casi no lo cuento, supongo que ella iba a lograr lo que Voldemort no —les dije y sentí mi mano ser más apretada, viendo como Pansy hacía una mueca molesta por mi ironía de mal gusto.

Los dos aurores delante de mí asintieron con incomodidad y nos pidieron seguirlos hasta uno de los cubículos de detenciones para hacer los interrogatorios. No solté la mano de Pansy hasta que llegamos a la puerta del lugar donde sería interrogada, le sonreí y besé su frente, pero antes de que entrara, la detuve un poco más y miré a Reesnick, quien sería el encargado de llevar la interrogación para ella.

—Jamás haría uso de mi nombre o de algo así de superficial, pero espero que a nadie se le ocurra suministrar veritaserum, porque de lo contrario, la persona que lo haga, tendrá que tratar conmigo —dije con voz dura, mirando también a Thomas, que se había quedado más rezagado, así como dos miembros más del equipo que se habían unido a nosotros y que ahora me miraban con mucha tensión.

—¿Es una amenaza, auror Potter? —preguntó Reesnick, luciendo molesto y apretando la libreta y pluma que llevaba en su mano.

—Sí, promesa o advertencia, como lo quieran ver. Me he enterado que lo hicieron los días anteriores, algo que podría costarle una demanda a este cuartel por el trato tan poco amable y, aunque no pienso reclamar eso, no permitiré que suceda lo mismo con ella —creí que ya había dejado más que claro que Pansy lo era todo para mí y que una ofensa hacia ella era algo imperdonable, pero suponía que tenía que seguir repitiéndolo—. Y si no quieren acatar una simple orden como esa, me veré en la penosa situación de exigir el mismo trato hacia la culpable y el auror Weasley y su esposa.

Vi como ambos aurores me miraban sorprendidos, pues el que yo atacara directamente a los Weasley, y más específicamente a Ron y Hermione, era algo que nadie jamás se esperaría. Yo tampoco lo hubiera hecho antes, pero ya estaba tan cansado, tanto como lo estaba Pansy, del trato tan injusto e imparcial que estaban llevando a cabo en esta situación, sabiendo de antemano quien era la responsable de todo esto, y aunque eso podría ser contra producente para los Slytherin, a como me lo hizo saber el apretón más duro de Pansy, no podía permitir que despreciaran o humillaran a la mujer de mi vida de ninguna manera.

—Eso no será necesario, Potter —giré al escuchar la voz de mi jefe, que se acercaba a pasos marciales con las manos atrás de su espalda.

—Jefe Rodast —saludé y él asintió.

—Me da gusto verte recuperado, Potter, y no te preocupes por la señora Goldstein, yo mismo tomare su declaración —dijo y yo asentí, sabiendo que podía confiar en él, pues si había algo que caracterizaba a nuestro jefe, era que le importaba bien poco la posición que ocuparan los demás, no importando su posición en la guerra o que cargo tuvieran ahora, sino al asunto que estuviera llevándose a cabo, y siempre era justo sin importar el pasado.

—Parkinson, señora Parkinson —dijo Pansy y él hombre asintió diplomáticamente, ofreciendo su mano, que Pansy aceptó mirándolo un poco curiosa, tal vez notando que él era algo distinto al resto.

—Jefe, no es necesario, yo puedo…

—Denegado, auror Reesnick, ayer escuché perfectamente la queja del señor Zabini respecto a la suministración de veritaserum a su pareja mientras pagaba una multa que nunca debieron procesar, interrogatorio que usted y Thomas llevaron a cabo —dijo con voz dura y mirando a ambos, los cuales se cuadraron y supe que eran los que llevaban esta investigación y no sólo subordinados siguiendo a alguien más. No quería pensar mal de ambos, pero eran buenos amigos de Ron y su familia, así que suponía que por eso habían actuado de esa manera—. El auror Weasley está a punto de recibir su suspensión mientras duré esta situación y dos semanas más por sus acciones cuestionables durante el altercado. Así que no permitiré que interroguen a la principal víctima y testigo de este caso, pero pueden tomar las declaraciones al auror Potter.

Ellos asintieron sin más y yo también lo hice, conteniendo las ganas de agradecerle a mi jefe, sabiendo que si lo hacía sería demasiado y los demás lo verían como un favor hacia a mí, cuando él ya había expuesto puntos validos para hacerlo él mismo. Solté la mano de Pansy y la dejé ir, viendo como Rodast pasaba primero a la sala y la invitaba amablemente a pasar.

Suspiré y caminé unos pasos más para llegar a la sala donde tomarían mi interrogatorio. Tomé lugar en una de las sillas y vi pasar solamente a Thomas, así que supuse que Reesnick estaba lo suficientemente molesto como para negarse a hacer esto. Thomas no lucía mejor, pero se cuadró de hombros, tomó lugar y abrió su libreta, empezando con las preguntas de rigor y luego pidiendo que le contara todo lo que había sucedido.

Eso hice, le conté desde que estaba aquí y recibí aquel llamado por parte de Grace, la entrada al museo, los guardias caídos y la potente barrera que había en aquel lugar y la unión del hechizo que tuvimos que hacer para hacerla caer y que, con eso, Pansy salió un poco herida ante la potencia que se generó y la caída de la barrera. Lo que sucedió después, contando lo que Pansy me había dicho que Millicent le dijo, que ella atacó a Ginevra porque la pelirroja se había levantado y apuntado nuevamente a Pansy y todo lo que sucedió después, hasta que mi exesposa lanzó aquel terrible hechizo y yo me interpuse para que Pansy no saliera dañada, casi muriendo sino fuera por Draco Malfoy, quien conocía el contra-hechizo de aquella maldición.

—El señor Malfoy nos recitó el contra-hechizo, es largo y extraño —dijo él y yo asentí, pues Pansy me contó de que trataba y Hermione también lo había hecho cuando fue a visitarme al hospital.

