¿Por qué mienten las personas?
Existen cinco motivos que explican la realización de dicha acción:
Creen que hay una necesidad insalvable para ello.
Quieren continuar manteniendo el control de la situación.
No quieren decepcionar a la otra persona.
Existe una mentira previa que quieren ocultar, fenómeno conocido como cadena de mentiras.
Creen que evitando hablar de ello, el problema deja de existir, y por ello lo ocultan a partir de mentiras. Pretenden que la mentira se termine convirtiendo en realidad.
"¿Papá por qué Gina? No es un nombre muy japonés, ¿verdad?" Preguntó curiosa, en la escuela, algunas niñas se habían burlado de ella aludiendo a la falta de rasgos asiáticos en ella, ni su nombre, ni su aspecto físico eran los característicos de los jóvenes nacidos en aquel país.
Su hermano se encontraba aquel día en casa de Yohei Mito, a la que Gina no había querido ir aquel día con motivo de una pelea previa entre los niños, y su madre había ido a recogerlo dado que el día siguiente había colegio y no podrían pasar la noche juntos a diferencia de otras veces que sí lo hacían, probablemente se hubieran entretenido por el camino porque hacía tiempo que debían estar en casa. Por lo que la niña y el padre descansaban en el sofá disfrutando de una paz que en raras ocasiones se producía en aquel hogar.
El padre de la niña, que se encontraba sentado en el sofá al lado de esta, descansando tras un día de duro trabajo físico, dejó de prestar atención al programa televisivo que en aquel entonces le gustaba seguir las noches de los domingos, y miró a su hija.
Los grandes y profundos ojos azules de su hija lo interrogaban curiosos. Siempre había llamado la atención de aquel hombre como su hija preguntaba acerca de todo a pesar de su reducida edad, era una niña extremadamente curiosa.
"Gina sí es un nombre japonés" Su hija dejó la compostura recaída sobre el sofá para reincorporarse y prestar una mayor atención a su progenitor "Significa plateada" Aquello extrañó más a su hija, habitualmente el nombre de sus compañeras de clase solía tener un significado poético o al menos más dulce que aquel.
"¿Y por qué plateada papá?" No encontraba ningún vínculo entre ese nombre y ella.
"Porque cuando naciste tus ojos eran color plata, ya luego fueron cambiando hasta esos bellos ojos azules que tienes hoy, nos pareció un rasgo tan singular, que tu madre pensó llamarte así".
La niña sonrió a su padre, provocando una enorme ternura en él, adoraba cuando este le contaba cosas que desconocía, pasó su mano derecha sobre el rubio cabello de la pequeña, ya desde esa temprana edad lo llevaba bastante largo.
Contra lo que sucedía en la casa de la mayoría de sus amigas, en su caso era su padre quien la peinaba todas las mañanas. Pasaba el cepillo de forma bastante tosca ocasionando protestas en ocasiones por parte de la pequeña, a lo que él le contestaba diciendo que era muy débil.
Débil era el adjetivo que más odiaba Gina.
"Además, pensamos que debía ser un nombre original, porque tú parecías ser una bebé muy peculiar, y mira por donde acertamos" Volvió a fijar sus ojos en los de su hija corroborando que aún contaba con su plena atención y prosiguió "Tu hermano y tu sois muy diferentes al resto de niños" Quiso preguntar por qué pero finalmente desistió, su padre no parecía querer darle una explicación a ello, eso era algo que con el paso de los añoso sus hijos irían descubriendo "Yo pienso que te viene perfecto ¿no crees?" La pequeña niña asintió moviendo su cabeza con fuerza mientras sonreía hechizada por las palabras de su progenitor.
Los domingos nunca le habían agradado. Desde que era pequeña, siempre le habían supuesto unos días en los que se mezclaban emociones, felicidad por ser días para estar en familia, tristeza porque al día siguiente había que reincorporarse a las clases y se finalizaba el descanso. A diferencia de la mayoría de población, detestaba aquellos días, era extraño, pero no le gustaban y solía enfrentarlos con un sentimiento de nostalgia.
Aquello era en lo que pensaba mientras se levantaba de la cama y se dirigía hacia el armario. Un leve dolor de cabeza se apoderaba de ella, no había descansado correctamente, y seguramente debía tener un aspecto lamentable, esperó que aquello mejorase haciendo algo de deporte, habitualmente solía ser así.