—Fue creado por Severus Snape, ambos —recordé la primera vez que vi aquella maldición en las paginas de aquel libro que le pertenecía a Snape, y luego el uso que le di, viendo como prácticamente Draco Malfoy moría ante mí—. Hace muchos años, durante el colegio, yo ataqué a Malfoy con ese hechizo sin saber que hacía, lo había encontrado en un libro viejo y él casi muere, pero Severus Snape lo salvó, supongo que después le contó de la maldición y como contrarrestarla.

—¿Y, aun así, él lo salvó? —parecía impresionado y yo también lo seguía estando un poco, sabiendo que tenía que agradecerle.

—Sí, lo hizo. Y aun así lo hicieron pasar por el veritaserum —reclamé y él apretó los labios, mirándome con molestia—. Dígame algo, Thomas, ¿le hicieron los mismo a Ginevra Weasley? Digo, para que confesara sus verdaderos planes, cual era su objetivo y frente a cuantas personas contó lo que haría.

Él pareció desinflarse en ese momento y yo sabía que mi posición para hacer esa pregunta había dejado de ser totalmente el de un testigo o víctima, sino que lo estaba haciendo más en papel de reproche y reclamo contra todos en el cuartel.

—Cuando ella llegó confesó sin necesidad de preguntas, gritaba lo que hizo y lo que quería hacer, lo que quería a hacerle a esa niña —sentí mis dientes apretarse ante aquella mención, ante la idea de que algo le pasara a mi preciosa Lizzie—, a la señora Parkinson y lo que le hizo a usted, no hubo necesidad de preguntar o suministrar nada. El sanador la diagnosticó con histeria post ataque y una leve esquizofrenia también.

—Lo lamento por su familia y por ella también, pero, aun así, se me hace injusto lo que hicieron con Malfoy, Nott y Zabini. Puedo entenderlo en parte hacia ellos, algo prejuicioso sin dudar, pero no comprendo cómo o porqué le hicieron pasar por eso a la señorita Bulstrode.

—Creo que nos excedimos —musitó y luego suspiró sin más, dando por terminado todo.

En ese momento dieron por terminada mi declaración y me dijeron que podía retirarme. Pansy ya estaba afuera esperando cuando salí de aquella sala, luciendo tranquila y algo cansada también, pero diciendo que todo había estado bien, para luego contar, cuando nos encontramos con los Goldstein y sus abogados, que el Jefe de Aurores tomó su declaración, sin prejuicio de algún tipo, sin ser grosero o irónico, sino que de verdad parecía creerle todo, sin presiones o segundas intenciones.

Después de eso, sólo esperamos un rato más para firmar unas cuantas formas, así como de nuestra declaración ya puesta en papel, la cual leímos para evitarnos sorpresas después, buscando que todo estuviera en orden, recibiendo también la noticia de que luego nos mandarían las notificaciones de cuando se llevaría a cabo el juicio, el cual por ser algo escandaloso el ministerio y hasta el mismo ministro quería que terminara cuanto antes.

Me obligué a no pensar mal de Shacklebolt, pero nadie podía negar que mantenía una estrecha amistad con los Weasley, sobre todo con Arthur, y era obvio que todos querían terminar con esto para no hacer más revuelo. Sólo esperaba que en sus ganas de terminar con todo, no hubiera un obvio apoyo para Ginevra.

Y aquí estábamos, dos semanas después viendo como cada uno pasaba a dar sus declaraciones. Pansy había sido la primera, contando que antes de ser atacada, Ginevra Weasley la amenazó con matarla y amenazó con matar a su hija también, así que ella empezó a cuidarse y cuidarla, pero nunca esperó que fuera atacada en su propio museo.

—¡Iba a lograrlo, ya fuera ahí o en otro sitio, iba a matarlas, a ti y a tu maldito engendro, pero tus amiguitos mortifagos llegaron, asquerosa serpiente! —gritó Ginevra fuera de sí, mientras se retorcía desesperada en la silla, intentando liberarse.

Me puse de pie y los señores Goldstein también. Sabía lo que sentían, sabía del odio que se guardaba en su interior, porque era el mismo que yo sentía al escuchar a esa mujer hablarle así a Pansy y a nuestra tierna Lizzie que no tenía culpa de nada. Pero es que era increíble, aun viendo que había sido detenida y estaba a punto de ir a Azkaban, insistía en agravar más y más su situación, lanzando amenazas como si estuviera segura de que lograría llevar a cabo lo que quería.

¡Jamás, jamás lo lograría, tendría que pasar por mí y yo la acabaría, la reduciría a nada!

—¡Ginny, no! —gritaron varias voces al mismo tiempo.

Desvié la mirada y pude ver a su madre del otro lado de la sala siendo sostenida por Arthur y Bill, los cuales también se pusieron de pie y miraban horrorizados a Ginevra, y entonces todo se volvió un caos, pues las voces se elevaron y la mayoría ahí presente quiso acercarse a ella, quizá para defenderla seguramente y otros como los amigos de Pansy se sostenían de la silla para no matarla ahí mismo. Volví mi mirada hacia ella, viendo todavía como se removía hasta caer al suelo, siendo levantada por dos aurores, el cual uno de ellos lanzó un hechizo silenciador y otro inmovilizador para que se quedara quieta, aunque su cabeza siguió moviéndose hasta calmarse y dejarla caer contra su pecho.

Aun viéndola casi derrotada, las ganas que tenía de ir hacia ella no se me quitaban, quería detenerla, hacerla callar, de verdad y para siempre, y debía confesar que nunca antes quise de verdad acabar con alguien como lo deseaba hacer ahora, pues en este momento me daba cuenta con más fervor que Ginevra Weasley representaba un verdadero y latente peligro para Pansy y nuestra hija.

El sonido del mazo contra la madera fue calmando todo, sumado a la voz que pedía a gritos que se guardara silencio y que todo mundo volviera a su lugar, lo cual sucedió poco a poco. Yo no me senté de inmediato, pues no podía separar la mirada de Pansy, quien aún sentada cerca del estrado se mantenía totalmente firme y rígida mirando a Ginevra, con sus manos apretadas a los lados de la silla, sin hacer una mueca o decir algo, aunque su mirada era capaz de hacerte entender lo que realmente quería hacer con la pelirroja, todo lo que pasaba por su cabeza.