Una vez abrió la puerta para buscar algún atuendo deportivo con el que salir a hacer deporte con su hermano, lo primero que observó fue un vestido de una preciosa tonalidad celeste. Su mente viajó hacia la persona que le había ofrecido aquella vestimenta inevitablemente. Llevó una mano hacia él, apreciando el tacto de aquella prenda, que tras haberla limpiado y secado, descansaba bien doblada en aquel lugar.
Desde aquel día únicamente se había encontrado con él en una práctica de Kainan y en el partido llevado a cabo el día previo que había enfrentado a Shohoku con Tsukubu. No habían vuelto a intercambiar palabras, se podría decir que ella lo evitaba. Pero él tampoco es que hiciese un mayor esfuerzo porque ambos se encontrasen desde su punto de vista, si bien esto no era del todo cierto, ya que el joven durante los recesos solía pasar por el aula de música previamente a pasarse por la cancha, para corroborar si allí había alguien, aunque ella desconocía este dato.
Apartó su vista de la prenda con cierto enfado, sin saber muy bien el motivo de este negativo sentimiento. Y bajó las escaleras rápidamente buscando a su hermano que ya lo esperaba en la puerta, aquel día ni siquiera tenía ganas de desayunar. Al ver la figura imponente de su mellizo esperándola, pensó en lo injusta que estaba siendo con él.
Aún no le había contado el contenido de la carta que había llegado semanas previas a la casa, el contarle sobre ello suponía que también debía afrontar la decisión que la madre de ambos había adoptado en lo referente a ello, pero no quería, y menos ser ella quien se lo contaste a Hanamichi.
En aquel momento observando como parecía que su hermano estaba peleando con algún insecto que lo estaría molestando, se arrepintió por haber ocultado la carta, por no compartir con él aquello. Era desleal por ello.
Antes de dirigirse a la salida del hogar para entrenar con su mellizo, le pareció buena idea coger algo para desayunar, cosa de lo que se arrepentiría en cuanto vio la mirada que su tía le lanzaba desde su posición sentada en la mesa.
La mujer de unos cincuenta años elevó su vista del café para mirar fijamente a su sobrina, dicho gesto era suficiente para que Gina supiera que su tía conocía la situación.
¿Cómo era posible que lo supiera? ¿Acaso se lo habría dicho su madre? Era raro, aquellas dos mujeres no entablaban ningún tipo de contacto. Preguntarle a la tía Yukiko acerca su fuente de información sería totalmente inútil, nunca desvelaba ningún detalle.
Podía ser en muchas ocasiones la mujer más cariñosa, y en otras la mujer más fría. Cuando tenían menor edad ambos mellizos disfrutaban pasar tiempo con ella y a la vez temían, la tía Yukiko se autodenominaba bruja. Decía poder saber cosas que nadie hacía, al principio ambos creían en todas sus misteriosas historias, a medida que fueron creciendo descubrieron que la mujer tenía un sexto sentido extremadamente desarrollado, pero en ningún caso poderes sobre naturales alejados de explicación científica.
Un sexto sentido que la llevaba a ganar muchos de los juicios contra todo pronóstico, un sexto sentido que había hecho que nunca le resultase agradable su cuñada, y un sexto sentido con el que lograba aportar a sus sobrinos lo que ellos necesitaban en cada momento. Quizás por ello ambos la querían tanto.
El hecho de que la mujer se hubiera trasladado a su hogar una vez todo pasó, fue determinante para que ambos hermanos lograran recuperarse, al menos parcialmente, de la enorme pérdida que habían sufrido.
Tras unos instantes en los que ambas se miraron fijamente, la mujer de menor edad en aquella sala se dirigió al armario en el que se encontraban los alimentos no perecederos y cogió un puñado de frutos secos, aquellos le darían energía para correr los treinta minutos que había pensado con su hermano, después cuando regresasen desayunaría correctamente.
Se disponía a cerrar la puerta del armarito cuando su tía tras volver a dar un pequeño sorbo al café, habló.
"Ya es hora de que Hanamichi lo sepa, ¿No crees?" Bajó la mirada, realmente se sentía avergonzada "Las cosas no salieron precisamente muy bien la última vez que le ocultaste algo" Cerró la puerta del armario en un brusco movimiento, realmente sentía impotencia, había levantado la vista y sus ojos coincidían con los de su tía.
Podía ver al fondo de los claros ojos marcados por algunas arrugas de aquella mujer que tanto quería comprensión. La tía Yukiko conocía muy bien los sentimientos protectores de Gina hacia su hermano.
Porque, aunque pareciera superficialmente lo contrario, Hanamichi no era el hermano más fuerte de los dos, era ella. Ella la que acostumbraba a cargar con el peso de las malas decisiones de ambos, o de los infortunios que acontecían, ella la que afrontaba la mayoría de castigos en defensa de su hermano, y también ella la que a veces pensaba que lo mejor era ocultarle algo a su hermano por no herirlo.
Hanamichi, era de corazón mucho más frágil que su hermana, y a él que costaba mayor tiempo procesar y adoptar posiciones ante malos acontecimientos, siempre era cuidado, aunque fuera en silencio por su querida hermana. Ella ejercía las funciones de hermano mayor, y él las de hermano menor, como un secreto pacto existente entre ellos, que siempre se había dado y había marcado su realción.
Porque la tía Yukiko no podía pensar un momento en el que desde que ambos eran pequeños en que no fuera así, presenció cómo su joven sobrina salía de aquella cocina sin volver a mirarla, realmente la quería.
Sabía que su sobrina era consciente de que no era correcta su actuación, esperaba que aquella llamada de atención fuera suficiente para que su hermana se sincerase con su hermano.
Aunque lo cierto, era que aquella mujer siempre había pensado que subestimaban la fortaleza del pelirrojo, sobre todo Gina desde su actitud sobre protectora. El joven era capaz de cualquier cosa que se propusiera, porque tenía algo que muy pocos no. De hecho, sus dos sobrinos tenían algo que muy pocas personas realmente tenían, coraje.
Lo peor para Gina era saber que su tía tenía razón, quizás después de todo fuera una cobarde, así se sentía en ese momento.
"Ningún insecto molesto puede conmigo, te lo demostré maldito" Se dirigía a los restos de mosquito que yacían sobre su mano derecha, la rubia puso una mueca de desagrado.
"¿Cómo haces eso mellizo? Eres un bruto" Le reprendió mientras el pelirrojo intentaba limpiarse en la camiseta de su hermana levantando protestas por parte de ella "Eres un guarro Hanamichi, no hagas eso" Él rio ante la provocación a su hermana, le divertía verla cuando hacía algún berrinche.
"Ningún animal puede resistir a mi dominio, soy realmente invencible" Elevó las cejas cuando escuchó la sonora carcajada que escapó de la garganta de su hermano "Lo mismo haré con ese zorro maldito, aplastarlo en cuanto tenga la oportunidad".
"Mientras tanto, deberías ejercitarte para la próxima batalla, Don Invencible".
Pasó por al lado del pelirrojo y este sacudió con su mano izquierda los cabellos de su hermana. No lograba comprender aquella irritable costumbre que tanto él como Yohei tenían. Al menos no lo había hecho con la mano en la que minutos previos había aplastado al mosquito.
"Yohei tiene que estar furioso, vamos tarde" Dijo mientras aumentaba el ritmo y comenzaba a ir a un ritmo cercano al trote, su hermano con sus largas piernas conseguiría alcanzarla en breve.
No sabía por qué lo hacía, pero caminaba por el pasillo hacia la sala de música con el corazón latiendo rápidamente, sin saber qué se encontraría allí. No esperaba verlo, después de las veces que no se había presentado partiendo una especie de inexistente acuerdo entre ambos de que ambos se reunirían allí todos los descansos. Y, sin embargo, allí estaba.
Su imponente cuerpo descansaba sobre la pared y miraba en dirección a la pared situada frente a él, su posición era informal, sus manos descansaban tras su cabeza, algo debía estar ocupando sus pensamientos, dudó si continuar acercándose, o marcharse antes de que él la viese.
Aquel pensamiento parecía que había llegado a oídos del moreno que miró en su dirección. Su corazón comenzó a latir aún más rápido. Desde la distancia que se encontraban aún, a Gina le pareció verlo sonreír, pero no podía asegurarlo firmemente, tragó saliva. Avanzó hasta situarse a su altura con pasos decididos.