—Señora Parkinson, puede continuar —le dijo el hombre del Wizengamot, dando un leve golpecito de nuevo para llamar su atención.

Pansy se quedó en silencio, desviando a penas la mirada hacia él, antes de regresarla a la culpable. La vi apretar los dientes, mostrando éstos de un gesto desafiante, como si se prepara para arrancarle el cuello. Una fiera, una total fiera protegiendo a su cría. Jamás creí que podría comparar a la princesa de las serpientes con una leona, pero era lo que parecía en este momento.

—Eso fue todo, señoría —dijo lentamente, con una suavidad peligrosa, tan sedosa, como un veneno denso—. Mis amigos llegaron y entraron en duelo porque su familia no quiso detenerla. No voy a negar que quise acabar con ella, como tampoco puedo negar que aún lo deseo, viéndola ahí, después de escucharla decir aquellos insultos y el que aun quisiera matar a mi hija; pero si ellos la hubieran detenido, si el auror y su esposa lo hubiera hecho sin negarse, yo no lo habría querido tanto y Harry Potter no hubiera resultado herido de muerte.

—¡Lo ve! ¡Ella quiere matar a mi hija! —gritó Molly antes de que su esposo y Bill la hicieran sentar y callar de nuevo.

—¡Y su hija quiere e intentó matar a la mía! —Pansy se puso de pie, seguro harta de que quisieran victimizar a la culpable y quisieran hacerla a ella ver como la mala, a pesar de todo lo que pasó— ¿Qué parte de eso no entiende, señora Weasley? Estoy cansada, cansada de ella y de ustedes. Nada de esto tiene que ver conmigo o mi hija, aun si su bendita hija cree lo contrario, no tiene nada que ver conmigo y aun así pusieron en peligro, todos ustedes, a mi familia, mi única familia, más inocente de lo que ustedes fueron y serán nunca.

—Señora Parkinson…

—No tengo nada más que decir, pero como es seguro, la familia Weasley querrá subir para alardear de sus acciones en guerra y lo mal que me porté en ella. Hágale el favor de llamarlos —dijo con todo el sarcasmo del mundo y se bajó de ahí, caminando de nuevo a hacia mi lado.

El jefe de Wizengamot no dijo nada, sólo la miró y negó con la cabeza, pero para mi sorpresa, luego miró a la familia de pelirrojos que parecían hundirse sólo un poco en sus sillas, como si les estuviera reprochando su actuar.

Tomé su mano, pues no me había sentado y sólo lo hice después de apretar sus dedos y saberla a mi lado de nuevo. Ella tomó su lugar y se mantuvo tan fría y soberbia durante el resto del juicio.

Después de algunos minutos, donde el juez intentó calmar todo de nuevo, me llamarón a mí, pidiendo que contara todo lo que había pasado ese día. Empecé diciendo todo lo que sucedió desde que recibí el aviso de la señorita Recher y luego mi aparición al museo, al igual que la llegada de los amigos de Pansy y de mis amigos, hasta la maldición que recibí cuando Ginevra lo lanzó contra Pansy y mi salvación por parte de Draco Malfoy.

Se me formularon un par de preguntas más, nada complicadas, más apegadas, para mi gran disgusto, sobre mi divorcio, en el cual dejé en claro que eso había sucedido hace más de un año y mucho antes de que yo empezara a cortejar a Pansy, así que las razones de Ginevra para hacer lo que hizo realmente no tenían justificación si es que intentaba decir que fue porque se arruinó nuestro matrimonio.

Ginevra volvió a intentar a reclamar en ese momento, pero con los hechizos puestos no pudo hacerlo. La miré con rencor, sinceramente empezaba a tenerle rencor a la mujer que una vez quise y de verdad quisiera entender como llegamos a esto, pero honestamente ni todo el dolor que pude causarle o toda la amargura y odio que jura que le provoqué, justifica que ella quisiera acabar con Pansy y nuestra hija.

Luego de mi declaración pasaron sus amigos, cada uno fue contando su versión, siendo bastante honestos en realidad, aunque ellos tenían razón al decir que técnicamente decían la verdad, solo que omitían un par de cosas, que ni yo o Hermione y Ron intentamos contradecir. Podría estar agradecido por eso, pero muy en el interior pensaba que eso era lo justo después de lo que había pasado y lo que se negaron a hacer. Sería totalmente injusto que fueran en contra de Pansy y sus amigos ahora, y ellos sabían que eso también sería ir contra mí, pues Pansy era parte de mí y cualquier ofensa de su parte sería imperdonable.

Cuando pasaron mis amigos, ellos no dijeron tanto, manteniendo una confesión casi neutra, sin involucrar a terceros, aunque Ron lo tuvo difícil con uno de los abogados de los Goldstein que parecía querer orillarlo a algo, sobre todo cuando le preguntó porque no quiso detener la Ginevra Weasley cuando gritó que quería matar a una niña y a su madre.

Pude ver como su rostro se descomponía al mirar a su hermana que levantó apenas el rostro, para luego guiar sus ojos a Pansy que sentada a mi lado lo miraba directamente.

—Es mi familia —dijo y luego sus hombros cayeron, como si todo estuviera golpeándolo—. Es mi hermanita, es mi hermana menor, no le creía capaz, no le creí capaz.

—Y Elizabeth Goldstein es una niña, la última de su familia, la última heredera —dijo el abogado con voz lenta y sentí a Pansy tensar, así como vi el gesto de los señores Goldstein endurecerse más—. Es una niña de seis años que lloró al ser separada de su madre que arriesgaba la vida para salvarla, tanto era su desesperación que su madre tuvo que desmayarla para no impactarla más. Es una niña, auror Weasley, espero que lo entienda.

—Lo entiendo, tengo una hija también, yo… —carraspeó y se reacomodó en la silla, volviendo a mirar a Pansy—, creo que yo hubiera hecho lo mismo que su madre, la trataría de salvar sin importar quien la atacara.

La mano de Pansy se relajó en ese momento contra la mía, aunque sabía que eso no calmaría su disgusto y rencor contra mis amigos, es más, ni siquiera tuve oportunidad de que convivieran adecuadamente antes de que todo esto lo arruinara y sabía que después de este día sería por demás complicado.

Después de aquello hubo un receso para que ellos deliberaran la resolución del caso. Todos fuimos retirados de la sala y agradecí gratamente que los Weasley fueron llevados a otra sala y nosotros fuimos guiados a otra. No solté la mano de Pansy para nada, aun cuando ella empezó a respirar profundamente y me llevó hacia donde sus amigos estaban.

Miré a mi alrededor y me sentí tragar saliva. Los conocía a todos, absolutamente a todos y no era la primera vez que estaba entre ellos, bueno, la primera y única vez fue en aquella fiesta de Halloween, pero nunca creí que yo estaría en medio de ellos en una situación tan inesperada y, sobre todo, sintiéndome tan tranquilo. Estaba tan en paz y aunque no tener a mis mejores amigos a mi lado podía llegar a rozar mis sentimientos, no renunciaría a esto. Pansy estaba aquí y yo estaría a su lado. Aunque seguramente me veía extraño, después de todo era un león en medio del nido de serpientes, algo que nadie nunca esperó.

La sentí soltarse de mi mano para ir a los brazos de Millicent, quien le decía que todo estaría bien, que ella no podría librarse de esto.

—Pansy, no somos los malos esta vez —empezó a decirle su amiga, tomando sus manos y viéndola directo a los ojos—. Ella prácticamente ha hundido lo que tanto presumía, por lo que tanto se vanagloriaba ante todos, ahora ha puesto un revés al propio ministerio y tal vez a la sociedad, ha hecho evidente que no todos los buenos son tan buenos y no todos los malos somos tan malos —le dijo ella con voz solemne y caí en cuenta de una devastadora verdad.

Las cosas se habían torcido para todos y era seguro que nadie volviera a mirar a los Weasley a como lo hacían antes, lo que hizo Ginevra ya lo sabía todo el mundo, el actuar de su hermano Ron también, aunque en menor medida. Era algo que ni en un millón de años esperé que pasara. Pero, viéndolos a ellos, a esta cara de la moneda, lo que hubo del otro lado de la guerra, por así decirlo, sabía que tampoco nadie volvería a verlos como antes, ya no serían tan marginados o tan temidos, ellos no fueron los malos y eso también todo el mundo lo sabía.

—La preciosa de acá tiene razón, Pansy —la llamó Draco Malfoy y yo lo miré, viendo como parecía tranquilo, pero aquel rictus tenso no abandonaba su rostro—. Se creía lo mejor de este mundo, su familia se creía lo más justo y bueno, y mira lo que han hecho.

—Sólo quiero que termine. Sólo quiero ir a casa y saber que Lizzie estará bien, que podré llevarla al museo y adonde ella quiera sin sentir que alguien nos vigila o que será atacada de nuevo.

—Todo terminará, ni todo su pasado podrá librarla de esto —habló Nott.

—Ni todo el nuestro tampoco —mencionó Zabini con voz dura y atrayendo hacia su cuerpo a su pareja. Sabía a qué se refería, sabía que mencionaba lo que la familia Weasley intentaba hacer mencionando lo que ellos habían hecho durante la guerra.

Asentí a las palabras de Zabini y de Nott, estando totalmente de acuerdo con eso, me pasé la mano por la nuca y tragué saliva en ese momento, sabiendo que tenía que hacer algo y era importante que lo hiciera ya. Me acerqué unos pasos más, yendo directamente hacia Malfoy que me miró con una ceja elevada interrogante. Esto sería difícil, pero era lo que debía hacer, lo correcto y ya lo había atrasado mucho porque no había tenido oportunidad de verlo antes y este era el momento. Tenía que ser ahora.

—Potter —dijo con voz dura y desconfiada cuando me vio detenido delante de él.

—Malfoy, yo quería… —carraspeé y miré al resto de sus amigos, incluyendo a Pansy que me miraban con duda, como si no comprendieran mi actuar para nada—, yo quería agradecerte por salvarme la vida. Sé que no soy de tu agrado y podrías no haberlo hecho. Así que gracias, Malfoy, gracias por una oportunidad más.

Extendí mi mano y él la miró por unos segundos con los ojos entrecerrados, como si esperara que todo fuera una broma o que yo estaba realmente siendo falso en esto, pero al final suspiró y estrechó la suya. Fue un apretón firme y que duró apenas segundos. Sus amigos igual lucieron hasta algo desconcertados, como si no esperaran que yo agradeciera la oportunidad que me dio para estar con Pansy.

—Estoy sorprendido de que me agradezcas, aunque no tanto, un buen león es bueno donde sea, pero creo que deberías saber que no lo hice precisamente por ti. Sinceramente pensé en dos razones antes de hacerlo —su voz fue soberbia al igual que su rostro, pero su mirada se suavizó al mirar a Pansy, quien lo miró con una ceja ligeramente arqueada—. Una: la salvaste de esa maldición y todos te agradecemos eso, sobre todo yo, que conozco bien cómo se siente —eso me hizo sentir incómodo, pero lo vi negar con la cabeza y al resto de los presentes asintieron como si estuvieran de acuerdo con él, incluyendo a Grace que se había mantenido algo callada, pero al parecer ya era parte de ese grupo de amigos, cosa que no me sorprendía del todo— Prácticamente era una vida por otra vida y tú estuviste dispuesto a hacerlo por ella. Y dos: Pansy hubiera sufrido mucho al perderte una segunda y definitivamente vez, y yo no iba a permitirlo. Así que agradécele y vive pensando cómo hacerla feliz a ella y a Lizzie cada jodido día que tengas de vida, porque será la única manera en que tomare tus agradecimientos en serio y no me arrepentiré de haberlo hecho.