Allí estaba él, frente a ella.
Había pensado en qué le diría al verlo, y ahora en cambio no le salían las palabras.
No lograba apartar la mirada de él. Ni él de ella.
"¿Tocas?" Aquella pregunta la sacó de sus pensamientos, estaba realmente Shinichi Maki preguntándole lo que ella pensaba que estaba preguntándole.
Después de todo lo que había pasado y de las escasas palabras que habían cruzado, él no le preguntaba absolutamente nada sobre ella, respetando su espacio e intimidad. Solo quería oírla tocar el piano. Aquella pregunta significó sin duda alguna para Gina más de lo que Maki se podía imaginar.
Sonrió ante la pregunta, abrió aquella puerta y ambos entraron en la sala lentamente.
Ella se sentó frente al piano, inspiró profundamente y expiró. Él la observó. La rubia palmeó la banca frente al piano instándolo a que se sentara junto a ella.
Él lo hizo, se sentó a su lado. Desde su proximidad ella podía apreciar su olor a mar, y él su olor afrutado. Incluso parecía apreciarse el calor corporal que el otro emitía, aunque no estuvieran en contacto.
Ella volvió a mirarlo fijamente y se decidió por romper el silencio.
"¿Alguna vez te has sentido como la persona más feliz y a la vez más triste del mundo haciendo algo?" Shinichi Maki la miró extrañado, no sabía a qué se refería, pero quería saberlo, quería entenderla más que nada en aquel momento.
Observó detenidamente como la joven apartaba un mechón rubio de su rostro y lo apresaba tras su oreja, acto que él ya había observado varias veces como lo hacía cuando parecía estar nerviosa o mientras se dedicaba a buscar las palabras adecuadas. Su melena caía en ondas a lo largo de su espalda, se sorprendió así mismo admitiendo mentalmente que le encantaría poder oler o al menos tocar su pelo y comprobar si era tan suave y agradable al tacto como parecía que era.
"Cuando toco el piano encuentro la paz, y a la vez la angustia" Él la miró instándola a continuar, pero no lo hizo, con ella todo era dosificado, parecía que debía arrancarle las palabras de la boca, ella deseaba contarle lo cansada que se encontraba a veces, pero no lo hizo, optó por cambiar de tema "El otro día te agradecía por haberme prestado ropa y haberme acompañado a casa, pero no te llegué a agradecer por haberte preocupado tanto por mí".
"Hay mucha gente que se preocupa por ti".
Constantemente parecía quitar mérito a sus buenas acciones, haciendo parecer que cualquiera se preocuparía por una extraña y se adentraría al mar, o pasaría la tarde con una desconocida, o la acompañaría a su casa.
"No como yo necesitaba en ese día, y realmente lo aprecio" Cogió la mano derecha de él y las apresó entre las suyas.
No sabía muy bien por qué hacía eso, pero se sentía tan cálido que no había podido evitarlo, una corriente eléctrica pareció recorrer su cuerpo ante aquel contacto, observó el contraste de tonalidad entre las pieles de ambos, su corazón parecía luchar por salirse de su caja torácica, y en aquel momento quería recordar cómo se respiraba correctamente, porque parecía hacerlo olvidado.
Maki la miró en sus ojos, al principio centraba sus esfuerzos en intentar buscar algún significado a su actitud, pero finalmente únicamente se concentró en disfrutar al máximo el suave roce de aquellas manos tan pequeñas, que no llegaban a cubrir las suyas ni por asomo, pero parecían querer intentarlo.
"Sendoh no merece tus lágrimas, ningún hombre debe ocasionar lágrimas en una persona, y menos en su pareja" Gina soltó la mano de Maki instintivamente y apartó su mirada bruscamente de él, a pesar de que la joven miraba hacia el frente, pero podía ver como tenía el ceño fruncido y su rostro mostraba algo de enfado.
Él sintió que había hablado de más y se arrepintió de ello. Sin saber muy bien que hacer, localizó su mano derecha en el hombro de ella, intentando reconfortarla. Gina lo miró.
"Sendoh no es mi pareja" ¿Alivio? Puede ser, ¿Por qué? No lo sabía, pero lo que no podía negar es que se sentía como un absoluto idiota.
"Lamento haberme inmiscuido en tus asuntos personales".