—Lo prometo, es algo que pienso cumplir al pie de la letra —dije con seguridad y luego la miré, viendo como sonreía y se acercaba de nuevo para abrazarme.

Después de aquel abrazo y de la ahora sí aceptación de sus amigos, por haber salvado a Pansy, la llevé a una de las sillas, aunque ella no dudó en llamar a Millicent y Blaise de su lado, lo que trajo a todos los demás. Podía ver del otro lado del pasillo, en sillas similares en donde nosotros estábamos, a los señores Goldstein. Estaban tomados de las manos y miraban fijamente todo, con una mueca casi paralizada en el rostro.

Podía ver la ansiedad crecer en cada rostro, podía sentirlo como si el agua empezara a cubrirnos los pies y luego lentamente llegara al resto de nuestros cuerpos. Todos sabíamos y estábamos seguros de que ella no lo tendría fácil, pero no sabíamos hasta donde llegaría la bondad del ministerio para ella y su familia. Sabía que era probable que los amigos de Pansy y ella misma temieran que el jurado fuera indulgente por su pasado, y también era seguro, por el bien de su propia familia e hijos, que no se atrevieran a protestar con tanta vehemencia y fuerza, pero los Goldstein sí, ellos lo harían, Pansy lo haría y yo también.

No sé trataba de una simple mujer y niña atacada. No. Fueron atacadas las dos personas más importantes de mi vida, la mujer de mi vida y aquella niña que ya sentía como mía. Era obvio que pelearía contra todo el maldito mundo por ellas dos.

—¿No deseas comer algo? —le pregunté a Pansy, pues la audiencia había iniciado a las once de la mañana y ya casi eran las cuatro y sabía que ni ella o alguien había probado agua o alimento.

—No. No quiero comer, pero tengo sed —dijo y asentí. Besé su mano y me levanté para ir por agua para ella y para el resto también.

—Te acompaño, Harry —escuché la voz de Grace y yo asentí, esperándola hasta que llegara a mi lado.

La miré un poco curioso al travesar los pasillos que llevaban a la pequeña cocineta del cuartel, estaba seguro que nadie se molestaría si me veían sacando algunas cosas de ella. Fui directamente al estante donde varias botellas pequeñas y selladas estaban colocadas, también tomé una caja de galletas por si alguno de los otros deseaba comer algo, aunque lo dudaba. Podría decirse que los empezaba a conocer y agradarme sólo un poco, debía admitir, pero sabía que eran demasiado snob para abrir un simple paquete de galletas para mitigar el hambre, pues yo mismo empezaba a sentir en el estómago el paso de las horas.

Cuando ya tuve todo listo en una pila, saqué mi varita para llevar levitando todo. Miré a la mujer que me había acompañado, encontrándomela con los brazos cruzados y un gesto como de incertidumbre.

—¿Sucede algo, Grace? —pregunté y ella me miró y negó lentamente, antes de suspirar y apartarse casi fastidiada el fleco de la frente.

—Es todo esto. Sé que ella recibirá su merecido, o lo que ellos crean que se merece, nada a nuestra satisfacción —dijo con desagrado y entonces pude entender más como es que había encajado también en aquel grupo de amigos que tenía Pansy. Asentí a sus palabras, pues yo también me empezaba a sentir insatisfecho y eso que aún no teníamos respuesta—. Pero no es sólo eso, sino que... —la vi morderse un labio con angustia y luego me miró de un modo extraño, casi tímido—, ¿crees que Charlie querrá seguir saliendo conmigo?

—Espera, espera, ¿qué? —pregunté agitando la cabeza y levantando una mano hacia ella.

—Pensé que te lo había contado Pansy, ahora empiezo a creer que no se lo ha contado a nadie, de lo contrario sus amigos me estarían viendo como una traidora —resopló e infló las mejillas un segundo, antes de mirarme de nuevo, acercándose un paso—. Lo conocí cuando aún estabas inconsciente, le pedí a su padre que me lo presentara, pero él iba a verte y bueno, lo hice yo. Fue incómodo, pero nada del otro mundo. Creo que él también lo sintió hasta abrumador y al final, cuando salió de verte, me disculpé, pues sabía que no era el momento ni el lugar, pero él fue tan amable y me sonrió, preguntándome si podía enviarme una carta después. Acepté obviamente, y hemos estado así, enviándonos cartas y hace una semana salimos y todo fue bien... pero ahora con todo esto.

—De acuerdo. ¡Vaya! No creo haberle conocido nunca una pareja a Charlie —dije más para mí que para ella, pero la vi sonreír satisfecha, al parecer les gustaba mucho a las serpientes ser la excepción a la regla o ser las primeras y únicas en muchas cosas. Grace no era serpiente como tal, pero no dudaba de que el sombrero la hubiese mandado a esa casa—. Pero sabes, no creo que tengas algo que temer o dudar, él te pidió seguir conociéndose y todo esto ya estaba en marcha, él ya sabía de qué iba todo y aun así lo aceptó, supongo que también porque sintió atracción por ti, y no creo que esto lo cambié, tal vez vuelva a hacer un poco incomodo, pero te aseguro que él no será un cobarde o un ser rencoroso que decida alejarse sin decirte nada.

—Es un buen león —dijo y yo asentí riendo.

—Lo es. Creo que es el más valiente de todos. No creo que alguien que no tenga valentía y respeto por los demás, trabaje domando dragones. Charlie seguro te buscara una vez que su familia este estable respecto a todo esto.

—Eso espero —suspiró y luego su mirada que había sido suave desde que empezó a hablar, se endureció al mirar atrás de mí.

Volteé y me encontré con mis dos mejores amigos detenidos en la entrada que daba hacia el otro pasillo. Los tres nos quedamos viendo fijamente y jamás me había sentido tan lejos e indiferente hacia ellos. Los amaba, de verdad, los amaba y eran mi familia, toda la familia que tenía hasta hace poco, pero Pansy y Lizzie lo eran ahora y si ellos no comprendían que perder a una de ellas sería matarme prácticamente, no creía poder seguir a su lado sin sentir enfado a cada segundo.

—Harry, ¿podemos hablar? —preguntó Hermione entrando por completo, seguida de Ron, hasta quedarse quieta al otro lado de la isla de esta cocineta. Yo la quedé viendo sin saber que decir.

—Llevare esto por ti, Harry —escuché decir a Grace y la vi levantar su varita hacia las cosas que estaban apiladas.

—De acuerdo —asentí y ella dio la vuelta, pero la detuve cuando estaba a punto de salir—. Grace —ella giró y me miró con duda, mirando a penas de reojo a mis amigos—, dile a Pansy que no tardo, por favor, que en cuanto terminé iré con ella.

Miré casi suplicante a Grace hasta que la vi asentir, no quería que Pansy pensara otra cosa, que diera por hecho que iba a dejarla por mis amigos o por los Weasley, no quería que se sintiera de nuevo como hace dos semanas cuando me habló de lo que los aurores le hicieron antes y lo que les hicieron a sus amigos ahora, diciendo que pensaba que ahora si iba a estar con ella cuando no era así. No, por nada del mundo quería que sintiera de nuevo eso, quería que estuviera segura de que nada me alejaría de ella, que jamás la abandonaría, que por nadie la cambiaría.

Grace asintió y se fue sin más, levitando las cosas atrás de ella.

Giré de nuevo hacia mis amigos y me acerqué los pasos que me había alejado de ellos. Los vi tensos y cansados, jamás creí que vería de nuevo a Hermione de esa manera, tan agotada como en aquellos primeros días cuando cazábamos los horrocrux, y Ron, Ron también parecía estarlo, como si todo le estuviera sobrepasando, luciendo hasta un poco irritable.

—¿De qué quieren hablar? —pregunté y carraspeé al escucharme más molesto de lo que de verdad pretendía.

—Sé que todo esto está mal, muy mal —empezó a decir Hermione y la vi apoyar sus manos en el mosaico de la isla que nos separaba—. Sé que estás enojado, también un poco con nosotros por lo que pasó ese día, pero no tenemos nada que ver...

—Ellos atacaron, Bulstrode atacó primero —dijo Ron como si estuviera cansado de eso también, de tener que repetirlo.

—¿Recuerdas aquella vez que Malfoy llamó sangresucia a Hermione? ¿a ti? —pregunté mirando primero a Ron y luego a Hermione, y ellos me miraron como si los hubiera atacado, yo negué con la cabeza y apoyé los puños en la isla—. Tú te enojaste, Hermione, y Ron, tú saltaste a defenderla, sacaste la varita y lo amenazaste, lanzaste un hechizo y Malfoy ni siquiera sacó la suya. Estuvo mal, muy mal, pero es un ejemplo. Ginevra no sólo amenazó a Pansy, la atacó con Lizzie en brazos, sino que siguió gritando lo que haría aun cuando todos llegamos, pensaba que tú o Hermione no se atreverían a detenerla, pues eso fue lo que le dijeron prácticamente, tú —lo señalé con rabia al pelirrojo—, dudaste cuando te preguntaron si la entregarías, Ginevra se sintió poderosa, dando por hecho que tu desprecio por ellos haría permisible sus actos, se levantó y apuntó de nuevo a Pansy, mientras Millicent escuchaba y ella sólo intentó defenderla y protegerla, a cómo tú lo hiciste con Hermione no sólo esa vez, sino un montón de veces más, así como lo hiciste conmigo y yo con ustedes.

—Sí, bueno, no es lo mismo, ellos... —no podía seguir escuchándolo, así que lo detuve.

—Y volvemos a lo mismo —suspiré y me sentí tan cansado como ellos lucían—. Tal vez crean que lo que siento por ella me ciega, tal vez un poco, porque la adoro y sé que es mi vida, y lo daría todo por ella, absolutamente todo —les repetí nuevamente, por si aún nos les quedaba claro—, pero no sólo los buenos defendemos a otros, Ron, no sólo el bando de la luz, como una vez nos llamaron, son capaces de levantar la varita por alguien más. Yo no lo hice, pero me interpuse; Millicent no se interpuso, pero la levantó por ella, por Lizzie. Ellos no fueron leales a Voldemort, ni a mí, ni a Dumblendore o a Snape, fueron leales sólo a ellos mismos, a su familia y amigos, egoísta tal vez, pero no por eso menos humanos o menos buenos.

—Los apoyas, ahora los apoyas sabiendo lo que querían hacer con ella —masculló Hermione y pude detectar en su voz un tinte de resentimiento y decepción, sabiendo que se refería a lo que realmente querían hacerle a Ginevra ese día.

—Sólo quiero que recuerden que la de la maldición fue otra persona, ellos ni siquiera un hechizo oscuro lanzaron —les dije con calma y ellos me miraron como si eso no compensara nada. Ahí comprendí que, para mis amigos, las serpientes seguían siendo las malas en alguna medida—. No los apoyo a ellos, sino a la mujer de mi vida y a esa niña que empiezo a sentir mía —aseguré y aparté las manos de la superficie—. Tal vez crean que es imposible que ame a Lizzie, pero lo hago, la amo más que a mi vida ya, así como ustedes aman a Rose. Y por eso, por ella, por ellas, ya no apoyo a los Weasley: Molly me ha desterrado de su familia, Bill, Fleur, Percy, Angelina, me miran como si yo me fuera a convertir en un nuevo señor oscuro, ustedes mismos, aunque quieren aceptarme, están esperando que yo dejé todo, otra vez, y caminé hacia ustedes y arreglé esto, y no puedo y no quiero y no lo hare.