Podía apreciar cierto pudor en los ojos color café que la acompañaban en aquel momento, su actitud la impulsaba a querer contarle todo acerca de su vida, pero sin duda alguna al moreno no le importaría, ni estaría interesado en conocer esos detalles. Ni tampoco ella quería que él los conociera. ¿Pero por qué sentía que quería contarle sobre sus sentimientos?
"No te preocupes, supongo que es lo que cualquiera pensaría" Volvió a captar la plena atención del capitán, realmente nunca la había perdido, solo que este se había centrado en observarla e intentar estudiar sus movimientos y rasgos faciales, quizás por inercia, comenzó a explicarse "Las palabras de Kaori, el vernos el otro día hablando en el partido de Shohoku, cualquiera pensaría que tenemos alguna relación, pero no es así".
"En vez de hablar de Sendoh, podríamos hablar de tu actitud hacia mí durante el partido y de cómo no me saludaste y me ignoraste" O de cómo no has vuelto a tocar el piano, quiso decirle, pero se arrepintió a tiempo.
Aquellas palabras lograron sacar una leve risa en el rostro de Gina, apreció que el moreno quisiera cambiar de tema para no molestarla, verdaderamente parecía querer contentarla siempre.
Maki estudió su rostro, resultaba tan extraño verla sonreír tanto cuando estaba acostumbrado a sus duras facciones, siempre serias o concentradas.
"Tú a mí tampoco" Alegó en su defensa, devolviendo la pelota al tejado de su acompañante.
"Ya, pero yo a ti no te he estado evitando".
Quería intentar sacar el tema y que la joven se sincerase acerca de su ausencia durante estos días. Quería obtener una respuesta a su rechazo, no, realmente no quería, lo necesitaba.
"Shinichi Maki, no todo el mundo gira alrededor de ti, por raro que te parezca" Nuevamente había dicho su nombre al completo, le gustaba cuando lo hacía, él esbozó una sonrisa de medio lado.
"Supongo que me tomas por un egocéntrico con aires de superioridad".
"¿No debería?".
"No".
La conversación había adoptado un ritmo rápido y más serio dejando atrás las sonrisas esbozadas con anterioridad, ambos se miraban fijamente, sin que ninguno quisiera ser el primero en apartar la mirada del otro.
Quizás por primera vez desde que se habían visto por primera vez, fue ella la que apartó la mirada antes del rostro del otro, la fijó en el teclado del piano y comenzó a deslizar suavemente sus manos sobre el mismo. Una dulce melodía comenzó a sonar.
"El deporte es como la música, solo hay que saber encontrar el ritmo, y seguirlo" Susurró en voz baja, pero lo suficientemente alta como para ser oída por él.
Él no dijo nada, no quería interrumpirla, no quería dejar de oír aquella melodía.
Escuchar aquellas notas musicales lo transportaban a su infancia, con su hermana y sus padres, aquellos felices momentos juntos. Era una música cargada de nostalgia, se podía apreciar un deje de tristeza en cada una de las notas que eran emitidas, pensó que nunca la había oído tocar una sintonía alegre. Únicamente melodías tristes.
Como había hecho durante las otras sesiones musicales que habían compartido, él permanecía con los ojos cerrados, centrando todos sus sentidos en el auditivo. La diferencia es que en esta ocasión él se encontraba ocupando asiento con ella, y su cercanía corporal era sin duda un factor a tener en cuenta.
Se había quedado observando el perfil de su acompañante durante unos instantes, inapreciables para él porque mantenía sus ojos cerrados. Se detuvo en el lunar que adornaba la piel bajo su ojo izquierdo, lo había observado con anterioridad, pero nunca había llamado su atención tanto como en aquel momento. Realmente podía apreciar que el joven disfrutaba de oírla tocar el piano, y ello le gustaba. Odiaba profundamente que le gustase, odiaba sentirse tan cómoda en aquel instante.
Sus lágrimas se saltaron levemente mientras lo observaba, no sabía por qué, probablemente porque no pensaba repetir aquella escena. Le resultó excesivo aquella reacción de sí misma, en qué momento se había vuelto tan blanda.
Le molestaba haber echado de menos tocar el piano en su compañía durante la semana que no lo hizo. Pero más le molestaba sentirse así cuando estaba junto a él. Ella simplemente no quería querer.