"De verdad lo siento, de verdad me duele, pero más me dolería perderlas a ellas y debo ser justo, porque por esta vez, en esta ocasión, ellos no fueron los malos o los que actuaron mal, sino Ginevra, ustedes y hasta yo, porque si hay algo que les caracteriza, es que jamás les tiembla la mano por los que aman y yo no pude hacerlo, no pude levantar la varita contra Ginevra, porque pensé en todos los Weasley, pensando que no podía hacerles eso, aun a costa de mi propia familia y felicidad, una vez más, pero les juro que no volverá a suceder".

—No te estamos pidiendo que las dejes, Harry, solo que esto ha llegado demasiado lejos, tú has permitido que hasta nosotros fuéramos acusados —habló Hermione más suplicante y también con más rabia, Ron a su lado apoyó una mano en su hombro.

—No hay ninguna demanda porque Pansy decidió ser benevolente con ustedes —dije con dureza y ellos abrieron los ojos como si no creyeran que eso había entrado en nuestros planes de verdad—. Y no estamos pidiendo que llegué lejos, sino que se haga justicia y que ella no sea un peligro para mi familia —aclaré y ellos asintieron—, aunque si hay algo que se me hace muy injusto, ¿sabían que le dieron veritaserum a todos, absolutamente a todos? Hasta a Millicent Bulstrode, cuando dijo que tú la atacaste cuando ella había bajado la varita y estaba distraída, para que pudieran creerle —dije mirando a Ron y lo vi apretar el gesto, los labios con fuerza, mirándome como si lo estuviera traicionando por no estar de su lado—. Díganme, ¿eso se les hace justo? Simplemente porque eran ellos contra ustedes, que no se han cansado de hablar una y otra vez del pasado.

—Ese es el procedimiento, es lo que se hace con todos los que estuvieron del otro lado, Harry, no podemos hacer nada contra eso —dijo Ron y yo sonreí con rabia, apenas conteniendo mi furia.

—¡Es increíble que digas eso, cuando fuiste tú el que atacó por la espalda, ella no lo hizo con Ginevra, Ron! —exclamé, sintiendo que no conocía esta parte de él, que aun así justificara esa acción tan reprobable de su parte dando a entender que se lo merecía por cosas del pasado—. Pero se acabó, no más. No me interesa si me dejan de hablar de ahora en adelante, o si todos los Weasley me creen un maldito traidor, pero desde ahora les prometo, que ninguno de ellos, ni Pansy, sus amigos o familia, volverá a pasar por eso, porque yo me encargaré que no se vuelva a cometer una injusticia como esa.

Me di la vuelta en ese momento, sintiendo como la rabia de adueñaba una vez más de mí y prácticamente con el puño cerrado empujé la puerta, atravesándola, pero en el último segundo escuché la voz de Hermione llamándome, haciendo que la mirara de nuevo, encontrándome con su rostro triste y resentido al mismo tiempo.

—Los amo, chicos, y creo que los amare siempre. Pero no pueden hacerme elegir entre Pansy o ustedes, una vez lo hice y me he arrepentido toda mi vida. Me quedaré con ella, con ellos, porque, al fin y al cabo, los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos.

Fue todo lo que dije y caminé por el mismo pasillo de antes. Sentía un desorden de sentimientos en mi interior, tan contradictorios que empezaba a tener un ligero dolor de cabeza. Estaba dolido, furioso, triste y hasta un poco rencoroso por todo esto. Los amaba, era verdad que nunca dejaría de hacerlo, pero no entendían como aun después de tanto insistían culpar a Pansy y a sus amigos, o no comprendían porque estaba de este lado y no con ellos.

Cuando llegué a la sala donde estaban, vi la mirada de Pansy clavarse en la mía con una fuerza devastadora. No tenía ni que preguntarle para saber lo que había pasado por su cabeza, el temor que tuvo, pues el temblor de sus manos la delataban y aquel caminar que de seguro mantuvo antes de verme. Miré a sus lados y pude ver algunas miradas de sus amigos molestas, de seguro pensando mal de mí.

—Pansy —la llamé y me acerqué a ella, que se mantuvo quieta, tan sólo observándome sin hacer ni una mueca.

—Grace dijo que ellos… —se detuvo y elevó una ceja.

—Querían hablar conmigo, y seguramente después de hoy, no querrán saber nunca más de mí —le dije con una sonrisa y ella se acercó un paso, colocando sus manos sobre mi pecho.

—Lamento eso por ti —murmuró, pero pude ver como su cuerpo se relajaba.

—Yo no tanto —suspiré y la miré a los ojos, posando mis manos sobre su cintura—. Si no son capaces de entender la magnitud de todo esto, que lastimarte a ti o a Lizzie, es algo imperdonable para mí, o que sigan creyendo que los únicos culpables son ustedes, pues no hay nada que hacer, porque yo no cambiaré de opinión, ni por ellos ni por nadie.

—Me alegra que pienses eso —aceptó y sus dedos se enterraron en mi ropa—. Creí que ellos podrían…

—Pansy, no voy a dejarte nunca, jamás lo haré, consideraré o siquiera pensare, ¿de acuerdo? Tú y Lizzie, lo son ya todo para mí.

—Está bien —musitó y luego sentí su cabeza recostándose contra mi pecho.

Miré de nuevo a los que nos rodeaban y parecieron también relajarse, aunque la mirada de Malfoy, Nott y Zabini, seguía siendo se pura advertencia, era claro que ellos serían capaces de arrebatarme la oportunidad que me dio Malfoy al salvarme sin pensarlo mucho.

Unos minutos después y de que bebiera una botella de agua, las puertas que daban a la sala de juicios se abrieron y nos pidieron pasar para realizar el último veredicto.

Volvimos a acomodarnos mientras los miembros del Wizengamot hacían los mismo. La acusada fue la última en entrar y fue acomodada en el mismo lugar. Mi mirada nuevamente viajó de ella hacía su familia, y me percaté de la mirada un poco más resignada de mis dos mejores amigos y la mirada casi esperanzadora del resto, mirando con ansiedad al que daría la resolución al caso. No pude reprimir mi resentimiento, pues de seguro esperaban que fueran indulgentes con ella.