Relajó sus ojos y estos se deshicieron de las lágrimas que amenazaban con aparecer en ellos. Una vez le pareció que había recuperado la compostura, cesó de acariciar aquellas teclas. Él abrió los ojos lentamente bajo la mirada de la pianista.
"Mañana te llevaré a la práctica la ropa de tu hermana, hoy no sabía si te encontraría aquí, por eso no la traje" Le extrañó el hecho de que diera por sentado que al día siguiente no se verían en el descanso en aquel lugar.
"¿Por qué no aquí?" Preguntó mientras seguía la figura de la joven con la mirada mientras esta se levantaba y se dirigía hacia la puerta.
El hecho de que ella no pareciera querer contestar, ni siquiera volverse a mirarlo, hizo que él fuera rápidamente tras ella y le impidiera continuar.
"Porque aquí no vamos a volver a estar juntos" Pronunció aquellas palabras con serenidad, una vez hubo entendido que el moreno no le permitiría salir hasta que dijera algo.
Él la miró frunciendo el ceño, no lo entendía. Ambos parecían disfrutar de aquellos momentos de compañía.
"No te entiendo" Expresó con sinceras palabras.
Los ojos de la joven que hasta entonces había evitado hacer contacto con los de Maki, se dirigieron a él, intentando proferir la mirada más fría que le permitió su rostro emitir, y sentenció aquella conversación.
"No quiero que me entiendas".
Empujó levemente el cuerpo del moreno y salió de aquel lugar, dejando a un Shinichi Maki profundamente confundido que la observó mientras se marchaba. Ella en cambio optó por no girarse, le molestaba aquella actitud del moreno, solo hacía más difícil aquello.
Aquel día se había despertado con dos decisiones tomadas. La primera, finalizar con sus encuentros con Maki y por lo tanto con cualquier estúpido sentimiento que pudiera crecer en ella al respecto a él. Y ya lo había hecho, podía considerarse haber salido victoriosa de aquel intercambio de palabras que habían tenido. Las líneas entre ambos estaban claras, cualquier relación era inexistente.
La segunda, parecía ser de mayor complejidad. Cuando vislumbró aquella cabeza pelirroja desde el final de la calle, se replanteó contarle lo que debía, no sabía cómo se tomaría aquello, sobre todo la asustaba el hecho de que en cuatro días debía disputar un partido contra Shoyo de gran importancia, que terminaría si lograban clasificarse para las finales o no. La característica impredecibilidad y espontaneidad de su hermano no era de su agrado, quizás era lo única que la molestaba de él.
Él frunció el ceño mostrando la sorpresa que le ocasionaba encontrarla allí esperándola, en el cruce que separaba la dirección del gimnasio en el que Gina entrenaba con Yohei, y la escuela. Pero aquel día Yohei había asistido a la práctica, y su hermana no acostumbraba a ir al gimnasio sin él, aquello resultó raro ante sus ojos.
"¿Has decidido salir al encuentro de este talentoso?" Preguntó mientras revolvía el pelo de su hermana, sabiendo lo que aquello ocasionaría "No podía esperar a que te contaste todos los movimientos que hoy he practicado ¿verdad?" Preguntó orgulloso mirando a su hermana, uno de los mejores momentos del día, era cuando detallaba todos los sucesos acontecidos en la práctica a su hermana, y ambos intercambiaban opiniones, la mayor del tiempo, Gina se dedicaba a adularlo.
El hecho de que Gina no protestase. El hecho de que su hermana no le regañase por su actitud al haberle revuelto el cabello. El hecho de que su hermana no riera ante cualquiera de sus comentarios aleatorios lo alarmó.
"Tengo una cosa que contarte".
El rostro del pelirrojo se volvió serio, como solo pocas veces se volvía, tragó saliva profundamente, deseo que nada grave hubiera sucedido, suspiró e insto a su hermana a continuar.
Pudo apreciar como su hermana tragaba saliva, sentía un nudo en la garganta y desconocía si podría hablar a pesar de ello. Pero así lo hizo.
"Madre quiere que vayamos a Osaka a vivir con ella, y con Yoshida".
Espero tengáis un día y unas fiestas geniales, me animé a escribir hoy y os dejo un nuevo cap, ojalá os guste. Muchos besitos y felices fiestas .