El jefe del Wizengamot se puso de pie una vez que todos en la sala estuvieron ordenados y con papel en mano, utilizó su varita para aumentar el volumen de su voz. Dio una mirada rápida a todos y después de un carraspeo, acomodó sus lentes y procedió a darle lectura a la resolución que habían llegado.

Empezó con un montó de parloteo, resumiendo los hechos ya declarados por todos lo que fueron llamados, mencionando también de paso las palabras de la propia acusada que fueron una confesión en toda regla.

—… y después de una larga deliberación, llegamos al concluyente resultado siguiente: la bruja Ginevra Weasley es declarada culpable de todos los cargos y permanecerá recluida en la prisión de Azkaban por los próximos veinte años, teniendo oportunidad de apelar y conseguir libertad condicional, determinada en su momento, cuando se cumplan quince años de su condena…

Pude escuchar el gritó de madre, pidiendo clemencia por su hija, para luego observar el rostro de aquella mujer sentada en medio de la estancia, que por fin podía caer en su realidad, pues empezó a llorar y negar con la cabeza, diciendo que realmente no quería hacer nada de lo que hizo, aunque eso nadie se lo creería. Pansy a mi lado apretó mi mano y yo la volteé a mirar, encontrándome con un rostro más aliviado. También miré el rostro de los señores Goldstein, quienes lucían mucho más relajados, sonriéndose tenuemente al mirarse. Comprendí tal sentimiento, saber que ella no sería un peligro para Pansy y Lizzie desde ahora, yo también quería sonreír, pero por respeto a la familia que alguna vez fue la mía, me contuve y sólo besé la frente de Pansy sintiendo el mismo alivio y tranquilidad que ella.

Escuché de nuevo al jefe de Wizengamot que tuvo que golpear varias veces su mazo contra la madera para conseguir algo de calma.

—También estimamos y creemos necesario, así como ordenamos, que la acusada tenga acceso a un tratamiento psiquiátrico y psicológico durante su estancia y posterior a ésta, el cual tendrá que mostrar en certificados legítimos en su juicio de apelación una vez que los años ya mencionados se hayan cumplido, y sin más que decir, damos por finalizada esta sección.

El golpe contra la madera fue el final de todo. Después de ese momento todo fue rápido. Ginevra fue retirada de la sala, la cual luchaba para ser soltaba y gritaba una vez más con histeria. Sus padres la siguieron, o más bien Molly lo intentó entre lágrimas y gritos también, mientras era sostenida por Charlie y su padre. El resto de su familia, como Bill y Percy siguieron a los miembros de Wizengamot, de seguro para que reconsideraran su resolución, pero eso sería en vano, Ginevra había obtenido lo que merecía.

—Creo que es mejor movernos —dijo Draco colocándose al lado de Pansy y yo asentí, pues la mirada resentida de muchos se estaba haciendo evidente y no quería que esto se volviera una batalla campal o que Molly empezara a lanzar insultos si veía de nuevo a Pansy.

—Si, es lo mejor —concordé y tomé la mano de Pansy, guiando a los señores Goldstein por el otro lado de la sala.

Vi como Zabini hacía lo mismo con Millicent, la cual apretaba a su cuerpo y lanzaba miradas llenas de odio seguramente para Ron. De igual manera Nott tomó del brazo a Grace, que parecía indecisa entre ir o quedarse, y lo comprendí, ella de verdad estaba interesada en Charlie, pero no estaba segura si él querría seguir viéndola. Al final Nott logró convencerla de caminar y la sacó de la sala.

Caminamos hasta la salida del cuartel sin ningún inconveniente y luego seguimos por el atrio del ministerio. Podía ver como a las puertas del ministerio, detenidos sólo por aurores, se encontraba una horda de reporteros, seguros ansiosos por información. Todos nos detuvimos y sabíamos que salir era prácticamente imposible. Así que tendríamos que aparecernos justamente en ese lugar.

—Salir no es una opción —dijo Nott y todos asentimos.

—Tendremos que aparecernos. Todos a Malfoy Manor —ordenó Malfoy y nadie protestó. Era seguro que allá estuvieran todos esperando por respuestas también—. Pansy, toma —lo vi acercarse y extender algo a puño cerrado.

Apenas Pansy lo tomó, Malfoy hizo se aparición, siendo seguido por Millicent y Zabini, así como de Nott, quien nuevamente tomó el brazo de Grace y luego los Goldstein.

Miré a Pansy y la vi abrir su mano, mostrándome un pequeño broche con escudo de la familia Malfoy, la miré extrañada, pero ella sólo sonrió.

—Es un traslador, las barreras reforzadas impedirían tu entrada, pero no con esto y no conmigo —dijo con una sonrisa sosegada, una que no veían desde hace muchos días, y se pegó más a mí—. Grace hace mucho es invitada, está será tu primera vez.

—Estoy preparado —le aseguré y ella asintió.

—Me alegro, porque sólo quiero que vayamos por Lizzie y luego a casa, Harry —la escuché murmurar y yo asentí totalmente de acuerdo con esa idea.

—Vamos a casa —dije en su oído y jamás esa palabra tuvo tanto significado como hasta ahora.

Ir a casa significaba ir por nuestra hija, ir con ella y con Lizzie y llegar a un lugar seguro donde no correrían peligro, donde estarían a salvo y, sobre todo, estarían conmigo y eso era todo lo que quería y necesitaba.

Respiré con fuerzas al tener a Pansy bien sujeta entre mis brazos. Parecía que al fin la pesadilla había terminado, ellas estaban bien, yo estaba bien.

Mi sueño, que eran ellas dos, estaba bien.


Sé que me ausente mucho, pero he tenido tanto trabajo que ni siquiera ganas de prender la computadora tenía. Pero poco a poco, entre muchos días, al fin pude terminarlo. Debo ser sincera, tal vez me tarde con el siguiente, pues ese será el capítulo final y espero que me salga bien, pondré todo mi corazón en él.

Espero que lo hayan disfrutado, si es que alguien sigue leyendo.

Gracias por leer.

By. Cascabelita